El jefe Bogo había escuchado rumores circulando por ZPD. En un principio no le hizo mucho caso, pero estos comenzaron a incrementarse y cuando vio una actitud demasiado sospechosa enfrente de sus ojos, bueno comenzó a darle la importancia que se merecía. La incondicional amistad parecía amor.

Así que un día, decidió hacerle una visita sorpresa a su oficina y preguntarles directamente si los rumores eran ciertos, pero nunca espero que al pararse enfrente de la puerta, escucharía sugestivos sonidos.

Sin esperar ni un segundo más, Bogo había abierto la puerta fuertemente, sorprendiendo a los dos individuos. Sus ojos bien abiertos y sus orejas levantadas en alerta.

—¿Pueden explicarme lo que están haciendo? —cuestionó con perceptible enfado, sus ojos entrecerrados, observando la situación.

—Me agarró picazón —dijo Nick—. Judy me estaba rascando la espalda.

La misma que estaba descubierta sin tener la camisa puesta y que ocultaba, parcialmente a la coneja del jefe Bogo.

—¿Podrías seguir, Zanahorias? —Las patas de la coneja no tardaron en volver a la espalda y dar suaves rascadas—. Sí, sí, justo ahí, cariño —pronunció y fijo la vista a su jefe—. Justo es en el medio de la espalda, no llegaba con mi brazo —explicó.

—Bien, termina con ese asunto y vuelve al trabajo —dijo lo más serio que podía mientras cerraba la puerta, avergonzado de haberle creído por un segundo esos rumores.

¿Wilde y Hopps saliendo? ¡Imposible!

Mientras tanto en la oficina, Judy alejó su pata de la espalda descubierta de Nick, quien la miraba traviesamente, dándose la vuelta tan rápidamente como hizo cuando escuchó la puerta abrirse, la misma velocidad que tuvo la coneja antes, al bajarse de él escritorio sin que se diera cuenta su jefe.

—Uff... eso estuvo cerca ¿No es cierto, Zanahorias? —sonriendo ladinamente.

El pelaje de Judy enrojeció porque anteriormente no le estaba rascando la espalda a Nick, más bien, se la estaba arañando.