Segunda Parte
Empieza el cuarto curso con el torneo de Quidditch. Harry va con los Weasley mientras Lily se queda en Hogsmeade disfrutando de unos días de tranquilidad.
Después de marcharse de casa de Petunia compró una pequeña casita en el pueblo, no tenía fuerzas para volver al Valle de Godric, así que se quedó en Hogsmeade. La herencia de James hizo completamente innecesario lo de trabajar, pero nunca ha sido alguien que pudiese estar inactivo mucho tiempo, de manera que habló con Dumbledore y este le ofreció un puesto en Hogwarts, ser su asistente.
Trabajando en el colegio es mucho más fácil seguir investigando cómo destruir el resto de Voldemort que aún pervive en Harry. Muchos piensan que no es necesario, pero Lily sabe que no tendrá una noche completa de sueño hasta que ese último pedazo del alma del Lord Oscuro sea destruido y Dumbledore está con ella.
Empieza el curso y con él el Torneo de los Tres Magos. Las normas extras la hacen respirar tranquila por lo menos un rato, un pequeño rato, el tiempo suficiente para que alguien meta el nombre de su pequeño en el maldito cáliz y vuelva a estar en peligro.
POV Ron
Tenía un cabreo del copón. Acababa de pelearse con Harry porque no había querido decirle cómo pudo meter su nombre en el cáliz, a veces se comportaba como un gilipollas. Está un poco harto de que siempre tenga que ser el protagonista, el centro de toda la atención. Y Ron, Ron sólo es su sombra, como si no tuviese suficiente de eso en la Madriguera.
Mejor será ir a dar una vuelta. Pasea por los pasillos que empiezan a quedarse vacíos. Poco a poco se va calmando y cuando la furia desaparece la tristeza la sustituye. Menuda mierda de día.
Fred y George se acercan por el pasillo, vienen derechos hacia él y eso nunca es buena señal.
- Hola, hermanito.
- Hola .- responde el aludido mirándose los zapatos.
- Vayamos a un sitio más, digamos, privado- sugiere Fred, sujetándole por un hombro.
- Sí, más privado- sonríe George cogiéndole del otro y guiándole hacia un oscuro pasillo.
- No estoy de humor- bufa Ron.
- ¿Por qué estás tan...
- ... cabreado, Ronnie?
- No me llaméis así, lo odio.
- No te enfades...
- ...venimos a ayudarte.
- ¿Ayudarme? ¿Cómo? Y por favor, dejad de hablar como imbéciles.
Los gemelos rien mientras golpean la espalda de su hermano menor.
- Estás mosqueado con Harry. Lo que no entendemos es la razón.- explica George.
- Sí, sí.- interrumpe Fred cuando Ron empieza a responder.- Va a participar en el Torneo de los Tres, bueno los Cuatro, magos. Lo que parece que no has pensado es que eso puede matarlo.
- ¿Matarlo?
- Sí, listillo. Es muy peligroso, de ahí que pusiesen la limitación de edad.- dice George asintiendo con la cabeza.
- Quién quiera que haya puesto el nombre de Harry en ese chisme le han hecho una gran putada. ¿Y qué hace su mejor amigo? Yo te lo diré:
- ¡ENFADARSE! - Le gritan los dos al unísono.
- Según lo vemos por aquí tienes dos opciones: Uno. Portarte como ahora y seguir siendo un capullo...
- … Dos. Ser un buen amigo, apoyar a Harry antes de que te larguemos de Gryffindor y beneficiarte de la situación.- terminó de explicar Fred con una gran sonrisa.
- ¿Cómo?
- Bien, hermanito, Harry va a convertirse en alguien muy popular.- explicó George.
- Ya es popular- murmuró Ron con evidentes celos.
- Eso puede jugar a tu favor. Muchas chicas querrán acercarse a nuestro pequeño gafotas estos días y tú, hermanito, eres la vía más fácil.
Ron los miró interrogante.
- Las chicas se te acercarán para que les presentes a Harry.- comentó Fred.
- ¿Y les pido un beso a cambio? - preguntó Ron, esperanzado.
-¡Ni de coña! - le contestaron los gemelos.- Sonríes y dices que harás lo que puedas. Como buen amigo, se las presentas. Harry decidirá si quiere o no ser su amigo.
- ¿Y me quedo con las otras?
- Nooooooooo.- volvieron a decir ellos.- Las dejas tranquilas. Escucha atentamente porque esto es lo importante. Si alguna se lanza y se declara...
- … cuando Harry la rechace.- reveló George en voz baja.
- ¿Me lanzo? - preguntó Ron bajando la voz al mínimo.
- ¿Estás seguro de que es nuestro hermano? - le preguntó Fred a George.
- Mira su pelo y su nariz.- contestó el otro muy serio.
- Bueno, sigamos. Cuando las rechace tú serás un buen amigo y las consolarás sin propasarte ni un milímetro...
- … Y entonces será cuando ELLAS SOLAS caigan en tus brazos- los gemelos estallan en carcajadas.- Te vas a inflar, hermanito.
- Guauuuu.- sonrió Ron.- Molaaaaaaaaaaaa.- continuó diciendo mientras miraba las expresiones de autosatisfacción de sus hermanos.
- Bueno, enano, volvamos a la sala común antes de comernos un castigo.
Y entre bromas y risas los tres pelirrojos vuelven felices a Gryffindor.
.
POV Hermione
Está cansada. Cansada de la pelea estúpida de Harry y de Ron. De estar siempre andando de puntillas cerca del moreno para que no salte y de intentar ser como Suiza, manteniéndose neutral.
Vuelve de la enfermería después de que la Señorita Pomfrey le haya ayudado con el estúpido maleficio que le ha lanzado el imbécil de Malfoy. Suspira. Malfoy, esa es otra, parece que huele cuando puede hacer más daño y se aprovecha de ello al máximo. Cansada.
Vaga por los pasillos sin demasiadas ganas de volver a clase, ni a la sala común. Es principio de Noviembre y aunque hace frío el día no es demasiado malo, así que se abriga bien y sale a dar una vuelta por el exterior del castillo.
Siente el frío en las mejillas y se arrebuja un poco más en la bufanda. Pasea sin pensar, sin planear sus pasos, que la llevan al estadio de Quidditch. Se sienta en las gradas y allí, sola, las lágrimas empiezan a aflorar. Llora sin hipidos, sin aspavientos, sólo el cansancio vaciándose lentamente por sus ojos.
Una tos nerviosa, una mano en el hombro y Hermione estalla en sollozos contenidos.
- Vaya, sangre sucia, si que te ha dado fuerte.- susurra junto a su oído una voz desagradablemente conocida.
El llanto cesa como si alguien hubiese cerrado un grifo y Hermione se aleja de un salto.
- Suéltame, hurón.
- Tranquila, fiera.- responde él soltándola.
Se quedan frente a frente. Hermione no termina de entender muy bien que es lo que esta pasando, su cerebro intenta encontrar una explicación a toda prisa, pero nada.
- ¿Qué pretendes, Malfoy?
- No sé de que me hablas, Granger.- responde él mirándose las uñas con suficiencia.- Solo te vi y pensé en venir a ver si estabas mejor.
- Como si mi estado te importase una mierda. Por favor, que acabas de lanzarme una maldición hace menos de una hora.
- Cree lo que quieras.- empieza a enfadarse él.- Además la maldición iba para Potter no para ti.
Ella lo mira con desconfianza.
- Me cuesta no desconfiar.
- Ya tienes dos trabajos.- sonríe él torcidamente.
- Vale, Malfoy. Digamos que por un segundo te creo. ¿A qué has venido exactamente?.- cruza los brazos y lo mira esperando su respuesta.
- Lo diré solo una vez, san... Granger. Te he visto y he pensado venir a disculparme.
- ¿QUEEEEEEEEEEEEEEEEÉ? - ríe ella sin la más mínima alegría.- ¿Me crees estúpida? ¿Un Malfoy pidiendo perdón... a una sangre sucia?
- Mi madre me dio una educación, Granger.- responde él, molesto.
POV Draco
Ha salido a tomar un poco el aire. No soporta mas las chanzas y bromitas a costa de lo que ha pasado con Her... Granger. No ha sido aposta. Y se siente mal. No lo entiende, no entiende por que esa sensación de desasosiego, después de todo ella no es más que una sangre sucia.
Hace ya tiempo que esa frase no significa nada. Y más aún después de que pillasen a su padre tras la fiestecita del Mundial y lo volviesen a enviar a Azkaban (tras solo dos meses fuera). Todo su mundo se había vuelto del revés en unos pocos meses. Había demasiadas cosas que no tenían sentido.
Estos dos años viviendo a solas con su madre, que, a pesar de ser sangre limpia, tenia otras preocupaciones, habían suavizado ciertos rasgos de su carácter y, después de ver lo que la estupidez de su padre y sus amigos podía acarrearle, no se sentía demasiado superior. Estaba harto de ser "UN MALFOY" ¿Qué significaba eso? ¿Poner por encima de tu familia a una panda de gilipollas y dedicarse a hacerle daño a unos desconocidos? Si su padre no hubiese sido tan estúpido, si solo hubiese dejado a esos muggles tranquilos, ahora no tendría que escribirle a la cárcel.
Tenía ganas de estar solo, así que se encaminó al estadio de quidditch. Dado que ese año no habría campeonato no debía de haber nadie por allí. Se sentó con las rodillas dobladas y la cabeza apoyada sobre ellas. Estuvo así un buen rato hasta que oyó a alguien acercarse. Levantó la vista y vio a la chica, a Granger.
Ella no le había visto, pero desde su asiento tenia una visión perfecta de la muchacha. Por lo que podía observar ya no tenía los enormes dientes. Iba a decirle algo hiriente cuando las lágrimas empezaron a fluir. No pensó, sus piernas se pusieron en marcha solas, y antes de darse cuenta estaba poniendo una mano sobre su hombro, no quería verla llorar y menos por su culpa. Pero nada le había preparado para la reacción de ella, sus sollozos le desgarraban a uno el alma. Pero su bocaza tiene que estropearlo, claro. El momento ha pasado y vuelven a discutir.
- Mi madre me dio una educación, Granger.- responde dejando traslucir el inicio de enfado en su voz. ¿Por qué tiene que ponérselo tan difícil?.- Con un simple: "gracias, estoy bien" hubiese sido suficiente.
- No me des lecciones, hurón. Hoy no.- y la mano vuela hacia la varita en un gesto inconsciente de defensa.
Él la mira sin moverse, sólo su ceja alzada levemente refleja su sorpresa.
- Estas muy cabreada hoy, Granger. Y no creo que toda esa rabia sea gracias a mí, la verdad.
- ¿Intentas mantener una conversación civilizada conmigo, Malfoy?
- Llámame loco, pero podríamos intentarlo. Empiezo a estar cansado de estas peleas sin sentido. No tengo nada contra ti.
- ¿Y Harry?
-No, a él lo odio.- responde rápidamente mientras asiente con la cabeza y vuelve a sonreír.
Y es ese gesto, esa declaración de odio hacia su mejor amigo hace que Hermione estalle en carcajadas incontenibles.
