Los días volaban para Lily. No había suficientes horas para prepararlo todo, quizás por eso tardó más de lo normal en enterarse del artículo que había escrito Skeeter. ¿Cómo se atrevía a hablar así de James? ¿De lo que le haría o no feliz? Si Remus y Sirius no la hubiesen logrado contener habría ido a matarla. Sirius propuso hacerle una buena broma, al viejo estilo merodeador, pero Remus se lo quitó de la cabeza.

La segunda prueba pasó y se sintió muy orgullosa de que su hijo mostrase un valor tan enorme. Se parecía tanto a James.

Los preparativos para la tercera prueba eran interminables. Tenía ganas de que finalizase todo de una vez. De volver a su vida más o menos normal y poder continuar investigando cómo salvar a Harry de lo que se escondía en su interior.

Hermione

Los días pasaban muy rápido, demasiado. Y Ron seguía enfadado. Notaba su rabia como algo abrasador que no le dejaba respirar. Así que cada vez huía con más frecuencia.

Draco y ella habían tomado posesión del despacho abandonado que encontraron la noche del baile. Hermione había limpiado con la ayuda de Dobby, que no quiso oír hablar de que lo hiciese sola. Draco no ayudó, por supuesto; un mago no se ensucia cuando hay elfos dispuestos a hacerlo por él. Pero en cambio consiguió algunos muebles.

Era un buen sitio para estudiar, con enormes ventanales que dejaban pasar la pálida luz escocesa, multitud de librerías y dos grandes escritorios llenos de pergaminos. También había un sofá de tres plazas y un par más individuales cerca de la chimenea. Y libros, libros por todas partes. Cuando Hermione le preguntó a Draco de dónde los había sacado él se limitó a encogerse de hombros.

—Estaban por casa.

A Hermione le daba un poco igual si le había pedido permiso a su madre o no, estaba encantada con todos esos volúmenes a su alcance.

Por su parte, ella había hablado con la madre de Harry para que la ayudase a obtener el permiso necesario y usar el despacho de forma legal. Dumbledore no puso problemas, según los elfos llevaba más de 25 años abandonado y teniendo en cuenta la reputación de Hermione era normal que necesitase un espacio fuera de la torre para estudiar. Tanto Lily como el director habían sido Gryffindors y sabían lo que era la sala común.

Con tantas idas y venidas, Harry y Ron estaban convencidos de que no paraba de tener citas con Viktor, pero no era así. No habían tenido mucho tiempo para verse y cuando lo habían hecho todo había sido raro. No son muchos los temas que un muchacho de 18 años y una chica de 14 tienen en común, sobre todo si ella no entiende nada de quidditch. Aún así, Hermione se sentía atraída por el búlgaro, por sus maneras corteses y su aire exótico. Quizás por eso le dio más de una oportunidad.

—Soy demasiado mayorr, parra ti.
No, no es eso —respondió ella rápidamente, pero al ver la ceja alzada de él rió con suavidad.—Bueno, un poco sí. Pero yo soy muy madura.

Viktor rió suavemente cogiendola de la mano.

—Siemprre serrás especial parra mí, Er-mio-ne.
Y tú para mí, Viktor. ¿Seguiremos siendo amigos? —preguntó un poco acongojada.
Porr supuesto.

Y aunque fue una decisión tomada entre los dos, eso no evitó que Hermione pasase el resto de la tarde empapándole la túnica a Draco.

—Creo que si esto se pone un poco mas moñas, vomitaré —comentó el rubio con el ceño fruncido.
Hermione lo miró fijamente sin entender.
Vamos, Hermione, tampoco llevabas tanto tiempo con Viktor como para ponerte así.
No es cuestión de más o menos tiempo —suspiró ella—. Es la primera vez que fracaso en algo, Draco. Y no me gusta fracasar.

Él la miró fijamente a los ojos, cogiéndola por la barbilla.

—¿Qué es eso de fracasar, Minou? Las relaciones no son exámenes o trabajos que se aprueban o suspenden. De las relaciones, salgan bien o mal, se aprende. Se saca lo bueno y se sigue adelante.

Hermione abrió los ojos desmesuradamente al oírlo. ¿De dónde había sacado él toda esa sabiduría?

Draco esbozó esa sonrisa tan típica suya y le acarició suavemente la mejilla secándole las lágrimas.

—No todo se aprende en los libros, listilla —Lo que no pensaba decirle ni muerto es que la frase era cosa de su madre, le gustaba que lo mirase de esa manera así que se quedó callado con una sonrisa enigmática en la cara.

Hermione sacudió la cabeza, como para liberarse de la niebla que los ojos risueños de Draco habían instalado en su cerebro. Eran amigos, sólo amigos. Y tenían que estudiar.

—Tenemos que estudiar.
No todos los males del mundo se curan estudiando —refunfuñó Draco, levantándose del sofá y volviendo a sentarse en su escritorio—. Si continúo así, conseguirás que saque buenas notas y todo.
No creas que me engañas con esa actitud displicente, Malfoy, tus notas no son tan malas como quieres hacerme creer.

Draco alzó la ceja preguntándose de dónde habría sacado ella sus notas.

—Lo que sea —contestó mirando al pergamino—. Sigamos con este trabajo de pociones, no creo que vaya a hacerse solo.

La gente se acostumbró a verlos juntos. Al principio gritaron pero, pasados unos meses en los que quedó claro que no había más que amistad entre el Slytherin y la Gryffindor, la novedad pasó y las protestas se fueron apagando.

Las notas de Malfoy mejoraron y Snape no era tan capullo con Hermione, aparte de eso los días pasaban.

Draco

Cuando Draco vio llegar a Hermione con las manos vendadas a Cuidado de Criaturas Mágicas un nudo se le formó en el estómago. ¿Qué podía haberle pasado? Intentó acercarse a ella pero Potter y Weasel no le dejaron, actuando como gallinas cluecas.

—Esta tarde hablamos prometió ella mientras Harry y Ron prácticamente se la llevaban a rastras para hablar con Hagrid.

Draco esperaba impaciente en la habitación, se sentaba, miraba por la ventana o simplemente paseaba mientras hacía tiempo. Sentía una furia fría subiéndole por la espalda. Quería matar al responsable de que las manos de Hermione estuviesen llenas de vendas.

La puerta se abrió dando paso a una Hermione visiblemente cansada y triste.

—Hola —saludó con voz débil mientras se sentaba en el sofá cerrando los ojos.
¿Qué ha pasado? ¿Quién ha sido? —preguntó con tono bastante más alto del que pretendía mientras se acercaba a ella en sólo dos zancadas. Se arrodilló a su lado y cogió sus manos con suavidad—. Cuéntame qué ha ocurrido, Hermione —volvió a pedir con tono helado.
Esta mañana, con el correo, llegó un sobre lleno de pus de bulbotubérculo sin diluir.

Draco la miró horrorizado, sabía que provocaba unas horribles heridas que eran muy dolorosas. La rabia comenzó a bullir en su interior.

—¿Por qué haría alguien eso? —murmuró con tono helado.
El artículo de Skeeter. El que dice que le he roto el corazón a Harry —Hermione suspiró cansada al decirlo, cerró los ojos y apoyó la cabeza en el respaldo del sofá.

Draco se puso de pie con un único movimiento elegante y contenido. Su cara era una máscara helada. Era su modo de controlar la furia.

—Vamos —dijo alargando su mano.
Estoy cansada —contestó Hermione.
Necesito darme una vuelta o mataré a alguien. Te prometo que será corto, de verdad.

La réplica mordaz de Hermione murió al ver sus ojos. Su color recordaba a los hielos polares. Alargó la mano cogiendo la del muchacho y lo siguió a través de los oscuros pasillos. Salieron al exterior. Hermione se arrebujó en su capa ajustándose la bufanda, hacía frío, pero aún así no soltó la mano del rubio.

Draco fue hacia donde guardaban las escobas y cogió su Nimbus sin mirar a Hermione ni una sola vez.

—Me da miedo volar.
No debes tener miedo, Minou, no me gustan las acrobacias. Sólo agárrate fuerte.

Subieron a la escoba. Hermione temblaba, no sabía si de frío, de miedo, o de una extraña mezcla de ambos. Así que se agarró a la cintura de Draco con todas sus fuerzas.

Conforme los minutos pasaban, se dio cuenta de que el miedo iba desapareciendo. El muchacho no hacía tonterías ni carreras, volaba con una seguridad y tranquilidad que terminaban siendo contagiosas. Poco a poco la muchacha se fue relajando y todo el cansancio acumulado se le vino encima, así que al final apoyó la cabeza en el hombro de Draco.

—Eii, no te duermas, Minou. Podrías caerte —comentó jocoso.
Ya te dije que estaba cansada.
Entonces será mejor que bajemos, si te cayeses Cara Cortada y Weasel me cortarían los huevos.

Hermione intentó ahogar el ataque de risa, que sufrió al oírle decir algo tan impropio de él, hundiendo la cara en su capa. Notaba como las lágrimas bajaban por sus mejillas, pero no podía dejar de reír.

Tocaron suelo mientras los efectos de la risa aún permanecían en la muchacha.

—Vamos, Hermione —comentó Draco secándole una lágrima—. Ha sido bueno, pero no es para tanto.
Déjame reír, Sly, últimamente no tengo demasiadas ocasiones.

Ambos se quedaron mirándose, él con la mano aún sobre la mejilla de ella, bajo la suave luz de las estrellas.

Hermione alzó la mano poniéndola sobre la de Draco.

—Aún estoy enfadado por las vendas —susurró.
¿Por qué?
No me gusta que te hagan daño, Minou.
No soy tan frágil como piensas.
Sé que no eres frágil, Hermione. Eres la tía con más cojones que conozco.

Ella volvío a reír.

—Le noto mal hablado esta noche, Señor Malfoy.
Será que la ocasión lo merece, Señorita Granger — le dedicó una sonrisa mientras le pasaba un dedo por sus labios—. Si te muerdes así, me das ideas.
¿Qué clase de ideas? —contestó la boca de Hermione sin que su cerebro tuviese la más mínima participación.
Ideas perversas.

Notaba su aliento dulce, con un toque mentolado, acariciandola y eso fue más de lo que Hermione podía soportar. Así que sujetándolo por la nuca, lo besó.

Sus labios acariciaban los del muchacho con extrema delicadeza. Las manos de Draco la sujetaron por la cintura, ayudándola a mantener el equilibrio. El beso fue ganando en intensidad. Hermione, envalentonada, hundió las manos en su pelo y al sentirla él gimió

—Suave.
¿Te he hecho daño? —se apartó— Lo siento, quizás debería irme. Nos... nos vemos mañana —y tras decir eso, Hermione salió corriendo.

Draco se quedó allí parado mirando cómo la muchacha se alejaba, con unas ganas enormes de abofetearse a sí mismo.