Hola. No soy muy dada a escribir estas notas, pero esta vez hare una excepción. Como veréis la historia está avanzando un poco diferente a cómo la había planeado, pero con este cápitulo finalizo el "prólogo" y el cápitulo siguiente ya será el primero del quinto libro de la saga. Habrá cambios, pero aún asi intentare mantenerme lo más fiel posible a los sucesos que pasan en "Harry Potter y la Orden del Fénix"

Cualquier duda, sugerencia o lo que sea, mensajito. Y bueno, si os gusta támbien se agradece, que eso de encontrarte con que alguien te ha añadido a favoritos sin decirte nada... pues la deja a una un poco triste.

Un saludo y disfrutad del fic.

Hermione

Corría todo lo que le daban las piernas y quizás un poco más. Estaba agotada, el día había sido muy largo y las heridas de las manos aún le escocían (su abuela diría que eso era que estaban curando).

Llegó a la puerta de Gryffindor agotada y sonriente. Se había atrevido. Lo había besado. Se acarició los labios mientras atravesaba el hueco de entrada a la sala común. Saludó a los pocos compañeros que aún quedaban despiertos y se fue derecha a la cama esquivando a duras penas las muestras de preocupación de Ron y Harry. Necesitaba dormir. No le había contado a Draco nada del asunto de Rita Skeeter, ¿cómo podía estar escuchando todas esas conversaciones? Empezaba a molestarla seriamente no encontrar la respuesta. Pero estaba demasiado agotada, mañana sería otro día y podría pensar en todo lo ocurrido. Tenía que tomar algunas decisiones.

La mañana de la tercera prueba se levantó antes del amanecer para acompañar a Harry y Ron a la lechucería, iban a enviarle un mensaje a Sirius sobre todo lo ocurrido la noche anterior con Crouch.

Desde el día del beso, Hermione había estado muy ocupada y apenas había visto a Draco un par de ratos. Tenía ganas de disponer de tiempo a solas con él para poder hablar calmadamente de lo sucedido. Habían quedado esa misma tarde, un par de horas antes del comienzo de la última prueba y aún estaba perfilando el esquema de lo que le iba a decir.

Había pensado mucho en ello, en cómo se sentía cuando estaba con él, en si quería que aquello siguiese hacia delante. Ella estaba enamorada de Ron. Esa parte parecía bastante clara, pero dado que él no se daba cuenta de que era una chica, quizás era el momento de seguir su propio consejo, el que no hacía mucho le había dado a Ginny. Olvidarse de esos sentimientos que no llevaban a nada y seguir adelante con su vida.

¿Salir con Draco? No. Se volverían locos. Draco era demasiado para cualquiera. El muchacho le gustaba, podía sentir como la atracción fluía entre ellos. Eran amigos, amigos que a veces se besaban, pero no le apetecía ir más allá.

Suspiró sonoramente. Esperaba que el chico lo entendiese.

Draco

Andaba con calma hacia su cita. No tenía ni idea de lo que Hermione quería decirle. Imaginaba que tendría que ver con lo de su beso. Estaba bastante confundido al respecto, la chica se había comportado normal con él después de lo ocurrido, no se habían visto mucho, pero sabía que no era porque lo evitase, estaba realmente ocupada. Nunca sabía por dónde iba a salirle, no era, para nada, una chica previsible.

Llevaba todo el día macerando su inquietud, que poco a poco se fue transformando en rabia.

Entró al despacho sin llamar a la puerta, después de todo era tan dueño de ese espacio como ella.

Estaba sentada junto a la ventana, tenía los ojos cerrados y en sus manos reposaba un libro. La suave luz de la tarde entraba por los amplios ventanales dándole de lleno. Abrió los ojos al oírlo, se giró para mirarlo y sonrió.

—Buenas tardes, Draco.
—Buenas tardes, Granger.
—¡Ouch! Eso ha dolido —se levantó de la silla y avanzó un par de pasos—. ¿Tan molesto está conmigo, Señor Malfoy?

Draco miró su sonrisa, justo esa que parecía haberle robado.

—¿Molesto? ¿Por qué debería estarlo —dio un paso acercándose a ella—, Señorita Granger? —lo pronunció con lentitud, intentando no sonreír.
—No sé —se puso la mano bajo la barbilla y se acercó , frunciendo los labios para comerse la sonrisa que quería escapar—. ¿Quizás porque hemos vuelto al Granger?
—Pensé que era tu apellido. ¿Me equivoco? —un paso más y menos enfado.
Ella abrió los ojos como platos dando otro paso, ahora apenas si los separaban unos treinta centímetros.
—¿Sabes? Creo que tienes razón, Malfoy. Es mi apellido. Muchísimas gracias, sabía que algo se me olvidaba.

La miraba, mientras ella intentaba contener la risa. Quería seguir enfadado, lo prefería al nerviosismo, a la incertidumbre de no saber lo que ella quería decirle.

—¿Qué era eso tan importante de lo que querías hablar?
—De lo que pasó hace unos días. No sé si lo recordarás —y ahí estaba esa sonrisa de nuevo.
—Sólo recuerdo un beso y que después saliste huyendo. Me pareció de lo más valiente, por cierto. Todo un orgullo para la casa de los leones.
—¿Me estás llamando cobarde, Sly? —las palabras salieron lentamente de la boca de la muchacha, la flecha había dado en el blanco.
—¡Ouch! Estamos a un paso del Hurón. Bien por ti, Granger —quería sonar divertido, de ahí que la imitase, pero no llegaba a conseguirlo.
—Vale —comenzó ella a decir mirando al suelo—. Tuve miedo. No sé cómo manejar esto.
—¿Manejar qué?
—Me gustas, Draco. Estoy genial contigo, pero no estoy enamorada de ti.

Draco sintió cómo la ira se diluía en su interior ante la confesión, pero seguía sin entender cuál era el problema.

—Sigo sin entender el problema.
Hermione alzó la cabeza y lo miró.
—Me gusta besarte, pero no te amo.
—Te he oído la primera vez, sigo sin ver la razón de que estés así.
—¿No te importa?
—Yo tampoco estoy enamorado, Hermione. Sólo tenemos catorce años, aún nos queda toda la vida por delante.
—¿Entonces, para ti esto es sólo físico?
—No —susurró él, acercándose y abrazándola—. Claro que no. Sé que los Gryffindors tendéis a verlo todo en blanco y negro. Pero la realidad no es así. Hay muchas maneras de querer a alguien, Hermione, y no a todas se las puede llamar amor. Por lo menos no como tú lo entiendes, no como el amor que sientes por tu pelirrojo.
—Ahora soy yo la que no entiende —sus brazos rodeaban al muchacho, mientras sus labios murmuraban contra su abrigo.
—Es sencillo. Sigamos como hasta ahora, seamos amigos. Maldita sea, bésame si te apetece o no lo hagas si no lo deseas. Nunca voy a obligarte a nada, Minou. Nunca.
—¿Lo prometes?
—¿Te fías de mis promesas? —preguntó Draco con una sonrisa torcida.

Por toda respuesta, Hermione se puso de puntillas y lo besó.

Lily

Estaba sentada en las gradas junto a Amos Diggory esperando a que los muchachos saliesen del laberinto. Fleur había sido rescatada y lo mismo había ocurrido con Krum. Así que la victoria ya era para Hogwarts, sólo había que decidir si para Hufflepuff o para Gryffindor.

Las cosas sucedieron muy rápido, la aparición de Harry con un ensangrentado Cedric en sus brazos conmocionó a todos. Rápidamente se acercaron y comprobaron que el muchacho seguía vivo a duras penas.

Harry no dejaba de llorar diciendo incoherencias. Lily lo abrazó muy fuerte, lo ayudó a levantarse y siguió a Moody a su despacho.

El ataque le pilló completamente por sorpresa. Y cuando despertó en la enfermería le explicaron todo lo ocurrido. El secuestro de Moody, los Mortifagos esperando a Harry en el cementerio, la suerte de recuperar el traslador a tiempo y escapárseles de entre los dedos. Por lo visto era todo un plan para traer de vuelta a Voldemort.

Por lo menos Cedric había sobrevivido. Aunque dudaba de que el muchacho volviese a ser el mismo. Los días que habían compartido en la enfermería hablaron mucho y las pesadillas durarían años.

En cuanto la enfermera la dejo salir fue al despacho de Dumbledore.

—Albus, debemos encontrar la manera. Esos locos no pararan hasta que consigan lo que quieren de mi hijo.
—Lily, querida, me temo que lo han conseguido. Aunque los muchachos consiguieron escapar, no fue antes de que Peter consiguiese sangre de Harry. Sabemos que la poción funcionó dado que esa misma noche Severus recibió su llamada.
—Albus, no —susurró conmocionada—. ¿No ha hecho ya bastante? ¿No lo ha pasado lo suficientemente mal?
—Es necesario, Lily. Es demasiado valioso contar con unos ojos y oídos de confianza junto a Voldemort como para desperdiciar la ocasión. Ya he llamado a los miembros de la Orden, espero contar contigo.
—Claro, ayudaré en lo que haga falta.
—Lo primero es poner a Harry a salvo. He pensado que os fueseis con Sirius un tiempo, lo más lejos posible y sin decirle a nadie el destino. Podéis haceros pasar por muggles, sería lo más seguro.
—Me parece un buen plan.

Lily se marchó del despacho de Dumbledore destrozada. Ahora no sólo tenía que preocuparse por la vida de su hijo, también estaría preocupada por la de su amigo.

Hermione

Iba en el tren de regreso a casa con un montón de sentimientos encontrados. Todo había cambiado, Voldemort estaba vivo de nuevo y el ministerio se esforzaba por negarlo. Por lo menos había resuelto el enigma de Rita y la llevaba a buen recaudo en un frasco en la maleta.

Salió del compartimento en el que estaban sus amigos y empezó a pasear sin rumbo por el pasillo del tren. Una puerta se abrió a su paso, la agarraron de la mano y la metieron dentro antes de que pudiese hacer nada por evitarlo. Empezó a luchar contra su asaltante, desesperada por liberarse.

—Tranquila, soy yo.
—¡Draco, imbécil, me has asustado! —y para subrayar la frase le dio un puñetazo en el brazo.
—Lo siento, quería despedirme de ti.
—Pues hazlo como la gente normal, acercándote a mí delante de todos. Ya saben que somos amigos.
—No puedo hacer esto delante de todos —contestó él acercándose y besándola. Ella se relajó entre sus brazos, poniendo las manos sobre sus hombros.
—Tengo que irme. Ginny, Luna y Ron me esperan.
—Sí, a mí también estarán buscándome por mi vagón.
—¿Me escribirás?
—¿Quieres que te escriba?
—¿Por qué si no iba a pedírtelo?
—Ni idea —contestó encogiéndose de hombros—. Pero si tú quieres que lo haga, te escribiré.

Ambos sonrieron despidiéndose hasta septiembre y volvieron a sus respectivos vagones.