Pido mil veces perdón por el retraso, pero abajo explico las razones. Este capitulo se lo dedico a Lane ZQ la mejor beta que nadie podría desear, a Sam Wallflower que es un amor y a Riva y Vic por su visita a casa y las horas muertas hablando del fic frente a una mesa llena de comida.

Gracias también a todas las que me dejáis comentarios que me animáis a seguir con este proyecto un poco loco, pero que es uno de mis preferidos (Eponine, Leydhen, AcizeJ- HaruZuchIa, zetawasa, Gwen Black, LucyTheMarauder, Emma Felton). Para vosotras :)


Hermione se quedó paralizada. Esto no podía estar pasándole a ella, ¿a qué demonios jugaba Draco? Miró a ambos lados. Desde su izquierda, Harry la miraba sorprendido mientras, a su derecha, Lavender lanzaba risitas y suspiros como si presenciase la escena más romántica del mundo. Pero no era romántico, era humillante.

Recogió la poca dignidad que el rubio le había dejado y respiró hondo, levantándose de la mesa. Se fue en silencio, sin correr y sin derramar una sola lágrima, a pesar de que la vergüenza le formaba un pesado nudo en el pecho. No les daría ese placer.


McGonagall fue a levantarse para imponer un poco de orden, aquello se estaba saliendo de madre demasiado rápido para su gusto, pero una mano en un brazo se lo impidió. Albus la miraba con una de sus sonrisas brillándole en los ojos. Bufó, enfadada, volviendo a dejarse caer; la vena romántica del director era sobradamente conocida por todos.


Harry puso en orden rápidamente sus pensamientos mientras el comedor volvía poco a poco a la normalidad.

—Gin, ve tras ella, por favor. Nos vemos dentro de diez minutos en La Guarida.

La pelirroja asintió, marchándose a la carrera en pos de su amiga. Potter cerró los ojos un momento, masajeándose el puente de la nariz con cansancio.

—Malfoy, por mucho que me guste tenerte arrodillado a mis pies, será mejor que te levantes, creo que Lavender empieza a hacerse ilusiones.

—Harry, no seas tonto —respondió la chica con una risita—, estoy con Seamus.

Draco sonrió a la aludida, levantándose, al tiempo que le sujetaba una mano con extrema delicadeza y, sin dejar de mirarla a los ojos, depositaba un beso en su muñeca.

—Finnigan es afortunado, Brown —Hizo una pausa para sonreírle y se sentó en el hueco que Hermione había dejado libre—. Espero que sepa apreciarlo.

—Lo sé apreciar, tranquilo —contestó el chico desde el otro lado de la mesa, con una sonrisa, aunque los nudillos blancos de la mano con la que sujetaba la copa de zumo sugerían que no estaba tan tranquilo como intentaba aparentar—. Vamos Lav, te acompaño a la sala común.

Harry le hizo un gesto a Ron para que se acercase a ellos, el pelirrojo saltó por encima de la mesa y se sentó al otro lado de su mejor amigo.

—Nunca pensé que tendrías los huevos de hacer lo que acabo de ver, Malfoy. No sé si eres muy valiente o muy estúpido.

—¿De qué hablas, Harry? Le ha pedido salir a una chica... ¿no? —Weasley los miraba a los dos por turnos, con la duda pintada en la cara.

—Si elegiste a tu mejor amigo por su inteligencia, debo decir que fue una gran cagada, Potter —Su cara mostraba una sonrisa carente de alegría, tratando de fingir entereza.

—No te pases, Malfoy. Hay circunstancias atenuantes. Creo que soy uno de los pocos que se ha dado cuenta de lo que ha pasado aquí esta noche. Incluso Hermione, la más inteligente entre nosotros, se lo ha perdido.

—He de confesar que eso me ha sorprendido.

—A veces se nos olvida que sólo tiene quince años

—Nosotros también los tenemos, Harry —La tristeza que emanaba de la voz de Draco era tal que por un momento encogió el corazón del moreno.

—A nosotros dos nunca nos han permitido ser normales.

—Esto se está poniendo demasiado moñas —El carraspeo incómodo de Ron los devolvió a la realidad de golpe—. Explicadme de una vez lo que ha pasado.

—No tengo tiempo —Harry se levantó de golpe—. Acompaña a Malfoy con Hidden y Alexandretti. Dad un rodeo y dentro de una hora o así nos vemos en La Guarida. Espero poder calmar a Hermione para entonces.

El chico no perdió más tiempo, echando a correr hacia donde había quedado con Gin. Llegó con la respiración un poco agitada por la carrera, abrió la puerta, y se encontró a las dos chicas sentadas juntas en el sofa. Se acercó, poniéndose en cuclillas delante de su llorosa amiga, apoyó las manos en sus rodillas y le hizo un gesto a la pelirroja acompañado de una sonrisa para que los dejase a solas; necesitaba hablar con ella.

Ginny se levantó en silencio, apretando el hombro de Harry al pasar para infundirle ánimo, y salió de la habitación.

—Hermione —habló muy bajito.

—Dime, Harry —le respondió de la misma forma, con la voz aún tomada por las lágrimas, sin atreverse a mirarlo.

—¿Por qué lloras? —Sólo él le hablaba así, de esa manera cargada de cariño incondicional. Ella lo miró con los ojos llenos de lágrimas, abrazándole y hundiendo la cara en su cuello, casi haciéndole perder el equilibrio. La abrazó por la cintura, quedándose así un rato, dejando que se desahogase.

Terminó por cansarse de mantener una postura tan forzada, así que se sentó en el sofá acomodando a su aún llorosa mejor amiga en su regazo, sin dejar de acariciarle la espalda.

—Vamos, Hermione... Por mucho que odie defender a Malfoy, y te juro que lo odio, no ha sido para tanto.

—Me ha humillado, Harry —consiguió articular ella entre profundos sollozos con la cara aún pegada al cuello de su camisa—. Delante de todo el colegio.

—¿Eso ha sido lo único que has visto?

Se separó de él, enjugándose las lágrimas, y lo miró con curiosidad.

—¿Qué más había que ver?

—Bueno, según he podido comprobar, había cuatro grandes grupos: uno formado por la mayoría de los chicos de que lo han considerado divertido, pero que no han pensado para nada que te estuviese humillando. Otro al que llamaré "equipo Lavender", que ha considerado que todo esto era, y cito," TERRIBLEMENTE ROMÁNTICO" —Harry hizo un esfuerzo enorme por no reír al ver la cara de Hermione ante el comentario de su compañera de cuarto—. Y, bueno, luego hay un pequeño grupo, muy muy pequeño, que piensa que ha sido vergonzoso, pero que aún así, Malfoy se merece que lo perdones.

Hermione lo miró largamente, intentando saber si se estaba burlando de ella.

—¿Te estas riendo de mí?

—Sólo un poco. Creo que has sobre reaccionado debido a lo que Draco ha dicho antes de su petición.

—No sé a qué te refieres —Miró a sus zapatos como si fuesen la cosa más interesante del mundo.

—Vamos, Hermione, que nunca hable de ello no quiere decir que no me haya dado cuenta. Sé lo que sientes y ha debido ser duro para ti que Malfoy anunciase su relación con Skie a gritos en medio de la cena, sólo por eso te perdonaré que no te hayas dado cuenta.

—¿De qué debería haberme percatado? —preguntó, súbitamente nerviosa.


Ron y Draco se reunieron con los Premios Anuales a la salida del Gran Comedor. Les explicaron con pocas palabras lo que Harry les había pedido, y comenzaron a andar con calma por los pasillos del castillo.

—Draco, eres un imprudente —Skie estaba visiblemente nerviosa y se aferraba con fuerza al brazo del rubio—. Con esa gente no se juega. ¿Qué te ha dado de repente, complejo de Gryffindor?

—Eiii, que estoy aquí.

—Lo siento, Ronnie. Este imbécil me ha puesto de los nervios —La chica se acercó a su novio, aplacando parte de su mal humor con un beso en los labios.

—¿Alguien puede explicarme qué narices ha hecho Malfoy para poneros a todos TAN nerviosos?

Los Slytherins se miraron entre sí.

—Skie, si lo elegiste por su inteligencia la cagaste pero muy mucho —Angelo miró a Draco, intercambiando una sonrisa, sin saber que repetía las palabras que este le había dicho a Harry no hacía demasiado tiempo.

—Tengo una tolerancia limitada en cuanto a que me llamen estúpido. Que no sea un genio descifrando las mierdas que se le pasan al rubio oxigenado por la puta cabeza no quiere decir que sea tonto. Explicádmelo o no lo hagáis, pero dejad de hacer chistes, ya tengo que aguantar suficiente de esa mierda con los gemelos —Ron se había puesto más serio de lo que los chicos lo habían visto nunca.

—Cálmate, te lo explicaré —Skie lo cogió de la mano, conciliadora, mientras andaban despacio por los desiertos corredores—. Eliminemos lo que te pone nervioso de esta ecuación. Eres una persona muy inteligente, me lo has demostrado muchas veces, Ronnie. Sólo concéntrate.


—Olvida por un momento que erais tú y Draco. Piensa, Hermione, piensa en lo que os define.

—Hay muchas cosas que nos definen, Potter, no seas simplista.

—Lo pondre más claro. ¿Qué os define para el otro bando?

Ella reflexionó durante un segundo, abriendo los ojos como platos.

—Malfoy es la sangre más pura del mundo mágico.

—Ajá, continúa —Pidió él con una sonrisa.


—Ella, ella es una nacida de muggles —El pelirrojo miró al Slytherin comenzando a comprender parte de lo que implicaba lo que había sucedido durante la cena—. ¿Les has declarado la guerra?

—Digamos, Weasley, que me he posicionado claramente en contra de las ideas de pureza de sangre del Lord —La sonrisa cínica de Draco parecía brillar en la oscuridad.

—No nos tomes por estúpidos, has hecho más que eso y lo sabes —Angelo le dio un golpecito en el hombro.

—No sé de qué me hablas.

—A otro con ese cuento, niñato —Skie miró a Ron.

—Hay muchas nacidas de muggles en la escuela, Malfoy, pero tú has elegido para hacer tu declaración...


— …a la mejor amiga de Harry Potter, Gryffindor para más señas, no hay mayor insulto posible —La chica terminó de decirlo con una mezcla de horror y temor bastante patente.

—No creo que haya sido todo tan frío, aunque me joda reconocerlo, él te quiere —El chico sonrió, mirándola en la oscuridad, mientras las implicaciones reales de lo que había hecho el Slytherin se asentaban en su mente—. Pero la cosa no acaba ahí.


—Imagina que el Gran Comedor fuese un gran tablero de ajedrez —Skie acarició la mano de su novio.

—Entonces... —Ron abrió los ojos como platos— fue a terreno hostil, ¡y se puso de rodillas frente al rey y la reina enemigos! —Se giró, mirando al Slytherin—. ¡Estás como una puta cabra, Malfoy!

—¿Así que ves a Harry y Hermione como el rey y la reina? —Draco se acercó al pelirrojo con una sonrisa burlona en la cara—. ¿Y qué pieza te consideras a ti mismo?

—¡Basta, suficiente! No tengo más ganas de tus bravuconadas por esta noche —Angelo se interpuso entre los dos imponiendo la paz—. Además, ya casi hemos llegado, y necesitarás toda tu fuerza para convencer a Granger de que no te arranque la cabeza.

Recorrieron el resto del camino en un silencio tenso. En la puerta, Ginny los esperaba apoyada en la pared.

—Te has lucido, gilipollas —Ron se alegró de que por una vez el veneno de su hermanita no estuviese dirigido en su contra—. Me da igual lo ingenioso que fuese tu plan, mi amiga lleva ahí dentro un hora llorando por tu culpa e imagino que en cuanto se le pase el bochorno y se dé cuenta de lo que realmente has hecho, se morirá de la preocupación —Ginny se paró enfrente de Draco, irguiéndose frente a él—. ¿En qué coño estabas pensando, pedazo de idiota?

—¿Tienes miedo de que alguien le quite el protagonismo a tu novio, pelirroja?

Nadie conocía a Ginevra como su hermano mayor y fue eso lo único que le permitió sujetar la mano antes de que se estrellase contra la mejilla del Slytherin.

—¿Es eso, Draco, celos de Harry? ¿Crees que ella no tiene suficiente con estar mortalmente preocupada por su mejor amigo, así que ahora te ofreces como diana para los aprendices de mortifago? ¡Por Merlín! Se supone que vosotros sois los astutos —La pelirroja sacudió la mano, librándola del agarre de su hermano, y volvió a apoyarse en la pared. Skie se le acercó y empezaron a hablar en voz baja.

—Tu hermana tiene mucho genio, Weasley.

—Has conseguido cabrearla de verdad. Sólo suele ponerse así conmigo.

—Gracias por parar el guantazo, por cierto.

—No lo he hecho por ti, Malfoy. Hermione se merece tenerte nuevecito para despellejarte desde cero. Además, la conozco lo suficiente como para saber que si te ve marcado, al primero al que abroncaría sería a mí.


—¿Lista? —Harry sujetaba la mano de su mejor amiga mientras ambos miraban a la puerta cerrada. Habían oído las voces amortiguadas, era hora de enfrentarse a él—. ¿Ya sabes qué le vas a contestar?

—La verdad es que no —Un suspiro escapó de sus labios.

—Bueno, siempre puedes hacerte la interesante y decirle que espere unos días.

—¡Potter! —exclamó escandalizada.

—¡Granger!

Ambos empezarón a reír.

—No los hagamos esperar más, temo que alguien resulte herido —Harry empezó a andar hacia la puerta.

—Cierto, dejar a Ron y Draco juntos mucho tiempo no es buena idea.

—¿Ron y Draco? —El Gryffindor alzó una ceja, divertido—. No son ellos los que me preocupan, estoy pensando más bien en una pelirroja de catorce años que no soporta que nadie te haga llorar.

Abrieron la puerta aún sonriendo, Harry se despidió de su amiga con un beso en la mejilla e intercambió un silencioso saludo con su némesis, que esperaba junto a Ron en silencio.

—Bueno, esto ha sido muy divertido, pero yo tengo que irme —Angelo miró su reloj, despidiéndose con un gesto displicente de los reunidos.

—Yo también me marcho, mi labor aquí esta hecha. Gin, ¿me acompañas? —Harry empezó a encaminarse hacia el pasillo.

—Sí, creo que será lo mejor —La pelirroja se apresuró a seguirlo, no sin antes lanzarle una última mirada envenenada a Malfoy.

Se quedaron allí parados, sin saber muy bien qué decir para romper aquel silencio incómodo que se había asentado entre los cuatro. Draco avanzó desde donde estaba junto al pelirrojo hasta atravesar la puerta que Hermione sostenía, pero ella no le prestaba atención, sus ojos estaban perdidos en los azules de Ron. Se volvió para mirar a Skie. Lo que los Gryffindor sentían era tan evidente que llegaba a resultar doloroso, masculló una maldición, cansado, estaba siendo un día raro de cojones.

—Hermione, ¿vienes?

—¿Qué?

—Qué si vas a entrar.

La chica sacudió la cabeza, volviendo en sí, y cerró la puerta tras despedirse brevemente de los dos que se quedaban fuera. Draco vio como su amiga apoyaba la espalda contra la puerta, cerrando los ojos durante un momento.


En el otro lado, Ron apoyaba ambas manos y la frente contra la madera, aguantándose las ganas de derribar aquella barrera de una patada. Por un segundo mientras se miraban, le pareció ver un brillo en los ojos de Hermione... Pero no, era imposible, a ella le gustaba el Slytherin.


A ambos lados de la puerta, los dos Slytherin dejaron a un lado su egoísmo por un segundo, y aún sabiendo que aquello no les acarrearía más que dolores de cabeza y soledad, sacaron la nobleza que aquel día parecía inundar a la casa de Salazar.

—Sé que voy a arrepentirme de decir esto —Los discursos de Draco y Skie eran tan parecidos que parecían ensayados—, pero deberías abrir esa puerta y hablarle de lo que sientes.

Los Gryffindors sonrieron en respuesta, con sonrisas idénticas tan llenas de dolor que se llevaban un trozo de alma, esa clase de dolor que uno sólo puede sentir a los quince años, cuando tiene el corazón roto por un amor no correspondido.

—¿Has visto a su acompañante? —Ron y Hermione hablaron a la vez, en susurros—. ¿Quién podría fijarse en mí en comparación?

—¿Yo? —respondieron sin dudar los dos.

—Tú tienes esa cosa con los pelirrojos —atajó Ron a Skie medio en broma, quitándole importancia al asunto.

—Te gusta demasiado llevar la contraria —Hermione se acercó a Draco, acariciándole la mejilla.

—Como gustes —volvieron a recitar los Slytherin al tiempo—, soy demasiado egoísta como para insistir en algo que sólo podría reportarme sufrimiento. Así que quédate conmigo.


Ron se acercó a su novia, tomándola por la cintura, besándola lenta y profundamente.

—Anda, vámonos de aquí.

—Será lo mejor —contestó ella, cogiéndole de la mano.

Y así, se alejaron juntos por el pasillo.


—Pensé que ibas a darme una paliza por lo sucedido, pero tendré que agradecerle a Weasley su distracción, es la segunda vez que hoy me libra de que me pegue una mujer —Draco se acercó a uno de los sofás, dejándose caer, agotado.

—¿La segunda vez? —Hermione se sentó a su lado, mirándolo con curiosidad.

—La pelirroja casi me parte la cara —Una sonrisa torcida apareció en sus labios al recordarlo.

—No cantes victoria respecto a mí, todavía puedo cambiar de opinión.

—Perdona si te hice sentir avergonzada, no pensé en ello.

—Draco Lucius Malfoy, te arrodillaste delante de todo el colegio, de los profesores, a la hora de la cena... y me pediste salir. ¿De verdad no se te pasó por la cabeza ni por un segundo que me sentiría avergonzada? ¿Quién crees que soy?

—Estaba tan orgulloso de mi plan que no pensé en cómo podía afectarte eso—Se giró hacia ella, cogiéndole una mano—. Hace no tanto me pedías que me posicionase para la guerra, y esta noche lo he hecho de la forma más pública y definitiva que se me ha ocurrido.

—Lo sé —Hermione cerró los ojos, cansada—. He tardado en darme cuenta de ello, y no creas que me tranquiliza. Ahora estás en un enorme peligro y yo no puedo evitar preocuparme.

—Tranquila, no se atreverán a hacerme nada en el colegio.

—No es eso lo que me dice mi experiencia con Harry, cada año se las apañan para conseguir atentar contra su vida por lo menos una vez.

—No soy Potter.

—No, él por lo menos duerme rodeado de sus amigos. Tú compartes habitación con Zabini, Crabbe y Goyle.

Se quedaron callados, aún agarrados de las manos. Todo aquello se escapaba a su control, era demasiado que manejar para gente tan joven, pero como bien le había dicho Harry nunca les habían permitido ser normales, y esta situación no iba a ser la excepción.

Sionnach, tengo algo que preguntarte —La voz de la muchacha se había vuelto apenas un susurro avergonzado.

—Dime.

—Lo que me has pedido...

—Lo recuerdo —Una sonrisa ladina se instaló en su boca al ver las dificultades de la chica para terminar de decir lo que pretendía.

—¿Han cambiado tus sentimientos?¿Acaso ahora tú... bueno, ya sabes?

Draco empezó a reír mientras cogía a Hermione de la barbilla, levantándosela, y haciendo que lo mirase a los ojos.

—¿Qué es esto, Minue? ¿Tu rito anual de preguntarme si estoy enamorado? Pensaba que ya habíamos dejado claro ese punto el año pasado.

—Sí, pero lo que has dicho en la cena... ¡Podría haberte dicho que sí!

—¡Y me hubiese sentido muy honrado!

—No lo entiendo —Se levantó, alejándose del sofá y parándose junto a la ventana, mirando el bosque sin verlo en realidad.

—Intentaré explicártelo —Empezó a decir él, poniendo los brazos en las rodillas—. Te quiero mucho, eres la primera persona a la que puedo llamar amiga y eso para mí es lo más importante, mucho más que el amor romántico. Si me diesen a elegir, preferiría tener la relación que tiene contigo Potter a la que quiere tener Weasley, por suerte para ambos, prefiero el camino medio. El amor viene y va, pero esa clase de amistad, esa es para siempre.

—Entonces mi respuesta está clara.

—Temía que dijeras eso —Se levantó, acercándose a ella hasta quedar a su lado, y la abrazó por la cintura—. ¿No podemos hacer como Ron y Skie?

—No somos como ellos.—Hermione se volvió entre sus brazos, mirándolo con una sonrisa traviesa—. Además, siempre he pensado que lo nuestro tenía su encanto por estar prohibido, por ser secreto... Ya sabes, nuestros besos tienen su lugar, aquí en la oscuridad.

—En eso tienes razón, no nos imagino dando un espectáculo de lenguas en medio de un pasillo.

—Yo puedo imaginarnos perfectamente en la Sección Prohibida de la biblioteca.

—¿HERMIONE?

—¿He dicho eso en voz alta? —Ocultó la cara en su hombro, mortalmente avergonzada por el desliz.

—¿Tienes fantasías conmigo en la biblioteca? —preguntó, incrédulo—. Merlín, eres lo mejor que me ha pasado desde que aprendí a volar—La levantó en volandas y comenzó a dar vueltas con ella en brazos.

Hermione se aferró a su cuello sin dejar de reír. Había tomado la decisión correcta quería mucho a Draco, pero no deseaba tener un "novio" del que no estuviese perdidamente enamorada.


Astoria entró en la sala común, bajándose la capucha de la capa que la cubría de pies a cabeza. Era bastante tarde, así que daba gracias a que al día siguiente fuese domingo y pudiese quedarse en la cama todo lo que se le antojara. También agradecía que la pesada de su hermana estuviese por ahí perdida con su último novio, y no esperándola para darle la bronca. Empezaba a cansarse de que Daphne fuese tan controladora.

Suspiró, acercándose al fuego, se sentó en uno de los sillones de la vacía sala y comenzó a quitarse con lentitud las horquillas que sujetaban su pelo en un apretado recogido en lo alto de la cabeza. Una de ellas se enganchó, y no parecía capaz de soltarla sin ayuda; justo entonces unas manos sustituyeron a las suyas retirando la pieza de metal con extremo cuidado.

—¿Qué haces levantada tan tarde, Mini-Greengrass?

—Nada que te importe, Malfoy —respondió cortante sin girarse, mientras sacaba un cepillo de algún lugar y comenzaba a peinarse con furia—. Y para tu información tengo un nombre.

—Lo sé, Astoria —Él le quitó el cepillo, y empezó a desenredarle el pelo con calma—. Cuando éramos pequeños siempre te peinaba, eras mi muñeca cuando Daphne me obligaba a jugar a las casitas, sólo así cedía y aceptaba participar en su estúpido pasatiempo.

—Lo recuerdo.

—Tu pelo ahora es más castaño, en lugar de rubio.

—¿Te molesta? ¿Tú también crees que el pelo "dorado" de Daphne es "lo más"?

—Para nada. Estoy aburrido del rubio, me gusta más así. Te queda bien.

El silencio los envolvió, sólo roto por el sonido de las cerdas del cepillo pasando por el cabello de la chica. Ambos demasiado hundidos en sus pensamientos, demasiado cansados como para añadir mucho más.

—Snape ha decidido ponernos a Doré y a mí en una habitación, solos —comenzó a contarle con voz desapasionada—. Se ve que los recientes acontecimientos han puesto nervioso al director respecto a nuestra seguridad. Sinceramente, no me imagino a Blaise ahogándome con la almohada en plena noche, no es tan tonto.

—No, su madre puede enseñarle métodos mucho más seguros de encargarse de ti sin dejar ningún rastro —susurró Astoria—. ¿Por qué llamas así a Theo? —preguntó después de pensarlo un momento.

—¿Cómo, Doré? —Draco soltó una suave carcajada—. Hasta que cumplí los tres años viví en Francia con mi madre y mi nana francesa, así que apenas si sabía hablar inglés cuando llegué a este país. Entonces conocí a Theo-dore —explicó, partiendo en dos el nombre del chico a propósito—, que ya por entonces era tan rubio como ahora. Dado mi poco conocimiento del idioma, pensé que ese era su nombre, "dorado" en francés y para cuando me sacaron de mi error estaba tan acostumbrado a llamarlo así que no he dejado de hacerlo. Además, a él no parece importarle demasiado.

—A Nott nada parece importarle demasiado —El susurro dolido de la chica no se le escapó al rubio, que siguió peinándola en silencio.

—Bueno, esto ya está —dijo, devolviéndole el cepillo—. ¿Me dirás ahora de dónde venías?

—¿Me prometes no reírte de mí?

Draco lo pensó durante un momento, y después asintió. Entonces ella se puso de pie y se abrió la capa, haciendo que entendiera todo de golpe. De ahí la necesidad del secreto y del pelo recogido. Aunque en cualquier señorita de sangre pura estaría bien visto practicar ballet, para ella, la rebelde nata, reconocer que hacía algo tan "normal" debía ser peor que la muerte.

—Tranquila, tu secreto esta a salvo conmigo.

—Gracias.

—Y ahora a la cama, si tu hermana nos pilla aquí, nos despellejará a los dos antes de que tengamos tiempo de explicarle nada.

Ambos sonrieron resignados, marchándose hacia las habitaciones. Había sido un día largo, raro y lleno de emociones, se merecían un buen descanso.

Bueno, pues hasta aquí el capitulo de hoy. Siento mucho el retraso, pero tengo una muy buena excusa. Estoy colaborando en un proyecto solidario llamado Mensajeros de oz (buscadlo en google si quereis más información) y eso me quita mucho tiempo. Por lo demás, espero que os haya gustado y ya sabéis, dejadme comentarios, que me dejan una sonrisa en la cara :)