Perdón por la tardanza. Este capitulo va dedicado a Leydhen que me lo pidió como regalo de cumpleaños y a Samwallflower que siempre está ahí animándome a seguir :)
El domingo amaneció soleado, así que sacaron sus cosas fuera y se tumbaron bajo un gran haya cerca del gran lago para ponerse al día con sus deberes. Por supuesto, Hermione no lo necesitaba, así que hechizó unas agujas y siguió tejiendo gorros y calcetines mientras les hacía compañía. Al poco rato, Draco se les unió, y aunque a Ron no pareció hacerle mucha gracia al principio, cuando empezó a echarle una mano de manera disimulada con sus tareas, para que Hermione no les regañase, dejó de quejarse al instante.
—Potter, atento a ese ingrediente, es ajenjo, no ajonjoli —le chivó el rubio en voz baja.— Tío, eres una peste en pociones.
—Snape le tiene manía —defendió Ron a su amigo.
—A Hermione también y ella saca buenas notas. Creo que si Potter se esforzase en las clases y consiguiese hacerlo todo perfecto sería la mejor manera de vengarse del profesor. No creo que nada le doliese tanto como ponerte una E en su asignatura.
—¿Me ayudarías?
—¿Qué obtengo yo a cambio?
—¿Mi gratitud?
—Me vale —respondió el Slytherin con una sonrisa divertida tras pensarlo un momento.
—Podrías haberle sacado mucho más, querido Draco.
—Estoy haciendo una inversión de futuro, queridisima Daphne —respondió el aludido mirando a la recién llegada, que venía acompañada de Nott—. Confío en que Potter llegue a ser alguien grande, así que su gratitud valdrá millones.
—Lo que sea, Malfoy —contestó la chica, quitándole importancia al comentario con la mano—. Ha llegado una lechuza bastante histérica buscándote, parecía importante. —Mientras terminaba de decir esto le arrojó un sobre que cayó en su regazo.
—¿Os quedais un rato? —Hermione los invitó con un gesto a sentarse.
—No puedo, he quedado —La prefecta Slytherin les sonrió a todos antes de despedirse haciendo un gesto con la mano.
—Yo aceptaré tu oferta —respondió el muchacho, sentándose junto a ella—. ¿Qué estás haciendo?
—Tejo gorros, después los dejo en la torre de Gryffindor para que los elfos los encuentren.
—Interesante —murmuró—. ¿Puedo ayudarte?
—¡Claro!
Los tres muchachos miraron al recién llegado con recelo, cada uno por sus motivos; no veían con buenos ojos que Theo se acercase a Hermione.
—Draco, haz algo —Ron lanzaba miradas nerviosas, mientras su amiga no paraba de reír al tiempo que le explicaba a Nott cómo manejar las agujas.
—¿Y qué quieres que haga, Weasley, partirle las piernas?
—Nada tan radical —Harry seguía peleándose con sus deberes de pociones—. Pero eres su amigo, puedes decirle que "tenga cuidado".
—Que estemos en el mismo dormitorio no quiere decir que seamos amigos, Potter. No veo que tú y Finnigan seáis como hermanos, precisamente.
—Cuando tiene razón, la tiene —El pelirrojo suspiró, cansado—. Lo que no entiendo es por qué hemos rechazado tan pronto el plan de las piernas... sonaba tan bien —Su tono soñador hizo reír por lo bajo a los otros.
—¡Gryffindors! Todo lo arregláis a golpes—. Draco se levantó sacudiéndose la hierba de los pantalones—. Me acercaré a ver qué saco en claro.
—Suerte, cero cero siete.
—Harry, en serio, odio cuando haces chistes muggles.
—Sin que sirva de precedente, apoyo a Weasley.
El Slytherin se acercó a Hermione y, dejándose caer de forma indolente junto a su amiga, le apoyó la barbilla en el hombro para observar los progresos de Nott con la calceta.
—¿Que tal lo llevas, Doré?
—No va mal.
—Es un gran alumno —lo defendió Hermione—. Le ha cogido el truco rápidamente, pronto podrá hechizar las agujas para que lo hagan ellas solas.
—¡Qué emocionante! —Draco imitó el tono de la Gryffindor, lo que le valió un golpe—. ¡Ouch! Lo dicho, los leones lo solucionáis todo a golpes.
—Bueno, Draco, además de soportar tu fina ironía, ¿querías decirme algo más? —Theo había levantado la vista de su labor y lo miraba, divertido.
—Anoche hablé con mini-Greengrass.
—Su nombre es Astoria —lo corrigió el otro—. Por si no lo recuerdas.
—Lo recuerdo —Hizo una pausa—. La cuestión es que me dio la impresión de que siente algo por ti.
—Si, yo había llegado a la misma conclusión, por eso iba a pedirle que saliese conmigo.
—¿CÓMO?
—De la manera habitual —Una breve sonrisa curvó los labios de Theodore.
—Sólo tiene trece años —Draco estaba empezando a elevar la voz, la mano de Hermione sobre la suya le recordó que no estaban solos.
—Lo sé —Nott lo miró a los ojos—. Desde el pasado seis de febrero, el próximo cumplirá catorce. Y ahora que ha quedado claro que sabemos contar, ¿cuál es tu problema?
—Es demasiado joven.
—¿Demasiado joven para qué?¿Qué es lo que crees que voy a hacerle, Draco? —El chico soltó una risa carente de humor—. Al final será verdad lo que dijo De la Rosa respecto a los tópicos. ¿Crees que por ser Slytherin voy a aprovecharme de ella? ¿Acaso lo haces tú con Granger?
—Por supuesto que no —lo atajó Hermione.
—Pues lo mismo.
—Si le haces daño …
—¿Y si ella me lo hace a mí? Deja de comportarte como un hermano mayor sobreprotector y maníaco, ya tiene suficiente de eso con Daphne.
—Creo que tiene razón, Draco. Astoria parece lo suficientemente inteligente como para decidir por sí misma.
—No prometo nada, pero intentaré controlarme —El muchacho se levantó, aún un poco enfurruñado—. Iré a seguir ayudando a Potter con Pociones, a lo mejor consigo que preste la suficiente atención como para aprobar.
Draco se dejó caer entre los dos amigos, que habían seguido la conversación con disimulo.
—Bueno, ¿qué tal?
—Puedes estar tranquilo, Weasley, Doré no está interesado en Hermione, parece ser que sus intereses van más dirigidos hacia Astoria.
—Hay que reconocerle el buen gusto —Harry seguía con su redacción como si nada.
—Deja de acosar a hermanas pequeñas, Potter, es de mala educación.
—¿Violet tiene un hermano mayor? —Ron los miraba, algo perdido.
—¿Podemos seguir con esto antes de que se nos haga la hora de acostarnos? —El moreno fulminó al Sly con la mirada, lo que hizo que el humor de este mejorase considerablemente. No había nada que le gustase tanto como chinchar a Potter.
Toda la alegría que Harry había acumulado el domingo recordando la reunión del sábado y pasándolo bien al sol con sus amigos se fue desvaneciendo conforme avanzaba el lunes; parecía que las malas noticias no paraban de llegar. Estaba muy preocupado por la herida de Hedwig y por la carta que había recibido de su madre y su padrino diciendo que querían hablar con él. Para colmo de males le tocaba pociones y eso nunca llevaba a nada bueno.
Cuando llegaron a las mazmorras Zabini estaba hablando en voz lo suficientemente alta como para que todos los que iban llegando lo oyesen. Empezó dándose importancia por las conexiones de su familia dentro del ministerio y diciendo que gracias a ellas Umbridge le había dado permiso al equipo de Slytherin para volver a formarse, después ya fue entrando en descalificaciones personales.
—No hagas caso a Blaise, solo intenta molestarte —Draco estaba a su espalda y le hablaba en voz baja.
—No eres tú —contestó con calma—. Si esas cosas estuviesen saliendo de tu boca tendría problemas para no matarte, pero con él no es lo mismo.
—Me alegro de que estes aprendiendo a controlarte.
—La verdad es que yo también.
En ese momento, vieron como Neville se lanzaba hacia Zabini con la intención de partirle la cara, o intentarlo, así que lo pararon a duras penas con la ayuda de Ron, que apareció en aquel momento con Hermione.
Justo entonces Snape abrió la puerta. Parecía que tenía la intención de ir a castigarlos, pero al ver a Draco entre los implicados sólo les hizo un gesto para que entrasen en su clase. Harry iba a dirigirse a su sitio de siempre cuando Malfoy lo sujetó del brazo.
—Hoy vienes conmigo. Weasley se sentará con Hermione.
Harry se giró, mirándolo sin entender nada, y entonces vio a su mayor pesadilla al final de la clase, sentada entre las sombras.
La clase fue una auténtica tortura, y si no llega a ser por las constantes llamadas de atención de Draco su poción hubiese sido un desastre. Tenía la absoluta seguridad de que, sin su ayuda, hubiese tenido otro enorme cero y un trabajo más de Pociones.
El resto de las clases no fueron mucho mejor, en Adivinación tuvieron que aguantar los lloriqueos y quejas de Trelawney debidos a la mala evaluación que "la sapo" (como Harry había empezado a llamar a Umbridge en su cabeza) había realizado de ella.
Tras un día de clases agotadoras y las noticias que les tenía reservadas Angelina cuando llegaron a la sala común, sólo tenía ganas de marcharse a su habitación, meterse bajo las sábanas y dormir hasta el mes próximo. Pero tenían una cita en la chimenea, así que, sin que sirviese de precedente, él y Ron sacaron los libros para adelantar algunos deberes.
La sala se fue vaciando poco a poco, Harry guardaba sus útiles cuando Ron, que dormitaba en una butaca, soltó un gruñido ahogado, despertó y miró con cara de sueño la chimenea.
—¡Sirius! —exclamó.
Harry se volvió con brusquedad. La oscura cabeza de su padrino había vuelto a aparecer entre las llamas.
—¡Hola! —saludó sonriente.
—¡Hola! —corearon Harry, Ron y Hermione, arrodillándose en la alfombra que había delante de la chimenea. Crookshanks se acercó al fuego, ronroneando, e intentó, pese al calor, acercar su cara a la de Sirius.
—¿Cómo va todo?
—No muy bien —contestó Harry mientras Hermione apartaba a su gato para que no se chamuscase los bigotes—. El ministerio ha aprobado otro decreto por el que quedan prohibidos los equipos de quidditch...
—...¿y los grupos secretos de Defensa Contra las Artes Oscuras? —La cabeza pelirroja de Lily se unió a la de Sirius en la chimenea y miró a los chicos intentando parecer severa, pero era tal el orgullo que sentía por ellos que le resultó imposible.
Hubo una breve pausa.
—¿Cómo sabéis eso? —Harry evitaba mirar a su madre por todos los medios.
—Deberíais elegir con más cuidado vuestros lugares de reunión —repuso Sirius sonriendo abiertamente—. Mira que escoger el Cabeza de Puerco, ¡menuda ocurrencia!
—¡No me negarás que era mejor que Las Tres Escobas! —replicó Hermione a la defensiva—, porque ese lugar está siempre abarrotado de gente...
—Lo cual significa que no habría sido tan fácil que os oyeran —comentó Lily—. Todavía tenéis unas cuantas cosas que aprender, Hermione.
—¿Quién nos oyó? —Harry sentía bastante curiosidad por ese tema en particular.
—Mundungus, por supuesto —respondió Sirius. Al ver el desconcierto de todos los dos adultos rieron y Lily añadió—: Era la bruja del velo negro.
Continuaron hablando un rato, el tiempo justo como para que Lily le hiciese llegar a Ron un mensaje de su madre prohibiéndole expresamente que formase parte del grupo. Por el contrario, a ellos les parecía una buena idea que se preparasen, las cosas se estaban poniendo muy feas y querían que fuesen capaces de defenderse a sí mismos en caso de necesidad.
Hablaban de un lugar donde reunirse en secreto cuando las llamas empezaron a cambiar de color en rápida sucesión.
—¡Nos han descubierto, apenas nos queda tiempo! —exclamó Sirius—. Cuidaos mucho.
—No os metáis en demasiados líos —dijo Lily, y mirando a su hijo con una sonrisa triste, añadió—: Tu padre estaría muy orgulloso de lo que estáis haciendo —alargó una mano como si pudiese tocarlo—. Te echo de menos todos los días. Nos vemos en navidad —Y ambos desaparecieron.
Harry se quedó mirando las llamas y luego se volvió hacia Ron y Hermione.
—¿Quién los ha descu...?
Entonces Hermione soltó un grito ahogado y se puso en pie de un brinco sin apartar la vista del fuego, Ron se acercó. cogiéndola por los hombros, mientras ambos miraban horrorizados.
Entre las llamas había aparecido una mano que buscaba a tientas como si quisiera coger algo; era una mano regordeta de dedos cortos llenos de feos y anticuados anillos.
Los tres se alejaron de allí sin poder apartar la mirada mientras la mano de Umbridge seguía agitándose entre las llamas con la intención de agarrar algo, como si supiera dónde habían estado Sirius y Lily hasta momentos antes y estuviera decidida a atraparlos.
Hermione esperó, escondida en un recodo de la escalera hasta que dejó de oír los pasos de los chicos. Entonces volvió a bajar y salió por el retrato. Escaparse de la sala común por las noches estaba empezando a volverse una costumbre. Una costumbre que le gustaba, la hacía sentir audaz... sonrió para sí misma y siguió caminando, ocultándose entre las sombras de los pasillos que tan bien conocía.
—Llegas tarde.
—No habíamos quedado a ninguna hora, he venido cuando he podido —Hermione cerró la puerta a su espalda y buscó a Draco entre las sombras—. No entiendo tu manía de estar siempre entre tinieblas.
—Me pones muy fácil hacer chistes, Hermione —susurró él contra su cuello, abrazándola por la cintura.
—Vamos, no vengas ahora a hacerte el malote, conmigo. Ya no cuela.
—Es una verdadera lástima.
Era increíble cómo podía sentir su sonrisa aún a pesar de tenerlo a sus espaldas y de la escasa iluminación. Quizás era algo en la entonación de su voz...
—Por cierto —dijo, volviéndose entre sus brazos—. Gracias por ayudar a Harry en Pociones. No creo que sea malo, es sólo que cuando ve a Snape se bloquea.
—Ya le pediré que me devuelva el favor, no te preocupes.
Se quedaron en silencio, abrazados, entre las sombras.
—Sionnach, ¿qué había en la carta que recibiste ayer?
—¿Qué carta? —Los labios cálidos del Slytherin comenzaron a deslizarse por su cuello lentamente, como una caricia de seda.
—Ya sabes qué carta —Un jadeo escapó entre los labios apretados de Hermione cuando él mordió su piel—. La que Daphne y Theo te trajeron.
—¡Ah, ésa! —Las manos de muchacho aflojaron el nudo de la corbata y desabrocharon lentamente los primeros botones de la camisa blanca, antes de dejarse caer en un sofá y atraer a Hermione hacía su regazo.
—¡Sí, ésa! ¡Y deja de distraerme con tus malas artes!
—¿Malas artes? —La ceja de Draco se alzó divertida ante la expresión—. Pensaba que te gustaba lo que hacía.
—No me cambies de tema.
—Está bien —murmuró, derrotado, dejando caer la cabeza contra el respaldo del sofá—, pero deberías tener en cuenta lo que dicen, Minue.
—¿Qué dicen?
— Que la curiosidad mató al "gato" —terminó de decir, riendo.
—Serás... —Hermione le golpeó el hombro con el puño cerrado, pero la risa se le escapó ante el chiste fácil.
—¡Ouch! Deja de resolverlo todo a golpes, Gryffindor.
—Y tú deja deja de esquivar mis preguntas, Slytherin.
—Está bien... —Draco se puso serio—. Era una carta de mi madre, le han concedido el divorcio. Además, debido al historial delictivo de mi padre y a su confinamiento en Azkaban, todo el patrimonio Malfoy ha pasado a sus manos, ella sólo le ha dejado Malfoy Manor.
—¿Estás bien? —Le acarició la cara con suavidad.
—Imagino, es extraño —Apoyó la mano sobre la suya, cerrando los ojos por un momento, sintiendo su contacto—. Durante el verano mi madre y yo hemos estado hablando mucho. Acerca de muchas cosas, de mi familia, de los Black, del colegio, de los muggles, de sus ideas, y también de ti.
—¿De mí?
—Le conté que somos amigos, lo inteligente que eres... aunque tus padres sean muggles. Al principio no me creyó, pero al final se permitió pensar en ello. Incluso volvió a ponerse en contacto con su hermana Andromeda después de un montón de años, y por fin conoció a su marido.
—Los padres de Dora.
—Sí, en la carta me contaba que ha costado convencer a Ted, pero al final lo han conseguido … se marchan los tres al continente. Será la mejor manera de mantenerse alejados de todo lo que se avecina. Me pide que vaya con ellos, que me traslade a Beauxbatons y continúe allí mis estudios...
No sabía qué decir... ¿Francia? ¿Beauxbatons? Por un lado era consciente de que se trataba de lo mejor para él, pero por otro... no quería perder a Draco. ¿Qué iba a hacer sin él, volver a quedarse sola?
"No estás sola", se reprendió a sí misma. "Tienes a Harry y a Ron". Pero sabía que no era lo mismo.
—No voy a marcharme, Minue.
—Pero...
—Hay muchas razones para quedarme, Hermione. Y apenas un par de ellas tienen que ver contigo —Sonreía de nuevo, y el alivio la inundó con tanta fuerza que por un momento pensó que iba a desbordarse; en lugar de ello, agarró a Draco por el cuello y lo besó, diciéndole con un gesto lo que se veía incapaz de expresar con palabras.
Harry cabeceaba delante de su redacción de Encantamientos, después de la sesión de entrenamiento pasada por agua y el repentino dolor de cicatriz, que lo había tenido distraído toda la tarde. Y aún le quedaba un trozo por terminar.
Ron se había dado por vencido, marchándose a la cama hacía un buen rato. Imaginaba que Hermione andaría haciendo la ronda o en una de sus "reuniones" con Malfoy, pero tenía la sala común para él solo y le estaba costando horrores no dormirse sobre el pergamino.
Al final, sin darse cuenta, cayó en un sueño poco profundo, hasta que lo despertó Dobby. El elfo le traía a su lechuza de vuelta, completamente recuperada, lo que alegró mucho a Harry. Continuaron conversando un rato, en el cual descubrió que ahora era él quien limpiaba a solas la torre de Gryffindor, pues el resto de elfos se había cansado de ir esquivando las prendas que Hermione iba escondiendo por las esquinas. También hablaron de una de las cosas que más preocupaba a Harry: dónde encontrar un lugar para reunir al grupo de defensa. Dobby le sugirió un sitio al que llamaban "Sala de los Menesteres", le explicó como llegar a ella y acceder. Le dio las gracias y se despidieron, pues ya era tarde y al día siguiente había que madrugar.
—Ya puedes salir, Hermione —Harry recogía sus cosas, metiéndolas en la mochila. Su amiga salió de entre las sombras que la ocultaban y se acercó a ayudarlo—. ¿Hace cuánto rato que nos escuchas?
—El suficiente como para saber que con mis ansias por imponerles la libertad, lo único que he conseguido es cargar de trabajo a Dobby —Se dejó caer en un sofá, con la cara entre las manos—. Soy idiota.
—Vamos, no digas eso. Cualquiera puede cometer un error —Se sentó a su lado, acariciándole la espalda en amplios círculos, ayudándola a calmarse—. No lo has hecho a malas.
—Es tarde, pero mañana intentaré pensar algo. No es justo que el pobre elfo se cargue todo el trabajo sólo porque yo sea una imbécil. Ahora deberíamos irnos a dormir.
—¿Es eso una invitación?— dijo con tono pícaro.
—¡Harry! —Hermione se giró, incrédula.
—Lo siento —contestó, riendo—. Creo que tanto tiempo con Slytherins empieza a afectarme.
—Serás borrico —Se acercó y le dió un leve beso en la mejilla—. Que descanses, Harry.
—Dulces sueños, Hermione.
Al día siguiente, a las siete, Harry, Ron y Hermione dejaron la sala común y se dirigieron hacia el lugar que Dobby les había indicado. Aunque la hora del toque de queda aún estaba lejos, lanzaban nerviosas miradas a sus espaldas, esperando que Umbridge apareciese en cualquier momento para detenerlos, pero nada ocurrió.
Entraron en la sala tal y como el elfo les había indicado la noche anterior y se quedaron boquiabiertos al ver lo que les esperaba tras la puerta. Era increíble, allí tenían todo lo necesario para entrenarse, desde cojines para evitar las caídas accidentales, hasta libros para estudiar algunos hechizos más avanzados. Era un sueño hecho realidad.
Poco a poco fueron llegando el resto de los componentes entre los que se había corrido la voz de la reunión a lo largo del día. A las ocho, todos los cojines estaban ocupados y un montón de caras miraban a Harry, que se preguntaba qué hacer primero.
—Hola a todos —Hermione saludó a sus compañeros con una sonrisa—. Propongo que en primer lugar elijamos un líder formalmente, con una votación, y después nos pongamos un nombre.
Un murmullo de asentimiento se generó, dando a entender que la idea de la Gryffindor les parecía bien.
—Creo que nuestro líder debería ser Potter, me propondría a mí mismo, pero ya estoy demasiado ocupado—. Draco suspiró, cansado, quitándose una mota de polvo imaginaria de su impoluta capa, la mayoría rió la gracia del rubio y procedieron a confirmar a Harry como líder por unanimidad.
—Respecto al nombre, podríamos llamarnos Liga AntiUmbridge —terció Angelina, que aún no perdonaba a la profesora por tardar tanto en darles permiso para volver a formar el equipo de Gryffindor.
—O Grupo Contra los Tarados del Ministerio de Magia —sugirió Fred.
—Podríamos ser un poco más sutiles —insinuó Skie con una leve sonrisa.
—Si, un nombre que no revelase a que nos dedicamos tan explícitamente —la apoyó Hermione con una sonrisa.
—¿Entidad de Defensa? —aventuró Cho—. Podríamos abreviarlo ED y nadie sabría de qué estamos hablando.
—Sí, ED me parece bien —intervino Ginny—. Pero sería mejor que fuesen las siglas de Ejército de Dumbledore, porque eso es lo que más teme el Ministerio, ¿no?
—¡Apoyo a la pelirroja! —El comentario de Angelo fue recibido con risas y murmullos de conformidad.
Hermione se levantó, clavó el trozo de pergamino donde todos habían firmado en la pared, y en lo alto escribió con letras grandes:
EJÉRCITO DE DUMBLEDORE
Después de eso, comenzaron la práctica con un hechizo sencillo: Expelliarmus. A algunos de los alumnos de los cursos más avanzados les pareció algo elemental, pero cuando Harry les dijo que lo usó en su enfrentamiento con Voldemort su actitud cambió.
Propuso que practicasen en parejas y le pidió a Angelo que se emparejase con Neville, sabía que el Slytherin era muy bueno y su amigo necesitaba de clases particulares con urgencia. Se paseó por la clase corrigiendo a algunos y animando a otros, con algo cálido creciendo en su pecho al verlos luchar de aquel modo.
Despacio, como si no tuviese esa intención, se acercó a donde Cho entrenaba con Riva y Violet lo hacía con Marietta. Al verlo, la buscadora de Ravenclaw se puso nerviosa, comenzando a ejecutar mal el hechizo, a pesar de que hasta hacía un momento lo había estado haciendo a la perfección. Harry le hizo un par de comentarios a Cho, que ella aceptó con una sonrisa, y siguió con su ronda sin decirle nada a Violet, para no inquietarla aún más .
Antes de darse cuenta era la hora de irse, así que quedaron en verse al miércoles siguiente, y la gente empezó a marcharse en grupos de dos o tres para no llamar demasiado la atención.
Violet se hacía la remolona recogiendo su mochila mientras su amiga Marietta la miraba con evidente enfado. Por suerte, antes de que la cosa fuese a más, Chang intervino, llevándose a la enfadada chica con ella y corriendo detrás de Silvercrown.
—Riva, espéranos, vamos contigo.
—Está bien —Fue la lacónica respuesta de la pelirroja, que las miraba extrañada.
—Harry, me voy a las cocinas a hacer lo que hablamos ayer —comentó Hermione, cogiendo a Draco de la mano, sin darle tiempo a replicar. Este se despidió de todos con un gesto.
—Nosotros también nos vamos, Potter. A Ron y a mí nos toca ronda, la diversión de ser prefecta nunca acaba —Skie sonrió a su novio, intentando fingir fastidio.
—A otros con ese cuento, Hidden, ya sabemos qué os dedicáis a hacer tú y el zanahorio en las rondas.
—Angelo, un día te arrancaré la lengua.
—Me gustaría verte intentarlo.
Harry se rió, mientras los dos Slytherin seguían discutiendo hasta la puerta, acompañados por su amigo. Siguió recogiendo las cosas que se habían quedado tiradas tras la práctica.
—Yo también me voy, Harry —Ginny le sonreía—. Ha sido genial.
—Me alegro de que te haya gustado, Gin. ¿Te acompaña "Connie" a la torre? —intentó que nada se filtrase en su voz.
—Sí, pero te dejo en las capaces manos de tu "novia" —el retintín con el que usó la palabra era evidente—, la pobre ya no sabe qué hacer para entretenerse y quedarse a solas contigo —Ambos rieron.
—Anda, lárgate. Nos vemos mañana.
Ginny corrió hacia la puerta, donde la esperaba un sonriente Michael Corner, que se despidió de Harry con un gesto antes de que ambos saliesen por la puerta.
Terminó de recoger las cosas con calma, disfrutando del silencio. Notó como alguien se aproximaba por detrás y no pudo evitar una sonrisa al recordar lo que acababa de decirle Gin, que ella estaba entreteniéndose a propósito para quedarse a solas con él.
—Me ha gustado mucho la reunión —Violet le tocó un brazo y se apresuró a añadir:— Ya sé que cuando has venido me ha salido todo al revés, pero es que me he puesto nerviosa.
—¿Nerviosa? ¿Tú? —La suave iluminación de la sala arrancaba destellos caobas de su pelo castaño—. ¿Por qué?
—Me estabas mirando —Su voz bajó mientras se acercaba.
—Te vi hacerlo desde lejos y te salía muy bien. No tienes de qué preocuparte, aunque tu amiga no parece estar muy contenta de estar aquí —Él tambien se aproximó.
—No quería venir, la convencimos entre Chang y yo —Se quedó en silencio un segundo, mirándose los pies—. Pero ahora me pregunto si habrá sido buena idea.
—Si no quiere volver, no tiene porque hacerlo, lo único que pedimos es que no nos denuncie —Estaban muy cerca, Harry alzó una mano y le acarició la mejilla, intentando reconfortarla.
Levantó la vista, haciendo que sus ojos azules se enfrentasen con los verdes de él y no pudo resistirlo más, así que puso sus manos en los hombros de Harry y lo besó.
Empezó como un beso dulce, apenas un roce en los labios. Al principio él se tensó, pero a los pocos segundos respondía al beso mientras la sujetaba por la cintura. Tropezaron en su impaciencia, cayendo hacia atrás sobre los cojines que hasta hacía solo un momento los habían protegido de salir heridos por la fuerza de los expelliarmus que practicaban.
Harry sentía cada curva del cuerpo de la chica bajo sus ansiosas manos, su cerebro no le respondía, solo sabía que sus besos ardientes estaban despertando algo en su interior que llevaba dormido desde que había estado con Natalie. Cuando ella coló las manos bajo su camisa y empezó a acariciarle la espalda un quejido se le escapó, si seguían por ese camino no podría controlarse.
—Violet, espera.— Para ser dos palabras tan sencillas le costó muchísimo decirlo.
—¿Estas bien? ¿He hecho algo mal?
—¡No!— Harry volvió a besarla con una sonrisa.— es que creo que deberíamos hablar antes de lanzarnos a comernos vivos... quiero ser claro contigo.—Esto de ser "él" empezaba a parecerle el peor negocio del mundo.
—Me parece bien.—La morena se tumbó en los cojines apoyando la cabeza en su brazo flexionado.— te escucho.
—Mi vida ahora mismo no es fácil. No es solo que es ministerio me tilde de loco, es que hay mucho que no puedo contar, estoy continuamente guardando secretos, haciendo cosas peligrosas... vamos, que vivo en el caos.
—No suena fácil.—su voz compasiva hizo sonreír al muchacho con tristeza.
—No intento darte pena, Violet, solo explicarte que no sé hasta donde podre darte, que a veces me largaré sin explicaciones y que no siempre podrás ser mi primera prioridad. Ojala fuese alguien normal de quince años...
Ella lo miró reflexionando sobre todo lo que acaba de decirle.
—Creo que puedo soportar todo eso, siempre y cuando me prometas dos cosas: que nunca me traicionarás con otra y que nunca me mentiras.
—Puedo callarme la verdad, pero prometo no mentirte, sobre lo otro, no tienes de que preocuparte, nunca haría algo así.
—Entonces no le veo problema a seguir con lo que estábamos haciendo—rió ella volviendo a lanzarse sobre sus ansiosos labios. Y allí se quedaron comiendose a besos, iluminados por las velas, en la silenciosa Sala de los Menesteres.
Hermione y Draco caminaban en silencio hacia la puerta de la cocina. La muchacha iba repasando mentalmente su discurso, pero nada le parecía apropiado. Había sido tan arrogante.
—Vamos, Minue—el chico sujetó su mano haciéndola parar en uno de los pasillos oscuros.—deja de torturarte. Sólo son elfos.
—No vayamos por ahí, Sly, o yo solo seré una hija de muggles y habremos vuelto al principio.—contestó irritada deshaciéndose de su agarre de un tirón.
—No uses ese tonito conmigo, yo no soy Potter.
—Ya sé que no eres Harry, él me apoyaría en esto.
—Más bien él te daría la razón como a los locos sin molestarse en decirte que lo que haces le parece una locura. Por eso te has metido en este follón en primer lugar. Los amigos también están para decirnos cuando la cagamos. Nadie es perfecto, ni siquiera tú.
Se quedaron mirando en la semioscuridad con las respiraciones alteradas, no solían discutir, no de esa manera. Ellos hablaban las cosas, no se dedicaban a lanzarse acusaciones como vulgares pescaderas en el mercado.
—Lo siento.—Ambas voces sonaron al unísono en el oscuro corredor.
—Estoy nerviosa.
—Estoy cansado.
Ambos sabían que aquello no era toda la verdad y que las cosas que se habían dicho no se podrían borrar con aquellas simples palabras, pero era un principio, nunca antes un Malfoy había agachado la cabeza ni una Granger había admitido no llevar razón. Quizás y solo quizás tenían un futuro.
Siguieron su camino, una vez más en silencio, pero esta vez sus manos unidas decían que Draco estaba allí para Hermione. Y así fue, cuando la muchacha tuvo que pedir perdón ante una legión de atónitos elfos que se apresuraron a agasajarlos con comida y bebida (aunque en su interior suspirasen aliviados de que aquella extraña muchacha fuese a cesar en su cruzada de liberarlos a todos por la fuerza) Lo que ninguno de ellos sabia, es que años más tarde cuando le preguntasen a Hermione por la elección del trabajo al que dedicaría el resto de su vida, ella recordaría aquella noche, en las cocinas sentada junto a Malfoy mientras casi todos los elfos del castillo los rodeaban.
Contestando a los comentarios de las no logueadas :)
Emma Felton: Aún nos queda mucho fic por delante. Mucho que ver de la relación de Draco y Hermione. De Ron, de Harry y de todos los nuevos personajes que he creado para la historia.
Si algo he aprendido en estos años en ffnet, es que si una historia te gusta y consideras que está bien escrita, al final quien quede con quien, es lo menos importante, ya que la autora (o el autor, que alguno hay por ahí) se lo suelen currar para convencerte.
Un beso y gracias por leerme :)
P.D: HAZTE UNA CUENTA!
Eponine: Gracias por comentar cada capítulo, animais a ésta humilde escritora a seguir juntando letras.
Hay por ahí un proyecto de continuación de "El Vestido" que le he prometido a Sam por haber aprobado la selectividad, pero ya sabeis que soy más lenta que una tortuga, asi que espero que no desespereis mucho.
Un besito y hasta el próximo.
P.D: HAZTE UNA CUENTA TAMBIÉN!
Muchas gracias a todos los que me comentáis y a los que seguís el fic y lo favoriteais. Un beso :)
