Se que he tardado y os pido disculpas. Han sido varios motivos. El primero es que en marzo tuve los exámenes finales, así que hubo que apretar más de lo normal, y en abril empecé las prácticas en la empresa que me ocupan muchísimo tiempo (los que me tenéis en tuister ya os habréis dado cuenta) También esta el tema del "mazazo" que supusieron algunos comentarios en el capítulo anterior. Yo también tengo mi corazoncito 3, pero bueno, poco a poco he ido construyendo este capítulo y espero que os guste.
La noche estaba bastante avanzada, al día siguiente volvían a casa para las vacaciones de navidad. Los pequeños dormían y los alumnos de cursos superiores, a partir de sexto, estaban casi todos en la fiesta de Hufflepuff.
Se hablaba poco de la casa de los tejones, durante años se habían construido una reputación de gente fiable, tranquila y sin tendencia para los líos… pero todo eso había cambiado unas décadas atrás. No sé sabía exactamente cómo, ni quién fue el precursor, pero desde finales de los años cuarenta, los Huffle organizaban las mejores fiestas del castillo. Tres al año. Una al final de cada trimestre. Las normas eran estrictas y las invitaciones se cotizaban altas. Pero si conseguías entrar, tenías asegurada una noche inolvidable.
Draco no estaba invitado, era demasiado joven, pero con Hermione y compañía fuera del colegio tampoco le apetecía demasiado ir a la casa amarilla. Prefería quedarse en su casa común, tranquilo, a solas con sus pensamientos … y su manzana.
Poca gente lo sabía, pero Draco tenía una predilección muy marcada por esa fruta, le encantaban. Estaba sentado al revés (las piernas donde debería tener la espalda) en un sillón orejero frente a la chimenea, lanzando la manzana al aire una y otra vez, sin terminar de decidirse a morderla.
La acercó a su nariz e inspiró su olor con fuerza, ese toque ácido que le picaba, la suavidad de su piel rozando sus labios, que se fueron abriendo poco a poco hasta que no pudo contenerse más y le dió el primer mordisco. Suspiró saboreandola. Era deliciosa.
La puerta se abrió dando paso a una figura encapuchada. Draco asomó la cabeza y al reconocer a la figura volvió a su manzana, ella no suponía ninguna amenaza.
—Buenas noches, Malfoy.
—Buenas, Greengrass.—Se incorporó sentándose normal y cruzando las piernas de forma elegante—¿Qué tal el baile?
—No ha ido mal.—Ella se sentó en un sofá cercano—. Aunque estaba demasiado distraída para disfrutarlo.
—¿Qué te distrae, Tori?
—¿Tori?
—¿Te disgusta? Tu nombre es demasiado largo y llamarte mini-Greengrass no soluciona el problema.—Una sonrisa divertida asomó a su boca.
—No, está bien. Es que me ha sorprendido.— Se recostó contra el respaldo y miró al rubio con interés—. Me alegro de encontrarte, quería pedirte un favor.
—Tu dirás— respondió Draco tirando a la chimenea, con un gesto displicente, los restos de la manzana.
—Necesito que me beses.
—¿CÓMO?
—De la manera habitual, supongo.—Draco entornó los ojos al oír la burla en su voz.
—Ya lo imaginaba, pero sales con Nott.
—Sí, bueno—respondió ella, que parecía mucho menos segura—. Pero él es mayor… y me da vergüenza hacerlo mal.
—Astoria… vamos. Estoy seguro de que Doré estará encantado de enseñarte lo que necesites aprender.
—No quiero que piense que soy una cría inexperta.
—Eres una cría inexperta.
—¡DRACO!
—Joder, Tori, tienes trece putos años. Sería mucho más preocupante que fueses experta en estos menesteres..—Dijo poniéndose serio mientras la sujetaba por los hombros.
—No me convences con tu verborrea. Si tú no quieres hacerlo se lo pediré a Angelo, seguro que no tiene tantos reparos.—Se volvió con la intención de marcharse pero la mano de Draco sujetándola por la muñeca la detuvo.
—Espera, lo haré, no me fio de nuestro querido prefecto.
Astoria sonrió satisfecha antes de volverse de nuevo y ponerse frente al rubio.
—¿Tengo que cerrar los ojos?
—Suele ser recomendable, si no nos pondremos bizcos empezaremos a reirnos y esto dejará de ser el tema serio que pretendes que sea.—Bromeó alzando una ceja el muchacho. Ella rió dándole un suave golpe en el hombro, después cerró los ojos y levantó la cabeza, facilitándole el trabajo.
Draco suspiró y sosteniendo a la joven por la nuca la besó. Fue dulce y delicado, un bonito beso en los labios que apenas duró unos segundos.
Cuando se apartó miró como Astoria abría los ojos y lo miraba fijamente mientras se acariciaba la boca con los dedos.
—¿Qué tal?
—Ha estado bien, pero …
—… ¿ha faltado algo?
—¡SI!
Draco empezó a reír.
—Cuando le des un beso a alguien que te guste de verdad, verás como ese algo aparece.
—¿De verdad?
—Ajá. Anda vamos a la cocina a por un par de batidos. El tuyo de chocolate, con nata y sirope de chocolate.
—¿Y pepitas de chocolate?—Preguntó ella con ojos brillantes.
—Claro—contestó sujetandola por los hombros.—El día que un beso te ilusione la mitad que un batido de chocolate estarás preparada para darlo.
—Eres idiota.
—Pero soy sexy, eso lo compensa.—Contestó con una sonrisa mientras ambos salían por la puerta de las mazmorras haciendo que sus risas se perdiesen en el pasillo.
Por ahora la fiesta de la década era una mierda. O eso pensaba Riva. Estaba sentada en un sillón acompañada de Cho y Violet que parecían extremadamente emocionadas, pero por mucho que lo intentaba no entendía el porqué.
Bebió un sorbo más de su vaso, quizás si tomaba el suficiente alcohol empezase a verle la gracia a todo aquello o dejase de importarle.
Toda aquella locura había empezado hacía unos días cuando Potter y los demás desaparecieron. Como Violet no quería ir a la fiesta sin su novio, le dijo a Cho que la acompañase y a esta le pareció una idea maravillosa llevarse a Riva con ellas.
Al principio no aceptó, por supuesto, pero era imposible resistirse demasiado tiempo a las payasadas de aquellas dos, que en el fondo le caían demasiado bien para su salud. Además de que Diana se unió a la campaña y entonces no hubo quien la salvase.
Si ir era malo, lo que le obligaron a hacer para considerar que estaba presentable fue una tortura. Entre sus tres amigas la sujetaron y sometieron a todo tipo de cremas, potingues y extraños hechizos en el pelo, las cejas y el resto de su cuerpo. Ni en sus noches más locas con Skie la habían manoseado tanto. Y al final allí estaba, con el pelo ondulado, unos tacones que le molestaban en el talón, una falda de vuelo por encima de la rodilla, una camiseta negra larga con puños a juego con la falda y un estúpido pañuelo que no dejaba de enredarse con todo. Incluso la habían maquillado, a ella.
Suspiró de nuevo y de forma inconsciente volvió a mirar a la puerta. Los Slys no habían aparecido. No es que quisiese ver a Skie ni nada de eso, era sólo que se aburría y Alexandretti siempre era una fuente inagotable para las discusiones estupidas. O eso se repetía a sí misma, una y otra vez intentando convencerse.
Entonces la puerta se abrió y como respondiendo a sus deseos apareció Angelo, pero tras él no venía quien todos hubiesen esperado, sino que lo seguía el chico más guapo que Riva nunca hubiese visto. Hasta ese preciso momento hubiese jurado que ella era Skie-sexual, pues en toda su vida solo la premio anual había despertado sus hormonas, pero por algún raro motivo aquel desconocido, provocaba el mismo efecto sobre ella.
—Riva.— Violet llamó su atención con un codazo.—¿Conoces al tío bueno que acaba de entrar por la puerta?
—Claro, es Angelo, esta con nosotras en el ED.—Contestó, seria por completo.
La morena la miró con los ojos entrecerrados y le sacó la lengua.
—Digo el "otro" tío bueno.
—Pues la verdad es que no. Pero conociendo a Alexandretti seguro que no se demora mucho en presentárnoslo, estamos sentadas al lado de las bebidas.
Y no tardó en demostrarse que tenía razón. El premio anual se les acercó con su sonrisa más luminosa y, tras besarles a todas las manos de forma exagerada (y burlona), les presentó a su acompañante.
—Bueno chicas, os presento a Scott Higgins, es un compañero de Slytherin. Dejó el colegio hace un par de años, pero ha venido a consultar unos libros en la biblioteca, así que se queda con nosotros en las mazmorras y he pensado en traerlo.
—¿Y Skie, no va a venir?—Cho hizo la pregunta que ella se moría por formular.
—No, por desgracia la princcipessa sufre una de sus migrañas y no ha podido acompañarnos. Yo quería quedarme a cuidarla, pero insistió en que viniese.
—Que abnegado por tu parte, espaguetti.—La boca de Riva soltó la pulla antes de que ella pudiese hacer nada por detenerla.
—Lo que sea por una amiga, pelirroja.— Dijo poniéndose serio mientras la miraba a los ojos. — Y ahora, si nos disculpais, quiero presentarle a Scott a unas personas.—Siguió diciendo con su tono burlón de siempre, mientras empezaba a llevarse a su acompañante que apenas había dicho un par de palabras.
Las tres chicas vieron como se acercaban a Robert y Diana, con los que estuvieron hablando un rato. Le hicieron señas a su amiga para que se acercase y así sonsacarle algo de información sobre el chico nuevo.
—No os molesteis en interrogarme, no sé nada.—Se defendió la Gryffindor con las manos alzadas.
—Es guapísimo.—Violet no apartaba los ojos del chico.—Si no fuese porque estoy con Harry se iba a enterar de cómo nos las gastamos ahora en Hogwarts.
—¡Cómo te entiendo!—Dijeron Diana y Cho a la vez. Ante la coincidencia se quedaron mirando y empezaron a reir.
—Deberíamos convencer a la única soltera entre nosotras para que se lo ligue por ella y por todas sus compañeras.—Comentó la oriental con picardía.
—¿A quién queréis convencer de qué?—Riva no podía apartar los ojos de Scott y eso le resultaba a la vez fascinante y molesto. ¿Qué clase de hechizo era aquel? Volvió a beber de su vaso antes de mirar a sus compañeras que la observaban con una extraña sonrisa. Su cerebro tardó un par de segundos en hacer las conexiones necesarias, pero al final lo logró—. Ni hablar, ni siquiera lo penséis.
—¿Es por qué eres del otro equipo?
—¿De qué hablas?
—Es su forma educada de preguntar si eres lesbiana.—Diana se sentó a su lado cogiéndole una mano.
—No tiene que ver con eso, eso solo que …
—¿Te gusta?—Violet fue directa al grano.
—Tengo ojos.—Y sus ojos veían un cuerpo de un metro ochenta y algo, atlético, con el pelo negro un poco más corto que el de Angelo y unos increíbles ojos verdes, labios carnosos, barba de tres días que dejaba claro que no era un niñato más.
— ¿Has besado alguna vez a un chico? — Riva no sabía de quién había procedido la pregunta, pero contestó de igual manera sacudiendo la cabeza— Sólo la he besado a ella.
Las tres se quedaron pensativas, ante su respuesta. Diana le apretó la mano confortandola.
— Si quieres puedes besarme a mi o te puedo prestar a Bobby unos minutos.
— Déjalo, morena, no creo que resultase agradable ni para tu novio ni para mí. — todas rieron, menos Riva que se terminó todo lo que le quedaba de bebida de un único trago. — Creo que iré a comprobar que tal besa él.
— Esa es mi chica —la animó Cho.
— Demuéstrale de qué pasta estamos hechas las Ravenclaw. — Violet gritaba sin pudor. — ¿Creéis que lo hará?
— Ni idea, no soy capaz de decirte de lo que es o no capaz con dos vasos de eso que estaba ingiriendo en el cuerpo.— Diana no apartaba la vista de su mejor amiga mientras esta se acercaba a donde Angelo, Robert y un desprevenido Scott hablaban de forma animada.
—Hola chico nuevo.
—Me llamo Scott.
—Me da un poco igual tu nombre, sólo quiero llevarte a algún rincón y que me ayudes a comprobar una cosa muy muy importante.
Los tres se la quedaron mirando alucinados ante una propuesta tan directa.
—Pelirroja, creo que has bebido demasiado.
—No te metas, espaguetti.
—No soy de los que se aprovechan de las chicas cuando están "indispuestas"— Respondió Scott alzando una ceja.
—Una lastima.—La pelirroja se volvió hacia el Hufflepuff.— Oye, Bobby, Diana te ha ofrecido voluntario para el experimento y, aunque no eres mi primera opción, creo que me servirías.
—Riv.—Dijo el chico acercándose y cogiéndola con cariño de un hombro—no nos estamos enterando de nada ¿Por qué no nos explicas con más calma de qué se trata y así podemos decidir quien es el apropiado para ayudarte?
—Lo veo lógico.—Riva tomó aire.— Mis tres amigas han expuesto una teoría, que besar a un chico es sustancialmente distinto de besar a una chica y, dado que yo solo tengo experiencia en uno de los campos y sentía curiosidad por conocer del otro, he venido a ver si el chico nuevo me ayudaba. Pero bueno, veo que no le interesa, así que iré a buscar a algún voluntario. Alguien debe de haber en esta fiesta dispuesto a besarme ¿no?
Angelo iba a empezar a hablar, pero un fuerte pisotón de Scott lo hizo quedarse en silencio.
—Perdona, pelirroja. Si es un experimento, creo que es mi deber como antiguo alumno el ayudarte. Además, es sólo un beso ¿verdad?
—Tres o cuatro a lo sumo, por aquello de repetir el experimento en igualdad de condiciones y el método científico.
—Te veo muy puesta.
—Soy Ravenclaw.
—¿Tomarás notas?¿Te pondrás una bata de laboratorio, te recogerás el pelo y usarás gafas?—Preguntó el chico sin poder ocultar su diversión.
—Se te escapa la serpiente que llevas dentro, chico nuevo. Nuestra primera cita y ya quieres disfrazarme de científica guarrilla. Todos los Slys sois iguales.
—¿Esto es una cita?
—¿Te pone nervioso que la llame así? Perdóname CN, nunca he estado tan cerca de un chico y se me escapa lo del miedo al compromiso.
—¿CN?
—Si, ya sabes, por Chico Nuevo. Oye, Angelo.—Comentó volviéndose hacia el italiano que miraba la escena con una mezcla de terror y diversión.— tu amigo esta bueno, pero no es muy listo.
—¡Eii, que sigo aquí!
—Ya te veo.—Riva le dirigió una sonrisa enorme— y menuda visión.—Sacudió la cabeza como para despejarse un poco.— Bueno, ¿prefieres que nos vayamos a un sitio más privado o quieres que te bese delante de este par? … aunque recomiendo la primera opción. Robert está a punto del paro cardíaco y Angelo no parece mucho mejor.
—Si, será mejor que nos vayamos.
Scott cogió a Riva de la mano y la guió a otra de las habitaciones. Estaba llena de cómodos sofás, la música era mucho más suave y la luz bastante más indirecta… su finalidad estaba bastante clara.
—¿Te parece bien aquí?
—Si, parece un sitio muy apropiado para nuestro propósito, a juzgar por lo que están haciendo los demás.
Vieron un sitio libre cerca de la puerta, al parecer al estar más iluminado el resto de la gente había preferido migrar hacia el fondo de la sala. Se sentaron y se quedaron parados, mirándose las rodillas. Riva había perdido parte de su valor inicial (que había sido mucho) y ahora no sabía cómo continuar.
—¿Te apetece algo de beber?—Scott la miraba esperanzado en la semioscuridad.
—¡SI! Me muero de sed. Pero mejor que vaya yo, una chica sola en esta sala, puede dar el mensaje equivocado.
—Como desees.
—¿Que quieres?
—Una cerveza de mantequilla, por favor.
—Vuelvo en un minuto, dos si me atrapan mis amigas. Por favor, no te vayas.
—Tranquila, te estaré esperando, pelirroja.
Riva fue casi a la carrera hacia la mesa de las bebidas, esperando esquivar a las cotillas, pero lo hizo en vano.
—¿Ya? ¿Qué tal ha ido?—Violet la atacó sin miramientos.
—Aún no, he venido a por algo para beber.
—No más alcohol para ti, pequeña.— Angelo apareció detrás suyo ofreciéndole un par de botellas de cerveza de mantequilla.
—Estoy nerviosa, espaguetti.—Susurró, sin terminar de entender muy bien porqué se confesaba.
—Normal, aguililla, has gastado todo tu valor en la escenita que nos has montado, pero ahora es el momento de la acción no de las palabras y eso siempre es más complicado.
—Sí.—Riva sé miró la punta de los zapatos.
—Vamos, no te musties.—Angelo le alzó la cabeza poniéndole un dedo bajo la barbilla.— Eres maravillosa, pese a todas esas espinas. Ve ahí dentro y bésalo por toda esta panda de babosas que esta deseando hacerlo, pero que no pueden por anticuados principios morales.
—¿A quien llamas babosa? ¿Anticuados principios morales?—exclamaron las aludidas con enfado.
Riva se rió, sabiendo que el Slytherin las había hecho enfadar solo para divertirla, él le guiñó un ojo y luego la empujó hacia donde Scott la esperaba.
Volvió a la sala aún riendo por la broma del italiano. Había que reconocer que cuando quería era una buena persona, incluso se atrevería a decir que empezaba a verlo como un amigo, por muy raro que sonase aquello. Pero todos estos pensamientos volaron de su cabeza cuando volvió a ver a Scott. Estaba sentado tranquilamente, con la cabeza apoyada en el sofá y los ojos entrecerrados, mientras seguía el ritmo de la música con el pie. Ser tan adorable debería estar prohibido por alguna ley.
Se sentó a su lado y le ofreció la bebida con un gesto descuidado, mientras le daba un buen trago a la suya.
— ¿Has cambiado de idea?—Scott la miraba a través de sus largas pestañas—si es así, no pasa nada. Le diré a tus amigas que me has dejado sin respiración.
— No—sonrió ella— es sólo que me he puesto nerviosa, no soy muy buena en estas cosas.
— Pues se te veía muy desenvuelta hace un rato.
— Ha sido un episodio pasajero, no suelo ser así.
— Imagino que las copas de hidromiel han ayudado.— Scott rió ante el embarazo evidente de la muchacha.
—¿Cómo sabes que bebía hidromiel?
—Angelo me lo ha comentado, algo así como: "La pelirroja no suele comportarse así, seguro que se ha pasado con el hidromiel"— La imitación fue tan perfecta que Riva no pudo evitar soltar una carcajada a pesar de las ganas de ahogar a Alexandretti por meterse con ella. Se las pagaría.
Cuando las risas se extinguieron la Ravenclaw se quedó mirando al chico y casi sin darse cuenta de lo que hacía acortó las distancias hasta que sus labios se rozaron.
Era suave y cálido, delicado. Scott no exigía nada, sólo ofrecía aquello que la muchacha le pedía. Y ella cada vez necesitaba un poco más. Más cerca, más ardiente, más …
—Riva, espera—La paró él al rato, en algún momento la chica había pasado una pierna sobre las suyas subiéndose a horcajadas en su regazo para estar más cómoda —. Si seguimos así terminaré por arrancarte la ropa y hacerte el amor en este sofá.— Su voz una mezcla de diversión y excitación creciente tenía también un claro tinte de desesperación.
—No me parece un mal plan—Susurró la pelirroja delineando sus labios con la lengua, para a continuación empezar a mordisquearlos con suavidad.
— En serio, para.—Gimió apartando a la chica con suavidad.
Riva alzó una ceja y después suspiró dándose por vencida.
—Esta bien, tú ganas.—Bajó del sofá alisandose la falda con las manos.— Déjame despedirme de Diana y podemos largarnos.
Volvieron al salón en que que cada vez quedaba menos gente, Riva no tardó en localizar a su mejor amiga y se le acercó con paso decidido.
—Morena, me piro.
—¿Ya? Pero si es muy temprano…
—Esto… Scott y yo … joder, Di, no me hagas dibujártelo.—Su cara estaba del color de su pelo mientras su voz se crispaba.
—Ahh, entiendo ¿Y a donde vais a ir?
—Ni idea, solo sé que a Ravenclaw no puedo llevarlo, quizás vayamos a Slytherin.
Diana se la quedó mirando horrorizada, entonces echo mano de su cuello desprendiéndose una cadena de la que colgaba una llave con pinta de antigua.
—Anda, ten.
—No, no voy a robarte tu propia habitación.
—Cógela y deja de protestar.—Diana la metió a la fuerza en su mano.—No pienso consentir que tu primera vez sea en una aula polvorienta.
—¿Quien dice que esta va a ser mi primera vez?
Diana alzó una ceja divertida.
—Llámalo "intuición".
Riva se la quedó mirando y tras un minuto de mirarse la pelirroja claudicó.
—¿Estas segura?
—Claro, ademas Bobby y yo podemos apañarnos en cualquier sitio.
—Demasiada información.—Miró a la Gryffindor con ese gesto que guardaba para estas ocasiones.
—Espero que mañana me devuelvas el favor.
—Estas loca.
—Gracias.—Diana sonrió— Para ir a la habitación solo tienes que subir esas escaleras y girar a la izquierda, es la tercera puerta.
Riva se marchó en busca de Scott huyendo de las burlas de su amiga.
—Ya estoy.
—Pues vamos.—El Sly la cogió de la mano guiándola hacia la puerta.
—No, por ahí no, nos han dejado una habitación … aquí.
—Vaya con los tejones, en mi época no estaban tan preparados.
—Suerte para nosotros, ¿no?
—Eso no voy a negarlo.— Scott la siguió aprovechando cada rincón para sujetarla contra la pared y besarla. Así que tardaron el triple de lo normal en llegar.
Una vez en la puerta, mientras Riva intentaba abrir la puerta, él la besaba en el cuello con dedicación.
—Para. Cosquillas.— La risa escapaba sin que pudiese hacer nada para retenerla, y eso que su mente racional no cesaba de recriminarle que se comportase como una de esas tontas que se liaban con Alexandretti.
—Me encanta tu risa—Su voz, cada vez más ronca, pasional y llena de oscuras tonalidades, le estaba haciendo cosas a sus terminaciones nerviosas para nada desagradables.
Le costó unas cuantas intentonas abrir la puerta, pero en cuanto lo consiguió se vió levantada en volandas y apoyada contra la puerta. Scott la besaba como un desesperado y ella respondió del mismo modo, enredando las piernas en su cintura. Quería sentirlo más cerca.
Se deshizo de su falda con movimientos delicados que contradecía la vehemencia de sus besos y ella correspondió arrancándole la camisa sin contemplaciones.
—Scott.
—¿Mmm?
—¿Cama?
—Gran idea.—El chico apenas separó los labios de los suyos el tiempo suficiente como para depositarla sobre la colcha. Y eso lo hizo real.
Riva se paralizó ¿Qué estaba haciendo? ¿Se había vuelto loca? Se sentó de golpe dándole la espalda al Sly.
—¿Estas bien?
—Creo que esto no es una buena idea.
—Te juro que estoy intentando entenderlo, pero no me ayudas demasiado.
—Es una historia larga.
—Dado que lo demás está descartado, creo que tengo tiempo para oírla.—Bromeó él tumbándose en la cama con las manos debajo de la cabeza.— A veces, contarle algo a un extraño nos ayuda a ponerlo en perspectiva.
Riva lo miró con los ojos entrecerrados ¿Sería un enviado de su hermano?
—No sé si puedo confiar en ti.
—Difícil problema de complicada solución.
Los dos se quedaron en silencio, la pelirroja se tumbó junto al muchacho y ambos se quedaron observando el techo fijamente.
—¿Te fías de Angelo?—Preguntó el chico al cabo de unos minutos.
—Si, para determinadas cosas.
—Pues pregúntale a él si responde por mí.
Se lo quedó mirando en la semioscuridad, recogió su falda del suelo allí donde él la había arrojado y, tras ponérsela, salió corriendo por la puerta rezando para que el italiano no se hubiese marchado aún.
Scott sonrió un poco triste, se levantó y empezó a curiosear por la habitación. No era muy grande, pero tenía adosado un gran aseo con bañera. Un armario, la cama, un par de mesitas de noche y una cómoda, todos de madera… Se notaba que Diana se había tomado la molestia de decorar aquello para hacerlo especial. Sintió un retortijón de remordimiento por la Gryffindor, pero lo desechó con la promesa de compensarlo algún día.
Cogió la varita y encendió una a una las velas que fue encontrando en la habitación, le gustaba aquel toque romántico. Abrió los cajones cotilleando y la risa se le escapó al descubrir preservativos muggles en la mesita de noche, su respeto por sus involuntarios anfitriones acababa de subir varios puntos, desde luego no eran de los que se la jugaban. Al ver los métodos anticonceptivos aprovechó para practicar un par de veces los hechizos que cumplían la misma función, hacia bastante que no los usaba y no quería riesgos, aunque viendo el rumbo que estaban tomando las cosas, esa noche no iba a necesitarlos.
Riva abrió la puerta sin aliento.
—El espaguetti dice que puedo fiarme de ti.
—Me alegro.—Volvió a sentarse en la cama, aún sin camisa.
Ella hizo aparecer un sillón, sin aparente esfuerzo y se sentó sobre sus propias piernas, como dándose fuerzas.
Él volvió a recostarse y con un hechizo movió el asiento para que estuviesen lo más cerca posible.
—Hay alguien.—Comenzó a decir ella con un suspiro.—la primera persona que vió más allá de la torpeza, que se molestó en mirar detrás de la barrera de cinismo, que quizás por accidente penetró en esto que me envuelve.—Se detuvo con la voz llena de emoción— y nos enamoramos. Tan simple y estúpido como eso, CN, por una vez la rata de biblioteca se quedó con la chica guapa. Y éramos felices. Tanto que casi dábamos asco. Nadie lo sabía excepto Angelo y Gwyn. Y eso, eso aún lo hacía más perfecto. Los besos robados en la biblioteca, las notas en el comedor—una lágrima resbaló por su mejilla, Scott se incorporó secándosela con el pulgar—mil momentos maravillosos. Entonces llegó el peor día de su vida, cuando más me necesitó, después de un terrible ataque de una panda de cabrones, despertó en el hospital descubriendo que su mejor amigo estaba muerto ¿Y que hice yo? … Romperle el corazón, destrozando el mio de paso. Le volví la espalda, fría como el hielo y me negué a tocarla, abrazarla o besarla, fingiendo que la odiaba.
—¿Por qué?
—Es un secreto, Scott.—Sonrió ella sin verlo con los ojos anegados en lágrimas, poniéndole un dedo en los labios.— ¿Me prometes no contarlo a nadie?
Asintió sintiendo un terrible presentimiento.
—Mi hermano, que casi la mata, me dijo que si nos volvía a ver juntas terminaría el trabajo. Así que ya sabes mi secreto, Chico Nuevo. Estoy locamente enamorada y siempre lo estaré de alguien a quien no puedo ni acercarme, pues si lo hago, él lo sabrá y volverá para matarla.
No lo pensó, sólo la cogió entre sus brazos, abrazando a aquella chica con fuerza. Quizás hubiese sido más fácil no saber la verdad, más sencillo para todos.
La calmó con susurros y besos delicados en el cabello.
Los sollozos se fueron espaciando, cada vez menos desgarrados y cuando sus labios se encontraron salados de lágrimas no era la pasión lo que los guiaba, era la necesidad de consuelo, el olvido que prometía obtener entre sus brazos.
—Sólo una noche—Dijo ella acariciando su espalda a medio camino entre la súplica y la exigencia.—Nunca más volveremos a vernos, ni cartas, ni lechuzas, ni nada de nada.
—Como quieras.
—Prométemelo.
—Te lo prometo.
Scott la recorrió con las manos y los labios como si conociese su cuerpo, como si alguien le hubiese contado todos sus secretos. La besó, lamió y acarició en cada rincón y cuando parecía que no era capaz de darle más placer, la sorprendía otorgándoselo, sin guardarse nada, como si esa noche fuese un regalo especial para ella, algo de lo que el Slytherin no sacaba nada para sí mismo.
La abrazaba pegado a su espalda, acariciando su costado de forma perezosa.
—Scott
—¿Si?
—¿Alguna vez se acaba?
—¿Qué pelirroja?
—Esta necesidad…
El chico rió con suavidad besando su hombro desnudo.
—Dicen que con la edad las cosas se calman un poco.
—Ya veo.
—No sufras, intentaré ayudarte un poco más con tu problema.—Un mordisco en el cuello siguió a estas palabras.—Junta las piernas.
Ella le hizo caso y Scott fue deslizando su erección entre sus muslos empapados después de múltiples orgasmos. Podía sentirlo frotarse con los labios externos y el sensibilizado clítoris en un movimiento lento y constante que la estaba enloqueciendo.
Intentó hacerlo acelerar, pero la sujetó de las caderas, anclándola a aquel ritmo desesperante.
—¿Quieres más?—Su voz sonó rota junto a su oído.
—¡Sí!
—¿Qué quieres?—Consiguió articular a duras penas.
—Dentro.
—Abre… las… piernas.
Ella lo hizo y Scott la fue penetrando mientras seguía acariciando su clítoris con la mano. Ambos estaban al límite, así que apenas tardaron unos segundos en correrse, tras lo que el muchacho obligó a Riva a levantarse y la llevó al baño.
—Haz pipí.
—¿CÓMO? ¿Eres un pervertido?
—No, no soy ningún pervertido. Esperaré aquí fuera si lo prefieres, pero hazme caso, haz pipí y después ambos nos daremos un baño.
La Ravenclaw lo miró desconfiada pero, sin ganas de discutir, entró en el aseo cerrando la puerta, hizo sus necesidades y cuando hubo terminado dejó al chico entrar para hacer las suyas sin terminar de entender de qué iba todo aquello. En los libros después del sexo la gente siempre se queda abrazada teniendo conversaciones transcendentales, a ninguna de las protagonistas de novela romantica que había leído la habían arrastrado a un baño para obligarla a hacer aguas menores… estaba sinceramente desconcertada. Scott abrió la puerta del aseo invitándola a entrar. La bañera estaba llena de agua templada y en cuanto se metió olvidó por completo su anterior desconfianza.
Apenas había amanecido cuando Scott y Riva se despidieron junto a la torre de Ravenclaw. Compartieron un último beso y se dijeron adiós. Ese había sido el trato, una única noche y nunca más volverían a verse. Ella puso las reglas y él no pudo hacer más que aceptarlas.
Caminó por el castillo silencioso, esquivando a los madrugadores, hasta que llegó a las mazmorras. Pronunció la contraseña y caminó con desgana hasta la habitación de Angelo. Abrió la puerta sin llamar, esperando tener la fortuna de que estuviese dormido y no tener que enfrentar sus comentarios jocosos, no con el sabor de la pelirroja aún prendido en los labios, no con su tacto aún bailándole en los dedos.
Pero no hubo suerte y sentado en el alfeizar de la ventana que mostraba el interior del lago, Angelo esperaba con la mirada perdida.
—¿Ha merecido la pena?—No se giró a mirarlo, solo le ofreció un vaso lleno de líquido ambarino. Scott se apresuró a cogerlo y tomárselo de un trago, ya había perdido demasiado tiempo.
—Cada segundo—. Se dejó caer en un sillón cerca de la chimenea que el premio anual mantenía encendida casi todo el año y cerró los ojos.
—¿Aún a pesar del coste?
—Angelo, fue idea tuya.
—No me jodas, pensé que estarías una hora, dos a lo sumo… pero has estado toda la noche. Haz las cuentas, si por cada hora has perdido tres meses ¿Cuanto tiempo te ha costado tu revolcón?. —Hizo una pausa para mirar a su acompañante.— Yo te lo diré: has desperdiciado casi dos años de vida, Skie, y nunca podrás recuperarlo.
—¿De qué sirve mi vida, si no puedo estar con ella? — La premió anual se levantó del sillón con su forma recuperada y la ropa que Angelo le había prestado colgando de su menudo cuerpo.—Ojalá pudiese arrancarme esto que siento del pecho, Angelo—continuó diciendo alzando la voz—, ojalá pudiese olvidarla… pero no puedo y si de esta manera he podido estar una última noche con ella, que así sea.— Avanzó un par de pasos quitándose las prendas con furia.— ¿Qué más me queda? Desde que Gwyn se fue tú estás más muerto que vivo y yo me siento tan sola… ¿Dime Angelo, de qué sirve una larga vida si eso significa vivirla de esta forma?
Skie casi nunca lloraba, pero esta fue una de esas contadas ó de rodillas, sin fuerzas y, mientras su mejor amigo saltaba del alfeizar de la ventana para abrazarla, dejó que su agonía, su angustia y su tristeza se deslizasen por sus mejillas como un interminable río de plata.
Un par de horas más tarde los cuatro bajaron del ático con bastante mala cara, se sentaron en la cocina y por mucho que Lily les insistió no hubo manera de que consiguiese que comiesen algo, sólo querían algo de té.
Sirius los miraba sonriendo tras su taza de café sabiendo perfectamente lo que había ocurrido y reconociendo los síntomas sin problemas.
En ese momento sonó el timbre y Hermione se ofreció voluntaria a abrir, en parte para escapar al sofocante ambiente de la cocina. Recorrió el pasillo arrastrando los pies y abrió la puerta sin comprobar quién estaba al otro lado. El hechizo "Fidelius" le garantizaba que al otro lado había amigos.
— ¡FELIZ NAVIDAD! — Gritaron las dos personas cuando abrió la puerta. Y Hermione casi se muere de impresión al ver a Dora acompañada de Draco que sonreía de forma maliciosa.
Los invitó a pasar más por inercia que por otra cosa, guiando a Draco por el pasillo mientras sus amigos salían de la cocina para ver a que se debía el griterío.
—Malfoy.
—Potter.
—Perdona si suena maleducado, pero ¿qué haces aquí?
—Yo le he invitado.—Contestó Sirius saliendo de la cocina—. Después de todo somos familia y, dado que su madre está en el continente, me pidió si podía quedarse con nosotros y me pareció una buena idea. Tenerlos a él y a Dora en Navidad será lo más parecido a una cena familiar normal que haya visto nunca esta casa.
Los chicos se quedaron mirando al padrino de Harry con la boca abierta, pero solo duró un momento. Si eso mismo hubiese sucedido un año atrás se hubiesen matado, pero ahora su relación había mejorado de forma considerable.
Acompañaron al rubio a la habitación de Regulus (donde se sentiría como en casa con tanto banderín de Slytherin). Hacerlo convivir con los Gryffindor era una cosa, hacerlos dormir a todos en la misma habitación era tener ganas de iniciar la tercera guerra mundial.
Tras la comida, con la perspectiva de una tarde larga y aburrida por delante, se reunieron en el ático para ver "discutir" a Harry y Draco, que parecían tener una fuente inagotable de chistecitos que decirse el uno al otro.
— Podíamos ir al callejón Diagon a dar una vuelta — Sugirió Ginny ignorando por completo al Gryffindor y al Slytherin.
— No creo que nos dejen ir solos a ningún sitio del Londres "mágico" — Ron parecía más distraído de lo habitual.
—¡ESO ES! Ronnie, eres un genio.—Hermione se levantó del suelo con una sonrisa enorme—. Podemos ir a un Centro Comercial Muggle, como Trocadero. Sería genial, máquinas recreativas, cine, comida basura… ¿Qué os parece?
Ginny, Ron y Draco la miraban sin entender ni una palabra de lo que decía, pero Harry estaba igualmente emocionado y ambos fueron a hablar con Lily y Sirius a ver si les dejaban ir.
Al rato volvieron con las buenas noticias, podrían ir siempre que los gemelos los acompañasen. Convencer a estos costó un poco más, pero al final estuvieron listos para marcharse de excursión por el mundo Muggle.
Tras una odisea de metros, consiguieron llegar al famoso centro comercial situado muy cerca de Picadilly Circus.
Estaban bastante emocionados con la excursión. El plan era dar una vuelta por las recreativas, ver una película y cenar en alguno de los locales. Hermione esperaba que todos se divirtiesen con las nuevas experiencias.
—Por cierto Weasley,— Draco se acercó a Ron con aire cómplice— he preparado una sorpresa que creo que te gustará.
—¿Estás siendo amable?
—No te acostumbres, zanahorio, es más por ella que por ti.—Contestó el muchacho mientras sonreía quitando así hierro a sus palabras. En ese momento atravesaron las puertas del enorme Centro Comercial, y allí entre la gente, mirando a su alrededor estaba Hidden.
—¡Skie!— Harry y Ginny se acercaron a la chica que los saludo con un abrazo.
— Hola chicos ¿Cómo está tu padre, pelirroja?
—Estable, con suerte en un par de días estará en casa.
—Me alegro de oírlo, me dejásteis preocupada con vuestra repentina desaparición.
—Lo siento.— La voz de Ron llegó hasta ella rompiendo las barreras que mantenían sus emociones sujetas.
—¡Oh, Ronnie!— Exclamó, echándose en los brazos del pelirrojo entre amargas lágrimas. El chico la recogió mirando a sus amigos que parecían tan atónitos como él ¿Qué podía haberle pasado a Skie para ponerla en ese estado?
Bueno, pues esto es todo, espero que os haya gustado. Tengo bastante pensado el próximo, asi que no creo que tarde tanto. Si quereis ver las pintas de Scott en la página adarelatos wordpress . en la pestaña de " Besos en la Oscuridad- Detalles de los Capitulos", podreis verlo.
Respecto a la escena tras el sexo donde Scott le dice a Riva que haga pipi, no es que se le haya ido el pistacho, para nada, es que es la mejor manera de evitar infecciones de orina y cándidas… y dado que Skie/Scott sabe que Riva de esas cosas anda bastante perdida, pues la ilustra. Besitos y ahora a responder a las no logadas:
Emma Felton: Sólo puedo decirte que queda mucho fic y que aún no hay nada claro. Pero si lo pasas mal, no sé, quizás sea mejor que lo dejes … yo no quiero que sufras. Un beso linda.
Eponine: Me alegra de que vayas a seguir la historia a pesar de lo que ha pasado. Más que nada porque aún nos quedan muchas risas y momentos divertidos que vivir con esta panda y no me gustaría que te los perdieras. Un besito
