¡Hola, gente!

Advierto que en este capítulo hay lemmon. Soy terrible en el tema, así que acepto sugerencias, insultos, peticiones de beta para esta parte, tomatazos y lo que venga. Pido disculpas por adelantado y les enviaré una botella de cloro a cada lector para que se lave los ojos.

AlenDarkStar: En los fics de este tipo, Meowth suele ser excluido como si fuera un estorbo. Yo no lo pienso así y quiero incluirlo en todo lo que pueda. Es como si los autores se olvidaran de su existencia.

Y eso que el fic apenas empieza.

Plushy-Berry; ¡Yo también robo gifs de Tumblr! Deberíamos intercambiar el botín algún día.

Espero que no me tiren piedras, pero yo solo he visto hasta Johto y muchas gracias. Estoy poniéndome al día muy lentamente. Cuando llegue a los treinta, supongo que terminaré de ver todo.

¿Así que el capítulo 48 se arma Troya, según vos? Tal vez, pero me parece que se va a armar un poquiiito más adelante. Mejor me callo.

Lo de pokemons fue error de dedo (varios, de hecho). Fue traición del subconciente.

Los aportes siempre son bienvenidos.

PD: En el capítulo anterior puse por error puse que Jessie y James tenían a Victrebel y a Lickitung cuando todavía no habían sido capturados. Ya lo corregí.

Capítulo tres

El acto.

Durante casi un minuto, ellos se quedaron en la misma posición, incómodos. No podían seguir así más tiempo, así que Jessie tomó la iniciativa, sentándose en el futon.

—¿Qué esperas? —le dijo—. Ven aquí si es que tienes tantas ganas como dices. No me tengas miedo

James se acercó a ella a pasos lentos, dubitativos, y se puso de rodillas sobre el futón. A Jessie le dio ternura verlo así, como si fuera un niño.

—No sé qué hacer—confesó el hombre, avergonzado—. ¿Y si lo hago mal? ¿Y si me odias después de esto?

Jessie le puso una mano en el hombro, intentando tranquilizarlo. Podía sentir su agitada respiración.

—Todo va a salir bien y no vamos a hacer nada que tú no quieras, ¿está bien? No hay nada que temer

—¿No se supone que el hombre debe decir eso? —dijo, casi con tono de reproche, más para sí mismo que para ella.

—En este caso no, ya que no tienes experiencia alguna. Tú quédate tranquilo y deja todo en mis manos.

Jessie se puso de rodillas para estar a la misma altura que él. Extendió la mano hacia James y le desabotonó el pijama, con delicadeza. Lo deslizó por sus hombros, mientras admiraba el cuerpo de su compañero. Era bastante delgado, sin vello en el cuerpo y carecía de los abdominales que solían enloquecer a las chicas, pero a Jessie no le importó. Para ella estaba bien.

Acostó a James en el futón, empujándolo lentamente de los hombros. Se subió encima de él y movió sus caderas contra la entrepierna de James, mientras lo besaba en los labios. El hombre soltó un gemido que a duras penas pudo reprimir y cerró con fuerza los puños. No pasó mucho tiempo antes de que ella comenzara a sentir algo duro entre sus piernas.

Ella siguió besándolo, cada vez más y más abajo, pasando por su pecho y por su estómago hasta llegar al elástico de su pantalón. Ella levantó la cabeza para mirarlo. Tenía los ojos cerrados, la boca entreabierta y con el rostro cubierto de sudor.

—¿Quieres seguir? —le preguntó, rogando que la respuesta fuera un sí. Temía que su compañero se echara atrás

James asintió con rapidez, casi sin poder hablar. Y para Jessie fue suficiente para poder continuar.

Le bajó el pantalón y los calzoncillos, dejando al descubierto la hombría de James. Jessie no pudo evitar sentirse halagada al recordar que su compañero le estaba entregando su virginidad. Con cuidado, ella acercó los labios a su miembro lo metió casi entero en su boca.

James soltó un gemido bastante fuerte y sintió como su espalda se arqueaba. Era una nueva sensación para él y era obvio que no se esperaba ser estimulado se esa manera. Jessie siguió succionando de manera lenta y tortuosa, sintiendo como el miembro de James se volvía más y más duro, como si fuera roca. Aumentó la velocidad de la succión hasta que recordó que James podría venirse en cualquier momento y se detuvo justo a tiempo

—¿Q-que? —James pareció volver en si, como si su mente hubiese estado a muchos kilómetros de la posada —¿Por qué paraste?

—Vamos, no creerás que serás el único en sentir placer —lo retó Jessie, limpiándose la boca con el dorso de la mano.

Se quitó el camisón rosa que llevaba, quedando totalmente desnuda, ya que ella no solía usar ropa interior antes de ir a dormir. Los ojos de James se abrieron de forma desmesurada al ver sus pechos al descubierto, como si hubiese visto una maravilla desconocida para el hombre.

—¿Quieres tocar, verdad? Adelante, James, que yo no muerdo —lo invitó Jessie, con una sonrisa sensual.

James se incorporó con dificultad. Con una mano temblorosa, tocó el seno derecho de Jessie y lo apretó despacio, acariciándolo con el pulgar. Al tocar el pezón, Jessie soltó un gemido bajo y entrecortado.

—¿Estás bien? ¿Te lastimé? —James la miró, asustado por las reacciones de Jessie, reacciones que jamás había visto.

—Muy bien. No pares —apenas pudo pronunciar las palabras a causa de la excitación y los meses sin sexo que cargaba encima.

James estiró la otra mano para agarrar el otro seno y los masajeó de manera rítmica y constante. Se acercó a Jessie y le dio un beso torpe en los labios. Ella se lo correspondió, totalmente excitada. Jamás había imaginado tener a James de esa manera.

Lo empujó hacia el futón y se subió encima de él, besándolo con más furia y metiendo su lengua dentro de la boca de James, quien no hacía otra cosa que intentar seguirle el ritmo. Luego, ella se enderezó y se acomodó en las caderas de James, para poder sentirlo en su interior.

Lo hizo despacio, poco a poco, para poder acostumbrarse a la sensación. James la miraba, idiotizado, como un niño al que le estaba quebrando la inocencia.

—Jessie… —gemía, casi de manera febril y con los puños cerrados. Y eso que todavía faltaba lo mejor.

Jessie ya estaba lista, con el miembro palpitante de James en su húmedo interior. Se movió despacio al principio, pero los gemidos de James comenzaron a hacerle perder el control. Se movía cada vez más rápido, arañando el pecho de su compañero. James tomó las caderas de Jessie con las manos y la obligó a que tomara más velocidad. Ella dejó de arañarle el pecho y comenzó a acariciar sus propios pezones hasta que sintió que algo se disparaba en su interior.

Jessie dejó de moverse, frustrada. Sabía que James, al ser virgen, llegaría antes que ella. Pero necesitaba terminar, aunque tuviera que masturbarse. James la miró, como si supiera el problema.

—¿Qué pasa, Jessie? ¿No te gustó? ¿Hice algo mal? —preguntó James, levantando un poco la cabeza

—No, no es eso —se apresuró a decir, aún con el fuego en su vientre—. Solo que… yo sigo caliente, James.

—Lo… Lo siento. Yo no quería… — comenzó a balbucear James, en un torpe intento de pedir disculpas.

—Está bien —ella se bajó de encima de James y se quedó sentada sobre el futón, acomodándose el cabello.

—No, no lo está, Jessie —la interrumpió. Parecía estar decidido en continuar hasta el final, con los dos satisfechos.

James se arrastró hacia ella, algo inseguro. Extendió las manos hacia las rodillas de Jessie y le separó las piernas. Ella supo de inmediato lo que iba a hacer.

—James… no tienes por qué hacerlo si no quieres —dijo Jessie, a pesar de que estaba a la expectativa

—Quiero hacerlo, ¿acaso tú no? —preguntó James tímidamente, con el rostro confundido y a la vez asustado

La idea de la lengua de James, lamiendo su interior, hizo que le temblaran las rodillas. Claro que quería, se moría de ganas

—Solo si estás seguro —dijo, apenas conteniendo su excitación, que hacía que se humedeciera cada vez más

James asintió y metió su cabeza entre las piernas de Jessie. Empezó lamiendo sus muslos con una lentitud tortuosa hasta llegar a su vagina. Con mucha timidez, pasó la lengua en su húmedo interior, haciendo que Jessie apretara un poco los muslos. A medida que aumentaba el ritmo, Jessie se sentía cada vez más y más perdida en un océano de placer hasta que finalmente ella pudo terminar en la boca de James.

—¿Te gustó, Jessie? —le preguntó James, mientras levantaba la cabeza y se relamía los labios cubiertos de sus jugos vaginales.

—Si, James, me encantó… ¿Cómo se te ocurrió lo último? Creí que eras virgen —preguntó Jessie

James enrojeció como un tomate y evitó su mirada, como si fuera un niño pillado en una travesura.

—Si que lo era. Lo vi en n una revista que encontré hace mucho —admitió, rascándose la cabeza.

Jessie soltó una risotada y se levantó con dificultad, yendo hacia el ropero y revisando los cajones.

—Voy a darme un baño, James —anunció, mientras se ponía una bata—. ¿Vienes? —lo invitó ella.

James negó con la cabeza. Si iban al baño juntos, tal vez hubiera una posibilidad de hacerlo de vuelta y los terminarían echando por indecentes.

—No, voy a bajar a Meowth del techo antes de que se duerma. Más tarde voy —se excusó James.

—Está bien —Jessie le dio una última mirada y salió de la habitación, canturreando en voz muy baja.

James se puso el pijama y salió por la ventana. No le fue difícil treparse a las tejas y subirse al techo, donde Meowth todavía estaba allí, cantándole a la luna. Esta era diferente, no solo por la letra, sino porque tenía una guitarra:

Cuéntame una historia

Donde todo haya cambiado

Donde hayamos permanecido juntos

Y no comportándonos como extraños

No perdí la razón

Solo la he regalado

No quería que me vieras llorar

Y no tenías tiempo para esperar

Así que despacio me fui caminando

Ahora que James lo pensaba, la mayoría de las canciones que tocaba Meowth eran tristes. Se preguntó si había algo doloroso que guardaba en su interior o simplemente le gustaban ese tipo de canciones.

—Meowth, ya es hora de que bajes —le dijo, preguntándose si había ido caminando hasta el globo para buscar su instrumento.

—Un rato más —se quejó el felino, dejando de cantar, pero aún sacándole tristes acordes a la guitarra.

—Ya escuchaste a Jessie: no te desveles o vas a provocar un incendio mañana —le advirtió James

—Uff, si que eres aguafiestas —gruñó, parando de tocar. Al levantarse, frunció el ceño y olfateó el aire. Luego, miró a James y abrió los ojos como platos—. Ese olor…

James lo miró, confundido. Olvidaba constantemente que Meowth era un pokemón y podía percibir esa clase de olores, a pesar de no tener una nariz visible.

—Yo no huelo nada —dijo James, haciéndose el tonto.

—Claro que sí. Viene de ti. Y huele a… a —Meowth paró bien las orejas y retrocedió un paso—. ¿Tuviste sexo con Jessie?

—¿Qué? ¿Qué estás diciendo, Meowth?

—Si, lo sabía, sabía que esto iba a pasar algún día, pero nunca imaginé que fuera ahora.

—Espera, espera, espera. ¿Cómo que lo sabías?

Meowth mostró una sonrisa casi maliciosa.

—Era obvio que iba a pasar algo entre ustedes, pero vaya que se tardaron. Felicidades a los dos.

James sacudió la cabeza. Ojalá tuviera razón.

—No somos pareja, Meowth, si eso es lo que piensas.

Ahora le tocó al felino estar confundido. Torció la cabeza y sus orejas se movieron hacia abajo de manera casi milimétrica.

—Pero ustedes… tuvieron relaciones y eso tiene un significado.

—Más tarde te explico, ¿ahora te vas a bajar o no?

—Bueno, bueno, ya, no te pongas así

Los dos bajaron por el techo y se metieron de vuelta por la ventana. Jessie aún no había llegado. James se acostó en el futón y Meowth, después de dudar un momento, se acostó en la canasta. Mañana sería un día largo.

La canción de este capítulo está basada en No Regrets, de Robbie Williams

Hasta la semana que viene, si Dios quiere.