¡Hola! Espero no haber espantado a nadie con el lemmon.
AlenDarkStar: Meowth es inteligente, aunque a veces tome decisiones malas. Es mi segundo pokemón favorito, después de Arbok.
Capítulo cuatro.
Viaje por el desierto
Los bobos no aparecieron en los dos días que Jessie, James y Meowth trabajaron en la posada. Había dos opciones: o se habían retrasado o habían pasado por el pueblo sin que ellos lo advirtieran. Temiendo lo peor, James fue a la Poketienda a preguntar si habían visto un chico con un Pikachu, un adolescente de piel oscura y una chica pelirroja apenas pudo desocuparse por la tarde. Y la dependienta les despejó las dudas: habían pasado por la tienda muy temprano por la mañana y se habían marchado.
—Nos salió mal la jugada —Jessie terminó de lavar el último plato de la cocina y se lo pasó a Meowth para que los secara—. Debemos partir lo antes posible.
—Podremos partir esta noche o mañana temprano, no después —dijo Meowth, mientras secaba el plato con un repasador rojo.
—Mañana será lo mejor —dijo James, sentado sobre la mesa—. Estaremos bien descansados y podremos comprar provisiones.
—Pero, los bobos…
—Sabemos que van a Ciudad Neón y los alcanzaremos con el globo.
Jessie iba a protestar, pero se trago la rabieta que estaba preparando y se sentó junto a James.
—Odio todo esto —gruñó, tapándose los ojos con una mano.
James le pasó un brazo por los hombros.
—Vamos, Jessie, no es momento de caer ahora. Tendremos dinero y provisiones dentro de nada e iremos a Ciudad Neón, donde hay espectáculos, casinos y bares. Tal vez podamos divertirnos allí y atrapar a Pikachu.
Jessie lo miró de reojo.
—Te llegas a meter en un casino y te arrastro de las pestañas.
—Ok, nada de casinos. Pero colarnos en algún espectáculo no te suena mal, ¿eh?
Jessie sonrió ligeramente.
—No, no me parece tan mala idea.
—¿Entonces por qué te pones mal? Cualquiera de estos días va a ser nuestro día,
Jessie apoyó la cabeza en el hombro de James.
—Ah, supongo que tienes razón. Nos vamos mañana a la mañana y estaremos en Ciudad Neón en menos de una semana
—Así se habla, Jessie —Meowth se paró encima de la mesa—. Ahora, basta de holgazanear. Tenemos trabajo que hacer.
A la mañana siguiente, muy temprano, Jessie, James y Meowth se reunieron con Momoko en la cocina para recibir su pago.
—Tal como prometí, seis mil yenes, dos mil para cada uno —dijo Momoko, contando los billetes y las monedas sobre la mesa. Los ojos de los tres se iluminaros al ver el dinero y lo guardaron en un monedero que Jessie se encargo de custodiar
—Ahora podemos ir a comprar provisiones —saltó Meowth alegremente sobre su silla.
—Oh, hablando de provisiones…
Momoko se dirigió a la mesada de la cocina y les extendió un paquete envuelto en papel. Desde adentro se podía sentir un delicioso olor.
—Son domplings —les informó Momoko, con una sonrisa—. Algunas son de mariscos y otras son de cerdo. Para su viaje al desierto. Y también esto —les alcanzó una mochila grande, vieja y desgastada. Parecía pesar mucho. Dentro, había varias botellas pequeñas llenas de agua.
James se levantó e inclinó la cabeza de manera solemne.
—No tenía por qué molestarse —dijo.
—Oh, no es nada. Que tengan un buen viaje.
—Muchas gracias —saludaron los tres y salieron al exterior.
Pueblo Terracota estaba despierto. Los negocios ya estaban abiertos y la gente iba y venía por las callecitas, ya sea para comprar las cosas para el desayuno, trabajar o algún trámite.
—Bueno —Jessie estaba mucho más animada que el día anterior—. Es hora de ir a comprar.
En el mercado, compraron más agua, barritas energéticas y carne deshidratada. La comida era lo de menos, lo que más importaba era el líquido. En la Poketienda compraron unas pocas pociones y antídotos para sus pokemons. Una vez que sintieron que estaban bien provistos de alimentos, salieron del pueblo y se dirigieron al globo.
Estaba tal cual como la habían dejado, tapado entre los arbustos. Les llevó diez minutos poder inflar el globo y elevarse hacia el cielo azul.
No tardaron nada en dejar atrás el pequeño pueblo y adentrarse en el desierto. Hacía un calor de morirse y la llama que provenía de la garrafa no los ayudaba. Apenas habían pasado media hora, cuando ya estaban metiendo mano en la mochila para beber agua.
—Tenemos que parar antes del mediodía —sugirió Jessie, secándose la transpiración de la cara con un pañuelo—. Me estoy muriendo de calor.
Meowth, quien estaba acurrucado en una esquina con su botella de agua, le dio la razón.
—A la noche estará más fresco y será más seguro viajar—argumentó, limpiándose las gotitas de agua del rostro con la lengua.
—Lo mejor será si encontramos un refugio para mantenernos a la sombra —agregó James, sacándose el buzo. Se estaba muriendo de calor.
Para el mediodía, no solo no habían encontrado un refugio, sino que se les había acabado el combustible. Tuvieron que improvisar un techo con el globo desinflado para tener algo de sombra y no morir calcinados por el calor. Comieron algunos domplings entre los tres y decidieron quedarse allí hasta el anochecer.
—Sal, Weezing — James tiró la pokebola con desgano. De adentro, salió su pokemón tipo veneno, el cual lo había acompañado desde hacía tantos años.
—Weezing —dijo, mirando a su entrenador.
James sacó de la canasta del globo una bolsa llena de basura.
—Hora de almorzar —le dijo, mientras la dejaba en el suelo. El pokemón se abalanzó sobre ella y comenzó a masticar la basura, agradecido.
—Me pregunto si los bobos no morirán con este calor —preguntó Meowth, intentado refrescarse con un simple abanico de papel.
—Mientras no se muera Pikachu, me da igual lo que les pase — le respondió Jessie con dureza.
—Si llegamos a ir a Ciudad Neón y no los encontramos, tal vez encontremos sus cadáveres semi enterrados en la arena.
—Bueno, de ser así, les robaremos los pokemons que tengan dentro de sus pokebolas y listo. Peor es nada.
James se giró hacia ellos.
—¿Pueden dejar de hablar de eso? Me pone nervioso.
—Oh, vamos, James, no hablábamos en serio —sonrió Jessie—. ¿Acaso te interesan los bobos?
—Una cosa es no interesarse y otra cosa muy distinta es desearles la muerte.
—Nadie les estaba deseando la muerte, solo estábamos suponiendo.
Meowth se acostó en la arena.
—Despiértenme por la noche, ¿sí? —dijo y cerró los ojos.
James se desentendió de los dos y fue a ver a su Weezing, que ya había terminado de comer la basura.
—Acuérdate de avisar antes de tirar el gas, ¿de acuerdo?
—Weezing —asintió su pokemón y comenzó a pasear alrededor del refugio.
—Sabes que te va a avisar tres segundos antes, ¿verdad? —le dijo Meowth, sin siquiera moverse.
—Lo sé, por eso me estoy preparando.
James sacó del canasto una garrafa casi vacía y una manguera ramificada en varios picos. Lo conectó y esperó pacientemente a Weezing, quien deambulaba de un lado a otro, sin rumbo fijo, pero sin alejarse demasiado del refugio. Apenas el pokemón se detuvo en seco, James se levantó, sabiendo lo que iba a pasar.
—¡Weezing, Weezing, Weezing! —su pokemón se acercó hacia su entrenador, alarmado. James tan solo sonrió y agarró el adaptador con una mano.
—Ya va, ya va —le dijo.
El adaptador estaba diseñado especialmente para que todos los picos se engancharan en los agujeros de Weezing. Con tanta rapidez como le era posible, lo conectó con todas las mangueras.
—Listo —le dijo, una vez que había asegurado todos los picos—. Ya puedes expulsar el gas.
La garrafa se comenzó a llenar. Un medidor que estaba al costado le indicaba la cantidad de combustible que había dentro. Weezing comenzó a descender hacia el suelo y James lo sostuvo con ambas manos.
—Despacio, despacio —le susurró. Cuando vio que el medidor le indicaba que estaba casi lleno, agregó—. Listo.
Weezing se detuvo. James le desconectó y dejó que diera un par de vueltas más. Volaba más bajo de lo habitual. Normalmente flotaba a la altura de la cabeza de James, pero ahora estaba casi a la altura de su ombligo.
—Buen trabajo, mi bolita de gas —tomó una botella de agua e hizo que tomara un par de tragos. Luego, sacó su pokebola—. Regresa.
Un rayo rojo salió de su pokebola y lo hizo regresar a Weezing a su lugar. Ya tenían combustible otra vez. Guardó la garrafa en su lugar y siguió tomando de la botella de agua que había dejado a su pokemón. Tenía más calor que antes.
—James, creo que la ropa negra absorbe el calor —dijo Jessie, relamiéndose los labios resecos—. Mejor sácate esa playera y déjate el buzo.
—Sí, creo que tienes razón.
James se sacó la playera negra y fue a buscar su buzo dentro del canasto. Iba a ponérselo, cuando se giró para ver a Jessie y se quedó paralizado.
Jessie se había sacado la parte de arriba del uniforme, incluido su corpiño. Sus miradas se encontraron y no pudieron evitar sonrojarse, recordando lo que habían hecho apenas un par de días atrás.
—De-debimos haber conseguido ropa más adecuada —tartamudeó James.
—En el globo debe haber algo —comentó ella, como si no se percatara de la reacción de James.
—Me fijaré.
James se inclinó sobre el canasto y comenzó a revisar entre las porquerías que venían arrastrando con ellos desde quién sabe cuánto. Algunos de los disfraces debían servir para poder apaliar el calor. Ahora que lo pensaba (tanto como se lo permitía el clima sofocante), desde que había ingresado al Equipo Rocket que no se ponía ropa de civil. Comenzó a revolver y a observar las prendas: yukatas de diferentes colores, ropa de porristas, uniformes escolares… Estaba levantando la parte superior de un bikini, cuando sintió algo suave y cálido en la espalda.
—¿Qué estás mirando? —la voz burlona de Jessie le erizó la piel. Dejó caer la bikini.
—Nada, buscaba ropa —se apresuró a decir James. No tardó en notar que eso cálido y suave eran los pechos de Jessie. Sentía sus pezones clavándose en la espalda y eso lo estaba excitando. Mierda.
—Una bikini no es lo que se necesita para el desierto —le susurró al oído.
—Lo sé, solo… —se interrumpió al sentir como Jessie le lamía la oreja—. Jessie…
—¿Si? —lo abrazó por la espalda mientras sus manos recorrían su estómago
—¿Qué haces?
—Me divierto un poco, ¿acaso no quieres un poco de diversión?
James tragó saliva.
—Meowth está…
—Durmiendo como un ladrillo —terminó Jessie, obligándolo a girar hacia ella para plantarle un furioso beso en los labios.
James perdió la cordura. Le correspondió el beso con pasión, mientras le acariciaba los pechos redondos y firmes que tenía al descubierto con una mano, apretándolos de vez en cuando, mientras que con la otra agarraba el trasero de Jessie con firmeza… Tenía tantas ganas de poseerla.
—¿Se puede saber que están haciendo?
Jessie se cubrió los pechos, irritada. James miró por sobre el hombro de su compañero y vio a Meowth parado detrás de ella, furioso.
—Creo que es obvio —masculló Jessie.
—Hace tanto calor como para hacer huevo frito encima de la cabeza de un Geoudude y ustedes quieren deshidratarse haciendo cochinadas... ¡Y ni siquiera les importa que yo esté a pocos pasos de ustedes! —les gritó Meowth.
—Bueno, bueno, tienes razón —James levantó las manos, en un gesto de rendición.
Jessie, quien estaba buscando ropa en el canasto, le tiró a James una túnica de colores claros.
—Creo que esto va a servir —dijo, metiéndose en el canasto y sacándose el resto de sus ropas. Meowth desvió la vista para darles un poco de intimidad.
—Ahora no voy a poder dormir pensando que ustedes tienen sexo cerca de mí —gruñó.
—Yo no tengo la culpa de que no tengas acción —se burló Jessie.
—Si la tuviera, no lo haría cerca de ustedes, asquerosos.
James se terminó de poner la túnica y se acercó a Meowth.
—Está bien, no lo haremos más cerca de ti, pero no te enojes.
Meowth se mantuvo callado. James se acostó en la arena, contando las horas que faltaban para el anochecer.
Según la Wikidex, el gas de Weezing se usa para hacer combustible, por eso decidí que fuera una especie de suministro para el Equipo Rocket.
Todo review se agradece.
