No tengo excusa. Bueno en realidad tengo muchas, pero no voy a cansaros con ella. Perdonad el retraso y disfrutad de este capítulo. Un beso a todas y gracias por la paciencia.
Como siempre, gracias a Sam por estar ahí y no rendirse conmigo y también a Leydhen que siempre me pone en mi lugar.
25 de Diciembre de 1995. Casa de Sirius, Grimmauld Place.
A pesar de haber trasnochado se levantaron temprano para abrir los regalos y bajaron a desayunar con los ojos aún llenos de legañas.
Harry y Draco se sonrieron por encima de las tazas del desayuno al verse con los típicos Jerseys "Señora Weasley marca registrada", el del Gryffindor volvía a ser verde, a juego con sus ojos, mientras que el del Slytherin era de un bonito gris oscuro con detalles en verde botella (todo un honor a los colores de su casa).
El rubio se había sorprendido mucho al recibir tal regalo, era la primera vez que alguien le regalaba un jersey tejido a mano. Cuando se lo puso sintió de inmediato el calor que lo envolvía, no solo debido a la lana, sino al cariño con el que la madre de Ron había impregnado su trabajo.
Empezaba a entender la razón por la que Harry pasaba tanto tiempo con aquella familia, por primera vez en su vida se daba cuenta de que el dinero no importaba una mierda cuando el cariño sincero te rodea.
—Borra esa sonrisa de tu cara o tendré que replantearme lo de los magreos—La voz risueña de la pelirroja a su lado casi lo hace atragantarse, pero todo quedó en una tos.
—¿Te encuentras bien, Draco? —Preguntó Molly—¿No te habrás enfriado, verdad?
—Estoy bien, Señora Weasley, se me ha ido un trozo de tostada por el otro lado. Usted cocina tan bien que es imposible ser comedido al saborear sus manjares.
—¡Que chico tan educado! Ya podíais aprender un poco de él, patanes.
—¡Mamá! —Exclamaron un montón de pelirrojos al tiempo.
—Dañas nuestros sentimientos—Dijo George con voz llena de pesar.
—O lo harías si tuviésemos de eso—. Apostilló Fred chocando la taza de desayuno con su gemelo en un brindis de triunfo.
Molly les lanzó su mirada más asesina, pero ellos hicieron como siempre ignorándola por completo.
Cuando terminaron el desayuno volvieron a subir a las habitaciones para vestirse. Ron y Skie iban cogidos de la mano, sin dejar de mirarse y lanzarse sonrisas idiotas. Al verlos tan acaramelados Draco no tuvo ninguna duda de lo que había sucedido entre esos dos y dio gracias a los dioses en los que no creía porque su mejor amiga no estuviese allí para verlos.
Al rato se reunieron para enseñarse sus regalos.
Hermione les había mandado a todos unas agendas para organizar los trabajos y deberes, que además tenían frases inspiradoras para cada día.
Ron, tan bajo de fondos como siempre, les había regalado una bolsa enorme de caramelos a cada uno, que terminaron juntando en el centro y compartiendo.
Harry miró con curiosidad el último de sus paquetes. Todavía no había tenido tiempo de abrirlo. Ginny se asomó por encima de su hombro.
—¿Qué es eso?
—Ni idea.
—¿Por qué no lo abres?
—Es de parte de Draco y de mi madre…
Gin lo miró con una ceja alzada.
—Creo que tengo un poco de miedo, pero debemos hacer honor a nuestra casa y enfrentarnos a nuestros temores… ÁBRELO.
Harry obedeció riendo para dejar al descubierto un moderno par de gafas. Tras mirarlas un momento se las puso, cambiándolas por las antiguas y la mejora fue instantánea.
—Son mágicas—Intervino el rubio en ese momento— Repelen el agua, se oscurecen con el sol y un par de cosas más que no recuerdo.
—Gra … ¿Gracias?
—Vamos Potter, no te me pongas moñas a estas alturas. Estabas arruinando mi reputación con esa pinta de mendigo…
—Si, claro, seguro que ha sido por eso —susurró Skie mirando una rana de chocolate con curiosidad antes de comérsela.
Todos estallaron en carcajadas y empezaron a tomarse el pelo los unos a los otros. Sintiéndose como los niños que eran por un rato.
31 de Diciembre de 1995 - 1 de Enero de 1996. Casa de los Greengrass.
La fiesta era un aburrimiento, como todos los años. Astoria odiaba aquellas soirées (como las llamaba su madre). La engalanaban como un pavo, le ponían unos zapatos incómodos y tenía que ser amable con los invitados en lugar de esconderse en su habitación leyendo un libro.
Le dolían las mejillas de tanta sonrisa falsa y estaba a cinco segundos de ponerse a gritar si alguien volvía a compararla con Daphne: "Que pena que se te esté oscureciendo el pelo, con lo bonito que lo tiene tu hermana…" "¿Crees que también te nombrarán prefecta cuando llegues a quinto?"
Iba a soltarle una impertinencia a la última persona en preguntar cuando una mano la sujeto del codo.
—¿Nos perdonan? Me gustaria bailar un rato con Astoria—. Theodore se la llevó a la pista de baile sin esperar una respuesta.—Temía que le arrancases la cabeza, empezabas a tener esa mirada—. El chico la guiaba entre la gente hacia una de las salidas a la terraza.
—¿Qué mirada?
—Es una que suele provocarte sobre todo Draco, la pones justo antes de echar mano a la varita e intentar matarlo.
Astoria empezó a reír, ese era el efecto que solía tener Nott en ella, conseguía que el día más oscuro mereciese la pena.
La balconada daba a los jardines, iluminados por miles de pequeñas velas móviles, como si de un millar de luciérnagas estuviesen prendidas en los arbustos. La noche, fría y clara, dejaba ver un manto de estrellas sobre el negro cielo invernal.
Miraron al firmamento durante un rato, en silencio, ese silencio que ellos nunca habían necesitado llenar con banalidades. Astoria tembló y, como en un libro romántico, Nott la acercó a él, pasando un brazo por sus hombros.
—¿Te he dicho ya que esta noche estás preciosa?
—Unas cincuenta veces.
—¿He conseguido que te lo creas?—Con un movimiento suave de la varita conjuró una capa y la puso sobre sus hombros.
La mirada de la muchacha vagó de forma inconsciente hasta chocar con su hermana y bajó la cabeza sin llegar a contestar la pregunta.
Theo siguió su mirada adivinando sus pensamientos sin problema.
—Bailemos— pidió evitando el espinoso tema.
Se movieron por la terraza al ritmo de la música que les llegaba desde dentro. Nott era un excelente bailarín y pronto Astoria se puso de mejor humor.
La gente comenzó a moverse en el interior, avisando de que la entrada del nuevo año se aproximaba.
—¿Quieres volver dentro?
—¡No!—Astoria cerró los ojos un momento recuperando la calma—Prefiero quedarme aquí, contigo.
Theo sonrió.
—Como prefieras.
Se cogieron de la mano, mirándose a los ojos con una sonrisa, esperando a la cuenta atrás. En ese momento ella fue consciente de que cuando los números llegasen a cero tendría la excusa perfecta para besarlo.
Los números descendían desde diez, haciendo que Astoria sintiese una mezcla de nervios y anticipación. Por fin iban a besarse… ¿sería tan mágico como se había imaginado?
Nott acercó la cara juntando sus labios en un simple roce, pero ella no estaba dispuesta a desaprovechar la oportunidad, así que poniendo las manos en su cuello hizo el beso más profundo.
Se separaron un momento después y Astoria miró a Theo fastidiada ¿habría hecho algo mal? El beso había sido muy muy agradable, pero le había faltado algo.
—¿Probamos de nuevo?—Nott acarició su nuca con sus dedos calientes a pesar del frío.
—Sí—respondió ella poniéndose de puntillas y volviendo a besarlo. Pero el resultado fue el mismo.
La muchacha se separó de su novio frustrada, apoyándose en la barandilla de piedra.
—¿Estás bien?
—No, ha sido como besar a Draco… y no se suponía que fuese a ser así.
—¿Besar a Draco?—Theo enarcó una ceja divertido—¿Tienes algo que contarme, querida?
—Bah, no hagas teatro—. Estaba muy enfurruñada—Le pedí a Draco que me diese un beso, para saber como era. Temía decepcionarte y visto lo visto, iba por buen camino.
Él la sujetó por los hombros obligando a que lo mirase a los ojos.
—No me has decepcionado. En realidad imaginaba que esto iba a pasar.
—¿Cómo?
Nott suspiró soltándola y mirando al jardín.
—Quizás aún no estás preparada para esto, Astoria.
—Si creías eso, ¿por qué no me lo dijiste?
—Porque nunca escuchas a nadie—. La abrazó por la cintura pegando la espalda de ella a su cálido pecho y le besó el pelo con cariño.
—¿Podemos seguir siendo amigos?
—Intenta impedirlo.
31 de Diciembre de 1995. Piso de Skie en Londres.
—Venga Angelo, date prisa o llegaremos tarde a la cena.
—Nunca te había visto tan preocupada por quedar bien, cielo. Ni con mi madre, ya sabes tu ex-suegra, que para el registro da mucho más miedo que la madre de los pelirrojos.
—Cállate de una vez y termina de arreglarte, "Reina de Belleza".
—La envidia es una cosa muy fea, Hidden.
—Muérete, Alexandretti.
—Yo tambien te quiero.
Ella le lanzó una mirada airada mientras terminaba de ponerse el abrigo.
—Ya estoy.
Ambos salieron del piso sin dejar de picarse. En realidad habían salido de la casa de la muchacha con mucho tiempo ya que deseaban dar un paseo hasta la casa de Sirius.
El frío los envolvía pero, gracias a sus gruesos abrigos, no era para nada desagradable, sino vigorizante. Iban en silencio, cogidos del brazo, admirando los escaparates decorados y las calles llenas de luces típicas de las fiestas.
—Llevas rara desde que llegué.
—Bueno —comenzó a decir ella mirándose los pies por un momento—. ¿Recuerdas que pasé el día de Navidad con los Weasley?
—Ajá—contestó el italiano animándola a seguir.
—Ron y yo… bueno, él y yo...
—¿Te follaste al zanahorio? Bien por ti, estás que no paras estos días.
Skie lo miró con odio ante la burla mal disimulada y le dio una colleja.
—Deja de hacerme chistes y escucha la historia completa.
—Vale, sigue.
—El tema es que fue increíble, como si nuestros cuerpos bailasen a un mismo ritmo… no sé explicarlo, Angelo. Fue raro.
—¿Raro bueno o raro malo?
—Digamos raro de que me corrí tres veces follando con un chico virgen.
Angelo se paró en seco, se giró para mirarla a la cara y silbó entre dientes.
—Estás jodida, morena.
—Explícate.
—Hay una teoría que dice que hay algunas personas tan compatibles que cuando se encuentran saltan chispas.
—No veo que sea tan malo.
—No he terminado. El sexo entre ellos es tan bueno, que los cambia para siempre. No suelen durar demasiado, nadie podría soportar mucho tiempo eso.
—Sigo sin verle lo malo…
—¡Piensa, Skie! Hace pocos días que por fin descubriste lo que le pasa a tu pelirroja, al amor de tu vida, después de un año de mierda por fin puedes hablar con ella y convencerla de arreglarlo. Pero gracias al bajón que te produjo la poción te acostaste con Ron y descubriste que es la llave para abrirte un nuevo horizonte… así que vas a tener que elegir: el amor de tu vida o el sexo más caliente.
—Que simple eres, Angelo.
—No soy simple, cariño, soy sincero… y si mi opinión sirve de algo, aguanta un par de meses con el Gryffindor, deja que se calme lo que pasó con Riva.
—Gracias por el consejo no solicitado— respondió con amargura.
—De nada, para eso estan los amigos.
31 de Diciembre de 1995 - 1 de Enero de 1996. Casa de Sirius, Grimmauld Place.
Hermione volvió para fin de año a casa de Sirius con energías renovadas después de unos días con su familia. Tenía ganas de ver a sus amigos y saber cómo había ido todo en su ausencia.
Tras la cena los mayores se quedaron en el salón principal mientras que los más jóvenes subían al desván para celebrar su propia fiesta.
Todos parecían dispuestos a divertirse, dado que pronto volverían al colegio, así que bailaban y reían como si no hubiese un mañana.
En determinado momento alguien propuso ir abajo a robar un par de botellas de alcohol a los adultos, habían traído varias de champagne pero se les habían acabado y, dado que los gemelos se habían largado hacía un buen rato, la tarea terminó recayendo en Ginny y Harry.
—Recuérdame por qué siempre termino metido en estos berenjenales contigo.
—A mi no me mires, Potter, no me he presentado voluntaria.
Bajaron las escaleras con mucho cuidado de no hacer ruido y entraron en la cocina para saquear la despensa.
Volvían con los brazos llenos del botín obtenido cuando oyeron como unas voces se acercaban por el pasillo, así que sin pararse a pensarlo demasiado Harry abrió la primera puerta que vio y empujó a la pelirroja dentro, cerrando la puerta a sus espaldas.
—Empiezo a pensar que tienes una fijación con meterme en armarios.—En efecto la puerta daba a un pequeño ropero donde estaban colgados los abrigos.
—Déjame oír—contestó él intentando averiguar quién estaba al otro lado de la puerta. Gin se acercó para poder escuchar también, demasiado cerca para la tranquilidad del muchacho, que empezaba a estar intoxicado por su olor.
—Explícamelo—la voz de una mujer susurraba dolida cerca de donde se escondían.
—Nunca he sido demasiado bueno con las palabras…
—No me jodas, perro—gimió ella con impaciencia—Estoy aburrida de tus señales confusas y de tus juegos adolescentes.
—No estoy jugando, Lils… me siento roto por dentro. Dividido entre la lealtad a mi mejor amigo, a mi ahijado y por otro lado …
Ginny le sujetó la mano a su amigo. La madre y el padrino de Harry sostenían una conversación al otro lado de la puerta que ningún hijo desea escuchar.
—Estoy cansada, Sirius. Aquella noche tú perdiste a tu hermano, pero yo perdí a mi mejor amigo, a mi amante, al padre de mi hijo. Pero conocía lo suficiente a James para saber que "esto" no le hubiese molestado ¿Lo crees tan egoísta como para desearnos la muerte en vida?
—Odio cuando te pones lógica, pelirroja.
—No estoy para tus bromitas, Black. Decidete de una vez, esta oferta es única en la vida y tiene fecha de caducidad.
—Hace mucho tiempo que me decidí… aunque me haya negado a reconocerlo.
—¿Y bien?
—Quiero intentarlo.
Harry no pudo aguantar más y abrió una pequeña rendija sin hacer ruido para ver que ocurria y de forma inmediata deseó no haberlo hecho, pues en la penumbra del pasillo su madre se besaba con un hombre que no era su padre.
Gin cerró la puerta muy despacio, mientras Harry se dejaba caer en el suelo con la espalda apoyada en la madera. Se arrodilló frente a él deseando tener el poder suficiente y los conocimientos como para poder borrar ese momento de la mente del moreno. Pero no los tenía, así que sujetó la cara de Harry obligando al chico a mirarla a los ojos.
Los ojos verdes se le clavaron hasta el alma en la semi oscuridad del armario, podía ver lo perdido y confuso que se encontraba en ese momento. Quiso encontrar las palabras adecuadas para consolarlo, pero su dolor hacía que se le atragantasen.
—Harry, yo ...—empezó a decir con un hilo de voz, pero él no la dejó continuar bebiéndose sus palabras de consuelo con un beso desesperado—. Espera—consiguió decir ella entre sus labios.
—Por favor, Gin. No quiero pensar en nada. Ignoremos por un rato que existe un mundo al otro lado de esa puerta. Dejame imaginar que sólo existimos los dos y este armario.
Fue incapaz de contestar con palabras, así que se acercó secando las lágrimas que se habían escapado de sus ojos con un beso antes de olvidarse de todo y dejarse caer entre sus brazos.
Cuando por fin llegaron al desván con su alijo de bebidas les contaron a los demás que casi los pillan y habían tenido que esconderse para evitarlo, pero omitieron lo ocurrido durante su encierro guardándolo debajo de la alfombra.
Hermione miraba con Ron y Skie bailaban . Se sentía mal, pero no tanto como habría cabido esperar. Quizás las tres copas de champán hubiesen tenido algo que ver... o simplemente Ron era su amigo y a su parte menos egoísta le gustaba verlo feliz.
—Te veo muy pensativa, Minue.
—No creas, Sly. ¿Qué tal estos días sin mí?
—Mejor de lo esperado, pero aún así te he echado de menos— alargó la mano cogiendo un mechón de su cabello.
—Yo también, incluso tuve un sueño que me recordó mucho a ti.
—Esto promete— se acercó a ella con aire conspirador—Cuéntame.
—No sé si debería, es un poco pervertido— la tristeza se había evaporado dando lugar a un estado de ánimo juguetón. Quería contarle a Draco su sueño, pero no pensaba hacerlo de entrada, era mucho mejor hacerse de rogar.
—Qué interesante—. El Sly la cogió de la mano llevándola a uno de los sofás que había desperdigados por la habitación, lejos de oídos indiscretos—. Cuéntame.
—No sé.
—No me obligues a hacerte un imperius, mi paciencia tiene un límite.
—¡Le quitas la gracia a todo!—le dio un golpe en el brazo—Está bien tú ganas, rubio oxigenado.
El aludido alzó una ceja, pero prefirió no iniciar una pelea tonta. En lugar de ello animó a su amiga con un gesto a que empezase su relato.
Hermione miró a su alrededor asegurándose de que nadie los miraba.
—Está bien—concedió ella bajando la voz—En el sueño yo estaba en mi habitación, durmiendo tan tranquila cuando oía un ruido que provenía de la ventana. Me quedaba quieta, bajo las sábanas, esperando. Entonces un peso a mi lado me indicaba que el intruso se había acostado junto a mi, pero no tenía miedo.
Entonces él me abrazaba, me retiraba el pelo del cuello y empezaba a besarme con suavidad. Pero yo no gritaba, me dejaba hacer encantada con sus caricias, que cada vez eran más y más atrevidas—. Los ojos de Hermione se entornaron al recordar las sensaciones y Draco, al mirar como empezaba a excitarse contándoselo, notó la boca seca—. Lo más extraño es que no tenía miedo. Me gustaba como el extraño me acariciaba.
—Joder—La voz de Draco era de todo menos indiferente.
—Cerré los ojos, mordiéndome un labio para no gritar cuando sus manos se metieron debajo de mi camisón, acariciándome las piernas, mientras me susurraba sin cesar. Se demoró en su contacto ligero, hasta que creí que me moría, entonces coló sus dedos debajo de mis braguitas y siguió con sus caricias.
—Acabo de entender la frase: "Cuidado con lo que deseas, se te podría conceder" —Las mejillas del Sly estaban teñidas de rosa, pero no era vergüenza lo que las ponía de ese color, más bien el deseo de hacer realidad todo lo que Hermione le contaba.
—Mejor paro—dijo, riendo ante la reacción de su amigo.
—No me hagas un "sueñus interruptus" estás llegando a lo mejor.
—Como quieras—volvió a comprobar que nadie podía oírla y siguió relatando el sueño con todo lujo de detalles. Como aquel extraño le hacía el amor primero con sus dedos y después con todo su cuerpo. Como se movían sus caderas llenándola de un placer muy distinto del que había experimentado —. Y justo cuando iba a llegar me desperté—su decepción era tan evidente que casi dolía.
—¡Ouch!
—Pues si.
Se quedaron en silencio, pensando en todo lo que la chica acaba de decir.
—¿Nos vamos a otro sitio?—la sonrisa estaba llena de oscuras intenciones. Intenciones que Hermione compartía por completo. Se escaparon de la fiesta sin despedirse de nadie, demasiado impacientes por quedarse a solas.
Domingo 6 de Enero 1997. Casa de Sirius, Grimmauld Place.
Habían terminado de hacer las maletas y por primera vez no tenía demasiadas ganas de volver al colegio. Aunque ver a Sirius y su madre intentando disimular su incipiente relación, sin ningún éxito por cierto, estaba acabando con sus nervios.
—Harry, cariño —dijo la señora Weasley asomando la cabeza por la puerta del dormitorio que compartían él y Ron, donde ambos estaban jugando al ajedrez mágico, mientras Hermione, Ginny y Crookshanks los observaban—, ¿puedes bajar un momento a la cocina? El profesor Snape quiere hablar contigo.
Harry tardó un momento en asimilar lo que la señora Weasley acababa de decir; una de sus torres había iniciado una violenta pelea con un peón de Ron, y él la azuzaba con entusiasmo.
—Machácalo, ¡machácalo! ¡Sólo es un peón, idiota! Lo siento, señora Weasley, ¿qué decía?
—El profesor Snape, cariño. Te espera en la cocina. Quiere hablar contigo.
Harry abrió la boca, horrorizado, y miró a Ron, a Hermione y a Ginny, que lo miraban también con la boca abierta. Draco se había ido los últimos días de las vacaciones a Francia con su madre. Crookshanks, al que Hermione llevaba un cuarto de hora conteniendo con dificultad, saltó por fin sobre el tablero, y las fichas corrieron a ponerse a cubierto gritando como locas.
—¿Snape? —repitió Harry sin comprender.
—El profesor Snape, querido —lo corrigió la señora Weasley—. Baja, corre, dice que tiene prisa.
—¿De qué querrá hablar contigo? —le preguntó Ron, acobardado, cuando su madre salió de la habitación—. No has hecho nada, ¿verdad?
—¡Claro que no! —exclamó Harry, indignado, y se exprimió el cerebro pensando qué podía haber hecho para que Snape fuera a buscarlo a Grimmauld Place. ¿Habría sacado una T en sus últimos deberes?
Un par de minutos más tarde, Harry abrió la puerta de la cocina y encontró a Sirius y a Snape sentados a la larga mesa, cada uno con la vista fija en una dirección diferente. El silencio que reinaba en la habitación delataba la antipatía que sentían el uno por el otro. Sirius tenía una carta abierta delante, sobre la mesa.
Harry carraspeó para anunciar su presencia.
Snape giró la cabeza, con el rostro enmarcado por dos cortinas de grasiento y negro cabello.
—Siéntate, Potter.
—Mira —dijo Sirius en voz alta mientras se mecía sobre las patas traseras de la silla y hablaba mirando al techo—, preferiría que aquí no dieras órdenes, Snape. Ésta es mi casa, ¿sabes?
Un desagradable rubor tiñó el pálido rostro de Snape. Harry se sentó en una silla al lado de Sirius, frente a Snape.
—En realidad teníamos que vernos a solas, Potter —explicó Snape, y torció los labios para formar su característica sonrisa despectiva—, pero Black...
—Soy su padrino —aclaró Sirius subiendo aún más el tono de voz.
—He venido por orden de Dumbledore —prosiguió Snape, cuya voz, en cambio, cada vez se volvía más débil y mordaz—, pero quédate, Black, quédate —. El director me envía, Potter, para decirte que quiere que este trimestre estudies Oclumancia.
—Que estudie ¿qué? —dijo Harry desconcertado. La sarcástica sonrisa de Snape se pronunció aún más.
—Oclumancia, Potter. La defensa mágica de la mente contra penetraciones externas. Es una rama oscura de la magia, pero muy provechosa.
El corazón de Harry empezó a latir muy deprisa. ¿Defensa contra penetraciones externas? Pero si no estaba poseído, todos estaban de acuerdo en eso...
—¿Por qué tengo que estudiar Oclu..., como se llame eso? —balbuceó.
—Porque el director lo considera oportuno —respondió Snape llanamente—. Recibirás clases particulares una vez por semana, pero no le contarás a nadie lo que estás haciendo, y a la profesora Umbridge menos todavía. ¿Entendido?
—Sí. ¿Quién me va a dar las clases?
Snape arqueó una ceja y respondió:
—Yo.
Harry tuvo la horrible sensación de que se le deshacían las tripas. Clases particulares con Snape. ¿Qué había hecho él para merecer aquello? Giró rápidamente la cabeza buscando el apoyo de Sirius.
—¿Por qué no puede dárselas Dumbledore? —preguntó éste con tono agresivo—. ¿Por qué tienes que hacerlo tú?
—Supongo que porque el director tiene el privilegio de delegar las tareas menos agradables —repuso Snape con ironía—. Te aseguro que yo no le supliqué que me diera ese trabajo. —Se puso en pie—. Te espero el lunes a las seis en punto de la tarde, Potter. En mi despacho. Si alguien te pregunta, di que recibes clases particulares de pociones curativas. Nadie que te haya visto en mis clases podrá negar que las necesitas. Aunque he de reconocer que has empezado a mejorar, aún le queda para ponerse al nivel del resto de la clase.
Lily entró en ese momento, acababa de llegar de la calle y empezó a colocar las cosas que había comprado.
—¿Qué está pasando aquí?—la tensión en la habitación era innegable. Se acercó a Harry que se miraba los pies aún en shock.
—Dumbledore ha tenido la genial idea de hacer que Sni… Snape le dé clases particulares a Harry. Como si no supiesemos todos cuanto lo odia.
—No creo que Severus odie a Harry—intervino Lily—¿verdad?
—Claro que no—la cara del profesor se suavizó al hablar con la pelirroja.
—Aún así creo que seguro que hay alguien que esté más capacitado para la tarea—insistió Sirius.
—No hay nadie más.
—Dejad de discutir—abrazó a Harry por los hombros—hablaré con Albus a ver si puedo encontrar una solución, pero mientras creo que es importante que empieces con esas clases, cariño.
—Sí, mamá.
—Ahora ve con tus amigos.
Cuando Harry salió arrastrando los pies de la cocina, Lily borró la sonrisa de su rostro y miró a los dos hombres sentados a la mesa.
—En serio, Sirius. Hace ya muchos años que dejamos el colegio. Deberías madurar un poco y ser adulto respecto a tu relación con Severus. Es el profesor de Harry y no deberías desautorizarlo frente a él—. El aludido bajó la mirada avergonzado.
—Parece que te han dado en el hocico, perro—Snape soltó la pulla con evidente satisfacción. Haciendo que Lily se volviendo a mirarlo con cara de pocos amigos.
—No sé ni por donde empezar contigo. Éste—empezó a decir señalando a Black—es idiota y tiene una edad mental de doce años. Pero tú eres inteligente, así que por favor, actúa como la buena persona que sé que eres y deja de culpar a mi hijo por los errores de su padre—.La sonrisa del profesor de pociones se congeló en su cara— ¿Me habéis entendido?
Ambos asintieron.
—No os oigo.
—Sí, Lily—respondieron al tiempo sin apartar la mirada del suelo.
—Así me gusta.
En cuanto Harry subió las escaleras fue a contarles a Ron, Ginny y Hermione, en voz baja, que iba a recibir clases particulares de Oclumancia con Snape.
—Dumbledore quiere que dejes de soñar con Voldemort —opinó Hermione de inmediato—. Supongo que te alegrarás de no tener más sueños de ésos, ¿verdad?
—¿Clases particulares con Snape? —repitió Ron, horrorizado—. ¡Yo preferiría tener las pesadillas!
Debían volver a Hogwarts en el autobús noctámbulo al día siguiente, escoltados una vez más por Tonks y Lupin, a quienes Harry, Ron y Hermione encontraron desayunando en la cocina al bajar de sus dormitorios por la mañana.
Las despedidas fueron largas y llenas de abrazos. Harry no sabía cuando volvería a ver a su madre, ni a su padrino, pues la misión para la Orden los tenía ocupados. Así que se aferró a Lily con fuerza en un abrazo que pareció eterno.
—Cuídate, Harry. Te escribiré pronto—. Se despidió con un beso y se quedó en la puerta mirándolo mientras subían al autobús noctámbulo lo más rápido posible. Sirius a su lado le rodeó los hombros con un brazo.
—Vamos, pelirroja, hace frío y no quiero que las lágrimas se me congelen en la cara.
—Eres idiota—sonreía a su pesar.
—No, Potter, soy tu idiota—dijo con convencimiento empujándola por la cintura para que entrase en tu casa—Y reconoce que te encanta.
—Sigue repitiéndolo, perro, al final puede que te lo creas.
El autobús los llevó al colegio en un viaje tan loco como el anterior que Harry había experimentado. Cuando por fin se detuvieron frente a las verjas de Hogwarts soltó un suspiro agradecido.
Lupin y Tonks los ayudaron a bajar con su equipaje, y después bajaron también para despedirse de ellos. Harry levantó la cabeza para contemplar los tres pisos del autobús noctámbulo y vio que todos los pasajeros los observaban con la nariz pegada a los cristales.
—En cuanto entréis en los jardines estaréis a salvo —dijo Tonks escudriñando la desierta carretera—. Que tengáis un buen trimestre.
—Cuidaos mucho —les recomendó Lupin, y les estrechó la mano a todos, dejando a Harry para el final—. Escucha, Harry... —bajó la voz, mientras los demás se despedían de Tonks—, ya sé que no tragas a Snape, pero es un especialista en Oclumancia, y todos nosotros, incluido Sirius, queremos que aprendas a protegerte, así que trabaja mucho, ¿de acuerdo?
—Sí, vale —contestó él con gravedad mirando el rostro de Lupin, que estaba surcado de prematuras arrugas—. Hasta pronto.
Arrastrando sus baúles con gran esfuerzo, los seis subieron hacia el castillo por el resbaladizo camino. Harry miró hacia atrás cuando llegaron a las puertas de roble; el autobús noctámbulo ya se había marchado, y dado lo que lo esperaba al día siguiente a las seis, lamentó no estar todavía en él.
Lunes 7 de Enero 1997. Hogwarts.
El día siguiente pasó a la vez lento y demasiado deprisa. Los miembros del ED no paraban de acercarse para saber si esa tarde se reunirían, pero dado que Harry tenía que ir a clase con Snape, les fue diciendo que no sería posible.
Lo peor de todo fue cuando vio a Violet. Le era difícil mirarla a la cara después de lo sucedido con Ginny el día de fin de año. Pero decidió ser sincero con la muchacha y terminar con aquello.
Ella se lo tomó mucho mejor de lo que Harry se podría haber imaginado.
—Era un momento duro para ti y actuaste sin pensar—Violet le cogió la mano.—No voy a mentirte, Harry, no voy a decirte que no pasa nada, porque me ha dolido. Pero tampoco voy a organizar un drama, solo que creo que lo mejor es que nos separemos, me costaría volver a confiar en ti de la misma manera.
—Lo… lo entiendo—estaba alucinado, había esperado algún que otro grito, un poco de drama y puede que alguna lágrima.
—Además, para serte sincera—siguió ella—en fin de año me puse algo contenta y terminé besuqueándome con un chico.
Harry abrió los ojos como platos y empezó a reírse.
—Vaya relación más sólida la nuestra ¿no?
—Si te dijera quien era él aún lo verías más gracioso.
—¿Quién?
—Ya te enteraras, Potter, no seas impaciente—Le dió un beso en la mejilla—. Nos vemos por ahí, Potter.
—Nos vemos, Violet.
Aún preguntándose quién sería el misterioso chico besucón se encaminó al despacho de Snape.
Cuando llegó a la puerta, se detuvo y pensó que le habría gustado estar en cualquier otro sitio menos en aquél. Entonces respiró hondo, llamó y entró.
La clase con Snape fue mucho mejor de lo que se esperaba. Después de explicarle lo que era la Oclumancia y la Legeremancia, el profesor le enseñó cómo se ejecutaba el hechizo. Tras varias pruebas sin que Harry consiguiese bloquearlo, Snape se dio cuenta de que el problema era que el muchacho era incapaz de liberarse de sus emociones, así que decidió afrontar el problema desde otro ángulo y empezar por enseñarle unas cuantas técnicas de relajación. Le dijo a Harry que las practicase cada noche antes de dormir y lo despidió sin más preámbulos.
Para lo desagradable que podía haber sido, no había estado tan mal. Eso si, la cicatriz le dolía a rabiar. Además en uno de los enfrentamientos con el profesor por fin había descubierto dónde se encontraba el pasillo con el que llevaba meses soñando: el departamento de Misterios.
Se encontró con Ron y Hermione terminando los deberes en la biblioteca y les relató todo lo ocurrido en la clase, además de lo que había descubierto.
Volvieron a la sala común, Harry estaba bastante cansado por todo lo ocurrido y le pinchaba la cicatriz después de la sesión de Legeremancia, así que se fue a dormir temprano.
Abrió la puerta de su dormitorio, y en cuanto puso un pie dentro, notó un dolor tan intenso que creyó que alguien le había partido la cabeza por la mitad. No sabía dónde se encontraba, ni si estaba de pie o tumbado; ni siquiera sabía cómo se llamaba.
Unas risotadas de maníaco resonaban en sus oídos... Se sentía más feliz de lo que se había sentido en mucho tiempo... Radiante de alegría, eufórico, triunfante... Había pasado algo maravilloso...
—¿Harry? ¡HARRY!
Alguien le había pegado en la cara. En ese momento, aquella risa loca tenía como contrapunto un grito de dolor. La felicidad se estaba esfumando, pero la risa continuaba...
Abrió los ojos y se dio cuenta de que la salvaje risa salía de su propia boca. En cuanto lo comprendió, la risa se apagó. Harry estaba tirado en el suelo jadeando, tenía la vista fija en el techo, y la cicatriz de la frente le dolía muchísimo. Ron estaba inclinado sobre él, muy preocupado.
—¿Qué ha pasado? —le preguntó.
—No... lo sé... —contestó Harry entrecortadamente, y se incorporó—. Está muy contento..., muy contento...
—¿Te refieres a Quien-tú-sabes?
—Ha pasado algo bueno —murmuró Harry. Temblaba de pies a cabeza, igual que después de ver cómo la serpiente atacaba al señor Weasley, y estaba muy mareado—. Algo que él deseaba.
Pronunció aquellas palabras sin darse cuenta, igual que había sucedido en el vestuario de Gryffindor, como si un extraño hablara por su boca, y sin embargo sabía que eran ciertas. Respiró hondo varias veces confiando en no vomitarle encima a Ron. Se alegró mucho de que esa vez ni Dean ni Seamus estuvieran allí para ver lo que estaba sucediendo.
—Hermione me ha pedido que subiera a ver cómo estabas —dijo Ron en voz baja al mismo tiempo que ayudaba a Harry a levantarse—. Me ha dicho que debes de estar bajo de defensas después de que Snape haya estado hurgando en tu mente... Pero supongo que a la larga servirá de algo, ¿no?
Miró sin convicción a Harry mientras lo ayudaba a ir hasta su cama. Harry asintió, también sin convicción, y se desplomó sobre las almohadas. Le dolía todo el cuerpo por la cantidad de veces que había caído al suelo aquella tarde, y todavía le dolía la cicatriz. No podía dejar de pensar que su primera clase de Oclumancia le había debilitado la resistencia de la mente en lugar de fortalecerla, y se preguntó, con profunda inquietud, qué habría pasado para que lord Voldemort se sintiera más feliz de lo que se había sentido en catorce años.
¿Qué os ha parecido? Espero que os haya gustado. Ahora vamos a contestar a las no logueadas:
Emma Felton
Hola! Qué tal todo? Cuanto tiempo.
Si, soy más lenta que el caballo del malo.
Lo mejor del cap sin duda alguna ha sido el momento Ron-Skie. Me ha gustado muchisimo, porque me ha parecido un momento muy bonito y sobre todo muy bien escrito, pues has trasmitido todas las dudas de Ron, sus inseguridades, etc, vamos que has reflejado muy bien como es una primera vez y tengo que confesar que nunca había leido una primera vez de un chico. Y Skie, es genail, es unos de mis personajes favoritos.
Gracias por tus palabras, era justo eso lo que queria transmitir. Las primeras veces suelen centrarse en las chicas, por eso queria darle más protagonismo a Ron, ya que Skie si tiene experiencia.
A mi tambien me encanta Skie.
Los Hidden me parecen muy guays. Me encantan los hermanos de Skie, y he visto las fotos en tu web y me ha encantado como son. Espero que salgan más en los próximos caps.
Ya veremos si salen más. Esto se está haciendo larguisimo :)))
Draco y Ginny, me parece genial que se lleven así de bien. A Draco le hace falta más amigos. Además así Hermiuone también se siente respaldada.
Pues si. Además la forma de ser de Ginny, tan espontánea, hace que haya muy buena química para un "bromance" entre ellos.
Por cierto, tu Harry es muy tierno, me gusta mucho como escribes sobre él.
Estoy tan enamorada de Harry que casi da vergüenza, por eso lo escribo así.
A mi me gustaría leer el relato ese del libro de recortes, creo que estaría muy guay.
Algún día lo escribiré :)
Eponine
Hola :D ¿Qué tal todo? ¡Cuanto tiempo! Acabo de ver que habías actualizado y he venido volando.
Lo primero que quiero que sepas es que Skie Hidden es ya uno de mis personajes favoritos de Besos en la Oscuridad. Por eso te quería preguntar algunas cosillas sobre ella:
1) ¿Cómo se te ocurrió el personaje?
Lo creé para una partida de rol.
2) He visto tu web. ¿Quién es la actriz, o lo que sea, que has escogido para ella?
Felicity Jones. Sale en la última de Spiderman :)
3) ¿Cómo se te ocurrió juntarla con Ron?
Pues no sabría decirte. Creo que fué un flash en plan: ¿Y si…?
Jajajajajajaja sorry por el interrogatorio, es que me está gustando mucho y tenía curiosidad.
Lo que más me ha gustado del capítulo a sido el Skie/Ron: La primera vez de Ron. Ha sido una escena tan Ron jajaja creo que no podría haber sido de otra manera. Me ha encantado que Skie le fuera haciendo soltarse y esos nervios por parte de Ron me ha dado ternura. ¡A ver cuando llega la primera vez de Hermione! Espero que sea con Draco. ¡Tiene que ser con Draco!
No spoilers! :)
Ginny y Draco me hacen mucha gracia, me encanta que sean amigos, pero solo eso, amigos y ya. Me da a mi que van a dar guerra, a mi también me dan miete juajuajuajuajuajua.
En este fic solo hay "bromance" entre ellos, así que sin miedo por esa parte :)
Muchos besos y espero que hayas tenido o tengas un buen verano.
