¡Hola! Un nuevo capítulo a la vista.

jessica985: Puedes mandar tus reviews en inglés, si quieres, que lo entiendo. No me molesta.

AlenDarkStar: Tu pokemón favorito es Meowth, ¿verdad? No es nada inocente, pero tiene sus momentos de ingenuidad.

Plushy-Berry: ¿Yo? Cuando digo que hay lemmon, hay lemmon. Pasa que me olvidé de aclararlo en el summary.

Si, es ilegal. Mirá que yo intento seguir el reglamento a rajatabla (incluido lo que dice de las canciones), pero en este caso… a nadie le importa.

Te juro y te rejuro que estuve horas mirando la página de Word con el lemmon, pensando en cómo hacerlo bien. Me preocupé tanto por ciertos aspectos, que se me pasó por alto detalles que me contaste en el review. Podría excusarme diciendo que Jessie estaba muy impaciente y con ganas de que le den "duro contra el muro" y por eso no hubo jugueteo y bla bla bla, pero fue mi error.

Meowth, el personaje favorito de mi pareja/beta. Me convenció de darle más protagonismo a Meowth y, después de un análisis, le di la razón. En muchos fics, el pobre es echado del Equipo Rocket (en el sentido de que los autores buscan cualquier escusa para sacarlo del camino y que los otros dos forniquen como Nidoran en celo) y eso es muy injusto.

Capítulo cinco

Ciudad Neón

Apenas el sol empezó a esconderse en el horizonte, el Equipo Rocket preparó el globo y salieron volando hacia Ciudad Neón. Esperaban encontrarse con Pikachu pronto. El generador no tenía mucha electricidad y lo necesitaban si querían seguir usando el globo. Bueno, podían usar el generador a bicicleta, pero tardaría bastante en cargarlo y no tenían ganas de estar pedaleando como idiotas.

Cuando vislumbraron las luces de la ciudad del juego, estaban muertos de frío y ya con el uniforme del equipo puesto. La ropa del desierto les resultaba incómoda y la llama del quemador que tanto habían odiado en el desierto durante el día, era ahora la fuente de calor más preciada para ellos.

—Ahí está la ciudad —anunció Jessie, como si los demás no pudieran verlo con sus propios ojos.

—Sí, todo muy lindo, ¿pero donde guardamos el globo? —preguntó Meowth, recorriendo el desierto paisaje con sus ojos azules

—Cruzaremos la ciudad y vemos si del otro lado hay un buen lugar. Tiene que haber uno por aquí

—En este mapa dice que hay un bosque detrás de esta ciudad —dijo James, con el mapa en las manos—. Así que es buen lugar para esconder el globo

Desde arriba, el Equipo Rocket pudo admirar las luces brillantes y los carteles parpadeantes que le hacían el honor al nombre de la ciudad. En las bases del equipo Rocket habían escuchado historias divertidas y aterradoras sobre Ciudad Neón: desde noches de lujuria con alguna persona desconocida y afortunadas noches en el casino, hasta homicidios sobre mesas de póker y drogas extrañas puestas en bebidas cuando uno no miraba. Cosas que un entrenador de diez años jamás llegaba a ver.

Cruzando la ciudad había un bosque bastante tranquilo, comparado con el caos que debía haber en las calles. Escondieron el globo con arbustos y ramas y se adentraron en la civilización.

Era un infierno trasladado a la Tierra. Estaba lleno de gente que iba y venía por las calles como si llevaran prisa y de muy mal humor. Personas que discutían en las puertas de los edificios, más dispuestos a agarrarse a trompadas que a tener batallas pokemón. Señoritas de poca ropa que invitaban a los transeúntes con sus pronunciados escotes a los interiores de dudosos hoteles. Gente llorando su desgracia por haber apostado hasta el último yen en el casino y parecían al borde del suicidio.

—Ah, miren, un cine donde dan documentales de humanos —Meowth señaló con un dedo la cartelera de un cine XXX.

—¿Documentales de humanos? —preguntó James, sin entender nada de lo que el pokemón decía

—Si, como los especiales que dan en el Pokemón Planet, pero con personas. Una vez entré a uno, pero había un olor horrible y no pude ver mucho.

Jessie se apretó el puente de la nariz, no sabiendo si reírse o indignarse ante las palabras de su pequeño compañero. Al fin y al cabo, era un pokemón y había ciertas cosas que probablemente no comprendía.

—Meowth, eso no era documental de humanos, eso era porno —le dijo, intentando contenerse

—¿Qué es porno? —preguntó Meowth, con inocencia (la poca que le quedaba).

—Esas películas donde las personas tienen sexo como bestias.

—Ah, como en el Pokemón Planet.

—¡No es lo mismo!

James levantó una mano, intentando razonar con el pokemón e interrumpiendo la discusión entre ambos

—Meowth, ¿miras el Pokemón Planet como si fuera porno? —preguntó, enarcando una ceja y con una mueca desagradable en los labios.

Meowth se sonrojó de manera violenta y evitó el contacto visual con cualquiera de los dos humanos. Al fin y al cabo, era más humano de lo que aparentaba.

—Eh… yo… mejor busquemos un lugar para pasar la noche. No nos detengamos.

—Recuérdame que no vuelva a poner el Pokemón Planet en la televisión —le dijo Jessie al oído de James.

Siguieron caminando entre la furiosa multitud, intentando ni siquiera hacer contacto visual con la gente, por las dudas. No fuera a ser que lo tomaran como una provocación y los molieran a palos, ya sea con pokemons o sin ellos. Ya estaban bastante mal como para involucrarse en peleas

—Como me gustan las luces brillantes —comentó Meowth, observando los carteles luminosos de los casinos y los bares.

James iba a decir lo mismo, pero sintió que alguien lo chocaba en el hombro y lo hacía tropezar. Por suerte, no se estrelló contra el suelo y logró mantener el equilibrio. Se dio vuelta para ver quién lo había chocado y resultó ser un tipo alto y larguirucho vestido al estilo punk, con chaqueta y pantalón de cuero con el cabello peinado hacia arriba. Al igual que James, se había detenido por el golpe y ahora lo miraba con los ojos furiosos, enseñando los dientes como si fuera un pokemón listo para atacar.

—¡Oye, fíjate por donde caminas! —le gritó James, sobándose el hombro dolorido e ignorando el hecho de que era peligroso enfrentarse a la gente de la ciudad.

El tipo se abalanzó sobre James a una velocidad digna de un Rapidash. De alguna manera, el tipo se las ingenió para treparse a los hombros de James como si fuera un Mankey y a golpearlo en la cabeza.

—¿Tu chocaste conmigo y empiezas a quejarte? ¿Qué te pasa? —le gritaba el tipo, mientras continuaba golpeándolo en la nuca.

—¡Tú chocaste con él! —le gritó Jessie, pero fue interrumpida cuando sintió que alguien la empujaba por la espalda. Ella se giró, dispuesta a golpear a quien sea, pero se encontró con una señora mucho más alta y corpulenta que ella, de cabello castaño.

—Eso me dolió —le dijo a una aterrorizada Jessie—. ¡Pero me las pagarás! —gritó, extendiendo sus manos hacia ella.

La señora cargó a Jessie bajo el brazo como si fuera una bolsa de papas y comenzó a darle nalgadas. Meowth estaba libre, pero tan asustado que no se podía mover y estaba con la espalda aplastada contra la pared, como si quisiera mimetizarse con ella para evitar ser golpeado también.

—¡Alto ahí! —gritó una voz de mujer que conocían muy bien. Tal vez la conocían demasiado bien.

Una oficial Jenny iba hacia ellos, montada en su motocicleta a toda velocidad. Los tipos dejaron de golpear a Jessie y James y se dieron a la fuga, dejándolos tirados en el suelo como si fueran bolsas de papas. La oficial paró la motocicleta y bajó de ella, echando chispas por los ojos.

—¿Se puede saber que están haciendo? —les gritó, como si fuera un Growlithe rabioso. Solo faltaba que le chorreara espuma por la boca.

Jessie y James se levantaron del suelo con dificultad. No querían enfrentarse a una oficial Jenny y mucho menos a una que estaba tan irritada que daba la impresión que había estado trabajando durante semanas casi sin dormir. Antes de ser arrastrados a una celda junto con criminales de esa ciudad, preferían volver al desierto.

—¡Weezing, pantalla de humo! —gritó James, tirando su pokebola a los pies de la mujer policía.

Su pokemón, sin dudar un segundo, hizo el ataque solicitado hacia la oficial Jenny antes de que esta pudiera siquiera sacar una cachiporra o una pokebola (lo más probable es que fuera lo primero). Aprovecharon la confusión para huir a toda prisa, pesar del dolor provocado por los golpes recibidos. No pararon hasta salir de la ciudad y adentrarse de vuelta en el bosque. Recién pararon cuando sus músculos adoloridos y sus pulmones aguijoneados por la huida pidieron un descanso.

—¿Nos… persigue? —preguntó Jessie, casi cayendo de rodillas al suelo junto a James. Casi no podía respirar.

Meowth, que estaba trepado a la espalda de James y ni se había molestado en correr, miró hacia atrás y soltó un suspiro de alivio.

—No, creo que la dejamos bastante atrás —dijo convencido.

James giró su cabeza hacia su Weezing, quien flotaba a su lado como si fuera un satélite venenoso escoltando a su planeta.

—Gracias por hacernos escapar, mi bolita de gas. Regresa.

Weezing entró en su pokebola. Después de recuperar el aliento, Meowth se bajó de la espalda de James de un salto hacia el pasto.

—Que suerte que pudimos escapar —comentó.

Jessie lo miró, furiosa. De no dolerle tanto la retaguardia y de no estar tan agotada, lo hubiese pateado en la cara hasta hundirle el amuleto en el cráneo.

—No gracias a ti, maldito gato cobarde —escupió, apretando los puños, amenazante.

—¿Y que querías que hiciera? ¡Esa gorda mayúscula era como una versión humana de un Snorlax! ¡Si me daba una nalgada, me sacaba el amuleto! —protestó Meowth.

—¡Yo te voy a sacar el amuleto!

James se puso en medio de ambos para evitar que se agarraran a golpes. Ya era suficiente con la pelea que habían tenido como para pelearse entre ellos

—Bueno, bueno, cálmense. Lo importante es que no nos arrestaron y estamos vivos. Pasemos aquí la noche y esperemos a los bobos.

—Si es que no los hacen papilla primero —comentó Meowth.


A pesar de estar alejados de la ciudad, ninguno de los dos pudo conciliar bien el sueño, por culpa de la paliza de anoche. Meowth si había dormido bien, pero no se animó a decirle a sus compañeros, por miedo a que le dieran unos buenos cachetazos por pasarla mejor que ellos.

—Auch —se quejó James, tomándose la cabeza con una mano—. Necesito una aspirina, pero ya.

—Y yo algo para mi trasero —Jessie se incorporó, frotándose la zona dolorida —. No creo que pueda ni sentarme.

—Conseguiremos algo de eso después de atrapar a Pikachu —Meowth ya estaba de pie y con mucha energía en su pequeño cuerpo.

—Primero que nada, vamos a buscar el globo y a comer —opinó James, consiguiendo la aprobación de los otros dos.

No tenían mucho para comer, así que comieron unas galletas de jengibre (eran las más baratas) junto con una pequeña botella de agua tibia. No era el mejor desayuno, pero servía para reponer un poco las fuerzas.

—¿Algún día podremos comer algo más que esto? —se preguntó Jessie, mirando con tristeza una galleta que tenía en la mano.

James le pasó una mano por los hombros, intentando reconfortarla un poco.

—Cuando atrapemos a Pikachu, podremos ir a un buffet libre y comeremos hasta que nos echen —le dijo.

—¿Ir al buffet? Vamos a comprarlo y a ser tan gordos que vamos a ir rodando por la vida —la animó Meowth, con una amplia sonrisa.

Jessie apenas pudo devolverle la sonrisa.

—No quiero perder mi figura, pero amo comer. —Suspiró—. La vida es cruel, pero nosotros somos más crueles aún. Este será nuestro día y volveremos a la base como los triunfadores que somos.

—¡Así se habla! —saltó Meowth, palmeando a Jessie en la pierna.

El murmullo de una conversación los interrumpió. Se escondieron entre los arbustos para ver quiénes eran los responsables. Un adolescente, una chica y un chico con un Pikachu.

Al fin los habían encontrado.

La semana que viene subo otro capítulo, como lo vine haciendo todo este mes. Si tengo suerte, las publicaciones serán siempre semanales.

Todo review se agradece. Un beso.