Prompt: Duelo (muerte de un personaje)
Cuando Jiang Cheng se enteró de la tragedia, si era sincero, no estaba preparado para llorar.
Sobretodo porque ya llevaba casi cuatro años sin saber algo de él desde que habían cortado su relación. Incluso él había salido dos veces con algunas otras personas, pero era tan... insensible. Porque a HuaiSang lo quiso cuando todavía era un adolescente de quince años y no ahora, a sus casi veinte, cuando ya conocía las malas manías del amor.
Estaba buscando unas viejas cartas que sabía que necesitaría para escribir su columna de opinión, y ahí salió su perfil en esa red social.
Y maldita sea su curiosidad cuando decidió clickear sólo por saber. Y se encontró con su muerte.
Al principio no lo procesó. Claro que no podía ser real. Él le había dicho que se volverían a ver, que cuando HuaiSang tuviera una hija, se la presentaría, y esas promesas vanas y ridículas que se hacen los jóvenes enamorados y sin embargo, ahí estaba.
Con una arritmia tan mala que se sintió muerto en vida. Se levantó lentamente del sofá en el que estaba, y caminó como un zombi en dirección a su habitación. Una sola cosa resonaba en su cabeza.
"Wei Ying. Debo llamar a Wei Ying" y sabía que aunque fuera muy fuerte, la muerte de alguien era lo único que todavía no sabía frenar.
Timbró dos veces antes de rendirse. El pecho le pesaba y "¿no se suponía que HuaiSang ya no te gustaba?" sonaba en su cabeza desde la voz de WangJi, el novio de su hermano.
Es que todos conocían la situación del único enamoramiento fructífero de Cheng que se vino abajo por motivos desconocidos. Incluso para el mismo WanYin.
Se recostó en la cama tratando de respirar e ignorar el escozor de sus ojos. No le daría ese gusto a nadie.
Pero el teléfono timbró en su dirección y contestó, temiendo que su voz se rompiera.
-¿A-Cheng? ¿estás bien?
-No. —Contestó sincero, sintiendo que su respiración comenzó a ser irregular sin su permiso—, A-Sang murió. ¿Sabías?
El silencio duró unos segundos.
-A-Cheng, las bromas así no son divertidas ja, ja, ja. No te queda ser cómico. —Respondió con una voz temblorosa.
-El que menos bromearía con eso soy yo, Wei Ying. A-Sang murió. —Repitió, tratando de asimilarlo, ya con el rostro empapado totalmente en su contra.
-¿Cómo lo sabes? —Cuestionó Wei Ying casi tan pasmado como él; no era para menos, ambos solían ser amigos y repentinamente todo se derrumbó antes de que Cheng y HuaiSang terminaran.
Naturalmente WuXian se quedó con Cheng por el lazo casi familiar que encerraban.
-Deberías intentar pensar en escribir algo para desahogarte. Envíame el post y —Wei WuXian parecía tremendamente desesperado—, ¿qué hago? No sé consolar gente ¡A-Cheng, no, digo, sí, llora! ¡Por favor, llora! Sabemos que HuaiSang fue importante y
-Wuxian, A-Sang murió hace cuatro meses. —Agregó Jiang Cheng—, mañana se cumplen esos cuatro meses... —Dijo con un tono algo ido, porque todavía no reaccionaba a la situación—, ni siquiera fuimos al velorio. Nada.
Parecía enfadado consigo.
-Era imposible saberlo. Y no es tu culpa, Jiang WanYin. —La voz de Wei WuXian sonaba impositiva—, no es tu culpa enterarte ahora, ni lo que sea que haya ocurrido en el pasado. Tampoco es tu culpa haberlo amado tanto que hasta tus escritos hablan de él incluso ahora. Por Dios Jiang Cheng ¡No dejes que nadie te haga sentir que no tienes derecho a llorar!
Y se quebró después de eso. Un sollozo ahogado se escapó antes del grito final que desgarraba su garganta. Fueron horas tediosas, y Jiang Cheng se sentía culpable de estar usando el plan de minutos de WuXian, pero necesitaba llorar, sobretodo con alguien que le conocía bien, y aprovechando que su hermana y sus padres se encontraban fuera de casa.
Porque sus padres no supieron de la existencia de HuaiSang por mucho que Cheng les hubiera querido contar.
Fueron tres horas, un dolor punzante, el abrazo a un peluche más grande que su sobrino en estatura y un hambre que definitivamente fue provocado por el cause de sus lágrimas sobre sus mejillas ya salinas.
Fue ahí que Wuxian lo repitió.
-A-Yin, escribe. Por favor, no hagas lo mismo que cuando murió... —Wuxian tragó pesado—, no te reprimas. Por favor, escribe algo.
Y Jiang Cheng suspiró.
-Lo haré. Gracias. —Dijo.
-¿Sabes que te quiero? —Habló dulce WuXian—, avísame cuando llegue A-Li a casa, por favor.
-Te cortaré el maldito celular, Wei WuXian. —Murmuró entre dientes, sintiendo una rabia curiosa.
-Sé que también me quieres. Tranquilo. —Rió el chico tras el teléfono—, hablamos luego.
Y cortó, quedándose así con su soledad y ese dolor punzando en el centro de su pecho, royendo su barriga. Se levantó de la cama y sintió un dolor de cabeza profundo, como si algo afilado buscara perforarla. Se quejó por lo bajo yendo a la laptop donde estuvo antes, y ahí yacía abierto el perfil de Nie HuaiSang. También había un pequeño párrafo escrito por Mo XuanYu, y era casi imposible no deducir que ese chico fue el último novio de HuaiSang.
Antes de que este último se suicidara, por supuesto.
Cerró la pestaña y abrió un blog de notas en la computadora. Comenzó a escribir lo primero que llegara a su cabeza, pero solo había lágrimas espesas, ¿por qué? ¿por qué no dejaba de llorar? Si era un tema prácticamente superado.
¿Debería escribirle que sus sentimientos eran inexpresables? ¿debería disculparse? ¿pedir perdón? Aun se sentía culpable por permitir la ida de HuaiSang aunque ya no sintiera ese amor fogoso que quemaba hasta el tuétano.
Ahora solo era amor calmo e incondicional. Sabía que nadie le amaría como él amaba en ese momento a HuaiSang.
Había dejado de llorar hacia algunos minutos, pero eso no evitaba que sus ojos de vez en cuando se llenasen de lágrimas, y resbalaran por sus mejillas que estaban absurdamente cansadas.
Jiang Cheng se había encargado de avisarle a YanLi lo que había sucedido con HuaiSang, a lo que ella contestó que no hiciera estupideces. Luego le llamó llorando.
Temía por Jiang Cheng y por HuaiSang, porque ella y sólo ella sabía lo mucho que se amaban. Y también ella lo conocía. Lo apreciaba y lo quería.
WanYin volvió a su carta, recordando apenas como si fuera hace días cuando se correteaban y bromeaban, cuando la felicidad era la única emoción que cabía en el cuerpo de ambos, y se pavoneaban como los jóvenes más enamorados de su generación, incluso cuando a Wuxian aún no le gustaba WangJi.
Se estremeció al pensar que seguramente le tocaría decirle a todos que el amor de su vida había muerto. Y todavía conservaba ese título, porque habiendo amado a otros, todavía no borraba a HuaiSang de su corazón. Ni siquiera necesitaba hacer algo así.
Perfectamente podía vivir amando a dos personas, pero deseando a su pareja. Algo así como el amor de amistad que sentía por un amigo, pero más profundo. Así es lo que siente por HuaiSang aunque no debería.
Aunque nadie lo supiera.
Si había algo de lo que se arrepentía, era que nadie hubiera escuchado a tiempo que amaba realmente a HuaiSang. Ni siquiera él pudo estar en contacto con esas palabras que pudieron salvarle la vida. Recordando también sus ojos, trató de hacerlo con su risa, pero no había caso: su mente vivía tan en paz con el recuerdo del chico Nie, que había bloqueado su recuerdo. No podía memorar siquiera su voz llamándolo por esos apodos tan melosos y asquerosos... Que evidentemente en su tiempo le gustaban, porque llegaban desde la voz de HuaiSang, y todo lo que provenía del joven le parecía hermoso.
Ah, el amor joven que nunca veía la maldad del mundo.
Quizás podía escribirle otra cosa, como que las preguntas aún taladraban en su cabeza casi tanto como su dolor en esa zona, provocado por las lágrimas.
Tendría una migraña horrible al día siguiente. Pero solo quería tomar el primer vuelo a la ciudad del chico y buscar su tumba, hablarle, contarle las cosas que nunca le dijo, y entonces... Nada.
Sólo era por alivianar su vida que quería hablarle.
HuaiSang se fue. Hacia unos meses se había ido y no pudo decirle lo que sentía. Todavía pesaba tanto... ¿por qué HuaiSang decidió acabar con su existencia? ¿por qué él sí tuvo el valor del que Cheng siempre huyó? Todavía pensaba en ello mientras tecleaba, y claro, claro que seguiría doliendo.
Miró a la pantalla notando que las palabras se hacían tan falsas. Cada falacia ahí escrita, cada doble mímesis que no expresaba ni vagamente su sentir, se sentía tan fugaz y efímera. Un click y todo se iría, pero no así sus emociones.
Seguirían ahí, endebles.
Se martirizaba, sabía que si WuXian lo supiera, tomaría el primer autobús y se encargaría de golpearlo. Era mejor tener a Jiang Cheng inconsciente que triste, eso era de conocimiento público, por alguna razón que el joven prefería ignorar.
Siguió escribiendo, estando consciente de cosas como la silueta que había dejado HuaiSang en su pupila, e incluso sabiendo que su cuerpo ya no existía.
Después de un rato, las teclas estaban empapadas y seguramente saladas. Las marcas quedarían ahí, y Cheng no querría volver a tomar la computadora por un tiempo.
Una melodía sonaba atrás. Una canción que a HuaiSang le gustaba bailar imitando a un vals. Sintió repentinamente la reminiscencia llegar a él, y esas manos dulces de su exnovio sujetar sus hombros mientras se balanceaban.
"Algún día, si esto no dura, si terminamos, encontraré la forma de verte. ¿Te gustaré en ese tiempo, loto?" preguntó, mientras se balanceaba y WanYin apretaba el agarre en las caderas de HuaiSang.
"Claro, diamantito. Pero no seas idiota, no tendremos que separarnos, así que no busquemos la forma de vernos" respondió, mientras HuaiSang se reía de su apodo, porque siempre supo que Cheng era pésimo para los motes cursis y sin embargo lo intentó.
Y sin embargo, llovía para demostrar que fue el unico que dijo verdades a pesar de que siempre le había creído a Nie HuaiSang.
Tuvo que hacer una pausa, ya que continuaba llorando cada vez que pensaba en eso. En su ausencia que no marca ningún cambio en su persona, más que pensar necesitaba honrar su presencia de alguna forma, porque le recordaría por siempre, aunque HuaiSang, a esas alturas de su vida, no contara con ello en absoluto.
Una sola cosa le pesaba, y era sentir que no le había agradecido la seguridad y estabilidad que había sentido en su romance. Todas las veces que estuvo con otras personas, sintió que lo dejarían, pero HuaiSang le hacía sentir tan amado... Tan respetado y tan tolerado que por ello no pudo detenerle cuando se marchó.
Siempre conservó la esperanza de algún día volver a verlo. Nunca ha dudado de que le amó, y esperaba que HuaiSang no dudara de su amor por él.
Recuerda las veces fallidas en las que fue a buscarle y no pudo hallarlo. Suspira sintiendo algo de tristeza, porque ya duelen sus dedos de tanto escribir.
Escuchó su teléfono sonar y miró hacia él.
"A-Cheng, mañana iremos a casa de A-Xian. Alista tus cosas" escribió su hermana. Se levantó mirando la carta. Tres mil palabras eran escasas. Él le amaba más que eso, pero ya le dolía la cabeza.
Ni siquiera XiChen podía consolarle, y aunque le pidiera que hablaran, Jiang Cheng se desconectó de las redes sociales.
Espacio, tiempo, ganas, cansancio... Quería todo eso y nada.
Sonrió mientras se acercaba nuevamente a la computadora y escribió lo importante.
¿Por qué? ¿por qué a HuaiSang le gustaba Jiang Cheng? ¿cómo podía encontrar adorable sus pucheros? ¿sus gritos? ¿sus quejas y regaños? La cosa más curiosa que le pasó en la vida fue ser amado por alguien como Nie HuaiSang. Ser correspondido y sentirse pleno era otra cosa extraña en él que no había podido experimentar a gusto con otros. No sin el joven que ahora yacía muerto.
Esa carta era en la memoria del amor que alguna vez habían vivido, para dejar testimonio de ello, de su realización amorosa, de la existencia de HuaiSang que, ahora que recuerda, también está en un cartel donde le escribió cuánto le amaba.
Su rostro se siente seco y casi difícil de mover. Sabe que ya no sigue llorando porque su pecho está cálido. No recordaba tantas emociones diversas, sólo el enojo, la tristeza y la ira.
HuaiSang le seguía sorprendiendo incluso después de muerto. Sonrió ladino mientras suspiraba.
Decidió cesar todo con la frase que solían decirse cada noche, mientras tanteaba buscando algún dulce.
Iría a ver a Wei Ying, y él no permitiría que estuviera triste. Sólo quedaba suspirar.
"Te quiero, te adoro y te amo, mucho más a mil millones de diamantes.
Con cariño, tu vieja flor de loto".
