¡HOLA! Como podéis ver no estoy muerta. Espero que os guste el capitulo. Como siempre mi agradecimiento a Lane_ZQ por el inestimable beteo


Draco entró en el despacho sin entender nada de lo que pasaba. Hermione lo seguía de cerca, cogida de su mano, detalle que no pasó desapercibido para el padre del chico, que sonrió con ironía.

—Señor Nott, avise al director de que vamos en camino, por favor —McGonagall reflexionó un instante—, y espere con él, parte de lo que vamos a discutir también lo incumbe a usted.

—Por supuesto, profesora —Theo asintió haciendo una pequeña inclinación con la cabeza, y se fue a cumplir con la tarea.

—Hola, Padre, ¿cómo estás? —Cerró la puerta antes de sentarse, todo sin soltar la mano de su amiga.

—Siempre tan educado, hijo —Lucius suspiró, cansado, perdiendo por el camino algo de su sonrisa—. Los buenos modales me obligan a contestar que bien, pero estoy cansado de mentiras. Tengo frío, hambre y miedo, mucho miedo. Miedo por ti, por tu madre y por lo que nos puedan hacer a todos. —Los tres lo miraban, boquiabiertos. Lucius Malfoy no parecía él mismo.

—Será mejor que nos pongamos en marcha —dijo McGonagall tras un breve silencio.

—Sí, será lo mejor —Lucius empezó a levantarse, pero un rictus de dolor deformó su cara—. ¿Draco, puedes ayudarme —un momento de vacilación—, por favor?

Tardó un par de segundos en reaccionar, era la primera vez que su padre le pedía algo así. Hermione le dio un pequeño empujón, como animándolo, y el muchacho fue a prestar socorro a su padre.

Al acercarse, se dio cuenta de que estaba mucho peor de lo que había imaginado, su estancia en Azkaban no había sido benevolente en absoluto.

Caminaron en silencio hasta el despacho del Director, que los esperaba con té y algunas pastas y golosinas.

—Lucius, me alegro de verte —dijo Dumbledore, invitándoles a sentarse con un gesto—. Toma una taza de té y caliéntate junto a la chimenea.

—Gracias.

Se quedaron un par de minutos en silencio, tomando té y sin saber cómo empezar la conversación.

—Bueno, imagino que no has pedido verme a estas horas para tomar un té, ¿verdad?

—No, aunque lo echaba de menos —intentó bromear, irguiéndose en la silla—. La verdad es que he acudido a vosotros porque esta situación se ha escapado a mi control. No quería fugarme de Azkaban, pero mi "querida" cuñada no me dió la más mínima opción. —Suspiró, cerrando los ojos y presionándolos con los dedos—. Ahora no sé qué hacer, se me plantean dos opciones: la primera es irme a Francia con mi mujer y olvidarme de todo. Quedarme allí, lejos de lo que se nos viene a todos encima y salvarme. En segundo lugar —continuó diciendo tras una pausa—, puedo quedarme y ser un espía para la Orden… pero debo deciros que el Lord ya empieza a sospechar que no estoy tan convencido de sus ideas como antes.

Dumbledore lo miró durante unos momentos, evaluando la situación.

—Creo que haremos como decía Siddharta y tomaremos el camino medio. —Levantó una mano parando las protestas de los presentes—. Escribe a Bellatrix, dile que necesitas recuperarte y poner tus asuntos en orden con Narcissa después de este tiempo en Azkaban. Ve a Francia, descansa, y un poco más adelante veremos qué hacer respecto a tu segunda propuesta.

—Pero Draco…

—Draco está a salvo en entre estos muros —dijo con voz clara, zanjando el tema.

—Tengo algo más que comunicarte —agregó el patriarca de los Malfoy, tendiéndole una hoja de papel.

El director la cogió de entre sus manos temblorosas y la leyó con calma, sin que su cara revelase en ningún momento lo que contenía.

—Señor Nott, lo que tengo entre mis manos es una carta entregando su custodia legal a Narcissa Malfoy.

—¿Cómo? —La cara de normal impasible del muchacho estaba demudada.

—Tu padre tiene miedo, chico. Y con tu madre fallecida no sabía a quién más acudir. —Su voz volvía a estar cargada de cansancio—. Nuestras celdas estaban juntas y hablamos mucho durante nuestro encierro. Intentábamos conservar la poca cordura que nos permitían los dementores. Fueron muchos días, semanas, meses… en lo que lo único que nos mantenía vivo en aquel infierno era vuestro recuerdo. Y si algo sacamos en claro de la experiencia es que no vamos a permitir que terminéis como nosotros, marcados como ganado —se subió la manga, mostrándoles la señal mientras la miraba con asco—, y siguiendo a un loco que solo se preocupa de sí mismo. Por eso os vamos a mantener a salvo, alejándoos del Lord tanto como sea posible. Ahora mismo la única forma de conseguirlo es poneros bajo el manto protector de mi ex-mujer y de la Orden.

Todos guardaron silencio, demasiado impactados y sorprendidos por sus palabras como para añadir algo. El carraspeo de la Subdirectora los devolvió a la realidad.

—Señorita Granger, es hora de volver a su casa. Dejemos que el Señor Malfoy se despida de su padre.

Hermione no discutió en aquella ocasión y, tras despedirse con una reverencia nerviosa, se marchó a la cama con la cabeza llena de ideas contradictorias.


Los Slytherin llegaron a las mazmorras en silencio. Era demasiada información como para asimilarla sin problemas.

—¿Te vienes a la cama? —preguntó Draco, sin girarse.

—¿Es una invitación?

—Por supuesto, Doré —En esta ocasión sí que lo miró, con su sonrisa sin humor, esa que usaba para ocultar lo que sentía. Pero se podía ver desde lejos que estaba jodido—. Todo el mundo sabe que estoy enamorado de ti hace años. —Nott se rió ante la ocurrencia y, cerrando la distancia entre ambos, le puso una mano en el hombro.

—Creo que me quedaré un rato aquí, pero gracias por hacerme reír.

Draco se despidió con la mano mientras se marchaba por el pasillo.

—Tori, es de mala educación escuchar a tus mayores —dijo Theodore cuando estuvo seguro de que el otro no le oía. Después se acercó a uno de los sofás y se dejó caer junto al fuego. Sentía como si el invierno se le hubiese metido dentro.

—Que se joda la buena educación. —Salió de las sombras donde había estado escondida—. Estaba preocupada.

—¿Por mí? —Bajó la cabeza con los codos apoyados en las rodillas, impidiendo que pudiese ver su cara.

—Para nada, es Malfoy quien me quita el sueño —respondió, sentándose junto a él y dándole una colleja—. Pues claro que por ti.

Él reaccionó abrazándola con fuerza por la cintura.

—Mi padre ha… —respiró hondo— ha renunciado a mí. Ahora mi tutora legal es la madre de Malfoy.

Astoria ahogó un grito de sorpresa al oírlo, y sólo lo abrazó más fuerte. ¿Qué se puede decir en una situación así?

—Según el Señor Malfoy lo ha hecho para protegerme, pero…

—¿Pero?

—No conoces a mi padre, Astoria. No es el tipo de persona que reflexiona y cambia de opinión.

—La gente cambia, Theo.

—No mi padre, Tori. Aún recuerdo cuando mi madre le pidió dejarlo todo, irse lejos y olvidarse de esta porquería, y él simplemente se negó. —Se detuvo un momento y suspiró hondo, refrenando las lágrimas—. Ella terminó muriendo de pena, no soportaba vivir rodeada de mortífagos y sus intrigas.

—Lo siento mucho.

El silencio se instaló entre ellos y se quedaron allí, sentados, contemplando las llamas sin atreverse a decir nada que rompiese el momento y los devolviese a la realidad.


—Harry, Harry —Ron le sacudía el hombro como si no hubiese un mañana, consiguiendo sacarlo de un sueño muy agradable.

—¿Qué? —Se puso las gafas y miró a su mejor amigo, que lucía una enorme sonrisa.

—Tío, tu madre y Sirius.

—¿Qué les pasa?

—¡Están Aquí!—gritó emocionado.

Harry se levantó de un salto y, poniéndose lo primero que tenía a mano, bajó casi rodando las escaleras. Allí estaban, esperándole frente al fuego.

Corrió hacia ellos y, sin importarle quién pudiese estar mirando, abrazó a su madre. Aunque los había visto en Navidad, era muy consciente de que el tipo de misiones que realizaban podían volver a dejarlo huérfano con demasiada facilidad.

Tras los saludos iniciales se retiraron a un sitio más privado.

—Harry, tenemos algo que decirte —Sirius no parecía muy contento de estar en su pellejo en ese momento y, aunque sintió por un momento la tentación de hacerlo sufrir, al final no fue capaz.

—Lo sé.

—¿Cómo que lo sabes? —preguntó su madre—. ¿Qué crees que sabes?

—Os ví en nochevieja, sé que estáis juntos. —Los tres se quedaron en silencio durante un momento—. Me parece bien. Creo que os merecéis ser felices… aunque tardaré un poco en hacerme a la idea.

Lily volvió a abrazarlo.

—Estas creciendo demasiado rápido.

Pasaron juntos más de una hora poniéndose al día, y en todo ese rato la pelirroja no soltó la mano de su hijo. Por desgracia el tiempo se agotó y los dos adultos tuvieron que irse a cumplir con la misión que les había llevado al castillo.

Mientras Lily iba a despedirse de Ron, Sirius aprovechó para quedarse a solas con Harry.

—Aprovechando que tu madre no nos escucha, ¿cómo va el tema de la chica? —Harry alzó una ceja, sorprendido.

—¿Qué chica?

—Vamos, mini-Potter, me pasé siete años compartiendo cuarto con tu padre y te he visto crecer… ¿De verdad creías que no iba a darme cuenta de lo tuyo con mini-Weasley?

Se lo quedó mirando, alucinado. La gente tendía a subestimar a Sirius, debido a su infantil sentido del humor y a su afición a gastar bromas (sin gracia la mayoría de las veces); pensaban que era idiota. Pero no era el caso.

—Acabamos de empezar —terminó por decir—. No quería cagarla.

—No creo que seas capaz de cagarla, por lo menos, no aposta.

—Eso espero.

Sirius miró a ambos lados y, cuando se convenció de que estaban solos, le entregó un espejo.

—Esto era de tu padre, yo tengo uno igual, si me necesitas, para lo que sea, sólo tienes que llamarme.

Harry los acompañó hasta el último momento. Mientras recogían a Lucius para llevarlo a su destino en Francia y los miraba alejarse, rumbo a las afueras del castillo donde podrían usar el traslador, el viento le trajo una frase

—Vamos, Stacy Malibú, te va a encantar el pan francés.

Y con una sonrisa, apretando el espejo en su bolsillo, volvió a la sala común sintiéndose un poco mejor.


Los días pasaban sin pena ni gloria para Harry. Aunque la gente había empezado a dejar de creer en las mentiras de Umbridge y el Ministerio (incluso algunos compañeros lo paraban en los pasillos para pedirle perdón por haber dudado de su cordura), la Inquisidora no paraba de sacar decretos para intentar refrenar los rumores. Los únicos momentos de paz que tenía Harry eran las reuniones del ED, donde podía hacer algo para luchar contra lo que se les venía encima. Estaba particularmente orgulloso del progreso de Neville, que había pasado a ser uno de los alumnos más lentos a equipararse con el propio Alexandretti, al que incluso desarmó en una ocasión. Después de leer acerca de la fuga de la asesina de sus padres había redoblado sus esfuerzos y eso daba sus frutos.

Además, después de cada reunión podía estar a solas con Gin un rato.

Le gustaba quedarse con ella a oscuras, apenas iluminados por la tenue luz de la luna y besar sus labios durante horas. Sus manos se anclaban en la cintura de la chica y nunca iban más allá.


Ginny entró en el despacho donde Draco y Hermione estudiaban. Se quedó mirando a su amiga, rodeada de códices, pergaminos y plumas.

—¿Hermione, me dejas a Draco?

—Ahí lo tienes —contestó—. Ahora mismo no lo estoy utilizando. —Y volvió a sus libros.

El aludido bajo el libro que había estado leyendo. Tenía la ceja alzada y una sonrisa torcida.

—"No lo estoy usando" —dijo él, imitando el tono de la chica con cierto retintín—. Como si yo fuese un vaso...

—¿Has terminado?

—Sí, pelirroja, he terminado. —Suspiró de forma teatral y dejó el libro a lado para prestarle toda su atención.

—¿Draco, crees que estoy buena?

—¿Quieres sinceridad?

—Brutal.

—En una escala del uno al diez, donde uno es troll y diez es veela, yo diría que eres... —La miró de arriba abajo—. Un doce, y aunque me la cortasen después... Habría merecido la pena.

—¡Draco! Tus modales. —Hermione no había ni levantado la cabeza.

—Celos —le dijo a la pelirroja con una sonrisita de suficiencia.

—Ya te gustaría.

—Admítelo, Minue, sabes que eres un ocho y eso te duele. —El intento por picarla era tan evidente que la chica sólo lo miró con una ceja alzada.

Ginny se sentó en un sofá al lado del rubio.

—¿Qué ocurre, Potter está siendo un burro? Puedes pedirle a Hermione que le dé una tunda. Aún me duele la torta que me dio en tercero.

— No, es sólo —se miró las manos— que cuando estamos juntos...

—¿Sí?

—Bueno, él siempre parece contenerse.

—Y tú no quieres que se contenga. —Draco cogió su mano entre las suyas—. En mi experiencia tratando con Harry he advertido que es inmune a todo tipo de sutilezas, lo único que puedes hacer es decírselo.

—¡Me moriría de vergüenza!

—Pues no digas las palabras. Consigue que lo entienda de otro modo. La relación es de los dos, Gin, no es justo que sólo él marque los límites.

—Hipócrita —la voz enfurruñada de Hermione volvió a surgir de entre el montón de papeles que la ocultaba.

—No, querida. Lo mío es un requisito, no una limitación.

—Semántica, Sly.

—Creo que mejor me marcho —le dijo Ginny a Draco, levantándose—. Muchas gracias por el consejo.

—De nada, pelirroja.

Cuando su amiga salió de la habitación, Draco miró a Hermione, todo sonrisas.

—¿Quieres venir y contarme lo que te pasa?

—Ven tú, hay la misma distancia.

Draco se levantó caminando hacia la mesa llena de libros y se sentó en la silla que estaba junto a la de Hermione.

—No hemos hablado desde que Lily y Sirius se llevaron a tu padre.

—No hay mucho que contar, Minue —respondió él, evasivo.

—No me lo trago. Llevas raro desde que se marchó.

Con una sonrisa traviesa, tiró de su corbata, haciendo que se acercase, y la besó.

—Draco… para.

—Está bien —contestó, subiendo ambas manos, como rindiéndose—. No sé qué pensar de todo esto. —Ella se quedó en silencio, esperando—. Mi padre me ha criado para odiar todo lo muggle y para apoyar todo lo que defiende el Lo… Voldemort. No sé si fiarme, Minue, aunque tiene motivos de sobra para volverse contra él, no sé si puedo confiar en que sea sincero… Lo he visto mentir demasiadas veces.

Hermione suspiro y lo abrazó con todas sus fuerzas, no envidiaba la situación en la que se encontraba su amigo en este momento. Y tampoco sabía qué decirle, así que descansó la cabeza en el hombro de Draco, ofreciendo así su apoyo incondicional.


Harry recorría los pasillos bajo la capa. Gin le había pasado una nota durante la cena, citándolo en la Sala de los Menesteres. Llevaba toda la semana actuando de forma muy extraña y cuando le preguntaba a Hermione sobre el tema, su amiga sólo respondía a sus preguntas con un: "Habla con ella". ¿Hablar? ¿Cómo iba a hablar si cada vez que se acercaba ella salía corriendo? Quizás iba a dejarlo. Quizás, tras tanta expectativa, él no había sido capaz de llenar la idea que ella se había hecho. Quizás la realidad le había roto la burbuja.

La vio junto a la estatua, medio escondida entre las sombras, mirando el cielo a través de uno de los ventanales. Y el corazón se le detuvo entre dos latidos. Nadie encuentra a su amor verdadero a los quince, eso simplemente no pasa, pero por Dios que ella era lo más increíble que nunca hubiese contemplado. Tomó aire, y mientras se acercaba fue desprendiéndose de la capa. De forma lenta, como si ese trozo de tela mágica lo separase de la desolación. Había perdido a cada persona importante de su vida. Su padre muerto, su madre y su padrino lejos, perdidos en las intrigas de la guerra… Y ahora ella.

Le tocó el hombro, con miedo de hablar por si el nudo que se le había formado en la garganta se desataba en forma de torrente de lágrimas. Qué estúpido. Qué estúpido creer que alguien como ella podría… Ahora ya daba igual.

En silencio pasearon, en silencio traspasaron la puerta y, en silencio, sin tocarse, miraron el lugar donde su imaginación los había llevado.

Harry había esperado ver la sala donde se reunía el ED, pero en su lugar estaba en una habitación espaciosa decorada en tonos azules. Había una ventana por donde entraba la luz de la luna y varios posters de las Arpías colgaban de las paredes. Un tocador, una cama y un armario completaban el mobiliario.

—Es mi habitación.

—Gin, he visto tu habitación y esta no se parece en lo más mínimo.

—No lo entiendes, Potter, esta es la habitación que siempre he deseado tener, la que siempre he imaginado.

¿Potter, acababa de llamarlo Potter?

—¿Qué pasa, Gin, por qué me has traído aquí?

Se giró, mirándolo por primera vez en días, y con dos zancadas se plantó a su lado. Lo sujetó por la corbata y sin mediar palabra lo besó.

Fué distinto a todo lo que habían compartido, parecía furiosa y transfería esa rabia a su boca. Podía notar sus dientes mordiendo al límite del dolor, su lengua ansiosa, casi desesperada, recorriéndolo mientras su desconcierto apenas le permitía seguirle el ritmo.

Se separaron para respirar, aún un poco aturdidos.

—Gin. Háblame.

—Eres imbécil.

Genial, la primera palabra en días y era para insultarlo.

—¿Me explicas qué he hecho?

—Es más bien lo que no has hecho. —Se giró, dándole la espalda—. Me has besuqueado, manoseado y toqueteado en cada armario de aquí a Gales. Frente al fuego de la sala común, incluso frente a todo el colegio en el Gran Comedor. —Hizo una pausa para respirar—. Todo eso cuando ni siquiera estábamos juntos. Y ahora que lo estamos —alzó los brazos, aún sin mirarlo, abrazándose a sí misma—, ahora que no me siento culpable por pensarte en cada beso… nada.

—Gin, yo… no quería presionarte. —Se acercó a ella y alargó la mano para tocarla.

—¿De verdad crees que haría algo que no quisiera hacer? —Lo miró con rabia—. ¿Es que no me conoces?

—No pensé… yo...

—Estoy cansada, Potter. Quizás deba hacer como Hermione y buscarme un Slytherin, está visto que los Gryffindors sois estúpidos. —Se dio la vuelta, dispuesta a irse, pero la mano de Harry se cerró alrededor de su muñeca.

—No, no te irás. —Tiró de ella y la sujetó por la otra muñeca.

—No eres mi dueño.

—Nunca he pretendido serlo. —Tomó aire, intentando calmarse—. Pero vas a escucharme. Cada vez que estoy contigo, tengo que esforzarme por ser paciente y delicado…

—¡Yo no te lo he pedido! —gritó ella.

—¡Tienes catorce años! —le gritó él de vuelta.

—¡Y tú quince! —chilló, enfadada—. ¡Tenias mi edad cuando te estrenaste!

Estaban parados frente a frente, los puños apretados y la respiración alterada por el enfado. Sin saber quién había dado el primer paso volvieron a besarse, esta vez ninguno se guardaba nada.

Tropezaron por la habitación hasta caer sobre la cama.

—No es lo mismo... —empezó a decir, pero ella no lo dejó continuar, girando y situándose encima.

—Cállate, porque como te atrevas a decir que es diferente porque eres un chico te juro que te lanzo tal hechizo que te vas a estar quitando mocos un mes.

Iba a responder, quería hacerlo... Pero no podía, sólo quería mirarla para siempre. Enfadada, preciosa, demasiado buena como para no confundirla con un sueño.

—Te quiero.

Ella lo miró, con la furia desapareciendo de sus ojos como un terrón de azúcar en un vaso de agua.

—No puedes decirme eso. No ahora. ¿Cómo voy a seguir enfadada?

El rió con suavidad al oír humor bajo el reproche y, cogiéndola por la cintura, la besó.

Fue una noche larga, llena de palabras, besos y caricias. Y a la mañana siguiente, cuando Harry volvió a su cama, estaba cansado, feliz y aún más enamorado.


Harry tenía la impresión de que la profesora Umbridge lo estaba privando metódicamente de todo lo que hacía que su vida en Hogwarts resultara agradable: las visitas a la cabaña de Hagrid, las cartas de Sirius, su Saeta de Fuego y el quidditch. Y él se vengaba de la única forma en que podía: redoblando sus esfuerzos con el ED.

A Harry le habría gustado progresar en Oclumancia tanto como Neville en las reuniones del ED. Las clases particulares de Harry con Snape, que habían empezado con mal pie, no habían mejorado nada. Más bien al contrario: Harry creía que cada vez lo hacía peor.

Antes de empezar a estudiar Oclumancia, la cicatriz le dolía ocasionalmente, la mayoría de las veces por la noche, o después de una de aquellas extrañas percepciones de los pensamientos o del estado anímico de Voldemort que experimentaba de cuando en cuando. Ahora, en cambio, la cicatriz le dolía casi constantemente, y muy a menudo sentía arrebatos de fastidio o de alegría que no estaban relacionados con lo que le estaba ocurriendo en ese momento, y siempre iban acompañados de una punzada especialmente dolorosa en la frente.

Tenía la horrible sensación de que poco a poco se estaba convirtiendo en una especie de antena sintonizada para detectar las más leves fluctuaciones del humor de Voldemort, y estaba seguro de que podía determinar, sin equivocarse, que aquel aumento de su sensibilidad se había iniciado en la primera clase de Oclumancia con Snape. Es más, ahora, casi todas las noches soñaba que iba por el pasillo hacia la entrada del Departamento de Misterios, y en el sueño siempre acababa de pie, ansioso, ante la sencilla puerta negra.

—A lo mejor es como una enfermedad —sugirió Hermione, un tanto preocupada, cuando Harry se sinceró con ella y con Ron—. Un virus o algo así. Tiene que empeorar antes de empezar a mejorar.

—Las clases con Snape lo están agravando —aseguró Harry con rotundidad—. Estoy harto de que me duela la cicatriz y de recorrer ese pasillo todas las noches. —Se frotó la frente con fastidio—. ¡Ojalá se abriera esa puerta porque estoy hasta la coronilla de quedarme allí plantado mirándola!

—No tiene ninguna gracia —opinó Hermione con aspereza—. Dumbledore no quiere que sueñes con ese pasillo; si no, no le habría pedido a Snape que te enseñara Oclumancia. Lo que tienes que hacer es esforzarte un poco más en las clases.

—¡Ya me esfuerzo! —protestó Harry, molesto—. Pruébalo un día y verás. A ver si a ti te gusta que Snape se meta dentro de tu cabeza... ¡Te aseguro que no es nada divertido!

—A lo mejor... —intervino Ron.

—A lo mejor ¿qué? —dijo Hermione con brusquedad.

—A lo mejor Harry no tiene la culpa de no poder cerrar su mente —repuso Ron, misterioso.

—¿Qué quieres decir? —le preguntó la chica.

—Pues que... quizá Snape en realidad no intente ayudar a Harry... —Éste y Hermione lo miraron con fijeza. Ron, por su parte, miraba elocuentemente a sus amigos—. Tal vez — prosiguió bajando un poco la voz— lo que intenta es abrir un poco más la mente de Harry... Ponérselo más fácil a Quien-vosotros-sabéis…

—Cállate, Ron —le espetó Hermione—. ¿Cuántas veces has sospechado de Snape y cuándo has tenido razón? Dumbledore confía en él, trabaja para la Orden, con eso tendría que bastarte.

—Era un mortífago —afirmó Ron con testarudez—. Y no tenemos pruebas de que verdaderamente se cambiara de bando.

—Dumbledore confía en él —repitió Hermione—. Y si nosotros no confiamos en Dumbledore, no podemos confiar en nadie.—se quedó callada pensando en algo, y entonces se le iluminó la cara—. Tengo una idea, Harry.

—Me da miedo cuando tiene ideas.

—Cállate, Ron.

—No me mangonees, no eres mi madre.

—Por suerte para ti, jovencito, si lo fuese te habrías llevado unos azotes en el culo para enseñarte modales.

Harry no pudo evitar reírse ante semejante despliegue de normalidad, hacía mucho tiempo que no los oía discutir como antes..

—¿Qué hacéis? —Ginny se acercó a ellos y le dio un beso a su novio.

—Yo, irme antes de morirme de asco —contestó Ron, levantándose—. Que lo apruebe no significa que quiera verlo.

—Si te dijese por dónde me paso tu aprobación nuestra madre me castigaría hasta los treinta.

—Mejor nos vamos antes de que los pelirrojos se maten. —Hermione sujetó a Ron del brazo, llevándoselo a rastras—. Cosas de prefectos, ya sabéis.

—Deberíamos regalarle algo, si no fuese por ella, mi hermano no nos dejaría ni a sol ni a sombra.

—Me parece una gran idea —sonrió él, sin dejar de mirarla con adoración.

A la hora de la cena, Hermione le hablo a Harry de su idea. Draco podría darle las clases de Oclumancia. Siempre era mejor opción que la de Snape. Le mandaron una carta al director, ya que conseguir hablar con él personalmente era casi imposible, y a los dos días les llegó la carta de respuesta donde les concedían el permiso.


Harry no sabía muy bien que esperarse de las clases con Draco, pero como había argumentado su mejor amiga, cualquier cosa era mejor que Snape. El Slytherin había programado las clases a las mismas horas que el equipo de quidditch hacia las prácticas, de esa forma no tenían que preocuparse por un horario más para hacerlo coincidir con el ED.

Llegó a la guarida a la hora que habían acordado y llamó a la puerta.

—Adelante. —Entró y se encontró con un gran espacio vacío en el centro de la habitación, cubierto por una alfombra—. Buenas tardes, Potter.

—Malfoy —contestó, soltando la mochila en el suelo.

—Le dije a Hermione que vinieses con ropa cómoda. —Lo miró de arriba a abajo con evidente desaprobación

—¡Esto es cómodo!

—No, Potter, lo que yo llevo es cómodo, eso son vaqueros. Quítate los zapatos y los calcetines.

Harry le hizo caso y, cuando terminó, Draco lo cambió de ropa con un movimiento fluido de varita. Ahora ambos vestían pantalones de algodón anchos y camisetas con capucha del mismo material, que se ajustaban a sus torsos y brazos para permitirles facilidad de movimientos. Todo en un bonito color verde musgo. Harry alzó una ceja y, moviendo su propia varita, transformó el color de su vestimenta en un granate oscuro.

—Bueno, si ya has terminado de jugar a "viste a la bruja" podemos continuar. —Draco le indicó con un gesto que se acercase—. Además, el otro color iba más con tus ojos, tienes muy poco gusto.

—Draco, estamos solos, nadie se va a fijar en si la ropa va con mis ojos —dijo sonriendo mientras se acercaba.

—Es cuestión de estilo, Potter. —Suspiró de forma sonora—. Ahora siéntate a mi lado, comenzaremos por la respiración.

—Ya sé respirar.

—Crees que sabes respirar, no es lo mismo. —Se sentó, esperando a que el Gryffindor hiciese lo mismo y, cuando lo hizo, asintió—. Deja de resistirte, Potter.

—No me resisto.

—Sí que lo haces, a cada paso. Cuando algo no te convence, o no terminas de entender la razón detrás de hacerlo, te resistes hasta el aburrimiento. Por eso no eres mejor en Pociones, no es que no puedas, es que no quieres hacerlo.

Harry se quedó pensando un rato, y se dio cuenta de que era verdad. Tendía a resistirse a lo que no quería hacer, perdiéndose muchas cosas en el proceso. Pues en ocasiones hay cosas que de entrada no parecen buena idea, pero después resultan ser de lo más útiles y beneficiosas.

Le hizo caso a Draco desde ese momento y este le enseñó el modo de respirar para conseguir una concentración más profunda.

—Hay muchas maneras de respirar, Potter. Comenzaremos con la más básica, que es la respiración abdominal. Túmbate y pon ambas manos en tu abdomen. Ahora expulsa todo el aire de tus pulmones hasta dejarlos vacíos. Inspira llevando el aire hacia tu abdomen, nota como tus manos se elevan. Retén el aire unos segundos. Expulsa el aire de forma lenta y controlada. Siente tus pulmones vacíos y vuelve al principio.

En teoría el ejercicio era sencillo, llevaba respirando toda su vida sin problemas… pero en la práctica las dos horas pasaron volando mientras conseguía dominar aquello.

—Ahora es importante que lo practiques —le comentó Draco, ofreciéndole una mano para ayudarle a levantarse—. Si lo haces antes de dormir, verás cómo te ayuda a conciliar el sueño.

—Gracias por todo —dijo de corazón, dándole la mano. En dos horas con su ex-némesis había conseguido más avances que en el tiempo que había practicado con Snape.

—De nada, Harry —Y su voz carente de ironía consiguió hacer que su día fuese un poco mejor.


Había tantas cosas por las que preocuparse y tanto que hacer (una cantidad asombrosa de deberes que muchas veces tenía a los estudiantes de quinto curso trabajando hasta pasada la medianoche, las sesiones secretas del ED y las clases particulares con Draco) que el mes de enero estaba pasando a una velocidad alarmante. Antes de que Harry se diera cuenta, había llegado febrero, con un tiempo más húmedo pero menos frío, y la perspectiva de la segunda excursión del año a Hogsmeade.

Harry había tenido muy poco tiempo para planear con Gin lo que iban a hacer, aunque con estar juntos les bastaba.

La mañana del día 14 se vistió con especial esmero. Ron y él entraron a desayunar en el mismo momento en que llegaban las lechuzas con el correo. Hermione estaba cogiendo una carta del pico de una desconocida lechuza marrón cuando ellos se sentaron.

—¡Ya era hora! Si no hubiera llegado hoy... —comentó; a continuación, abrió con ansiedad el sobre y extrajo un pequeño trozo de pergamino. Leyó el mensaje a toda velocidad, y una expresión de triste placer apareció en su cara—. Harry, Ginny —dijo, levantando la cabeza—, esto es muy importante. ¿Creéis que os podríais reunir conmigo en Las Tres Escobas hacia mediodía? —Se miraron el uno a la otra y encogieron los hombros.

—Imagino que si es tan importante para ti podremos dejar de besuquearnos durante unos minutos —respondió la pelirroja con guasa.

—Nos vemos allí.

En principio Ron y Ginny iban a quedarse en el castillo entrenando con el equipo, pero ante la súplica de sus hermanos, Fred había convencido a Angelina de darles el día libre por el hábil método de secuestrarla con la ayuda de Alicia y George. Según sus palabras necesitaba un día libre o terminará siendo un Wood II, y nadie deseaba eso.

Harry y Ginny se encontraron a la salida del castillo. Ron también estaba con Skie, que miraba a Angelo y Riva. Hermione se acercó seguida de Draco para recordarle su cita de mediodía. Y al ver como sus amigos se alejaban con sus parejas se dio cuenta de lo dificil que a veces se volvían las cosas más simples.

—¿Estás bien? —la mano de Gin se coló en el bolsillo de su chaqueta, apretando la suya.

—Sí, sólo pensaba en nuestros amigos y sus parejas.

—Ahh, eso. —Los siguió un momento con la mirada—. Se podría decir que nos juntamos con una buena panda de imbéciles.

—¿Nosotros ya no lo somos? —susurró él junto a su oreja, divertido.

—No, Potter. Nosotros somos listos y por fin estamos con quien queremos estar. Y a quien no le guste, que no mire.

—¡Qué lista eres!

—Deberías tatuártelo en el brazo, así nunca lo olvidaré. —Sus palabras dichas con tono petulante y la nariz alzada hicieron a que Harry se olvidase de todo y riese a carcajadas.

Pasaron una mañana genial mirando escaparates, paseando por el pueblo, cogidos de la mano y riendo sin parar.

—¡Harry!¡Ginny! ¡Aquí, Harry!

Hermione les hacía señas con una mano desde el otro extremo del pub. Harry fue hacia ella atravesando el concurrido local sin soltar la mano de su novia para no perderla entre la multitud. Cuando todavía estaba a varias mesas de distancia, se dio cuenta de que Hermione no estaba sola. Estaba sentada a una mesa con dos personas a las que jamás habría imaginado encontrar con ella: Luna Lovegood y nada más y nada menos que Rita Skeeter, ex reportera de El Profeta y una de las personas a las que Hermione más despreciaba en el mundo.

—¡Qué pronto habéis llegado! —exclamó su amiga mientras se apartaba para hacerle sitio— ¡No esperaba veros hasta al menos dentro de una hora!

—¿Y tú quién eres? —saltó Rita de inmediato retorciéndose en la silla para mirar con avidez a Ginny—. ¿Su chica?

Agarró su bolso de piel de cocodrilo y se puso a hurgar en él.

—¿A ti qué te importa? —le dijo Hermione a la periodista con descaro—. No es asunto tuyo, así que guarda eso ahora mismo.

Rita se disponía a sacar una pluma de color verde amarillento de su bolso, pero lo cerró y puso una cara horrible, como si le hubieran hecho beber jugo fétido.

—¿Qué estáis tramando? —preguntó Harry, que se sentó y miró sin comprender a Rita, Luna y Hermione.

—Doña Perfecta estaba a punto de contármelo cuando habéis llegado —dijo la periodista, y dio un buen trago de su bebida—. Supongo que estoy autorizada a hablar con él, ¿no? —le espetó a Hermione.

—Sí, supongo que sí —repuso ella con frialdad.

A Rita no le sentaba nada bien el desempleo. Tenía el pelo lacio y despeinado y no llevaba los elaborados rizos de tiempo atrás. Se le había saltado el esmalte de las uñas de cinco centímetros de largo y a las gafas con alas les faltaban un par de joyas falsas. Dio otro gran trago de su bebida y dijo hablando por la comisura de la boca:

—¿Lleváis mucho tiempo juntos? ¿Cómo te llamas, bonita?

—Una palabra más sobre la vida amorosa de Harry y se anula el trato, te lo prometo —la amenazó Hermione.

—¿Qué trato? —preguntó Rita secándose la boca con el dorso de la mano—. Todavía no has mencionado ningún trato, señorita Repipi, sólo me dijiste que me presentara aquí. ¡Ah, un día de éstos...! —añadió con un estremecimiento.

—Sí, sí, un día de éstos te pondrás a escribir más historias horribles sobre Harry y sobre mí —comentó Hermione con indiferencia—. A ver si encuentras a alguien a quien le interese leerlas.

—Pues este año han publicado un montón de historias horribles sobre Harry sin mi ayuda —replicó Rita mirando al chico de soslayo por encima de sus gafas, y añadió—: ¿Cómo te ha sentado eso, Harry? ¿Te sientes traicionado? ¿Consternado? ¿Incomprendido?

—Está enfadado, como es lógico —repuso Hermione con voz fuerte y clara—. Porque le ha contado la verdad al ministro de la Magia y el ministro es demasiado idiota para creerlo.

—De modo que sigues en tus trece, empeñado en que El-que-no-debe-ser-nombrado ha vuelto, ¿no? —dijo Rita bajando su copa y sometiendo a Harry a una penetrante mirada mientras acercaba una vez más un dedo hacia el cierre de su bolso de cocodrilo—. ¿Defiendes ese absurdo cuento que Dumbledore le va explicando a todo el mundo de que Quien-tú-sabes ha regresado y que tú eres el único testigo?

—Yo no soy el único testigo —gruñó Harry—. También había allí una docena de mortífagos. ¿Quieres que te dé sus nombres?

—Me encantaría —dijo Rita en voz baja, y se puso a hurgar de nuevo en su bolso observando a Harry como si él fuera lo más hermoso que había visto jamás—. Lo publicaremos con un gran titular: «Potter acusa...» Y con el subtítulo: «Harry Potter identifica a los mortífagos que siguen entre nosotros.» Y entonces, bajo una gran fotografía tuya: «El trastornado adolescente que sobrevivió al ataque de Quien-ustedes-saben, Harry Potter, de 15 años, provocó un escándalo ayer al acusar a respetados y prominentes miembros de la comunidad mágica de ser mortífagos...» —Rita tenía ya la pluma a vuelapluma en la mano e iba a llevársela a la boca cuando se esfumó de su rostro la expresión de embeleso—. Pero claro —continuó bajando la pluma y fulminando con la mirada a Hermione—, Doña Perfecta no querrá que se publique esa historia, ¿no?

—Pues resulta —dijo Hermione con voz melosa— que eso es exactamente lo que quiere Doña Perfecta.

Rita se quedó mirándola. Y lo mismo hizo Harry. Luna, en cambio, se puso a cantar por lo bajo «A Weasley vamos a coronar» con aire ensimismado mientras removía su bebida con una cebollita de cóctel pinchada en un palillo. Ginny empezó a reír por lo bajo.

—¿Quieres que escriba una crónica sobre lo que Harry dice de Aquel-que-no-debe-ser— nombrado? —le preguntó Rita a Hermione con un hilo de voz.

—Sí, exacto. La verdadera historia. Con pelos y señales. Como la cuenta Harry. Te proporcionará todos los detalles, te dará los nombres de los mortífagos no identificados a los que vio allí, te dirá qué aspecto tiene ahora Voldemort... Vamos, contrólate —añadió con desdén, y lanzó una servilleta hacia el otro lado de la mesa, pues, al oír el nombre de Voldemort, Rita había dado tal respingo que había derramado la mitad de su copa de whisky de fuego y se había manchado la ropa.

La periodista secó su mugriento impermeable sin dejar de mirar atónita a Hermione. Entonces dijo lisa y llanamente:

—El Profeta no lo publicará. Por si no lo habías notado, nadie se traga ese cuento chino. Todo el mundo cree que Harry delira. Pero si me dejas escribir la historia desde esa perspectiva...

—¡Estamos hartos de historias sobre cómo Harry perdió la cabeza! —exclamó Hermione con enfado—. ¡De ésas ya tenemos demasiadas, gracias! ¡Quiero que le den una oportunidad de decir la verdad!

—No hay demanda para una historia así —repuso Rita con frialdad.

—Lo que quieres decir es que El Profeta no la publicará porque Fudge no lo permitirá — aclaró Hermione con fastidio.

Rita le lanzó una larga y dura mirada. Luego se inclinó hacia ella y afirmó con seriedad:

—De acuerdo, Fudge presiona a El Profeta, pero a fin de cuentas viene a ser lo mismo. No publicarán una historia que dé una imagen favorable de Harry. A nadie le interesa leerla. No está acorde con el humor del público. La gente ya está bastante preocupada con esta última fuga de Azkaban y no quiere pensar que Quien-vosotros-sabéis ha regresado.

—Entonces El Profeta sólo sirve para contar a la gente lo que quiere oír, ¿no? —dijo Ginny en tono cáustico.

Rita volvió a enderezarse en la silla, con las cejas arqueadas, y se terminó de un trago la copa de whisky de fuego.

—A El Profeta sólo le interesa vender, so boba —le espetó.

—Mi padre opina que es un periódico malísimo —terció Luna, interviniendo inesperadamente en la conversación. Miraba a Rita con sus enormes y protuberantes ojos de chiflada mientras chupaba la cebollita de cóctel—. Él publica historias importantes que cree que el público debe conocer. No le importa ganar dinero.

Rita miró a Luna con desdén.

—Supongo que tu padre dirige algún ridículo boletín informativo de pueblo, ¿no? Debe de publicar artículos como «Veinticinco maneras de mezclarse con los muggles» y las fechas de los próximos mercadillos.

—No —dijo Luna, y volvió a mojar la cebollita en su bebida, una tacita de alhelí—, es el director de El Quisquilloso.

Rita soltó tal resoplido que los clientes de una mesa cercana se volvieron, alarmados.

—Conque «historias importantes que cree que el público debe conocer», ¿eh? —dijo mordaz—. Podría abonar mi jardín con el contenido de ese periodicucho.

—Pues mira, ahora tienes una oportunidad para mejorar un poco su nivel —sugirió Hermione en tono agradable—. Luna dice que su padre no tiene inconveniente en aceptar la historia de Harry. La publicará él.

Rita se quedó mirando a ambas un momento, y luego soltó una fuerte carcajada.

—¿El Quisquilloso? —dijo riendo socarronamente—. ¿Creéis que la gente se tomará a Harry en serio si su historia se publica en El Quisquilloso?

—Algunos no lo harán —admitió Ginny mientras Hermione asentía dándole la razón—. Pero la versión de El Profeta sobre la fuga de Azkaban tenía unas lagunas descomunales. Creo que mucha gente debe de estar preguntándose si hay otra explicación mejor de lo ocurrido, y si aparece una versión alternativa, aunque la publique un... —miró de soslayo a Luna—, un..., bueno, una revista fuera de lo corriente, creo que les interesará leerla.

Rita permaneció un rato callada, pero miraba perspicazmente a Hermione con la cabeza un poco ladeada.

—Está bien, supongamos durante un momento que lo hago —dijo de pronto— ¿Cuánto me pagaríais?

—Creo que mi padre no paga a la gente que escribe para su revista —comentó Luna con aire abstraído—. Escriben porque lo consideran un honor y, como es lógico, para ver su nombre publicado.

Rita Skeeter volvió a poner cara de tener la boca llena de jugo fétido, y de nuevo se dirigió a Hermione:

—¿Pretendes que haga esto gratis?

—Pues sí —contestó Hermione con calma, y bebió un sorbo de su bebida—. Si no, como muy bien sabes, informaré a las autoridades de que eres una animaga no registrada. Evidentemente, El Profeta te pagaría mucho dinero por una crónica sobre la vida en Azkaban escrita desde el interior.

Daba la impresión de que a Rita le habría encantado meterle a Hermione por la nariz la sombrillita de papel que decoraba su copa.

—Supongo que no tengo alternativa, ¿no? —repuso Rita con voz ligeramente temblorosa. Abrió una vez más su bolso de cocodrilo, sacó un trozo de pergamino y levantó su pluma a vuelapluma.

—Mi padre se va a poner muy contento —comentó Luna alegremente mientras a Rita le temblaba un músculo de la mandíbula.

—¿Listo, Harry? —le preguntó Hermione volviéndose hacia él—. ¿Preparado para contar la verdad a todo el mundo?

—Supongo que sí —dijo él mientras Rita sostenía en equilibrio la pluma a vuelapluma sobre el trozo de pergamino que los separaba. Miró a Gin, que asintió sonriendo, animándolo para sacarse de dentro toda aquella historia.

—Ya puedes disparar, Rita —sentenció Hermione con serenidad, y pescó una guinda del fondo de su copa.


Si quereis ver las pintas de Draco y Harry en su sesión de meditación os recuerdo que en mi pagina web: adarelatos (punto) wordpress 8punto) com en la pestaña de BEO-Detalles de los capitulos - podeis verlo.

Bueno, aquí os dejo otro capitulo más. Sinceramente no sé cuando volveré a subir otro, solo os puedo prometer que voy a acabar la historia… pero este verano me gustaría acabar alguno de mis originales, así que les dedicaré menos tiempo a los fics. Pero las ideas siguen ahí y tengo claro lo que va a pasar (excepto un pequeño punto que aún he de resolver casi al final, pero para eso aún nos queda rato)

Un saludo. Y nos vemos.

Respuestas a las no logueadas.

Eponine

¡No! No me he perdido por el camino, es que últimamente estoy bastante ocupada y no me esperaba capitulos nuevos así de seguidos jajaja

Este en mi linea, ha tardado un montón.

Pero tanto este capítulo como el anterior me han gustado mucho.

Menudo lio con Riva, Skie y Angelo... y por supesto Ron, que también está en el ajo. Me gusta Riva y Angelo, a ver como funcionan. En cuanto a Skie, pobre, tiene celos, y ahora las cosas con Riva, depués de confesarle la verdad están un poco dificiles y algo tensas.

Y no te imaginas lo que les espera. Va a liarse aún mas.

Vaya, a mi Theodore con Astoria me precian muy monos juntos, pero me alegro que sigan unidos y siento tan amigos, quizás más adelante podrían volver a intentarlo. A mi, de todas formas, me gusta mucho la pareja Luna-Theo, ¿a ti qué te parece?

Si, la verdad es que a mi tambien me llaman bastante la atención. Aunque… uish, casi te spoileo con quien va a terminar Theo.

Ay, ay.. el Dramioneeeeee. Entre este capitulo, con esa escena tan UFF que me ha subido to' los calores jaja y en el anterior capitulo con ese sueño tan UFF de Hermione jajajaja me tienes con unas ganitas de que pase más jaja Pero Draco parece estar decidido a que no ocurra, por lo menos por el momento. Maldito Draquito.. xD

Este Draco me hace reir mucho. Yo me identifico mucho con Ginny y creo que podria ser muy buena amiga suya.

Ginny y Harry juntos :)

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Un besito y hasta el próximo capitulo que subas, espero esta vez no saltarmelo.

Yo tambien espero que no te lo saltes.

eliphas

Me ha encantado tu fic, es mas es uno de los primeros que ha calado hondo en mi por tu forma de contar la historia, es mas sigue asi que el fic siga para tener horas de entretencion :D (la pareja que mas me encanta es la de Skie y Ron, ojala la sigas profundizando)

Bueno, en este cap no tenemos mucho Ron/Skie, pero como decimos donde vivo "hay más días que longanizas"

Muchas gracias por tus comentarios y por lo de que "la fuerza me acompañe" yo soy muy friki de SW, asi que me ha encantado.

Emma Felton

Espero que cuando puedas vuelvas :( Yo estaré esperando.

Aquí estoy, aunque es fugaz, quiero dedicarme un poco a los originales que los tengo abandonados.

De todas formas a mi me gusto mucho el anterior capitulo. Sobre todo por el Dramione no nos vamos a engañas jeje Pero la historia me gusta un montón.

Me alegro de que te gustase :)

Besitos y hasta pronto!