¡Buenas! Tengo dos exámenes en la semana y una en la siguiente, así que deséenme suerte. Puede que no les haya llegado la notificación de que subí el capítulo diez, ya que FF estuvo teniendo problemas la semana pasada.

Plushy-Berry: Te agradezco por tomarte la molestia de mandar comentarios a cada uno de los capítulos.

R1: El mundo no se va a partir en dos porque a ellos les pasa algo bueno, a diferencia de lo que deben creen los escritores del animé. Un detalle que se me ha pasado es que los Koffing y los Weezing corren riesgo de explotar (o Autodestrucción) al estar sometidos bajo mucho calor, ya que sus gases se expanden y se hinchan. Bueno, pero James le sacó el gas, así que no hubo problema.

R2: No, no era mi intención transmitir ternura, pero me alegra que te haya gustado.

No creí que fuera necesario explayarme demasiado. Vivo en una gran ciudad y sé las cosas que pasan por las noches. Los bobos tuvieron suerte.

Lo del punk y la gorda pasan en el animé, vi la escena como ochenta veces mientras la escribía.

R3: Mi analogía (en mi caso) es sobre como los escritores pueden torcer las leyes del juego, la física y el sentido común para que el Equipo Rocket siempre salga volando y el bobo salga triunfante contra todo pronóstico, excepto en la Liga, donde está condenado a perder y aún así cobrar su cheque (?)

Se conocen hace cinco años, no sé si lo he mencionado.

R4: ¿Alguna vez te conté sobre la poca importancia que le dan a Meowth en los fics? Lo sacan como si fuera una molestia.

R5: El sueño de toda fanficker es hacer llorar a sus lectores, muajaja.

R6: Como dije, esto no es "kids friendly" y sé que más de uno quiere una visión más realista del mundo pokemón. Y en cuando a endiosar a los bobos… Brock puede zafar, es tan "inodiable"

Lamento lo de no poner énfasis en el quilombo que hubo por el choque, se me pasó esa parte.

Bueno, ya estamos en el capítulo once. El que me diga que es capítulo de relleno, le mando un virus (?)

Capítulo once

Nunca robes un Arbok

La siguiente semana tuvo sus momentos altos y bajos. En esa semana se festejó el festival de la Princesa y Jessie la pasó en grande comprando comida y ropa a precios bajísimos. Además, logró capturar un Lickitung en medio del festival. Incluso logró ganar el concurso y conseguir como premio las muñecas que siempre quiso y una foto con un actor famoso. Las muñecas las enviaron a la central de Equipo Rocket y conservó la fotografía, no sin aclararle a James que no se pusiera celoso.

Sacando el hecho de que eran unos criminales, Jessie y James actuaban como cualquier pareja normal. Se tomaban de las manos, dormían abrazados y se decían alguna que otra cursilería al oído. Si todavía no habían tenido sexo, era porque Jessie había decidido darle un tiempo para que se recuperara del intento de violación por parte de Jessebelle.

Pero en lo último en lo que estaban pensando ahora era en su relación. Había otras cosas en las que pensar.

Habían oído el rumor de que había Farfetch'd en un bosque y se mostraron ansiosos por conseguirlo. Encontraron uno con su entrenador, quien les dijo que harían un trato para que tuvieran a su Farfetch'd, un Starmie y un Staryu. En un descuido, Jessie y James robaron esos tres pokemón y huyeron en una lancha, la cual se hundió al poco tiempo de zarpar. Arbok, Weezing, Growlie y Lickitung salieron flotando por el río dentro de sus pokebolas, mientras el Farfetch'd las recogía con un canasto y se marchaba riéndose.

Ahora estaban en el globo, empapados y llenos de ira, buscando a ese ladrón por el aire. Meowth intentaba calmarlos, a pesar de que también estaba furioso.

—Apenas acabo de recuperar a Growlie —James estaba con las dos manos aferradas al canasto, como si su vida dependiera de ello—. Y dudo que sepa cuidar a Weezing No voy a permitir que ese mocoso de porquería se salga con la suya.

—Apenas acabo de atrapar a Lickitung —Jessie estaba que echaba humo por la nariz. Hasta un Charizard retrocedería al ver su rostro—. Mi pobre Arbok… —y rompió en llanto.

—Ya los encontraremos, ¿de acuerdo? —intentó tranquilizarlos Meowth—. Ya atraparemos a ese mocoso y le daremos una lección que no olvidará jamás.

Jessie y James asintieron. No importaba si tenían que ir al centro de la Tierra, no pararían hasta tener a sus pokemón de vuelta.


Kaito no podría estar más alegre. En solo dos robos, había logrado obtener nueve pokemón. Cinco eran de una chica pelirroja y cuatro eran de dos adultos ingenuos, un hombre y una mujer. En el fondo, no le gustaba robar, pero su Farfetch'd era demasiado débil para tener una batalla.

Ya había visto los pokemón de la chica pelirroja: Staryu, Starmie, Psyduck, Horsea y Goldeen. Todos ellos acuáticos. Supuso que la chica era fanática de pokemón de ese tipo. Ahora le tocaba el turno de las pokebolas de los tipos con el Meowth parlante.

Siempre solía inspeccionar los pokemón que robaba fuera de la carpa donde vivía, mientras Farfetch'd (el único pokemón conseguido de manera limpia) merodeaba por los alrededores en busca de víctimas o cuidando de que no apareciera una oficial Jenny. Era fácil: sacaba al pokemón de su pokebola para saber qué tipo era. El pokemón estaba aturdido por no ver a su entrenador y Kaito aprovechaba para regresarlo a su pokebola.

—A ver que tenemos aquí… —dijo, mientras agarraba una pokebola al azar de la canasta —. ¡Yo te elijo!

Un Arbok imponente se materializó frente a él. Nunca había robado uno antes.

—¡Vaya, un Arbok! —se asombró Kaito, mientras el Arbok lo miraba fijo. De no estar asombrado, se habría dado cuenta de que algo iba mal—. Ahora, regre…

Se movió tan rápido que Kaito no pudo reaccionar a tiempo. Se movió para un costado a toda velocidad para evitar el rayo.

—¡Pero qué…!

El Arbok se acercó a él, veloz como un relámpago y le dio un coletazo con todas sus fuerzas en la mano que sostenía la pokebola. Sintió como sus huesos se rompían al contacto y lanzó un grito de dolor mientras caía al suelo. La pokebola salió volando de su mano y rodó unos pocos metros hasta estrellarse contra un árbol.

—¡Far, Farfetch'd! —su pokemón pájaro corrió hacia él al escuchar los gritos, intentando auxiliarlo.

—¡Corre! —gritó Kaito, pero fue demasiado tarde. El Arbok abrió la boca y decenas de agujas salieron de su garganta. La mayoría se clavaron en el pecho de Kaito y en casi todo el cuerpo de Farfetch'd. No pudieron evitar lanzar otro alarido de dolor, mientras las agujas se disolvían en su carne y entraban a su torrente sanguíneo, envenenándolos a ambos. Farfetch'd se tambaleó y cayó al suelo, temblando.

El Arbok se acercó a ambos, deslizándose lentamente sobre la tierra, sacando y metiendo la lengua. Se quedó unos instantes mirándolo a los ojos y Kaito pensó que lo mataría. Pero, en lugar de eso, se fue hacia donde había salido rodando su pokebola. La tomó con los dientes y regresó para colocarla en la canasta con las otras tres. Les dedicó una última mirada amenazante, tomó el canasto con la boca y se internó en el follaje.

Kaito intentó incorporarse con el brazo sano y miró a su Farfetch'd. Este estaba tendido a su lado y respiraba con dificultad. Las heridas eran minúsculas y pequeños ríos de sangre brotaban con ellas, mientras las agujas se disolvían.

—Oh, no —murmuró Kaito. Tenía que ir a un centro pokemón urgente, pero estaba a kilómetros de la civilización. En la carpa tal vez tuviera antídotos.

Se levantó, aguantando el dolor en su brazo y el pecho y dio unos pasos, pero no pudo llegar a la carpa. Su visión se volvió borrosa y cayó al suelo, mientras su vida comenzaba a escurrirse de su cuerpo.

—Si salgo vivo, no volveré a robar, lo juro —dijo, con los ojos llenos de lágrimas. Ni sabía a quién le estaba jurando, pero no importaba. No sabía que tan venenoso era un Arbok, pero supuso que morirían en unos pocos minutos. Cerró los ojos, esperando lo inevitable.


A Arbok le importaba poco y nada haber matado al mocoso y a su Farfetch'd. Lo único que le importaba era volver a ver a su ama. El hecho de no estar con ella lo ponía muy nervioso. Necesitaba protegerla, aún a costa de su propia vida. Ahora más que nunca.

Cuando se sintió un poco más seguro, apoyó la canasta en el suelo y la volcó, desparramando las pokebolas por el pasto. Una a una, las apretó con el hocico para activarlas y sacar a sus compañeros.

Weezing fue el primero en salir flotando, a un metro y medio de distancia del suelo. Era su compañero más antiguo (a pesar de no pertenecer a su ama, lo consideraba como tal) y un buen amigo. Cuando era un Koffing, hablaba muy poco, respondiendo la mayoría de las veces con una sola palabra. Al evolucionar, se había vuelto un poco más conversador, diciendo frases cortas.

Growlie fue el siguiente en salir. Lo único que sabía de él era que había sido el pokemón de su amo cuando era pequeño y hacía poco tiempo que se había reencontrado con él. Era muy entusiasta, casi como un cachorro y prefería estar cerca de su amo. No le podía criticar eso.

Lickitung fue el último. La adquisición más reciente de su ama. Hacía menos de una semana que era su compañero y no sabía muy bien que pensar de él. Era glotón (lo que no venía muy bien a la economía de su ama), pero parecía un peleador muy fuerte y eso era lo importante.

—¿Eh? —dijeron los tres a la vez, buscando a sus entrenadores.

—¿Dónde está James?

—¿Y mi amo?

—¿Ya es hora de comer?

De haber sido humano, se habría apretado el puente de la nariz, pero como no lo era, Arbok se limitó a hacer un gesto con la cola para tranquilizarlos.

—Escuchen —les dijo—. Por lo que parece, fuimos robados.

—¿Robados? —preguntó Weezing, mientras giraba sobre sí mismo, como buscando al responsable.

—Sí, eso parece.

—¿Y dónde está el ladrón? —preguntó Lickitung.

—Lo ataqué y me los llevé dentro de esta canasta —señaló con la cabeza el objeto—. Ahora lo que importa es buscar a nuestros amos

—¿Cuál es el plan? —preguntó Lickitung.

Arbok se tomó un momento para responder.

—Bien, Growlie es el que tiene mejor oído y olfato que nosotros, así que irá adelante para rastrear.

—D-de acuerdo —tartamudeó.

—Lickitung, lleva las pokebolas de nuestros amos en el canasto.

—Está bien —dijo, mientras se colocaba la canasta en sus espaldas.

—¿Y tú? —preguntó Lickitung.

—Weezing nos ayudará con su Pantalla de Humo en caso de que nos ataquen y no podamos pelear.

—Los amos viajan mucho por el aire. Soy el único que se puede trepar a los árboles, así que buscaré un árbol alto y me treparé para ver si puedo encontrarlos. ¿Alguna pregunta?

Growlie levantó una pata. Parecía al borde del llanto.

—¿Qué pasa si no los encontramos? —gimoteó.

—Eso no va a pasar —le respondió Arbok, con firmeza—. No perdamos el tiempo y comencemos a buscarlos.

Growlie asintió, con los ojos llorosos y se puso en marcha, casi pegando su nariz contra el suelo. Los demás los siguieron, a unos pocos pasos detrás de él.

—Oye, ¿no te preocupa que el ladrón regrese por nosotros? —preguntó Lickitung

—No creo que lo haga —respondió, con indiferencia. Weezing lo miró de reojo, pero se mantuvo callado—. Le di un buen susto a ese idiota.

Siguieron caminando, atentos a cualquier sonido u olor a su alrededor. Más de una vez, Arbok se trepó a las copas de los árboles para ver si los encontraba. Bajaba algunas bayas que encontraba en su expedición y las dejaba en la canasta que llevaba Lickitung, no sin antes advertirle que no se las comiera.

—¿Y para quienes son?

—Para mi ama —respondió, cortante—. Las necesita más que nosotros.

—Oh —y se quedó en silencio.

Arbok estaba muy preocupado por su ama. Hacía dos semanas o más, sentía que su ama estaba muy rara. Se la notaba algo cansada y yendo al baño de manera frecuente, pero era lo de menos. Percibía algo en ella, algo que no era normal. Ignoraba lo que era, pero cada escama de su cuerpo le decía que su ama necesitaba ser cuidada y protegida más allá de sus deberes como pokemón de su ama. No solo venía de la fidelidad y el cariño que sentía por ella, sino que provenía de lo más profundo de sus instintos.

Growlie se detuvo en seco y Arbok casi chocó contra él.

—¿Pasa algo, Gowlie?

Growlie no respondió de inmediato. Movía sus orejas y Arbok supo que había percibido algo.

—Escucho a Meowth… pero de muy lejos. Creo que viene de arriba.

—El globo —murmuró Arbok, antes de ir a toda velocidad hacia el árbol más alto que vio. Se trepó velozmente, arañando su cuerpo con las ramas. Llegó a la copa y se estiró hacia arriba todo lo que pudo.

Ahí estaba el globo, en el que había pasado la mitad de su vida viajando, recortado en el cielo como si fuera una postal, dirigiéndose a ellos. Estaban a menos de un kilometro de distancia.

—¡Meowth! —gritó con toda la fuerza de sus pulmones—. ¡Aquí, en el árbol!

El pokemón se asomó al borde del globo y lo miró a través de los prismáticos. En menos de un segundo, su ama y su compañero estaban también allí.

—¡Arbok!gritó su ama.

—¡Quedate abajo y no te muevas de ahí! —le gritó Meowth—. ¡Estamos bajando!

Arbok bajó del árbol para encontrarse con sus compañeros.

—Vienen por nosotros —anunció, mientras lanzaban gritos de júbilo.

Esperaron en el camino durante unos minutos que les parecieron eternos. Intentó mantenerse calmado, pero apenas notó el cabello rojo de su ama, no lo soportó más y se lanzó a toda velocidad hacia ella, tirándola al suelo.

—¡Arbok! —gritó ella, bañada en lágrimas, mientras él refregaba la cabeza contra su cuello. Escuchó a los otros detrás de él, pero ya no importaba nada. Su ama estaba de vuelta.


La oficial Jenny tenía su comisaría al borde de la ruta que pasaba por el medio del bosque y nunca había tenido que lidiar con algo más grave que un cazador de pokemón muy de vez en cuando.

Tres chicos (llamados Ash, Misty y Brock) habían sido engañados por un ladronzuelo que ya le había dado bastantes dolores de cabeza en el último tiempo. Era el tercer robo de la semana y la víctima había sido Misty, quien no solo le había robado la mochila, sino que también los cinco pokemón que llevaba dentro. Estaba harta, harta de ese ladrón y no iba a dejar que se le escapara de vuelta.

Mientras lo buscaba junto a los chicos, encontraron al Psyduck de Misty, perdido y desorientado. Costó un poco, pero el pokemón logró indicarles el lugar donde se encontraba el ladrón. A medida que se acercaban, Jenny sentía un olor a quemado que se intensificaba a cada paso que daban.

Encontraron al ladrón tirado boca abajo en frente de una carpa grande a rayas naranjas y violetas, completamente rígido y con delgados hilillos de sangre fluyendo bajo su cuerpo. El Farfetch'd estaba a pocos pasos de él, tan muerto como su entrenador. Había una olla sobre el fuego que lanzaba un fuerte olor a comida quemada, probablemente verduras.

Estaba confundida y asustada por el hecho, pero tenía que ser fuerte, por los tres chicos que estaban con ella, quienes no parecían entender del todo lo que pasaba, al menos no el más pequeño.

—Brock, vete con ellos a la comisaría y no se muevan hasta que regrese —dijo, intentando sonar firme. El adolescente obedeció y los apartó del lugar.

—¿Se pondrá bien? —preguntó Ash, de manera inocente.

Jenny esperó a que se alejaran de su vista y sacó una radio de su bolsillo. Necesitaba refuerzos.

Creo que debo hacer un par de aclaraciones importantes:

1) En Japón, el capítulo del Festival de la Princesa ocurre antes que el de Farfetch'd y en EEUU cambiaron el orden ya que querían censurarlo por introducir cultura japonesa. ¡Dios no permita que los chicos aprendan otra cultura! (?)

2) La victoria de Misty en el festival no tuvo el más puto sentido. ¿Por qué Psyduck fue inmune al Lengüetazo de Lickitung? Por culpa de los malditos escritores cabezas de termo que creen que el Equipo Rocket siempre tiene que perder sin importar que tengan ventaja. Si el Equipo Rocket tuviera un Graveler, Pikachu le ganaría. No me digan que no es verdad.

Todo review se agradece.