Hace como un millon de años que no subía capitulo. Pero ya me conoceis. Este es el ultimo del libro cinco, así que ya solo nos queda el libro seis dado que aquí es donde cambio por completo la historia.

Mi idea es escribir lo capitulos del libro seis y una vez escritos subirlos en semanas consecutivas. De ese modo no me odiareis tanto.

Os pido un poco más de paciencia en este viaje, ya estamos llegando al final.

Un beso. Adarae

La excursión en thestral fue algo movida, pero llegó a su fin sin incidentes. Ron bajó del suyo y ayudó a Hermione a desmontar, jurando que nunca más haría algo así. Y Harry lo entendía, si para él había sido raro, para aquellos que no podían ver las monturas debía de haber sido bastante desconcertante, por usar un término suave.

Una vez que todos estuvieron reunidos fueron hasta la entrada del Ministerio, que se ocultaba en la cabina telefónica. Meter a siete adolescentes en un espacio tan reducido era una locura, así que hicieron dos grupos y volvieron a encontrarse en el Atrio.

Y así fue como se metieron de cabeza en una trampa. Algo que, en parte, algunos de ellos ya venían venir.

Salieron vivos de milagro y solo porque los adultos los salvaron en el último momento. Y casi pierden a Sirius por el camino.

Esa noche, con varios de sus amigos en la enfermería y su padrino vivo de milagro, Harry se planteó que debería de dejar de ser tan previsible o, como lo llamaba Draco, "estúpidamente Gryffindor" y empezar a pensar un poco más en lo que hacía, si no conseguiría que todos acabasen muertos.

Estaban todos en la enfermería oyendo a Hermione leer el artículo de "El Profeta" donde contaba lo que había pasado y el Ministro de Magia por fin reconocía lo ocurrido.

Ron compartía con ellos las ingentes cantidades de chucherías que Fred y George les habían enviado desde fuera. Pronto la enfermera los echó de allí, excepto a Hermione, que aún seguía herida por el ataque de Dolohov.

Draco miró a su mejor amiga animandola a decirle algo a Ron que no paraba de hacerse el remolón para quedarse a solas con ella. La iba a echar de menos cuando aquellos dos por fin dejasen de hacer el imbécil.

Alcanzó a Ginny, Harry y Astoria que lo esperaban en la puerta, pero antes de que pudiese decir nada oyeron a Ron gritar y los cuatro entraron de nuevo, temiendo un ataque con las varitas en mano.

—¿Eso es tu idea de una relación? ¿De nuestra relación? —Harry nunca había visto tan dolido a su mejor amigo. Se había alejado de Hermione y la miraba con horror—. Siempre haces lo mismo, nunca me has considerado un igual, tomas decisiones por todos sin pararte a pensar en las consecuencias. Ni preguntar. No puedo estar con alguien que me considera un estúpido —dijo, alejándose de allí a grandes pasos.

Harry no entendía nada. Quiso perseguir a Ron, pero la mano de Draco lo detuvo y le señaló la cama donde Hermione se estremecía con grandes sollozos.

—Por una vez, eligela a ella. Yo iré con el zanahorio —dijo el Slytherin, que se fue con las dos chicas, dejando a Potter solo. Este se acercó a Hermione y la abrazó, esperando que se calmase para que le contase lo que había ocurrido.

Mientras, los otros tres corrían tras Ronald hasta que lograron alcanzarlo y detenerlo. Draco los metió en un aula vacía y esperó la explicación.

Se habían besado.

Y había sido increíble.

Hasta que los recuerdos de aquella noche en Grimmauld Place empezaron a volver y ante la confusión del chico, ella confesó lo que había hecho. Robarle sus recuerdos. La posibilidad de elegir. Y sobre todo, considerarse juez y verdugo en aquella decisión que tanto los afectaba a ambos.

Porque como Ron les explicó a su hermana y los Slytherin, no era por aquello en sí. Había sido un error y podía perdonarlo, él la llevaba cagando desde siempre… era lo que se escondía debajo. Hermione no lo consideraba su igual y si algo había aprendido Ronnie de Skie y Riva, es que una relación debe ser sincera y entre iguales… O todo se iría a la mierda tarde o temprano.

El Gryffindor se fue a su Sala Común, acompañado por su hermana mientras los Slytherin se miraban entre sí.

—Nunca terminaré de entenderlos —dijo Greengrass sujetándose del brazo del rubio.

—Creo que yo tampoco —suspiró él—. Por cierto, ¿has recibido la carta de tus padres? Los míos no es que me hayan dejado muchas opciones.

—Sí, la verdad es que ni siquiera recordaba el tema... Yo debía de tener tres años y tú cinco, ¿qué clase de tarados prometen a dos críos de esa edad?

—Supongo que los mismos que se ponen túnicas, máscaras y van por ahí matando gente —dijo él con una sonrisa torcida—, pero no te preocupes, querida Tori… ya encontraremos el modo de no tener que casarnos.

—Eso espero, Draco, porque tanto juntarme con leones se me han metido ideas en la cabeza sobre matrimonios por amor y esas mierdas —contestó la chica con ligereza mientras se dirigían a dar un paseo por los jardines.

El final de curso los atrapó con Ron y Hermione en una tregua tensa. La chica le había pedido perdón al pelirrojo mil veces y este le había explicado otras mil que la perdonaba, pero que aquello que había hecho hacía imposible lo suyo, pero Hermione era bastante cabezota y terminó por conseguir hartar a Weasley.

—Mione, ni siquiera me conoces, ya no. Sigues pensando en mí como quien era antes —dijo él tras llevarla a un rincón de la Sala Común—. En realidad, hace mucho que ya no estas enamorada de mí —continuó diciendo—, pero es que te da rabia no ser la mejor en algo, y yo soy como tu puzzle sin acabar —bromeó él, tirando de ella para sentarla en su regazo—. Siempre te voy a querer, eso nadie puede quitárnoslo… pero toda esta mierda nos ha cambiado y deberías aceptar de una vez en quien piensas por la noche cuando muerdes la almohada para que nadie te oiga.

—¡Yo no hago eso!

—¿Entonces te gusta que Lavender y Parvati sepan lo que haces? Pervertidilla —Ron intentaba no reír ante la evidente vergüenza de su amiga.

—Ronald, tú, bruto, eres… —Y fue a pegarle, pero él cogió su mano y besó su muñeca.

—¿Alto, sexy, pelirrojo? Lo sé, bonita… Pero tú piensas en cabellos rubios y ojos grises, ya es hora de que lo puto admitas. Porque si no haces algo, para cuando te des cuenta estaremos en su boda.

—¿De qué hablas?

—Astoria y Draco, sus padres han confirmado su compromiso.

Hermione se quedó blanca y se levantó con la urgencia de ir en busca de Draco, necesitaba hablar con él antes del día siguiente. Empezó a andar hacia la puerta, pero a mitad de camino se giró y volvió hacia el rincón donde Ron estaba sentado mirando por la ventana. Agarró su corbata y lo besó con todas las ganas que llevaba guardándose desde tercero. El pelirrojo al principio se quedó quieto, pero luego respondió a aquella muestra de afecto con igual cariño, y aunque fue extremadamente agradable, los besos con Hermione eran como los que le había dado a Skie. Besos que das a alguien a quien quieres y por quien lo darías todo, pero no eran como aquellos que habían compartido en aquel desván, no como cuando aún estaban enamorados.

—¿Y esto? —Ron aún la sujetaba por la cintura.

—Hubiésemos sido épicos, perdóname por cagarla —dijo ella algo avergonzada, abrazándolo.

—En otro universo lo somos, Mione —respondió él acariciando su mejilla—. Y ahora ve a cazar serpientes.

—¿Qué sabes tú de la teoría del multiverso, Weasley?

—¿De verdad te vas a poner a discutir conmigo de física teórica muggle? ¿Ahora? —Le dio la vuelta y la empujó hacia la puerta—. Ve de una vez o te juro que llamo a Ginny.

—Vale, vale, ya me voy —dijo ella con una sonrisa, mientras se despedía con una mano y salía por el retrato para ir en busca de Malfoy.

Dio mil vueltas sin atreverse a enfrentarlo. Sin saber como decírselo, ni que decirle. Después de todos aquello años de jurarle que no iba a pasar, había pasado y por primera vez tuvo miedo de perderle.

Y le aterraba la idea de que Draco se fuese y volverse a sentir tan sola como aquella noche en las gradas cuando todo había empezado.

Un abrazó por detrás y un beso en la nuca la estremeció, porque podría reconocer su olor en cualquier lugar.

— Ronald me ha mandado un patronus por si te perdias.

— Pelirrojo entrometido — dijo dándose la vuelta para poder mirarlo — vayamos a algún lugar para estar a solas, Sly.

— Como desees — respondió el chico y Hermione recordó cierta película muggle que era imposible que Malfoy conociese.

No le dijo nada de aquello que quería decirle, pero tampoco hubo mucho espacio para las palabras. Se perdieron el uno en la otra, besos pequeños y otros que duraban hasta que el aire les faltaba, pero no pasaron de ahí, no aquel día en el que se estaban guardando demasiado que no se veían con fuerza de decir justo antes de las vacaciones, cuando un eterno verano separados podía cambiarlo todo.

Llegaron las vacaciones y con ellas las despedidas. Harry y Ginny se iban con Lily y Sirius a una aldea africana a construir una escuela. Lo cual a Ron le parecía lo menos vacacional del mundo. Hermione, a su vez, se había ido con sus padres al norte de europa… lo cual dejaba al pelirrojo como el único menor en La Madriguera y muy muy aburrido. Hasta que llamaron a la puerta de su habitación y en la puerta había un Draco sonriente.

— Haz las maletas, Weasley, o mejor, no lleves nada. Te compraremos cosas allí. Te vienes a Francia…

— ¿Cómo?

— En traslador, hombre, no vamos a ir nadando.

Ron lo miró abriendo la boca para replicar, pero cambió de idea. Si algo había aprendido de convivir con serpientes era que en esos casos lo mejor era seguirles la corriente.