¡Buenos días!
Actualicé algo tarde esta vez, estaba muy cansada. Tengo mi último examen hoy y hasta dentro de dos meses no me tengo que preocupar.
AlenDarkStar:
R1: He estado a los saltos en ese capítulo, no tienes idea.
R2: 4Kids es el responsable de la mayoría (sino todas) de las censuras en EEUU. El objetivo de ellos es "americanizar" el animé.
Capitulo doce
Instinto
El Equipo Rocket siguió de largo, ignorando que Arbok había asesinado a un pequeño ladrón y a su pokemón. Sin tener noticias de los bobos desde el Festival de la Princesa y con poco efectivo en los bolsillos, llegaron a una ciudad y consiguieron trabajo como camareros. Para variar, Meowth no había conseguido nada, pero merodeaba por el restaurante.
Estuvieron durante tres días trabajando sin parar. Jessie siempre paraba para ir al baño y James sospechaba que era una excusa para trabajar menos. Aunque también sospechaba que podría estar enferma. El día anterior había vomitado apenas levantada de la cama, pero luego parecía estar mejor. No entendía nada.
Y las plegarias al fin habían sido escuchadas. Los bobos fueron a comer al restaurante. Si bien ellos no los atendieron, se quedaron cerca para poder escucharlos. Al parecer, el bobo había encontrado un huevo en el Monte Abuelo y ahora estaban discutiendo sobre que clase se pokemón sería al eclosionar. Se apresuraron a ir a la sala de descanso apenas pudieron para discutir el plan.
—¿Oyeron eso? ¡Están empollando un nuevo pokemón! —les dijo Meowth, sentados alrededor de una pequeña mesa junto a los casilleros.
—Creo que dijeron que era un Dratini —dijo James
—No, dijo que era un Aerodactyl —lo corrigió Jessie.
—Sea lo que sea, debemos robar ese huevo. Podría ser la oportunidad que esperamos.
—Imaginen al jefe cuando vea que capturamos un pokemón —dijo Jessie, entusiasmada,
—Quedará encantado.
James se levantó de la mesa, haciendo un gesto como rechazando la idea.
—Olvídenlo. Ni siquiera podemos robarles a ese pequeño Pikachu.
—Cálmate, James. Es un huevo, no nos hará daño. Esta vez vamos a ganar.
Salieron de la cafetería apenas les pagaron el sueldo y fueron a una tienda de bromas. Compraron tres docenas de huevos pokemón falsos y Meowth fue al globo para conseguirles disfraces. Ahora los dos estaban vestidos como campesinas de los Alpes, con vestidos marrones largos hasta los tobillos con delantales blancos y cofias. Pusieron los huevos falsos dentro de dos canastas y fueron al encuentro de los bobos
Los encontraron en el camino, bastante cerca de la cafetería. Jessie y James se pusieron en medio y comenzaron a montar su actuación.
—¡Vendemos huevos! —exclamaron—¡Compren nuestros huevos! —se pusieron a escasos centímetros de ellos y les mostraron la canasta llena de la mercancía falsa. Meowth ya estaba detrás de los bobos, preparándose para robarles el verdadero huevo.
La boba tomó uno de los huevos y lo levantó, dudando.
—¿Qué clase de huevos pokemón son estos? —preguntó.
—Espera y descúbrelo cuando los empolles —respondió Jessie.
James se acercó a la boba y casi la golpeó en el rostro con la canasta.
—¿Vas a comprarlos? ¿Por favor, por favor, por favor?
—No necesitamos huevos pokemón porque nosotros ya tenemos uno —les dijo el bobo.
—Si —lo apoyó el bobo mayor.
James se acercó al adolescente.
—Déjame verlo. Enséñamelo —le pidió James.
—Bueno, está bien —el bobo mayor metió la mano bajo su playera naranja y sacó el huevo que tanto ansiaban—. Miren, ¿les gusta?
—Pero que hermoso —Jessie y James se acercaron al huevo, casi pegando su rostro a él—. Ahora.
Los dos volcaron los huevos falsos encima de los bobos. El huevo verdadero se resbaló de las manos del bobo mayor, pero Meowth lo tomó con rapidez y se escondió sin que nadie lo notara.
—Ya no sé cuál es el nuestro —exclamó el bobo mayor. No era para menos: se habían gastado en conseguir los más parecidos posibles al original.
—¡No son vendedores de huevos! —exclamó el bobo.
Jessie y James lanzaron una risotada y se sacaron las cofias, revelando su identidad.
—¡Prepárense para los problemas!
—Y más vale que teman.
—Para proteger al mundo de la devastación.
—Y unir a los pueblos dentro de nuestra nación.
—Para denunciar los males de la verdad y el amor.
—Para extender nuestro reino hasta las estrellas.
—¡Jessie!
—¡James!
Ambos dejaron de recitar el lema cuando notaron que los bobos no estaban prestando atención, buscando entre los huevos falsos el verdadero.
—Aún no hemos terminado —gruñó Jessie, ofendida.
—Y aún no hemos dicho lo más bonito.
La boba tomó un huevo blanco estampado con círculos de colores del suelo.
—¿Será este? — preguntó. El huevo tembló y se abrió, pero en lugar de mostrar un pokemón, mostró un papelito con una carita triste, similar a los sellos para niños.
—¿Será este? —murmuró el bobo, pero del interior solo salió una lengua.
—¿Esto es lo que están buscando?
Meowth se posicionó entre Jessie y James, con el verdadero huevo entre sus patas delanteras.
—¡Ese es! ¡Meowth tiene nuestro huevo! —exclamó el bobo mayor.
—Era su huevo —rió James.
—¡Vámonos! —gritó Meowth.
Los tres se echaron a correr por el camino, siendo perseguido por los bobos.
—¡Vuelvan aquí, ladrones!
—No nos van a ganar esta vez. ¡Weezing, Pantalla de Humo!
Su pokemón salió de la pokebola e hizo el ataque al instante. Pronto, el camino detrás de ellos estaba cubierto de un humo denso. Aprovecharon ese momento para desviarse y meterse entre los árboles antes de que lograran disiparla.
No era una huida a las apuradas, como de costumbre, sino que tenían una meta fija. Durante los últimos días, habían estado habitando una cabaña en medio del bosque. Estaban hartos de dormir en la tierra fría del bosque o en las plazas, donde normalmente los despertaban una oficial Jenny para retarlos.
La cabaña era vieja, de más de cincuenta años, con una única ventana al frente y una más grande al costado. Un caminito de piedra los llevaba a la entrada y en el techo había varias rocas, para evitar que los fuertes vientos la volaran. También contaba con electricidad, para sorpresa de ellos, ya que normalmente las cabañas no poseían.
El interior era poco amoblado, como cabía de esperar. No había sillas; solo unos almohadones y una mesa ratona bastante grande. La cocina era a leña y había que sacar el agua a través de una bomba de manera manual. Un solitario ropero tenía tres futones adentro al fondo de la cabaña. También tenían un baño con dos bañeras (una chica y una grande) con sus respectivas tapas de madera y dos banquitos. Por una extraña razón, las bañeras eran de cerámica blanca y azul, bastante moderno, desentonando con el resto de la casa. Para ir al baño a hacer sus necesidades, tenían que ir a una pequeña estructura que estaba fuera de la cabaña.
Apoyaron el huevo sobre la mesa, encima de un almohadón violeta. Jessie y James se sacaron las botas y los guantes antes de sentarse.
—Lo conseguimos. No lo puedo creer, pero lo conseguimos —dijo Meowth.
—Fue todo un éxito —dijo Jessie, estirando los brazos—. Y todo porque actué como una excelente vendedora de huevos.
—Sí, claro —dijo Meowth, con desgano.
—Bueno, mejor voy a cocinar algo porque ya estoy viendo a ese huevo con otros ojos —dijo James, ya levantándose.
Meowth saltó sobre la mesa y lo golpeó con su pata.
—¡No lo cocinarás porque yo voy a empollarlo! —le gritó Meowth, alzando al huevo como si la amenaza de James fuera real.
—¿Pero como harás eso? —preguntó Jessie.
—Muy fácil —Meowth se acostó encima del huevo—. Lo calentaré con mi cuerpo.
Jessie y James se miraron entre ellos. Meowth estaba actuando como una madre. Él había sido el más entusiasta con el plan de robar el huevo. ¿Y si en realidad quería criarlo como su hijo desde el principio?
Casi no tenían comida dentro de la cabaña. Si bien tenían dinero, tenían miedo de salir y enfrentarse con los bobos. Comieron unas pocas galletas de jengibre para no tener el estómago vacío y recién a la noche, James hizo un poco de arroz blanco para comer.
—¿Aún tienes ese huevo? —le preguntó James a Meowth, sin molestarse en tragar el arroz para hablar. El felino había estado con el huevo todo el día y ahora comía abrazado a él.
—Desde luego que si—le respondió Meowth—. Si dejo que mi hermoso huevo se enfríe, no empollará.
Jessie y James volvieron a mirarse, preocupados. Decidieron seguir comiendo y dejarlo tranquilo. Por eso, Jessie tardó hasta el final de la comida en percatarse de que Meowth la estaba mirando.
—¿Qué pasa?
—¿Eh? No, nada, solo que… ¿te sientes bien?
—Sí, ahora me siento bien. ¿Por qué lo dices?
Meowth sacudió su cabeza.
—Nada, nada —y volvió a centrar su atención en el huevo.
La actitud sobreprotectora de Meowth sobre el huevo no hizo sino empeorar. Cuando Jessie y James estaban por entrar a bañarse, vieron a Meowth sentado en el banquito bañando al huevo.
—Y ahora, mi pequeño huevo, tu y yo nos vamos a dar un baño caliente —se metió junto al huevo en la bañera más grande (para odio de Jessie y James)—. Y ahora te voy a contar una vez…
—Meowth, estás hirviendo al huevo —lo interrumpió James.
Meowth le respondió con un baldazo de agua caliente, empapándolo de pies a cabeza.
—¡Cállate! ¡Ya te dije que no lo cocinarás porque voy a empollarlo!
Los dos esperaron a que Meowth saliera de bañarse para que al fin pudieran entrar ellos.
—Meowth me preocupa mucho —dijo Jessie, mientras se bañaba en el banquito. James hacía lo mismo justo frente a ella.
—Parece la madre del huevo —rió James, no tan preocupado como su novia.
—Nunca lo había visto así. Y ni siquiera sabemos qué demonios va a salir de ahí adentro.
—Además, planeábamos llevarle el huevo al jefe.
Jessie se levantó y se hizo un rodete, cosa que encendía a James. Solo cuando se disfrazaba o entraba en la bañera se hacía ese peinado y le encantaba.
—Lo sé, pero, ¿Qué crees que hará si le decimos eso? —le preguntó Jessie, metiéndose al agua.
—Nos matara mientras dormimos —le respondió James, metiéndose también en la bañera. Le dedicó una mirada lasciva—. Pero, mientras seguimos con vida y Meowth esté cuidando a ese huevo…—sus dedos acariciaron el hombro desnudo de Jessie.
—¿Estás seguro que quieres hacerlo? —le preguntó Jessie, preocupada, pero con los ojos llenos de anhelo.
—Claro que quiero —la atrajo hacia él y le dio un beso en los labios, mientras una de sus manos acariciaba sus pechos—. Solo contigo, Jessie.
Jessie se despertó a la mañana siguiente. Meowth seguía durmiendo, separado de ellos y abrazando al huevo. Se giró para ver a James, pero solo encontró una nota diciendo que se había ido a comprar las provisiones para el viaje.
Apenas se levantó, unas nauseas se apoderaron de su cuerpo. Sintiendo lo inevitable, corrió hacia el baño y vomitó sobre uno de los baldes que usaban para bañarse. Todos los músculos que iban del estómago a la boca se contrajeron de manera dolorosa, vaciando todo el contenido dentro del balde.
—¿Jessie? —Meowth estaba en la puerta de baño, aún sosteniendo al huevo—. ¿Estás bien?
Ella se incorporó, con las rodillas temblorosas. Por suerte no había manchado su pijama con vómito.
—Ahora me siento un poco mejor. Tal vez el arroz me haya caído mal.
—Entonces ve a lavarte la cara y toma un poco de agua —le dijo, visiblemente preocupado—. Tal vez necesites acostarte de vuelta. ¿Has visto a James?
—Fue a comprar provisiones.
Jessie salió de la cabaña y los cantos de los Pidgey la recibieron de todas direcciones. A pesar de cómo había empezado la mañana, Jessie sonrió. Tal vez no le llevaran el huevo al jefe, pero al menos le habían logrado quitar algo a los bobos. Rodeó la cabaña y se dirigió a la pequeña estructura construida en el fondo para hacer sus necesidades.
Cuando regresó, James ya había llegado y estaba preparando el desayuno.
—Buenos días, cariño —la saludó James, acercándose a ella—. ¿Te encuentras bien? Meowth dijo que vomitaste…
—Ya me siento mejor, pero tengo hambre—respondió, mientras lo besaba en la mejilla—. Voy a limpiar el baño y a cambiarme.
—Creo que será mejor llevarte al hospital —sugirió Meowth.
—No, estoy bien, no te preocupes. Solo necesito descansar un poco más tarde.
Jessie sacó los productos de limpieza que había en el baño y se puso a limpiar el piso y el balde. Luego se puso el uniforme, excepto por las botas y los guantes.
—Toma tu desayuno —le dijo James, poniendo sobre la mesa una taza de té y unas tostadas
—Esto se ve bueno —dijo Jessie, arrodillándose frente a la mesa—. ¿Qué más compraste?
—Huevos, café, mantequilla y ramen —respondió James, desde la cocina.
Meowth se sentó en frente de Jessie y comenzó a pulir el huevo con un trapo.
—Buenos días, mi lindo y hermoso huevito. Meowth te va a dejar muy brillante porque aún nos falta mucha incubación —le canturreaba al huevo. Se estaba tomando la paternidad en serio pero, a pesar de ser un Meowth adulto, parecía un niño pequeño.
James se acercó a Meowth, con un plato de comida en la mano.
—Ten.
—¿Qué es eso?
—Tus huevos revueltos.
Al igual que ayer, Meowth lo golpeó en la cabeza, esta vez con una patada.
—¡Como puedes ser tan insensible, eres un inhumano! —le gritó Meowth, volviendo a abrazar su huevo.
James se frotó la mejilla, donde lo había golpeado. Por suerte, no había caído al suelo ni había tirado el plato.
—Los voy a comer yo —gruñó, mientras se sentaba en la mesa—. Tú hazte tu propia comida, señor delicado.
—Cuando termine de pulir a mi huevo.
La ventana del frente se rompió en mil pedazos. Antes de que pudieran reaccionar, un Geodude, un Staryu y un Pidgeotto entraron a la cabaña, volcando la mesa y tirando las cosas. Los huevos revueltos terminaron en la cara de James, mientras que Jessie terminó con todo el té en su regazo. En cuanto a Meowth, estaba ileso, pero sin el huevo.
El bobo estaba dentro de la cabaña, junto con Staryu y Pidgeotto. Tenía al huevo entre sus brazos. Los otros dos bobos estaban entrando por la ventana rota.
—Buen trabajo, Pidgeotto —le decía a su pokemón.
—Devuélvanme mi huevo —lo retó Meowth, enfrentándose a él
—Que gracioso, yo siempre creí que era nuestro huevo —se burló el bobo.
—¡Atrápenlo, es mi huevo! —les gritó a Jessie y a James.
No dudaron. Ambos sacaron sus pokebolas.
—¡Ve, Arbok!
—¡Ve, Weezing! ¡Pantalla de humo!
Ambos salieron de sus pokebolas y se posicionaron al frente de sus entrenadores. Por un extraño motivo, Arbok parecía inquieto y le lanzó una mirada nerviosa a Jessie y luego una a Weezing antes de volver a mirar al frente.
Weezing tiró una densa bocanada de humo de sus dos bocas. Puede que los bobos no vieran nada, pero ellos ya estaban acostumbrados.
—¡Ten cuidado con el huevo, Ash! —gritó el bobo mayor.
—¡Arbok, Cabezazo al bobo!
Arbok obedeció y se tiró de cabeza hacia él, pero el bobo logró tirarse al suelo justo a tiempo. Meowth aprovechó para usar Arañazo en la cara del bobo y poder agarrar el huevo.
—¡Geodude, usa Placaje!
Geodude se abalanzó sobre Meowth y lo golpeó en la espalda, tirando al huevo por los aires. La boba extendió los brazos para atraparlo.
—¡Lo tengo! —gritó.
Jessie se puso en frente y logró tomar el huevo antes de que la boba pudiera hacerlo.
—Yo lo tengo —sonrió Jessie, alejándose a las corridas.
—¡Staryu, usa giro rápido!
Staryu salió volando de la bruma de humo, directo al estómago de Jessie, pero Arbok salió de la nada y le dio un fuerte cabezazo, haciéndolo volar por los aires. Para desgracia de Jessie, Arbok le golpeó las manos accidentalmente, haciendo que el huevo saltara de sus manos.
El caos era mortal. El huevo pasaba de una mano a otra y todos los que estaban adentro recibían golpes de todos lados. Arbok se ocupó más de defender a Jessie de los golpes que de recuperar el huevo.
—¡Pidgeotto, aleja este gas! —gritó el bobo.
Un vendaval se desató en la cabaña. El humo se disipó y pudieron ver como Meowth corría hacia sus compañeros con el huevo en sus manos. Pero Meowth era demasiado liviano y el ataque lo terminó tirando al suelo, soltando así al huevo, arrojándolo casi hasta el techo.
Había que actuar rápido, ¿pero cómo?
Ash salió corriendo e intentó atraparlo, pero falló y terminó tirado en el suelo. Pikachu tuvo más suerte y logró atraparlo justo a tiempo.
—¡Pikachu! —gritó el bobo, feliz, mientras gateaba hacia él. Todos lanzaron un suspiro de alivio al ver que el huevo parecía estar sano y salvo.
—¡Lo hiciste, Pikachu! —le dijo la boba.
—Buena atrapada —agregó el bobo mayor, acariciando la cabeza del pokemón.
Ash tomó al huevo entre sus manos, pero luego lo alejó un poco de él, con una expresión de sorpresa y preocupación.
—¿Qué pasa, Ash? —preguntó el bobo mayor.
—Siento que algo se está moviendo adentro.
El huevo empezó a resquebrajarse desde arriba.
—Se está empezando a romper —dijo el bobo.
—Sí, ya está rompiéndose —agregó el bobo mayor.
La boba se acercó a ellos, se arrodilló y tomó el huevo, apartando a los otros dos.
—Oigan, déjenme ver —les dijo.
La parte superior del huevo se rompió y se logró ver una masa de color crema. Unas cosas semejantes a púas emergieron de arriba, seguido de un par de ojitos cerrados y una boca diminuta. Cuatro agujeros se abrieron, dejando salir sus minúsculas patas, dos debajo de su cara y otros dos por debajo. El huevo dejó de romperse, como si sirviera como caparazón. El pokemón bebé estiró sus patas delanteras y bostezó. Abrió sus ojitos, de un profundo color negro, y miró a la boba, desconcertado.
—¿Toke? —preguntó, confundido.
La boba lo alzó por el aire.
—¡Por fin nació, por fin nació, por fin nació! ¡Qué lindo! —le decía.
—¿Toke? —volvió a preguntar.
—Hola a ti también —le respondió la boba.
—¡Prri! ¡Toke, toke, toke! —se sacudió, feliz.
La boba se dio vuelta para mirar a sus dos amigos.
—Que suerte tenemos —les dijo la boba.
—Es cierto —le respondieron a dúo.
Olvidando los viejos rencores, Jessie, James y Meowth se acercaron a Ash, poniéndose de espaldas a él.
—Si Pikachu no lo hubiera atrapado… —empezó Jessie.
—… ese precioso pokemón hubiera sido… —continuó James.
Todos se miraron entre ellos, recordando lo mucho que se detestaban. Jessie, James y Meowth corrieron a la otra punta de la cabaña.
—¡Hay una batalla por terminar! —gritó Jessie.
—Casi lo olvido —gruñó James.
Arbok y Weezing se pusieron en posición de ataque. Arbok aún parecía agitado y tenía la mirada vagando entre Pikachu y el bobo. El entrenador de Pikachu no dudó un segundo en dar la orden que más conocían:
—¡Vamos, Pikachu, Atack…!
Arbok se movió tan rápido que apenas pudieron procesar lo que pasó. El pokemón de Jessie salió disparando como un proyectil hacia el grupo de bobos. Pasó por encima de Pikachu y le dio al bobo un cabezazo en la boca del estómago, tirándolo contra la pared de la cabaña y sacándole todo el aire, impidiéndole hablar.
—¡Ash! —gritaron los dos bobos.
Arbok no perdió tiempo. Con la misma velocidad con la que lo golpeó, tomó a Ash de la mochila con sus dientes y saltó por la ventana, escapándose.
Jessie se quedó de piedra, observando la ventana rota por donde Arbok se había marchado. Su pokemón jamás había tenido un comportamiento así de extraño. Siempre la había obedecido y no se movía si ella no se lo ordenaba. Pero esto superaba cualquier cosa. ¿Por qué querría secuestrar al bobo?
—¿Qué le hiciste a Ash? —los gritos de la boba la sacaron de su ensimismamiento.
—Yo… yo no le dije a Arbok que se lo llevara —balbuceó Jessie—. No sé por qué lo hizo.
—¡Mentirosa!
—Vamos a buscar a Ash —le dijo el bobo mayor, intentando tranquilizarla.
—Tienes razón —le respondió la boba y salieron ambos por la puerta de la cabaña.
Meowth se giró hacia sus compañeros.
—Vamos tras ellos. Todavía tienen a mi hijo.
Jessie asintió, aún muy confundida. Tomó la mano de James y salieron corriendo tras ellos, más preocupada por Arbok que por el pokemón recién nacido.
Gracias a las marcas dejadas por Arbok en el suelo y a los gritos del bobo, ambos pudieron ser ubicados con facilidad. Estaban en un lago cercado por una valla de poca altura. Unos bancos de plaza pintados de blanco estaban situados alrededor sobre un camino de tierra. El pokemón estaba levemente enroscado sobre si mismo sobre uno de los bancos y sosteniendo al bobo desde la mochila con sus dientes. Por su pose, parecía como si estuviera esperándolos para una charla.
—¡Suelta a Ash! —le gritó la boba.
Arbok la miró fijamente durante dos segundos y pareció obedecer. Soltó al bobo, pero inmediatamente después se enroscó en su cuerpo, haciendo el ataque Constricción.
—¡Jessie, tienes que decirle que lo suelte!
Jessie lo pensó por un momento. Si Arbok tenía al bobo de rehén, podría aprovecharlo en su beneficio.
—No hasta que nos den al bebé —respondió, señalando al pokemón que Misty tenía en sus brazos.
—No lo haremos —respondió la boba.
—Entonces Arbok no lo soltará.
Los dos sacaron sus pokebolas.
—¡Chabok! —gritó el pokemón de Jessie, sobresaltando a todos. Una vez que todos lo miraron, comenzó a hablar, dirigiéndose a Meowth.
—Arbok dice que va a soltar al bobo solo si prometen que no atacarán a Jessie de ninguna forma física —tradujo Meowth a todos los demás.
—No tenemos por qué hacerle caso —gruñó la boba.
Por toda respuesta, Arbok apretó a Ash, haciéndole lanzar un grito ahogado.
—Esa fue una mala elección de palabras —comentó James.
—Misty, no empeores las cosas —le dijo el bobo mayor, un poco alterado. Se dirigió a Arbok, un poco más calmado—. ¿Es solo esa condición?
Arbok asintió.
—De acuerdo, de acuerdo, no le haremos daño a Jessie, lo prometo.
Arbok volvió a hablar.
—Dice que quiere escucharlo de todos ustedes —tradujo Meowth.
—De acuerdo, pero si sigues apretando a Ash, no lo escucharás decir nada… nunca.
Arbok aflojó la presión, pero sin soltarlo. El bobo comenzó a respirar de vuelta, entre toses y jadeos.
—Es-está b-bien. Lo… lo pro..meto —tosió Ash.
—¡Arbok, estás estropeando mi plan! —lo retó Jessie, furiosa. Arbok le lanzó una mirada que ella veía "adorable". Disolvió su furia en un instante —. Sé que intentas protegerme, pero necesitamos ese huevo.
Arbok volvió a hablar. Meowth abrió los ojos como platos:
—¿Cómo que no te importa el huevo? ¡Es mi hijo! —le gritó.
—Cálmate —le dijo el bobo mayor. Se dirigió a la boba—. Misty, tienes que prometerlo también.
—Pero…. Está bien, lo prometo.
Arbok habló otra vez. Meowth tradujo de mala gana:
—Dice que si llegan a lastimar a Jessie, no dudará un instante en matarlos a los tres y que ni siquiera ella va a pararlo.
—Eh… si, si, entendemos.
Arbok se desenroscó del cuerpo del bobo y se acercó a Jessie, refregando su cabeza contra la mejilla de ella con cuidado, como si fuera frágil. Le era imposible para ella enojarse con su pokemón cuando daba esas demostraciones de afecto.
—Arbok, todo está bien —le dijo, acariciándole la parte superior de su cabeza.
Brock dio un paso hacia Jessie y Arbok torció la cabeza hacia él, en estado de alerta.
—Jessie…
—¿Qué?
—Quiero hacerte una pregunta…
—¿Cuál?
—¿Acaso tú estás…?
—¡Devuélvanme a mi hijo! —chilló Meowth, interrumpiendo la frase —¡Yo lo cuidé mucho mejor que ustedes tres juntos!
—¡Yo lo empollé! —gritó el bobo mayor, olvidándose de Jessie.
El bobo se acercó a ellos, ya recuperado de la Constricción de Arboñ
—¡Yo lo encontré! —gritó.
—¡Yo soy la que más le agrado, por lo que se queda conmigo! —gritó la boba.
—¡La única manera de arreglar esto es con una batalla pokemón! —les dijo el bobo.
—¿Una batalla pokemón? —le preguntó Meowth, confuso.
—Sí, haremos una batalla pokemón y el que gane se queda con él, ¿están de acuerdo o no?
Meowth se apartó de los bobos y se dirigió a Jessie y a James.
—¿Qué dicen ustedes? —les preguntó.
Jessie se encogió de hombros.
—Podríamos intentarlo.
—Lo ganaríamos de manera limpia —opinó James.
Meowth se giró hacia los bobos.
—De acuerdo —aceptó.
No muy lejos del lago, había un auditorio al aire libre, diseñado para hacer espectáculos de todo tipo. El bobo mayor improvisó sobre el escenario un campo de batalla dibujado con una tiza blanca. Colocaron al bebé (Togepi, según la pokedex del bobo) sobre una tarima, en el fondo del auditorio.
—Será un torneo de seis —explicó el bobo mayor, parado en medio del campo que había dibujado.
—¡Un momento! —lo interrumpió Meowth—. Ellos no tienen derecho a participar —agregó, señalando a Jessie y a James.
—¿Qué?
—¿De qué estás hablando?
Los dos sonaban furiosos, como Growlithe con rabia. Meowth no se dejó amedrentar.
—Yo declaro que ninguno de los dos hizo la menor acción para cuidar a Togepi.
—¡No puedo creer que seas tan egoísta! —saltó Jessie.
—¡Se supone que somos un equipo!
—Entonces solo cuatro vamos a competir —dijo la boba.
—Por mi está bien —dijo el bobo mayor.
Jessie y James se retiraron ofendidos, sentándose en las gradas.
—Haremos una batalla a muerte súbita usando un pokemón cada uno — dijo el bobo, recibiendo la aprobación de los otros.
Los tres bobos comenzaron a hurgar en sus mochilas, pensando en el pokemón adecuado para la batalla. Pero había un pequeño problema: Meowth no tenía ningún pokemón.
El gato entró en pánico. ¿Cómo pudo haber sido tan estúpido para aceptar algo como eso? Jessie y James podrían estar enojados con él, pero tal vez le podrían prestar a alguno de los cuatro pokemón que poseían.
Meowth se acercó al borde del escenario para hablar con sus compañeros. La mirada que le dirigieron demostraba que ya sabía a qué venía.
—Oigan, muchachos… ¿me prestan algunos de sus pokemón?
—Ni lo sueñes —le dijeron ambos.
¿Qué iba a hacer ahora? No tenía nada, excepto…
Se miró sus propias patas delanteras. Actuaba tanto como un humano que se olvidaba que era un pokemón. No necesitaba los de Jessie o James: podía pelear por sí mismo.
Habían decidido que primero el bobo mayor pelearía contra Meowth. Él no le vio ningún inconveniente… hasta que vio al Onix parado al lado de su entrenador. Casi se orinó encima, pero hizo todo su esfuerzo para que no se notara.
—Primero será Brock contra Meowth —dijo el bobo, quien hacía de réferi. Meowth intentó verse intimidante, mientras que el Onix lo miraba, un poco sorprendido.
El bobo golpeó una lata con un palo.
—¡Comiencen!
—¡Ve, Onix! ¡Placaje!
—¡Ve, Meowth! —gritó el pokemón, por decir algo y corrió hacia Onix.
Una embestida de Onix le dio de lleno en su pequeño cuerpo. Cayó de cabeza, rebotó y terminó boca abajo. A pesar del dolor, se levantó de un salto.
—¡Golpes Furia! —gritó, haciendo gala de su ataque más poderoso y arañó con fuerza el rostro de piedra de Onix. El pokemón se quedó quieto, como si le estuviera dando caricias.
—¡Tus Golpes Furia no pueden hacer nada contra el cuerpo de roca de Onix! —le gritó el bobo mayor—¡Bien, Onix, usa Lanzarrocas!
Onix no estaba en un terreno para hacer ese ataque, pero supo improvisar. Con su cola, intentó aplastar a Meowth. El pokemón la esquivo las primeras dos veces con mucha dificultad. La tercera vez lo rozó y la onda expansiva del golpe lo tiró al piso.
Tengo que resistir. Pero ninguno de mis ataques sirve contra ese pokemón gigante.
—¡Que divertido!
Meowth torció la cabeza hacia Togepi. El bebé ignoraba la batalla, jugando con la cola de Pikachu como si no existiera otra cosa. Meowth sacó fuerzas de esa imagen para seguir adelante.
Lo haré por ti, hijo. Meowth se rehúsa a perder.
Si la fuerza no era útil, tendría que usar la astucia. Miró hacia todos lados, buscando algo que lo ayudara…
Detrás de él, contra una pared, habían dos baldes llenos de agua. El bobo mayor los había puesto ahí para limpiar el escenario después del torneo.
¡Eso es! Onix es débil contra el agua.
—¿Qué dices, Meowth? ¿Te rindes? —le dijo el bobo.
Meowth corrió hacia los baldes. A pesar de que estaban llenos y eran casi de su tamaño, logró levantarlos con sus patas.
—¡Meowth no se rinde! —corrió con la agilidad natural de su especie, casi como si no estuviera cargando nada —¡El definitivo ataque victorioso con agua!
Meowth pegó un salto de más de dos metros de altura y vació el contenido de los baldes justo en el rostro de Onix. El pokemón de roca lanzó un grito y se tiró para atrás, arrancando gestos de sorpresa en todos los presentes. Cayendo en picada, Meowth tiró los baldes al suelo y sacó sus garras.
—¡Golpes Furia! —gritó, arañando con fuerza el rostro de Onix, empapado con agua. El gigante no soportó el golpe y cayó derrotado al suelo, con las marcas blancas de las uñas cruzando su cara.
Brock corrió hacia su pokemón, alarmado.
—¡Onix! ¿Estás bien, amigo? —levantó la cabeza y miró a Meowth, enojado —. ¡Oye, arrojar agua es trampa!
—No soy más que un padre que lucha por su hijo. Y voy a ganar este torneo.
Meowth no vio la batalla pokemón entre los dos bobos. Se la pasó todo ese lapso de tiempo parado sobre la mochila de la boba, observando a Togepi. El pequeño ignoró a Meowth por completo, ya que Pikachu lo distraía con su cola, pero no le importaba. La próxima batalla la ganaría y él podría dedicarse a cuidar, alimentar y mimar a su pequeño hijo.
—¡La batalla terminó! ¡Ash y Bulbasaur ganan!
Meowth miró hacia el campo de batalla. El bobo festejaba a los saltos con su pokemón, mientras que la boba estaba golpeando el piso con sus puños por la frustración de la derrota. Apenas se retiró, Meowth tomó su lugar.
—¡El ganador de esta batalla se lleva a Togepi!—anunció el bobo mayor.
—¡Muy bien, yo elijo a Pikachu! —dijo el bobo. El aludido dio unos pasos hacia adelante.
—¡Yo, como no tengo otro, elijo a Meowth! —anunció Meowth, también caminando unos pasos hacia adelante.
El gato miró a Pikachu, enseñando sus dientes. El ratón le devolvió la mirada con fiereza, con las orejas levantadas, alerta.
La mirada de Meowth se desvió hacia la de Togepi y sintió que sus piernas se aflojaban. En su memoria estaban frescos los recuerdos cuando era tan solo un huevo y todos los cuidados que le había dado. Tal vez lo haya tenido un día, pero para él era más que suficiente. Lo amaba y sería suyo muy pronto.
—¡Por tu bien, Togepi, yo ganaré esta batalla por ti! —gritó.
El bobo mayor hizo sonar la lata.
—¡Comiencen!
Pikachu es un pokemón tipo eléctrico y yo soy un tipo normal. ¿Qué haré? Tendré que esquivar sus Impactrueno y valerme más de mi agilidad para cansarlo y así poder atacar con Golpes Furia…
Meowth volvió a la realidad cuando la cola de Pikachu se posó suavemente sobre su amuleto. Vio el rostro divertido de su competidor y supo que estaba perdido.
El Impactrueno le dio de lleno en el amuleto y recorrió todo su cuerpo. No fueron más que unos pocos segundos, pero fueron eternos para él. Sus músculos se tensaron dolorosamente y sintió como sus órganos se achicharraban por dentro. Lanzó un grito de dolor tan agudo que incluso se debió haber oído en la ciudad que estaba ubicada a dos kilómetros de allí.
Cayó al suelo como una estatua, incapaz de moverse, excepto por unos pocos espasmos. El dolor que sentía era tan intenso que creyó que enloquecería. Su último pensamiento antes de desmayarse fue desear que Togepi fuera feliz sin él.
Jessie se levantó de golpe cuando Meowth se desvaneció en el piso.
—Esto está muy mal —musitó. Quiso bajar las gradas pero no pudo dar más que un par de pasos. Se quedó quieta un segundo, de pie, antes de que las piernas se le aflojaran y cayera al suelo.
—¡Jessie! —gritó James, intentando tomarla del brazo. No pudo sostenerla a tiempo y rodó por las gradas hasta llegar abajo (por suerte, no estaban demasiado alto). James bajó corriendo. Se había olvidado de Meowth, de Togepi, de la batalla, de todo. La levantó un poco en brazos—. Reacciona, Jessie, por favor, ¿Qué pasa?
Jessie no respondió. James le chequeó el pulso y dio un suspiro de alivio al ver que su corazón aún latía.
—¿Pasa algo? —el bobo mayor se había bajado del escenario y se estaba acercando a ellos.
—¡No lo sé! ¡Se desmayó de golpe!
El bobo mayor levantó una mano para tranquilizarlo.
—Te ayudaré a llevarla al hospital. La ciudad no está muy lejos. Ash y Misty llevarán a Meowth al Centro Pokemón.
James no tenía tiempo para ponerse a juzgar sobre quien lo estaba ayudando. Solo quería que su Jessie despertara.
—Está bien —dijo y se pusieron manos a la obra.
Jessie despertó al poco tiempo de ingresar al hospital, agitada. James la tranquilizó, diciendo que estaban en la guardia del hospitl y que le habían sacado sangre mientras estaba inconsciente.
—¿Como está Meowth? —preguntó.
—Los bobos lo llevaron al Centro Pokemón.
Jessie golpeó la camilla con el puño.
—¡Pudieron haberlo matado! ¡Mira que pegarle un Impactrueno en el amuleto!
—Shhh, tranquila, amor.
La puerta se abrió y entró un médico, un hombre joven y simpático de cabello anaranjado con una tablilla en su mano.
—Buenas tardes, soy el doctor Gin —se presentó.
—Buenas tardes, doctor —le respondieron ambos.
El médico sonrió y le echó un vistazo a su planilla.
—Ya hemos hecho los análisis de sangre —dijo.
—¿Es algo grave? —preguntó James.
—No, para nada —sus ojos se fijaron en Jessie—. Felicitaciones: está embarazada.
Fue muy duro hacer este capítulo, ya que no estoy acostumbrada a escribirlo tan largo. Supongo que no era una sorpresa que esto iba a pasar, no desde el capítulo anterior.
Todo review se agradece.
