¡Buenas! Iba a publicar ayer, pero me quedé dormida, lo siento.
AlenDarkStar: No me gusta ser demasiado vueltera. Ya fue suficiente que tardara diez capítulos en que estos dos estuvieran juntos. Pobre Meowth, me da mucha lástima a veces.
Capítulo trece
Luna nueva
Jessie y James entraron al Centro Pokemón, tomados de las manos. Aún intentaban asimilar lo que el doctor les había contado.
Claro, no tenían derecho a sorprenderse. Nunca habían usado preservativo ni ningún método anticonceptivo cuando tuvieron relaciones sexuales. Era obvio que en algún momento Jessie terminaría embarazada. Arbok ya lo sabía desde antes y explicaba su comportamiento protector hacia ella y agresivo hacia otras personas. Instinto, lo había llamado el médico.
¿Y ahora qué? ¿Qué harían con un bebé en camino? Apenas podían alimentarse y estaban expuestos a muchos riesgos que ahora ya no podían darse el lujo de correr. Normalmente, la llegada de un bebé al mundo traía felicidad, pero para ellos era todo lo contrario. No le podían dar una vida tan miserable a su propio hijo. No querían que fuera conocido como el hijo de unos mugrosos delincuentes como ellos, claro que no.
Los tres bobos estaban sentados en uno de los sillones de la recepción y les sorprendió un poco que Togepi estuviera en los brazos de la boba. El mayor de ellos se puso de pie apenas los vio y fue a su encuentro.
—¿Está todo bien?
—Sí, si —respondió Jessie, con la voz apagada —. ¿Cómo está Meowth?
El bobo mayor se mordió los labios.
—Será mejor que hablen con la enfermera Joy —respondió—. Nosotros ya estamos por irnos. Buena suerte.
Los bobos se pusieron de pie y salieron por la puerta principal. El adolescente los siguió pero, antes de atravesar la puerta, se dio vuelta y despegó los labios, como si quisiera decirles algo. Luego sacudió la cabeza y siguió su camino.
Antes de que pudieran ir al mostrador a hablar con Joy, vieron que esta ya se acercaba hacia ellos.
—¿Cuál de ustedes es el entrenador de Meowth? —les preguntó. No parecía para nada feliz.
Jessie y James se miraron. Tenían una respuesta estándar a la hora de responder a una Joy.
—Los dos —respondieron al unísono.
—Bueno, su Meowth ya está fuera de peligro y podrá irse dentro de un par de horas —dijo. Su tono estaba algo apagado y James presintió que había algo más —. Pero aún está muy débil. Tiene problemas de desnutrición. Él no está en condiciones de tener batallas —su tono se volvió agresivo—. ¿Cómo pudieron dejar que terminara así?
—Él quiso pelear solo por ese condenado huevo con patas —le dijo Jessie—. Se obsesionó con él, haciendo de padre.
Joy se quedó un par de segundos en silencio antes de responder.
—Su Meowth ya es adulto y a veces pueden obsesionarse con ser padres al llegar a cierta edad —les explicó—. Pero eso no justifica su desnutrición.
—La plata no crece en los árboles, ¿sabe? —replicó Jessie—. No nos diga que Meowth está desnutrido como si nosotros fuéramos una pareja de obesos. Hacemos lo que podemos.
James la tomó del hombro antes de que se pusiera más violenta.
—Tranquila, Jessie, tranquila —se dirigió a Joy—. ¿Meowth donde está?
—Habitación dos. Está dormido todavía —le contestó con sequedad—. Si me disculpan, tengo otros pacientes que necesitan mi ayuda —giró sobre sus talones y desapareció por un pasillo.
—¿Pero quien se cree que es esa puta?
—¡Jessie!
—Somos adultos, por favor, puedo insultar todo lo que yo quiera.
James suspiró. Era un caso perdido.
—Mejor vamos a ver a Meowth.
El pokemón estaba en una sala clásica de hospital, grande y luminosa, con una enorme ventana hacia el exterior. Estaba tendido sobre una cama demasiado grande para él. Se estaba moviendo como si tuviera una pesadilla.
—Meowth —le susurró James, mientras le acariciaba la cabeza—. Estamos aquí.
El pokemón abrió los ojos lentamente.
—¿Dónde estoy? —preguntó, con la voz pastosa.
—En el Centro Pokemón.
Meowth se frotó la cabeza.
—Oh… ¿Qué tan feo perdí?
—No quieres saber.
Meowth bajó la vista. Parecía a punto de echarse a llorar. Pero luego levantó la cabeza.
—Bueno, ¿Qué más da? Solo era un estúpido huevo —dijo, con aparente indiferencia, pero sus ojos brillaban por las lágrimas—. No necesito nada, yo… —su voz se quebró y no pudo seguir hablando.
—Oh, ven aquí —le dijo James y lo acurrucó en sus brazos. Meowth escondió la cara en el pecho de su compañero, mientras su pequeño cuerpo se convulsionaba—. En un par de horas saldremos del Centro…
—Debemos salir ahora.
James se dio vuelta y vio a Jessie espiando por la puerta entreabierta.
—¿Qué sucede, Jessie?
—Hay una oficial Jenny afuera hablando con Joy. Deben venir por nosotros.
—¿Qué hacemos?
Jessie miró hacia su compañero y luego hacia la ventana.
—¿Tú qué crees, James?
Tardaron un buen rato en llegar a la cabaña, juntar sus cosas a toda prisa y salir como alma que lleva el diablo hacia el globo. En ningún momento de ese proceso, James soltó a Meowth, haciendo las cosas con una sola mano. No se sintieron tranquilos hasta que se elevaron en el aire y estuvieron a unos buenos kilómetros de la ciudad.
—Por poco —suspiró Jessie—. Estuvimos cerca de ir presos.
Meowth levantó ligeramente la cabeza hacia James.
—No sirvo para nada, ¿cierto?
—Claro que sirves, no digas eso.
—¿A qué viene esa pregunta?
—Tal vez… aunque tuviera a Togepi… sería un mal padre.
—¿Todavía lloras por ese huevo? ¡Hay millones de huevos cada día y cualquiera puede ser nuestro!
James acarició la cabeza de Meowth.
—Cuando pasemos por una guardería, te robaremos un huevo, solo para ti.
—Y haremos lo posible para que no sea un Magikarp.
—Un precioso Ekans…
—O un Bellsprout…
—¿Para qué robar un huevo, si me lo van a sacar de todos modos? —contestó Meowth, con desgano—. Es hora de enfrentar la triste realidad y aceptar que nunca seré padre, limitándome a ver como los demás son felices con sus propias crías.
Jessie y James se miraron a los ojos. Planeaban decirle esa misma noche sobre el embarazo pero, viendo el estado en el que se encontraba, decidieron que era mejor dejarlo para cuando Meowth se sintiera mejor.
Después de varias horas no encontraron un pueblo o ciudad, pero si un Centro Pokemón en medio del bosque. Ya estaba oscureciendo y estaban muy cansados, así que decidieron bajar y acampar a un kilometro del Centro Pokemón.
—¿Crees que es seguro acampar tan cerca de ahí? —preguntó James.
—Viajar de noche es peligroso, James, y no creo que nos estén buscando, ya estamos muy lejos. Vamos a recolectar leña
—Deja, iré yo. Tú quédate… cuidando las cosas.
Jessie frunció el ceño.
—No me trates como una inútil. Levantar un par de ramas no me va a matar.
—Necesito que te quedes con Meowth.
Jessie soltó un gruñido, pero se resignó.
—Está bien.
James depositó a Meowth en el suelo, haciendo que apoye la espalda en el canasto del globo. A Jessie le recordó a los muñecos de trapo que tenía en su infancia. Como no quería estar sin hacer nada (a pesar de su naturaleza haragana) se puso a buscar piedras alrededor del globo para poner alrededor de la fogata. No tardó mucho rato antes de escuchar los acordes de la guitarra de Meowth y lanzó un suspiro de alivio. Si tenía fuerzas para tocar la guitarra, estaría bien.
No recuerdo donde estaba
Cuando me di cuenta que la vida es un juego
Cuanto más seriamente tomé las cosas
Más veces golpeaba el suelo.
No supe cuanto me costaba
Hasta que mi vida pasó ante mis ojos
Cuando descubrí lo poco que logré
Todos los planes que fracasé.
Quiero que sepan bien
Me gustaría quedarme en la banda
Sonrían cuando piensen en mí
Mientras mi cuerpo se consume en las llamas.
Jessie se paró en seco, escuchando la letra. Por momentos parecía quebrarse y luego se recomponía, intentando mantenerse en pie. Había tocado muchas canciones desde que lo conocía, pero esa en especial le caló hasta los huesos. Quería acercarse a Meowth y decirle algo, una palabra de aliento, pero no encontraba ninguna palabra que no fuera vacía y cliché.
James regresó cargando una pila de ramas en sus brazos y sonrió al ver a Meowth tocando la guitarra. Era evidente que no había escuchado la canción. Armaron la fogata y acomodaron las piedras a su alrededor. James sacó a Growlie de su pokebola.
—¿Puedes encender el fuego, Growlie?
Growlie asintió e hizo Ascuas hacia la pila de ramas. En pocos segundos, la fogata ardía alegremente.
—Gracias, Growlie —iba a meterlo en su pokebola, pero el pokemón de fuego tiró a James al suelo y comenzó a lamerle la cara, mientras él se reía.
—¿Tenemos algo para comer? —preguntó Jessie.
James se incorporó como pudo, mientras su pokemón se refregaba en su hombro
—Ramen.
Jessie acarició su vientre de manera casi automática. No podía vivir así. Su bebé necesitaba algo más que comer ramen y galletas. Necesitaba frutas y verduras. El médico le había dicho que estaba embarazada de un mes. Habían pasado por tantos peligros, deambulando por los bosques muriéndose de hambre con sus compañeros en ese lapso. ¿Y si su hijo nacía mal? Se había enterado hacía menos de veinticuatro horas de su presencia, pero lo amaba con todas sus fuerzas. Era suyo y de James y se merecía algo mejor que esto.
James preparó el ramen para los tres (una lata de comida pokemón y ramen para Growlie) y se lo comieron en silencio. Meowth apenas lo tocó, alegando que no tenía hambre y le dio su parte a Jessie. Estaba demasiado callado y eso no era bueno, siendo que a él le encantaba hablar y meter sus bigotes en todo.
Llegó la hora de dormir. Después de un largo rato, James logró que Growlie se dejara meter en su pokebola y se acurrucó junto a Jessie. Meowth dudó unos minutos antes de acercarse y acurrucarse en el estómago de Jessie sin mediar palabra. Casi le iba a preguntar si sabía de su embarazo, pero el sueño la venció y cayó dormida.
Meowth no dormía. No podía hacerlo y tampoco quería. Se quedó atento a los movimientos y ruidos de sus amigos hasta asegurarse que estuvieran dormidos.
Nunca había estado tan deprimido en su vida, ni siquiera cuando Meowzie lo rechazó por segunda vez y dejado atrás toda la vida que conocía para unirse al Equipo Rocket. Desde que le arrebataron a Togepi de sus brazos, se sentía muerto por dentro. Ni siquiera la luna estaba en el cielo para consolarlo con su hermoso brillo y su figura redonda y perfecta. El cielo solo estaba negro salpicado de estrellas. Eso no era el cielo, solo un vacío oscuro y nada más, como su alma.
Ya había tenido suficiente.
Se levantó, se acercó hacia el globo y miró a Jessie y a James. Dormían abrazados y con las manos entrelazadas. Esperaba que James pudiera cuidar bien de su novia. Había algo en ella que le decía que necesitaba ser protegida, aunque no sabía por qué. Sacudió la cabeza y se metió dentro del globo. Se movió despacio, intentando no hacer ruido, hasta encontrar una caja metálica de color verde. Con los dedos temblorosos, Meowth la abrió.
Eran dos pistolas, una junto a la otra, sobre un paño color naranja. Jessie y James se las habían robado al loco que administraba la Zona Safari, hacía ya un tiempo. En realidad no las habían robado, simplemente se las habían llevado sin darse cuenta. Una vez que lo notaron, las guardaron y juraron no usarla jamás, excepto en casos donde sus vidas corrieran peligro.
Meowth tomó una de ellas y la sacó de la caja. Corroboró que tuviera puesto el seguro y la dejó a un costado. Siguió buscando en el globo y encontró un cuaderno y una birome. Escribió durante casi una hora, descargando todo lo que sentía en el papel. Por momentos, las lágrimas se escapaban y formaban un círculo húmedo sobre las palabras. Pegó las hojas en la frente de James con cinta adhesiva, tomó el arma y se marchó en silencio, sin animarse a verlos una vez más, por temor de arrepentirse.
Estuvo caminando por media hora en el bosque, alejándose cada vez más de la calidez de la fogata y adentrándose cada vez más en la oscuridad. El miedo a la soledad le calaba los huesos de vez en cuando, pero se calmaba a sí mismo, murmurando que todo se acabaría en cualquier momento.
Paró en seco cuando sintió que se estaba cansando de caminar. Se sentó bajo un árbol, sobre una raíz que sobresalía de la tierra. Miró el arma entre sus patas. Los ocho años que había vivido en el mundo estaban plagados de dolor, decepción y amargura, apenas coloreado por los pocos momentos buenos que había tenido. Lo habían abandonado de bebé en un campamento de verano, lo habían golpeado hasta casi matarlo por robar algo de carne, había hecho sacrificios en vano y ahora la oportunidad de ser padre le había sido negada.
Temblando, sostuvo el arma entre sus dedos y se colocó el cañón frío sobre la sien. El llanto amargo le convulsionaba el cuerpo. Pensó en Jessie y en James, los únicos amigos humanos que había tenido, pensó en el jefe que probablemente ni se acordara de él. Pensó en Meowzie con sus hermosos ojos y en los Meowth con los que compartía en el callejón. Recordó el hambre, los golpes y maltratos que sufría en el campamento. Meowth cerró los ojos y su dedo apretó apenas el gatillo…
Espero que sepan disculpar mi dramatismo y no haber causado traumas a nadie.
En cuanto a la canción… Esta vez me olvidé de donde la saqué. Creo que era de Iron Maiden, pero no estoy segura. ¿Saben que FF no me deja poner espacio para separar un párrafo de la canción? No sé que hacer, me queda todo pegado.
Todo review se agradece.
