¡Buenas!

AlenDarkStar: Pobrecito Meowth, siempre me ha parecido un ser frágil en el fondo. Y esto es sólo el principio.

Capitulo catorce

Luna sangrienta

James se despertó en medio de la noche por algo que le hacía cosquillas en la nariz. Abrió los ojos, pero no veía nada. Se llevó la mano a la cara y descubrió que tenía varias hojas de papel pegadas en el rostro. La sacó de allí, sintiendo que se despegaban de su frente. Eran tres hojas en total. ¿Qué demonios pasaba?

Se acercó a la fogata, adormilado aún, para poder leerlas mejor. Reconoció de inmediato la letra desprolija de Meowth:

Queridos Jessie y James.

Renuncio. Renuncio al Equipo Rocket, renuncio a mi vida, renuncio a todo. He perdido mi identidad, quedando a medio camino entre un pokemón y un humano, todo por querer impresionar a una preciosa Meowth de clase alta que nunca me aceptaría. Antes robaba para sobrevivir, porque no tenía otra opción y ahora lo hago para que Giovanni me trate como un igual… ¿Qué estúpido, no? Sólo soy un fenómeno.

Me ha ido mal desde siempre. Me abandonaron de pequeño en un campamento de verano. Los niños me tiraban piedras y los adultos me han llegado a atar a un árbol con la esperanza que me muriera de hambre. En uno de esos días, proyectaron una película de Hollywood llamada El Meowth Malvado. El Meowth la pasaba muy bien, siendo mimado y comiendo deliciosa comida. Decidí ir a Hollywood ese día, el lugar donde los sueños se hacían realidad.

Una banda de Meowth y su líder Persian me ayudaron y me integraron en su banda. Ellos me enseñaron a robar y a sentirme parte de una familia. Pero me faltaba algo.

James pasó a la segunda hoja. Ahora su mente estaba despejada y las manos le temblaban.

Conocí a Meowzie afuera de una tienda de artículos de lujo para pokemón. Era lo más bello que he conocido en mi vida, lo juro. Intenté acercarme a ella y coquetearle, pero ella me rechazó, diciendo que yo era un sucio Meowth, que ella solo le interesaban los humanos y el dinero. Yo no podía competir con eso, pero no me iba a rendir.

No tardé mucho en aprender a caminar, pero tardé más en ser ágil, lo que provocó una buena cantidad de golpes de parte de los cocineros a los cuales robaba. No dejé la banda, pero me fui a vivir al cobertizo de una academia de danza. También allí aprendí a hablar, pero me tomó mucho más tiempo, creo que un año. Pero cuando me presenté ante Meowzie así, como ustedes me conocieron, dijo que estaba peor que antes porque, además de ser un sucio Meowth, era un fenómeno. Esa misma noche dejé todo atrás para unirme al Equipo Rocket y ser un pokemón millonario, con la esperanza que ella me amara.

James pasó a la última hoja. Ya estaba empezando a sudar frío por la espalda. Tenía miedo de seguir leyendo.

No logré nada, amigos míos, nada. Tengo ya ocho años, según mis cálculos, y no he logrado nada que valiera la pena. Hasta la posibilidad de ser padre me ha sido negada. No tengo fuerzas para empezar de cero, prefiero desaparecer.

Cometí el pecado de querer ser algo más que un ladrón.

Estoy cansado de luchar contra la corriente, estoy cansado de perder, estoy cansado de tener hambre… La muerte me ha rozado la mano más de una vez. Ahora es tiempo de tomarla e irme de aquí.

Quiero que me recuerden bien. Recuérdenme como ese Meowth decidido y alegre que nunca daba el brazo a torcer. No como esa cosa rota que vieron hoy.

Una cosa más:

Váyanse del Equipo Rocket. Ya. La vida es muy corta para desperdiciarla así. Tienen talento en muchas cosas y pueden seguir adelante. Háganlo por mí.

Si llegan a encontrar mi cuerpo… déjenme ahí. No merezco que se tomen el tiempo ni para enterrarme. Perdón por robarme su arma, pero la necesito.

Un saludo. Los amo.

Meowth

James se quedó congelado por unos instantes en el lugar. No podía ni respirar. Era como si el mundo se hubiese detenido o como si estuviera en el ojo de un huracán.

Meowth.

Meowth se había ido vaya a saber cuando a matarse con el arma del Safari.

No…

No…

James guardó la carta en el bolsillo y sacó su pokebola.

—¡Growlie, yo te elijo! —gritó.

Growlithe salió de su pokebola, agitando la cola, pero su semblante cambió al ver a su entrenador. Jessie se levantó a medias, muy adormilada.

—¿James? —musitó.

—¡Growlie, busca a Meowth, es urgente! ¡Rastréalo! —gritó, con la voz quebrada y apenas pudiendo ver por las lágrimas.

—¿James, que pasa? —preguntó Jessie, sin entender nada.

—¡Meowth! ¡Quiere matarse! ¡Hay que ir a buscarlo!

Eso terminó de espabilar a Jessie.

—¿Qué?

—¡No hay tiempo! ¡Voy a buscarlo!

Growlie ladró, en señal que había captado el olor de Meowth y comenzó a andar a paso rápido. James lo siguió, con Jessie detrás de él.

Cada minuto que pasaba, James se sumía más y más en la angustia. Lo que más temía era llegar demasiado tarde para salvarlo. Si llegaba a encontrarlo muerto… Dios, no quería ni pensar en ello. Rogaba que fuera una pesadilla o una broma pesada. Una parte de él se negaba al hecho de que esa carta fuera real.

James pensaba decirle a Growlie que se apurara, pero las palabras murieron antes de que llegaran.

Sonó un disparo.

Los tres pararon en seco. James sintió que todo se derrumbaba a su alrededor. Jessie lo tomó de los hombros antes de que cayera al suelo.

—M-Meowth —tartamudeó James. Jessie lo abrazó por la espalda con fuerza, como si tuviera miedo de que huyera o se lastimara.

Growlie ladró y salió corriendo, probablemente hacia donde había salido el sonido.

—¡Tal vez podamos salvarlo James! —gritó Jessie. Lo tomó del brazo y lo arrastró, siguiendo a Growlie.


Un sonido se escuchó entre los árboles.

Meowth paró las orejas. Estaba seguro que había oído algo. Después de quedarse un par de segundos inmóvil, sacudió la cabeza. Debió haberlo imaginado. Se concentró de vuelta en el arma que tenía en la mano y preparó el dedo para apretar el gatillo…

Otra vez el ruido llegó a sus oídos. Era bajo, pero lo sentía, como si estuviera a unos pocos metros de distancia. Meowth se quedó inmóvil. Quería ignorarlo, pero su naturaleza curiosa era fuerte. Bajó el arma e intentó seguir el sonido.

Lo primero que vio fue una caja de cartón junto a un árbol. Meowth recordaba vagamente haber vivido en una caja como esa cuando era muy pequeño. De ahí provenía. Con pasos lentos, Meowth se acercó a la caja y dio un vistazo al interior.

Jamás había visto algo tan hermoso en su vida. Era un Meowth bebé, recién nacido a juzgar por las cascaras de huevo pegadas en su pelaje. Tenía los ojitos cerrados y maullaba con su diminuta boca. Ese era el sonido que había estado escuchando.

Con un gesto salido de lo más profundo y dormido de sus instintos, Meowth acercó su cara y le lamió los ojos para sacarle los restos del huevo. Viendo más de cerca, notó que era una hembra.

Toda su depresión se transformó en furia. ¿Quién había sido tan desalmado para abandonar a un bebé en medio del bosque, dejando que fuera presa fácil de cualquier pokemón? Era un destino horrible.

—Tranquila —le susurró, mientras le acariciaba la cara—. Papi está acá, no tengas miedo.

Sus ojitos brillantes se fijaron en él.

—¿Papi?

A Meowth se le aflojaron las piernas al oírla de ella.

—Si, papi —repitió, con la voz temblorosa.

Un pequeño gruñido salió del estómago de la nena. Debía estar muerta de hambre. Meowth dejó el arma en el suelo y se inclinó para tomarla en brazos.

—No te preocupes, mi nena, vamos a conseguir al…

Una embestida salida de la nada lo tiró al suelo, seguido de un fuerte mordisco muy cerca de su cuello, en el lado izquierdo. Meowth lanzó un grito e intentó sacarse a la cosa de encima, desesperado. Escuchaba al bebé llorar con fuerza, aterrada.

No dejaré sola a mi hija.

Sacó las uñas de su pata izquierda y se las clavó con toda la fuerza en la cabeza de la criatura. La cosa lo soltó y se alejó un poco, volando hacia arriba. A través de la bruma de dolor, Meowth pudo identificarlo: era un Zubat. Probablemente alertado por el llanto de la nena, había ido hasta allí con la intención de devorarla.

Meowth miró al rostro sin ojos del Zubat. Le sangraba el costado de la cabeza, allí donde le había clavado las uñas. Meowth también sangraba por la herida del cuello. Miró el arma que estaba tirada cerca de la caja. Si iba a morir, se llevaría al Zubat con él.


Jessie era positiva de la boca para afuera. Estaba casi segura que Meowth estaba muerto, ahora que había escuchado el disparo. Nunca había estado tan angustiada en su vida y lamentó no haberse dado cuenta de que Meowth estaba demasiado deprimido.

A medida que se acercaban, podía escuchar un ruido, como si fuera un llanto agudo e histérico. Jessie perdió toda compostura y se puso a correr a toda velocidad. Una parte de ella quería correr en dirección opuesta, pero ella no era así. Tenía que verlo con sus propios ojos.

Growlie estaba inclinado sobre un pequeño bulto, lamiéndolo. Cerca de él, había una caja de donde provenía el llanto. Se acercó hacia donde se encontraba Growlie, caminando a zancadas.

—Déjame verlo —le dijo al pokemón. Growlie se apartó a un costado y Jessie tuvo que sofocar un grito con ambas manos.

Era Meowth. Sí, aún estaba consciente, pero parte de su cuello estaba desgarrado, como si lo hubiesen mordido y la sangre brotaba por la herida. Respiraba, pero de manera débil y entrecortada.

—¿Meowth? —le dijo, mientras rompía la parte de arriba de su uniforme para improvisar un vendaje.

—L-la n-ne-nena —tartamudeó Meowth. Su voz casi sonó como un graznido.

—¿Nena?

—Ne-n-nena. Ca…caja.

Jessie miró a James, que ya se había agachado al costado de Meowth. Tenía los ojos desorbitados y parecía al borde de un infarto. Jessie lo sacudió con una mano.

—¡James! ¡De nada sirve que te quedes parado como un idiota! ¡Toma la maldita caja y vayamos al centro pokemón! ¡Ya! —levantó a Meowth en brazos y empezó a correr, sosteniendo el pedazo de tela contra su cuello—. Meowth, no te duermas, por lo que más quieras, no te duermas.

Meowth lanzó un quejido. Detrás de ella, James la seguía con la caja en los brazos, como un autómata.

—Meowth, cuéntame que te pasó —sabía que su garganta estaba dolorida, pero tenía que mantenerlo despierto y saber que había pasado.

—Ne…na. Zu-zu-zubat. Lo a-asu-asusté.

—Háblame de la nena, Meowth.

—Her… mosa. Cuíden..la

—Tú mismo vas a cuidar cuando te recuperes, Meowth.

Llegaron al Centro Pokemón… solo para encontrarla con las persianas de acero bajas.

—No en mi turno—sacó su pokebola—. ¡Arbok, Ácido contra la persiana!

Arbok hizo su aparición y escupió un chorro negro de su garganta. El metal no tardó en resentirse y un agujero se abrió en donde había caído el ácido. Arbok siguió escupiendo hasta que el agujero fue suficientemente grande para poder pasar.

Detrás de la persiana, había una puerta de vidrio de dos hojas. Sin esperar a que Jessie diera una orden, Arbok usó Cabezazo contra el vidrio, quebrándolo en pedazos.

Jessie entró en el Centro Pokemón y comenzó a llamar a la enfermera Joy a los gritos.

—¡Enfermera Joy! ¡Es una emergencia, por favor!

Joy salió de una de las puertas, vestida con una bata rosa y flanqueada por dos Chansey. La enfermera vio a Jessie con la ropa manchada de sangre sosteniendo a Meowth, a James con la caja en las manos y a un Arbok y un Growlie muy nerviosos.

—¡Dios mío! —exclamó Joy, acercándose a Jessie— ¿Qué pasó?

—Un Zubat salvaje lo atacó —respondió Jessie atropelladamente—. Se está desangrando, por favor, sálvelo.

Joy tomó a Meowth y salió corriendo hacia una puerta al final del pasillo, junto a una de las Chansey.

—¡Vuelvan a sus camas! —les gritó Joy a un par de entrenadores que se habían asomado, en pijama y soñolientos por una puerta situada por la derecha. Probablemente esa puerta daba a un pasillo donde estaban los cuartos de los entrenadores. Los chicos (no pasarían de los trece años) dudaron un momento antes de cerrar la puerta y marcharse a sus habitaciones.

La Chansey que se quedó se acercó a James, señalando la caja.

—Oh, cierto —James se la tendió—. Creo que acaba de nacer.

La Chansey asintió y se fue corriendo hacia donde había entrado Joy, dejándolos solos.

—Arbok, regresa.

—También tú, Growlie.

Los dos se dejaron caer en uno de los sillones de la recepción, agotados física, mental y emocionalmente. James se tomó la cabeza con las manos y empezó a sollozar.

—Meowth… —murmuraba, como si aún no creyera en lo que estaba pasando. Jessie tampoco lo creía, pero ella siempre había sido la líder del equipo y debía mantener la cabeza fría.

—Meowth va a salir de esta —le dijo, rodeándole los hombros con el brazo—. Dentro de poco va a salir y será el mismo gato molesto y malcriado de siempre —ella sentía un nudo en la garganta, pero se negaba a llorar—. Él va a estar bien, no te preocupes.

James apoyó la cabeza en su cuello y se puso a llorar durante un rato hasta que comenzó a calmarse. Jessie lo dejó estar. Era lo mejor que podía hacer

La Chansey que se había llevado la caja regresó, pero con una pequeña Meowth bebé en sus brazos. También sostenía una mamadera

—Chansey, Chansey —dijo mientras hacía que James la sostuviera. Era tan pequeña que entraba en la mano.

—¿Quieres que yo le dé de comer? —preguntó James, sorprendido.

La Chansey le puso la mamadera en la otra mano y la guió a la boca de la pequeña. Al principio se resistió, pero luego dejó de llorar y comenzó a tomar el contenido con avidez, agarrando la mamadera con sus pequeñas patitas.

—Es una ternura —comentó Jessie, sorprendida. Había visto varios Meowth en su vida, pero jamás a una recién nacida. Era tan pequeña que su patita apenas cubría la uña del dedo pulgar de James.

La pequeña consumió todo el contenido de la mamadera, sin despegar sus ojitos de los de James. Apenas lo terminó, bostezó y se quedó dormida.

Por unos minutos, no pudieron más que admirarla. Todo en ella era diminuto, desde su amuleto (del tamaño de una moneda de cinco yenes), hasta su pequeña cola. No recordaron haber tenido nunca un pokemón tan hermoso y frágil con ellos.

—Chansey —el pokemón enfermera se acercó a ellos con un reloj digital de pulsera y un folleto. James tomó ambas con la mano libre.

—Jessie, ¿puedes leer lo que dice el folleto? —preguntó James, sin sacar los ojos de la Meowth.

—Si —respondió, tomando el folleto. Tenía la imagen de un Meowth bebé sonriente y rezaba "Como cuidar a un Meowth recién nacido" Desplegó el folleto y comenzó a leer en voz alta las partes más importantes —. James, aquí dice que hay que darle de comer cada cuatro horas durante el primer mes de vida si no está dentro de una pokebola.

James se giró hacia ella.

—Meowth nos matará si hacemos eso —sonrió. Luego, como si recordara la situación en la que estaba, su semblante se ensombreció.

—Por eso nos dieron este reloj. Hasta debe estar programado. —Jessie siguió leyendo—. También dicen que su pelaje es muy fino y tiene que estar abrigada.

Casi en el mismo momento en que dijo eso, la nena empezó a temblar y a quejarse en sueños.

—Shh, tranquila —le susurró James—. Jessie, tenla un momento.

Jessie obedeció y la sostuvo en sus manos. Era extremadamente suave y frágil al tacto. La cubrió con una mano, mientras James se sacaba el buzo. Sin pensarlo mucho, tiró con fuerza de la manga hasta arrancarla.

—¿Qué haces? —le preguntó en voz baja, para no despertarla.

—Darle abrigo —respondió. Tomó a la gatita con cuidado y la deslizó dentro de la manga. No tardó mucho en hacer efecto y la bebé volvió a sumirse en un sueño plácido.

—Necesita muchos cuidados —comentó Jessie—. Debe ser por eso que los abandonan tanto.

—Pero nosotros no somos de esos —James acarició la cabecita de la gatita—, ¿verdad, cariño?

La Chansey regresó una vez más, esta vez con una pequeña pila de ropa y se dirigió a Jessie.

—Chansey, Chansey.

—¿Para mi? —preguntó, sorprendida. Luego recordó que tenía su ropa manchada de sangre—. Gracias, ¿Dónde está el baño?

Chansey le hizo un gesto con la mano para que la siguiera. No estaba muy segura de dejar a James solo, pero tenía que hacerlo. Se levantó y se dejó guiar.


James no supo en que momento se quedó dormido. Sus sueños estuvieron plagados de sangre, gritos y bebés raquíticos como secas ramas de árboles en brazos de mendigas sucias y flacas. Recién pudo despertar cuando sintió que algo lo sacudía con suavidad por el cuello.

—La plaza es un lugar público —gruñó, creyendo que estaba durmiendo allí.

—Señor, está en el centro Pokemón.

James abrió los ojos. La enfermera Joy lo miraba, con un gesto preocupado. Tardó un par de segundos en recordar donde demonios estaba y que hacía ahí.

—¡Enfermera Joy! ¿Cómo está Meowth? ¿Se pondrá bien? —dijo, alzando cada vez más la voz.

—Señor, tenga cuidado, va a despertar a la bebé.

James miró hacia abajo. Sobre sus rodillas, podía ver la diminuta cabeza de la nena, con el resto de su cuerpo metido dentro de la manga. A su lado, Jessie soltó un gruñido. Vestía un camisón blanco hasta las rodillas, con el dibujo de una Chansey estampado en él.

—Lo siento —se disculpó, en un tono más bajo—. ¿Cómo está?

Joy lanzó un suspiro largo y se mordió un poco los labios

Oh, no, Meowth está muerto, Meowth está muerto.

—Meowth está estable. La operación fue un éxito.

El cuerpo de James se aflojó. Sintió la mano de Jessie apretar la suya con fuerza.

—Te dije que estaría bien —le dijo Jessie.

—Sin embargo… La operación tuvo complicaciones.

La alegría de James se esfumó con la misma rapidez con la que había llegado. Ni siquiera se atrevía a preguntar.

—¿Qué sucedió? —preguntó Jessie, preocupada.

—Su Meowth está con muy bajo peso, un kilo y medio debajo de su peso habitual, lo que es demasiado para un pokemón que debería pesar unos cuatro kilos. Por eso le hemos dado una dosis más alta de anestesia de lo que debía.

—¿Pero estará bien, verdad?

—Sí, lo estará, pero necesita quedarse algunos días aquí hasta que se recupere totalmente.

James miró hacia abajo.

—No siempre nos alcanza la comida —musitó.

Joy le dio una palmada en el hombro.

—Ya veremos la manera de solucionarlo. Mientras esté aquí, estará bien alimentado. Una vez que salga, les recomendaré una dieta… ajustada a su presupuesto.

—Gracias —le dijo, levantando la vista. Estaba sinceramente agradecido porque lo trataran como un ser humano. No pudo evitar que se le revolviera el estómago al recordar los Centro Pokemón que había asaltado y destrozado en el pasado.

Jessie carraspeó.

—Enfermera Joy…

—¿Si?

—Meowth tiene pánico a estar solo. Será mejor que alguno de los dos se quede con él.

Joy la miró, casi con lástima.

—No es una imagen muy agradable de ver.

—No importa. Yo iré.

James se giró hacia Jessie.

—Cariño, yo podría…

—Tu trabajo es cuidar de la bebé —le respondió, cortante—. Yo me ocuparé de Meowth.

James iba a discutir, pero se calló al ver la determinación en sus ojos. Tal vez aún se sentía culpable con lo que había pasado en el bosque, ya hacía… ¿Más de un mes? Parecía que habían pasado siglos. La vez que casi lo habían dejado morir.

—De acuerdo.

Joy asintió en señal de aprobación y se dirigió hacia la puerta donde estaban las habitaciones de los pacientes. Apenas desaparecieron, su vista se fijó en el pequeño pedazo de vida sobre sus rodillas y no pudo evitar angustiarse. No sabía qué hacer.


En todo el tiempo que se conocían, Jessie jamás le había preguntado a Meowth sobre su edad. Solían tomar sake los tres juntos de vez en cuando y era bastante inteligente, lo que lo convertía en un adulto. Pero su pequeña colección de juguetes, como pelotas y trompos lo hacía ver como n niño pequeño. Ni siquiera lo veía como un pokemón, sino como una persona.

Todo cambió al verlo en la cama del hospital. Tenía una aguja clavada en el brazo donde le pasaban en suero, un respirador en su rostro y unos electrodos controlando los latidos de su corazón. Ya no tenía dudas. Era un pequeño y frágil gatito que necesitaba que lo protegieran. Jessie se cubrió los ojos para contener las lágrimas. No podía más. Meowth no era indestructible y temía que sus expectativas de vida estuvieran bastante reducidas.

Se arrodilló al lado de la cama y tomó su pata. Se veía demasiado pequeño. Sus labios temblorosos se despegaron y apenas pudo murmurar:

—Lo siento…

Y rompió en un llanto silencioso.

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