Una mirada. Tan solo una mirada es suficiente para transmitir unos pensamientos que la persona indicada debe interpretar. A veces, incluso, se puede transmitir sin pretenderlo; pero no por ello habría que dejarse llevar por todo lo que es visible, superficial o aparente. Si se pretende actuar como lo haría un actor en un gran teatro, rodeado de focos y a la vista de todos, mejor actuar hasta el mismísimo final. Sin embargo, si se es espectador… se debe observar con cuidada atención.
Hacía ya algunos meses desde que Aihara Yuzu se había trasladado a vivir junto a su madre a la ciudad de Tokio. Con su padre ya fallecido, el nuevo matrimonio de su madre con otro hombre fue la causa de aquella mudanza tan repentina. Aunque aquel hombre con el que se había formado una nueva unión apenas vivía con ellas, sí que dejó parte de su ser en aquella humilde residencia: su cordial y responsable hija, Aihara Mei. En efecto, el apellido de Yuzu no le pertenecía; "Aihara" en realidad hacía referencia a la familia del nuevo esposo de su madre, Aihara Shou.
No es que a Yuzu no le agradara su nuevo padre, pero durante esos primeros meses había tenido ciertos encuentros no muy agradables con la hija de Shou. Su hermanastra, Mei, era ni más ni menos que la presidenta del consejo estudiantil de la academia a la que asistía regularmente y, por ello, el hecho de verla todos los días complicaba su ya delicada serenidad emocional. Un solo beso en aquella primera noche que vivieron juntas como hermanastras fue lo que desencadenó el principio de su historia amorosa.
—Yuzu —la llamó su madre, Aihara Ume—, ¿me ayudarías con la cena?
—¿Qué necesitas, mamá? —preguntó ésta.
—¿Podrías preparar la ensalada? —pidió.
Yuzu asintió y se dispuso a realizar la tarea que su madre le había pedido; acababa de llegar de la academia, y cocinar sería una buena actividad para relajarse y mantenerse ocupada. Pero, por mucho que intentara concentrarse en su labor, su mente seguía libre para deleitarse con el pensamiento que quisiera. No había sido un día demasiado agradable para la chica rubia, ya que una pequeña discusión con su hermanastra se hizo presente a primera hora de la mañana. Después de todo lo ocurrido con Sara, aquella amiga de Yuzu que también tenía sentimientos por Mei, al fin pudo conseguir que la presidenta demostrara ese afecto que igualmente sentía Yuzu hacia ella, pero nada había cambiado en realidad; Mei seguía con su trabajo en el consejo como si nada hubiera ocurrido, mientras Yuzu se preguntaba una y otra vez si debía decirle algo o callar y seguir fingiendo que no le importaba. Cada vez le era más necesaria la atención de Mei, pero temía parecer una niña pequeña al intentar pasar más tiempo con ella y molestarla en sus labores académicas. Hasta que llegó aquella mañana, claro.
—¿Has hablado hoy con Mei-chan? —le preguntó su madre, sacándola por completo de sus pensamientos—. Me gustaría saber si vendrá temprano, para cenar las tres juntas.
Yuzu desconocía la respuesta a la pregunta, y tampoco se esforzaría demasiado en conocerla. Lo único que quería esa noche era quedarse dormida antes de que su hermanastra llegara, para evitar enfrentarla.
—Yuzu —volvió a llamarla—, ¿podrías llamar a la oficina del director para preguntarle?
La chica rubia, con más resignación que amabilidad, aceptó y caminó hacia el teléfono para llamar a la oficina donde se encontraría Mei. Varios segundos tuvieron que transcurrir para que se decidiera finalmente a descolgar, meditando detenidamente en cómo debería dirigirse a ella ahora que estaban enfadadas.
—Estoy en casa —para alivio de Yuzu, Mei acababa de llegar a la residencia después de su jornada escolar. El sonido de la puerta al entrar la hizo sobresaltarse notablemente.
—¡Mei-chan, bienvenida! —la recibió la madre de Yuzu, asomándose al pasillo—. Te estábamos esperando para cenar.
Mei miró a Yuzu de inmediato, preguntándose si realmente esa espera incluía también a la chica rubia. Ésta se percató de ello y se avergonzó por completo.
A aquella cena la rodeó un ambiente algo tenso; Mei no era muy habladora, y Yuzu seguía dándole vueltas a todo lo que había ocurrido y a cómo debía actuar en consecuencia. Ume, la madre de Yuzu, iniciaba nuevas conversaciones que morían al poco tiempo ante la respuesta concisa de las dos chicas, lo que empezaba a preocuparla y a hacerle sospechar que algo no iba bien.
—Gracias por la comida —dijo Mei mientras se levantaba y recogía su plato de la mesa. Ante la tímida mirada de Yuzu, la presidenta se retiró para darse un baño.
—Mei-chan parece estar muy cansada —comentó la madre de Yuzu, aunque intuía que no recibiría una respuesta clara de su hija, allí presente.
—Iré ya a dormir. También estoy cansada —respondió ella, realizando las mismas acciones que su hermanastra—. Buenas noches, mamá.
—Oh, de acuerdo, Yuzu —dijo su madre, sin mostrar objeciones—. Buenas noches.
La chica rubia se apresuró en llegar a su habitación y cerrar la puerta tras ella. Abrió entonces su lado de la cama matrimonial que su madre había instalado allí para ambas y se acurrucó entre las sábanas.
«¿Cómo hemos llegado a esto?».
Aquella pasada mañana, Yuzu había decidido hablar con Mei sobre su recién iniciada relación amorosa; esa relación que de amorosa solo tenía el título, pues apenas notaba la más mínima diferencia en la presidenta del conejo de estudiantes. Yuzu quería llegar a la oficina del director antes de que comenzaran las labores del periodo de tarde y así encontrar a Mei para manifestar lo que pensaba de aquella situación, pero la conversación acabó subiendo de intensidad y terminó convirtiéndose en conflicto. Mei alegaba que estaba demasiado ocupada en aquel momento como para poder dedicarle el tiempo que le pedía, y Yuzu se indignaba porque pensaba que nunca tendría libertad para estar con ella. Finalmente, Yuzu no soportó más mantener aquella charla y se marchó corriendo del despacho ante la indiferencia de Mei.
La puerta de la habitación de Yuzu se abrió en ese instante; Mei pasaba al interior para disponerse a dormir como todas las noches. Yuzu trató de dar la espalda a la figura de su hermanastra, pero algo en su interior le decía que debía dirigirse a ella y hablar de lo que había pasado. Oyó cómo Mei se acostaba en aquella cama, sin siquiera pronunciar palabra, y continuaba ignorándola.
—¡Mei! —la llamó, incorporándose y volviéndose hacia ella—. Siento lo que dije antes… Fui muy egoísta queriendo que dejaras de lado tus obligaciones por mí.
Mei se giró al fin para mirar a Yuzu y, acto seguido, también se incorporó.
—Yo tampoco debí ser tan dura contigo, lo siento —correspondió Mei. No obstante, añadió—: Pero… quizás no fue buena idea hacerlo ahora.
—¿Hacer qué? —preguntó Yuzu con curiosidad.
—Tener una relación —sentenció, con más culpabilidad que molestia en su rostro—. Para mí es difícil dedicarte todo el tiempo que quisieras, y por mi culpa estamos enfadadas.
—¡No es culpa tuya, Mei! —respondió Yuzu, rápidamente—. Solo tenemos que organizarnos mejor.
—Eso va a ser más complicado a partir de mañana —la presidenta parecía cada vez sentirse más culpable.
—¿A qué te refieres? —Yuzu tenía miedo de saber la respuesta a aquella pregunta, pero prefirió arriesgarse.
—El consejo estudiantil tendrá la carga extra de preparar el festival cultural de este año. Se ha propuesto una obra de teatro en la que todo el consejo deberá participar —explicó Mei—. Aunque… solo somos tres personas; tendremos que pedir ayuda al club de teatro.
Fue entonces cuando Yuzu pareció tener el viento a su favor; se le presentaba una ocasión para poder pasar tiempo con Mei y, además, ayudarla en el festival cultural si era necesario. Solo tenía que unirse al equipo de la obra de teatro que se fuera a presentar en la academia y sería sencillo que ambas se vieran casi a todas horas. Yuzu lo tenía muy claro, y no iba a pensarlo dos veces antes de actuar.
—No te preocupes, Mei —alzó la voz, preparada para dar a conocer su gran idea—. ¡Aihara Yuzu se une a la acción!
…
A la mañana siguiente, Yuzu se levantó desorientada de la cama. Una vez que despertó completamente, miró hacia su izquierda para comprobar si Mei aún seguía allí.
«¡Maldición!», gritó Yuzu, al ver que la única que ocupaba aquella cama era ella.
Se preparó tan rápido como le fue posible y se dirigió al salón, encontrando allí a su madre. La respuesta que le daría era obvia, pero Yuzu quería asegurarse de que Mei se había ido sin ella una vez más.
—Buenos días, mamá —la saludó—. ¿Mei ya se ha marchado?
—Buenos días, Yuzu —respondió ésta, amablemente—. Mei-chan se fue hace unos veinte minutos.
«¡Te odio, Mei! ¡Siempre que hay un problema te escondes, cobarde!», pensó para sí misma con fastidio.
Tomó su desayuno con cierta impaciencia y salió de su hogar a paso ligero. No esperaba alcanzar a la presidenta, pero al menos no llegaría tarde a clase. El camino tampoco se haría demasiado largo, dado su tremendo enfado y las decenas de pensamientos que pasaban por su mente; algunos de ellos trataban de dar una explicación razonable a por qué Mei siempre huía de los problemas, en lugar de enfrentarlos; otros simplemente eran insultos varios que terminaban en preguntas retóricas.
—Ah, Yuzucchi —la llamó Taniguchi Harumi desde la entrada de la academia. Era su compañera de clase y su amiga más cercana en aquella institución—. ¡Buenos días!
Taniguchi Harumi, o "Harumin" como Yuzu la llamaba, era una chica de pelo castaño, ojos claros en tono tierra y compartía con Yuzu su amor por la moda. Se conocieron al poco tiempo del traslado de ésta última y han sido inseparables desde entonces. Siempre bromista y divertida, ayudaba a la chica rubia en todo lo que estuviera en su mano; aunque también tenía su propio sentido de la responsabilidad, procurando que su amiga no se metiera en demasiados problemas por su impulsiva personalidad.
Un largo suspiro por parte de Yuzu fue suficiente para percatarse de que algo, que de momento desconocía, había ocurrido.
—¿Yuzucchi, todo bien? —se interesó.
—Mei volvió a dejarme atrás… —se quejó la chica rubia.
—Presidenta es y presidenta será dentro y fuera del lugar, ¿eh? —comentó Harumi.
—Pensé que ayer había quedado todo solucionado… —se lamentaba Yuzu, llevándose una de sus manos a la cabeza—, pero creo que no le pareció buena idea que me quisiera unir a la obra de teatro…
—¿¡Obra de teatro!?
—Me dijo que no tenía que unirme al equipo solo por pasar tiempo juntas, que debería buscar mis propias aficiones sin depender de ella.
—¡Pero en eso tiene razón! ¡Busquemos un hobby genial y divertido para nosotras! —trató de animarle.
—¡Eso es, Harumin! —aceptó Yuzu, enérgica—. ¡Nuestro hobby! ¡Le diré a Mei que ambas queremos unirnos al equipo de la obra y descubrir nuestra afición artística!
—Ya, bueno… Nada de eso es lo que pretendía decir, Yuzucchi —se quejó, malhumorada.
—¡Imagínalo, Harumin! —planteó la chica rubia, sobradamente ilusionada—. La luz de los focos, los aplausos del público… ¡Actuar es divertido!
—¿Debo recordarte que la vicepresidenta también formará parte de la obra? —su amiga consiguió sacarle de ese estado de armonía y belleza, hasta devolverla a la ardua realidad.
Y era cierto, la vicepresidenta del consejo estaría allí preparada para regañar y corregir a Yuzu en todo aquello para lo que tuviera oportunidad. Había conseguido entenderse algo más con dicha vicepresidenta, Momokino Himeko, pero tampoco es que considerara que tenían una amistad; para amistad ya estaba la que tenía Himeko con Mei, habiendo sido amigas desde la infancia.
—¡Ni siquiera ella me detendrá! —alegó Yuzu, decidida.
—Espero que sigas pensando así cuando llevemos varias semanas de ensayos —añadió Harumi, arruinando aún más la iniciativa de su amiga. Muy lejos de querer desanimar a la chica rubia, empezaba ya a divertirse con aquella conversación. Yuzu, por su parte, la miraba un tanto irritada.
Pero, para desgracia de Harumi, aquel entretenimiento de molestar a su amiga se tuvo que ver interrumpido. Un solo vistazo a su reloj de pulsera le hizo ver que podían llegar tarde a clase si no se apresuraban. Tomó a Yuzu de la mano rápidamente y corrió hacia dentro de la academia sin esperar a oír una palabra más de lo que sería una clara pataleta de su amiga.
La confusión y enfado de Yuzu volvieron en cuanto vio a Mei sentada en su pupitre, con la serenidad de siempre. Pensándolo más detenidamente, aunque sabía que había sido algo egoísta tratar de unirse a una obra de teatro que desconocía solo para estar cerca de ella, cada vez le llamaba más la atención aquello de probar suerte y representar algún papel en dicha obra. Por ello, había decidido que, una vez que terminara la jornada escolar, comunicaría a la presidenta su intención de ayudar en la representación teatral aunque no tuviera ocasión de verla a ella.
«Después de todo, solo se trata de actuar. No tiene nada de malo, ¿no?», pensó Yuzu.
Pues aquí tenéis el primer capítulo. Bastante introductorio, pero bueno, el desarrollo de los argumentos lleva su tiempo. Trataré de estar de vuelta lo antes posible para continuarla pero, si no os gusta esperar demasiado, el fic siempre va a estar un poco más adelantado en la plataforma Wattpad, que es donde publico más regularmente.
Gracias por leer este primer capítulo y espero poder hacer entretenida esta historia para vosotros.
Aprendiz de Agatha Christie,
Kyomori.
