¡Hola!

Disculpen la tardanza, pero mi compu se rompió el jueves y recién pude arreglarla hoy. Los días que no escribí en la PC estuve escribiendo a mano, así que intentaré pasar todo lo que escribí en el cuaderno lo más pronto posible.

AlenDarkStar: sé que sonaré cruel, pero espero que hayas llorado, así me siento realizada (?). Hablando en serio, esa rata amarilla es su maldición, pero tal vez necesitan de la mala suerte para cambiar. El título de este fic no lo puse porque sonaba bonito.

Lo de los gatitos… me muero por tener uno, pero donde vivo no se permiten animales.

Capítulo quince

Cambio de roles

James había dormido muy poco. Se había quedado acostado en el sillón de la recepción, con la Meowth durmiendo en su pecho porque las habitaciones ya estaban cerradas y no se podrían abrir hasta las ocho de la mañana.

Durante la noche, se había olvidado de algo crucial: que los pokemón también tenían necesidades. A mitad de la noche, el llanto de la bebé lo había despertado y tardó unos segundos en darse cuenta que se había orinado encima de su pecho. Tuvo que calmarla, limpiarla bajo una canilla en el baño de hombres, lavar su playera negra con jabón líquido para manos del dispensador (al igual que el trapo donde la nena estaba envuelta) y colgarla de la puerta de uno de los cubículos. Ahora estaba solo vestido con sus pantalones blancos y las botas. Los guantes se los había sacado y estaban en el suelo, al lado del sillón.

—Buenos días —le dijo Joy, acercándose a él. Frunció el ceño, confundida—. ¿Y su playera?

James se sentó, sosteniendo al bebé con cuidado para no despertarla.

—Tuve un pequeño accidente anoche. Me olvidé que para los pokemón, cuando la naturaleza llama, hay que atender donde sea que estén.

Joy le dedicó una sonrisa.

—Tengo algunas playeras guardadas. Algunos entrenadores se las olvidan sobre la cama y yo me las quedo. Espera un momento.

Joy giró sobre sus talones y se fue por la puerta detrás del mostrador.

—Nya… —la pequeña ya estaba comenzando a despertarse. Abrió sus ojitos y miró a James. Su mirada se iluminó al instante —. ¡Nya! —maulló, con alegría.

—Buenos días, princesita —acarició su cabeza con un dedo, con ternura —. ¿Dormiste bien?

—Nya, nya —la nena cerró los ojitos, disfrutando de la caricia y luego atrapó su dedo con sus pequeñas patas, acercándolo a su boquita para lamerlo. Era como si alguien le pasara una pequeña esponja húmeda y algo rasposa por su dedo.

—¿Te agrado, eh? —dijo, dejando que la nena lo siguiera lamiendo. Casi se sentía una basura al tener algo tan puro e inocente entre sus brazos. La puso boca arriba y le acarició el vientre con un dedo. El bebé comenzó a chillar de alegría al recibir los mimos.

Joy regresó al poco rato, esta vez con ropa entre sus manos.

—Aquí hay algunas que creo son de su talle —le dijo, extendiéndosela. James las desdobló con cuidado. Eran tres: una blanca con el logo de la Liga Pokemón; una celeste con un Squartle surfeando una ola sobre su caparazón y otra gris con un Snorlax acostado boca abajo con la leyenda "Snorlax es mi espíritu pokemón".

James no tuvo que pensarlo mucho. La del Snorlax parecía de un pijama y la del Squartle le era tan ridícula que sospechaba que la habían olvidado a propósito. La de la Liga Pokemón era la más decente. Ya la iba a elegir, cuando…

—¡Nya! —maulló la pequeña, con tono de protesta.

—¿Qué pasa? —le pregunto James.

La gatita miró la playera de la Liga Pokemón y negó con la cabeza, entre maullidos.

—Creo que no le gusta —opinó Joy, sonriendo.

—¿Cuál es la que quieres?

La pequeña señaló con su patita la playera del Squartle, haciendo ruidos de aprobación.

—No, no, no. James se va a poner la playera de la Liga Pokemón —dijo James, sacudiendo la prenda con una mano.

—¡Nya, nya, nya! —protestó, volviendo a señalar la que ella quería.

—No me importa cuánto protestes, no me voy a poner eso.

La nena pareció entender y se quedó en silencio un segundo… antes de ponerse a llorar.

—¡Hey, hey, no llores! —le dijo, mientras la sostenía en su mano y la levantaba a la altura de sus ojos. Se sentía una basura por hacerla llorar—. Está bien, está bien, me pondré la playera del Squartle.

—¡Nya! —sonrió ella, alzando su patita y tocando la punta de la nariz de James.

James dejó a la pequeña a un costado, sobre el sillón, y se puso la playera del Squartle. Se sentía muy ridículo, pero no pudo evitar sonreír ante los saltitos de alegría de la pequeña Meowth. Dios, más que pequeña, era minúscula. Era incluso más chiquita que un Caterpie.

El estómago de James gruñó con fuerza. No se había dado cuenta que tenía hambre.

—La cafetería está en el fondo del pasillo —dijo, señalando la puerta donde había visto a los dos entrenadores la noche anterior.

—Espero que tengan un menú económico…

—Es gratis.

James abrió los ojos como platos. ¿Gratis? ¿Era en serio? Joy pareció leerle la mente, porque agregó:

—Todos los que tengan un pokemón internado tienen derecho a las tres comidas diarias de forma gratuita. Para los demás, solo tienen gratis el desayuno.

—Oh —comentó James—. En ese caso, voy para la cafetería.

—Que tenga buen provecho.

James tomó a la pequeña y se fue por el pasillo. Era bastante corto, pero ancho, como de unos cinco metros de largo. Había cuatro puertas, dos a cada costado. Las de la derecha eran la de los cuartos y las de la izquierda eran la de los baños. El pasillo terminaba en una sala amplia donde estaba la cafetería.

Era un lugar sencillo. Las mesas eran las típicas de las cafeterías, con bancos largos y de capacidad para cuatro personas contra un gran ventanal. Del lado opuesto, había una barra donde se pedía la comida y en un costado había un pizarrón donde se escribía el menú del día.

Mientras iba hacia la barra, las pocas personas que estaban allí comenzaron a reírse y a cuchichear, probablemente por culpa de su playera. Los hubiera mandado al diablo en cualquier otra situación, pero tenía a la pequeña acurrucada en su mano y no quería alterarla.

Apenas había caminado unos pasos dentro de la cafetería, cuando una Chansey se interpuso en su camino.

—¡Chansey, Chansey! —canturreó alegremente, mientras le señalaba la mesa.

—¿Tengo que esperar aquí? —preguntó. Hacía años que no pisaba un Centro Pokemón como un simple visitante y no tenía mucha idea de cómo se manejaba la parte de la cafetería. Aunque, por lo que sabía, cada Centro era un mundo y cada uno de ellos se administraba de manera distinta.

James se sentó, lo más alejado posible de los entrenadores. La pequeña estaba distraída tocando la imagen del Squartle en su playera, fascinada.

—¿Te gusta mucho, eh? —le dijo, acariciando su cabecita. La pequeña lanzó un maullido y refregó su cabeza en el dedo de James—. ¿Y yo también te gusto?

—¡Nya! —respondió la gatita, feliz, mientras le agarraba el dedo para lamerlo y mordisquearlo. Era tan tierna que James pensó que debería ser ilegal.

—¡Chansey! —sintió como ella depositaba una bandeja sobre la mesa.

—Oh, gracias —dijo, levantando la vista hacia la mesa.

Había dos cuencos sobre la bandeja con sopa de miso y arroz respectivamente. También había un plato con pescado a la parrilla y una taza de té. Había un tercer cuenco que contenía distintos tipos de bayas. Y, para terminar, la mamadera de la pequeña, ya preparada.

—¿Todo esto es para mí? —preguntó, sin dar crédito a lo que veía. Seguía sin creer que eso fuera gratis.

La Chansey asintió, con su eterna sonrisa y amabilidad en su rostro. Inclinó la cabeza como si le dijera buen provecho y se marchó.

James dejó a la pequeña sobre la mesa.

—Quédate quieta, ¿si?

—Nya.

La pequeña se dirigió a la ventana y se quedó allí, fascinada con el paisaje del bosque, apoyando sus dos patitas contra el vidrio. James tomó los palillos y empezó a comer con ganas el arroz. Tal vez no fuera la gran cosa, pero para él era un manjar. Se preguntó a sí mismo si Jessie estaría comiendo lo mismo.


Mami, tengo frío

Jessie miró a su hijo… ¿O era hija? Tenía el cabello color rojo oscuro y ojos azules como ella, pero su rostro se parecía mucho a James. Su voz era bastante ambigua, así que no podía discernir su sexo. No tendría más de cinco años. Lo estrechó con fuerza contra su pecho.

Todo va a estar bien —le susurró.

Estaban acurrucados en el suelo de una cueva. James estaba tendido a lo largo, alejado de ellos. Parecía afiebrado.

Mami, tengo hambre.

No tenían comida, estaba segura de ello

¿Por qué no vas a jugar con Meowth?

La criatura alejó su cabecita de su pecho y lo miró, confusa.

Pero mami, nosotros nos comimos a Meowth, ¿no lo recuerdas?

Una mezcla de horror y nauseas se apoderó de Jessie. Su hijo le extendió la mano y le mostró el amuleto de Meowth ensangrentado. La sangre manaba a borbotones, manchando la palma de la criatura y goteando hacia el suelo…


Jessie despertó de golpe, con el estómago revuelto. Las arcadas le convulsionaban el cuerpo. Por suerte, el baño estaba en la misma habitación y pudo vaciar todo el contenido de su estómago en el inodoro. Una vez que todo paró, se levantó, tiró de la cadena y bebió agua de la canilla. Por Dios, que pesadilla más horrenda.

Volvió a la habitación y se sentó en la silla, tan agotada como si no hubiese dormido nada.

—Je-Jessie…

Jessie miró hacia donde estaba Meowth. Estaba despierto e intentaba sacarse el respirador de la cara.

—Tranquilo, Meowth, estás en el Centro Pokemón.

—Nena… —balbuceó. Apenas podía hablar y su voz casi sonaba como un débil graznido.

—Está con James —lo tranquilizó—. Intenta no moverte mucho.

Meowth obedeció y se quedó quieto, pero aún quería seguir hablando.

—Lo… siento —musitó.

Eso terminó de desquiciar a Jessie. Se levantó de la silla, echando chispas.

—¿Qué lo sientes? ¿Sabes lo que nos hiciste pasar? ¡James estaba muerto de preocupación por ti! ¡Yo casi no pude dormir de la angustia! ¿De dónde sacaste esa idea de matarte, por Dios? ¿Sabes lo que esto le hace a mi embarazo, gato malcriado?

—¿Em… barazo? —preguntó Meowth, con toda la ingenuidad del mundo.

Claro, se habían olvidado el pequeño detalle de contarle lo del bebé. Volvió a sentarse, intentando tranquilizarse.

—Meowth, estoy esperando un hijo de James —le dijo, sin muchos rodeos.

Los ojos del felino se abrieron desmesuradamente, como si no pudiera dar crédito a lo que oía.

—¿Bebé? —murmuró. Sus ojos comenzaron a brillar de la emoción—. ¿Bebé? —repitió, mientras comenzaban a asomar las lágrimas.

Tal vez fuera por el desajuste hormonal por el que estaba pasando, pero las lágrimas de Meowth hicieron un nudo en la garganta de Jessie.

—Si, un bebé. Nos enteramos apenas ayer —se acercó al rostro de Meowth—. Vas a ser tío, así que más vale que te recuperes, porque yo no pienso cambiar pañales.

El felino apoyó su cara contra la mejilla de Jessie y los dos se pusieron a llorar. Habían pasado muchas cosas en los últimos dos días. Recordaban haber llorado cuando las cosas parecían no tener solución, pero siempre tenían la esperanza de salir. Ahora el futuro era demasiado incierto y tenían miedo. Miedo por el bebé que llevaba en su vientre y por la pequeña gatita que estaba siendo cuidada por James.

—¡Chansey! —una enfermera pokemón entró en la habitación, empujando un carrito con comida. Había arroz, pescado, miso y bayas en unos cuencos, listos para comer.

—¿Para mí? No sé si podremos pagarlos —le dijo Jessie, secándose las lágrimas.

—Chansey, Chansey —le palmeó el brazo.

—Gratis. Dice… que es gratis —respondió Meowth.

Chansey se acercó a la cama de Meowth, probablemente para examinarlo. Jessie se desentendió de ellos por el momento. Se secó las lagrimas y empezó a comer.


James terminó de comer, satisfecho por primera vez en mucho tiempo. Había sido un buen desayuno, sí señor. La nenita se paseaba por la mesa bajo su atenta mirada, cuidando de que no se cayera por el borde.

La alarma del reloj de James empezó a sonar con un bip bastante molesto.

—¡Nya! —maulló la nena, feliz. Ella ya reconocía el sonido y significaba la hora de la comida. Corrió hacia James, el cual la tuvo que sostener en su brazo mientras agarraba la mamadera con la otra mano.

—Eso es —murmuró, mientras le daba el suplemento nutritivo. La pequeña Meowth se metió la tetilla a la boca y la sostuvo con las dos patitas, como si tuviera miedo de que alguien se la quitara. Ya había hecho la operación un par de veces, pero todavía la veía adorable cuando comía.

Una mano se cerró sobre su hombro.

—Buenos días, James —la voz inconfundible de Jessie llegó a sus oídos.

—Hola —respondió, besándola en los labios.

—¡Nya! —protestó la nena, sacándose la mamadera de la boca y haciendo un gesto de amenaza con una pata hacia Jessie.

—¿Qué pasa, cariño? —le preguntó James.

—Creo que está celosa —respondió Jessie.

La nena empezó a protestar, señalando a James y luego señalando su boca. El hombre entendió enseguida y soltó una risotada.

—No, cariño, no me puedes besar en la boca. Solo mi novia puede hacerlo.

Ella se volvió a señalar a sí misma.

—No, tampoco puedes ser mi novia —le respondió, adivinando lo que la Meowth intentaba decir.

La pequeña lo miró, con los ojos vidriosos, amenazando con llorar en cualquier instante y James le acarició la cabeza, entre las orejas.

—Cariño, tú no puedes ser mi novia, porque ya eres mi sobrina, ¿entiendes?

—¿Nya? —preguntó, torciendo un poco la cabeza.

—Una sobrina es alguien que recibe muchos mimos, muchos más que una novia —le explicó, mientras le acariciaba el lomo—. Y no quieres recibir menos mimos, ¿verdad?

—¡Nya! —la pequeña negó con la cabeza con rapidez.

—Entonces, deja que ella sea mi novia y tú seguirás siendo mi sobrina, ¿de acuerdo?

—¡Nya, nya! —la pequeña asintió con la cabeza y comenzó a lamerle los dedos.

Jessie soltó una risa burlona.

—James, ¿de dónde sacaste esa ridícula playera?

—Creo que a esta pequeña loca se le ocurrió que esto es el último grito de la moda.

—¡Nya! —gritó la pequeña, satisfecha de su decisión.

—Aún así, ¿por qué la llevas puesta?

—Hubo un… pequeño accidente anoche.

Jessie miró a James, luego a la avergonzada cara de la pequeña y lo comprendió.

—Oh, ya veo… Ah, por cierto, Meowth ya se despertó.

—¿Nya? ¡Nya! —dijo la nena, mientras se señalaba a si misma como si creyera que hablaban de ella,

—¿Y… como está? —preguntó James, ignorando a la pequeña.

—Apenas puede hablar y está muy débil, pero se recuperará en pocos días, según me dijo Joy. Tal vez salga esta semana.

James soltó un suspiro de alivio.

—Eso espero. ¿Puedo ir a verlo?

Jessie hizo una mueca de desaprobación.

—Espera un par de días. Está demasiado conectado con cables y no les hará bien a ninguno de los dos verse ahora.

—¿Qué? ¿Acaso crees que me pondré a llorar?

—No lo creo. TE pondrás a llorar. Sé muy bien lo sensible que puedes llegar a ser.

James soltó un suspiro.

—Está bien. Me dedicaré a cuidar de la nena por ahora. Avísame cuando pueda verlo.

Jessie se levantó de la mesa.

—Tengo que seguir cuidándolo o se aburrirá. Te veré más tarde.


James estuvo el resto del día ocupándose de alimentar, cuidar y jugar con la pequeña Meowth en una de las habitaciones. Durante el resto del día, no llegaron nuevos entrenadores, por lo que tuvo un poco de privacidad.

La enfermera Joy y las Chansey eran atentos con él. Le habían devuelto su playera negra junto con las otras dos que había visto, pero fue imposible ponérsela de vuelta por las protestas de la pequeña. La comida que le dieron podía no ser la mejor, pero era abundante y suficiente para alguien que solo comía cuando podía y que había llegado a comer latas de comida pokemón.

Cerca de la hora de cierre, aprovechando que la nena dormía, James se cambió la playera del Squartle por la del Snorlax. Ya se había sentado sobre la cama, cuando Joy entró a la habitación.

—Espero no haberte interrumpido.

—No, está bien. ¿Qué pasa?

Joy le entregó una canasta pequeña de mimbre, ya con una almohada a modo de colchón y una manta.

—Por la tarde me comentaste que tenías miedo de aplastar a la pequeña mientras dormías, así que te traje esta canasta.

—Oh, gracias —levantó a la nena con mucho cuidado para no despertarla y la colocó dentro de la canasta. La Meowth solo se movió para meter su patita dentro de su boca y seguir durmiendo, mientras hacía ruidos de succión.

—Bien, yo tengo que irme…

—Espera.

Joy parpadeó y se acercó un poco más.

—¿Sucede algo?

—Es sobre Meowth.

—Dime.

—Creo que debí decírselo antes, pero… Meowth intentó suicidarse anoche, antes de que el Zubat lo atacara.

Joy abrió los ojos de par en par por la sorpresa y se llevó las manos al pecho.

—Ahora entiendo por qué su pareja no quería dejarlo solo, pobrecito. ¿Sabe por qué?

—Estaba muy desesperado por ser padre.

—No digas más. Eso les pasa a algunos Meowth adultos.

—¿Qué me recomiendas para que no vuelva a pasar por eso?

—No lo dejes solo y evita en lo posible las situaciones estresantes. Necesita mucha contención. Puedo llamar a una prima mía. Es una psicóloga pokemón y tal vez me ayude.

James inclinó la cabeza hacia abajo.

—Te lo agradezco. Por cierto, no te dije mi nombre. Soy James y mi novia se llama Jessie.

—Mucho gusto. Bueno, que descansen.

—Buenas noches, enfermera Joy.

Ella se dio media vuelta y cerró la puerta. James se acostó, con la canasta a su lado. Metió la mano dentro para poder sentir el cuerpo de la pequeña y cayó profundamente dormido


Ash, Misty y Brock llegaron cinco minutos antes de que Joy bajara la persiana. Dormir en el bosque no era malo para Ash ni mucho menos, pero las comodidades del Centro Pokemón eran mejores que cualquier hábitat.

Estaba tan cansado que los pies le dolían. Ni siquiera quería comer, solo quería entrar a la habitación y dormir junto a su Pikachu en una de las mullidas camas de las habitaciones. Ya mañana podrían desayunar y viajar hasta Isla Canela. Esperaba que no estuviera muy lejos.

—Hablen en voz baja, que puede haber gente durmiendo —les dijo Brock, tomando su propio consejo, mientras giraba la perilla de acero de la puerta de la habitación.

Era una habitación bastante simple, con dos camas marineras a los costados y un escritorio contra la ventana frente a la puerta. El escritorio tenía una silla, un florero con un ramillete de flores silvestres, una mamadera, un pequeño paquete con contenido desconocido y un velador encendido.

En la cama de abajo del lado izquierdo, había alguien durmiendo, abrazado a una canasta de mimbre. Era un hombre adulto, de cabello color lavanda. Cuando más lo miraba Ash, más familiar le resultaba. Los otros dos, al ver que Ash se había quedado quieto, se detuvieron también.

—Ash, ¿qué pasa? —le preguntó Brock.

—¿No les parece familiar? —preguntó Ash.

Misty también se acercó.

—Si, a mi también.

Ash dio un paso más hacia la cama. Pikachu incluso se paró sobre su hombro y comenzó a olfatear el aire, como si intentara reconocerlo por el olor.

El hombre se removió un poco, como si tuviera un mal sueño, pero solo duró un par de segundos antes de que volviera a sumirse en un sueño más tranquilo. A Ash le comenzó a venir un nombre a la cabeza, uno que había escuchado muchas veces en los últimos meses, desde que había empezado su viaja pokemón.

—Es James —musitó. Luego alzó la voz— ¡Es el Equipo Ro…!

Brock le tapó la boca desde atrás con fuerza.

—¿Acaso quieres despertarlo? — le dijo Brock al oído.

Ash lo meditó un momento. Realmente, más que una batalla, necesitaba dormir. ¿Pero cómo podría conciliar el sueño estando con James en la misma habitación? Y también tenía más preguntas: ¿Por qué estaba solo? ¿Dónde estaban Jessie y Meowth? ¿Y que tenía en esa canasta de mimbre?

Brock lo soltó. Misty dejó la mochila sobre la cama y se dirigió a Brock.

—¿Qué haremos?

Brock comenzó a responderle, pero Ash lo ignoró. El entrenador era de naturaleza curiosa y se moría de ganas de ver que había dentro de la canasta. En puntas de pie, se acercó a la cama y dio un vistazo adentro.

Jamás en su vida había visto un Meowth tan pequeño como el que estaba allí. Dormía profundamente, abrazando la mano de James con sus cuatro patas. Como si eso no fuera suficiente, la pequeña le estaba chupando el dedo índice en sueños.

Brock miró a la pequeña sobre el hombro de Ash.

—Es una cría de Meowth —murmuró el adolescente—. Debe haber nacido hace muy poco, a juzgar por el tamaño y el pelaje tan fino.

—Apuesto a que se lo robaron a algún entrenador —sentenció Misty—. La Joy de la ciudad anterior nos dijo que estaba desesperado por tener un hijo.

—Pero, ¿dónde está Meowth entonces? Y Jessie tampoco está —Ash se rascó la cabeza, confundido.

—Y esos tres siempre están juntos. Algo raro está pasando —Brock se quedó pensativo durante unos instantes—. Ya sé: iré a hablar con Joy. Ella lo dejó entrar, así que debe saber algo —se dirigió hacia la puerta—. Cuiden de no despertarlo o podría intentar escapar —les advirtió, antes de salir de la habitación.

Ash se sentó en la cama y Pikachu se bajó de su hombro. Misty se quedó de pie, abrazando a su Togepi dormido. No pasaron ni diez segundos cuando ella se giró hacia Ash.

—Ash, tenme a Togepi —le dijo, mientras depositaba al susodicho sobre sus rodillas.

—¿Qué sucede, Misty? —le preguntó Ash.

—Voy a rescatar a ese Meowth.

—Pero Brock dijo…

—Brock va a ir a coquetearle a Joy, no a preguntar nada —lo interrumpió ella, decidida—. Y no me voy a quedar aquí de brazos cruzados sin hacer nada.

Misty se acercó a la cama donde James dormía. Metió ambas manos dentro de la canasta y sacó a la pequeña, de manera un poco brusca.

—Listo, ya la tengo. Ahora…

La pequeña se removió en las manos de Misty y se despertó.

—¿Nya? —se la veía muy confundida.

—No te preocupes, pequeño Meowth, todo estará bien.

—¿Nya? —la voz de la pequeña temblaba. Había pasado de la confusión al miedo en menos de dos segundos.

—No te pongas mal, yo…

La pequeña se retorció en sus manos, intentando zafarse del agarre de Misty.

—Creo que la estás asustando, Misty…

—¡No es verdad!

En ese momento, la Meowth lanzó un alarido de desesperación que casi les destrozó los tímpanos. De milagro, Misty no la soltó.

James se despertó como si hubiera recibido un choque eléctrico y chocó su cabeza contra la cama de arriba. Pero no se preocupó mucho por el golpe, ya que sus ojos fueron de inmediato hacia la canasta y luego hacia Misty.

—¡Ustedes! —gritó —. ¡Dénmela!

—¡Ya lo creo que lo haremos, ladrón! ¡Te la robaste!

—¡Eso no es cierto! ¡Dámela, es mía!

—¡No te creo nada! ¡Tú y tus amigos son unos mentirosos!

La nena seguía llorando, desesperada, y se le estaba dificultando respirar.

—¡Está muy asustada! —gritó James ya acercándose de manera amenazadora. Ash se levantó de la cama y Pikachu se puso delante de él, pero no parecía dispuesto a atacar a James.

La pequeña Meowth seguía llorando. En un momento, abrió la boca y clavó sus pequeños dientes con toda la fuerza en la mano de Misty. La pelirroja gritó y soltó a la pequeña, quien cayó al suelo, de costado.

James se tiró al piso para examinarla. Ahora lloraba más fuerte que antes.

—¡Nena, no te preocupes, ya estás conmigo!

—¡NYAAAA! —lloraba la pequeña, con una de sus patitas pegadas a su pecho, como si se lo hubiera quebrado. Ash intentó acercarse a James, provocando que este la apretara contra su cuerpo.

—¡Ni se te ocurra tocarla! —lo amenazó.

La puerta se abrió de golpe y Joy entró a la habitación, seguida de dos Chansey y Brock.

—¿Qué pasa aquí? —preguntó Joy, asustada.

—¡Quisieron robármela! ¡Y creo que está lastimada! —le respondió James, mientras intentaba calmar a la pequeña, quien poco a poco dejaba de llorar.

—Ven conmigo para que la pueda atender —se dirigió a una Chansey—. Vigílalos —le dijo, con una voz tan cargada de ira que Ash tragó saliva.

James se levantó del suelo y siguió a Joy. Cuando la puerta se cerró, se enfrentaron al rostro ceñudo de Brock, uno que no habían visto desde aquel día que le había gritado a un entrenador por abandonar a su Charmander.

—¿Qué… demonios… hicieron?


Joy y James, junto a la pequeña, entraron a la sala donde se hacían las radiografías. Aún lloraba, pero al estar en contacto con el pecho de James la estaba calmando de manera progresiva.

Joy le hizo una radiografía a la pequeña y costó mucho que se quedara quieta. Solo James pudo calmarla y convencerla de que permanezca inmóvil.

—No tiene ningún hueso roto ni astillado, gracias a Dios —le dio Joy, mientras examinaba la radiografía—. Un poco de poción bastará.

Joy se acercó a la pequeña con una botellita verde con un atomizador en la punta para aplicarle en la patita.

—¡Nya! —comenzó a sollozar la gatita, haciendo un esfuerzo para proteger la parte lastimada.

Joy se dio vuelta y colocó la poción en la mano de James.

—Será mejor que usted lo haga.

—¿Yo?

—Cualquiera puede usar una poción, no tengas miedo. Si lo tienes, ella lo percibirá y tendrá miedo también.

—De acuerdo.

James se acercó a la pequeña, quien estaba tendida en una camilla. Su carita tenía surcos por culpa de las lágrimas.

—Nena, voy a ponerte esta poción para que te deje de doler la patita, ¿sí? Confía en James.

La nenita lo miró a los ojos un momento antes de extender la patita. Estaba asustada, pero confiaba en él y eso le hacía sentir algo extraño en su pecho. Ella no sabía que era un delincuente. No sabía que había robado cientos de pokemón del lado de sus entrenadores. No sabía que había estafado a un montón de personas. No lo sabía, no lo entendía y probablemente ni le importara. James era una especie de Dios para ella, era alguien en quien confiar ciegamente y el que siempre estaría con ella para mimarla y protegerla.

—¿James?

—¿Eh? Si, ya lo hago.

James roció con mucho cuidado la poción sobre la patita mientras la nena observaba con cuidado todo el proceso. Dio un leve respingo al sentir las gotitas salpicando su pelaje, pero nada más. En unos pocos segundos, ya había sanado.

—¿Ves, cariño? Te dije que confiaras en mí.

—¡Nya! —sonrió la nena.

Joy le apoyó una mano en el hombro.

—Tienes buena mano para esto —le dijo, sonriente.

James la miró, parpadeando de manera confusa. El bobo mayor le había dicho algo similar hacía no mucho.

—¿No has pensando en ser criador pokemón? —siguió ella—. Parece que se te da muy bien esto de cuidarlos.

James miró hacia otro lado.

—Yo solo sé robarlos, no cuidarlos —se le escapó.

—He estado cuidando de tu Growlithe y de tu Weezing y están muy bien a pesar de todo. Sé que tienes un buen corazón —le dijo Joy, sin inmutarse en lo más mínimo.

—Espere, ¿usted sabía que Jessie y yo…?

—¿…eran del Equipo Rocket? Vi su uniforme, no me tome por tonta.

—¿Y aún así nos atendió?

Joy lo miró a los ojos y dibujó una leve sonrisa.

—Para una enfermera no hay gente buena ni mala, solo personas que necesitan ser atendidas. Jamás les hubiera negado la atención médica.

James miró hacia abajo. Todo lo que podía sentir era vergüenza y auto aborrecimiento. Tenía tantas ganas de colgar el uniforme e irse para cualquier lado a ganarse la vida de cualquier manera…

—¿Nya? —la nena estaba de pie y lo miraba, preocupada, mientras movía sus bigotitos. Tal vez no entendiera ni una sílaba de lo que estaban hablando, pero percibía que James se sentía mal.

—Oh, ven aquí —le dijo, mientras la levantaba a la altura de su cara. La pequeña lamió su mejilla, como si lo quisiera consolar. Se giró hacia la Joy—. No pretenderá que regrese al cuarto, ¿verdad?

—Puedes ir al cuarto de al lado, está vacío. Yo te acompañaré.

—Muchas gracias, enfermera Joy.

—Llámame solo Joy.

—Solo si me deja de tratar de usted. Debemos tener la misma edad.

—Trato hecho, James.


—¿Estás loca, Misty?

Brock estaba furioso, cosa no muy habitual en la persona más tranquila y razonable. Misty estaba de pie, sujetando a Togepi entre sus brazos y mirando hacia un costado. La Chansey estaba a un costado de la puerta, vigilando sus movimientos.

—Loca estaría si no hubiese intentado sacarla de las garras del Equipo Rocket —intentó defenderse Misty, de manera hosca.

—Bueno, a juzgar por lo que me contaron, ella no quería irse del lado de James.

—Pudo haber sido la primera persona que vio al salir del huevo.

—Hasta ahora no hubo reportes de una Meowth bebé o un huevo de Meowth robado. Hay que pensar las cosas antes de actuar.

Ash se metió en la conversación antes de que las cosas pasaran a mayores.

—¿Qué te dijo Joy? —le preguntó a Brock con rapidez.

—No mucho. Dijeron que llegaron ayer a la noche, con Meowth muy malherido y con el bebé recién salido del huevo.

La puerta de la habitación se abrió y entró la enfermera Joy. Parecía estar conteniendo las ganas de gritarles hasta quedarse sin voz.

— Chansey, toma las cosas de James y llévalas a la habitación de al lado —le ordenó al pokemón. La Chansey obedeció y fue hacia la cama para sacar la canasta donde había estado la pequeña. Se giró hacia los tres —¿Me pueden explicar que estaban haciendo?

—¡Yo no hice nada! —saltó Ash.

—¡Enfermera Joy, no se deje engañar! ¡Es del Equipo Rocket! —agregó Misty

—Ya sé que son del Equipo Rocket —le respondió Joy con frialdad—. No tenías ningún derecho a sacarle al bebé si ni siquiera sabías como la obtuvo. Nadie te nombró juez ni jurado de nada.

Misty bajó la vista, avergonzada. Brock decidió intervenir.

—¿Y como está?

—Se lesionó una de las patitas, pero se recuperará. Tardará más en recuperarse del susto que le dieron a la pobrecita.

Joy se cruzó de brazos y paseó la mirada sobre los tres.

—Pero esto no va a quedar así. Tú —señaló a Misty—, estarás limpiando los baños y haciendo las tareas que a mí se me ocurran durante tres días. En cuanto a ti —señaló a Ash—, solo limpiarás los baños durante tres días.

—¡Pero si yo no hice nada! —saltó Ash.

—Exactamente: no has hecho nada.

—Pero…

—Sin peros. Mañana a primera hora los quiero a los dos levantados y listos para trabajar —dijo, sin dejar lugar a discusión. Se dio media vuelta y salió de la habitación, cerrando la puerta tal vez con un poco más de fuerza de la necesaria.

Tres días. Eso le retrasaría muchísimo el viaje, gracias a Misty. Tenía ganas de gritarle, pero estaba cansado. Se sacó las zapatillas, la chaqueta y la gorra y se echó a dormir en una de las camas de abajo, con Pikachu acurrucado en su pecho.

Me despido, tengo un dolor de cabeza horrible y tengo mucho que pasar a la PC.

Todo review se agradece.