¡Hey, buenas! Tal vez sea la última vez que pueda publicar una vez por semana, pero intentaré publicar tan pronto como pueda.
AlenDarkStar: Yo pensé lo mismo. Es irónico. ¿Cómo se sentirán estando al otro lado del mostrador?
Capítulo dieciséis
La venganza de Jessie
James no podría estar peor.
La pequeña Meowth casi no había dormido durante el resto de la noche por el miedo que la boba volviera por ella. James había intentado calmarla, pero no había tenido mucho éxito. Después de semejante susto, no podía culparla.
Los dos estaban en la cafetería, tomando el desayuno. La pequeña estaba fastidiosa e inquieta y parecía que todo le molestaba.
—¡Nya! —chillaba cada vez que James intentaba acariciarla, con enojo.
—Intenta dormir al menos —dijo James, deseando seguir su propio consejo. Casi no pegaba un ojo desde que Meowth estaba internado, pero alguien tenía que cuidar de ella.
Jessie apareció y se sentó con suavidad frente a James. Parecía más descansada que él y no pudo evitar pensar en cambiar de lugar con ella por un día.
—Buenos días.
—Ojalá fueran buenos —respondió James, bostezando.
—¿Qué pasó?
James titubeó. Jessie era alguien de armas tomar y lo sabía muy bien.
—Prométeme que no te vas a alterar.
Jessie se inclinó hacia adelante.
—Escúpelo.
James respiró hondo y le contó todo lo que había sucedido durante la noche. A medida que le contaba, la expresión de ella cambiaba a una más y más enojada. Cuando terminó, Jessie pegó un golpe seco contra la mesa con su puño.
—¡Voy a matarla! —gritó.
La pequeña, en los brazos de James, se sobresaltó y comenzó a llorar.
—¡No, no, no, cariño, no llores! —James la levantó a la altura de su cuello y la apoyó allí para calmarla.
—Lo siento —se disculpó Jessie, bajando la voz, pero no su ira—. Pero esto no se va a quedar así.
—Joy me contó que la castigaron con limpiar los baños durante tres días junto al otro bobo.
—Eso no es suficiente —gruñó Jessie—. Deberían meterla presa.
—Lo sé, lo sé, pero los bobos siempre se salen con la suya.
Jessie puso el codo sobre la mesa y usó la mano para sostener su cabeza. Sus ojos apuntaban a la ventana, pero su mirada estaba perdida dentro de sus propios pensamientos, probablemente sumergida en sus fantasías de venganza.
—Jessie…
—¿Mhh?
—Por mucho que queramos, no vamos a vengarnos.
Jessie lo miró y chasqueó la lengua.
—Oh, vamos, ¿por qué no?
—No quiero enojar a Joy y que nos terminen echando a patadas de aquí. Así que cancela cualquier plan sobre afeitarle la cabeza mientras duerme o llenarle la cama de chinches.
Jessie hizo un gesto de fastidio y levantó la mano derecha, como si prestara un juramento.
—Juro que no haré nada para lastimar a la boba, ¿está bien? Confía en mí.
Confiar en ella era como meter la mano dentro de un Charizard y esperar que no la mordiera, pero tendría que conformarse con su dudosa palabra.
—Confío en ti, cariño.
Joy se acercó a la mesa, con una mamadera llena hasta la mitad.
—Buenos días. ¿la pequeña no pudo dormir, verdad?
La Meowth lanzó un maullido de irritación y escondió su carita en el cuello de James.
—No y está muy irritada —respondió James, apesadumbrado.
Joy le tendió la mamadera.
—Es leche tibia con miel. Esto la ayudará a dormir.
James tomó la mamadera e intentó alimentar a la pequeña. Al principio se resistió a comer pero, al ver que insistía, abrió la boca y la tomó de mala gana.
—¿Funcionará? —preguntó Jessie.
—Funciona muy bien en bebés, tanto pokemón como humanos. Si necesitan algo, me avisan —se dio media vuelta y se marchó por el pasillo.
La pequeña terminó de tomar su mamadera, bostezó y se acomodó en el pecho de James. Tardó un rato, pero finalmente cayó dormida.
—Bueno, aprovecho que está durmiendo y voy a descansar un rato.
—Si, yo volveré con Meowth. No puedo dejarlo mucho rato.
—¿Cómo está?
—Un poco mejor. Extraña a su nena y te extraña a ti.
—Avisame cuando lo podamos ver.
Jessie asintió con la cabeza.
—Lo haré.
Se levantó y depositó un suave beso en los labios de James.
—Pórtate bien.
Jessie le guiñó un ojo.
—Lo intentaré —dijo y se marchó por el pasillo.
James dio un vistazo a su alrededor. Los bobos no estaban. Tampoco tenía ganas de verlos, así que decidió meterse en su cuarto y dormir al menos un par de horas.
James no se despertó por el sonido de la alarma de su reloj, la cual ya había aprendido a odiar, sino por algo húmedo y rasposo que se frotaba por la punta de su nariz de manera rítmica y constante. Abrió los ojos.
—¿Nena? —preguntó, adormilado.
La pequeña, con la gran parte del cuerpo sobre su cara, paró de lamerlo y frotó una pata contra su mejilla.
—¡Nya! —sonrió.
—Veo que estás de mejor humor —dijo, mientras la tomaba con su mano y se incorporaba.
La pequeña lanzó un maullido y señaló la puerta de la habitación.
—¿Quieres salir?
La pequeña siguió maullando y señalando la puerta. James quería seguir acostado, pero no podía decirle que no a esa carita.
—De acuerdo, tú ganas —dijo, llevándola en brazos hacia la puerta.
Salió al pasillo desierto, cosa que no le sorprendió. Era un Centro Pokemón en medio de la nada y probablemente la calma era cosa habitual. La pequeña siguió maullando, con un tono triste.
—¿Qué sucede? ¿Quieres salir afuera?
Ella negó con la cabeza.
—¿Entonces qué quieres? —le preguntó, levantándola a la altura de sus ojos.
La pequeña tocó su amuleto por toda respuesta. James sabía que intentaba decirle algo, pero no atinaba a saber que era.
—Tu amuleto es muy bonito —comentó, recordando como Meowth se esmeraba en mantener el suyo bien pulido. ¿Lo tendría igual ahora? Y entonces creyó comprender. Que lista, pensó.
—¿Extrañas a tu papi? —preguntó.
La pequeña asintió.
—Yo también lo extraño, pequeña, pero tendremos que esperar a que se recupere, ¿sí?
—Nya —le respondió, no muy convencida.
De la puerta de enfrente, se escuchó un espantoso alarido de mujer, sobresaltando a ambos. James se quedó congelado en su lugar. Él no era precisamente un hombre muy valiente, pero sentía que le debía mucho a Joy y que lo mejor que podía hacer era ver qué era lo que ocurría, así que decidió entrar, a pesar de que era el baño de mujeres.
Encontró a la boba acurrucada bajo los lavabos, entre sollozos. Frente a ella había un trapeador y un balde en el suelo. Pero ella no era la única que lloraba. En el suelo, contra la pared de azulejos, yacía un pequeño Caterpie de costado, quien se sacudía y chillaba.
—Pobrecito —murmuró, ignorando a la boba y dirigiéndose al pokemón. El pequeño tenía un atisbo de chichón, el cual amenazaba con volverse más y más grande.
—¿Nya? ¿Nya? — la Meowth miraba al Caterpie con mezcla de preocupación y miedo. Lo que faltaba, dos bebés llorando.
—Estará bien —la tranquilizó James —. ¿Puedes sostenerte en mi hombro?
La pequeña asintió. James la levantó y la puso con cuidado en su hombro antes de dirigirse al Caterpie.
—Ven conmigo —le dijo, mientras lo alzaba. El Caterpie pareció asustarse y se sacudió aún más—. Hey, tranquilo, no te haré daño. Te llevaré con Joy y ella te curará.
Como si la hubiera invocado con tan solo nombrarla, Joy entró corriendo al baño, junto con una Chansey y los dos bobos.
—¿Qué pasa aquí? —le preguntó Joy.
—Pregúntale a la boba —respondió, señalándola.
—¡Ese bicho asqueroso se subió a mi pie! —exclamó la boba, saliendo de debajo de los lavabos. No había que ser un genio para adivinar que ella había pateado al pobre Caterpie.
—James, acompáñame para poder atender al pequeño —le dijo Joy. Se dio vuelta para enfrentarse a los dos bobos—. Tú sigue limpiando y tú quédate con ella —se giró hacia Chansey—. Chansey, quédate en el baño y vigílalos.
James siguió a Joy por el pasillo y se dirigieron al mismo lugar donde habían atendido a la pequeña Meowth durante la noche.
—Ponlo en la camilla —ordenó. James obedeció y acostó al Caterpie, el cual seguía llorando y derramando lágrimas. La pequeña Meowth le maullaba desde su hombro, como si intentara tranquilizarlo o algo parecido.
Joy fue a buscar algo a un armario y regresó ya con la conocida botella de poción.
—Quiero que se la rocíes sobre el chichón mientras llamo a una Chansey para que me traiga algo de hielo.
—D-de acuerdo.
Con mucho cuidado, James roció la poción sobre la cabeza del Caterpie. Al principio, lloró más fuerte y James tuvo que soplarle para que no le ardiera.
—Esto te curará, no te preocupes. Pronto te pondrás bien.
El Caterpie lo miró con sus grandes ojos negros y brillantes por las lágrimas, como buscando consuelo.
Joy se acercó a la camilla, con una pequeña bolsa de gel líquido congelado.
—Ponla en la cabeza del Caterpie para bajarle la hinchazón.
A James le pareció extraño que Joy no lo hiciera y le indicara como curarlo, pero no se animó a contradecirla y prefirió hacerle caso. Puso con mucho cuidado el gel sobre el chichón.
—Ya está, ya pasó. La chica mala no va a volver a lastimarte. Mañana estarás en el bosque, comiendo hojas y haciéndote más fuerte, lo prometo.
El Caterpie dejó de llorar y lo siguió mirando, como si lo admirara. James no pudo evitar acariciarle un poco la espalda para reconfortarlo.
—Muy bien. Ahora descansa y hazle caso a la enfermera Joy, ¿sí?
El pequeño asintió con la cabeza. James se dio media vuelta y casi se chocó con Joy, la cual lo miraba con una amplia sonrisa.
—Sabía que tenías mano para esto.
—¿Para qué? —preguntó James, confundido.
—¡Para cuidar pokemón, por supuesto! De verdad, te recomiendo que estudies para ser criador o médico pokemón.
James negó con la cabeza.
—Aunque digas que tenga un don o lo que sea, no basta. Tendría mucho que estudiar y, además, necesito ganar dinero para que Jessie, Meowth y ahora esta pequeña vivan bien.
—James, dime la verdad, ¿te ha gustado curar a ese Caterpie?
Ahora que Joy lo decía, se había sentido muy bien cuidándolo. Le hacía recordar a las épocas más felices de su infancia, cuando pasaba los veranos en la casa de sus abuelos paternos, ambos criadores. Los jardines de su casa estaban siempre habitados por pokemón que ellos mismos cuidaban y alimentaban. ¿Ellos seguirían vivos? Habían pasado diecisiete años de la última vez que los había visto.
—Sí, si, me ha gustado. Ahora, si me disculpas, tengo que darle la mamadera a la nena en cualquier momento y quiero dormir dos horas al menos —dijo James, de manera un poco hostil. No quería contestarle de esa manera, pero había dormido muy poco en los últimos dos días.
—Entiendo, ve a descansar.
James volvió a acomodar a la pequeña Meowth en sus brazos y se marchó a su habitación. Puso a la nena en la canasta, se abrazó a ella y se durmió apenas apoyó la cabeza en la almohada.
Entre dormir dos o tres horas, despertarse a alimentar a la pequeña, jugar con ella y volver a dormir, despertó con alguien abrazándolo por la espalda y respirando suavemente en su nuca. Ni siquiera tuvo que darse vuelta para saber quién era.
—¿Hace cuanto que estás aquí, Jessie? —le preguntó.
—Media hora, tal vez —respondió Jessie, un poco adormilada.
—¿Y Meowth?
—Duerme.
—¿Y la nena?
—La puse sobre el escritorio y está durmiendo como un ladrillo.
James miró el reloj en su muñeca. Faltaba poco para darle la mamadera.
—¿Cómo estuvo Meowth hoy? —le preguntó, mientras se daba vuelta para poder verla.
—Mejor, ya puede hablar un poco más. Le conté como cinco veces su cuento de El Meowth con Botas. No se cansa de oírlo.
—Yo lo cuento mejor —se burló James.
—Lo sé. Deberías contarle a la nena ese cuento.
—Que se lo cuente Meowth primero cuando salga de aquí.
Unos ruiditos comenzaron a escucharse desde el escritorio.
—¿Nya? —la pequeña se estaba comenzando a despertar.
—Jessie, pásame a la nena antes de que se ponga a llorar.
Jessie se levantó con un quejido y fue a buscar a la pequeña.
—James está aquí, no te asustes —le dijo, mientras la levantaba en brazos y se la llevaba a James.
—Ven aquí, princesa —le dijo James, mientras se inclinaba y la acunaba en sus brazos. Ella se reía e intentaba atraparle los dedos para lamerlos. En un momento, se giró hacia Jessie y comenzó a hacer gestos y poses mientras maullaba. Se hacía una bolita temblorosa y luego sacaba las garras de manera amenazante. Se tocaba la cabecita y señalaba a James por momentos.
—Siento que me está contando algo, pero no entiendo nada —dijo Jessie, intentando descifrar lo que ella le decía.
—Ah, creo que sé lo que está diciendo. Hoy la boba le dio una patada a un Caterpie —le comentó.
—Se suponía que tenía que asustarse, no golpearlo —gruñó Jessie.
James torció la cabeza hacia su novia. Sabía que no debía confiar en ella.
—"¿Se suponía?"Jessie, dime que no tuviste algo que ver con esto…
Jessie levantó las manos,
—Oh, vamos, James, ni que me hubiese gastado en ir al bosque a buscar a un Caterpie y a colarlo por la ventanilla del baño sabiendo a la hora que tendría que limpiar —intentó burlarse, pero todo sonaba a algo que realmente haría.
—Sabía que no podía confiar en ti.
—¿Y como iba a saber que la boba lo iba a patear como pelota?
El reloj comenzó a sonar. La pequeña comenzó a maullar de alegría mientras se señalaba la boca. Dios, cuantas ganas tenía de agarrar el aparato maldito y romperlo de un martillazo.
—Ya hablaremos de eso. Mejor ve con Meowth, que no me gusta que esté solo.
—¡Nya! —se quejó la nena, mientras se señalaba.
—¿Qué le pasa? —preguntó Jessie.
—Cree que nos referimos a ella —contestó James, pensativo—. En fin, voy a la cocina a buscar agua tibia, ¿si?
—Está bien —Jessie le plantó un beso suave en sus labios—. Nos vemos en el desayuno.
Jessie fue la primera en irse del cuarto. James agarró la mamadera de la pequeña y salió hasta la cafetería. Cuando estaba cerca del mostrador, alguien le tocó el hombro.
—James —era la enfermera Joy, con el rostro preocupado.
—Ah, hola, Joy. ¿Pasa algo?
—Si, es sobre Caterpie. Está muy triste desde que te fuiste y mira la puerta todo el tiempo. Creo que te extraña.
James hizo un gesto con la mano.
—Solo debe extrañar el bosque, es todo.
—Entonces… ¿Por qué no vas y lo animas un poco?
—Tengo que preparar la mamadera…
—Una Chansey lo hará —se apresuró a decir Joy, mientras tomaba la mamadera de los brazos de James—. Te la alcanzaré en la sala. ¿Recuerdas donde está?
—Si, creo que si.
Joy le palmeó el hombro.
—Ve.
James emprendió el camino por el pasillo, a pesar de las protestas de la pequeña por su mamadera. No creía que el Caterpie lo extrañara. Lo más probable era que extrañara el bosque, con sus hermosos árboles y las suculentas bayas colgando de ellas, meciéndose con el viento. El Caterpie no había estado más que unos minutos con él.
Encontró al Caterpie solo en la camilla, de cara a la pared. Tenía todo el aspecto de un deprimido, a pesar de no verle la cara.
—¿Estás durmiendo? —le preguntó.
El Caterpie se giró y sus enormes ojos negros brillaron de felicidad.
—¡Curí! —gritó, mientras intentaba pararse y estirarse lo más posible.
—¡Nya! —la nena levantaba su patita, como si lo saludara.
—¿Me extrañabas? —le preguntó James, mientras lo tomaba con el brazo libre y lo estrechaba en su pecho. El Caterpie se refregó contra su cuerpo, feliz. La pequeña no tardó en imitarlo, como si compitiera con él.
La puerta se abrió y Joy ingresó en la habitación con la mamadera ya preparada. Sonrió al ver la escena.
—¿Con que solo extrañaba el bosque, eh? —se burló.
James acomodó al Caterpie en su hombro y se acercó a la enfermera.
—Y a ti te encanta contradecirme —replicó, mientras ella le extendía la mamadera. La pequeña se aferró a ella con las cuatro patas y empezó a tomar.
—Un poco, tal vez. ¿Por qué no le preguntas si quiere ir contigo?
—¿Curí? ¡Curí, curí, curí! — Caterpie se refregó contra su mejilla.
James dudaba. No le haría daño tener un pokemón más, claro que no, pero a veces conseguir comida no era sencillo y ahí sentiría que lo estaba condenando. Growlie era otra historia y Weezing se alimentaba de basura, además de servir como combustible.
Joy lo miró a los ojos, como si le leyera la mente.
—Caterpie solo come hojas es esta etapa —explicó—. Cuando evoluciona a Metapod, no se alimenta y cuando finalmente sea un Butterfree, se alimentará de miel y néctar de las flores.
La pequeña terminó de tomar su comida y él dejó´la mamadera sobre una mesa. James acarició la cabeza de Caterpie con un dedo, lo que provocó unos chillidos de felicidad. Joy insistió:
—¿Realmente quieres romperle el corazón a este bebé? Además, no es dependiente y tu pequeña Meowth tendrá un compañero con quien jugar.
James sacó el Caterpie de su hombro y lo sostuvo en la mano. Lo miraba con los ojos llenos de expectativa, esperando su respuesta con ansiedad.
—Bueno —suspiró James—. No me quedan muchas opciones, ¿verdad, Caterpie? De acuerdo, puedes venir conmigo.
El Caterpie comenzó a chillar de alegría, junto con los maullidos de la pequeña. Ahora se había convertido en el tercer miembro del equipo sin siquiera planearlo.
¿Saben? En mi imaginación, creía que Caterpie decía "curí". Me llevé una decepción al ver el capítulo y enterarme que solo hacía chillidos. Como quería que tuviera una onomatopeya que pudiera transcribir, decidí dejar el "curí" por comodidad.
Todo review se agradece.
