Hola. Espero que sepan disculpar el capítulo tan corto, pero creí que era lo mejor. El próximo será más largo (o eso espero).
Slash Torrance:
1) Si que te demoraste. Me gustaría saber cuál de todos fue tu favorito hasta ahora.
2) Si, es común que dé esa clase de giros, ya me lo han dicho. Ahora que están transmitiendo Pokemón desde el principio en tu país, podés darle un vistazo.
3) Lo de la pequeña Meowth fue un agregado a último momento, al igual que Caterpie. Es otra de las cosas que me pasan seguido.
AlenDarkStar: "aunque inquietante la pesadilla de Jessie, no dudo que sea algo muy alejado de la realidad" ¿Se van a comer a Meowth? XD. Están llenos de problemas y responsabilidades ahora.
¿Saben? Tengo ganas de editar algunos capítulos porque creo que les falta una mejor narración y hacer unos leves ajustes. No se preocupen, no voy a cambiar la trama.
Capítulo diecisiete
Ayuda
James no estaba en condiciones ni de moverse. La falta de sueño lo estaba consumiendo, pero alguien tenía que ir al pueblo a comprar provisiones para el viaje. Jessie tenía que acompañar a Meowth en casi todo momento, así que a él le tocaba buscar el globo, volar hacia el pueblo más cercano y rogar no quedarse dormido en el trayecto. Quiso dejar a la pequeña Meowth con Joy, pero su llanto lo hizo cambiar de opinión.
Salió hacia el bosque al amanecer, después de tomar un suculento desayuno (por algún motivo le habían servido casi el doble de cada cosa y le habían agregado un omelette). La pequeña Meowth dormía dentro de su canasta y Caterpie estaba atento sobre su hombro.
Gracias a Dios, el globo estaba bien y tenía el aspecto de que nadie lo había tocado. James se metió dentro del globo y sacó los dos mil yenes que tenían. Con movimientos de autómata, comprobó que la garrafa estuviera llena y despegaron.
No tardaron mucho en llegar al poblado, llamado Pueblo Bermellón. Apenas bajó del globo, la pequeña se despertó y se la pasó mirando a su alrededor, lanzando maullidos de asombro y señalando cualquier cosa con su patita, ya fuera un árbol, una persona o un poste de luz, todo desde la seguridad de su canasta.
James recorrió el pueblo en busca de un supermercado. La gente lo miraba con cara rara, como si fuera un drogadicto o un borracho y no podía importarle menos. Lo único que quería era una almohada y tirarse a dormir en medio de la calle, pero necesitaba seguir. Ya había sido bastante milagroso que hubiera llegado al pueblo sin estrellarse.
—¿Joven?
James se giró. Era una anciana de unos setenta años, de cabellos grises sujetos con un rodete. Llevaba un sobrio vestido marrón y una cartera color beige.
—¿Necesita ayuda? —continuó la anciana.
—¿Nya? —la pequeña asomó su cabecita de la canasta y apoyó las dos patitas en el borde, curiosa.
No tiene idea, señora, pensó James.
—Busco el… supermercado —respondió James, reprimiendo un bostezo.
La mujer sonrió.
—En la siguiente cuadra —respondió—. ¿Se siente bien?
—No se preocupe —respondió. James se había visto en el espejo del baño del Centro Pokemón. Despeinado, con ojeras y sin bañarse desde hacía días. Parecía un sobreviviente de una guerra—. Estoy bien.
—Buena suerte —lo saludó la señora, mientras daba la media vuelta y se alejaba por las callecitas de tierra.
James siguió caminando y tardó muy poco en reconocer la fachada del supermercado. Abrió la puerta corrediza de vidrio del lugar e ingresó.
Había muy poca gente dentro. Algunos jóvenes entrenadores de paso y un par de mujeres que hacían las compras para el desayuno. James tomó un canasto con ruedas y caminó por uno de los pasillos, mientras la pequeña señalaba todo lo que tuviera muchos colores.
—¡Nya, nya, nya! —señalaba.
—Eso es detergente, no se come —le explicó James, al ver que quería una botella llena de espeso líquido amarillo.
—¡Nya, nya!
—Limpiador de pisos con olor a lavanda, tampoco se come —James se detuvo en seco—. ¿Qué hago en el sector de limpieza? Debería estar yendo a buscar el ramen.
James se apresuró y comenzó a buscar la sección donde estaba el ramen. El lugar era pequeño, por lo que pudo encontrarlo con facilidad, junto a los paquetes de fideos. James tomó los de pollo, cerdo y camarones (unos doce en total) y los puso dentro del canasto.
El hombre que atendía la caja lo miró fijo cuando James fue a pagar, como si sospechara que había robado algo. Tenía su lógica, pero estaba harto y cansado. Pagó con un puñado de monedas y salió del mercado.
James pensó en ir directamente al globo y volver al hospital pero, al pasar por una plaza, decidió que sería buena idea descansar unos minutos.
Se sentó bajo un árbol y apoyó la canasta y la bolsa de ramen a un lado. A unos cuantos metros, unos chicos planeaban un partido de futbol improvisado.
—Caterpie, ve a comer algunas hojas —le ordenó al pokemón que estaba en su hombro. Caterpie dio un chillido, saltó del hombro de James y se trepó al tronco del árbol—. Y en cuanto a ti —tomó a la pequeña Meowth en sus brazos —puedes disfrutar del pasto.
Depositó a la pequeña sobre el césped. Al principio, ella caminaba despacio, como si le tuviera miedo a la sensación debajo de sus patas. Luego comenzó a dar maullidos de alegría y a revolcarse en el pasto.
James la observó durante un rato, mientras el sueño se iba apoderando de él. Intentó no dormirse, pero no tardó mucho en ceder y se sumergió en el sueño…
—¡NYAAAA!
El grito de la pequeña catapultó a James de su estado. El bobo mayor sostenía a la pequeña por atrás, de la piel del cuello, y luchaba de manera frenética por escapar.
—¡Ah, no! —se levantó de un salto del suelo y caminó a zancadas hacia él—. ¡No tendré a mis pokemón encima, pero puedo molerte a golpes y…!
El bobo mayor levantó una mano para tranquilizarlo.
—¡Oye, oye, tranquilo! No quiero robarla ni hacerle daño. Solo mira para allá —le dijo, señalando a un costado.
James miró de reojo hacia donde apuntaba. Eran los mismos chicos de hacía un rato, jugando un partido de fútbol improvisado, usando mochilas a modo de arco.
—Ella estaba corriendo hacia la pelota —explicó el bobo mayor —. Volvía del supermercado cuando la vi y la agarré para evitar que se lastimara.
James parpadeó y miró a lla pequeña, quien no paraba de gritar y llorar, más por el hecho de no poder ir hacia la pelota que otra cosa.
—Sabía que iba a tener que usar esto —James metió la mano en el bolsillo de su pantalón y sacó una pequeña pelota de goma, perteneciente a Meowth. La puso delante de la cara de la bebé —. Cariño, aquí tienes una pelota con la que puedes jugar —canturreó. La pequeña paró de llorar y miró a su nuevo objeto de atención, como si estuviera hipnotizada—. Dámela —le dijo al bobo.
El adolescente estiró el brazo y James la tomó con mucho cuidado. Se agachó, hizo rodar la pelota hacia el árbol donde había estado descansando y soltó a la pequeña. Ella salió disparando hacia la pelota y comenzó a jugar con ella.
Caterpie ya había bajado del árbol y se acercaba a James, preocupado por los gritos.
—Todo está bien, Caterpie —lo alzó y se lo puso en el hombro. Caminó hacia el árbol y se volvió a sentar. Esperaría a que la pequeña se cansara para poder llevarla en la canasta. Si algo había aprendido en sus años de convivir con Meowth era que la pelota era algo casi tan sagrado como la luna.
El bobo mayor se acercó a James. Parecía preocupado.
—¿Te sientes bien?
James se tomó la cabeza con una mano.
—No, bobo, no me siento bien. Siento como si una manada de Tauros me hubiera pasado por encima. No he dormido ni me he bañado en tres días. ¿Tú crees que estoy bien?
El bobo mayor se quedó en silencio. Vaciló un momento antes de sentarse a su lado.
—¿Meowth está bien? —le preguntó.
—Mejor, aunque Jessie no me deja verlo.
—¿Qué le pasó?
James titubeó. No tenía ganas de contarle la verdad al bobo mayor, pero al mismo tiempo necesitaba desahogarse con alguien. El adolescente parecía alguien maduro y de confianza. Y, de todos modos, ya no podía caer más bajo.
—Una pelea con un Zubat —respondió James, sin animarse a decir la historia completa.
—Es raro que un pokemón esté internado tanto tiempo —comentó Brock.
—Es que… hubo otros inconvenientes con su salud.
Brock se recostó un poco más en el árbol, como si tuviera todo el tiempo del mundo.
—No me molestaría si me lo cuentas.
James respiró hondo.
—Meowth tiene problemas de malnutrición. Vivir a galletas y ramen no le está haciendo bien.
—A ninguno de ustedes le hace bien —resaltó Brock—. Y mucho menos para Jessie y el bebé.
James dio un respingo y lo miró, asombrado.
—¿Cómo lo sabes?
Brock sonrió.
—Tengo nueve hermanos, James. Yo sé como un pokemón se comporta ante una mujer embarazada.
James se quedó en silencio. Aún le costaba creer que tendría un hijo con Jessie. Dios, ¿que le esperaba a esa criatura en el futuro junto a unos muertos de hambre como padres?
—Eres consciente que ya no pueden seguir así, ¿verdad?
—Ya lo sé, ya lo sé. Estoy lleno de problemas. Meowth está muy débil, esta pequeña depende de mi, casi no tenemos dinero y Jessie está embarazada —dijo, con los puños apretados—. ¿Qué haremos con un bebé? Se merece una mejor vida que la nuestra —sus lágrimas comenzaron a bajar—. Tengo mucho miedo…
El bobo mayor se inclinó hacia él y lo abrazó con fuerza. Eso fue demasiado para James y comenzó a sollozar en su hombro. Dios, como necesitaba descargarse.
—Te hará bien llorar —le susurró el bobo mayor, palmeándole la espalda. James siguió llorando un poco más, hasta sentir que se calmaba.
—¿Curí? —Caterpie bajó del árbol y se posó en su hombro. James se enderezó y se secó las lágrimas.
—Estoy bien, Caterpie. No te preocupes — le dijo. Buscó con la vista a la pequeña Meowth y la encontró profundamente dormida abrazada a la pelota.
El bobo mayor lo miró en silencio, como si estuviera meditando.
—¿Pasa algo?
—¿Eh? No, nada, solo que viajaré con ustedes —dijo, como si planeara tomarse un helado.
James lo miró como si hubiera oído mal. Seguro que había sido eso.
—¿Disculpa?
—Que viajaré con ustedes —insistió.
—Pero… los bobos….
—Ellos no me necesitan, pero ustedes sí.
—¿Te das cuenta que somos del Equipo Rocket?
—¿Y tú te das cuenta de que tienes un bebé en camino y que no pueden seguir así? —replicó el bobo mayor, con dureza—. Se los digo de corazón: viajaré con ustedes y les ayudaré en lo que pueda, ¿si?
James sabía que no estaban en condiciones de rechazar la ayuda de nadie. Ser del Equipo Rocket ya se había vuelto inconcebible, pero no sabía qué hacer. Había adoptado a esa organización como su nueva familia, pero ahora tenía la suya propia.
—Debemos dejar el Equipo Rocket —dijo, en un hilo de voz—. Pero tengo que hablar con Jessie y con Meowth sobre esto.
El bobo mayor asintió.
—Tienes razón. No puedes tomar esta clase de decisiones solo. Necesito tu respuesta antes de pasado mañana.
James se levantó con dificultad del suelo y el bobo mayor lo imitó.
—¿Quieres que te lleve al Centro Pokemón en mi globo?
—Seguro —James bostezó de forma audible—. Pero deja que yo maneje
