Mil disculpas por la demora. Tuve que dar tres exámenes esta semana, pero al fin podré graduarme.
Slash Torrance: Brock es el personaje más sensato. Y estoy segura que ayudaría a Jessie, James y Meowth si ellos quieren dejar el Equipo Rocket.
AlenDarkStar: Más fondo no pueden tocar. Necesitan un cambio, pero urgente.
Capítulo dieciocho
Familia
James estuvo hasta el día siguiente sopesando lo que el bobo mayor le había dicho. Casi no había podido dormir y estaba pareciéndose más a un muerto viviente que él mismo. Después de desayunar (le habían servido té verde, su favorito, y varios panes rellenos junto a la ración habitual) decidió que debía contarle a Jessie y a Meowth. La pequeña Meowth aún seguía durmiendo como un ángel en su regazo y Caterpie estaba en su pokebola.
Se levantó con cuidado de la mesa, intentando no tropezarse. No muy alejados de ellos, los tres bobos desayunaban, ignorándolo, aunque le daba la impresión que lo observaban cuando él no miraba. Pasó por al lado de ellos y captó unas pocas palabras.
—¡Esta vez me voy a quejar! ¡Apenas me dieron un poco de salmón! —bramó la boba.
—Será mejor que no te quejes, Misty —respondió el bobo mayor.
—¡Lo dices porque estás idiota por Joy!
James pasó de largo ante ellos y se fue hacia el mostrador donde Joy se encontraba atendiendo a una entrenadora de unos quince años. Esperó a que se fuera para poder hablar con la enfermera.
—Buenos días.
—Oh, buenos… días, James. Disculpa que te lo diga, pero te ves fatal. Deberías descansar y darte un baño.
—Después. Necesito ver a Meowth. ¿En que habitación está?
—Habitación cinco, pasillo derecho —respondió, señalando una puerta de dos hojas.
—Gracias.
James ingresó por donde Joy le había señalado. Dobló por el pasillo de la derecha y vio las puertas de las habitaciones, con un letrero con su número correspondiente dibujado. James avanzó y se detuvo en la puerta número cinco. Golpeó la madera blanca con los nudillos.
Jessie lo recibió y parpadeó, asombrada.
—¿James?
—Jessie, sé que me dijiste que no lo podíamos ver hasta que se recuperara, pero necesito verlo, por favor..
Ella asintió.
—Justo iba a decirte que vinieras.
Jessie se apartó a un lado y James ingresó a la habitación. Era una común y corriente, como el del Centro Pokemón anterior, todo pintado de colores claros y con una ventana enorme que daba al exterior. Meowth estaba acostado en una cama que le era demasiado grande para él y con una gasa en el cuello donde el Zubat lo había mordido. Se lo veía mucho más saludable que la última vez que lo había visto.
—¡James! —gritó, seguido de un acceso de tos.
—Meowth, no grites, apenas recuperaste la voz.
James se acercó al felino y se sentó al borde de la cama. Extendió la mano y acarició su cabeza.
—Hola, gatito. Te traje una sorpresa.
James extendió el otro brazo y le mostró a la pequeña Meowth, durmiendo hecha un ovillo en la palma de su mano.
La reacción de Meowth era difícil de describir en palabras. Era el equivalente a una parturienta a la que el médico le mostraba su bebé por primera vez. Los ojos de Meowth, brillantes como estrellas azules, estaban clavados en el cuerpo durmiente de su pequeña hija. James depositó a la pequeña con suavidad al lado de su padre.
—Hace un rato tomó la mamadera y se quedó dormida. No me animé a despertarla —le dijo James.
Meowth no lo oía. Se inclinó sobre su hija, temblando, y le lamió la cabeza, mientras las lágrimas le corrían por la cara.
—No hubo ni un solo día en que no haya pensado en ti —le susurró Meowth, refregando su cabeza contra la de ella—. No tienes idea cuanto te amo.
Jessie se acercó a James y lo tomó de la mano, sobre la cama. Él también estaba emocionado y sentía ganas de llorar. Se imaginó a Jessie en la sala de partos, con su hijo en los brazos e igual de emocionados. Si antes lo dudaba, ahora estaba decidido: dejarían el Equipo Rocket y se dedicarían a otra cosa.
La pequeña se movió y comenzó a despertarse. Se desperezó, estirando sus patitas y miró a Meowth, medio dormida.
—¿Nya? —dijo, torciendo su cabecita, confusa.
—Soy yo. Soy tu papi.
—¿Nya? —la pequeña dio un par de pasos hacia él hasta que sus rostros casi chocaron —¡NYA! —chilló y se arrojó hacia Meowth, lamiendo toda su cara de manera frenética.
—Soy tu papi, cariño, soy tu papi —le dijo Meowth, entre sollozos.
—¿Nya, nya? —preguntó la pequeña en tono de preocupación.
Meowth se secó las lágrimas con la pata.
—Lloro de felicidad, cariño, no te preocupes —la estrechó entre sus brazos, Miró a James a los ojos—. Gracias.
—No lo tienes que agra…decer — dijo James, reprimiendo un bostezo con muy poco éxito. Jessie lo enfrentó.
—James, ya no puedes estar así. Tienes ojeras, apenas te puedes mantener en pie y apestas. Te diría que fueras a bañarte de no ser porque te ahogarías.
—Pero… la nena…
—Yo la cuidaré. No creo que sea tan difícil.
—Jessie…
—O te vas por las buenas o te vas por las malas.
James dudaba, pero estaba tan agotado que lo único que quería era dormir ocho horas seguidas, sin una alarma que lo interrumpiera y sin una pequeña que lo despertara lamiendo o mordiendo su nariz.
—Está bien, me voy a dormir, pero volveré —se inclinó para besar a Meowth y a la pequeña en la cabeza y luego un pequeño beso en los labios a Jessie.
—¿Nya? —la nena no quería que se fuera y amenazaba con ponerse a llorar.
—Cariño, no estés triste. James se va a dormir, pero volverá, lo prometo. Además, estarás conmigo y con Jessie.
La pequeña dudó un momento antes de asentir con tristeza, y refregar su cabecita contra el cuerpo de Meowth. James les dedicó una cansada sonrisa y se marchó arrastrando los pies.
Brock estaba acostado en la cama de arriba de la habitación, pensativo. Ash y Misty estaban limpiando los baños, por lo que tenía su cuarto para él solo durante un rato (aunque estaba cuidando a Togepi, este dormía plácidamente). Si el Equipo Rocket aceptaba su propuesta, ¿cómo les diría a sus compañeros? Sea cual fuera la manera, reaccionarían confusos y hasta violentos. Pero estaba seguro de que estaba tomando la mejor decisión. Jessie, James y Meowth necesitaban a alguien que los guiara y ayudara. Lo había hecho con Ash y Misty durante un tiempo. Ahora les tocaba a ellos.
La puerta de la habitación se abrió y James apareció en la puerta, como si fuera un muerto viviente. No llevaba a la pequeña encima, cosa rara.
—¿James?
—¿Bobo mayor? ¿Qué haces… en mi habitación? —preguntó, arrastrando las palabras. Apenas se podía tener en pie.
Brock se bajó de la cama.
—Esta es la nuestra. La tuya está al lado.
James se apretó el puente de la nariz.
—Mierda. Las dos se ven iguales —quiso dar un paso hacia adelante, trastabilló y Brock tuvo que sostenerlo para que no se partiera la cara contra el suelo.
—Mejor acuéstate —le dijo, guiándolo a la cama que le pertenecía a Ash. Sabía que le molestaría, pero a estas alturas, ya no le importaba.
La puerta se abrió otra vez y entraron los bobos.
—¡El Equipo Rocket! —saltó Ash.
James se dio vuelta.
—Prepárense para la siesta… y más vale que duerman —dijo, como si estuviera borracho.
—Ignóralo, James. A la cama.
James se metió la mano en el bolsillo. Al sacarla, dos pokebolas cayeron del bolsillo y rodaron por el suelo.
—Yo te elijo, Weezing —dijo, tirando la pokebola que tenía en la mano. Se abrió, pero ningún pokemón salió de ahí.
Brock lo empujó a la cama y comenzó a sacarle las botas. El tipo apestaba a los mil diablos y comenzó a considerar si lo mejor era ayudarlo a bañarse.
—Cambio de planes, James. Vas a bañarte y yo te voy a ayudar.
—Tengo novia…
—Si, muy bonito —Brock lo levantó e hizo que le pasara un brazo alrededor de su cuello para levantarlo—. Ash, ayúdame.
Ash titubeó un segundo, pero obedeció. Agarró a James del otro brazo y lo ayudó a sostenerlo.
—No entiendo por qué lo ayudan —comentó Misty.
Ash y Brock ni se molestaron en responderle. Atravesaron la puerta de la habitación y lo llevaron a los baños.
Era un lugar amplio. El centro estaba dividido por una pared de cerámica blanca de un metro de alto. A lo largo, había cuatro canillas incrustadas de cada lado un pequeño banco de madera frente a cada una. Al fondo del baño, había una bañera enorme, con capacidad para diez personas.
—Ash, pídele a Joy todo lo necesario para que pueda bañarse y fíjate si puedes conseguir ropa —le ordenó Brock.
Ash abrió la boca, como si fuera a discutir, pero cambió de opinión y dijo:
—De acuerdo —y salió de la habitación.
Brock sentó a James en uno de los banquitos. No pensaba desvestirlo hasta que Ash volviera con los productos de baño que le había pedido.
—¿Dónde está la pequeña? —le preguntó.
—¿Mhh? Con Jessie y Meowth —respondió—. Debiste verle la cara a Meowth cuando la vio. Nunca lo había visto tan… feliz.
—Entiendo. ¿Has hablado con ellos sobre mi propuesta?
—Lo… lo intenté, pero Jessie no me dejó hablar y me mandó a la cama.
Brock entendió la decisión de Jessie. James estaba pálido y con semicírculos oscuros debajo de sus ojos. ¿Cuánto podría durar así? No mucho. Caería desmayado en cualquier lado, solo era cuestión de esperar unas pocas horas. Necesitaba dormir algo más que dos o tres horas de tanto en tanto.
Ash volvió al poco rato con un canasto, acompañado de una Chansey.
—Joy dijo que ella iba a ayudar —le dijo a Brock, mientras le pasaba la canasta.
Brock la dejó en el suelo y comenzó a desvestir a James con cuidado. Era casi como manejar un muñeco de trapo. Ahora que lo pensaba, lo notaba un poco liviano para alguien de su altura y su edad (alrededor de los veinte años). Pensó en Jessie y un escalofrío le recorrió la columna. Al menos en el Centro Pokemón estaban bien alimentados.
Fue una ardua tarea, sobre todo meterlo a la bañera y evitar que se quedara dormido, pero lo lograron. James ahora estaba limpio, seco y vestido con una playera negra y unos pantalones grises. Lo llevaron a su cuarto y lo acostaron en su cama. Apenas apoyó la cabeza en la almohada, cayó en un profundo sueño.
—Bueno, ya está —dijo Brock, mirando a James como si fuera un padre orgulloso de su hijo—. Creo que si duerme lo suficiente, no tardará mucho en recuperarse.
La Chansey asintió y se acercó tímidamente a James para darle un beso en la frente. Se alejó con rapidez hasta ponerse detrás de Brock, sonrojada y jugando con sus manos.
—Si… Brock, ¿crees que es buena idea ayudarlos después de todo lo que nos hizo?
Brock iba a responder, pero fue interrumpido por el sonido de la puerta al abrirse.
—Aquí estaban —dijo, sosteniendo a Togepi en sus brazos—. ¿Por qué se tardaron tanto?
—Shh —la calló Brock—. Está durmiendo.
Misty bajó la voz.
—Por si no se acuerdan, él y sus amigos siempre quieren robarse a Pikachu.
James soltó un gruñido.
—Pikachu —murmuró, entre sueños.
—Lo sé —dijo Ash, mirando a su pokemón eléctrico, eternamente posado en su hombro.
—Vamos, Misty, no podría robarse ni la lámpara que está en el escritorio.
—Además, Pikachu lo detendrá con un Impactrueno —razonó Ash.
James se agitó un poco en su cama.
—Mis calzones… son anti eléctricos… y mi pito es un pararrayos —gruñó.
—¡Que asqueroso! —se indignó Misty, antes de darse media vuelta y marcharse. Ash miró a James con cara de no entender nada y Brock se rió en voz baja.
—Dejémoslo dormir —dijo el adolescente—. Lo necesita.
Ash, Brock y Chansey salieron por la puerta que Misty había dejado abierta. Antes de cerrarla, Brock escuchó a James decir entre sueños:
—¿Jessie, te gusta mi pararrayos?
—¿Chansey? ¿Chansey? ¡Chansey!
Algo o alguien estaba sacudiendo a James desde la base del cuello, zarandeando su cabeza. Al mismo tiempo, un delicioso olor a comida invadió su nariz. Esa razón fue suficiente para que abriera los ojos.
Una Chansey era la responsable de haber interrumpido su sueño. Lo miraba con sus pequeños ojos negros y su eterna sonrisa en los labios. James le devolvió la sonrisa, un poco adormilado y se sentó, cuidando de no chocar su cabeza contra la cama de arriba. Se sentía mejor descansado. ¿Cuántas horas habían pasado?
La Chansey se dirigió al escritorio y volvió con una bandeja de comida: dos hamburguesas en un sándwich completo, unas papas fritas, un vaso largo de jugo de bayas y un pequeño tazón con pudin de chocolate.
—Voy a salir rodando —dijo, mientras agarraba la bandeja—. Pero no hacía falta. Podría haberme levantado a comer en la cafetería.
La Chansey negó con la cabeza e hizo un gesto con sus manos sin dedos para que comiera. James estiró la mano y acarició la mejilla del pokemón, la cual se sonrojó violentamente.
—¿Eres tú la que pone cosas extras en mi comida? —preguntó. La Chansey asintió con rapidez, ya esquivando su mirada —. Gracias, es más de lo que merezco.
La Chansey inclinó levemente la cabeza y salió de la habitación. Ahora que estaba a solas, podía disfrutar de una poco saludable comida. La extrañaría cuando se fuera mañana. Las comió despacio, sintiendo la textura suave del pan, la jugosa carne y los frescos vegetales en su paladar. No era algo que comiera muy seguido y sentía que tenía que disfrutarlo al máximo. Una vez que terminó la comida, puso la bandeja sobre el escritorio, se puso unas pantuflas y se dirigió a ver a Jessie y a Meowth.
—¡NYA! —gritó la nena apenas lo vio, como si no se hubieran visto en meses. Intentaba pararse en dos patas incluso para poder abrazarlo.
—¿Me extrañaste? —le dijo, mientras la alzaba en brazos. Ella se dedicó a lamerle cada centímetro de la cara que pudiera, mientras maullaba y lo golpeaba con sus patitas.
—Te extrañó mucho —dijo Meowth. No se lo veía muy alegre y a Jessie tampoco, cosa que lo desconcertó.
—¿Qué sucede, Meowth?
—Mi hija me contó todo.
Se había olvidado por completo que la pequeña podía hablar con Meowth sin problemas. Se preguntó cuánto le habría contado.
—¿A qué te refieres? —preguntó, fingiendo inocencia.
—A que la boba quiso secuestrarla.
James se rascó la cabeza.
—Es que… no queríamos alterarte, Meowth.
—No, si no estoy alterado, solo quiero sacarle los ojos con mis propias garras.
—¡Nya! —asintió la pequeña, mostrando su aprobación.
—Yo ya me hice cargo —se metió Jessie—. La boba se llevó el susto de su vida y las Chansey la odian.
James volvió a dejar a la pequeña en la cama y se dirigió a su novia.
—Jessie, ¿podemos hablar afuera?
Jessie parpadeó sorprendida, pero asintió.
—De acuerdo, vamos.
Jessie y James salieron de la habitación de Meowth y se dirigieron a la que James había estado habitando los últimos días.
—¿De que querías hablarme? —preguntó, con una sonrisa lasciva. James tragó saliva. Hacía varios días que no tenían nada de sexo. Sacudió mentalmente cualquier pensamiento erótico de su cabeza. Necesitaba hablar con ella, pero con cuidado. Podría tomarse a mal dejar el Equipo Rocket.
—Verás, Jessie… Yo… estuve pensando mucho… Todo esto fue divertido y pasamos muchas cosas juntos, pero… pero creo que es… es hora de terminar con esto de una vez.
Jessie lo miró, con una mezcla de ira y horror plasmada en su rostro. Se acercó a James, respirando de manera pesada.
—No, James. Tú no vas a cortar conmigo, yo voy a cortar contigo —sus ojos amenazaban con derramar lágrimas en cualquier segundo. Su voz comenzó a sonar estrangulada—. ¿Por qué… haces que corte contigo, idiota! ¡Estoy embarazada!
—¡Jessie! Yo no…
—¡Después de todo lo que pasamos! ¡Creía que eras diferente de los otros!
—¡Jessie, cálmate! ¡No estoy cortando contigo!
Ella paró de gritar y se enjuagó las lágrimas.
—¿Entonces que estabas diciendo, imbécil?
—Hablaba de dejar el Equipo Rocket.
Jessie lo miró, parpadeando rápidamente varias veces, como si le hubiesen dicho que llovía de abajo hacia arriba. Se acercó a James y lo abofeteó con todas sus fuerzas, como lo había hecho el día del accidente.
James tuvo que agarrarse de la columna de la cama para no caer al piso. Jessie lo miraba con odio y con las lágrimas escurriéndose por sus mejillas. Ahora que lo notaba, Jessie ni siquiera se había maquillado desde que había entrado al Centro Pokemón y su cara estaba limpia de cualquier producto de belleza. Aún así seguía estando hermosa.
—¡Solo tenías que decir cinco palabras, James! ¡Jessie-dejemos-el-Equipo-Rocket! ¡No tenías que dar tantas vueltas!
James se enderezó.
—No me diste tu respuesta, Jessie.
Ella bajó la vista. Su ira parecía disminuir de a poco. Se llevó una mano a su estómago.
—Yo ya no puedo pensar solo en mí. Tengo que pensar en mi bebé. Nuestro bebé. También en Meowth y en la pequeña que adoptó.
James se acercó y puso su mano sobre la de ella.
—No eres la única que piensa en los demás, Jessie. Esto ya no es un equipo, sino una familia. Tenemos que pensar como tal.
Jessie asintió y se secó las lágrimas.
—No permitiré que nuestro hijo pase hambre, frío y muchos menos ataques eléctricos, James. Si es por el bien de todos, lo haré. Esto es más importante que cualquier pokemón que nos pueda conseguir un ascenso.
James la abrazó con todas sus fuerzas, enterrando su rostro en su hombro. Ahora solo faltaba decirle a Meowth.
Cuando llegaron los dos al cuarto, vieron a Meowth acariciando la cabeza de su pequeña hija, dormida boca arriba. Su boquita se movía como si estuviera comiendo.
—Está soñando que toma la mamadera —les dijo Meowth, emocionado—. Es tan perfecta…
James forzó una sonrisa y se acercó a la cama.
—Es preciosa —murmuró James, mientras la alzaba en brazos.
—¡James! No quiero que la despiertes.
Jessie se sentó en la silla y se cruzó de piernas.
—Meowth, necesitamos hablar contigo.
Meowth se incorporó hasta quedar sentado en la cama.
—¿Qué sucede?
James abrió la boca para responderle, pero Jessie habló primero y prefirió callarse. No quería otra cachetada y menos unos Golpes Furia.
—Meowth, James y yo estuvimos hablando sobre el Equipo Rocket y hemos decidido que ya no podemos seguir con esto. Tenemos un hijo en camino y no podemos darnos el lujo de andar correteando detrás de los bobos, arriesgando nuestras vidas.
Meowth la miró, con los ojos desorbitados. Se llevó una mano al pecho, temblando. Casi parecía que no podría respirar. James depositó a la pequeña en las rodillas de Jessie y se dirigió a su amigo, intentando reconfortarlo.
—Meowth, sé que no es fácil. Jessie y yo hemos estado sirviendo al Equipo Rocket desde hace varios años y tú has estado más de la mitad de tu vida con nosotros, pero entiende que ya no podemos seguir.
Meowth asintió con la cabeza, lentamente, como si el movimiento le costara.
—Entiendo —dijo, en voz baja—. Me las ingeniaré para sobrevivir con mi nena. Podría ir a una banda de Meowth en alguna gran ciudad y…
—Espera —lo interrumpió Jessie—. ¿De qué diablos hablas?
—Solo estoy aquí porque el jefe me asignó a ustedes. Ahora que no estaremos más en el Equipo Rocket, no están obligados a estar conmigo.
James sacudió la cabeza y obligó a Meowth a mirarlo a la cara.
—¿Después de todo lo que compartimos crees que vamos a dejarte a tu suerte y con una bebé?
—Ya te dije que serías el tío de mi hijo, bola de pelos. Digas lo que digas, no vas a huir de tu responsabilidad de ayudarme a cambiar los pañales —agregó Jessie.
Meowth intentó ahogar un sollozo y se abrazó a James.
—Creí que iban a abandonarme.
James le acarició la cabeza.
—Entonces, ¿Qué dices?
—¡Claro que dejo el Equipo Rocket! —se separó de James—. ¿Pero qué haremos?
James se aclaró la garganta. Era hora de decirlo.
—Ehh… No se vayan a tomar esto a la tremenda… Pero el bobo mayor habló conmigo y quiere viajar con nosotros.
—¿Qué quiere QUÉ? —gritó. La pequeña se despertó de golpe y se puso a llorar.
—Shhh —intentó tranquilizarla Jessie, levantándola a la altura de su rostro—. Todo está bien, la tía Jessie está aquí—se dirigió a Meowth—. ¿Por qué tiene interés en nosotros?
James se pasó una mano a la cabeza.
—Estuve hablando con él ayer…
Jessie se llevó una mano a la frente y se cubrió los ojos con una mano.
—No me digas… le cantaste todas nuestras penas.
—Si lo pones así…
Jessie se contuvo, solo porque la pequeña seguía llorando un poco. Ahora estaba aferrada a uno de los pechos de Jessie y parecía bastante cómoda.
—Sabes muy bien que odio dar lástima…
—No di lastima, solo dije la verdad —se defendió James—. Creo que ya no estamos en posición de hacernos los orgullosos y negar la ayuda. El bobo mayor es el más pasable de los tres y voto para que venga con nosotros.
Jessie negó con la cabeza.
—Me niego a aceptar la ayuda de un bobo.
James miró a Meowth.
—¿Tu qué dices?
Meowth le devolvió la mirada, indeciso.
—No lo sé…
—El bobo mayor sabe cocinar y sabe mucho sobre cuidar pokemón. Además, es el menos bobo del grupo.
Meowth hizo un gesto con sus patas, como si pusiera los pros y los contras en una balanza.
—Creo que me ganaste con la palabra "cocinar". Se queda.
—Bueno, Jessie, dos contra uno.
Ella los fulminó con la mirada.
—Está bien, que venga si quiere. Pero apuesto lo que quieras a que va a juzgar todo lo que hagamos.
James sacudió la cabeza.
—Te juro que eso no pasara —acarició la cabeza de Meowth—. Entonces está hecho: el bobo mayor viene con nosotros.
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