¡Hola! Disculpen la tardanza.
Kisame: A mi me gusta Misty más en Jotho, porque en Kanto es infumable. Y con Togepi… dudo mucho que Misty quiera que juegue con la hija de Meowth y el Caterpie de James.
AlenDarkStar: No sé si los seis juntos se terminar acuchillando el uno al otro (?). Pero verán que es lo que les depara el destino. Ahora no se trata del (ex) Equipo Rocket nomás, sino también de los bobos.
Capítulo veinte
Silencio
Llevaban casi tres horas sin hablarse.
Casi desde que que salieron del Centro Pokemón, ninguno despegó los labios para decir nada. Incluso Misty, la cual le encantaba quejarse, permanecía en silencio. Lo único que se escuchaban eran los típicos ruidos del bosque, como el viento entre los árboles y los gritos de los pokemón salvajes, y el sonido de sus propias pisadas sobre el camino de tierra. Hasta Lunita estaba en silencio, dormida dentro del bolsillo de James. Meowth estaba igual, solo que dormía profundamente en el hombro de Jessie.
La tensión se sentía en el aire. Todos estaban incómodos y nadie sabía como romper esa horrible sensación. Pero estaban seguros que era solo cuestión de tiempo para que la tensión se fuera.
La alarma del reloj de James empezó a sonar (Joy se la había dejado como regalo) y se detuvo en seco. Lunita comenzó a despertarse, removiéndose dentro del bolsillo.
—¿Nya? —maulló, adormilada. Paró las orejitas y su carita se iluminó al reconocer el sonido—. ¡Nya!
—Hay que darle la mamadera a Lunita —dijo James.
Los otros tres se detuvieron y se acercaron a ver que sucedía.
—¿Pasa algo? —preguntó Brock.
—Oh, nada, solo que Lunita tiene que comer —dijo, ya apartándose a un costado del camino y buscando la mamadera en el bolso y el termo con agua que había llenado antes de salir.
—Bien, podremos aprovechar a descansar un rato.
James llenó el termo con agua tibia y le puso el polvo nutricional dentro. Lo revolvió con una cuchara y la cerró, todo ante la mirada impaciente de Lunita. Apenas estuvo lista, la pequeña se acostó en el piso, con la panza hacia arriba y estirando las patitas hacia arriba, ya preparada para recibir la comida.
—Oh, ven con el tío James —dijo, mientras la alzaba y le daba la mamadera. Lunita la tomó con las cuatro patitas y empezó a tomar casi con desesperación.
—¿Cuánto tiempo tiene que tomar el suplemento nutritivo? —preguntó Brock.
—Sólo dos días más —respondió James—. Luego ya podrá comer comida normal… o al menos fue eso lo que Joy me dijo.
Detrás de Brock, Ash los miraba, de brazos cruzados y dándose palmadas rítmicas en el antebrazo como gesto de impaciencia. Ni que al gimnasio le crecieran alas y saliera volando, por favor.
—¿Y que planean hacer cuando lleguemos al próximo pueblo? —preguntó Brock, como si ignorara los gestos de su amigo.
—Montaremos un puesto o algo de eso —respondió James, sin dejar de mirar a Luna—. O conseguiremos trabajo como camareros. No sería la primera vez.
—Entiendo…
James dejó de darle la mamadera, puso a la pequeña en su bolsillo y comenzó a revolver en su bolso.
—¿Ya nos vamos? —los apuró Ash, sin disimular su impaciencia.
James clavó la vista en él.
—Espera a que limpie la mamadera —no fue James el que le contestó, sino Jessie, con tono gélido. Brock tragó saliva. Tenía que hacer algo.
—No le tomará más que un minuto, Ash. Además, el gimnasio seguirá allí, no se irá a ningún lado.
Ash pareció tranquilizarse.
—Ah, bueno —dijo y volvió a sumirse en el silencio.
Siguieron caminando durante dos horas más, solo usando sus bocas para exhalar aire y nada más. Brock jamás había estado rodeado de tanto silencio y se sentía incómodo. Era una persona sociable, al fin y al cabo.
No. No podía soportar más.
A un costado del camino, vio una mesa larga y dos bancos hechos de troncos. El lugar perfecto para almorzar.
—Vamos a parar a comer—dijo, de manera tan brusca que Ash, Pikachu, Misty y Togepi se asustaron. Los otros iban más atrás y no llegaron a asustarse. Sin esperar una respuesta, fue hacia la mesa, se sacó la mochila de los hombros, la colocó sobre la mesa y empezó a sacar ollas y lo necesario para hacer el almuerzo.
Detrás de él, escuchó como Meowth gruñía y se despertaba.
—¿Dónde estamos? —preguntó, bostezando.
—En el bosque, vamos a parar a comer —la voz de Jessie sonaba algo entusiasta.
Apenas había pasado unos segundos, cuando Meowth se trepó a la mesa.
—¿Necesitas ayuda? —preguntó.
Brock casi iba a declinar su ayuda, dado que siempre había cocinado solo, pero tal vez eso ayudara a romper la tensión.
—De acuerdo —se giró hacia Misty—. Misty, ¿podrías ir al río y llenar un cubo con agua? Ash podría ir a buscar leña —le dijo, mientras señalaba un cubo de plástico rojo.
Misty forzó una sonrisa.
—Mejor me quedo a cuidar las cosas —respondió, ya sentándose.
Ash se acercó al cubo, ya resignado, y lo agarró con una sola mano.
—Haré las dos cosas —dijo, con tono de hastío y desapareció entre los árboles.
Jessie se sentó en uno de los bancos, con aspecto aburrido y se quedó allí, apoyando su mejilla en la palma de su mano. Misty se sentó lo más lejos posible de ella y se puso a ojear una revista. James se sacó la mochila y dejó el bolso a un costado. En lugar de sentarse junto a su pareja, eligió sentarse bajo un árbol y depositar a la pequeña en el piso.
—¿Quieres jugar, Lunita? —le preguntó, recibiendo como respuesta maullidos de alegría. Se tiró panza arriba y James le acarició la pancita con un dedo, haciendo que lanzara chillidos de felicidad. Levantó la vista hacia Brock—. Tengo una garrafa chica con una hornalla. Puedes usarla si quieres.
—Gracias, pero mejor la usaremos para emergencias —respondió Brock.
Al rato, Ash volvió con el agua y se marchó a buscar leña. La usarían tanto para cocinar como para lavar las verduras. Mientras Brock calentaba el agua, Meowth lavaba las verduras. Luego, usando sus propias uñas, comenzó a pelarlas.
—¿Cómo quieres que te corte las verduras? —preguntó, mientras tomaba un recipiente para cortarlas.
—En cubos.
—Está bien.
Como si fuera un samurái, tiró una de las verduras (una zanahoria) al aire por un metro y, cuando estaba cayendo, usó sus uñas para cortarlas en el aire y que cayeran cortadas al recipiente. En menos de un minuto, todas las verduras estaban cortadas y listas.
—Vaya, que rápido —lo felicitó Brock, asombrado.
—Es lo que me ha servido para que me contrataran como cocinero en varios restaurantes —sonrió Meowth. Luego, su sonrisa se borró—. Pero algunos no querían pagarme porque "solo era un pokemón y a los pokemón no se les paga" —dijo, con tono de enojo.
—Y cuando eso pasaba, Pantalla de Humo y nos robábamos la mercadería —acotó Jessie, con una sonrisita.
—¿Y cuando no roban ustedes? —comentó Misty, mordaz.
Brock le dedicó una mirada de advertencia.
—Misty, no empecemos.
Ash volvió con las ramas e hicieron una fogata para poder cocinar las verduras. Llevaría su tiempo, pero la espera valdría la pena.
Jessie se levantó de la mesa y fue a sentarse en el suelo junto a James, quien acariciaba a la pequeña en su cabecita. Ambos se pusieron a conversar en voz baja, de manera que Brock no podía oírlos. Pero estaba más que claro que no se sentían cómodos. El único que parecía estar tranquilo era Meowth, quien se mostraba indiferente. Decidió no forzar las cosas y solo participar si las cosas comenzaban a ir mal.
Minutos después, el olor de la comida invadió el lugar, haciéndoles agua la boca a todos los presentes. Todos miraban de reojo a la comida, esperando que la sirvieran en cualquier momento, como si fueran una manada de pokemón hambrientos. Apenas Brock tomó la olla con unos repasadores y la sacó del fuego, se sentaron en la mesa, impacientes.
Brock les sirvió a todos en platos hondos (Jessie, James y Meowth tenían sus propios utensillos para comer) y se sentaron en la mesa: Brock, Ash y Misty por un lado y el ex Equipo Rocket por el otro. Lunita estaba situada justo al lado de su padre y estaba muy ocupada mordiéndole las orejas.
—¡Gracias por la comida! —dijeron todos antes de comenzar a comer.
Ash y Misty estaban acostumbrados a la comida de Brock, pero los otros no. Al probar las primeras cucharadas de la sopa, les brillaron los ojos y Brock no pudo evitar sentirse halagado.
—¿Les gusta? —le preguntó el adolescente a los ex miembros del Equipo Rocket.
—Ríquisimo —dijo James, intentando no quemarse con una papa que estaba masticando
Jessie se encogió de hombros.
—No está mal. Yo podría hacer algo así si quisiera o incluso mejor —dijo, con indiferencia.
Meowth negó con la cabeza.
—Jessie, eres capaz de arruinar el miso…
—¿No querrás decir "mejorar"? —replicó Jessie,
Meowth quería responderle, pero apenas podía comer, con Lunita tirándosele encima a cada momento.
—Cariño, papi está comiendo, no es hora de jugar —intentó decirle, pero la pequeña se quejaba y seguía intentando morderlo de manera juguetona.
—Está aburrida e inquieta, como todo bebé —explicó Brock—. Necesita a alguien con quien entretenerse a la hora de la comida.
James se metió la mano al bolsillo y sacó una pokebola
—Tengo una idea… ¡Caterpie, yo te elijo!
Arrojó la pokebola al aire y Caterpie apareció en el suelo, a pocos pasos de James. Al verlo, Lunita comenzó a dar chillidos de alegría y se bajó del banco para ir a jugar con él. En menos de cinco segundos, estaban correteando por el pasto, persiguiéndose y empujándose, entre risas.
—¿Y ese Caterpie? —preguntó Ash.
—Es él mismo que tu noviecita pateó —respondió Jessie, señalando a Misty con la cabeza.
—¿Qué? ¡Ella no es mi novia! —saltó Ash, ofendido.
—¡Ja! ¡Como si quisiera salir contigo! —respondió Misty.
—Niños, basta —los retó Brock—. Si siguen peleando, la cena la van a cocinar ustedes.
Los dos se quedaron callados y siguieron comiendo de inmediato. Brock los miró un momento más, para corroborar que no se siguieran peleando.
Al terminar de comer, James se ofreció a ayudar a Brock a lavar los platos, cosa que el adolescente agradeció. Jessie optó por no moverse y quedarse con Meowth a observar a los dos pokemón bebés corretear hasta que se cansaron y se quedaron dormidos juntos, abrazados como si fueran hermanos de diferentes especies.
—Se ven tan tiernos —comentó Jessie, agachándose para acariciarlos.
—Jessie, no los molestes, están durmiendo —la retó Meowth, pero sin dejar de mirar a su hijita con los ojos brillantes—. Mira a Lunita. Es el ser más hermoso del universo.
—Deberíamos presentarles a nuestros pokemón —opino ella—. Caterpie y Lunita no los conocen todavía.
—Es cierto. Pero podremos hacer eso más tarde, cuando estén despiertos.
—Jessie, Meowth, tenemos que seguir —dijo James, mientras metía a Caterpie en la pokebola y levantaba a Lunita en brazos para acomodarla en el bolsillo. Brock los miró y soltó un suspiro. Esperaba que la noche fuera un poco más fructífera.
A medida que la noche caía, Lunita se ponía más y más nerviosa, intentando hundirse en el bolsillo tanto como fuera posible, dándole miradas aterradas al cielo. Meowth no tardó en notarlo.
—¿Pasa algo, cariño? —le preguntó.
La pequeña comenzó a señalar el cielo, mientras maullaba asustada.
—¿El Zubat malo? Cariño, no hay ningún Zubat malo.
La pequeña negó con la cabeza y se ocultó dentro del bolsillo. James miró a su compañero felino.
—Pobre, aún debe estar asustada por la experiencia —comentó, preocupado.
—Y cuando anochezca del todo, no va a mejorar—agregó Jessie.
Cuando el sol ya estaba bastante bajo, decidieron acampar. Una vez más, Ash fue a buscar agua y leña mientras Brock y Meowth hacían de cocineros. ¿Cuánto iban a tardar en acostumbrarse uno a la presencia de los otros?
A la hora de la comida, la pequeña se negó a salir del bolsillo de James y sollozaba por lo bajo, a pesar de los intentos de Jessie, James y Meowth por calmarla. Ella creía firmemente que un Zubat malo aparecería en cualquier momento desde algún árbol y los mataría a todos.
Cuando terminaron de comer, Jessie habló de golpe:
—James, nuestros pokemón aún no conocen a Lunita ni a Caterpie. ¿No sería mejor presentarlos?
—Es una buena idea.
Jessie y James sacaron sus pokebolas y las lanzaron. Arbok, Lickitung, Weezing, Growlie y Caterpie salieron de ellas, a apenas metro y medio de sus entrenadores.
—¡Grow! —ladró el pokemón tipo fuego y se tiró encima de James, arrojándolo al suelo. Lo comenzó a lamer en toda la cara, mientras movía la cola como loco en señal de alegría.
—Growlie… —le dijo James con ternura, acariciándole la cabeza. La pequeña, dentro del bolsillo, se echó a llorar del susto.
—¡Lunita! —exclamó Meowth, subiéndose al pecho de James y lamiendo la cabeza de su hija para tranquilizarla—. No vuelvas a asustar a mi hija —le dijo, amenazante.
Growlie retrocedió y bajó las orejas. Era muy gracioso ver como un pokemón de fuego que podría ganarle a Meowth en un abrir y cerrar de ojos se acobardara. Necesita entrenamiento, pensó James, mientras Meowth y Lunita se bajaban de su pecho.
—James, deberías explicarle a Growlie que tú no te vas a ir a ningún lado —le espetó Meowth.
James se arrodilló y acarició la cabeza de su pokemón, mientras este lo miraba con sus ojillos oscuros.
—Growlie, no me voy a ir a ningún lado. Cada vez que salgas de tu pokebola, yo estaré ahí para ti, ¿entiendes?
Growlie soltó un gemido lastimero y le lamió la cara otra vez, dudoso. James se levantó y le ordenó que fuera con los otros, mientras iba a tomar en brazos a Caterpie.
—Escuchen —les dijo James a los cuatro pokemón que tenía al frente suyo—. Él es Caterpie, nuestro nuevo compañero desde hace muy pocos días. Espero que todos podamos llevarnos bien.
Apoyó a Caterpie en el suelo y retrocedió un par de pasos. Arbok y Weezing fueron los primeros en acercarse, como dándole la bienvenida. Growlie y Lickitung le siguieron, acariciándolo y hablando con él.
Meowth se acercó a ellos, con Lunita siguiéndolo detrás. James carraspeó para que los pokemón le prestaran atención.
—También tengo otro anuncio que hacerles —se agachó e hizo que Lunita caminara hacia ellos empujándola con suavidad—. Ella es Luna o Lunita, como quieran llamarla. Ella es la hija de Meowth y espero que todos la protejan al igual que nos protegen a nosotros.
Al sentir las curiosas miradas de los pokemón sobre ella. Lunita escondió su rostro con las patitas delanteras. Su padre le acarició la cabeza para tranquilizarla.
—No les tengas miedo, cariño. Ellos son amigos míos y de Jessie y James.
La pequeña asomó la cabecita por entre sus patas, dejando sus ojos al descubierto. Meowth siguió hablando.
—Ellos te van a proteger. Mira, por ejemplo, Arbok se ha comido a mil Zubat malos.
—¿Nya? —la pequeña miraba a la serpiente con admiración.
—¿Chabok? —preguntó, confuso. Meowth lo miró como diciendo que siguiera con el juego —. ¡Chabok, chabok! —dijo, mientras se erguía para mostrarse intimidante. No hacía falta ser Meowth para saber que Arbok estaba haciendo gala de su fuerza, mientras Lunita lo miraba hipnotizada. Al final, la pequeña se acercó a Arbok y refregó su cabecita contra su grueso cuerpo. Lo mismo hizo con los otros, tocándolos y lamiéndolos. Cuando terminaron, la pequeña soltó un bostezo. Estaba mucho más calmada que antes.
—¿Tienes sueño, cariño? —Lunita asintió—. Ahora vas a dormir con papi.
Además del reloj, la mamadera y el polvo nutricional, Joy también les había dejado la canastita para que Lunita tuviera donde dormir. Era lo suficientemente grande para ambos. Acostó a la pequeña, la tapó con una manta y le dejó a mano el trozo del uniforme de James que ella amaba. Por último, Meowth se acostó.
—Buenas noches, cariño.
—Nya nya —dijo, somnolienta y le lamió la mejilla. Se quedó dormida enseguida y Meowth no tardó en seguirla. Todo eso bajo la mirada de Jessie y James.
—¿No se ven adorables? —dijo Jessie, abrazándose a James.
—Demasiado —aprobó James—. Nosotros también seremos así algún día.
Jessie le tomó la mano con fuerza. James sabía que ella se sentía insegura, pero no lo admitiría. En lugar de confesarle sus inseguridades, cambió de tema.
—Tendremos que buscar un trabajo en el siguiente pueblo —dijo Jessie.
—Pensaremos en eso cuando estemos allí. Mejor durmamos.
Mientras los bobos ya estaban en sus sacos de dormir, Jessie y James se tendieron en el suelo alrededor de la fogata. Aún seguían siendo unos muertos de hambre, pero tenían altas expectativas para las próximas semanas. Sin gastarse el dinero en robots gigantes, las cosas tirarían a mejor.
