"Si se es espectador, se debe observar con cuidada atención"
Los días siguientes parecieron no tener conexión alguna con los anteriores; no volvieron a tener que lidiar con la presencia de Minami y Mitsuko en la academia, e incluso el director parecía estar finalmente a merced de todo lo que había pedido su nieta para la obra. Harumi dejaba al fin de añadir sus elocuentes muletillas a las frases de su personaje, y Maruta dirigió los ensayos restantes con verdadero éxito. Matsuri, por su parte, pasaba más tiempo ajustando decorados en el amplio gimnasio donde se encontraba el escenario que en la sala de ensayos, algo que más de una allí agradecía por su complicado carácter. Incluso Momokino, después de haber vuelto de sus pruebas por su pie herido, regresó a la obra para asumir su papel y ensayar como las demás.
—¿Dejarás que te firmemos el vendaje, vicepresidenta? —bromeó Harumi, viendo cómo Momokino llevaba su pie completamente vendado y caminaba con la ayuda de unas muletas.
—¡Si no fuera porque necesito estas atrocidades para caminar —respondía ella, refiriéndose a sus muletas—, ya te habría lanzado alguna!
—¿Si te gano en una carrera hasta la cafetería me dejarás firmarte? —siguió Harumi en su intento por sacarla de quicio. En realidad le parecía demasiado divertido como para poder resistirse.
Yuzu y Mei se alegraban de ver de nuevo a la vicepresidenta, aunque también sentían cierta lástima por el calvario que le iba a hacer pasar la menor de las Taniguchi, quien seguramente tendría ya una lista cuidadosamente preparada con múltiples chistes para la ocasión. Por otra parte, con algo de ayuda de la directora de la obra, la vicepresidenta Maruta, ambas habían conseguido al fin representar la escena del beso perfectamente. Mei había puesto todo de su parte para conseguirlo.
Se detuvo Yuzu por unos instantes a observar a su hermanastra, la cual se había acercado para interrumpir la cómica batalla entre Momokino y Harumi. ¿Sería acaso sus largos cabellos negros como el azabache? ¿O quizás su mirada intensa y decidida? La chica rubia no lo sabía con certeza, pero quería pensar que todos aquellos detalles contribuían a hacer de Mei la chica más perfecta ante sus ojos. Realmente amaba cada parte de ella, aunque a veces fuera una persona difícil de entender.
—Bien —habló Maruta, quien había estado ocupada hasta ese momento revisando una de las escenas con algunas actrices de la obra—, hemos terminado.
—¿Ya se han repasado todas las escenas? —preguntó Yuzu.
—Sí —respondió con cierto orgullo—. Hemos tenido algunos pequeños contratiempos, pero ya estamos listas para estrenar la obra mañana.
«¿Algunos pequeños contratiempos…?», pensó Yuzu de inmediato. «Shira-pon dispara a Momokino-san en el pie con una pistola de clavos, la antigua presidenta intenta imponer su poder en la obra y ese impresentable de Minami intenta echar a una de nosotras… ¡¿y son algunos pequeños contratiempos?!».
—Descansen cuanto puedan esta noche, ¡mañana será un gran día! —dijo Maruta.
Tal y como les dijo la vicepresidenta, todas las estudiantes se concienciaron para estar totalmente descansadas y poder disponer de todas sus energías para el gran estreno. Habían sido unos días algo duros por las dificultades y retrasos que habían sufrido, pero finalmente podían sentirse orgullosas de estar listas para la representación. Mei y Yuzu, al llegar a su hogar, ensayaron una vez más su escena romántica en la intimidad y oscuridad de su habitación. Habían acordado que aquel beso fingido no duraría más de un par de segundos, pero esa regla impuesta se rompía más veces de las que se llegaban a proponer.
—Volviste a excederte de los dos segundos —se quejó Mei, al mismo tiempo que apartaba el rostro de Yuzu con su mano. A veces incluso le hacía perder el equilibrio hasta que la chica rubia caía de espaldas sobre la cama.
—Pensé que ya habíamos terminado de practicar y querías uno de verdad —bromeó ésta, incorporándose. La mirada desaprobadora de su hermanastra no se hizo esperar—. ¡Está bien, está bien! Pero, Mei, creo que ya hemos ensayado suficiente. Todo saldrá bien, ya verás.
La presidenta, aún en pie frente a ella, pareció compartir el argumento de Yuzu, quien sentada sobre la espaciosa cama trataba de justificar su error. Era cierto que ambas tenían ya muy preparada aquella comprometida escena pero, aun así, Mei no pareció satisfecha del todo en ese preciso momento.
—¿Qué ocurre? —se atrevió a preguntar la chica rubia.
Qué inocencia la suya al cuestionarlo pues, antes de que pudiera pronunciar cualquier palabra más, el rostro de Mei se había posicionado a centímetros del suyo. Yuzu solo atinó a retroceder rápidamente, pero eso solo provocó que su compañera ganara terreno y subiera también a aquella cama, casi persiguiéndola. Sintió cómo su corazón aumentaba sus latidos, y también vino a ella ese incontrolable calor en sus mejillas. Como si no fuera suficiente, y como si no estuviera ya sufriendo demasiado, Mei posó una de sus manos en su rostro con cuidado y dijo:
—Ahora sí quiero uno de verdad.
Podría haber dudado de muchas cosas durante esos días; esos días de ensayos, conflictos y sorpresas. Pero en ese instante sabía con auténtica certeza que estaba en un aprieto porque, si Mei volvía a decir algo semejante, estaba segura de que moriría de un ataque allí mismo. ¿En qué momento dejó que se acercara? Ni siquiera era capaz de percibir el tiempo pasar. Lo único que sintió fue su propio cuerpo caer sobre las suaves sábanas, y el cuerpo de su hermanastra sobre ella. ¿Acaso iba a seguir torturándola con aquella mirada tan profunda?
—Mei…
Y sintió sus labios también, aquellos que tantos suspiros le robaban. La besó como si hubieran pasado meses desde que no lo hacía, como si esos besos fingidos no contaran. La besó con todo el cuidado que fue capaz de alcanzar, haciendo que Yuzu perdiera la razón por un instante.
—Solo quería… —comenzó a decir Mei cuando se separó levemente de ella. La chica rubia pudo ver, a pesar de la poca luz allí, que su rostro también se encontraba completamente ruborizado—. Hacía tiempo que no…
No pudo evitar sonreír ante aquel arrebato de la presidenta. La joven solía tener una forma bastante peculiar de mostrar lo que sentía, pero siempre conseguía sorprenderla. Cada beso, cada abrazo o cada caricia valía demasiado como para querer perderlos.
—No te preocupes —respondió Yuzu, llevando ambas manos al rostro de Mei—, yo también lo quería.
Y con esa tímida oscuridad que las acompañaba, más besos y caricias inocentes robaron cualquier protagonismo y se hicieron con el argumento completo de aquella noche. Quizás desobedecer a Maruta en el hecho de priorizar su descanso no era lo que debían, pero ninguna de ellas dio un paso atrás. Hacía tanto tiempo que no tenían un momento a solas, aunque solo fuera para que aquellos delicados besos tan necesarios aparecieran al fin. Yuzu era consciente de que sus sentimientos por Mei cada día eran más fuertes, pero quizás entender aquella lluvia de intensas emociones se podría convertir en una tarea complicada y arriesgada antes de que pudiera percatarse.
«¿Qué puede significar amar como yo lo hago, Mei? ¿Cuál es el final de este tortuoso camino?».
…
El gran día había llegado finalmente. La emblemática y adinerada Academia Aihara estaba de celebración por el tan ansiado festival cultural. Los puestos de comida y retos de habilidad eran innumerables, y el clima era ideal para realizar las actividades al aire libre. El lugar se encontraba abarrotado de estudiantes, familiares y profesorado. Un evento sin igual.
Tras aquellas actividades en el exterior, las personas invitadas fueron conducidas hacia el espacioso gimnasio donde se hallaba el elegante escenario, aquel en el que se representaría la obra teatral del festival ese año. Los decorados habían quedado en perfectas condiciones, simulando con bastante fiabilidad el interior de una gran mansión amueblada y bien iluminada.
—¡Vaya! Han hecho un gran trabajo —le dijo Aihara Shou, padre de Mei, a su esposa, Ume. Había regresado de uno de sus viajes para ver a su hija actuar. Era algo inusual en ella, y no quería perdérselo por nada del mundo.
—Han estado ensayando durante días —respondía Ume, expectante. Ambos se sentaron en una de las primeras filas de sillas allí alineadas y preparadas para los espectadores—, así que estoy segura de que será un gran espectáculo.
Igualmente, también pasaban al interior de aquel salón las hermanas Tachibana, invitadas por Yuzu. Tanto Sara como Nina se sintieron emocionadas al recibir la noticia de que la chica rubia actuaría en una obra, y nada menos que como la amante del personaje que Mei interpretaba.
—¡Aquí, aquí! —le indicaba Nina a su hermana mayor, haciendo señas de que había visto dos asientos libres en primera fila.
—¡Estupendo, Nina! Estaremos muy cerca para ver a Yuzu y Mei.
—¿Crees que podrán besarse delante de todo el público? —dudó Nina, echando un leve vistazo atrás y viendo lo grande que era aquel espacio.
—Estoy segura —Sara parecía totalmente convencida—. Yuzu es valiente, y Mei confía en ella.
Mientras tanto, entre bastidores, todas las participantes de la obra de teatro escuchaban a Maruta con atención en su discurso para darles ánimo y desearles suerte en la actuación. Aunque, Harumi y Yuzu no parecían necesitarlo ya que, en vez de escuchar a la vicepresidenta, se giraron para asomarse desde el extremo izquierdo del escenario a la zona del público.
—¡Está lleno de gente, Yuzucchi! —comentó Harumi.
—De gente… —alcanzó a decir la chica rubia, mirando detenidamente las zonas elevadas de palcos, situadas en ambos laterales del salón. Habían sido colocadas allí provisionalmente a través de una estructura sencilla, que mantenía a mayor altura sus asientos para alojar en ellos a los invitados de honor: el director, financiadores y otros contactos poderosos de la academia.
—¿Qué ocurre?
—Minami está ahí.
—¿Qué? —Harumi trató de vislumbrar la figura de aquel hombre en los palcos—. ¿Dónde?
—Si tanto odiaba la obra, ¿por qué ha venido a verla?
Harumi al fin consiguió localizar a Minami, sentado con gesto malhumorado en el palco derecho del gimnasio. No parecía muy agradecido de haber sido invitado a ser testigo de aquella función, más bien daba la sensación de estar allí obligado por su papel de financiador en la academia. El propio Minami tampoco reparó en observar aquel escenario, hasta que se topó con la mirada indiscreta de una joven. El hombre trató de fijarse mejor en aquella chica, quien le mantenía la mirada desde el lado opuesto al que se encontraban Yuzu y Harumi. Se mostró nervioso al darse cuenta de que la joven en cuestión era ni más ni menos que Mizusawa Matsuri.
Por último, en el palco contrario al que se situaba Minami, el palco izquierdo, la temida Taniguchi Mitsuko contemplaba con notable interés el gran escenario. Podía ver también desde su posición cómo los invitados comunes ocupaban sus asientos en las filas de sillas situadas entre ambos palcos.
Con el paso de los minutos, aquel espacioso salón iba completando su aforo. Muchos familiares y amigos se concentraban allí para ver a las chicas actuar; la gran mayoría promovidos por el club de teatro, pero las nuevas actrices que se atrevían a colocarse delante de los focos también tenían su público. Anunciaron entonces que la representación iba a dar inicio al fin, así que Maruta echó un último vistazo a su equipo de actrices y dijo:
—Salgamos a triunfar.
—¡¿Triunfar?! —se oyó la voz de Momokino, quien parecía tener serias dificultades para caminar con su sencillo vestido verde y las muletas—. ¡Yo triunfaré si no me rompo algo más ahí fuera!
—Quizás si no camina mucho… —aconsejó Shiraho.
—¡Vaya, vicepresidenta, no sabía que ahora estaban de moda esos complementos! —se mofó Harumi, refiriéndose de nuevo a sus muletas.
—¡Exijo que expulsen a esta chica como vuelva a hacer otro chiste a mi costa! —protestó Momokino.
—Deja de molestarla ya, Harumin. Estamos a punto de salir a actuar —le dijo Yuzu—. Ya habrá tiempo después.
—¡¿Cómo has dicho, Aihara Yuzu?! —se encaró la vicepresidenta.
Y una vez más, con la tan necesaria ayuda de Mei, Maruta tuvo que volver a calmar la batalla entre las estudiantes. ¿Acaso nunca conseguiría la tan típica escena de líder que guía a su equipo ante la adversidad? Fue entonces cuando notaron que las luces que iluminaban la parte del público se apagaron; ya no podían retrasarse más, era la hora de actuar. Mei, Shiraho y varias chicas del club de teatro debían salir de inmediato para la primera escena.
—Presidenta —la llamó Maruta, antes de que abandonara el lugar. Mei se giró para escucharla—, no pierda de vista su objetivo.
Ésta asintió con seguridad y continuó su camino hacia el escenario.
La obra avanzó tal y como se había previsto; el club de teatro actuaba con confianza y brillantez, y Mei parecía también haberse conseguido adaptar adecuadamente a su personaje. Por su parte, Yuzu seguía mostrándose algo inquieta por la escena romántica que le tocaría representar hacia el final de la actuación, pero se había prometido a sí misma que lo conseguiría por todas aquellas personas que con ilusión habían ido a verlas. Momokino tuvo algún que otro tropiezo sobre el escenario, acompañados acto seguido de leves risas de Harumi, pero que había sabido disimular con suficiente elegancia.
Y llegaron así al clímax de la obra; la escena cumbre. Shiraho interpretaba a la curiosa y reservada investigadora que trataba de alojar algo de luz al asesinato del argumento. Asesinato que se había presentado como un hecho misterioso al comienzo de la representación, y del que no se conocía la identidad del criminal aún. Era la escena más importante de toda la obra, en la que la mayoría de las actrices debían aparecer.
—«A esa pobre chica la mataron aquí, de dos disparos por la espalda…» —relataba Shiraho, actuando con bastante más soltura que en todos los ensayos. Realmente era reservada, y aquel papel de investigadora seria no le iba nada mal. Señalaba el elegante sillón rojo que se situaba a su lado, en el extremo izquierdo del escenario—. «¿Cómo van las comunicaciones?»
—«Sigue sin haber línea» —habló Mei, sentada en el espacioso sofá que se encontraba en la zona central de la escenografía mientras comprobada el teléfono de mesa. Dejaba caer sus intervenciones en la obra con cierto aire despreocupado.
—«¿Y ésto iban a ser unas vacaciones tranquilas? Yo me voy de aquí» —habló Harumi, sentada al lado de Mei. Se levantó de golpe para intentar marcharse.
—«¿Acaso está loca?» —intervino entonces Momokino, de pie junto al gran sofá central. Trataba de mantenerse erguida con la ayuda de sus muletas, actuando lo mejor que podía—. «Con el temporal que hay ahí fuera, no sobreviviría ni diez minutos».
—«¿Y aquí dentro sí vamos a sobrevivir?» —respondió Harumi—. «Una de nosotras es una asesina, ¡ha matado antes y volverá a hacerlo!».
—«No, si podemos impedirlo» —sentenció el personaje de Shiraho—. «Y creo que sé cómo».
—«¿Sabes quién es la asesina?» —dijo Mei con sorpresa.
—«Sí, pero no tengo pruebas. Quiero que reconstruyamos exactamente todo lo que hicimos la noche que mataron a esa chica».
—«¿Y qué quieres demostrar con eso?» —preguntó imponente Momokino.
—«Que hay una persona que mintió. Y la única forma de demostrar que su coartada es falsa, es repetir nuestros movimientos. Así, quedará en evidencia» —explicó Shiraho, inquietando a todas las personas allí presentes.
Tras varios segundos de rotundo silencio, una a una fue aceptando las condiciones de la investigadora. Algunas sin mayor objeción, otras no tan amablemente.
—«Como la noche que la asesinaron yo no estaba aquí, seré quien ocupe su lugar» —dijo Shiraho, sentándose así en el elegante sillón para ocupar el asiento de la víctima antes de su muerte—. «Vayan todas adonde dijeron que estaban y esperaremos hasta las doce menos cuarto, la hora del crimen».
Y con esa última orden, la investigadora interpretada por Shiraho fue quedándose a solas con el público, mientras todas las actrices se marchaban de la escena. Se mostró serena desde aquel sillón rojo, con la vista al frente tal y como el guion lo describía. Al instante, se oyeron los murmullos del público al ver cómo una mano sujetando una pistola hacía aparición en aquel extremo izquierdo del escenario, justo detrás del asiento de Shiraho. Nada por lo que preocuparse, pues era parte de la obra.
—¡Kuma!
Se vio entonces cómo aquella misteriosa mano efectuaba dos disparos con la pistola que poseía y desaparecía acto seguido. Shiraho se dejó caer sobre el respaldo del sillón, simulando que también la habían matado.
Era el turno de Momokino de descubrir que habían matado a la investigadora, apareciendo con urgencia por el lado opuesto del escenario, el extremo derecho.
—«¡¿Qué ha pasado?! ¡He oído disparos!» —se acercó a la investigadora lo más rápido que pudo con la ayuda de sus muletas. El público pareció impacientarse incluso, por la poca velocidad a la que iba—. «¡Oiga! ¡¿Se encuentra usted bien?!».
Según el guion, Momokino debía sujetar su rostro e intentar despertarla. Y eso es lo que hizo. El público se mantuvo en silencio mientras veía aquella escena, intrigado por lo que pasaría y preguntándose quién resolvería ahora el crimen si la investigadora quedaba eliminada.
Pero los segundos pasaban y nada más ocurría. Los espectadores buscaban a Momokino con la mirada, pero ésta se había quedado allí parada. En el escenario, la joven vicepresidenta había retirado despacio sus manos temblorosas del cuerpo de Shiraho, descubriéndolas así, para su sorpresa, manchadas de sangre. Agachó la cabeza y observó sus manos. Trataba de decir algo, avisar de que aquello no era normal, que no era parte del guion, pero las palabras no salían de su boca. Parecía paralizada por lo que veía. Solo después de mucho esfuerzo, pudo alzar sus ojos llenos de terror hacia los asistentes, aunque no parecía dirigirse a nadie en concreto.
—¡U-una ambulancia! —gritó temerosa, pero con rabia, mientras las lágrimas se hacían presentes en su rostro—. ¡Una ambulancia!
Fue entonces cuando más de un espectador se levantó de golpe de su asiento, dándose cuenta de que aquello iba en serio. Las demás actrices acudieron apresuradas a los gritos desgarrados de Momokino, quien no pudo sostenerse más en pie y se dejó caer sobre el suelo del escenario. Todas contuvieron la respiración al ver el cuerpo de Shiraho Suzuran, del cual era evidente que emanaba sangre.
El hospital más cercano a la academia comenzó a recibir decenas de llamadas pidiendo asistencia médica y, en cuestión de minutos, un equipo de sanitarios irrumpió en el lugar para atender a la estudiante. Pudieron detectar la herida en su espalda, provocada por dos disparos auténticos de una pistola de pequeño calibre. Después de varios minutos de intentos por reanimar a la joven, el equipo médico confirmó con gran pesar que no podían hacer nada más por ella; Shiraho había fallecido.
Yuzu no alcanzaba a percibir con claridad lo que estaba ocurriendo allí, ante sus ojos. Veía a la familia de Shiraho llorar desconsoladamente, y a los sanitarios tratando de mantener la calma de los demás espectadores y pidiendo que llamaran a la policía. Tan solo fue capaz de sentir la mano de Mei, que de pronto sujetó la suya con firmeza. Ella también parecía realmente afectada.
Estaba claro que aquella obra de teatro había llegado a ser más real de lo que imaginaban.
Pues aquí comenzamos el camino a la trama añadida de este fic. Shiraho, la aparentemente invisible estudiante de la academia, ha sido asesinada delante de toda la Academia Aihara. ¿Podrán ahora descubrir a su asesino y averiguar el porqué de su muerte?
Aprendiz de Agatha Christie,
Kyomori.
