¿Cómo les va, cariños míos? Espero que bien. Logré rescatar una estantería que iban a tirar a la basura y ahora es mía.

AlenDarkStar: No va a ser fácil, claro que no. Ash tardaría poco en aceptarlos, pero a Misty… ya veremos.

Kaiser: ¡Oh, basta, no me hagas sonrojar! Seguro esperabas más lemmon y menos trama, ¿eh? Pillín (?) Tengo varios planes, sé como va a terminar la historia, pero hay cosas que no las tengo del todo resueltas. Espero verte seguido por aquí.

Capítulo veintiuno

Un mal paso

Habían pasado tres días desde que estaban viajando juntos.

La comida estaba empezando a escasear, pero eso no era un problema tan grave, pensó Brock mientras acampaban. Según sus cálculos, el pueblo estaba a dos horas caminando de donde estaban.

Ash había cambiado de actitud con respecto al ex Equipo Rocket. No eran precisamente los mejores amigos, pero a veces hablaba un poco con alguno de ellos y no en plan de querer acusarlos de algo. Eso había pasado porque Lunita había querido jugar con Pikachu y el pokemón eléctrico había aceptado con ganas estar con ella un rato. Luego, se había quedado hablando con Meowth y haciendo las paces por las cosas del pasado. Y si Pikachu les perdonaba, Ash también lo haría.

Misty era otra historia. Desconfiaba de ellos como si fueran Rattata traicioneros dispuestos a saquearle la mochila en cuanto les diera la espalda. Ni siquiera dejaba que su Togepi jugara con Lunita o Caterpie y el pequeño pokemón huevo se limitaba a verlos corretear delante de sus ojos en el regazo de su madre con tristeza.

Jessie y James estuvieron muy callados durante la noche y casi no comieron. Brock podía entenderlos: no tenían un yen partido por la mitad y se sentían culpables de verse como parásitos. Lo poco que hablaban, lo hacían en susurros, pero le llegaban palabras sueltas de la conversación, como que necesitaban dinero, que necesitaban un trabajo y que estarían perdidos si no conseguían nada. Brock los animaba como podía, pero sabía que no era suficiente.

A la mañana siguiente, los tres integrantes estaban con aspecto de no haber dormido en gran parte de la noche, pero con optimismo y energías renovadas. El desayuno, aunque poco abundante, solo aumentó más las ganas de seguir adelante.

—Ya llegaremos muy pronto al pueblo —dijo Brock—. Tendremos tiempo de comprar provisiones para el viaje y estar bien provistos para el siguiente pueblo.

—Sería más sencillo si no tuviéramos tres bocas más que alimentar —masculló Misty.

—Al menos ayudan más que tú —los defendió Ash.

Brock respiró hondo. Se merecía una estatua de oro en la plaza de Ciudad Plateada por su paciencia. Los aludidos, caminando al lado de ellos, bajaron la cabeza. Meowth incluso bajó las orejas. La pequeña ni se dio por aludida y solo miraba los árboles con su curiosidad infantil.

—Misty, creo que ya te lo he dicho antes, pero nadie te obliga a venir con nosotros. Si tanto te preocupa la comida, viaja por tu cuenta y solo tendrás que preocuparte por llenar tu estómago.

Misty enrojeció de ira.

—¡Tú sabes bien por qué estoy aquí! ¡Estoy por…!

—La condenada bicicleta, si, ya todos sabemos la historia —la interrumpió Jessie, ya harta—. Por Dios, sería capaz de pagarte yo la bicicleta, con tal de que te calles.

—Cállense —dijo Brock—. Por el amor de lo que más quieran, cállense cinco minutos.

El tono de hartazgo del adolescente sirvió para que se quedaran callados durante el resto del viaje, hasta que vislumbraron las primeras señales de civilización. En ese momento, Jessie se detuvo.

—Tengo que ir al baño —dijo ella de manera súbita.

—¿No puedes esperar a que entremos al pueblo? —preguntó ella.

—No, no puedo.

Brock la entendía. Con el embarazo, la naturaleza llamaba con más frecuencia de lo normal. Y, ahora que lo pensaba, no recordaba haberles contado a sus dos amigos sobre el estado de Jessie.

—Yo me quedo con ella —se metió James—. Nos veremos en la plaza central si quieren. Ustedes vayan a hacer las compras y lo que tengan que hacer.

—Está bien. Chicos, sigamos adelante.

El pueblo era más grande que el que estaba cerca del Centro Pokemón, con más negocios y todo. Mientras caminaban por la acera, Brock decidió tocar el tema sobre Jessie.

—Muchachos, ¿recuerdan que les dije que me iba con Jessie, James y Meowth porque me necesitaban?

—Si —respondió Ash.

—Bueno, me había olvidado de decirles la razón principal: Jessie está embarazada.

Los dos pararon en seco. Ash lo miró, parpadeando varias veces, como si intentara asimilar la información y Misty quedó boquiabierta.

—¿Eso es cierto? —preguntó Misty.

—¿Cómo que embarazada? —preguntó a su vez Ash, como si no tuviera idea de lo que Brock estaba hablando.

—Si, están esperando un hijo. Yo me enteré incluso antes que ellos.

Ash lo seguía mirando como si Brock hablara en otro idioma.

—¿Esperando un hijo?

Misty se puso las manos en las caderas.

—¿Acaso no sabes de donde vienen los bebés?

—Ehh… la verdad no, no lo sé.

Brock sacudió la cabeza. ¿En que demonios estaba pensando la madre de Ash al dejarlo salir al mundo? Que sacara la pokedex hasta para lo más básico era una cosa. Otra muy distinta era que tuviera los conocimientos de un niño de cinco años.

—Eso es algo que debería explicarte tu madre, no yo —dijo Brock.

—¿Y de quien es? —preguntó Ash con inocencia.

Brock lo miró atentamente, como buscando cualquier signo de burla en el rostro del menor. Al no encontrar nada, le dieron ganas de sacudirlo por los hombros, a ver si así se le iba lo bruto. Misty lanzó una risotada.

—Ash, es obvio que James es el padre. ¿Acaso no notaste que son novios?

—¡Claro que lo noté! —le gritó Ash, rojo de vergüenza. Luego se tranquilizó—. ¿Pero no tienen que estar casados para tener hijos?

Eso era demasiado para Brock. A duras penas pudo reprimir un ataque de risa. Ash tenía mucha suerte de viajar con él, de otro modo no hubiese tardado mucho en regresar a su casa como Growlithe arrepentido.

—Dejemos el tema, por favor —pidió Brock, intentando que no se le zafaran las costillas por aguantarse la risa—. Lo importante es que sepan que Jessie está embarazada y hay que cuidarla mientras esté así.

Fueron a la Poketienda y compraron pociones, antídotos e ingredientes para hacer comida pokemón para el viaje (compró extra para los pokemón de Jessie y James). Una vez que terminaron sus compras, decidieron ir al único supermercado del pueblo para comprar comida y algún producto de limpieza.

La primer cosa que notaron al llegar fueron una moto y una patrulla policial aparcados al frente. La oficial Jenny hablaba con una pareja adulta mientras tomaba notas en un block. Dios, que hermosa era esa mujer. Su mente se nubló en ese momento y no pudo ver nada más que a ella con su uniforme de policía y su hermoso cabello azul que pasaba un poco de los hombros.

Ash fue el primero en acercarse, yendo casi a las corridas hacia ella.

—¡Oficial Jenny! —dijo Ash—. ¿Qué ha sucedido?

Jenny los miró con cautela.

—¿Acaban de llegar al pueblo? —les preguntó.

—Si. Yo soy Ash, ella es Misty y él es Brock.

El aludido se acercó a zancadas hacia ella y la cogió de las manos.

—¿Podrías anotar mi número en mi libreta? —dijo Brock, mirándola a sus ojos—. Así luego me llamas y podemos ir por un café…

Misty lo agarró con fuerza de una de las orejas y lo tiró hacia atrás.

—Mejor que anote el número del manicomio donde vamos a dejarte —masculló.

—¿Qué ha sucedido? — preguntó Ash una vez más.

—Alguien entró a robar anoche y sustrajo dinero y mercadería —explicó Jenny—. Este es un pueblo tranquilo y rara vez suceden estas cosas

Brock miró a Jenny, pero no ya con deseo o amor. Pensó en Jessie, James y Meowth… ¿Tendrían algo que ver? Sacudió la cabeza de forma negativa. No. No podía ser posible. Ellos ya habían dejado esas cosas, lo habían prometido.

—¿Tienen sospechosos?

—No, aún no. Pero se nota que han usado a un pokemón para abrir las cerraduras. Uno pequeño. Un Meowth, probablemente.

Brock cerró los puños e intentó ignorar la mirada inquisidora de Misty, como si estuviera pensando lo mismo que él.

—¿El supermercado está abierto al público? —preguntó Brock de manera súbita.

—Si, sigue operando.

Brock les hizo un gesto a ambos chicos.

—No perdamos tiempo y vayamos a hacer las compras.

Apenas entraron, Misty se acercó un poco a Brock.

—¿Tú crees que el Equipo Rocket tuvo algo que ver?

—No tenemos por qué desconfiar de ellos.

Ash se giró.

—Pasaron la noche con nosotros, no creo que hayan hecho algo.

—No vamos a acusar por acusar. Vamos a comprar lo que necesitamos y vayamos a verlos a la plaza No quiero dejarlos esperando.

Mientras hacía las compras, su mente no paraba de pensar en el trío. Tal vez habían ido a mitad de la noche y habían robado las cosas. Tal vez habían escondido el botín en algún lado para llevárselo después. Tal vez se quedaron atrás y no quisieron entrar por miedo a que los descubrieran.

Con esos pensamientos dando vueltas por su cabeza, fueron a la plaza central. Era un lugar chico, con una fuente en el centro, unos bancos de madera, algunos juegos para niños y no mucho más. No tardaron mucho en ver a los tres.

Estaban en un puesto improvisado de madera, vestidos como vendedores ambulantes, con delantales y gorras incluidas.

—¡Onigiris! ¡Muffing de baya! —gritaba Jessie, ofreciendo lo que vendía—. ¡Seis onigiris por quinientos yenes! ¡Seis muffing por mil yenes!

—¡Nya, nya! ¡Nya nya nya nya! —Lunita estaba en una punta del mostrador, imitando el tono de Jessie con su vocecilla. Ya había un pequeño grupo de personas (una cinco) haciendo cola para comprar.

¿De donde habían sacado los ingredientes para hacer la comida? Él sabía que ellos habían salido apenas con comida y sin dinero. De a poco comenzó a armar todo en su cabeza. Habían ido a robar el supermercado por la noche mientras todos dormían y ocultado el botín no muy lejos de allí. Eso explicaba por qué habían inventado una excusa para no entrar al pueblo, así podrían sacar el botín escondido sin ser vistos por ninguno del grupo.

Brock apretó los puños. Podrían tomar como idiota a Ash o incluso a Misty. Pero no a él.

—Tendremos que esperarlos a que terminen de vender —dijo Brock, intentando mantener su voz tan neutra como fuera posible.

—Pero la medalla…

—Seguirá allí para cuando terminen. Mientras más dinero tengamos, mejor.

—¿Y que haremos mientras tanto? ¿Sentarnos aquí?

—Podrías empezar a entrenar, para variar —se metió Misty.

—Mis pokemón son bastante fuertes para que estén perdiendo el tiempo entrenando —se mofó Ash.

—Misty tiene razón: ¿Por qué no pasan el tiempo entrenando? Será bueno para ambos.

Ash normalmente respetaba las decisiones de Brock y esta vez no fue la excepción.

—¿Lista para la batalla, Misty?

—Vas a caer, ya lo verás.

Ash y Misty se fueron a un lugar apartado y con poca gente para poder pelear tranquilos. Algunas personas se comenzaron a agolpar para ver la batalla, pero Brock no tenía ganas de estar en el público. Se sentó en un banco cerca del puesto de Jessie y James y esperó pacientemente a que ya no hubiera clientes para poder hablar con ellos.

—¡Hola, Brock! —saludó James alegremente, mientras sacaba unos muffing de un pequeño horno eléctrico—. ¿Quieres un muffing de baya Aranja?

—Por ser tú, te lo cobraremos a ciento cincuenta yenes —dijo Meowth, parado sobre un banquito para poder ser visto detrás del mostrador.

—Te lo daríamos gratis, pero los negocios no prosperan regalando cosas —agregó Jessie, mientras acariciaba la cabecita de Luna.

—Sé que fueron ustedes.

James se puso blanco de la impresión, Jessie se mordió los labios y las orejas de Meowth bajaron un poco.

—¿De que estás hablando? —preguntó Jessie, con inocencia, pero se la notaba algo turbada.

—Del robo al supermercado.

—Nosotros no hemos hecho nada.

Lunita comenzó a dar maullidos de preocupación, mientras su mirada iba de Jessie a Brock.

—Meowth, llévala a pasear o algo —dijo James, ya con resignación.

El pokemón gato no parecía muy dispuesto a marcharse, pero aceptó. James bajó a la pequeña del mostrador y Meowth la alejó del puesto.

—Estoy muy decepcionado de ustedes tres —les dijo Brock una vez que se aseguró que Lunita no podría oírlos—. Creí que iban a dejar de robar.

—¿Y que querías que hiciéramos? —saltó Jessie—. Ustedes tres tienen familiares que les dan dinero. Nosotros no, tenemos que valernos por nosotros mismos.

—¡Pero no necesitan robar!

—¿Acaso piensan mantenernos o qué? No siempre podemos conseguir todo por derecha, ¿sabes?

James se adelantó un paso.

—¿Nos vas a entregar a Jenny?

Brock resopló.

—Debería, pero no, no lo haré. Pero si vuelven a hacer esto una vez más y tendrán que arreglárselas solos. Nadie puede decirme que no lo he intentado.

Jessie y James se miraron a los ojos durante un segundo antes de voltear hacia Brock.

—De acuerdo, no lo haremos más.

Brock no tuvo más opción que creerles.

—Está bien. Si necesitan ayuda o tienen dudas sobre algo, consúltenme a mí antes, ¿si?

Ambos asintieron.

—Bien. Ahora aprovecharé que Ash y Misty están peleando para decirle a Meowth lo mismo que a ustedes.