Lamento haberme tardado dos semanas. Podría haberlo subido hace tres días, pero se me ha complicado todo.

Kaiser: Siempre creí que todo no era tan perfecto en el mundo pokemón. Según lo que averigüe, Koffing y su evolución eran muy discriminados porque creían que eran portadores de enfermedades y se los mataba. En cuanto a tu fic, la temática harem no es lo mío, lo siento. Pero espero que tengas mucha suerte con tus lectores.

Alen: No pensé que el capítulo fuera dulce, pero está bien. Todos los pokemón necesitan amor.

Capítulo veinticuatro

Sin comida

Habían pasado un par de días desde que partieron desde el jardín de niños y aún no veían signos de que la civilización estuviera cerca. No importaba: tenían comida para tres días más y seguramente encontrarían un pueblo antes que se acabaran las provisiones. Pero lo que a Brock le preocupaba eran Jessie y James.

No parecían estar peleados intentando arrancarse los ojos, sino que parecían haber construido una barrera invisible entre ellos dos. Apenas si se dirigían la palabra y, cuando dormían, lo hacían dándose la espalda. Por momentos, James parecía querer acercarse, pero se acobardaba con facilidad y se sumía en silencio.

Desde que se habían marchado de la guardería habían estado así. Cuando llevaron a Timmy de vuelta a la guardería, estaban tomados de las manos y dándose mimos. Cuando se fueron, los dos estaban cabizbajos y sin ganas de hablar con nadie. ¿Qué demonios había pasado en ese momento? Recordaba haberlos visto con un grupo de niñas, pero nada más. Estaba demasiado ocupado admirando la belleza de la maestra, a pesar de ser una gritona.

Ahora ya era de tarde y estaban descansando después del almuerzo. James no estaba; había dicho que se iría a dar una vuelta cerca del río. Pero eso había pasado hacía casi una hora y ya se estaba empezando a preocupar. Meowth lamía la cabeza de su hijita, bañándola con la lengua; Jessie estaba durmiendo; Misty pulía a su Staryu y a su Starmie y Ash simplemente miraba el cielo junto a Pikachu. Todo muy tranquilo, si se exceptuaba la tensión entre Jessie y James.

Brock se levantó del suelo.

—Voy a buscar a James —dijo—. Se está tardando demasiado.

Ash se sentó de golpe y Pikachu lo imitó, parando las orejas.

—Te acompaño —dijo Ash casi de inmediato. También parecía preocupado. Brock negó con la cabeza.

—No, mejor quédate aquí —le respondió. Si lo encontraba, quería hablar con él a solas sobre lo que pasaba entre él y Jessie. No quería meterse en su relación, pero tampoco quería quedarse de brazos cruzados.

Se dirigió hacia el río y caminó contra la corriente, ya que ahí había visto que se dirigía James. Cruzaba los dedos a medida que avanzaba. No creía que James haya sido tan cobarde como para abandonar a Jessie, Meowth y Lunita con ellos, ¿o sí? O tal vez le había sucedido algo, no lo sabía. Pero ninguna opción era buena.

Escuchó una voz a lo lejos, cerca de la cascada. Brock comenzó a acercarse cada vez más deprisa. A medida que avanzaba, le parecía reconocer la voz de James:

—Soy un idiota… una desgracia… no la merezco.

Brock al fin pudo distinguir a James, sentado en una roca, a dos metros de la orilla y cerca de la cascada. Al frente suyo, yacía un Slowpoke mirándolo fijamente, con la cola metida en el agua. James bebía de una botella blanca que Brock identificó inmediatamente como sake.

—No puedo… no puedo olvidar… su… sus ojos… cuando me vio —James arrastraba las palabras y se balanceaba un poco sobre la roca.

—Slowpoke —respondió el pokemón con lentitud. Probablemente ni supiera de lo que James estaba hablando. Brock tampoco, pero lo que si sabía era que Jessie lo iba a matar si lo veía así.

—¿James?

El susodicho tardó tres segundos en girarse. Sus ojos estaban enrojecidos por las lágrimas y los efectos del alcohol.

—¡Brock! —se levantó con dificultad, casi cayéndose en el proceso. El adolescente tuvo que ayudarlo antes de que se rompiera la cara contra el suelo. Apestaba a sake.

—¿Qué demonios estás haciendo? —le preguntó, intentando no darle un puñetazo.

James lo miró y mostró una sonrisa amplia y borracha.

—Después de Meowth, tú eres como mi hermano —le dijo, abrazándose a él, no sin antes estamparle un sonoro beso en la mejilla. Brock se acomodó para poderlo llevar, abochornado.

—Si, si, como digas, pero tienes que venir conmigo al campamento. Jessie te va a matar.

James soltó un gemido lastimero y se puso a sollozar.

—Jessie… ella va a dejarme…

—¿Qué? Tonterías, ella no va a dejarte.

—No después…. Después de lo que pasó…

—¿Qué pasó? —le preguntó.

James tardó varios segundos antes de responder:

—Ella quiere… casarse conmigo.

—¿Y tú no quieres eso?

James volvió a soltar un gemido lastimero, como un Growlithe herido.

—No… no lo sé. Le tengo pánico… al compromiso… por Jessebelle, tú sabes.

Brock entendió. Tendría que haberlo supuesto.

—Esas mocosas me preguntaron s quería casarme con Jessie —continuó—. Y no supe que responder. Jessie me vio y… y se dio cuenta que estaba asustado.

—Bueno, bueno, no es para tanto —intentó tranquilizarlo Brock—. Ya verás que todo saldrá bien, ¿eh?

James se secó las lágrimas con el dorso de la mano.

—Gracias.

Cuando llegaron al campamento, Jessie ya estaba despierta. Cerca de ella, Meowth había sacado su guitarra y estaba cantando una canción.

Necesitaba conocer un poco más esta tierra

Un día tomé mi mochila y me fui.

Dejé todo atrás

Y me sentí libre al fin.

Sentir en mi cuerpo los rayos de sol

Escalar las montañas más duras.

Ver con mis propios ojos

Lo que se siente estar en las alturas.

James lanzó una pequeña risotada.

—Creo que todo está bien —dijo James—. No es una canción de suicidio. Pero me tengo… tengo que asegurarme…

—¿De qué hablas? —preguntó Brock.

James se soltó del agarre del adolescente y caminó hacia Meowth en zigzag. El pokemón lo miró, sorprendido, al igual que todos los otros.

—Meowth —James se agachó, casi cayéndose al hacerlo, y le tocó la cabeza—, ¿estás bien?

Meowth parpadeó, estupefacto:

—Sí, pero tú no. ¿Estás borracho?

—Sólo un poquitito… ¿Pero estás bien?

Meowth se puso algo tenso.

—Estoy bien, James.

—Porque tienes que avisarme si estás mal. ¿Sabes?

Meowth asintió. Parecía que quería que la tierra se lo tragara.

—Si, si, ahora…

—No lo hagas de vuelta nunca más. No quiero perderte —le dijo, con la voz ya estrangulada por el llanto.

—¡James! —el pokemón se acurrucó en su pecho, temblando. Lunita también se acercó para exigir que la abrazaran a ella también. Pero Jessie la levantó y lo alejó de ellos, a pesar de las protestas de la pequeña.

—Mejor déjalos —le dijo Jessie.

James levantó la vista, soltó a Meowth y se puso de pie.

—Jessie… mi reina —dijo, tambaleándose para acercarse a ella. Jessie lo detuvo apoyando las manos en sus hombros.

—Meowth, ve a preparar tú sabes qué —le dijo, con rabia contenida. Meowth se secó las lágrimas con su pata y fue hasta la mochila de James, seguido de Lunita.

—Brock, ¿qué le pasa? —preguntó Ash, confundido.

—Está borracho —respondió.

Ash parpadeó varias veces.

—¿Para qué?

Brock intentó contenerse. ¿Es que acaso Ash había vivido bajo una roca toda su vida, como si fuera un Diglett? No, era peor que eso. Al menos los Diglett sacaban su cabeza del agujero de vez en cuando. Jessie tenía razón: tendrían que tener una larga charla con Delia.

—Es mejor que lo sepas más adelante —le respondió.

Misty, quien aparentemente no había vivido bajo una roca, comentó:

—Odio a los tipos que se emborrachan. ¿Lo hará seguido?

—No lo creo —opinó Brock—. Ya lo habríamos visto ebrio antes.

Mientras ellos hablaban y Meowth preparaba algo en un mortero (parecía una mezcla de hierbas), Jessie y James discutían.

—No quiero… perderte —decía James, mientras sus lágrimas escapaban sin control. Jessie estaba entre la furia y la confusión.

—¿Por qué me perderías? —le preguntó, enojada.

—Quieres casarte conmigo, ¿no?

Jessie lo miró, tan sorprendida que casi rozaba el espanto, pero luego se relajó.

—Hablemos de esto cuando estés sobrio —le respondió, más tranquila.

—¡Pero si yo estoy bien! —exclamó. Luego, bajó la voz—. Te verías hermosa de blanco —su tono se volvió soñador—. Tu vestido tendría… un tajo al costado… y te recogerías el cabello en un rodete… ¿Te dije alguna vez… lo preciosa que te ves con un rodete? Me vuelves loco.

Jessie se sonrojó un poco.

—¿Meowth, cuanto falta para que termines con esa cosa?

—Un momento, un momento —respondió Meowth, machacando las hierbas y agregándole agua de un termo.

—Jessie… si quiero… que te cases conmigo —continuó James—. Solo que la palabra "casamiento" aún me da un poco de miedo… Sabes bien que te amo demasiado, mi amor.

Meowth volcó el contenido del mortero en una taza de lata y se la pasó a Jessie.

—Ya está.

Jessie le tapó la nariz a James con una mano, mientras que con la otra lo obligó a beber el contenido de la taza. James hizo ademán de querer escupir el líquido, pero ella continuó hasta que solo quedaron las hierbas en el fondo.

James lanzó un fuerte eructo y un escalofrío sacudió su cuerpo.

—Ajj, eso sí que fue asqueroso —dijo, limpiándose la boca con la mano. Parecía que la borrachera había desaparecido, pero se lo notaba algo descompuesto.

—Para que aprendas a no emborracharte así, imbécil —lo retó Jessie, con los puños cerrados.

James miró hacia abajo, como un niño regañado.

—Lo siento… No sé lo que me pasó. Solo iba a tomar un poco de sake, nada más.

—¡Era nuestro sake de la victoria! ¡Lo teníamos reservado para cuando capturáramos a Pikachu! —le gritó Jessie.

—¡De todos modos ya no vamos a capturarlo!

Meowth se puso en medio de los dos.

—Ya, ya, no discutan. Le va a hacer mal al bebé —les dijo, intentado apaciguarlos.

Los dos se callaron y se tranquilizaron… hasta que escucharon un llanto.

—¡Nyaaaa! —lloraba Lunita, sentada en el suelo, a escasos dos metros de ellos. Meowth se acercó a zancadas hacia su hija y le lamió la cabeza.

—Shhh, tranquila, cariño, no llores, no pasa nada —intentaba consolarla—. Es normal que la gente se peleé a veces.

—Nya nya…

—No te gusta que peleen, lo sé, a mí tampoco me gusta, pero verás que todo saldrá bien.

Jessie y James miraron al padre y a su hija un momento antes de mirarse a los ojos.

—Podemos esperar al casamiento hasta que nazca el bebé —le dijo James en un hilo de voz—. Así tenemos tiempo para preparar un casamiento decente y puedas lucir el vestido. ¿No?

Jessie sonrió.

—¿Acaso tienes alguna duda? ¡No voy a lucir gorda en mi vestido de boda!

James soltó una risotada y la besó en la mejilla. Jessie le respondió agarrándolo de la cintura y besándolo en los labios. Brock no pudo evitar lanzar un suspiro de alivio al ver que todo se había arreglado. Incluso Misty miraba la escena con los ojos brillantes.

—Bueno, tenemos que seguir viajando —dijo Brock en voz alta. El resto dio su aprobación y comenzaron a guardas las cosas en sus mochilas para poder dirigirse a Isla Canela, cual parecía eternamente lejana.


Tres días después, la comida se había acabado.

Sentían que daban vueltas en círculos alrededor del bosque y no era para menos: Ash había perdido el mapa dos días atrás y ahora no tenían idea en donde estaban parados o donde estaba el próximo pueblo.

—Solo tenemos un poco de arroz y algunos condimentos —dijo Brock con tono sombrío, sentado sobre una piedra—. También algunas botellas de agua, pero nada más.

Ash lo miró de manera fugaz y bajó la vista. Se sentía culpable por haber perdido el mapa y había pedido perdón, pero aún se sentía mal. Misty estaba preocupada, abrazada a su Togepi. Al menos aún había latas de comida pokemón, pero no durarían más de dos días.

Jessie, James y Meowth no parecían preocupados, sino pensativos. Estaban hablando en voz baja entre ellos y sintió una leve irritación porque no estaban compartiendo lo que decían con el resto. ¿Acaso no eran todos parte del mismo equipo?

Antes de que Brock pudiera llamarles la atención, ellos dejaron de hablar. Jessie se veía decidida.

—Necesitamos organizarnos —dijo Jessie, como si fuera una capitana dirigiéndose a sus soldados—. Ash, ve a buscar agua y leña; Misty y Meowth, a buscar bayas; James, ve a pescar; Brock, quédate aquí cuidando a Lunita y el resto de las cosas. Yo iré a ver si encuentro comida también.

—¡Hey! ¿Quién te nombro la líder? —le cuestionó Misty,

Jessie chasqueó la lengua hacía ella y se inclinó un poco hacia adelante, mirándola fijo a los ojos.

—¿Acaso tienes una idea mejor? Porque me encantaría que la compartieras en lugar de quejarte. Podríamos morirnos de hambre, ¿sabes? Así que, o aportas algo útil o te callas y haces lo que te digo, maldita pelos de zanahoria.

Misty la miró con un odio intenso. Jessie le sostuvo la mirada hasta que la chica soltó un bufido y miró para un costado.

—¿Alguien más quiere quejarse? —desafió Jessie a los otros. Ninguno habló—. Pues bien, nos reuniremos en una hora a más tardar.

Jessie sacó una de sus pokebolas y llamó a Arbok. El pokemón tipo veneno apenas la vio se acercó a ella, frotando la cabeza en su hombro. Jessie lo acarició y luego agarró una pequeña canasta de mimbre.

—Tenemos trabajo que hacer, Arbok. Tenemos que ir a buscar comida. Ven conmigo.

Jessie se internó entre los arboles junto a su pokemón. Ash y James se fueron juntos tomando otro camino. Misty, con un bufido, hizo equipo con Meowth, tomando una bolsa vacía de supermercado para poder cargar las bayas.

—¡Nyaaa! —comenzó a llorar Lunita, al ver que sus dos seres más importantes para ella se alejaban. Corrió hacia su padre y se abrazó a él, entre lágrimas.

—No, mi amor, no llores. Papi va a buscar comidita —le explicó Meowth—. Quédate con Brock, te prometo que volveremos pronto.

—¿Nya nya?

—No, no puedes venir conmigo.

—¡Nya!

—Mmhh… Tienes razón —se dirigió a Misty—. Podrías dejar a Togepi aquí con Brock. Será más cómodo para ti.

Misty dudó unos momentos antes de acceder a dárselo a Brock.

—No tardaré, ¿si? —le dijo a su Togepi y luego se marchó junto con Meowth.

Brock puso a Lunita y a Togepi juntos. A pesar de que ya llevaban semanas viajando juntos, era la primera vez que los dos bebés iban a poder interactuar. Lunita se acercó al pokemón de Misty, con cautela, pero Togepi avanzó con normalidad hasta estar a escasos centímetros de ella. No pasó mucho rato antes de que comenzaran a jugar juntos, persiguiéndose y dándose mimos. Era una escena adorable.

Ash fue el primero en regresar con un cubo de agua y le explicó a Brock que habían encontrado un lago. James se había quedado para pescar. Ash volvió a marcharse para buscar ramas para encender un fuego.

Jessie fue la segunda en regresar junto a su Arbok y depositó la canasta en el suelo, frente a Brock.

—Listo. Tengo suerte de que Arbok sea un muy buen cazador —le dijo, orgullosa.

Brock miró dentro de la canasta. Dos Pidgey y un Pidgeotto yacían muertos, apilados uno encima del otro. Aparentemente, habían muerto por una fractura en el cuello.

—Con esto tenemos para el almuerzo de hoy —dijo Brock—. Cuando Ash vuelva con la leña, me pondré a cocinar.

—Voy a desplumarlos mientras tanto —Jessie se sentó en el suelo, tomó una bolsa de plástico y comenzó a arrancarles las plumas a uno de los Pidgey—. Esto servirá para hacer relleno para almohadas —comentó en voz alta, más para sí misma que para Brock—. Podría venderlas a buen precio.

Mientras Jessie cavilaba en voz alta, Ash regresó con la leña.

—Espero que esto sea suficiente…—comenzó a decir, pero se detuvo al ver a Jessie. Se acercó hacia ella y torció la cara en un gesto de horror.

—¡¿Qué estás haciendo?! —le gritó, horrorizado.

Jessie levantó la cabeza y lo miró, con indiferencia.

—Desplumando un Pidgey —respondió.

—P-pero los pokemón son nuestros amigos, ¡no comida!

Jessie se rió sin alegría. Brock pensó que lo hacía solo para reprimir las ganas de propinarle un puñetazo en la cara.

—¿Nunca has comido una hamburguesa o una salchicha? No te veo cara de vegetariano y bien que has comido carne, te hemos visto. No seas hipócrita.

—¿Qué tienen que ver las hamburguesas con los pokemón?

Jessie abrió mucho los ojos, como si tuviera en frente a la cosa más bizarra y estúpida que haya visto en su vida. Brock miró hacia abajo, sintiendo vergüenza ajena como nunca había sentido. Hasta sus hermanos más chicos tenían una idea de dónde venía la carne que él compraba (y cazaba de vez en cuando).

—Una cosa es que no supieras lo que era carnívoro y otra cosa es esa idiotez tan grande que acabas de decir. El Pidgey que estoy desplumando es más inteligente que tú. Y no me refiero a cuando estaba vivo, sino así, muerto como está ahora.

Brock se puso en medio. Por muy de acuerdo que estuviera con ella, no quería peleas. Suficiente eran las riñas entre Ash y Misty como para soportar estas.

—Basta —dijo Brock—. No quiero peleas. Jessie, sigue desplumando los Pidgey. Y tú, Ash—suspiró profundamente—, las hamburguesas están hechas de Tauros en su mayoría.

Ash parpadeó varias veces, aturdido.

—¿De verdad?

—Si, de verdad —le respondió Brock, de manera tajante.

—Así que no seas hipócrita —le dijo Jessie—. Elige: o comes a la hora del almuerzo o muérete de hambre. Estamos en una situación donde hay muy pocas opciones de supervivencia. Hasta ahora has tenido suerte, solo porque tienes a Brock. ¿Qué tal si no lo tuvieras? —Se levantó, con los ojos chispeantes de furia—. ¿Crees que estarías aquí ahora? No sé qué pensaba tu madre al dejarte ir de viaje pokemón, cuando es obvio que no puedes cuidar de ti mismo y mucho menos de tus pokemón.

—¡Yo si cuido a mis pokemón! —gritó Ash.

Jessie se cruzó de brazos, mirándolo de manera burlona.

—¿Los cuidas, eh? Dime una cosa, ¿les das de comer? ¿O al menos ayudas a Brock a preparar la comida? Porque veo que él está haciendo el trabajo de alimentar a tu Pikachu —el pokemón eléctrico, posado eternamente en el hombro de Ash, la miró, movió las orejas y pareció decir algo. Si Meowth estuviera ahí, lo habría traducido—. Tampoco veo que los bañes. Y un pequeño y minúsculo detalle: ¿Cuándo fue la última vez que entrenaste?

Ash apretó los puños.

—¡Mis pokemón no necesitan entrenamiento! ¡Ellos valen por dos!

En ese momento, Misty y Meowth regresaron con la bolsa repleta de bayas. Lunita, quien había estado viendo con preocupación la pelea entre Ash y Jessie, salió disparando como una flecha hacia su padre.

—Oh, no, otra vez eso de "sus pokemón valen por cuatro" —Misty lo parodió con sorna—. Te regalaron cuatro de las seis medallas, no te creas tan importante.

Las palabras metieron el dedo en la llaga.

—¡Eso no es verdad! —gritó Ash.

—Brock te regaló la medalla, al igual que mis hermanas, Sabrina y Érica; sin los consejos de Brock jamás le habrías ganado al Teniente Surge. No sé ni cómo le pudiste ganar a Koga —parecía que hacía tiempo que quería decirle todo esto—. Cada tonto tiene su día, ¿no?

Brock se puso de pie. Ya habían llegado demasiado lejos.

—¡Basta!—gritó. Todos se giraron hacia él, Meowth incluido. Se dirigió a cada uno de ellos, intentando no perder los nervios—. Jessie, no te alteres, estás embarazada y al bebé no le va a hacer bien; Misty, por favor, ahórrate los comentarios; y tú Ash, más vale que comas lo que voy a cocinar, ¿está claro? ¡En este campamento se come lo que hay! ¡Sin chistar!

—Si —dijeron los tres, bajando la vista.

Brock asintió, satisfecho de sí mismo. Era igual que tratar con sus hermanos menores al fin y al cabo. Mientras esperaban a James, comieron unas pocas bayas de la bolsa que Misty y Meowth habían traído.

James regresó cuando el plazo de una hora estaba a punto de terminar. Tenía un Goldeen muerto agarrado de la cola.

—Fue todo lo que pude conseguir en una hora —dijo James, algo desilusionado de sí mismo.

Misty lo miró con los ojos como platos.

—¡Como te atreves a matar un Goldeen! ¡Es una de las criaturas más hermosas del mundo!

—Y deliciosas —agregó Meowth.

—Dijimos que yo iba a pescar, pero no te quejaste —le dijo James, sorprendido.

—Bueno… pensé que pescarías un Magikarp…

—Ah. ¿La vida de un Magikarp vale menos que la de un Goldeen? —Meowth lo dijo con tono burlón, pero sus ojos destilaban ira.

—Claro que sí —respondió Misty, decidida—. Todos saben que los Magikarp son inútiles.

Meowth solo se la quedó mirando, sin mover un músculo.

—Ajá —Meowth aparentó indiferencia—. Con esa lógica, tu vida vale menos que la de Brock porque eres una inútil que solo sirve para molestar a los demás.

Misty colocó sus manos en las caderas, furiosa:

—Al menos soy una líder de gimnasio. Tú solo eres un fenómeno.

El silencio que se sumió sobre ellos fue tal que Brock creyó por un segundo haberse quedado sordo. Ni el viento parecía soplar. Meowth miró a Misty, ofendido y dolido. James dejó el Goldeen en el suelo, se acercó y le tocó ligeramente la pata.

—Meowth, deja, no hagas caso…

—Al menos Jessie y James quieren estar conmigo y no se sienten obligados porque me deban nada —dijo, con los dientes apretados—. Nadie te soporta, Misty, y si Ash y Brock fueran menos caballerosos, hacía rato que te habrían mandado al carajo. Ellos no te quieren y de seguro tus hermanas tampoco. Estoy seguro que, si fuera un poco más listo, Ash sería capaz de trabajar y pagarte los diez mil o quince mil yenes que debió salir tu bicicleta para que dejes de molestarlo.

Meowth se dio media vuelta y se internó entre los árboles. Jessie se levantó de golpe.

—Iré con él —dijo Jessie y también se marchó. Arbok, quien había estado dormitando cerca de ella, se levantó del suelo y siguió a su ama.

Nadie se atrevió a hablar. Misty se sentó de espaldas a ellos, sacó una de sus pokebolas de la mochila y comenzó a limpiarlas con lentitud.

—Espero que Meowth esté bien —murmuró James, preocupado.

Brock comenzó a sospechar que algo raro pasaba con el felino. James cuando estuvo borracho, le preguntaba a Meowth constantemente si estaba bien. Ahora el pokemón gato se había marchado, con Jessie detrás, y James estaba sentado, retorciéndose las manos y mirando cada tanto hacia donde Meowth, Jessie y Arbok se habían marchado.

—James, ¿pasa algo con Meowth? —preguntó

Él abrió la boca como si quisiera decirlo, pero sus ojos se desviaron hacia Misty y Ash y pareció cambiar de opinión.

—Nada, solo estoy preocupado —dijo.

—¿Nya?

Casi se habían olvidado de Lunita. La pequeña estaba intentando treparse a la pierna de James con sus pequeñas uñas, preocupada probablemente por la discusión. James la alzó y la puso sobre las rodillas. Forzó una sonrisa.

—Tu papi ya vendrá, tranquila —intentó tranquilizarla.

Ash, por otro lado, miraba a Misty, sin saber muy bien qué hacer. Pikachu se acercó a ella y se trepó a sus piernas.

—Hola, Pikachu —Misty acarició con suavidad a Pikachu. Su voz parecía quebrada. Ash se acercó a ella, sin saber que decir.

—O-oye, Misty…

No se giró.

—¿Qué quieres? —intentó sonar ruda y solo logró tener un tono lastimero.

—Lo que dijo Meowth… no es cierto —murmuró Ash, en un intento de consolarla—. Somos amigos, tú sabes.

Misty se giró. Tenía los ojos enrojecidos.

—Gracias —respondió sin ganas. No le creía ni una sílaba.

Ash no supo más que hacer. Consolar a la gente no era precisamente su terreno. Quiso decir algo más, pero no pudo. Pensándolo bien, ella sí era una persona molesta a la que no se podía sacar de encima por culpa de la tonta bicicleta. Meowth tenía algo de razón al fin y al cabo, pero de ahí a decírselo en la cara de la manera en que el pokemón lo había dicho era otra historia.

Jessie y Meowth tardaron media hora en regresar. Para ese entonces, Brock ya había cocinado el Goldeen a la parrilla mientras James se encargaba de hacer estofado de Pidgey. James dio un suspiro de alivio al verlos.

—Qué bueno que llegaron, la comida está lista —dijo Brock, sacando el Goldeen del fuego y sirviéndolo en dos platos—. Pero antes de comer, quiero que Meowth y Misty se pidan disculpas por lo que se dijeron.

—¡No tengo por qué disculparme por lo que dijo esta discriminadora de pokemón! —gritó Meowth.

—Yo tampoco voy a disculparme —replicó Misty.

Brock tenía que forzarlos de alguna manera.

—Nadie va a comer hasta que se pidan disculpas —sentenció Brock.

—Pero…

—Sin peros.

Misty y Meowth se miraron a los ojos con odio. Ninguno quería dar el brazo a torcer, pero sus estómagos estaban hambrientos y el olor solo provocara que les gruñera. Meowth miró el rostro hambriento de su pequeña hija y no lo soportó.

—Lo siento —gruñó Meowth.

Misty pareció entender por qué había pedido disculpas en realidad y sus músculos se relajaron.

—Lo siento —murmuró ella.

Brock se dio por satisfecho. Cortó el Goldeen en varios pedazos y se los repartió a todos.

—Sé que para algunos esto no es la mejor opción, pero es esto o arriesgarnos a morir de hambre —dijo Brock—. Así que digamos buen provecho y a comer.

—Buen provecho —dijeron todos y, algunos con menos culpa que otros, empezaron a comer.

La canción está basada en "Lo más frágil de la locura", de La Renga.

Saludos.