Nota de autora: es posible que este fic vaya siempre más adelantado en la plataforma Wattpad. Es decir, que siempre haya más capítulos publicados en Wattpad que en Fanfiction.


La inspectora Arron esperaba sentada en su mesa de comisaría a que Aihara Yuzu apareciera por allí junto a la joven Mizusawa Matsuri. Sentía cierta impaciencia, pues quizás era el momento de dar con los culpables del asesinato de Shiraho, al fin.

En cuestión de segundos vio a las dos estudiantes entrar por la puerta del edificio policial; Yuzu se veía inquieta, algo lógico debido a que se trataba de una de sus amigas. Sabía a qué tipo de acusación se enfrentaba Matsuri, y tampoco podía evitarlo.

—Ya estamos aquí —anunció la joven Aihara cuando llegaron a la mesa de la inspectora.

Claudia se puso en pie y las saludó a ambas.

—Necesito hacerte unas preguntas, ¿de acuerdo? —Se mostró amable ante Matsuri, no queriendo que se sintiera cohibida. Ésta asintió a la petición de la inspectora. Después, Claudia se dirigió a Yuzu—. ¿Te apetece estar presente?

—Sí, por favor —admitió la chica rubia.

Guio entonces a las dos estudiantes a la sala de interrogatorios más cercana; aquella en la que ya había interrogado a Tachibana Sara, también en presencia de Yuzu. La chica comenzaba ya a acostumbrarse a aquel ambiente policial. Matsuri se sentó la primera, seguida de Claudia, que ocupó el asiento de en frente. Yuzu se percató con gran sorpresa de que ambas estaban ya preparadas, pues se había distraído observando la sala de interrogatorios, y acabó sentándose igualmente, junto a Matsuri.

Claudia miró a la joven Mizusawa algo preocupada; tan solo era una niña, ¿cómo iba ella a disparar una pistola a sangre fría bajo órdenes de alguien como Minami?

—Bueno… —Arron trató de comenzar—, ¿de qué conoce usted a Minami Kuma?

—No le conozco de nada.

Empezaban mal, y tanto Yuzu como Claudia lo sabían.

—¿No recibió una suma de dinero de parte del señor Minami días antes del crimen? —preguntó Claudia.

Matsuri guardó silencio y miró a la inspectora con fastidio.

—Matsuri, no mientas, por favor —intervino Yuzu—. Ella solo quiere saber la verdad.

—¿Me está acusando? —Matsuri se dirigió a la chica rubia.

—Intento no hacerlo —respondió Claudia—, pero para ello necesito saber la verdad. ¿Por qué Minami Kuma te pagó tanto dinero días antes del crimen?

—Yo no maté a nadie.

Matsuri se molestó aún más, colocando ambas manos sobre la mesa. Fue en ese instante en el que Claudia se percató de la presencia de un vendaje en su mano derecha, quizás por alguna herida reciente.

—No he dicho que lo hicieras, pero necesito saber por qué te dio esa cantidad de dinero. —Claudia se mostró comprensiva, pero firme.

—No es asunto suyo. —Matsuri soltó un bufido y se cruzó de brazos.

—Matsuri, por favor —volvió a hablar Yuzu—, necesitamos saber la verdad. Es por Shira-pon.

La chica miró a Yuzu y pudo ver en ella la angustia que sentía por el asesinato de su compañera en la academia. Pareció entonces relajarse un poco.

—Si el dinero no era por un encargo de asesinato… ¿qué era entonces? —insistió Claudia.

—Era… —Matsuri volvió a mirar a Yuzu y suspiró, después se dirigió a Claudia—. Era un pago por darle información.

—¿Información? ¿Acerca de qué? —preguntó Arron.

—De su prometida. Bueno, de su amante.

—¿Amante? ¿Qué amante? Momokino-san no tiene ningún amante. —Yuzu miró a Claudia al notar que ésta no decía nada—. ¿Inspectora?

—Sí que lo tenía… —respondió Arron—, y esa amante era Shiraho.

Yuzu se sorprendió tanto ante aquella noticia que abrió los ojos como platos y se llevó una de sus manos al pecho. Pero, para mayor sorpresa de Claudia, pudo ver esa misma impresión también en el rostro de la joven Matsuri.

—Mizusawa-san, ¿tampoco lo sabía usted? —le preguntó.

—Yo… —Matsuri parecía confundida.

—Minami te pagó para que dieras con la amante de Momokino Himeko, ¿no?

—Sí, pero yo… no lo hice. —Matsuri suspiró de nuevo—. No investigué nada y le di un nombre cualquiera.

El asombro en Yuzu se convirtió en una sonrisa forzada, al escuchar que Matsuri había vuelto a engañar a otro hombre adulto como solía hacerlo en algunas ocasiones.

—¿Me está diciendo que… estafó a Minami? —Claudia tampoco podía disimular su sorpresa.

—Por eso no quería decir nada —dijo Matsuri—. Estafar es un delito, ¿no? Y usted es policía.

—Sí, bueno… —Claudia trató de tranquilizarla—. Realmente no hay delito… porque acertó con su acusación. Pero sigo sin entender por qué Minami recurrió a usted en vez de un detective privado.

—Eh… —Matsuri miró a Yuzu de reojo por un instante—. Ese estúpido pensaba que la amante era Mei-san. Yo siempre estaba cerca de ella y de Yuzu-oneechan, así que…

—¡¿Qué?! —gritó la chica rubia.

—De acuerdo, vamos a calmarnos un poco —pidió Claudia, también algo inquieta—. Así que Minami pensaba que la amante de su prometida era Mei, te pidió que la espiaras… y tú le diste otro nombre cualquiera para quitar las sospechas de ella, ¿no?

Matsuri asintió.

—Ese Minami es tan idiota que ni siquiera se aseguró de si le decía la verdad —comentó Matsuri.

—¿Y por qué mintió? ¿Estaba tratando de proteger a Aihara Mei? —Claudia mostró curiosidad.

—No quería causarle problemas a Yuzu-oneechan —admitió Matsuri.

—Oh, entiendo…

—Sí, porque Mei-san es su…

—¡Suficiente sinceridad por hoy! —interrumpió la chica rubia, tapándole la boca a su amiga.

—Tengo una pregunta más, Mizusawa-san. —Claudia señaló con el dedo su mano derecha—. ¿Cómo se hizo eso? ¿Ha tenido algún accidente?

—Tuve un accidente con la pistola de clavos la mañana del crimen mientras arreglaba el decorado del escenario, me han recetado tomar analgésicos durante unos días.

«Esa pistola de clavos dando guerra hasta el final…», pensó Yuzu.

—¿Puedo ver la receta? Me gustaría sacar una copia para tenerla como prueba —pidió Claudia.

Matsuri buscó la receta entre sus bolsillos y se la entregó a la inspectora. Con esa herida en la mano se volvía aún menos posible que la chica pudiera apuntar con un arma y disparar a Shiraho. Una vez realizada la copia para añadirla al expediente del caso, Matsuri se marchó. Yuzu, sin embargo, quiso quedarse con Claudia unos minutos antes de volver a la Academia Aihara.

—¿Qué opina, inspectora? —Yuzu había vuelto hacia ella, después de despedirse de su amiga en la entrada del edificio.

—Es curioso, cada vez que estamos cerca de dar con algo importante, parece esfumarse de repente… —Claudia suspiró. Después, añadió amablemente—: Aunque me alegro de que tu amiga no parezca estar relacionada con el asesinato.

—Gracias, yo también me siento aliviada. —Yuzu ya parecía estar más tranquila—. Pero entonces… ¿quién pudo hacerlo? ¿Quién pudo disparar?

—Habrá que seguir buscando. —Claudia le sonrió—. Gracias por tu ayuda de todas formas. Te llevaré a la academia, también voy para allá.

La inspectora cogió su bolso de encima de su mesa y ambas se dispusieron a marcharse de allí rumbo a la Academia Aihara, pero el Comisario Jefe, que pasaba por allí con semblante molesto, las detuvo.

—Claudia —la llamó—, menos mal que aún no te has ido.

—Ah, jefe. Ahora mismo iba para la academia. Acompañaré a esta joven e investigaré un poco más hasta que termine mi jornada.

—Espera un momento, Claudia, ha sucedido algo. —El Comisario Jefe parecía preocupado.

Al ver su rostro, Arron supo que aquello no le iba a gustar.

—Han llamado de la Academia Aihara, era el director —explicaba el Comisario—. Al parecer, está muy molesto con el acoso que está ejerciendo la policía hacia las estudiantes y socios de la entidad.

—¿Qué? ¿Es una broma? —dijo Yuzu sin pensar, guardando la compostura después—. L-lo siento, les dejaré solos para que puedan hablar tranquilos.

—No te preocupes, Yuzu. —Claudia la excusó frente al Comisario.

—Escucha, Claudia —volvió a llamar la atención de su subordinada—, no me han dado muchos detalles, pero sí me han insinuado que como sigan las presiones, pondrán una denuncia.

—Pero si solo estamos tratando de dar con los asesinos de una de sus estudiantes —comentó ella.

—¡Es cierto! —intervino Yuzu—. Solo queremos que no se salga con la suya…

—Es por Minami, ¿verdad? —preguntó Claudia—. El director está protegiendo a Minami de las acusaciones de asesinato.

—Es lo que parece, sí —afirmó el Comisario.

—Pero si lo está protegiendo… es porque el director sabe que fue él… ¿no? —sugirió la chica rubia.

—¿El director encubriendo a un asesino? Eso sería un escándalo para la Academia Aihara —aseguró el Comisario.

—No puede ser… Entonces, ¿es posible que Mei lo supiera también? —decía Yuzu, ya comenzando a preocuparse de que su hermanastra tuviera que guardar aquello bajo orden de su abuelo.

Claudia había permanecido en silencio mientras la chica rubia y el Comisario especulaban acerca del caso. Yuzu fue la primera en percatarse de su ausencia en la conversación.

—¿Qué ocurre, inspectora?

—Yo… no lo sé. —La policía se llevó la mano a la frente en señal de agotamiento.

—¿Estás bien, Claudia? —le preguntó el Comisario.

—Es que… siento que esto no tiene sentido. Si Minami estuvo todo el tiempo en los palcos, ¿a quién mandó para matar a Shiraho? Ni siquiera sabemos eso.

—Es cierto…

—Y hay algo más: Shiraho gritó su nombre antes de morir, ella le acusó. Si la persona que vio a través del espejo del escenario, y que disparó, no era Minami, ¿cómo pudo saber ella que él estaba detrás de todo?

—¿Cómo dices, Claudia? ¿La propia víctima le acusó antes de morir? —preguntó el Comisario, sorprendido.

—Sí. En el escenario hay un gran espejo en el que Shiraho pudo ver a la persona que le disparó por detrás. Antes de que la mataran, ella gritó «Kuma» delante de todo el público. Pero no podía ser Minami, él estuvo todo el tiempo en los palcos.

—¿Cómo lo supo entonces?

—Quizás aquella prueba… Los papeles que estuvo quemando Shiraho días antes del crimen quizás eran verdaderamente cartas de amenaza de Minami.

—Intentaré que el laboratorio se dé prisa para analizar esa prueba y saber qué diablos era. Podría ser muy importante —dijo el Comisario—. Ahora, vuelve a esa academia e intenta no hacer mucho ruido.

—Sí, jefe.

Tanto Claudia como Yuzu se despidieron del Comisario Jefe. Ambas mostraron una sonrisa algo forzada, y no era para menos, pues parecía que nunca acababan de salir de aquel laberinto que envolvía a la Academia Aihara, y a la propia Shiraho Suzuran.

El camino fue tranquilo y silencioso; ninguna de las dos tenía nada que decir o, más bien, estaban tan sumidas en sus pensamientos con respecto al caso que no eran capaces de mantener una conversación entre ellas. Al llegar a un semáforo en rojo, Claudia se aventuró.

—Oye, Yuzu… sé que no es asunto mío, pero… tu hermanastra, Aihara Mei, sigue siendo sospechosa, ¿lo sabes?

—¿Mei? Bueno… es lógico, ¿no? Todas somos sospechosas —respondía ella.

—Lo que trato de decir es que… no me gustaría que tu afecto por ella te llevara a defenderla sin condición.

—¿Y-yo? ¿Por qué?

—Porque aún no sabemos quién disparó, y ella era la asesina de la obra.

—Pero, inspectora, la obra de teatro no era más que ficción. —Yuzu se mostró extrañada.

—Sí, lo sé. Aunque… empiezo a creer que tiene un significado especial en este caso.

El semáforo se puso en verde y Claudia volvió a poner su automóvil en marcha.

—Lo que quiero decir es que… sé que estáis enamoradas, y me alegro por ello —Claudia no se anduvo con rodeos, y Yuzu al escucharla hablar casi sufre un ataque al corazón allí mismo—, pero también sé lo impulsiva que eres, y no me gustaría que te entrometieras si tengo que interrogarla… o algo peor.

—¿P-por qué dice eso?

—Porque a partir de ahora tendremos que ir con mucho cuidado, ya oíste lo que dijo mi jefe —explicó, refiriéndose a la llamada de atención del director a la comisaría—. Me obligarán a parar la investigación, y quizás a detener a los que la entorpezcan.

—¿Me está avisando… para no detenerme?

—Exacto. —Claudia pudo ver cómo Yuzu sonreía levemente—. No sospecho de ti, ¿recuerdas?

—¿Cómo puede saberlo? —La chica rubia parecía intrigada.

—No tienes nada que ocultar, puedo verlo en tus ojos. —Claudia hizo una pausa, pero habló de nuevo tras unos segundos—: Bueno, excepto tu relación con tu hermanastra, claro. —Aquello último lo dijo a modo de broma, cosa que Yuzu notó de inmediato.

—¡O-oiga, inspectora!

—Tranquila, vuestro secreto está a salvo conmigo. —Claudia la miró un instante y le guiñó un ojo.

—Usted… no tiene remedio. —Yuzu sonrió.

Una vez llegaron a la Academia Aihara, no dudaron en caminar y adentrarse en el edificio principal. Claudia quería dirigirse al despacho del director para preguntarle por la joven asesinada; sabía que, aunque supiera algo, no se lo diría, pero no le vendría nada mal ver sus reacciones a determinadas cuestiones. Caminaba rápidamente por los pasillos siguiendo a Yuzu, quien la guiaba, pero también con suma discreción.

—Es aquí —dijo la chica rubia, deteniéndose frente a la elegante entrada del despacho.

Claudia observó la imponente puerta; estaba claro que la academia recibía bastantes fondos. Meditó un instante sobre si sería muy descabellado pensar que la dirección estuviera dispuesta a todo con tal de no perderlos.

—Veamos qué nos puede decir el director. —Arron dio entonces un par de golpecitos a la puerta.

Pero nadie respondía. Ambas chicas se miraron extrañadas; ¿acaso no había nadie allí?

—Creo que tendré que volver luego —se lamentó Claudia.

Pero Yuzu no parecía estar de acuerdo con ello. Después de la llamada que realizó el director a la comisaría, advirtiendo de que tomaría medidas si consideraba que la inspectora indagaba demasiado, no iba a permitir que ahora se librara así como así.

—Entremos, inspectora.

—Es broma, ¿no? —Claudia no quería creerse lo que la estudiante le estaba proponiendo.

La chica rubia negó con la cabeza, para mayor sorpresa de la joven policía. Aún así, en ese momento sintió que ambas tenían en común más de lo que creían en un principio, pues Claudia también llegaba a ser algo impulsiva en ocasiones. Pero de ahí, a entrar en un despacho vacío sin permiso del dueño, había un gran trecho. No podía simplemente entrar y registrar una propiedad privada sin una orden judicial.

—Está bien, ¡entremos! —aceptó Claudia.

Y así, a pesar de las generosas advertencias de la autora, la inconsciente inspectora se adentró en aquella sala en compañía de Yuzu. Claudia abrió la puerta y dejó a la estudiante pasar primero; una vez que ambas estuvieron dentro, la cerró tras de sí. Aquella estancia era luminosa y señorial, con una gran mesa de escritorio como elemento principal. También podían ver varios cuadros, todos ellos sobre fotografías del director y su equipo. En una de ellas, Yuzu pudo ver a Mei.

—¿Qué deberíamos buscar? —preguntó la chica rubia.

—Cualquier cosa que te llame la atención… o que esté fuera de lugar —respondió la inspectora.

Claudia se dirigió de inmediato al ordenador situado sobre la mesa y se sentó en la silla de escritorio para echar un vistazo rápido, mientras que Yuzu comenzaba a curiosear en los cajones del archivador que se encontraba en un lateral del despacho. En aquella computadora no parecía haber nada fuera de lo común; carpetas llenas de documentos, presupuestos y otros ficheros que poco interés despertaron en Claudia. Decidió entonces tratar de ver sus correos; para su suerte, se podía acceder fácilmente sin necesidad de dar ninguna contraseña.

—Ha debido de marcharse hace poco, su ordenador estaba encendido —comentó la policía.

—O quizás es que va a volver pronto —sugirió Yuzu, cosa que inquietó a Claudia—. ¿Por qué lo dice? ¿Ha encontrado algo interesante?

—Es posible, aquí hay un correo de Taniguchi Mitsuko con el asunto «Obra de teatro». Parece que sí comentaron algo acerca del evento.

—A ver. —Yuzu dejó de registrar los cajones del archivador y se colocó de pie junto a la silla que ocupaba la inspectora—. ¿Qué fecha tiene?

—Pocos días antes del asesinato.

Claudia abrió el correo con curiosidad y ambas leyeron su contenido, pero pocos segundos bastaron para que sus rostros mostraran una absoluta sorpresa; en él, Mitsuko advertía al director de la amenaza que suponía la estudiante Shiraho Suzuran, pues Minami había averiguado que era la amante de su futura esposa y no estaba dispuesto a dejar que actuara en la obra con ella. Incluso comentaba que el propio Minami había amenazado con tratar el tema con su familia y hacer que retiraran su financiación a la academia si no cumplían con sus exigencias.

—Pero… no lo entiendo. El director al final dio permiso a que Shira-pon continuara en la obra gracias a que Mei se lo pidió —dijo Yuzu.

—¿Acabó ignorando la amenaza de Minami de retirar su financiación? —habló Claudia—. ¿O acaso ya tenía pensada otra solución?

—¿Otra solución? ¿Se refiere a que… dejaron que Shira-pon actuara para matarla?

—Imaginémoslo por un momento —sugirió la inspectora—. Sabemos que Minami había tenido esa discusión en público con Momokino Himeko, y después trató de expulsar a Shiraho de la obra. Seguramente media academia se enteró de que Minami no soportaba a la víctima.

—Entonces… si Minami quería asesinarla por celos, todo el mundo sospecharía de él, ¿no?

—Exacto, pero imagina que tuviera una coartada a prueba de bombas, una que pudieran confirmar muchas personas…

—¡Ah, los palcos! —Yuzu se percató al instante—. ¡Minami estuvo todo el tiempo viendo la obra desde su palco! ¡Todos lo vieron!

—Y mientras otra persona disparaba, Minami estaría a salvo de las acusaciones. Director, antigua presidenta del consejo y financiador compinchados por un objetivo común: la economía y la imagen de la Academia Aihara —concluyó Claudia.

—¡Entonces ya lo tenemos! ¡Solo tenemos que interrogarles para sacarles el nombre de quien disparó a Shira-pon! —Yuzu estaba emocionada de haber entendido el razonamiento de la inspectora.

Sin embargo, Claudia se levantó de la silla y miró a la chica rubia con cierta preocupación en su rostro.

—La persona que disparó… debería ser alguien de confianza para el director, alguien con una personalidad seria y disciplinada, que comparta sus mismos valores y sea capaz de arriesgarse para proteger la academia…

Y Yuzu no pudo evitar escandalizarse al pensar que Mei era la mejor candidata a esa descripción.