Tal vez el capítulo sea algo corto, pero… bueh, está acá y punto.

Kaiser: Quise hacer el mundo más realista. Y ese no es el único lugar que existe. Hay varios más. En cuanto a la pequeña Pikachu, va pasar un tiempo para que se recupere por completo.

AlenDarkStar: En el animé es todo arcoíris casi. Prefiero acercarme un poquito al manga.

Slash Torrance: ¡Bienvenido de vuelta, hombre! El capítulo de Growlithe… Tal vez te parezca relleno (casi no lo escribo, de hecho), pero me pareció importante para resaltar de que James tiene que entrenar también. Y si, no sos el único que quiere cantarle las cuarenta a Delia XD

Yo nunca dije que quise hacer una versión donde Jessie se dedicara a la prostitución, dije que no quería caer bajo poniendo eso en su pasado. Tuve varias versiones, pero ahora no las recuerdo bien. Una de ellas era que la madre adoptiva la puso en adopción porque no tenía para darle de comer, fue adoptada por una familia de clase media que se volvió pobre muy rápido. Luego pidieron un préstamo que nunca pudieron devolver a unos tipos y los terminaron asesinando.

¡Eh! Que acá el lemmon no es tan importante. Pero en cualquier momento Ash podría enterarse de la peor manera XD. La historia de la bicicleta de Misty es casi comparable con la historia de la mayonesa de Esperando la Carroza (película que recomiendo). No sé si se me fue la mano con la ignorancia de Ash, pero de que no sabía que era carnívoro pasó en canon XD

Me gustaría saber que partes te causaron ñañaras XD

¡Hasta la próxima!

Capítulo veintisiete

La guardiana

Brock no durmió en toda la noche. Las imágenes del Raichu explotando en frente de sus ojos, sin que nadie pudiera o quisiera hacer algo. Era una de esas cosas que jamás se borrarían de su memoria, por mucho que los años pasaran.

Cuando el reloj marcó las siete, Brock se levantó de la cama, tomó algo de ropa, toallas y todo lo necesario para bañarse. Tal vez si se sacaba de encima los restos de esa horrible feria subterránea, lograría descansar un poco, aunque sea un par de horas antes de que los otros se despertaran.

Brock se desnudó, guardó la ropa sucia en el locker, se dirigió al banquito, abrió la canilla y esperó a que el balde se llenara. Vio su reflejo en el agua a medida que el agua subía. Parecía como si súbitamente hubiese envejecido, a pesar de que lucía igual que el día anterior.

Una vez que se lavó la cabeza y el cuerpo, entró a la cálida bañera para relajarse un poco. Sus músculos se relajaron, pero no por mucho tiempo. Pensó en los pokemón que había visto apretujados dentro de sus jaulas, sin ver el sol, sentir una caricia o caminar con libertad. Pokemón que seguramente habían tenido vidas plenas y felices antes de terminar allí, ya sea en libertad o con sus entrenadores.

¿Quiénes compraban a esas pobres almas desamparadas? ¿Y con qué propósito? James probablemente lo sabía y Brock lo sospechaba, pero no estaba seguro de querer meterse en ello más a fondo. Prefería no saber. Habían salvado a esa Pikachu, pero solo había sido una de entre muchas condenadas. ¿Cuáles serían sus destinos ahora?

Pensó en un instante en llamar a Jenny y contarle todo lo que sabía sobre lo que sucedía debajo de la fábrica Estrella Fugaz, pero luego lo pensó mejor. James había ido ahí a vender mercancía más que ilegal. Si Jenny quería averiguar de donde había sacado la información, tendría que delatar a James. Y si Jenny descubría sus antecentes penales, podría estar en la cárcel por años. No sería justo. No cuando Jessie esperaba un bebé y estaban esforzándose por salir adelante.

Brock salió del agua, se secó, se vistió, sacó sus cosas del locker y volvió a la habitación. Jessie ya se había despertado y estaba de pie, mirando la cama donde James debería estar dormido. El vientre de ella se estaba notando un poco más. ¿Cuánto tiempo llevaba de embarazo? ¿Cuatro meses, acaso?

—Hola, Jessie.

Ella giró su cabeza hacia él, distraída.

—¿Eh? Ah, si, hola, Brock —saludó Jessie—. ¿Has visto a James?

Brock se acercó hacia ella y miró a su alrededor. Ash y Misty dormían como troncos tirados en medio del bosque.

—Vendrá en cualquier momento. Está durmiendo afuera.

Jessie parpadeó.

—¿Cómo lo…?

—Aquí no —le susurró Brock—. Pero sé que vendrá en cualquier momento. No te preocupes.

Jessie se mordió el labio y asintió con la cabeza. Tomó su mochila y la cargó en su hombro.

—Iré a darme un baño. Espero que James ya regrese cuando termine.

—Probablemente.

Jessie suspiró y salió de la habitación. Brock tomó un libro de la mochila titulado "Guía por Kanto" y salió hacia la recepción. Se sentó en uno de los mullidos sillones y se puso a leer algunos párrafos al azar, así se entretenía un rato…

La puerta automática del Centro Pokemón se abrió y Brock levantó la vista. James pasó corriendo delante de él a la velocidad de un rayo hacia el mostrador donde Joy se encontraba.

—¡Ayúdela! —gritó James, desesperado. Brock se levantó y fue hacia él.

—¿Qué sucede? —preguntó Joy, ya yendo a verlo.

—M-me encontré a esta Pikachu en la entrada de un callejón cuando salí a comprar provisiones. Se ve muy mal…

Joy alzó a la pequeña en brazos y ahogó un grito.

—Ya mismo voy a internarla. Será mejor que esperes aquí…

Apenas corrió unos pocos metros, cuando la Pikachu se puso a llorar de manera histérica, moviendo sus débiles y pequeñas patitas hacia James.

—No quiere alejarse de ti —murmuró Joy.

James acarició la cabeza de la Pikachu, sonriendo.

—Estaré cerca. Confía en ella, ¿si? Va a curarte. Prometo que iré a verte hoy mismo.

El llanto de la Pikachu bajó hasta reducirse a unos hipidos lastimeros.

—Gracias —le dijo Joy y salió corriendo hacia el pasillo donde estaban los consultorios. James se dio vuelta y sus ojos se cruzaron con los de Brock.

—Ahí estás —dijo simplemente. Parecía que no había pegado un ojo en toda la noche, con la ropa manchada de tierra y hierba.

—Menos mal que estás aquí. Jessie estaba preocupada por ti.

James sacudió la cabeza.

—La que me espera cuando la vea. Va a matarme —sonrió de manera triste—. No te ves muy bien. ¿Dormiste algo?

—Admito que no. ¿Tú?

—Lo mismo. Estoy acostumbrado a dormir en plazas, paradas de autobuses y casi en donde sea, pero tenía miedo de dormirme y que la pequeña se me muriera a mitad de la noche, asi que… —bostezó de manera audible, sin terminar la frase.

—Ve a descansar —le dijo Brock—. Nos quedaremos aquí un día más por la pequeña. Ash va a protestar, pero entenderá.

—Espero…

James se alejó, arrastrando los pies. Brock volvió a su asiento y siguió leyendo. Si Jessie iba a moler a golpes a James, no quería estar allí.


James se acostó a dormir, pero su sueño no llegó a durar ni media hora. Se despertó porque alguien empezó a sacudirlo de un lado a otro como si fuera un muñeco.

—¡Despierta!

James abrió los ojos. Jessie estaba delante de él, agarrándolo por la parte delantera de la playera.

—Hola, cariño —murmuró, dibujando una sonrisa.

—¿Se puede saber por qué diablos no viniste a dormir anoche?

—Estaba con tres rubias preciosas —bromeó.

—James…

James le rodeó la cintura con los brazos.

—Eran tipos con peluca rubia, pero nadie puede competir con mis hermosas piernas, ¿sabes?

—James, te voy a…

James la calló tirándola sobre él y besándola en los labios. Jessie le respondió el beso de manera apasionada, como si quisiera comérselo vivo. Mucho tiempo había pasado desde la última vez que habían tenido sexo. Desde aquella noche en la cabaña, cuando todavía pertenecían al Equipo Rocket… James no era un fanático del sexo, pero mierda que extrañaba la manera en la que Jessie lo tocaba.

James acarició los pechos de Jessie por encima de la playera, logrando que ella comenzara a gemir, mordiéndose el labio. Estaba cansado, pero quería hacerla suya ahora…

—¿Qué es todo ese ruido?

Jessie y James dieron un respingo. Habían olvidado que Ash, Misty, Meowth y Lunita seguían ahí.

—Nada, Ash, nada —gruñó Jessie, acomodándose la ropa. Ash, desde la otra cama cucheta de abajo, los miraba frotándose los ojos.

—¿Qué es todo este escándalo? —Misty estaba en otra de las cama cucheta de abajo, bostezando.

—Dejen dormir al prójimo —Meowth habló desde la cama de arriba en donde Jessie y James se encontraba, seguidos de un muy conocido maullido.

Jessie se salió de la cama y se acomodó la ropa, molesta. James, sintiendo que no iba a descansar tranquilo, se levantó y tomó la mano de Jessie.

—Vamos a la cafetería y hablamos —le dijo, mientras abría la puerta.


Varias horas después, James estaba en una de las habitaciones para los pokemón. La pequeña Pikachu estaba en la cama, conectada de cables como si fuera una astronauta a punto de salir disparada hacia el espacio.

Le había contado a Jessie todo lo sucedido abajo. Al principio se puso furiosa por haber gastado siete mil quinientos yenes en una Pikachu, pero se calmó cuando le dijo que había ganado setenta mil en las apuestas.

—Aunque gracias a él tenemos mucho dinero, no puedo imaginarme lo que debió haber sentido estando ahí abajo, rodeado de toda esa mierda de gente —le dijo Jessie, con un gruñido—. Ese no era lugar para él, ¿por qué tuvo que ser tan cabeza dura?

—Lo que pasó, pasó —le respondió James—. Lo único que importa ahora es que la pequeña se recupere…

—Tendremos que quedarnos un día más por lo menos, para que Joy la revise y ver que tiene. Pobrecita.

—Si, pobrecita…

James acarició la cabeza de la pequeña Pikachu y su pulso le tembló cuando la vio sonreir un poco y mirarlo con los ojitos brillantes, hundidos un poco en sus cuencas. Si pudiera poner una bomba en ese maldito lugar, lo haría.

La puerta se abrió y Meowth entró a la habitación. Se lo veía pálido.

—Quiero verla —dijo, sin ningún rodeo.

James se apretó el puente de la nariz. Sabía que iba a enterarse de la verdad en cualquier momento.

—Meowth…

—Déjame verla.

James suspiró, lo alzó y le mostró a la pequeña, la cual lo miraba con sus ojitos cansados. Sintió el cuerpo de Meowth temblar en sus manos.

—¿Qué te han hecho? —le susurró Meowth, como si temiera que el sonido de su voz la lastimara. La pequeña comenzó a hablar lentamente en ese idioma sagrado que solo los pokemón conocían y que los humanos no podían entender.

Meowth la escuchó atentamente, casi sin respirar o hacer algún sonido. Cuando vio que la Pikachu amenazaba con llorar, decidió parar.

—No hace falta que cuentes todo si no puedes. Además, estás cansada y necesitas dormir —saltó de las rodillas de James a la cama donde la Pikachu yacía y le dio unos tímidos lengüetazos en la frente—. No te preocupes, James cuidará muy bien de ti.

La pequeña sonrió a través de sus lágrimas y cerró los ojitos. Meowth se giró hacia James, con los ojos brillantes por las lágrimas.

—Ve a dormir un poco, James. Apenas has comido o descansado.

James miró a la pequeña durmiendo profundamente. Si llegaba a despertarse y él todavía no había llegado, una Chansey podría calmarla.

—De acuerdo, ya vámonos.

James y Meowth salieron de la habitación. Una vez afuera, le preguntó:

—¿Qué te dijo?

Meowth suspiró.

—Ella era la mascota de una niña pequeña en un pueblo. Un día, ella estaba en el bosque junto con su hermano, cuando un hombre malo apareció y los atacó. Luego la pusieron en una jaula y le pegaban cada vez que intentaba escapar. No me contó mucho más, estaba cansada.

—Por Dios…

—¿Por qué no me contaste que fuiste a la fábrica?

James sonrió de manera amarga.

—No quería preocuparte. Ya era malo que Jessie lo supiera. El caso es que los bobos no deben enterarse de nada de esto, ¿si? Mantengamos la mentira. Esta Pikachu la encontré abandonada. Punto.

Meowth asintió y entraron a la habitación.

Sólo encontraron a Jessie, acostada en la cama de abajo. Lunita estaba sobre su vientre, aparentemente hablándole al bebé. James se acercó y besó a Jessie suavemente en los labios.

—Hola, cariño —le dijo, recibiendo una sonrisa de parte de Jessie. Luego se acercó a Lunita y le acarició la cabeza—. Hola, mi pequeña.

—Nya —le respondió de manera brusca y giró su cabeza contra la pared.

—¿Qué le pasa? —preguntó James, confundido.

Meowth suspiró y sonrió un poco.

—Se enteró que estás con otra "nena" y se puso… algo celosa.

James sonrió también.

—¿Estás celosa? —le preguntó con dulzura, mientras acariciaba a Lunita entre las orejas. Se rindió por unos instantes, dejándose llevar por los mimos, pero luego golpeó la mano de James con su patita, alejándola de ella.

Jessie tomó a la pequeña y la puso sobre el colchón, mientras se levantaba.

—Mientras ustedes solucionan sus problemas de celos, me iré a caminar un rato.

Jessie se levantó, le dio un beso a James en la mejilla y se marchó. James bostezó. Estaba agotado y no tenía ganas de explicarle a Lunita que no tenía ningún motivo para ponerse celosa. Se acostó en la cama donde Jessie había estado tan solo un momento atrás, intentado no tocar a Lunita.

—Despiértame a la hora de la cena, Meowth —dijo y cerró los ojos.

No habían pasado ni cinco minutos cuando sintió unos toques suaves en las mejillas. James abrió los ojos y vio a Lunita a escasos centímetro de su cara.

—¿Qué quieres? —le preguntó.

—Nya —dijo simplemente y le dio la espalda. James miró a Meowth, confundido, mientras este se reía.

—¿No te enseñaron a que no se ignora a quien te ignora? —le preguntó Meowth.

James hizo un gesto con la mano y volvió a cerrar los ojos. No pasaron cinco segundos, cuando sintió las patitas de Lunita en su nariz.

—¿Si? —preguntó James, sabiendo lo que pasaría.

—Nya —respondió con tono altanero y volvió a darle la espalda.

James suspiró.

—No me dejarás dormir, supongo —murmuró, mientras se sentaba y ponía a Lunita en sus rodillas—. Lunita: no tienes que estar celosa. Yo te amo igual que siempre.

Lunita siguió evitando su mirada, como si no le creyera.

—Esa nena me necesita, Lunita. Ella está muy enfermita y no puede valerse por ella misma.

Lunita giró un poco la cabeza, mirándolo de reojo.

—Yo esperaba que me ayudaras, Lunita. Ya no eres una bebé.

—¿Nya? —la pequeña ahora lo miraba atentamente. James continuó.

—La nena necesita una amiguita, alguien que la quiera y la proteja mientras esté débil —suspiró—. Pero si no quieres… tal vez Togepi acepte…

—¡Nya! —chilló Lunita, negando con la cabeza. Luego siguió con una serie de maullidos furiosos.

—¿Te traduzco eso, James? —le preguntó Meowth.

—No, no hace falta —respondió, mientras calmaba a Lunita con pequeñas caricias en las orejas—. ¿Quieres cuidarla, entonces?

—¡Nya!—chilló ella, hinchando el pecho en señal de querer tomar la responsabilidad. James extendió su dedo meñique y ella posó su patita sobre él.

—Ahora que ya está todo claro… a dormir —dijo James, volviendo a cerrar los ojos. Lunita se subió a su cuello, bostezó y se acurrucó. Meowth también subió a la cama, se apoyó en el estómago de James y también se quedó dormido