Hola
Si bien ahora los caps están tranquilos, se va a venir algo jodido. Este cap está basado en "Paparazzi Pokemón". Luego viene La Prueba Máxima y luego... bueno, busquen ustedes y lo verán.
Alen: James ama a sus pokemón con toda la fuerza de su corazón y su alma. Ha sufrido las pérdidas en su equipo de una manera que rompe el corazón. Victreebel, Weezing, Cacnea. Chimecho... A todos ellos les lloró de una manera que te rompía el corazón en pedazos. Ahora tiene que hacer todo lo posible para que la pequeña Pikachu se recupere por completo
Capítulo veintiocho
El fotógrafo
A la hora de la cena en la cafetería del Centro Pokemón, James tuvo que soportar las mil y un preguntas de parte de Ash y Misty sobre la Pikachu que había encontrado. No quería hablar de ello, solo quería comer y ver cómo se encontraba la pequeña.
—Necesita muchos cuidados y ni siquiera sé si será apta para pelear. La verdad, no me interesa si le gana a un Golem con un Impactrueno o no; con que esté sana es suficiente —les respondió James a los dos, cuando sus preguntas empezaron a molestarlo un poco.
—Eso es algo malo —comentó Ash.
James, que estaba prácticamente atacando su bol de arroz, paró de comer, tragó y replicó:
—¿Acaso lo único que importa es que peleé? —gruñó.
—No, no quise decir eso —se apresuró a decir Ash—. Pero, cuando ella vea a todos lo demás peleando, puede que se sienta mal por no hacer lo mismo.
James suspiró y bajó la guardia..
—Tienes razón. Pero eso ya lo veré cuando ella se sienta mejor.
—¿Ya sabes que fue lo que le sucedió para que terminara así? —preguntó Misty.
James se mordió el labio. No había pensado en eso.
—La abandonaron por haber perdido varias batallas —respondió, de manera seca—. No supo como sobrevivir por su cuenta y terminó casi al borde de la muerte.
—Es muy raro que, siendo Pikachu un pokemón popular, nadie la haya notado y querido cuidar. O al menos llevarla al Centro Pokemón.
Antes de que James pudiera responder, Meowth se metió en la conversación.
—Los Pikachu son tímidos con los humanos y no es tan raro verlos por la ciudad buscando comida —respondió Meowth, en un intento de que la mentira no saliera a la luz.
—Pero eso es con los pokemón salvajes y ella ya tuvo un entrenador…
—Su entrenador, en cual ella confiaba, la tiró a la calle como bolsa de basura, ¿crees que va a confiar en otro humano otra vez? Pues yo digo que no.
—Bueno, eso es verdad, pero…
—¿Qué ganas con todo esto? —Jessie por fin habló después de observarlos y comer en silencio—. ¿Qué, crees que James la robó y estás buscando una excusa para denunciarnos con una Jenny?
Misty dio un leve respingo.
—No, no quise decir eso, pero…
—¿Pero qué? Sólo admite que James ha hecho algo bueno y que no tenemos ningún motivo oculto detrás de todo esto.
Misty la miró en silencio, más con sorpresa que con enojo, como si la hubiesen pillado en una trampa.
—Supongo —gruñó y no volvió a dirigirles la palabra durante el resto de la cena.
Al día siguiente, James tuvo una muy larga charla con la enfermera Joy sobre la pequeña Pikachu. Incluso anotó los puntos más importantes en una libreta para no perderse detalle alguno. Una vez que terminó de hablar con ella, al fin pudo sacar a la pequeña Pikachu del hospital, dentro de la canasta que le pertenecía a Lunita y tapada con una gruesa manta. Se sentó en el sillón de la recepción, apoyando la canasta al costado y comenzó a repasar los puntos que había anotado:
*Pikachu carece de grasa muscular, por lo que siempre sentirá frío. Mantenerla abrigada constantemente hasta que gane algo de peso, ya que los temblores quemarán más calorías.
*Tomar mucho líquido y evitar los sólidos por un tiempo. Sus intestinos están dañados por la desnutrición.
*No sobrealimentarla, la hará vomitar
*Visitas constantes a cada Centro Pokemón que te cruces.
*Los suplementos probióticos ayudarán a sanar sus intestinos.
*Alimentarla en pequeñas cantidades seis veces al día.
*Almohadones muy mullidos, ya que le costará dormir al estar muy delgada y no ser más que un saco de huesos.
—¿James?
James dejó de leer, sorprendido de ver a Misty parada frente a él, sola.
—¿Qué quieres, Misty?
La pelirroja evitó su mirada y se posó sobre la canasta.
—¿Es ella? —preguntó.
James puso la mano sobre la canasta de manera subconsciente.
—Si, es ella.
Misty se inclinó sobre la canasta para verla mejor. La Pikachu estaba profundamente dormida, como casi todo el tiempo.
—Se ve muy flaquita —murmuró.
—En unos cuantos meses estará como nueva, siempre y cuando siga al pie de la letra todo lo que Joy me dijo.
—Ya veo.
Misty se retorció las manos. Parecía querer decirle algo importante, pero no se animaba a decírselo.
—James —dijo al fin—, yo… yo… lo siento por molestarlos tanto, buscándoles siempre el lado malo.
Era algo grande, viniendo de ella y James lo sabía. Debió haberle costado mucho decir esas palabras sin atragantarse o morir en el intento.
—Supongo que no puedo echarte la culpa por eso. Al fin al cabo som… eramos del Equipo Rocket —suspiró.
—Pero estuvo mal. Ustedes cambiaron y en cuanto a mí… yo solo buscaba pretextos para pensar lo contrario…
James negó con la cabeza.
—Está bien, no tienes que disculparte más. ¿Has hablado con Jessie y Meowth?
—Si. También me perdonaron.
—Es bueno saberlo
Misty sonrió de manera tímida. Si no se equivocaba, era la primera vez que la veía sonreir. Se veía como una chica simpática a primera vista.
—Nosotros vamos a desayunar ahora. Será mejor que vayas.
—En un momento. Que Jessie ordene por mí mientras tanto; ella sabe lo que me gusta.
Misty sonrió otra vez y se marchó. James también sonrió y acarició apenas la cabeza de la Pikachu. Las cosas estaban mejorando un poco más.
Todos quedaron muy impresionados al ver a la pequeña Pikachu. Meowth, Brock y Misty ya la habían visto, pero Ash y Jessie no y se sintieron muy afectados, sobre todo Ash, ya que él tenia a su Pikachu. Entre todos prometieron protegerla y mimarla durante su recuperación. Lunita también lo juró, entusiasmada de ser "una guardiana".
Antes de salir de la ciudad, James pasó por una tienda donde vendían artículos para acampar y compró dos bolsas de dormir, uno para parejas para poder dormir junto a Jessie y una para niños para Meowth y Lunita. La pequeña Pikachu dormiría en la canasta de Lunita. Misty preguntó de donde había sacado el dinero y James respondió de manera vaga que había vendido algunas cosas que ya no necesitaba. Tambien compraron provisiones para el viaje y algunas cosas necesarias para la recuperación de la Pikachu.
Cuando al fin salieron del Centro Pokemón, James caminaba despacio, con temor de sacudir demasiado la canasta, quedándose atrás más de una vez y teniendo que esperarlo. Curiosamente, Ash no hizo ningún comentario al respecto y Pikachu miraba la canasta a cada momento, preocupado. Estuvieron así hasta pasado el mediodía, donde decidieron parar a comer en una de las paradas de descanso que encontraron por el camino.
Era un lugar precioso. Estaban en un rectángulo de tierra rodeado de un arroyo artificial, con un puentecito de madera para poder cruzar. Había un par de bancos de cemento en un extremo, separadas por dos metros y una mesa de madera en el otro extremo. Brock se puso a hacer bolas de arroz en la mesa junto con James, mientras que Jessie y Meowth se sentaban en uno de los bancos y Ash y Misty en el otro. La canasta donde la Pikachu reposaba estaba en el suelo, entre los dos bancos, mientras Lunita la vigilaba atentamente, caminando alrededor de la canasta en un intento de parecer intimidante. En un momento, corrió hacia los pies de Jessie y comenzó a maullar, señalando el bolsillo de su pantalón con sus patitas.
—¿Qué quiere? —le preguntó Jessie a Meowth.
—Quiere que saques a Arbok —respondió.
Jessie parpadeó, sorprendida, pero no puso objeciones. Sencillamente era imposible decirle "no" a esa carita.
—De acuerdo —sacó la pokebola de su bolsillo—. ¡Sal, Arbok!
La serpiente salió en todo su esplendor, delante de Lunita, que comenzó a maullar, entusiasmada.
—Ve con Lunita y vigílala un poco —le dijo.
Lunita corrió hacia la canasta, seguido de Arbok. La Meowth señaló la canasta, mientras hacía poses para verse más seria. Meowth se rió.
—Es adorable —comentó.
—¿Qué pasa?
—Lunita le está mostrando a Arbok lo buena guardiana que es. Arbok parece confundido por la Pikachu, pero mi nena le está explicando todo. Ya vendrá a preguntar.
James se acercó a todos con una bandeja de bolas de arroz. Se veían bastante deliciosas.
—Tomen. Hay muchas más en camino.
—Gracias, cariño —le dijo Jessie, mientras le daba un mordisco.
Brock estaba muy entusiasmado. Parecía cocinar para diez personas en lugar de cinco y un Meowth. El ambiente estaba relajado y tranquilo. Prácticamente perfecto.
No por mucho tiempo.
Arbok se desentendió de Lunita por un momento y fue hacia Jessie. Refregó un poco la cabeza en el vientre de su entrenadora, lo cual Jessie reaccionó acariciándole la cabeza.
—Vas a cuidar bien de mi bebé, ¿verdad? —le dijo Jessie, sonriendo—. Te amará, lo sé.
—A propósito del bebé, ¿Qué nombre le pondrán? —preguntó Meowth.
—Ni siquiera sé si será niño o niña…
Arbok se puso rígido y levantó la cabeza de golpe, mirando hacia los arbustos, no muy lejos de donde estaban Ash y Misty junto con Pikachu y Togepi.
—¿Arbok?
El pokemón venenoso no respondió. Se enderezó, hizo la cabeza un poco hacia atrás, abrió la boca y al menos una docena de Picotazos Venenosos salieron disparados de su garganta hacia los arbustos. Cuando atravesaron el arbusto, escucharon un alarido de allí.
Ash y Misty saltaron de sus asientos como un resorte. Brock y James dejaron de hacer las bolas de arroz y miraron a Arbok.
—¿Qué pasó? —preguntaron todos, alarmados.
—Parece que Arbok notó que había alguien espiándonos —dijo Meowth, ya bajando del banco y yendo hacia Lunita para reconfortarla y revisando a la pequeña Pikachu.
De entre los arbustos salió un chico de la edad de Ash, sosteniendo una cámara dañada por el ataque de Arbok. Delgado, de piel clara y de cabello castaño con rulos. Un par de agujas se le habían clavado en la mano derecha.
—Dios —Jessie se levantó del banco y quiso ir hacia el chico, pero Arbok se interpuso en el medio—. ¡Arbok, déjame pasar!
—¡Chabok! —sonaba casi como si la estuviera retando.
—No quiere que te acerques a él —tradujo Meowth
Todos se estaban acercando al chico herido. Jessie se mordió el labio y sacó la pokebola.
—Lo siento, Arbok, regresa.
Metió a su pokemón dentro de la pokebola y corrió hacia el chico. Ella era plenamente consciente de que el veneno de Arbok podía llegar a ser mortal, especialmente en humanos y ella sabía como tratarlo.
—Apártense —les dijo a los que estaban alrededor de él. El chico estaba acostado en el suelo, ya descompuesto. Se estaba poniendo pálido y transpiraba.
—Necesito guantes, un trapo con agua, y el antídoto, ¡rapido!
Todos comenzaron a correr hacia las mochilas, buscando lo que Jessie les había pedido.
—Tranquilo —le dijo Jessie, casi en un susurro—. Estarás bien.
Misty fue la primera en regresar, con unos guantes de goma, y un trapo mojado. Jessie se puso los guantes y levantó con cuidado la mano del chico. Una aguja se le había clavado en el dedo medio y otra en el dorso de la mano. Jessie le retiro las agujas con brusquedad, provocando un grito de parte del chico.
—¡El antídoto y la gasa! —gritó, mientras le limpiaba la herida con el trapo mojado.
El que volvió esta vez fue James. Tenía preparada una jeringa con antídoto, una gasa y una banda elástica. Jessie ató un brazo del chico por encima del codo.
—Abre y cierra la mano —le ordenó.
El chico obedeció lentamente. En cualquier otra circunstancia, Jessie le abría inyectado el antídoto en el hueco del codo, pero no tenía tiempo para tantear la vena, así que le inyectó directamente en el dorso de la mano. El chico dio un leve gemido de dolor, pero nada más.
—Listo. Te hará efecto en pocos minutos. Ahora siéntate y espera a que te haga efecto —se dirigió hacia James—. Llevalo bajo un árbol y que se siente ahí. No dejes que se duerma.
Jessie se levantó, agotada. Recién ahí pudo notar los acelerados latidos de su corazón y la transpiración que le corría por la cara. Dios, que nervios. Eso no le haría bien a su bebé. Sabía que debía quedarse con el chico, pero estaba nerviosa y necesitaba sentarse en uno de los bancos, con las rodillas temblorosas.
—¿Te sientes bien? —era Misty la que se había acercado a ella, preocupada.
Jessie le sonrió débilmente. La chica había estado amable con ella todo el día. No era solo una tregua, era un ofrecimiento de amistad. Tenía que admitir que hacia años que no tenía una amiga desde que se había peleado con Cassidy años atrás por un asunto que no tenía ganas de recordar en ese momento.
—Estoy bien. La adrenalina, tú sabes.
—Brock y James se harán cargo de él. ¿Crees que haya que llevarlo a un hospital?
—Lo mejor sería llevarlo, pero vaya a saber donde haya un hospital por aquí cerca. Igual, estará bien con el antídoto.
Misty suspiró, aliviada.
—Eso es un alivio pero… ¿Qué hacía en los arbustos con esa cámara de fotos?
Jessie se encogió de hombros.
—Ya se lo preguntaremos cuando se recupere.
Después de asegurarse de que el chico ya no corría peligro, lo interrogaron sobre que era lo que hacía entre los arbustos con la cámara. El chico se apresuró a explicarles: se llamaba Todd, tenía diez años y era fotógrafo pokemón. Vivía no muy lejos de allí, en una casa frente al arroyo. Estaba paseando por el lugar, cuando notó a Lunita jugando en el suelo. Las crías de Meowth solían estar rodeadas de miembros de su clan y no era común verlos solos, a menos que fuera de un entrenador o una mascota.
—No había notado al Arbok, estaba ocupado intentando sacarle una buena foto a la pequeña Meowth —dijo Todd, aún sentado donde lo habían dejado.
—Pero si mide como cuatro metros, ¿Cómo no pudiste notarlo? —preguntó Ash.
—Estaba ocupado viendo a la pequeña —se excusó.
—Si realmente querías una fotografía, debiste pedir permiso —lo retó Brock.
—Es que no sería lo mismo si notara que le estaba tomando una foto. No me gusta que los pokemón posen. ¡Y es que soy el maestro fotógrafo pokemón número uno!
Meowth se acercó hacia él.
—Tendrás que pasar sobre mi cadáver si quieres sacarle una foto a mi hija…
—¡Un Meowth que habla! —exclamó Todd.
Meowth puso los ojos en blanco.
—Si, si, soy maravilloso.
El chico se levantó con dificultad.
—¿Les gustaría ir a mi casa a tomar una taza de té? Por las molestias que les causé.
Después de debatirlo un poco, el grupo aceptó el ofrecimiento de Todd y el fotógrafo los llevó a su casa, que quedaba a apenas un par de kilómetros de donde se encontraban. Era una casa preciosa y pequeña, de madera blanca y tejado rojo, justo al frente del arroyo, con un gran ventanal al frente. Para acceder a la casa, había que cruzar un pequeño puente sobre el arroyo.
El interior era claro, luminoso y limpio. Todd les sirvió varias tazas de té y se sentó con ellos en una mesa grande de madera cubierto con un mantel blanco.
—Tal vez no reconozcan mi nombre, pero seguro habrán oído del único que ha tomado una fotografía del legendario Aerodactyl.
Se miraron entre ellos. No recordaban haber oído jamás sobre eso.
—¿Lo has oído? —le preguntó Misty a Brock.
—No, la verdad no —admitió Brock.
Todd se mordió el labio.
—¿Cómo es posible que no hayan oído hablar de mi? —gimoteó, mientras se iba por una puerta que probablemente fuera hacia su habitación. Volvió a los pocos segundos con una revista en sus manos.
—¡Miren, este es el Pokemon Times! ¡Y aquí está la fotografía del Aerodactyl! —exclamó, poniendo la revista abierta sobre la mesa. Todos se acercaron a mirar.
La fotografía no era clara. Era más bien la sombra de un Aerodactyl, más que el pokemón en sí. En sus garras llevaba algo, como una figura humana. Ash soltó una exclamación.
—¡Soy yo! —exclamó.
—¿Qué? —preguntó Todd, sin comprender.
—¡El que está en las garras del Aerodactyl soy yo!
—No puede ser…
Todd fue hasta un rincón de la sala, donde tenía una computadora. Buscó la foto entre sus archivos y la analizó detenidamente, haciendo zoom a la imagen. Así, logró ver la silueta de Ash con mayor claridad.
—¿Quién lo diría? —murmuró Todd, asombrado—. Esa pequeña silueta eres tú. Es increíble.
—No quiero recordar ese día —gruñó James. Casi habían muerto cuando cayeron en ese pozo infestado de pokemón prehistóricos.
—Nadie quiere recordarlo —agregó Meowth.
—En fin, ¿les gustan los pancakes? Haré algunos.
—¡Me gustan los pancakes! —exclamó Ash, entusiasmado.
—No he comido pancakes en mucho tiempo —dijo Brock.
Todos asintieron, deseosos de comer. Les hubiera gustado que se los hubieran servido junto con el té, pero la vida no era perfecta.
—Y supongo que no les molestará que le tome unas fotos a la pequeña Meowth, ¿verdad?
—¿Nya? —Lunita lo miró desde los brazos de James, confundida.
—No te preocupes, captaré tu mejor ángulo.
Lunita torció la cabeza, sin comprender. Meowth miró a ambos y lanzó un suspiro de resignación.
Un rato después, estaban todos sentados en la mesa, disfrutando los pancakes que Todd había hecho. Se veían deliciosos y realmente lo eran. Todd no comió. Estaba muy ocupado intentado sacarle una foto a Lunita. El problema era que cada vez que ella miraba a la cámara, hacía una pose que, según Todd, era "artificial". Cuando le preguntaron por qué era tan importante que no posara, Todd señaló una de las paredes de la habitación.
Eran fotografías de distintos tipos de pokemón en su vida salvaje. Un Pidgey posado en una piedra al atardecer, mirando el horizonte como si fuera un desafío; un Eevee lamiendo la mejilla de otro con ternura; una Chansey sosteniendo su huevo con la felicidad que solo una madre podía mostrar.
—Es por eso que quiero tomarle una foto sin que ella lo note —se lamentó Todd—. O al menos que ella no pose.
—Es un caso perdido —dijo Meowth—. Lunita es muy vanidosa y lo le gustará que le tomen una foto por sorpresa.
Lunita ya no miraba a Todd con curiosidad o confundida, sino que estaba enojada. Le dio la espalda al fotógrafo, como una diva ofendida.
—Ya la ofendiste, espero que estés orgulloso —le dijo Meowth.
—Pero…
Jessie, quien aún seguía en la mesa, carraspeó.
—Muy lindo el té y todo eso, pero nosotros debemos seguir viajando —dijo, ya levantándose—. El chico quiere ir a Isla Canela, yo quiero relajarme en una playa y no podemos seguir perdiendo el tiempo, lo siento.
—Jessie tiene razón —la apoyó Brock—. Debemos irnos.
—Isla Canela… —murmuró Todd—. Tomarán la ruta 20, ¿verdad?
—Si, ¿por qué lo preguntas?
Todd sonrió de oreja a oreja.
—Es que justo estaba preparando un viaje a las montañas y tengo que tomar esa ruta —explicó, entusiasmado—. Por favor, déjenme acompañarlos. Así tendré oportunidad de sacarle a esta preciosa Meowth algunas fotografías, ¿qué dicen?
Todos se miraron. En realidad, no tenían ningún problema en que el joven fotógrafo se uniera. Además, el chico no tardaría en tomar otro camino y podrían tomar fotografías de sus pokemón como recuerdo.
—De acuerdo, ven con nosotros —le dijo Ash, dándole la bienvenida al nuevo integrante pasajero del equipo.
