¡Feliz navidad, gente! Espero que la hayan pasado bien. Acá les dejo un capítulo tranqui, porque después se viene lo fuerte… Espero no decepcionarlos.
Esta vez he recibido más reviews de lo habitual, ¡gracias por su regalo!
Tommiboy: ¡Bienvenido a mi fic! ¿Chiste recurrente con eso de Gary? Tal vez, ¿por qué no? Ash es bastante idiota en ocasiones y Delia no ha ayudado mucho que digamos a desarrollar la mente de este muchacho. Me alegro que te haya gustado y espero que siguas leyendo.
AlenDarkStar: Mi pareja/beta tenía razón al decirme que burlarse de Ash usando a Gary era una buena idea. Tengo que escucharla más seguido. Humildad y entrenamiento no van de la mano de Ash XD
Proxy57: Me alegra mucho que te haya gustado mi historia, cariño. No sé si te haré llorar o no, no escribo eso con intención de nada, más de que la gente lo disfrute de una manera u otra. ¿Jessie y Misty amigas? Probablemente.
Kaiser: ¿Enfrentarse a Ash? No sé si llegarán realmente a cruzarse en la liga, no lo tengo muy decidido todavía. Y felices fiestas para vos también.
Capítulo treinta
Día de entrenamiento
Después de pasar un pequeño poblado cercano al lugar donde habían hecho el examen y comprar provisiones, el grupo siguió por el camino establecido. Unos pocos pueblos más adelante, se encontraba un puerto, donde tomarían un ferry hasta Isla Canela.
Pararon cerca de un rio para descansar y James decidió que era el momento perfecto para entrenar a sus pokemón si quería llegar a los octavos de final como mínimo. Sacó a Weezing, Growlie y a Caterpie. La pequeña Pikachu todavía no estaba en condiciones para entrenar, pero le encargó a Brock que la ayudara con unos ejercicios para que pudiera fortalecer sus patas y que pudiera caminar.
—Chicos —les dijo a sus tres pokemón—. Entraremos a la Liga en pocos meses y necesitamos un entrenamiento duro, ¿entienden?
Weezing miró hacia arriba, Growlie lo miró meneando la cola y Caterpie se puso en puntas de pie intentando parecer intimidante y fallando en el intento. Lunita se quiso poner al lado de Caterpie y tiró unos zarpazos al aire, pero Meowth la sacó, entre protestas. Dios, no iba a ser nada fácil.
—Bien —James se rascó la cabeza—. Podríamos trotar un poco… o flotar, en caso de Weezing. Lo haremos al costado del rio, ¿si? Vayamos hasta allí y pónganse detrás de mí.
James caminó hasta la orilla del río con sus pokemón siguiéndolo detrás. Se puso en posición.
—Preparados, listos… ¡Ya!
James comenzó a trotar, con Growlie casi pisándole los talones. Weezing se deslizaba por el aire un poco más atrás y Caterpie se desesperaba para no quedar último.
Mientras tanto, Brock movía las patitas de la Pikachu de James, acostada panza arriba, como si caminara. Se la veía más saludable, sin duda. Ya tenía cachetitos y un poco de pancita. Sus costillas ya no eran visibles y bastarían pocas semanas para que nadie jamás sospechara que había sido rescatada al borde de la muerte.
—Se ve muy bien —opinó Misty detrás de él.
—Sí, pero se nota que quiere estar con James y no conmigo —sonrió Brock.
No mentía. La pequeña parecía distraída y miraba hacia un costado, como si lo buscara.
—Debe querer hacer esto con James —comentó Misty.
—O tal vez quiera ir allí a correr con los demás.
—Piiii —la pequeña soltó un gemido lastimero.
—Pobrecita —murmuró Brock.
—¿Quieres que le avise a James?
Brock negó con la cabeza.
—Déjalo. Que siga entrenando.
—Hablando de entrenar… ¿Ash no debería estar entrenando? —preguntó Misty en voz lo suficientemente alta para que el susodicho se diera por aludido.
Ash, sentado bajo un árbol debatiéndose entre el sueño y la vigilia, se frotó los ojos con una mano.
—Cada uno tiene su propio sistema de entrenamiento —gruñó.
—Ash, tú no tienes sistema, a menos que llames sistema ir a los gimnasios y rogar que te regalen una medalla.
—¡Yo no le ruego a nadie! —saltó Ash.
—Shh, me distraen para sacar fotos —murmuró Todd, apuntando la cámara hacia Meowth y Lunita. Meowth estaba clavando un palo en la tierra, envuelta con un trapo, mientras su hija lo miraba atentamente. Parecían prepararse para entrenar por ellos mismos.
James regresó después de estar casi media hora trotando casi sin parar y les dio agua y un poco de comida a sus pokemón. Se acercó hacia donde estaba Brock.
—¿Se portó bien? —le preguntó.
Al escuchar su voz, las orejitas de la Píkachu se pusieron firmes.
—¡Pi! —chilló y, para sorpresa de todos, se puso de pie y dio unos torpes pasos hacia James.
—¡Cariño! —James la levantó en sus brazos y la estrechó contra su pecho. La pequeña se refregó contra él, feliz.
—No le gusta estar separada de ti —comentó Brock.
—Nena —acarició las orejas de la Pikachu—. Siempre vas a estar conmigo. Y para demostrártelo, te pondré un nombre. Te llamarás Nina, ¿te gusta?
La pequeña levantó la vista hacia él y le sonrió con toda la calidez del mundo.
—¡Pika! —dijo.
James la dejó en el suelo y se sentó con ella. La hizo caminar un poco, pero Nina no tardó mucho en cansarse y querer dormir.
—Mejor descansa, princesa
La puso en la canasta. No hizo falta taparla. Ya no temblaba de frío y ahora disfrutaba la cálida brisa de la primavera acariciando su pequeño cuerpo.
—Seguiré entrenando —dijo—. ¿Te gustaría entrenar conmigo en un rato? Lo voy a necesitar.
—Seguro.
James volvió hacia donde sus pokemón descansaban y les comenzó a hablar. En una parte más alejada, Meowth le enseñaba a Lunita como hacer el ataque Arañazo atacando a un palo. Le mostraba las uñas a su hija y atacaba el palo y ella lo imitaba con sus pequeñas patitas, corriendo alrededor del objetivo y tirando algún que otro zarpazo, bajo la orgullosa mirada del padre y la lente de la cámara de Todd.
Brock comenzó a preparar la comida, mientras que James hacía que Weezing peleara contra Growlie en un lugar bastante alejado, ya que los ataques de humo podrían contaminar la comida. Meowth fue a ayudar con la comida un rato después.
—¿Cómo está tu hija? —le preguntó Brock.
—Se siente toda una guerrera —le respondió Meowth, cortando unas verduras con sus garras—. Ahora está tomando una siesta junto con Nina… o al menos Pikachu me dijo que así le puso James.
—Si, James le puso nombre.
—Me gusta. Le queda bien.
Cuando la comida estuvo lista, James volvió junto con sus pokemón y no se sentó a comer sin asegurarse de que ellos comieran primero.
—¿Cómo fue el entrenamiento? —le preguntó.
—Weezing le ganó a Growlie, pero dio batalla. Sólo falta que Caterpie peleé, pero creo que debe empezar con algo que pueda manejar. Ninguno de mis pokemón puede, son demasiado grandes o fuertes. Necesita empezar con algo más… fácil.
Brock lo miró, pensativo.
—Lunita podría ser una buena opción…
Meowth levantó la vista de su plato.
—¿Mi nena? Es muy chiquita para que tenga una batalla real.
—Caterpie también es un bebé —replicó Brock—. No pueden hacerse mucho daño el uno al otro, más que unos golpes y rasguños.
Meowth volvió a mirar su plato, como si la respuesta estuviera en el guisado, preocupado.
—Cuando se despierte, veremos.
—Espero que no se tarden mucho, tenemos que ir a Isla Canela —les recordó Ash.
—No te preocupes, Ash, si no llegas a anotarte en la Liga, siempre podrás apoyar a James —se burló Misty.
—¡Claro que voy a llegar! ¡Les voy a ganar a todos, a James y a Gary! —saltó Ash.
Jessie soltó una risotada.
—¡Ah, claro! ¡Nos habíamos olvidado de tu novio Gary!
—¡Que no es mi novio!
—¿Qué les dije de esas bromas? —les preguntó Brock, en tono de advertencia.
—Eres aburrido, Brock —se quejó Jessie, pero no siguió con las bromas.
Después de comer, Lunita se despertó. Meowth quiso que comiera, pero ella se rehusó, diciendo que todavía no tenía hambre. James aprovechó eso para preguntarle a la pequeña si tenía ganas de tener una pequeña batalla con Caterpie. Lunita aceptó, encantada.
—Bueno, ¿Cómo haremos? Yo seré el entrenador de Caterpie y tú el de Lunita, ¿verdad Meowth? —le preguntó James.
—Si, así lo haremos —respondió, aún no muy convencido.
Se apartaron para pelear a escasos metros de donde estaban acampando. Al fin y al cabo, ninguno de los dos tenía la fuerza suficiente para molestar a los demás. Todd estaba sacando fotos de ambos pokemón desde todos los ángulos como si fuera la pelea de dos legendarios.
—¿Están listos? —preguntó Brock, quien haría de árbitro.
—Caterpie y yo estamos listos —dijo James.
—¿Lunita, tú estás lista? —le preguntó Meowth.
—¡Nya! —respondió ella, levantando una de sus patitas y mostrando sus uñas intentando aparecer amenazante.
—Bueno, entonces, ¡comiencen! —anunció Brock, golpeando una lata vacía de verduras en conserva con una birome.
—¡Lunita, haz Arañazo como tu papi te enseñó!
—¡Caterpie, Placaje!
Los dos hicieron el ataque al mismo tiempo, pero Caterpie era menos ágil que Lunita y ella terminó deteniendo el ataque arañándole la cara. El pequeño pokemón bicho miró a su contrincante con los ojos llorosos.
—Caterpie, ¡no te rindas! ¡Placaje!
Caterpie reaccionó más rápido esta vez y embistió a Lunita con todo su cuerpo, tirándola al piso. Lunita se levantó con rapidez, pero moqueando y con lágrimas.
—¿Quieres parar, Lunita? —le preguntó Meowth, preocupado. Ella negó con la cabeza—. ¡Haz Arañazo otra vez!
—¡Placaje!
Por un par de minutos, la pelea se resumió en los dos mismos ataques y las dos mismas reacciones. Era una pelea que daba pena ver, ya que los dos pokemón lloraban cada vez que recibían un golpe. No estaban llegando a ningún lado, así que James decidió dar por terminada la batalla con otro ataque.
—¡Disparo Demora!
Un chorro de fina seda blanca salió de la boca de Caterpie y se estrelló de lleno contra el cuerpo de Lunita, envolviéndola en un capullo. Lunita intentó gritar, pero también tenía tapada la boca.
—¡Me rindo! —Meowth corrió hasta su hijita y cortó el capullo con sus uñas, liberándola—. ¿Estás bien cariño? Papi está aquí.
Lunita lloraba sin parar, hundiendo su cabecita en el hombro de Meowth. James se acercó, preocupado, con Caterpie en brazos.
—¿Le duele? —preguntó.
—Le duele el orgullo —respondió Meowth, lamiéndole la cabecita a su hija para reconfortarla—. Creo que lo mejor será que no vuelva a pelear.
—Solo tiene que seguir practicando, no la desalientes —le dijo Brock—. Si no, ella va a creer que no puede hacerlo.
Esas palabras hicieron efecto inmediato en Meowth.
—Ella puede hacer lo que quiera si se lo propone—dijo, con voz grave—. Así que practicará hasta que le pueda ganar, ¿no es verdad?
Lunita separó la cabeza del pecho de su padre y sonrió a través de las lágrimas.
—¡Nya nya! —dijo, con orgullo.
—¡Caterpie! —gritó James de golpe. Todos se voltearon a verlo.
Caterpie estaba tirando su Disparo Demora al aire y se estaba envolviendo en sus propios hilos, en las manos de James. No paró hasta envolverse por completo y transformarse en una crisálida dura de color verde. Había evolucionado a Metapod.
—¡Evolucionaste! —exclamó James, abrazando con fuerza a su pokemón.
—¡Y no le saqué una foto! —se lamentó Todd.
James acariciaba y mimaba a su recién evolucionado Metapod. Meowth apenas murmuró unas palabras de felicitación y volvió su atención hacia Lunita.
—¿Vamos a darnos un baño, si? —le dijo a su hija. Lunita asintió con la cabeza.
—Yo también iré a bañarme —dijo James—. Y bañaré a mis pokemón, ya que estoy aquí cerca del río.
—¿Ash, tú no te vas a bañar? —le preguntó Meowth
—Me bañaré cuando llegue al Centro Pokemón.
—Pero… podrían pasar días.
—¿Y?
—¿Cómo que "y"? ¡Con razón tu Pikachu ya no se posa en tu hombro! ¡Debes oler peor que un Muk y los estoy ofendiendo a los pobrecitos!
—Cállate…
Pikachu asintió, murmurando avergonzado.
—Si, yo también caminaría delante de él para no sentir su olor.
—Basta —James se acercó a Ash y lo rodeó por los hombros—. Tú te puedes bañar cuando quieras —le dijo, mientras caminaban hacia el río—. El problema es que no tengo ganas de soportar tu aroma corporal —cuando llegaron a la orilla, lo empujó con el brazo libre y Ash cayó al agua.
—¿Qué crees que haces? —le gritó Ash, cuando pudo sacar su cabeza del agua.
—Un favor a todos los presentes —le gritó Meowth como respuesta.
—Y por las dudas, yo mismo voy a bañarte —dijo James—. Y de paso a lavarte esa ropa que ya hasta debe caminar sola.
—¡Yo me sé bañar sólo! —gritó Ash, aún desde el agua.
—Bueno, sal de una vez y quítate la ropa —gruñó James—. Así sabes lo que es el significado de "limpio"
Con un Ash más aseado y con ropa prestada de James (la playera del Squartle nadando sobre su caparazón que Joy le había regalado y unas bermudas verdes que le quedaban como pescadores) salieron del bosque y llegaron a un campo abierto lleno de flores. James comenzó a frotarse la nariz. Eso no le haría nada bien a su alergia.
De pronto, James miró para un costado y paró en seco. Frente a sus ojos, se encontraba uno de los pokemón más hermosos que había visto en su vida. Un Weepinbel lo miraba desde unos cuantos metros de distancia, con su cuerpo amarillo en forma de campana, sus dos hojas filosas a los costados y una muy corta rama a modo de gancho detrás de su cabeza. Sus ojitos saltones eran de un color negro brillante. Tenía que ser suyo a toda costa, antes de que cualquiera lo agarrara.
—¿James? —Jessie ya se estaba acercando a él.
James sacó su pokebola.
—¡Growlie, yo te elijo!
El pokemón de fuego salió de su pokebola y se puso entre James y el Weepinbel, gruñendo.
—¡Lanzallamas!
Growlie tiró un chorro de fuego que a duras penas pudo esquivar rodando por el piso.
—¡Placaje!
Growlie corrió hacia el Weepinbel cuando todavía se estaba levantando y lo embistió, tirándolo un metro.
Weepinbel no se iba a dejar vencer. Tiró un polvo rosado de sus hojas y llegó hasta Growlie, quien cayó dormido en la hierba.
—¡Growlie, regresa! ¡Weezing, yo te elijo!
El pokemón veneno salió de su pokebola. Esta vez no iba a fallar.
—¡Chorro Lodo!
Weezing escupió una especie de barro negro a los ojos de Weepinbel. No era un ataque poderoso, pero cumplía con su objetivo: cegar al contrincante. El pokemón planta chilló e intentó sacarse el barro con su látigo cepa. No iba a funcionar.
—¡Embestida!
Weezing se impulsó un poco hacia atrás y cayó sobre Weepinbel como si fuera un meteorito venenoso. Lo golpeó con el impulso suficiente para hacerlo volar unos metros.
James se acercó corriendo hacia el pokemón planta. No se movía casi y solo hacía gemidos lastimeros.
—¡Pokebola, ve!
Tiró la pokebola hacia Weepimbel y lo encerró dentro de ella. Se movió un poco, como si quisiera salir, pero unos pocos segundos después, quedó sellada.
—¡Atrapé un Weepinbell! —gritó James, levantando su pokebola en alto, como si fuera su más grande hazaña. Hacía años que quería tener ese pokemón, desde que era un niño, y ahora su sueño se había cumplido. Sus compañeros de viaje se acercaron y lo felicitaron.
—¡Genial!
—Es un buen pokemón…
—Así tendrás un buen equipo…
James mostró una sonrisa radiante a sus amigos.
—Gracias —miró su pokebola—. Desde niño quería tener uno y ahora al fin lo tengo.
Todd señaló algo a la distancia.
—Me parece que más allá hay edificios.
Brock consultó su mapa.
—Hay una ciudad pequeña, es verdad. Vayamos antes de que se nos haga tarde.
Todos se pusieron de acuerdo y comenzaron a caminar a través del campo de flores. James palmeó la pokebola que tenía en el bolsillo. Para cuando llegara a la liga, tendría un equipo decente y variado.
