Pido ocho millones de disculpas por haber tardado tanto. Este capítulo me reventó la cabeza.

Kaiser: James ahora se está poniendo las pilas para ser un entrenador decente, no como "otros" XD

Alen: Lo mismo: James se lo toma en serio, pero Ash... creo que por haberlos capturado él, son los mejores pokemón del mundo y valen por cuatro.

Tommiboy: Para ser la primera vez que entrena en serio, le va muy bien. Caterpie evoluciona en dos patadas a Butterfree, así que no va a tardar mucho en estar en etapa final.

¿Lunita hablando? Quien sabe. Capaz que lo logra, capaz que no...

Si, Jessie la está tomando como "hermana menor", por así decirlo. Tal vez algo así le pase a James con Ash. Espero que logres disfrutar el capítulo.

Capítulo treinta y uno

La guardería.

El grupo al fin llegó a la ciudad. Era extraño estar en un lugar lleno de edificios, negocios y ruido, cuando solían parar en pueblos tranquilos y pintorescos, de casas de madera cerca del río, escuchando el murmullo del agua y el viento acariciando los árboles con su brisa.

Pararon a descansar en una peatonal, frente a un negocio de cámaras fotográficas donde Todd aprovechó para comprar rollos para su cámara. Se sentaron a descansar al frente del negocio, bajo un árbol gigantesco. Jessie no se quiso quedar; debía ir al médico para chequear sus cinco meses de embarazo. James quiso acompañarla, pero ella se negó.

—Iré sola, no soy una inútil que no puede hacer nada por su cuenta —gruñó—. Además, tengo a Arbok y a Lickitung conmigo para protegerme. No te preocupes.

—Pero…

—Tú quédate para comprar provisiones. Lo del hospital puede tardar un rato. Los espero en este mismo lugar, ¿si? Ustedes diviértanse.

Jessie le dio un beso en los labios a James y se marchó caminando. Él se la quedó mirando y se preguntó si no le estaría haciendo mal caminar tanto con el embarazo ya avanzado. Debería capturarle un pokemón grande para que la pueda llevar. Un Ponyta o algo así.

Todd aprovechó su rollo nuevo para sacarles fotos a los pokemón. Togepi era el que más se resistía, ocultando su rostro en el estómago de Misty, pero luego se dio vuelta con un saltito y sonrió para la cámara. Dios, que día tan tranquilo…

—Y ahora el reporte del clima —una reportera de cabello castaño hablaba desde una pantalla gigante puesta en la parte de arriba del local de cámaras fotográficas—. El día estará mayormente soleado y despejado, con temperaturas de hasta treinta grados…

—Tendremos buen tiempo —sonrió Ash.

—¡Pika pika!

—Pikachu está de acuerdo —tradujo Meowth.

—Es un día perfecto para tomar fotografías —comentó Todd.

La chica terminó su reporte y apareció una publicidad. El nombre "La guardería de la Gran Hermana" apareció dentro de un cartel rosa con un fondo a rayas celestes y blancas.

—¡El poder del amor pokemón! —una chica rubia de cabello hasta la cintura vestida con una bata de médica apareció desde abajo—. Eso es nuestra guardería de cinco estrellas donde cada pokemón será tratado con amor —se corrió hacia un costado y apareció la imagen de un Charmander—. Este huésped evolucionó a Charmeleon y luego a Charizard en tan solo pocos días —mostró, mientras veían al Charmander transformarse ante sus ojos—. En nuestra guardería de la Gran Hemana nuestra atención es de la mejor. Dejen que nuestros expertos les brinden amor y cuidado —la cámara tomó un primer plano de su rostro, donde pudieron notar sus ojos violeta y sus aros triangulares color rosa—. ¿Para que sufrir cuando nos tienen a nosotros cuidado de sus pokemón? —agregó, guiñándole un ojo a la cámara. Enseguida, su rostro desapareció, dando a lugar a un cartel con la dirección de la guardería.

—¿Qué es eso? —preguntó Ash, confundido.

—Al parecer alguien acaba de abrir una nueva guardería —le respondió Brock.

—¿Un qué? —Ash parecía más confundido que antes.

—Es lo más nuevo —le explicó Todd—. Son guarderías donde cuidan a tus pokemón cuando los niños no pueden hacerlo. Es como un hotel pokemón.

—Una guardería incluso puede hacer evolucionar a tu pokemón —agregó Misty.

—¡Vaya! ¡Vamos a verlo!

James miró la pantalla, ahora con una publicidad de helados, confundido. Le daba la impresión de que conocía a esa mujer, pero no recordaba donde…

—¿James?

James levantó la vista y vio que Brock lo llamaba, ya alejándose. Tomó sus cosas y siguió a los demás hasta la guardería. Tal vez no fuera mala idea dejar a su Weepinbel para que la hicieran más fuerte.

La guardería de la Gran Hermana era un edificio enorme, con una estructura similar a la de los hoteles, con el toldo rojo y todo. Una multitud de niños de entre ocho y diez años estaban haciendo fila de manera entusiasmada, junto sus pokemón, la gran mayoría era todos de primera etapa, como Caterpie, Spearrow, Rattata… La chica del comercial estaba en la puerta, con una sonrisa de oreja a oreja.

—No se empujen, aún tenemos mucho espacio en nuestra suites de lujo, les garantizo que todos sus pokemón estarán como nuevos y que algunos de ellos van a evolucionar —les decía.

—Ella parece muy agradable —comentó Misty.

—¡A que sí! —exclamó Brock, dando unos pasos para admirar a la chica. James entrecerró los ojos. Estaba segura que la conocía, pero no podía ubicar su cara en ningún lado. Con los años que llevaba viajando, podría ser cualquiera.

La mujer se agachó para hablar con un niño que tenía un Sandshrew en sus brazos. Ella lo alzó mientras seguía hablando sobre cuanto creían en el amor a los pokemón. En eso, la puerta se abrió y salió un tipo alto y delgado de cabello verde. Le tocó el hombro a la mujer y le dijo algo al oído. Ella asintió y abrió la puerta principal, invitando a los demás a entrar.

—¡Que linda! —murmuró Brock, con la saliva colgándole de la boca.

—Vaya, esa chica sabe como tratar a los clientes —comentó Todd.

Misty se llevó una mano a la barbilla, pensativa.

—Tengo una idea —dijo Misty de golpe —Vamos a hacer la fila.


La fila se movió más rápido de lo que imaginaban, ya que algunos niños solo iban a acompañar a sus amigos o parientes. No tardaron mucho en llegar adentro, donde los dos cuidadores estaban recibiendo a los pokemón. Tomaban los datos de la persona y el pokemón, les daban una copia a los entrenadores y les ponían a los pokemón un cartel con un número. Una vez hecho esto, ponían al pokemón sobre una cinta transportadora al costado del mostrador, donde era transportado hacia la parte de atrás del edificio.

—¡Yo tengo un pokemón también! —gritó Misty, golpeando con fuerza el mostrador y sobresaltando a la cuidadora.

—Bueno, estás en el lugar correcto —le respondió la rubia, con tono calmado, pero mirándola con un poco de miedo.

—¿Y que debo hacer para tener a mi pokemón aquí? —preguntó Misty, con tono agresivo.

—Misty, ¿vas a dejar a uno aquí? —preguntó Ash, sorprendido.

—Si. Voy a probar este lugar.

—¿Pero a cual pokemón? No a tu Staryu —cuestionó Todd.

—Togepi es muy joven —razonó Brock

Misty sacó la pokebola de su bolsillo.

—¡Sal, Psyduck!

El pokemón de agua apareció frente a ella. Misty lo alzó en brazos y lo puso sobre el mostrador de manera brusca, lo cual molestó a James. ¿Es que acaso no podía tener un poco más de cuidado? Era un pokemón, no un costal de papas.

—A mi Psyduck. Quiero dejar a mi Psyduck aquí con ustedes —le dijo Misty a la cuidadora. Se la veía más agresiva de lo normal y James no podía entender por qué.

La criadora se acercó a Psyduck y sonrió.

—Que lindo. ¿No son hermosos sus ojos? Grandes y brillantes como pelotas de ping pong —lo halagó ella.

—Si, y a mí me gustaría tener una raqueta —gruñó Misty.

—Y dime, ¿hay algo en especial que quieras que hagamos con tu Psyduck?

—Si. Para empezar, ¿podrían hacer algo para meterle algo de sentido común a esta cabezota? —puso una mano sobre la cabeza de Psyduck y la zarandeó con fuerza, haciendo que el pokemón de agua gritara de dolor —¡Hay un hueco muy grande ahí adentro!

—¡Basta, Misty! —le gritó James, sacándole la mano de encima a Psyduck—. ¿No serás tú la que tiene un hueco muy grande en su cabeza? —James puso la mano sobre la cabeza de Psyduck y se la masajeó despacio. Jessie le había enseñado a dar masajes a los pokemón hacía mucho tiempo, de su época como enfermera—. Tranquilo, Psyduck, todo está bien.

Psyduck lo miró, con los ojos carentes de expresión. James miró hacia el frente y notó que la cuidadora lo observaba, pensativa.

—¿Ocurre algo? —le preguntó James.

Ella salió de su ensimismamiento y sonrió.

—No, nada. Sólo que… Psyduck me parece inteligente —comentó.

Misty resopló, se acercó a Psyduck e intentó levantarle los párpados caidos para que pareciera más intimidante.

—Y tiene que cambiarle esa mirada distraída —rugió Misty, como si fuera a echar espuma por la boca.

—Se necesita un milagro —comentó Ash.

La cuidadora le sonrió a Ash. A James le estaba incomodando que sonriera tanto. Se la veía muy segura, pero le hacía recordar a hambrientos vendedores de seguros

—Es curioso que lo digas, porque el lema aquí en la guardería es: un poco de amor pokemón hace milagros.

La rubia le asignó el número 12 a Psyduck y lo puso en la cinta transportadora, la cual se puso en movimiento. Psyduck los miró, confundido, hasta desaparecer por la cortina.

—¿Alguno de ustedes quiere que le cuidemos a su pokemón?

James dudó. Necesitaba entrenar, pero el tiempo se le acababa. Sus pokemón no pasarían ni la primera ronda al paso al que iba. Respiró hondo y respondió:

—¿Se podrían encargar de mi Weepinbell?


El grupo volvió al árbol donde se encontrarían con Jessie. Meowth, quien había estado mortalmente callado desde que había entrado a la guardería Pokemón, estaba hablando otra vez. ¿El también había notado algo raro?

Encontraron a Jessie sentada, tomando una lata de refresco de un sorbete y abanicándose con uno de esos abanicos de papel.

—¿Estuviste esperando mucho tiempo? —le preguntó James, besándola.

—Llegué hace menos de cinco minutos —respondió Jessie.

—Y.. ¿Cómo está todo? ¿El bebé está bien?

Jessie hizo un gesto despectivo con la mano.

—Oh, no te preocupes, James. La nena está bien.

James parpadeó, sorprendido.

—¿Nena? ¿Dijiste nena? —preguntó, con la voz temblorosa por la emoción.

Jessie se levantó, con una sonrisa radiante.

—El doctor dijo que probablemente fuera una nena. Una nena sana y feliz.

James sintió sus ojos arder por las lágrimas. Una nena. Una nena hermosa. Claro que sería hermosa, si se parecía a Jessie.

—¡Una nena! —chilló Meowth— ¿Oyeron todos? ¡Una nena!

—¡Nya!

—¡Pika pika!

—¡Ellas también están felices de que sea una nena! —Meowth corrió hacia Jessie y pegó un salto hacia ella. Jessie a duras penas logro sostenerlo—. Estoy tan feliz… —y comenzó a llorar.

—¡Meowth! —lo retó ella, sonriendo, pero con los ojos brillantes—. Eres tan sensible…

James se acercó a Jessie y la estrechó en sus brazos, llorando en su cuello. Una nena. Hubiese reaccionado igual su hubiera dicho que era un varón, pero el saberlo hizo que su corazón se derritiera.

—Felicidades a ambos —les dijo Brock.

—¡Una nena! ¡Que tierno! —opinó Misty.

—Ehh… felicidades —murmuró Ash, como si no supiera como reaccionar a la noticia. A James no le pudo importar menos.

—Me están asfixiando… —gruñó Meowth desde el pecho de Jessie.

Ambos se separaron y Meowth se trepó al cuello de James.

—¡Esto hay que celebrarlo! —dijo Meowth —. ¡Vamos a buscar un buen lugar para comer!

A todos les pareció una excelente idea y comenzaron a caminar, buscando un restaurante. En el camino, le comentaron a Jessie sobre la guardería y que Misty y James habían dejado a un pokemón allí.

—Yo no confío en esos lugares —gruñó Jessie—. Es mejor entrenar a los pokemón por uno mismo en lugar de que un extraño lo haga. Además, en muchos lugares te estafan.

—Psyduck probará si ese lugar funciona —dijo Misty alegremente.

—Apuesto a que lo vas a dejar ahí y nunca vas a volver por él —la acusó Ash.

—¡Claro que no! Yo nunca abandonaría así a Psyduck —se defendió Misty.

—Entre maltratarlo y abandonarlo, ¿Cuál es la diferencia? —gruñó James—. Tal vez tenga mejor suerte si otro se hace cargo de él.

—¿Quién querría hacerse cargo de él? —se burló Misty.

—Yo lo haría.

—Yo también —se sumó Ash—. Yo creo que Psyduck tiene potencial

—Escuchen ustedes dos: yo atrapé a Psyduck y pienso quedármelo aunque siga siendo igual de molesto cuando lo recoja…

—¡Eso se ve delicioso! —exclamó Todd de golpe.

Todos se volvieron a mirarlo. Todd estaba parado frente al cartel de un restaurante que mostraba un delicioso omelette con kétchup encima. Arriba, el cartel decía "¡Primer aniversario! ¡Buffet libre y gratis!"

—¿Buffet libre y gratis? —preguntó James, confuso.

—Yo voy a arrasar con todo —agregó Meowth

—¡Esto es perfecto! —exclamó Misty.

Ash se acercó al cartel.

—Esto no puede ser real, ¿no?

—Debe ser una trampa, como que tienes que ordenar diez cenas para conseguir una gratis.

—Tal vez tengas razón —le dijo James.

La puerta del restaurante se abrió y un hombre gordo con uniforme de cocinero salió del local.

—No hay ninguna trampa. Pueden comer todo lo que quieran… pero con una condición.

—¿Cuál es la condición? —preguntaron todos.

El hombre sonrió.

—Bueno, si me muestran a mi pokemón favorito, les daré todo lo que puedan comer gratis.

—Alguno de nosotros debe tener su favorito.

Ash sacó tres de sus pokebolas.

—¡Salgan todos!

Ash sacó a Bulbasaur, Squirtle y a Pidgeotto. James notó una vez más que no estaba sacando a Charizard. Se preguntó por qué no lo hacía.

El hombre miró a los tres pokemón y negó con la cabeza.

—Ninguno de ellos lo es.

Ash tomó a su Pikachu en brazos y se lo enseñó al cocinero.

—¿Y que me dice de Pikachu?

Pikachu puso la cara más tierna posible. El cocinero sacudió la cabeza.

—Me temo que no.

Brock sacó a todos sus pokemón.

—Tal vez su favorito sea Onix o Geodude o Zubat. O tal vez sea Vulpix —alzó a su pokemón de fuego en brazos para que lo pudiera ver mejor

—¡NYAAAA! —chilló Lunita, escondiéndose en el pecho de James. Demonios, se había olvidado de los Zubat.

—Mete esa cosa de vuelta —lo amenazó Meowth a Brock.

—Oh, si, lo siento —se disculpó Brock y guardó a Zubat de vuelta en su pokebola.

EL cocinero negó con la cabeza como toda respuesta.

Misty sacó todos sus pokemón también.

—Tal vez su favorito sea Goldeen, Staryu, Starmie, Horsea o tal vez sea Togepi.

—Lo siento, no.

Jessie y James sacaron todos sus pokemón y también recibieron una respuesta negativa.

—¿Por qué no sacas tus pokemón, Todd? —le preguntó Meowth al fotógrafo.

—Es que yo no tengo ningún pokemón, Meowth.

—¿Cómo que no lo tienes?

—Nunca sentí la necesidad de tener uno.

James se iba a meter en la conversación, pero estaba más ocupado con el cocinero.

—No puedo creer que ninguno sea su favorito —dijo Misty, apenada.

—Tal vez sea algún pokemón que no hemos atrapado.

El cocinero comenzó a revolver los bolsillos de su uniforme.

—Mi pokemón favorito es este —dijo el cocinero, enseñando una fotografía que había sacado de su bolsillo.

Era la foto de un Psyduck, acostado sobre un almohadón violeta y un fondo celeste, probablemente el cielo. A James no le gustó la foto. Le hizo pensar en cosas desagradables y ya quería largarse de allí y buscar en otro lugar. No arriesgaría a Psyduck por comida gratis.

—¿Psyduck? ¿Le gustan los Psyducks? —preguntó Brock, confundido.

—Esa se parece a una fotografía mía —comentó Todd.

—Yo creo que el Psyduck es el mejor pokemón que hay—dijo el cocinero, con los ojos brillantes de la emoción —. Cada vez que viene un cliente con un Psyduck, lo dejo comer gratis.

Misty se acercó al cocinero.

—Si regreso en un par de minutos todavía estará aquí, ¿verdad?

—Claro.

Misty sonrió de oreja a oreja.

—¡Genial!

Todos fueron de vuelta a la guardería. Mientras caminaban, James habló con Todd:

—Oye, necesitas tener un pokemón, sobre todo si vas por las montañas. Hay muchos pokemón de tipo Lucha y Roca por esos lados y, además, es fácil perderse o salir herido por esos lados.

Todd sonrió.

—No te preocupes, nunca me ha pasado nada…

—El Arbok de Jessie casi te mata. De haber tenido un pokemón, te habría defendido…

—Si, pero…

—¿Y has estado en las montañas alguna vez?

—No, pero…

—Yo sí he estado en las montañas y es un lugar peligroso y traicionero como para hacerlo solo. Si quieres, mañana mismo te conseguiré un pokemón.

Todd parpadeó, sorprendido.

—No tienes que hacerlo…

—Lo haré…

Delante de ellos, Misty caminaba a pasos largos. Estaba furiosa.

—¡Esto es típico! Psyduck tiene que faltar la única vez que lo necesito.

—Tú fuiste la que lo dejó —la retó Ash, pero la chica lo ignoró como si fuera un perchero y siguió de largo.

Llegaron a la guardería y la encontraron con un cartel que decía "Cerrado por hoy". La puerta de vidrios polarizados impedía ver lo que había adentro.

—Creo que no va a haber buffet gratis —dijo Brock.

—Tendrá que ser el próximo año —se burló Todd.

Misty se giró hacia ellos, furiosa.

—¡Ni soñarlo! ¡Vamos a ir a ese buffet gratis! —les gritó—. Buscaremos otra entrada, ¡siganme!

Misty se alejó pisando fuerte, como si fuera un Charizard. James también quería comer gratis y Jessie y Meowth también, pero no querían ir presos por meterse a hurtadillas en un negocio cerrado.

Dieron un rodeo por el costado del edificio, metiéndose en un callejón, hasta ver una puerta metálica de color verde. Misty comenzó a golpear la puerta con el puño.

—¿Hola? ¿Hay alguien aquí? Necesito sacar a mi pokemón que dejé aquí. ¿Alguien puede abrirme la puerta? —Misty dejó de golpear la puerta y giró la perilla. Para sorpresa de todos, la puerta se abrió.

—Está abierta —musitó Misty a los demás.

La chica fue la primera en entrar, con los demás siguiéndola detrás.

—¿Hola? ¿Hay alguien aquí que pueda darme a mi pokemón? ¿Hay alguien que pueda ayudarme.

Se encontraron en un pasillo similar al de un hotel, ancho y alfombrado, con estatuas y plantas en las esquinas. James tenía un mal presentimiento. Apretó un poco a Nina, quien estaba apoyada en su pecho. Lunita estaba agarrada de su hombro.

Abrieron una puerta al azar. Estaba tan oscuro que no se podía ver nada. Brock se metió la mano en el bolsillo y sacó una linterna, apuntando hacia el frente primero y luego hacia los costados, Lo que vieron con la luz de la linterna los paralizó.

Jaulas. Cientos de jaulas repletas de pokemón apiladas como si fueran cajones de manzanas. Ninguno peleaba por escapar, sino que parecían abatidos, como si estuvieran deprimidos o drogados.

—¿Qué es esto? —preguntó Misty.

—Son los pokemón de la guardería —musitó James. Nina comenzó a temblar en sus brazos. James la apretó con más fuerza. Un sudor frío comenzó a correrle por la espalda. Si los llegaban a descubrir… pero no podía dejar a su Weepinbel y a Psyduck ahí, claro que no.

—Esto no es bueno —murmuró Meowth.

Jessie se mordió el labio, pero no dijo nada.

—Esto a mi no me parece un hotel de lujo —dijo Ash, enojado.

Todd se agachó y se puso frente a la jaula de un Sandshrew.

—Esto es cruel, están amontonados en jaulas —el pokemón tipo Tierra estaba sentado, mirando el suelo. Parecían muertos en vida.

Brock seguía examinando las jaulas.

—¡Miren, aquí está nuestro Psyduck! —exclamó.

—¿Pueden bajar la voz? —le siseó Jessie—. Podrían oírnos.

Psyduck estaba en una de las jaulas del piso. Tenía el número 12, así que no cabía ninguna duda. Tenía una expresión enojada en su rostro.

—Bueno, admito que se ve un poco más listo que cuando lo dejamos —comentó Misty.

Brock negó con la cabeza.

—Tienes que mirarlo bien… le pegaron los ojos con cinta adhesiva.

Misty estiró la mano entre los barrotes y le despegó la cinta.

—¡Que terrible! —murmuró.

Se escuchó un ruido fuerte y metálico detrás de ellos. Una garra robótica colgada del techo había agarrado una jaula y la estaba transportando. Nina comenzó a chillar con fuerza, mientras se retorcía en los brazos de James.

—¡Nina, cálmate! —James la apretó contra su pecho y la acunó, pero de nada servía. Estar rodeada de jaulas similares a donde había estado atrapada tiempo atrás le estaba haciendo muy mal. Lunita, desde su hombro, parecía no entender, pero estaba a punto de llorar también.

Nina seguía retorciéndose y chillando, como si quisiera salir corriendo de allí. Miraba a James de vez en cuando con los ojos llenos de lágrimas, rogándole que salieran de allí.

—¡Haz que se calle! —rugió Jessie—. Si sigue llorando…

Las luces del techo se encendieron.

La luz blanca de las lámparas de sodio les irritó los ojos y tuvieron que cubrirse los ojos con una mano para no encandilarse. Cuando pudieron ver, se encontraron a los dos "cuidadores" frente a ellos, a unos tres metros de distancia. No parecían tan amigables como lo habían sido unas horas atrás, cuando habían dejado sus pokemón con ellos.

—Ahora sé de donde te conozco — le dijo la chica rubia a James, con una sonrisa maligna.

Súbitamente, James la recordó. Esa chica se llamaba Cassidy y pertenecía al Equipo Rocket. Jessie la detestaba con toda su alma. El otro debía ser su compañero, aunque no recordaba el nombre. Apenas los había visto en los años que había estado en el Equipo Rocket y por eso no recordaba sus rostros. Al parecer, a Cassidy le había pasado algo similar.

—¿James, verdad? —dijo el hombre de pelo verde… ¿se llamaba Biff? ¿Bill?

—Son solo unos bichos molestos —dijo Cassidy.

Ash se adelantó un paso.

—¡No les tenemos miedo a unos ladrones como ustedes! —les gritó.

—Cálmate, Ash —le dijo Meowth, pálido como un papel.

Cassidy se fijó en Jessie.

—Así que por esto el jefe no sabía de ustedes durante meses —dijo, disfrutando cada palabra que salía de su boca—. No tienen el uniforme, están con estos mocosos… ¿Desertaron acaso?

—Que te importa —le respondió Jessie, llevándose una mano al vientre.

—Cierto, no tienes nada que explicarme a mí. Guarden sus excusas para el jefe cuando se enteren que no solo desertaron del equipo, sino que están saboteando sus planes.

Jessie tomó la mano de James con fuerza. Estaba temblando.

—Y para colmo, fuiste lo suficientemente estúpida para embarazarte —continuó Cassidy—. ¿Al menos sabes de quién? Porque todos sabemos para que lado tira James.

—A diferencia tuya, yo no soy ninguna prostituta barata, sé de quién es —respondió Jessie, apretando los dientes.

Cassidy ni se inmutó. Lanzó una risa burlona.

—Sigues teniendo esa actitud, ¿eh? Pues no te preocupes, ya vas a aprender cuando te llevemos a ti y tus amiguitos a la central.

Meowth se adelantó.

—Por favor, haremos lo que quieras, pero no le digas nada a él, por favor —suplicó.

—No quiero nada de ustedes, excepto verlos destruidos. A ti tal vez te vendan a algún científico; James va a saber lo que el jefe le hace a los traidores. Y en cuanto a ti, Jessie —la sonrisa retorcida de Cassidy hizo que a James se le congelara el estómago—… espero que no te hayas encariñado mucho con eso que llevas en tu vientre.

Una luz roja salió del bolsillo de Jessie y Arbok apareció delante de su entrenadora, en pose defensiva. Siseó con odio a Cassidy y Butch antes de mirar las jaulas a su alrededor y comenzar a sisear de una manera mucho más baja y tranquila.

—Veo que tu serpiente evolucionó —comentó Cassidy, mirando al de pelo verde de reojo.

—Pero ni siquiera un Dragonite se animaría con esto —el tipo sacó se su bata un arma, similar a las que tenía el tipo del safari. Arbok apenas se movió un poco para atrás, sin parar de sisear de manera baja. James se preguntó que demonios estaría diciendo, pero estaba muy ocupado viendo el arma como para pensar en ello.

Meowth se trepó a la espalda de James y se puso en el otro hombro, ya que el otro estaba ocupado por Lunita.

—Lunita, Nina, cierren los ojos —dijo, en voz baja.

—¿Nya?

—¿Pi?

—Haganme caso, nenas, por favor. Pase lo que pase, no los abran hasta que yo se los diga —susurró Meowth.

—¿Qué pasa, Meowth?

Meowth apoyó su cabeza contra la mejilla de James.

—No tenemos otra salida —la voz de Meowth era un susurro, como algo viscoso deslizándose en el suelo en plena oscuridad —. Dios, perdóname. Perdónanos a todos.

James le iba a preguntar que era lo que iba a pasar, pero no fue necesario. La escena se desenvolvió ante sus ojos bastante rápido, pero luego, mucho después, lo vería en cámara lenta, como una película en slomo.

Un látigo cepa salió de una jaula cercana y le dio al tipo de pelo verde un golpe seco en la articulación de la mano. El tipo dejó caer el arma, sacudiéndose la mano, dolorido, furioso y confundido. El mismo látigo cepa lo sujetó por la muñeca, impidiendo que pudiera recuperar el arma.

—¿Pero que…?

Arbok se tiró encima de Cassidy como si fuera despedido a través de una bala de cañon. Un cabezazo al pecho bastó para tirarla al suelo. Arbok se subió encima de ella, abrió la boca y le dio unas dentelladas rápidas en el cuello y parte de la cabeza. La sangre saltó a borbotones, como si hubiera atacado una bolsa rellena de kétchup hasta casi reventar. Solo que eso no era kétchup. Era sangre humana.

Arbok se giró hacia el aterrorizado rostro del compañero de Cassidy. Le chorreaba sangre por la boca y tenía una ira asesina en los ojos que nunca creyó ver en él.

El tipo gritó e intentó correr hacia James, como pidiendo misericordia, pero el látigo cepa lo impidió, resbalándose y cayendo al piso boca abajo. Arbok soltó un siseo y saltó hacía él. Pudo sentir con claridad el chasquido de los dientes de Arbok desgarrando su cuello, con chasquidos húmedos. El tipo intentó seguir gritando, pero sólo le salían gorgoteos al estarse ahogando en su propia sangre. Ese sonido apenas duró unos dos segundos, pero para James fueron muchos más. Su mente lo reproducía como en bucle, una y otra vez, aunque el sonido real se hubiera apagado.

Arbok levantó su cabeza ensangrentada y se acercó a Jessie, dejando una estela de sangre con su cuerpo. Miró al piso y siseó unas palabras.

—He vengado a los que querían dañar a mi ama y a su cría —Meowth lo dijo de manera robótica, como si toda emoción hubiera sido drenada. Eso fue suficiente para espabilar a James y mirar hacia los demás.

Misty estaba aferrada al brazo de Ash como si su vida dependiera de ello; Ash estaba pálido y quieto como un poste de luz y Pikachu estaba igual, a los pies de su entrenador; Todd temblaba como una hoja mecida por el viento y Brock tenía la cara descompuesta, como si fuera a vomitar.

Jessie reaccionó primero. Sacó su pokebola.

—Arbok, regresa —dijo, con voz firme. Una vez que Arbok quedó guardado en su pokebola, se dio vuelta—. Alguien pudo haber oído los gritos. Salgamos por donde entramos y no toquen nada. Vayan al Centro Pokemón; yo saldré del pueblo para bañar a Arbok en el río y sacarle la sangre que le quedó —al ver que nadie se movía, aplaudió un par de veces frente a la cara de Ash, quien saltó hacia atrás —. ¿Me escucharon? ¡Muevanse!

Eso los espabiló a todos. Comenzaron a caminar, intentando no mirar los cadáveres degollados que hasta hacía unos segundos estaban vivos. Meowth se bajó del hombro de James.

—Dejenme aquí.

Jessie lo miró, como si se hubiera vuelto loco.

—¿Estás loco?

—Debe haber huellas de nosotros por todos lados. Alguien tiene que quedarse a limpiarlas. Si la policía viene, dudo que sospechen de un Meowth.

Jessie respiró profundamente.

—No te tardes demasiado.

Meowth asintió.

No había mucho más que hacer, así que no les quedó otra que salir y rogar que nadie sospechara de ellos.


Estaban en el Centro Pokemón desde hacía casi una hora, sentados en sus camas, apretujados para sentirse más seguros. Jessie y Meowth todavía no habían regresado. Lunita y Nina dormían juntas dentro de la canastas, ajenas a todo lo que había sucedido.

James estaba empezando a tener miedo de que les hubiera pasado algo a Jessie y a Meowth. ¿Y si la policía había llegado antes de que Meowth pudiera borrar todas las huellas? ¿Y si habían capturado a Jessie y ahora iban por ellos?

La puerta se abrió y todos pegaron un salto por la tensión. Pero era Jessie.

—Ya terminé. ¿Meowth volvió?

—No.

Jessie se dejó caer en la cama y tomó la mano de James. Miró a los bobos y resopló.

—Ehh… muchachos… escuchen: ninguno de nosotros tiene la culpa de lo que pasó, ¿entienden? Además… ni que se hubieran muerto personas respetables, no es la gran cosa.

—Todas las vidas valen la pena —musitó Todd.

Jessie negó con la cabeza.

—Ellos se buscaron su propia muerte. El tipo ese me apuntó con un arma. A mi, a una mujer embarazada. ¿Qué querías que hiciera Arbok? ¿Qué se quedara tranquilo viendo como nuestras vidas corrían peligro? Hizo lo que cualquier pokemón habría hecho en su lugar.

La puerta se volvió a abrir y entró Meowth. Temblaba como una hoja.

—¿Meowth? ¿Qué ocurre?

—Quiero… vomitar…

James se levantó, lo alzó y salió con el de la habitación, directo al baño de hombres. Se encerró en un cubículo y lo alzó por debajo de las patas delanteras. Una vez que vació todo en contenido de su estómago en el inodoro, salieron y lo hizo tomar agua de la canilla.

—¿Cómo estás ahora? —le preguntó a Meowth.

—Mejor… pero cansado.

—Vamos al cuarto y duermes una siesta, ¿si?

Meowth asintió. James lo cargó en brazos, haciendo que apoye su cabeza en el hombro y volvió a la habitación. Cuando lo dejó en la cama al lado de la canasta, ya se había dormido.

—¿Está mejor? —le preguntó Jessie.

—Eso parece. Fue mucho para él.

Ash levantó la vista.

—¿Qué vamos a hacer ahora? —preguntó.

—Te diré que vamos a hacer —le respondió Jessie, con la voz cargada de energía—. Vamos quedarnos aquí todo el resto del día. Vamos a bañarnos, comer y descansar. Mañana temprano nos iremos a comprar provisiones mientras James y Misty van a buscar sus pokemón como si nada hubiera pasado. En dos semanas, mas o menos, estaremos tomando sol en Isla Canela y todo esto no será más que un mal sueño, ¿entendieron?

Misty se retorció las manos.

—No… quiero… volver ahí.

—Sólo tienes que ir, preguntar por tu Psyduck y hacerte la sorprendida cuando veas a toda la policía allí, no es tan difícil…

James la interrumpió apoyándole la mano en el hombro.

—No te preocupes. Iré yo solo. Sólo tiene que darme el papel y lo iré a buscar por ella, ¿si? Si se pone nerviosa, la policía podría sospechar algo.

—Tienes razón. Entonces ya está todo decidido.

James se acostó en la cama, agotado. No veía la hora de irse y no volver a pisar esa ciudad en lo que le quedaba de vida.


Al día siguiente, muy temprano, James salió del Centro Pokemón junto con el resto del grupo En cierta parte de la ciudad, se separaron. James se fue a la guardería, mientras que los demás fueron a la zona más céntrica, a comprar provisiones.

James no había podido dormir. El miedo a que la policía tirara abajo la puerta de la habitación para arrastrarlos a una sucia celda lo había mantenido despierto y sospechaba que los demás tampoco habían podido dormir. No podía culparlos.

Cuando llegó a la guardería, el lugar estaba inundado de policías y civiles preocupados. Una cinta amarilla rodeaba el edificio. En un lugar un poco más alejado había una fila de personas frente a un policía, tomando notas. James se acercó casi corriendo. Tenía que actuar bien su papel.

Se acercó al primer policía que vio, intentando verse lo más desconcertado posible.

— Disculpe, oficial, ¿Qué está pasando aquí?

— ¿Usted ha dejado a su pokemón aquí? —preguntó el oficial. Era joven, probablemente de su misma edad.

— Mi amiga y yo dejamos a nuestros pokemón aquí ayer, ¿Qué está pasando?

El policía señaló la fila que había visto antes.

—Vaya a hacer la fila. Le explicarán todo allí.

James fue a hacer la fila con las otras personas. Como no tenía nada mejor que hacer, se puso a escuchar las conversaciones.

—Eran ladrones del Equipo Rocket, al parecer —dijo un chico de unos trece años al frente suyo. Se estaba dirigiendo a una chica de trenzas que debía tener un par de años menos.

—¿Los pokemón estarán bien? —preguntó ella, preocupada.

—Escuché que sí… pero los ladrones no tuvieron tanta suerte.

— ¿Ya los arrestaron?

El chico se acercó un poco más a la chica.

—El amigo de mi primo está aquí, es policía. Y me contaron que los ladrones están muertos.

— ¿Qué? —chilló la chica de trenzas —. ¿P-pero como?

—Dicen que… que los pokemón se los comieron

La chica se llevó las manos a la boca para no gritar. James se quedó congelado como si un Articuno le hubiese tirado un Rayo Hielo. ¿Cómo que los pokemón se los habían comido? Era imposible, al menos que…

… Meowth haya tenido algo que ver.

James negó con la cabeza. Seguro eran rumores falsos, no creía que algo así fuera cierto. Meowth era incapaz de hacer algo como eso, era imposible.

La fila empezó a moverse. El policía recibía los papeles para retirar a los pokemón, se los pasaba a otro policía y luego regresaba con una jaula con el respectivo pokemón. James notó que a veces el policía regresaba con las manos vacías.

—Creo que a los que no devuelven son los que se comieron a los ladrones —escuchó que el chico le decía a la chica de trenzas. A James se le hizo un nudo en el estómago.

Su turno al fin llegó y James sacó los papeles de su bolsillo.

—Vengo a buscar a mi Weepinbell y al Psyduck de mi amiga —dijo, entregando los papeles. El policía le dijo que se corriera de la fila y se fuera a esperar a un costado. Pasaron varios minutos, que a James le parecieron eternos. Finalmente, vinieron dos policías, cada uno con una jaula. En una estaba Psyduck, pero en el otro no estaba su Weepinbell

—Señores, eso es un Victreebel. Yo tenía un Weepinbel.

—Coincide con la ficha que nos entregó —le respondió el policía—. Tal vez lo hayan evolucionado. Es hembra, como la que dejó aquí.

— ¿Y como sé que no me están dando cualquier cosa? —respondió James, molesto.

El otro policía abrió la jaula.

—Pues venga a fijarse.

La Victreebel se acercó a James, dando saltitos. James se agachó para mirarla.

—¿Nena? ¿Sabes quien soy?

Victreebel dio un chillido de felicidad, dio un salto hacia James y lo metió dentro de su boca, como si intentara comérselo. James usó sus brazos para sacársela de encima, cubierto de baba. La Victreebel siguió dando pequeños chillidos de felicidad.

James sacó la pokebola y la guardó en ella. Eso confirmaba que era la suya. El policía abrió la jaula donde estaba Psyduck. El pokemón de agua caminó unos pasos y miró a su alrededor, confuso, probablemente buscando a Misty.

—¿Psyduck? —lo llamó James. El pokemón lo miró, agarrándose la cabeza—. Misty me mandó a buscarte. Tómame de la mano y vayamos a esperarla.

—Psy.

James lo tomó de la mano y caminaron juntos por la calle, un poco más aliviado de dejar atrás la falsa guardería. En el camino, compró un par de latas de refresco y le dio una a Psyduck. Se quedaron esperando al grupo en el mismo lugar del día anterior, cuando todo parecería que iba a salir bien,

Psyduck terminó de tomar su gaseosa y se sentó en el suelo, apoyando su espalda en las piernas de James. Por algún motivo, lo encontró adorable. Se inclinó un poco y comenzó a acariciarle la cabeza con lentitud. Pobre Psyduck. No se merecía que Misty lo tratara como basura. Con el entrenamiento adecuado, sería un pokemón muy fuerte. Y ni hablar cuando evolucionara…

—¿James?

Jessie y el resto del grupo arribaron al lugar. Psyduck dio un salto y corrió hacia Misty, abrazándola de las piernas.

—Hola, Psyduck —Misty le habló como si ella estuviera muy lejos de allí. Sacó su pokebola—. Regresa.

James se levantó, frotándose los ojos.

—¿Te compraste lo que te dije, Todd? —le preguntó James al fotógrafo.

—Si, lo tengo en el bolsillo.

—Perfecto. Ahora salgamos de esta maldita ciudad.

El grupo se movilizó y salieron de la jungla de cemento. James esperaba no tener que volver allí en lo que le quedara de vida. Actuaba como si nada hubiera pasado, pero estaba intranquilo. A Jessie y a Meowth les pasaba algo similar. Pero los demás eran otra historia. Estaban completamente apáticos, como si estuvieran drogados. Más tarde tendrían que hablar con ellos.

James miró hacia arriba mientras caminaba y vio algo que buscaba: un Pidgey que estaba descansando en una rama. James se adelantó un poco y los tocó a todos en el hombro para que frenaran.

—Quedense aquí. Todd, ven conmigo.

James se acercó un poco al árbol, con movimientos lentos. Todd lo imitó, un poco confuso.

—¿Nina?

Nina, en el hombro de James, lo miró.

—¿Pika?

—¿Quieres tener tu primera batalla?

Nina sonrió de oreja a oreja.

—¡Pi! —chilló, feliz.

—Bien. Baja de mi hombro. Vamos a capturar ese Pidgey.

Nina bajó del hombro. James no quería atacarlo a traición, pero quería hacerlo rápido y prefería que el combate de Nina fuera más… sencillo.

—¡Nina, usa Impactrueno!

Un rayo amarillo brotó de su cuerpito y se dirigió derecho al desprevenido Pidgey. No hizo falta decir que el pequeño pokemón pájaro se cayó de la rama directamente hacia el suelo.

—¿Qué esperas, Todd? ¡Captúralo! O yo lo haré.

Todd se metió la mano al bolsillo de su pantalón y sacó una pokebola, la cual lanzó hacia el Pidgey, capturándolo con una luz roja. La pokebola se movió un poco, pero finalmente se selló.

—Felicidades, ahora tienes un Pidgey para tu viaje —le dijo James, con una sonrisa.


El grupo siguió caminando durante dos horas más. En ese lapso, James curó al Pidgey de Todd y ahora estaba dentro de su pokebola otra vez, pero ya recuperado del Impactrueno de Nina. James le explicó a Todd que, si bien el Pidgey era débil, le serviría para advertirle sobre pokemón y como guía en caso de que se perdiera.

Siguiendo el camino, se encontraron con una bifurcación, señalada con carteles. Uno decía: "Ciudad Naranja/Puerto" y el otro decía "Montaña del Onix Dormido"

—Bueno, aquí nos separamos —dijo Todd, indeciso—. Iré a las montañas a sacar fotos de pokemón salvajes.

—Ten mucho cuidado —le dijo Brock, con la voz apagada,

—Cuida bien de ese Pidgey —le dijo James.

Todd forzó una sonrisa.

—Adios. Espero verlos pronto.

—Adios —saludó el resto del grupo.

Todd tomó el camino hacia las montañas, mientras el resto se dirigió a Ciudad Naranja. Lo peor había pasado, pero aún quedaba el miedo en los corazones de Ash, Misty y Brock. Lo que habían visto les estaba consumiendo las ganas de vivir. El ex Equipo Rocket tenía que hacer algo.

PD: ¡el martes es mi cumpleaños!