Hola hola! Que tal?
Vaya, lamento tanto la tardanza x.x como les avise por facebook, hace unos días me robaron el celular, ahí es donde suelo guardar el fics, y el documento que tenía en la pc estaba desactualizado…16 paginas desactualizado D: en fin que luego de la depresión inicial, tome un cursito on line para autohackearme y logre recuperar 15 de esas 16 paginas… y aquí me tienen, lista para romper sus corazones… emp… digo digo, lista para publicar xD
Agradezco antes a todas las que leen, dan fav y follow al fics, especialmente a Lalala Gem, perdizRyhe, AyuleenXime y pumas . orlando por sus comentarios n.n contesto.
Lalala Gem: hacer algo para que fuera conocido oh no, no, creeme que no fue necesario, ya veras de eso en el próximo capitulo… algo me dice que detestaras un poquito mas a Cossette en este capi ajaja oh creeme que ahora es que se te partirá el alma..oh sinceramente me dio cosita hacer que Seelie lastimara a Well, le tengo cariñito xD Kaelie es genial, a veces, pero es genial :P me alegra que te gustara, y preparate que los problemas apenas se avecinan jojo un beso
Al resto por inbox! :P
Ahora si, ¡A leer!
Parte IV: La vida de los muertos
La vida de los muertos perdura en el espíritu de los vivos
Cicerón
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Capítulo 6: Ciruela de hadas
No controlo el alcohol muy bien: un trago y tengo que irme a mi cama; dos tragos y tengo que irme a la tuya.
Chrissie Hynde
X.X.X.X.X.X.X
Corrió alegremente a todo lo que sus piernitas daban. En una mano un avión de juguete y en la otra un Tiranosaurio Rex ambos recibidos por Navidad de parte de Magnus. Mientras jugaba hacía ruiditos con la boca acorde a la batalla que se mantenía entre sus juguetes.
- Grrrrr ¡Voy a comerte! – Decía con voz gruesa mientras el dinosaurio atacaba al avión que hacía piruetas intentando huir – Noooo ¡retirada, retirada! – El avión intentaba escaparse, pero el tiranosaurio iba tras él – Grrrr, te atrapare cobarde – Dijo tocando un botón en la panza del reptil para que abriera la colmilluda boca – Ja, te engañe ¡Disparen! – Gritó presionando un botoncito en el avión para que dardos de goma se lanzaran contra el dinosaurio mientras el niño imitaba onomatopeyas de disparos - ¡Oh no, me diste grrrr estoy herido! – Dijo haciendo que el dinosaurio bajara al suelo – Yo solo…grrr…quería comer – Culminó el dinosaurio cayendo derrotado en la tierra. Mientras con el avión simulaba un vuelo de la victoria.
- Cuanto drama para el juego de un niño – Exclamaron; el pequeño se sorprendió antes de sonreír abiertamente y correr emocionado aun con el avión en la mano.
- ¡Magnuuuuum! – Gritó, el brujo se agachó para saludarlo, pero el pequeño se lanzó aferrándose a su cuello y abrazándolo. Magnus se dejó hacer un poco incómodo, realmente no estaba acostumbrado aun a tratar con niños pequeños – ¿Dónde estabas? – Reclamó apuntándole con el avioncito y disparándole un dardo de goma en el rostro, en represalia.
- Veo que te gustaron los juguetes morita – Dijo con cierta riña, quitándole el avión de la mano antes de que volviera a dispararle. – Vamos, recoge al T-Rex.
- Se llama colmillín – Dijo él niño corriendo a buscar al dinosaurio y volviendo con Magnus. – Vamos, acompáñame a llevarlos a mi habitación y luego vamos con Alec – Dijo emocionado tomando a Magnus de la mano para jalarlo hacía las habitaciones. – Los Lightwood vendrán en la noche para despedir el año ¡Haremos una fiesta! – Le informó. Bane suspiró.
- No puedo acompañarte ahorita, los hermanos silenciosos no saben que estoy aquí. – Lamentó, los hermanos silenciosos la tarde anterior le habían prohibido la visita a Alec, pero él no se iba a detener por eso. El niño, por su parte, abrió la boca en forma de "O"
- ¿Estás en una misión secreta? – Dijo en tono confidencial. Magnus asintió - ¡Genial! ¡Te ayudare! – Gritó, ganándose un fuerte chitón.
- El punto de una misión secreta es que sea silenciosa – Dijo, Maxxie asintió llevándose los dedos a los labios en señal de silencio – Y si, necesito que me ayudes ¿Lo harás? – El niño asintió repetidamente – Ve con los hermanos silenciosos y distráelos para que no me vean hablando con Alec.
- ¡Si señor! – Exclamó con un extraño saludo militar – Les diré que no quieres que vayan – Dijo echando a correr; Magnus tuvo que correr tras él a prisa y cargarlo de la cintura para evitar que arruinara todo. Se lo montó en el hombro como un costal de papas - ¿Qué pasó? – Preguntó confundido.
- ¡No puedes decirles que yo te mande! – Exclamó escuchando un suave "oh" – Es un juego ¿Si? Tienes que distraerlos sin que me descubran o perdemos.
- ¿Y si ganamos? – Preguntó emocionado.
- Ganaremos un premio – Pudo ver los ojitos tan azules como la piel del niño agrandarse de emoción.
- ¿Y puedo teñirles las túnicas de verde?
- De rosa si quieres – Rio. El niño sonrió emocionado tomando el avión.
- ¡Vamos a ganar! – Exclamó emocionado echando a correr hacía las habitaciones de los hermanos silenciosos. – Vamos a ganar, vamos a ganar – Canturreó. Magnus se restregó el rostro, los hermanos silenciosos sin duda se darían cuenta rápidamente por lo que él también tenía que apurarse.
Caminó a prisa en dirección a la celda de Alec, disminuyendo su paso a medida que se iba acercando, sintiendo como toda la determinación iba desapareciendo poco a poco. Ese era el último día del año, y tal como había dicho Maxxie, los Lightwoods estarían con Alec, lo sabía, él mismo lo había organizado año tras año, y no podía imaginar pensar que no podría estar también con él acompañándolo. Por eso había ido más temprano, tenía que hablar con Alexander; necesitaban hacerlo.
Se detuvo con duda cuando llegó al pasillo desde donde podía ver la celda al fondo. Intentó arreglarse la camisa para asegurarse que estuviese bien. Se había vestido ese día un tanto sobrio, con poco maquillaje; no estaba de ánimos para el brillo y los colores alegres. No hasta que Alexander lo perdonara.
Lo vio en su celda entrenando; haciendo lagartijas con tanto ahínco que se notaba que solo quería despejar su mente con cada flexión. Magnus se acercó en silencio; había pensado en mil cosas que decirle a Alec, mil maneras de explicarse y pedirle perdón, pero con cada paso sus nervios iban borrando sus ideas. Alec siguió haciendo flexiones en el suelo, con los pies apoyados en la cama, sin notar a Magnus hasta que el brujo habló.
- Alec...
El chico se detuvo en medio de una flexión incorporándose de inmediato con sorpresa; y tomando a prisa una sudadera que se colocó, era la primera vez en mucho tiempo que se sentía incómodo dejando que Magnus lo mirará sin camisa. Hacía cuatro días que no veía a Magnus, desde que este le visitara para decirle que había estado con otro; cuatro días desde que su cabeza no dejaba de pensar en un fulano desconocido: más guapo, más fuerte y agradable que él, un mejor partido y, sobre todo, alguien libre.
Cuatro días imaginando a Magnus amando a otro, diciéndoselo con palabras a un oído que no era el suyo.
Habían sido cuatro días de una completa tortura.
- ¿Qué haces aquí?
- Necesitamos hablar – Pidió, el chico negó – Por favor, Alec.
- Es muy pronto Magnus - Susurró él - No estoy listo para oír que amas a alguien más.
- Te amo a ti Alexander - Aseguró el brujo con tanta vehemencia que hizo respingar al muchacho - Eso no va a cambiar nunca, no importa...
- ¿No importa con quien más te acuestes?
- No iba a decir eso, no pongas palabras en mi boca - Lo riñó con molestia. Alec se calló aceptándolo, quizás se había pasado - Solo...déjame explicarte - Suplicó. El chico dudó: mentiría si decía que no quería hablar con él, pero tenía miedo de lo que pudiera escuchar. Cerró los ojos restregándose el rostro con duda, pero finalmente asintió con un suspiro resignación. Magnus también suspiró, pero como si quisiera armarse de valor antes de empezar a hablar – Lo que siento por ti Alec, es… es lo más grande que me ha pasado, te amo con todo mi ser garbancito.
- Yo…lo sé – Susurró. Magnus sintió un poco más de confianza al escucharlo, porque le aliviaba un poco saber que Alec no estaba dudando de sus sentimientos.
- No sé cómo ocurrió Alexander - Aseguró él - Desde que te conozco solo he tenido ojos y amor para ti, no sé en qué momento...- Suspiró- Yo venía para acá, él…solo me ayudó a llevar unas bolsas al loft y yo me empecé a arreglar para venir; pero al salir él estaba en la sala, se había comido una ciruela de hadas y... - Alec retrocedió - Me besó, fue...fue como si todo mi cerebro se nublara. No es algo que yo haya planeado, ni siquiera recuerdo lo que pasó después de eso yo...
Pero el ojos azules no lo escuchaba ya; se había equivocado, era muy pronto todavía para eso.
- El loft - Logró articular finalmente aún más herido, lo había engañado en el loft, el lugar que se suponía era su hogar - ¿Se acostaron…-su voz se quebró- en nuestra cama Magnus?
El brujo lo observó incrédulo y debía admitir que algo molesto: no era justo que Alec hiciera eso, que lo hiciera sentir como el malvado villano por un resbalón del que Magnus en realidad no tenía certeza si fue con caída o solo susto; no era justo que Alec solo viera su error sin considerar todas las cosas buenas durante esos cinco años, cuando el nefilim bien que también se había equivocado en el pasado
- Nuestra cama ya no existe, la quemé cuando te encontré ahí con Sebastian – Espetó y apenas las palabras salieron de su boca, se arrepintió - ¡Oh por Lilith! No quise decir eso - Exclamó de inmediato - Garbancito lo siento, no quise...
- No, está bien; es la verdad; yo te engañe primero después de todo.
- Alec no hagas esto - Suplicó acercándose lo más que pudo a los barrotes - Por favor Alexander – Pero Alec estaba demasiado lejos para tomar sus manos - Perdóname.
- Ese…ese no es el problema - Sollozó y su tono partió el corazón de Magnus, viendo como las lágrimas surcaban sus mejillas - ¿No lo ves Magnus? ¿Cómo... Cómo puedo luchar por ti? ¿Cómo puedo competir contra ese chico desde aquí? - Soltó, no podía cuando apenas y veía a Magnus si los hermanos silenciosos estaban de acuerdo, cuando ni siquiera podía darse el lujo de responder a sus mensajes de fuego. Él había visto como, a medida que los años pasaban, la purpurina disminuía y los colores se atenuaban, él estaba acabando con Magnus y no se sentía con la confianza de pedirle que lo soportara siquiera un día más. – Te mereces una relación de verdad.
Magnus no pudo soportarlo más: Alec realmente no estaba enojado con él, se estaba dando por vencido con ellos, y eso le resultaba aun peor que su ira. El brujo tronó los dedos permitiéndose el paso a la celda, y acercándose a él a prisa, tomando a Alec de las manos, los dedos del chico temblaban ligeramente sin embargo al sentir las manos de Magnus se aferró a ellas como un naufragó a una tabla.
- Alexander, lo que hay entre nosotros es de verdad – Le aseguró – Tan real como tú y como yo; no necesito nada más, a nadie más; solo a ti – Aseguró soltando una de sus manos para limpiar las lágrimas que caían por las mejillas del ojos azules – No hay nadie contra quien competir, solo te amo a ti cielo.
Alec contuvo el aliento. El tacto de Magnus sobre su piel le hacía estremecer, limpiando su rostro de las lágrimas. Nadie que los viera en ese momento habría podido definir cuál de los dos fue el que acortó el espacio entre ambos, más cuando sus labios se encontraron había una necesidad implícita, el deseo de sentirse y la añoranza de no poder hacerlo desde hacía meses. Magnus lo abrazó de la cintura con uno de sus brazos mientras su otra mano se mantenía en contacto con la mejilla del chico; Alec por su parte estaba aferrado a él, a su camisa como si su cordura dependiera de ello.
Por unos segundos el brujo celebró lo que estaba ocurriendo, porque si Alec lo estaba besando, si podía sentir el dulce y embriagante sabor de sus labios, significaba que estaba siendo perdonado ¿cierto? Algo le dijo que no, cuando las lágrimas volvieron a mojar las mejillas de chico que intentó ahogar un sollozo en sus labios.
- ¿Alec…? – Preguntó confundido pero el chico se había apartado de él.
- No puedo… yo… tienes que irte Magnus – Le pidió, casi suplicó – Le…le pedí al hermano Enoch que no te dejara pasar, no vuelvas a meterte a la fuerza – Dijo dejándolo aún más perplejo, él había creído que la negativa a dejarlo ver a Alec había sido iniciativa de ellos directamente.
- Alexander…
- Tu… tu mereces algo más y yo… no puedo estar aquí temiendo que te des cuenta; no puedo seguir con esto – Dijo firme; el brujo retrocedió, podía ver que Alec hablaba completamente en serio, realmente estaban terminando. – Te amo… pero…- Alec no pudo terminar la oración, Magnus no necesitó que lo hiciera, sabía lo que quería decirle y que amargas le resultaban las palabras que él mismo había utilizado hacía poco más de cinco años en aquel túnel de la abandona estación City Hall del metro de New York.
"Pero no es suficiente"
Las lágrimas no se acumularon en sus ojos, corrieron por sus mejillas sin ningún reparo; retrocediendo hasta que su espalda chocó con los barrotes, chasqueando los dedos para salir.
Alec se dejó caer sentado sobre su cama intentando limpiarse las lágrimas, contener los sollozos, pero no era tarea fácil y el mismo Magnus no se sentía capaz de hacerlo.
- Adiós Alexander – Susurró tan bajo que no supo si Alec lo escuchó o no, dándose media vuelta para irse de allí.
- ¡Nos descubrieron! ¡Nos descubrieron! ¡Perdimos! – Maximum corría por el pasillo como perseguido por el diablo deteniéndose de bruces al ver al brujo llorar - ¿Magnum? – Llamó con duda, preocupado. Bane no lo escuchó, no pareció verlo si quiera; caminó fuera del pasillo dejando al niño confundido; ¿No podía estar llorando porque perdieron el juego y los hermanos silenciosos notaron que estaba allí o sí?
Escuchó los sollozos provenir de la celda de Alec, y solo por eso no corrió tras Magnus. El niño se apresuró hacía él deteniéndose pasmado ante los barrotes al verlo también llorando.
- ¿Alec? – Preguntó preocupado.
- Estoy b…ien, estoy bien – Intentó asegurarle, abrazándose las rodillas y ocultando el rostro en estas, no quería que el niño lo viera llorar – Estoy bien Maxxie, estoy bien – Repetía, porque quería que el pequeño lo creyera; quería creerlo él mismo.
*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.
La tensión en el ambiente era palpable. Se había dado prioridad al resguardo del portal a Edom que se encontraba en esa cueva. Robert y Jia se apersonaron esa media mañana al lugar luego de los reportes de la joven guardia, Cossette: después de cinco años en inactividad total, se estaban comenzando a presentar pulsos de magia.
Ambas figuras de autoridad observaban en silencio como un par de brujos del laberinto Espiral en conjunto con Centuriones que estudiaban el portal, los primeros realizando hechizos para determinar la naturaleza de esas energías mágicas que se percibían en el portal. Ninguno de los dos jefes de La Clave, hablaban; pero Robert se mantenía mal encarado desde que Cossette se acercó a saludar a Jia.
- ¿Hay algún avance? – Preguntó la Cónsul con interés.
- Desde que comenzó no se han detenido las ráfagas de magia - Informó Cossette, su tono de voz se notaba preocupado y no apartaba la mirada del portal - No tienen un patrón específico: aparecen en cualquier momento, a cualquier hora; en ocasiones como un único pulso, y a veces como ráfagas continuas.
- Para ser un ataque es muy inexacto.
- Podría ser un intento de comunicación - Dijo Robert a Jia, sin siquiera mirar a la joven guardia.- Eso explicaría los intervalos tan variantes: espera la contestación de cada mensaje.
- Sin embargo no ha habido ningún flujo en dirección contraria- Aseguró Cossette, el Inquisidor torció el gesto al escucharla.
- Me parece que este tipo de conversación no son para mantenerlas ante la guardia, especialmente cuando no conocen su lugar.
- Robert – Lo riñó la mujer, pero este hizo caso omiso y en cambio se dirigió hacia los brujos para indagar al respecto mientras observaba su reloj de muñeca asegurándose de contar con tiempo suficiente. Jia suspiró, dirigiéndose a la joven muchacha – Tendrás que disculparlo, pero pese a su molestia, sé que tomara en cuenta tu acotación.
- No sé preocupe, con eso es suficiente – Aceptó ella, no es que le molestara: ya estaba acostumbrada a ese trato.
- Leí tu reporte, pero tengo que preguntarte: ¿no notaste nada extraño cuando comenzaron los pulsos de magia? – La chica pareció pensar bien su respuesta antes de contestar.
- Solo el olor a azufre; era más intenso que el de ahora –Aseguró – desde entonces el olor se mantiene, y se vuelve más fuerte cuando los pulsos de magia iluminan el portal. Es como si lo abrieran por un momento.
- Tenemos que buscar el origen de esos pulsos –Comentó más para sí misma. – Es la única manera de asegurarnos que nada indebido salga de allí.
Robert volvió hasta ellas poco después, el inquisidor no miró a la muchacha en lo absoluto, en su lugar observó una vez más a su reloj deteniéndose frente a Jia.
- Hablé con los brujos: aseguran que los pulsos de magia son unidireccionales – Informó – Van desde nuestro mundo a Edom.
- ¿Es un intento de comunicación? – Robert negó.
- Creen que hay algo del otro lado absorbiendo el poder de esa magia – dijo – Pero no tienen ni idea de quién puede estar tras eso o a qué clase de demonio intenta fortalecer.
- Hablare con el Scholomance para fortalecer la vigilancia con más centuriones – dijo Jia. Robert asintió.
- Como sea, estoy seguro que estos pulsos seguirán aquí en la mañana – Aseguró revisando otra vez su reloj – Y ya estoy justo de tiempo para ir a la Ciudad Silenciosa con mi hijo – dijo. Cossette chasqueó la lengua con reprobación pero Robert la ignoró por completo, Jia se masajeó las sienes preguntándose cómo había podido trabajar tantos años con esos dos, con semejante tensión. – Estaré aquí a primera hora.
- Y no olvides la sesión con las hadas pasado mañana – dijo la mujer. Robert asintió dando media vuelta para marcharse – Saluda a Alexander de mi parte. – El hombre hizo un gesto con la mano en afirmación mientras salía de la cueva.
- ¿No es más importante descubrir los pulsos que visitar a un asesino? – Masculló Cossette con rencor, tan bajo que no esperaba ser escuchada por la Cónsul, pero lo fue.
- Es su hijo – dijo – Y es un buen muchacho pese a las circunstancias – La muchacha se permitió una clara expresión de incredulidad. – Yo también debería irme: quede en comunicarme con Aline antes de año nuevo; avísame si hay algún…
La mujer no había terminado la frase cuando un nuevo pulso de magia se desplazó por la cueva con un resplandor azul que lo hacía visible. Por un segundo todos en la cueva hicieron silencio observando como la magia era absorbida por el portal que resplandecía, justo en ese momento el olor a azufre incrementó durante los pocos segundos que tardó en apagarse.
Jia suspiró. Su llamada a su hija Aline tendría que esperar un poco más.
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- Cariño; traje la tarta de Brooklyn que tanto te gusta. - Comentó Maryse sonriendo; la mujer intentaba que su sonrisa fuera sincera mientras abría la caja que contenía la tarta, pero era difícil cuando todos ellos estaban allí, en el pasillo de la Ciudad Silenciosa y Alec estaba del otro lado de los barrotes. Si tan solo pudiera ir allí dentro con su hijo y abrazarlo. Hacía cinco años que no podía envolverlo en sus brazos y consolarlo como quisiera. Pero no iba a demostrar cuanto le afectaba porque entonces Alexander se deprimiría, y esa noche en particular no parecía muy entusiasmado.
- ¡Tarta! - Exclamó Maxxie; él había estado en el interior de la celda, pero al instante de ver a los recién llegados, corrió dando una palmada para salir y llegar hasta Maryse - ¿Me trajeron más dulces?
- También me alegra verte morita – Se burló Jace revolviéndole el cabello.
- ¡Cuidado, me estropeas los cuernos! – Se quejó el niño protegiéndose del rubio.
- ¿Tú también tienes? – Preguntó Simon ganándose un codazo nada discreto por parte de Isabelle, y la mirada confundida del resto; por suerte Alec no pareció escucharlo.
- ¿Cuernos? – Preguntó Clary confundida desviando la atención del indiscreto comentario de su amigo y mirando al niño, pero Robert había tomado la atención del pequeño brujito.
- Te traje algo mejor que dulces – Aseguraba el inquisidor sacando de su abrigo un cuchillo serafín de juguete, en cuya hoja se prendían luces al presionar un botón resaltando las imágenes de runas de fuerza y coraje; era uno de los juguetes preferidos de los niños en Alacante para jugar - El niño lo tomó emocionado; riendo cuando Jace se quejó de que él también quería una. Maxxie le dio una estocada a Robert ganando la risa divertida de Clary y Simon. Pero Maryse apenas y les prestó atención, no había dejado pasar que Alec no había dicho ni una palabra. Notó que Isabelle se había acercado al chico y conversaba con él en susurros, vio a su hijo negar con la cabeza.
La mujer suspiró, tal vez sería mejor dejar que Isabelle se encargara, al menos por esa noche.
- Mira Maryse, mira, tengo cuernos – Ella se sobresaltó un poco, al ver que Max estaba frente a si revolviéndose el cabello para dejar ver un par de cuernitos – Puedes tocarlos si quieres – Ofreció emocionado.
- Eh… gracias – Dijo ella tocando uno de los cuernos con un dedo; Maxxie pareció complacido y corrió hacía Simon haciendo lo mismo. El vampiro se mostró desconcertado, era la primera vez que trataba con un pequeño brujito, pero a este no parecía importarle en lo absoluto con tal de presumir sus cuernitos - ¿Cuándo te salieron?
- Me los trajo Santa Claus, ¿Verdad Alec? – Preguntó el niño emocionado; Alec respingó al escuchar que lo llamaban.
- ¿Eh, que?
- ¡Mis cuernos!
- Oh claro – Le dio la razón, aceptando distraídamente un pedazo de tarta que Jace le pasaba.
- Intenta pasarla bien – Le susurró Isabelle, Alec asintió no muy convencido intentó sonreír cuando Robert empezó a contar sobre una divertida confusión que ocurrió en la clave debido al idioma con unos Nefilims tailandeses. Maryse le dirigió una preocupada mirada, pero no dijo nada: generalmente cuando ellos iban su hijo intentaba mostrarse alegre, aunque sus sonrisas a veces parecían forzadas, Maryse sabía que se alegraba de verlos, pero como a ella, a Alec le dolía no poder abrazarlos, no poder ser parte de esas historias que ellos le contaban; pero esta vez su hijo ni siquiera lo intentaba. Suponía que había algo mal, después de todo era extraño que Bane no hubiese llegado ya cuando era él quien organizaba la reunión de noche vieja año tras año.
- ¡Alec tienes que escuchar esta canción! – Exclamó Jace de pronto acercándose a su parabatai y tendiéndole su teléfono con un video; el ojos azules lo tomó para verla y Max se apresuró a volver a la celda para sentarse en sus piernas y poder ver junto con el mayor.
No entendió, era una canción de un gordo surcoreano que hacía tonterías y bailaba de forma divertida, al parecer había salido hacía pocas semanas y era todo un boom; en cualquier caso Maximum pasó la siguiente media hora repitiendo la canción una y otra vez intentando imitar el baile junto a Simon y Clary que lo hacían divertidos; Alec se había negado a participar, pero cuando la insistencia del pequeño consiguió que Robert intentara el paso del Gangnam Style, Alec no pudo evitarlo más y estalló a carcajadas junto al resto de los presentes.
- Oooh… Sexy Lady – Cantaba el niño por millonésima vez cuando el celular de Clary sonó con la alarma.
- ¡Falta un minuto para año nuevo! – Exclamó la pelirroja.
- ¡Un minuto! – Estalló el pequeño emocionado dejando a Simon bailando solo para correr en dirección a Alec - ¡59…58…57…55…!
- Te comiste el…- Pero Jace se cayó ante la mirada de seria censura de Alec quien recibía al pequeño entre sus brazos y lo cargaba, Maxxie estaba realmente emocionado
- ¡44…42…41…20!
- Cuarenta – Le corrigió Alec por lo bajo.
- ¡40! – Se corrigió el - 19, 18…
- El pequeño tiene prisa – Bromeó Simon abrazando a Isabelle alrededor de los hombros. Jace y Clary estaban en una posición similar.
- 10…9…8…7…- Maryse observó a su hijo y luego en dirección al pasillo ¿Dónde estaba Bane? Vio como Alec se aferraba a Maxxie mientras este seguía gritando.
- 6…5…4…3…- La mujer le dirigió una sonrisa a Robert ofreciéndole una mano que este tomó. Su relación seguía prácticamente extinta, pero sabía que él al igual que ella, necesitaban el apoyo del otro para afrontar la realidad, una realidad en la que les quedaban otros cinco años nuevos que recibir en esa celda.
- 2…1… ¡FELIZ AÑO! – Gritó el pequeño azul seguido de inmediato por las felicitaciones de todos los demás. Jace y Clary se besaron en medio de un abrazo. Simon le susurraba algunas cosas al oído a Isabelle. Maryse sintió como Robert le ofrecía un ligero apretón a su mano, pero al voltear a verlo este no la miraba a ella, su ex esposo veía a Alec con una mirada de dolor y culpa.
- Ninguno de nosotros te culpa Robert – Susurró. Sabía lo que el hombre pensaba: Robert sentía la responsabilidad de no haber conseguido un mejor trato para Alec aun siendo el Inquisidor, a pesar de que todas las comodidades que su hijo pudiera tener eran gracias a él; pero iba más allá: se sentía culpable de no haberle creído desde el principio y permitir que la clave condenara a su hijo
- Solo míralo Maryse – Susurró él de vuelta. La mujer volvió el rostro hacía su hijo y lo que vio le rompió el corazón. Alec se aferraba a Maxxie como un náufrago a una tabla llorando a raudales; el pequeño estaba desconcertado e intentaba limpiarle las lágrimas con sus manitas.
- ¿Alec, Alec te duele algo? – Preguntaba, él intentó negar, pero los hipidos no se detuvieron. El niño volteó alarmado pidiendo auxilio con la mirada, las dos parejas jóvenes se habían separado también al notar la situación. – Creo que le duele la panza – Dijo preocupado.
- Maximum ve con Jace para que te muestre las fotos de Iglesia en Los Ángeles – Dijo Maryse preocupada acercándose junto a Robert a la celda. El niño dudó, pero finalmente asintió dándole un fuerte abrazo a Alec con un tierno beso en la mejilla antes de soltarse de este y aplaudir saliendo otra vez de la celda. Jace se apresuró a cargarlo en brazos mientras Clary buscaba las mencionadas fotos intentando distraer al pequeño.
- Alec, hijo...- Lo llamó su padre. Maryse vio al muchacho hipar un par de veces y pasarse la mano por la mejilla como quien no lo quiere antes de alzar la mirada. - ¿Está todo bien?
-Cl...claro -Aseguró, pero su voz no fue para nada seguro y el camino de lágrimas era perfectamente visible en su rostro.
- ¿Dónde está Magnus, hijo? – Preguntó Maryse, estaba segura que toda esa situación encausaba en dirección al brujo. Este no había llegado, y Alec ni siquiera había preguntado por él ni una vez. Isabelle hizo un sonido de censura con su lengua y todos notaron como Simon se removía incómodo. Maxxie por su parte alzó la mirada de inmediato.
- ¡Alec y Magnum pelearon! - Lo acusó. El silencio fue aplastante por parte de su familia. – Magnum también estaba llorando.
- ¿Cariño... qué paso? - Preguntó su madre con precaución.
- No quiero hablar de eso - Susurró – Lo siento, la verdad no estoy de ánimos para fiestas.
- Vaya, jamás lo habría imaginado – Ironizó Jace. Pero Alec apenas y lo escuchó.
No podía celebrar un año nuevo sin Magnus, mucho menos cuando sabía que había sido él quien año tras año se encargaba de organizar a su familia para visitarlo esa noche; lo quería a su lado, lo extrañaba tanto que lo sentía casi como un dolor físico en su corazón.
- ¿Por eso Magnus no ha llegado? - Preguntó su madre en un tono de voz bajo arrodillándose junto a la reja y estirando la mano a través de los barrotes para tomar la de su hijo mayor.
- Bien Maxxie, ¿Por qué no nos cuentas cual de tus regalos de navidad te gustó más? - Preguntó Clary apartando un poco más al niño y dirigiéndole una significativa mirada a Jace y Simon: estaba segura que Alec no se sentiría nada cómodo con tanto público, mucho menos que el niño escuchara sus problemas con Magnus.
- ¿Por supuesto que el mío verdad? - Preguntó el rubio.
- No, ¿Para qué quería una foto tuya? - Cuestiono el pequeño ganándose las risas del vampiro y la riña de Clary hacia Jace. Isabelle se mantuvo al margen, pendiente más de la conversación que mantenían sus padres con su hermano.
- Le dije que se fuera- Susurró. Maryse parecía dispuesta a decir algo, pero Alec no pudo soportarlo más y exclamó - ¡Se acostó con otro! - La mujer abrió la boca sorprendida, intercambiando miradas con Robert.
- Eso… no lo esperábamos – Admitió Robert intentando no parecer demasiado incómodo.
- ¿Estás…estás seguro? – Cuestionó la mujer – A veces podemos malinterpretar las cosas y…
- ¡El me lo dijo! – Exclamó alzando un poco la voz. Jace cargó a Maxxie en sus hombros apartándolo aún más de la conversación mientras Alec empezaba a desahogarse contándole a sus padres todo lo que había ocurrido, todo lo que había hablado con Magnus - Estuvo con otro chico en navidad, y lo intenté, juro por el ángel que intente que habláramos y pensé que quizás podría funcionar, pero… no puedo hacerlo, no puedo solo fingir que algún día, quizás mañana, o en un mes o un año él se dará cuenta que quiere a alguien más y…
- Hijo escucha – lo interrumpió Robert, su voz fue baja como si no quisiera crear discordia con sus palabras – Quizás…Quizás fue solo un resbalón, algo sin importancia – Maryse no lo desmintió, pero su mirada no aprobaba lo que decía – Magnus te ha demostrado todo este tiempo cuanto te ama; cuanto está dispuesto a sacrificar por ti; no tienes por qué tener miedo a darle otra oportunidad.
- No quiero que siga sacrificando nada por mí – Le contradijo. Robert miró a Maryse esperando que esta lo ayudara, pero la mujer negaba con la cabeza como si pudiera ver algo que ellos no.
- No es miedo el problema – Susurró intento explicarle a Robert, tomando la mano de Alec con cariño y comprensión – Amas a Magnus hijo, pero él te engañó – Isabelle que se había mantenido al margen, pero atenta, bufó: no creía que echarle eso en cara fuera lo que su hermano necesitaba – Estás herido, tu orgullo lo está.
- No…
- Créeme, entiendo mejor que nadie lo que sientes – Aseguró. Robert bajó la mirada a pesar de que ella no estaba interesada en acusarlo con sus palabras – Amas a esa persona, quieres confiar en él, pero algo dentro de ti te dice que no lo hagas, que no lo escuches; eso crea un conflicto y empiezan a surgir las excusas.
- ¿Excusas? – Preguntó el chico atento.
- Es lo que estás haciendo – Dijo - ¿Qué merece una relación de verdad? ¿Acaso lo que tu sientes por él no es real?
- Por supuesto que sí.
- Entonces, en nombre de ese amor; permítanse hablar como deben – Le aconsejó – No te digo que debas volver con él, pero escucha todo lo que tenga que decirte.
- Tú y papá no son el mejor ejemplo de que eso funcione – Interrumpió Isabelle no estando de acuerdo. Maryse suspiró.
- Tal vez no, después de todo, nuestra situación fue diferente – Admitió ella mirando a Robert y sonriéndole – Pero no me arrepiento: fue eso lo que nos trajo a Max. – El hombre le sonrió en respuesta. Alec los observó, quizás su madre tenía razón.
-Hijo, es año nuevo, si hay un momento para que dejes atrás todo y te permitas hacer lo que dice tu corazón es este – Dijo su padre retomando las palabras de Maryse – ¿De qué sirve todo ese orgullo cuando te mueres porque Bane este aquí?
-No es tan fácil - Se quejó Isabelle por él. Robert le dirigió una rápida mirada a su hija antes de suspirar en dirección a Alec.
- ¿Qué es lo que quieres Alexander?
Alec no respondió de inmediato: había tratado al brujo mal, estaba dolido y enojado, no lo negaba, pero Magnus estaba tan arrepentido, lo había podido ver en su expresión ¿Realmente le había costado tanto trabajo simplemente dejarlo quedarse esa noche? Hablar con él. Después de todo, el brujo se había acostado con otra persona, sí, ¿pero no se había acostado él con Sebastian hacía ya cinco años? Y Magnus lejos de reclamarle alguna vez, solo le importó él.
- Quiero que Magnus este aquí – Susurró finalmente, como si le avergonzara admitirlo. Isabelle resopló.
- Bien - Dijo sacando su celular – No estoy de acuerdo, pero envíale un mensaje - Dijo encendiendo la cámara frontal del teléfono para que Alec pudiera grabarse, y entregándoselo al chico que la miró confundida - Grábalo, saldré a enviárselo y vuelvo - Aseguró. Alec tomó el teléfono avergonzado, había muchas cosas que quería decirle a Magnus, pero no por teléfono y definitivamente no frente a su familia.
Se giró para darle la espalda a todos ellos; quizás si no los veía podía armarse un poco más de ánimo; no es como si les sirviera de mucho cuando podía verlos a todos en la pantalla del celular como parte del fondo del video.
- Yo...eh...Magnus...porque... ¿por qué no vienes? – Dijo sin atreverse a mirar directamente a la cámara - No que tengas que hacerlo si no quieres – Agregó rápidamente
- Tonterías, mueve tu trasero brujo - Gruñó Jace; había dejado a Maxxie con Simon y se acercó para ser captado por la cámara sonriéndole y guiñando un ojo.
- ¡Rápido que aún queda tarta! - Gritó Maxxie encaramado al cuello de Simon y halándole el cabello. Alec sonrió enfocando al pequeño con la cámara por unos segundos antes de volver a él mismo.
- Yo… lo siento y…- Alec suspiró armándose de valor y mirando directo a la cámara - Espero que vengas y.… pues... hablemos de nuevo… esta vez bien.
Cortó la grabación, entregándole el celular a Isabelle quien se arreglaba el abrigo.
- Ya volvemos - Dijo tomando a Simon del brazo. Maxxie refunfuñó al tener que bajarse del vampiro, pero no tardó en prestar su atención en Clary, era la primera vez que la veía y el niño estaba maravillado con su cabello rojo, preguntándole si esa era su marca de brujo.
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- Dame otro Cosmopolitan - Pidió Magnus. Tal vez había bebido ya bastante, pero no era suficiente, no lo seria hasta que quedara inconsciente y olvidara que estaba en ese club para fin de año y no junto a Alec con el resto de los Lightwoods.
Él había deseado volver a hablar con Alec esperando que los ánimos se hubiesen aplacado un poco; que el chico pudiera intentar entenderlo, perdonarlo; pero se equivocó. El mismo Alec le había pedido que se fuera esa noche ¡Por Lillith si incluso le había restringido visitarlo! ¿Cómo se supone que iba a hacerse de la vista gorda si él mismo se lo había pedido?
Así que no tenia de otra más que ahogar su cabeza en alcohol sentado a la barra del Pandemonium porque ni siquiera se había sentido capaz de fingir que estaba bien y realizar una fiesta en su departamento; ni era lo suficientemente fuerte como para permitirse quedarse solo en casa con Presidente Miau, permitiendo que la culpa lo carcomiera.
Porque había sido su culpa; de eso no tenía duda. Él había llevado al estúpido muchachito del cementerio a su loft, le había dejado entrar y no lo había detenido cuando lo besó.
Se tomó su bebida de un trago cuando sintió una punzada de molestia en su cabeza al intentar llevar sus recuerdos un poco más allá. Pero salvo una molesta migraña, no había nada: solo el sabor dulce y acido a un tiempo en sus labios.
- Dame otro… no, mejor un escocés doble; no me estoy embriagando - Se quejó. El camarero le sirvió el trago a prisa mientras escuchaban el escándalo un poco más allá cuando un par de chicos y una chica se subieron a una de las mesas bailando. Magnus ni siquiera volteó a verlos. - Están muy escandalosos.
- Ha sido así desde el año pasado que las hadas compraron el lugar - Aseguró el barman - A veces traen a sus mascotas mundanas y se arma el jaleo - Dijo señalando con la cabeza el lugar donde el trio bailaba entre ellos.
- Al menos saben armar la fiesta.
- No está mal - Se encogió de hombros. - Y tienen toda clase de comida de hadas; ya sabes cómo vuelven loco esas cosas al resto.
- Esa clase de comidas afecta aún más a los brujo - Dijo dándole un sorbo a su trago - Como todo lo que viene de Edom - El barman se encogió de hombros y comentó:
- Quizás te venga mejor que tantos Cosmopolitan
- Quiero embriagarme; no amanecer desnudo en el Sahara arropado con una mantarraya. - El barman parecía a punto de preguntar qué haría una mantarraya en el Sahara, pero pareció decidir que mejor lo dejaba estar.
Magnus observó el reloj; faltaban unos diez minutos para año nuevo. Su idea inicial era permanecer allí pero realmente no le apetecía. Apuró el trago escuchando más alboroto del lado de las hadas. Volteó a ver, caramelos plateados caían de techo y todos abrían la boca esperando consumir alguno. Vio a una de las chicas criada por hadas; tenía a un par besándole a cada lado del cuello mientras bailaba; mientras más allá podía ver a otro grupo de hadas dándole ciruela de hadas en la boca al otro.
Un minuto; él conocía a ese.
Magnus no tenía duda de que debía irse; no había forma de permanecer en el mismo lugar que Richard y que las cosas terminaran bien; la experiencia se lo decía. Vació su vaso dejando el dinero sobre la barra, el mesero lo tomó de inmediato.
- ¿Ya te vas? Está por empezar el conteo.
- No estoy de ánimos - Dijo sencillamente. Quizás hace seis años se habría quedado, se habría ligado al barman y habrían terminado detrás del mostrador recibiendo un buen año nuevo, pero ahora la idea no se le hacía más que absurda. Él solo quería estar en la ciudad silenciosa tomando a Alec de la mano mientras Maxxie hacia la cuenta regresiva a gritos alegres equivocándose en la mayoría de los números pese a los intentos de Alec todo ese año por enseñárselos.
Magnus se internó entre la multitud. Richard había empezado a gritar emocionado montándose en una de las mesas. Magnus estaba seguro que solo era cuestión de tiempo para que empezara a quitarse la ropa o saltar de un lugar a otro. No por nada las ciruelas de hadas eran de los alucinógenos más temidos por todos.
- ¡Falta un minuto! - Gritó el DJ. Todo el mundo dejó de bailar de inmediato, emocionados.
- ¡59...58!
Magnus maldijo; quería salir de allí pero ahora que la gente se amontonaba en el centro de la pista de baile le era sumamente difícil ir contra la corriente.
- ¡47...46!
Vio a un chico de espaldas a él gritando emocionado, besando a todo el que se le pasara por el frente mientras caminaba entre la multitud; a Magnus le pareció por su ropa que era el otro criado por hadas que intentaba acercarse a Richard,
pero este estaba más cerca de Magnus que del chico.
- ¡35...34!
- ¡Oye! ¿A dónde vas brujo? - Preguntó una vampira emocionada. Sabía por experiencia propia que a veces, cuando se tenía la motivación adecuada se podía tener tanta emoción por un nuevo año aun siendo inmortal. Magnus la ignoró.
- ¡30...29!
- ¿¡Magnus?! - Magnus maldijo, reconocía esa voz - Huyes de mí, brujo manipulador - Pensó en ignorarlo, pero le tomaron del brazo - ¡Bane, no me ignores!
- Richard déjame en paz.
- Claro, te aprovechaste de mí y ni siquiera me saludas.
- ¡Por Lillith eso fue hace más de 6 años! - Dijo apenas viéndolo, podía ver los labios azules con restos de la ciruela de hada y todo lo feliz que se veía pese a estar reclamándole. No pudo evitar pensar en cuanta ciruela le habrían dado.
- ¡15...14!
- ¡Feliz año! ¡Feliz año! - Escuchaba que alguien decía entre la multitud mientras él intentaba soltarse de Richard que se quejaba de sus veinte minutos perdidos por estar con Magnus. Magnus vio que era el chico que andaba besando a todo el que tenía al frente, estaba cada vez más cerca de ellos.
- ¡9...8!
- Déjame en paz odioso remilgado - Dijo exasperado jaloneando.
- ¡5...4...!
Richard lo soltó y Magnus celebró mentalmente mientras se daba media vuelta para irse cuando sintió que lo tomaban de la camisa jalándolo hacia adelante y besándolo.
- ¡1...! ¡FELIZ AÑO! - La multitud estalló en alegría, junto con la música mientras chispas, confetis, burbujas y caramelos de hadas caían del techo.
Y Magnus intentaba sacarse de encima al jovencito besucón abriendo los ojos horrorizado cuando se dio cuenta que, de hecho, no era la primera vez que besaba esos labios ni la primera que sentía ese sabor dulce/acido a un tiempo. Especialmente porque si alguien indeseable iba a besarlo en ese momento habría preferido al molesto de Richard antes que al mocoso por el que su relación con Alec había terminado.
- ¡Ey! - Gruñó Richard al verse ignorado. Magnus se apartó a Well; los labios de él también tenían rastros del color azul: también a él le habían dado ciruelas, muchas a juzgar por su expresión aún más laxa que la de Richard.
- ¿Qué demonios te pasa? - Rugió; estaba furioso con ese chico; y con sigo mismo por permitir que volviera a besarlo.
- ¡Un gatito! - Gritó Well señalando los ojos del brujo, completamente ido; Magnus estaba seguro que no lo reconocía y él mismo comenzaba a sentir la cabeza abotargada. - Amo los gatos - El chico miró al techo, Magnus casi pensó que lo hacía para verse más dramático, pero solo estaba abriendo la boca para atrapar caramelos de hada con la lengua que habían comenzado a caer del techo. - ¡Yo tenía un gato! - Dijo - Me encantan los gatos - Y se lanzó sobre Magnus otra vez.
- ¡Aleja tus instintos zoófilos de mí! - Lo empujó. Forcejeó con el muchacho que seguía queriendo besarle mientras que Richard lo tironeaba del brazo y su mente se sentía cada vez más ofuscada y pesada...
- Fueron veinte preciados minutos...
- ¡Gatitooo! -Decía Well; Magnus no lo soportaba más: movió sus manos dispuestos a apartarlo con el humo azul de su magia. Y lo próximo fue Richard cayendo inconsciente en medio de ambos.
- ¡Mierda! - Exclamó viendo en todas direcciones buscando a alguien que le pudiera ayudar - Ayúdame a sacarlo de aquí, lo van a pisar.
- Mi gato era gruñón...pero no... no recuerdo como se llama - Hablaba totalmente ido. Magnus lo vio sacarse algo del bolsillo y llevárselo a la boca, pero lo ignoró en cambio intentó levantar a Richard. Estaba más pesado de lo que parecía.
- ¡Well! ¡Ey Well! ¡Ayúdame demonios!
- ¡Demonios! ¡Yo iba a cazar demonios! - Saltó. Las luces iluminaban el jugo azul que escurría de sus labios, haciéndolo cambiar de color; Magnus masculló una maldición, dejaría a Richard en alguna de las sillas del lugar antes de que las hadas lo notaran y quisieran pelea; solo que no se atrevía a volver a usar su magia; si lo intentaba levitar nadie le garantizaba que no lo estallara en pedacitos.
- ¡Feliz año! ¡Feliz año! - Vio a Well besando a otras personas a su alrededor que enloquecieron de inmediato. Magnus no tuvo tiempo a desconcertarse cuando vio a un pequeño duende tras la chica que Well acababa de besar, metiéndole la mano en los bolsillos y robando lo que allí tuviera.
¿Eso era? Las hadas hacían que sus mascotas drogaran a los mundanos con ciruela de hada para robarlos sin que estos lo notaran. ¡Oh! Jace amaría saber eso para una misión encubierta al club.
Tropezó con algunas personas mientras arrastraba a Richard fuera de la pista. Estaba pesado, oficialmente Magnus no podía detestarlo más.
- ¡Feliz año! ¡Feliz año! - Escuchaba todavía la voz de Well cerca, gritando por sobre la música y el alboroto, y luego gritos eufóricos de quien suponía acababa de besar con la boca llena de jugo de ciruela de hadas.
- ¿A dónde me llevas? - Escuchó que gritaban para hacerse oír. Richard estaba reaccionando - ¡No me acostare contigo otra vez!
- Ya quisieras - Dijo dejándolo con un empujón finalmente frente a una silla. Eso era suficiente, se largaba. Se dio media vuelta para irse cuando.
- ¡Feliz añooo! - Otra vez el grito de Well y los labios de este, Magnus sintió el sabor acido/dulce aún más concentrado y los sentidos nublársele por completo. Lo empujó apartándolo de si intentando sostenerse de la silla en que había dejado a Richard, las luces se veían más brillantes; intentó mantenerse centrado, no iba a dejar que ese mocoso lo drogara - ¿Eh? ¿No te había visto ya? - Preguntó ido.
Magnus apenas lo miró, las luces del club cambiaban el color de su cara y el brujo rio por lo bajo sentía la cabeza pesada y extrañamente era una sensación familiar, recientemente familiar.
El ruido de la música se hizo grave y lento. Magnus se alarmó: la ciruela estaba teniendo efecto en él; si antes tenía que irse ahora debía desaparecer de allí cuanto antes. Se apresuró en intentarlo, pero sentía los pies tan torpes que era increíble. Pasó junto a Well tropezándolo.
- ¡Gatito! - Exclamó, casi ronroneó este estirando la mano como si quisiera acariciarle tras las orejas. Magnus lo miró justo cuando un rayo de luz azul golpeó sus ojos grises haciéndolos ver del color de los zafiros y el corazón se le detuvo al brujo e igual el cerebro.
- ¿Alec?
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Isabelle y Simon caminaron en silencio; el chico sabía que ella no dejaba de darle vueltas en la cabeza a algo que finalmente exteriorizó unos minutos más tarde.
- No quiero enviárselo, no quiero que Magnus vuelva a lastimar a Alec.
- Isabelle, no es tu decisión - La riñó Simon mientras llegaban a la puerta de la ciudad silenciosa que daba al cementerio de New York.
- Lo sé - Admitió - Supongo que necesitaba que me lo recordaras.
- Escucha, no digo que lo que Magnus hizo este bien; pero yo vi al chico, es completamente parecido a Alec. No estoy justificando a Magnus, solo digo que no lo hizo porque no quiera a Alec, tal vez solo lo extraña.
Isabelle suspiró saliendo finalmente al cementerio. La chica sacó su celular esperando que este recuperara la señal.
- Si alguna vez me engañas porque me extrañas, te castro, Simon Lewis - Le advirtió. Simon sonrió robándole un rápido beso antes de que siguiera con sus amenazas infundadas, cuando se separaron la chica sonreía. - Bien, le enviare el video a Magnus.
Y así lo hizo. Isabelle esperó por unos minutos para obtener una respuesta, pero nada. Se extrañó, no creía que Magnus fuese a hacerse el de rogar en ese momento.
- ¿Crees que se haya quedado dormido? - Preguntó con duda. Simon se encogió de hombros y la chica marcó al celular del brujo. Escuchó el tono de repique una y otra vez hasta que cayó en contestadora. Colgó y volvió a intentarlo. ¿Quién se creía ese brujo para quedarse dormido y no contestar cuando su hermano estaba pidiendo que fuera a verlo?
Marcó una quinta vez, y otra. Simon sintió un escalofrío cuando una brisa fría pasó barriendo el cementerio; aun después de tantos años no se acostumbraba a esas cosas.
- Creo que mejor volvemos; no creo que conteste ya - Dijo con duda, a lo lejos podía verse aun algunos fuegos artificiales que estallaban sobre el cielo de la ciudad.
Isabelle parecía dispuesta a replicar, pero finalmente solo asintió; no había más que pudiera hacer. Sin embargo, no hubo colgado la llamada cuando respondieron. La chica se llevó el celular al oído esperando el tan conocido "¿Quién osa a despertar al gran brujo?" pero lo que obtuvo fue muy diferente
- ¡Wuoola wuooola! - Le respondieron con un grito pegajoso; se podía escuchar una gran cantidad de bulla alrededor con una música estruendosa.
- ¿Magnus? - Preguntó ella con duda; mirando el teléfono para asegurar haber llamado al brujo y poniendo el teléfono en alta voz para que Simon escuchara también.
- ¿Magnus? - Le contestó la voz gritona. - ¿Ustedes se llaman Magnus? - Gritó entre risitas
- El magnífico...- Esa era la voz del brujo que se escuchaba un poco lejana.
- Gatito, gatito - Llamó una tercera voz.
- Miaaau prrrrrr - Isabelle y Simon de miraron ¿Magnus estaba ronroneando?
- ¡Magnus Bane! - Gritó Isabelle pero no le prestaron atención; escuchaba el sonido de la música, risas y otros un poco más extraños; parecía que quien tenía el celular se besaba aun con el teléfono cerca; podía oír respiraciones agitadas, un sonido húmedo y gritos eufóricos; escuchó gemidos y la voz cortada de Bane intentando decir algo sobre una mantarraya. Los ojos de la chica refulgían en rabia mientras gritaba el nombre de Magnus intentando ser escuchada al otro lado de la línea.
- ¡BANE!
- Isabelle, ya, no va a contestar - La detuvo Simon quitándole el teléfono y colgando la llamada; la chica se sentía como un volcán a punto de estallar; ¿Cómo era posible que estuviera de fiesta con algunos tipos; o en medio de alguna orgia masiva cuando su hermano se sentía tan mal por haberlo corrido?
Volvió a marcar; pero nadie contestó. Isabelle resopló cuando cayó en buzón de voz; dejándole un corto y contundente mensaje para después mirar a Simon. Estaba enojada, furiosa, pero también preocupada.
- ¿Y ahora que le digo a Alec?
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Le dolía la cabeza; la sentía completamente pesada al igual que el resto de su cuerpo junto con un sabor amargo en la lengua; era preocupantemente alarmante lo familiar que se estaba volviendo esa sensación. Quiso girarse en la cama, pero un peso en su brazo se lo impidió. Se desconcertó: ahora que lo pensaba no era el único punto en que sentía un peso.
Magnus maldijo reconociendo la sensación y con miedo abrió los ojos lentamente. El lugar no estaba muy iluminado, pero la poca claridad que entraba lastimaba sus pupilas tanto que prácticamente sentía cuando estas se contraían dolorosamente.
- ¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda! - Masculló viendo como la cabellera negra sobre su pecho desnudo se removía cómodamente- ¡Jodida mierda! - Gruñó al desviar la mirada y conseguirse con el apacible y dormido rostro de Richard quien tenía rastros de ciruela de hada en sus labios y pecho desnudo.
Magnus no lo pensó; se sacó a Well de encima sin preocuparse en despertarlo o no; en cualquier caso, el chico debía estar lo suficientemente drogado todavía como para no despertar en todo el día. Se incorporó de la cama y rápidamente se arrepintió: todo a su alrededor le daba vueltas a una velocidad vertiginosa. Se apresuró hacía la ventana no llegando a ella, en cambio se dejó caer de rodillas junto a la papelera tomándola al no poder aguantar más las náuseas y dejando en medio de unas arcadas, todo el contenido de su estómago.
Magnus quiso incorporarse, pero no pudo; una nueva arcada le sobrevino: no quería ni saber todo lo que se habría metido la noche anterior para terminar así, aunque por el color azul de su vómito, sabía que la Ciruela de Hadas no había escaseado. No se incorporó de inmediato cuando el vómito cesó, el sabor agrio de este había hecho desaparecer el dulce/acido en sus labios.
Se restregó el rostro y removió el cabello notando luego la mancha plateada en sus dedos; la llevó a su nariz oliéndolo: justo lo que le faltaba, caramelo de hadas. Respiró profundo asegurando que su estómago estuviese bien asentado antes de incorporarse con lentitud, notando sus pantalones abiertos, intentó abotonárselos, pero sus dedos temblorosos no se lo permitieron por lo que desistió ¿Y dónde demonios estaba su camisa? Ahora que se fijaba, no reconocía el lugar, pero parecía una habitación de hotel, o quizás del mismo Pandemonium. Y en la cama, enredados entre las sabanas, Well y Richard seguían durmiendo.
¡Por Lillith! ¿Qué había hecho?
Su mente dolía al intentar forzarla. Recordaba haberse querido ir, recordaba a Richard molestando y él dejándolo inconsciente, recordaba al chico drogando personas con ciruela de hada para que los duendes les robaran sus pertenencias; recordaba el sabor dulce/acido de sus labios...Well lo había besado, y él había visto a Alec, y luego lo había besado de vuelta… y a partir de ahí todo era un confuso mar de luces brillantes, ruidos distorsionados y una inusitada sensación de alegría y sentir que volaba como un globo aerostático.
¿Así que en qué momento terminó en una cama con esos dos?
Genial, sencillamente genial, así que la noche anterior solo se había metido un vaso de whiskey, un par de Cosmopolitan, unas ciruelas y caramelos de hadas y a un par de chicos insoportables. Observó la ventana de la habitación ¿Estaría lo suficientemente alto como para acabar con sus desgracias de una vez por todas?
Se restregó el pecho tenía jugo de ciruela en él volviéndolo pegajoso. Magnus maldijo aún más fuerte. Tenía que irse de allí cuanto antes. Chasqueó sus dedos para invocar su camisa y lo consiguió a la primera sin estallar nada. Había perdido un par de anillos, pero sus brazaletes seguían en su muñeca. La camisa estaba manchada de color azul mas no le importó y se la colocó, encontrando su celular en el bolsillo de esta.
Se detuvo de golpe en su intento por buscar sus zapatos, palideciendo cual fantasma al ver la pantalla de su celular: 20 llamadas pérdidas de Isabelle, un video mensaje y una nota de voz; no podía haber pasado algo malo con Alec ¿O sí? pensó en ignorar el video: lo último que quería era ver la cara de Isabelle quejándose o insultándole, sin embargo marcó mal en la pantalla abriendo el video y deteniéndose pasmado al ver que, de hecho era Alec quien hablaba intentando no observar la cámara.
- Yo...eh...Magnus...porque... ¿por qué no vienes?... No que tengas que hacerlo si no quieres.
El brujo sintió el aire írsele de los pulmones ¿Alec quería verlo? Vio a Jace decir algo y a la pequeña morita gritar desde el pasillo mientras le halaba el cabello a Shima; pero a él solo le importó que Alec volviera la cámara a él y continuara esta vez mirándolo directamente.
- Yo… lo siento y…- Suspiró armándose de valor - Espero que vengas y… pues... hablemos de nuevo… esta vez bien.
El video se detuvo permitiéndole observar los azules ojos de su Nefilim puestos directamente en él; no sabía que pensar: Alec le había terminado tan solo hacía unas horas, y ahora le pedía que fuese otra vez. ¿Significaba que iba a darle otra oportunidad?
Un quejido bajo lo hizo sobresaltar; Magnus alzó la mirada, había sido Well que se había girado en la cama. Sintió el estómago revolvérsele: mientras su Nefilim estúpido grababa ese video pidiéndole que volviera, él hacía sabrá Lilith que con esas dos mascotas de las hadas ¡Por todos los cielos! Había demostrado que el único estúpido allí era él mismo.
Soltó el teléfono palideciendo: no podría volver a darle la cara a Alec, ni siquiera sentía que pudiera verse a sí mismo al espejo.
Pensó en marcar a Tessa; no había querido llamarla para no arruinar con sus problemas las fiestas navideñas y lo que sea que estuviese buscando junto a Jem por el mundo; pero no lo soportaba más ¿Cómo podría pedirle a Alec que lo pensara, que lo perdonara cuando no pasó ni una semana antes de repetirlo? Y aun peor, agregando a Richard a la ecuación. ¡Por Lillith! ¡Richard! Debió estar como una cuba para que algo así sucediera.
Se apresuró en tomar sus zapatos de debajo de la cama y calzándoselos sin cuidado, tenía que salir de ahí cuanto antes, antes de que su cerebro procesara todo el significado de esa situación.
Recogió su celular, sin embargo no salió de inmediato; algo llamó su atención: la espalda del chico, Well, estaba marcada por fuertes heridas en carne viva, algunas empezaban a formársele apenas las costras; como si le hubieran golpeado con un látigo hasta que no hubiera piel que marcar; estuvo por estirar la mano en su dirección pero se detuvo negando con la cabeza antes de empezar a sentir pena por él, tenía que irse de allí cuanto antes y eso fue lo que hizo, salió de la habitación como si intentara escapar del infierno; y a su parecer no estaba muy apartado de eso.
En efecto estaba en el Pandemonium, en uno de los pisos superiores; y no fue sino hasta haber bajado un par de pisos que rezagó el paso manoseando su celular. Suponía que debía llamar a Isabelle, darle una excusa de porque no había acudido con Alexander ¿Pero qué iba a decirle? No podía mentirle porque no podía mentirle a Alec. Marcó la nota de voz para escucharla mientras se giraba a una de las ventanas del pasillo para ver al exterior, solo quería hacer algo mientras pensaba; y no pudo evitar una exclamación de sorpresa al ver que de hecho estaba ya anocheciendo; o quizás fuese el mensaje de Isabelle lo que le aterró.
"Estas muerto Bane; aléjate de mi hermano" no necesitó nada más, estaba claro que de alguna manera Isabelle lo sabía.
_OO_OO_OO_
Mi parabatai quiere matarme debido a este capitulo u.u por favor no sigan sus malos ejemplos xD Y solo quiero que conste que esta vez Well no buscó intencionalmente a Magnus .-.
Es interesante ese asunto de la cueva ¿no creen? ¿Que será?
Todo el asunto de Alec en este cap estuvo muy triste… menos mal tiene a su familia y a la dulce morita ahí n.n
El próximo capitulo se llama El Enviado de la Reina Seelie; las hadas están listas para negociar con los nefilims, Magnus descubre al fin que está molestando su magia y ya verán cierto objeto que Alec guarda ;)
Nos leemos pronto
Besos :3
