¡Hola, muchachos! Espero que la esté pasando bien.

Kaiser: no se podía esperar menos de Arbok, ¿no? Se supone que esta experiencia les va a abrir los ojos sobre ciertas cosas.

No, no odio a Misty, pero era una chica insoportable en la primera temporada.

Tommiboy: No todos los miembros del Equipo Rocket son como Jessie y James, hay gente mucho peor dentro de esa organización. Siento que te gustará este capítulo (espero).

Alen: Arbok hizo lo mejor para todos, aunque eso significara traumar a los bobos. Ya en otro momento explicaré lo de que fueron comidos por pokemón y eso. No ahora, pero después lo haré.

DanyNeko: Bienvenida a esta humilde historia. Me alegra que te haya gustado, pero no soy una persona talentosa ni mucho menos. Sólo alguien que escribe en su tiempo libre. Espero que lo disfutes.

Este capítulo es un poquito largo, así que leanlo con calma.

Capítulo treinta y dos

Psyduck

No se hablaron por el resto del día.

Jessie, James y Meowth querían actuar como si nada hubiera pasado, pero era difícil cuando todos les respondían con monosílabos.

James y Meowth fueron los encargados de hacer la comida esta vez: una abundante ensalada con todo tipo de verduras. Los bobos apenas pudieron comer y terminó sobrando comida, para odio de Jessie. Terminó sacando a Lickitung para que comiera todo lo que había quedado.

Cuando se hizo de noche, Jessie hizo lo de costumbre: sacar a Arbok para hacer sentir segura a Lunita. Misty dio un salto hacia atrás, Ash se puso rígido y Brock prefirió evitar verlo. Jessie vio sus reacciones, pero hizo como si no lo hubiera notado. Se acercó a Arbok y acarició su cabeza.

—Ven aquí —le dijo, sonriendo con tristeza. Arbok se refregó contra su mano y luego bajo la cabeza para apoyarse en el vientre de Jessie—. ¿Sabes? Es una nena lo que hay dentro de mí.

Arbok levantó la mirada, asombrado.

—¿Chabok? ¡Chabok, chabok, chabok! —dijo, mientras se erguía y lamía el rostro de Jessie, emocionado.

—Dice que será una hembra hermosa, igual que tú —tradujo Meowth.

Jessie le acarició en la barbilla.

—Lo sé. Y sé que cuidaras de mi hija cuando nazca, ¿verdad? Cuídala como me cuidarías a mi.

Arbok asintió, como quien acepta una misión importante.

—Confío en ti. Ahora ve a comerte esos Zubat malos.

Arbok se dio vuelta y se escondió en los arbustos. Lunita, desde el suelo, maullaba feliz porque alguien se ocuparía de los aterradores Zubat.

Llegó la hora de dormir. Jessie y James se acostaron en su bolsa de dormir de dos plazas, y el resto durmió cada uno en la suya, cerca de la fogata. Nina y Lunita dormían juntas en su canasta, como si fueran hermanas. Meowth dormía cerca de ellas, en su propia bolsa de dormir.

James no dormía. Cerraba los ojos y veía a Butch (al fin había recordado su nombre) avanzando hacía él, pidiéndole ayuda. Eso le revolvía la mente por momentos, pero luego recordaba que ese tipo le había apuntado a Jessie con un arma. A su Jessie. A la mujer de su vida, la cual esperaba un hermoso bebé en su vientre. Un bebé el cual se habían enterado que sería una niña ese mismo día. Cassidy la había amenazado con hacerle perder al bebé. El remordimiento comenzó a desaparecer y sintió una extraña rabia mezclada con satisfacción. James era un ser pacífico, pero no permitiría que nadie se metiera con su familia otra vez como había sucedido ayer. Al igual que Arbok, sería capaz de pelear hasta morir por ellos.

James se giró y vio que Ash estaba despierto, sentado sobre su bolsa de dormir. Bajo la luz de la fogata, se lo veía abatido. James ya no soportaba verlo así. Era un niño de diez años, al fin y al cabo y no sabía del peor lado de la humanidad.

Se levantó con dificultad y caminó hacia él, con pasos lentos, para no despertar a nadie, hasta ponerse de cuclillas frente a él. Pikachu estaba dormido en una punta de la bolsa de dormir.

—Ash —lo llamó en voz baja.

El chico levantó la cabeza. No le sorprendió ver que había estado llorando. Al no tener una respuesta verbal, continuó.

—Es normal que te sientas mal. Pero no tienes por qué guardarte todo esto en tu interior y menos que esto arruine el resto de tu viaje. No es tu culpa. No fue culpa de nadie, excepto la de ellos mismos.

Ash se mordió el labio. James no lo soportó y lo abrazó. Sintió como se ponía rígido, pero luego se relajó. Incluso le devolvió el abrazo, clavándole los dedos en la espalda, mientras se forzaba a que su llanto no se notara.

—Está bien, está bien… —James también lo apretó fuerte contra su pecho.

—Tengo miedo —respondió, entre gemidos apagados.

James le acarició los cabellos oscuros.

—¿Quieres traer tu bolsa de dormir al lado de la nuestra? Así no te sientes tan solo —le ofreció James—. Y trae a tu Pikachu, antes de que se preocupe.

Ash se separó de él y lo miró, secándose las lágrimas.

—N-no no quiero… molestarlos…

—No nos van a molestar —la voz de Jessie los sobresaltó. Ella estaba sentada en la bolsa de dormir—. Y Misty, te he visto temblar, así que sé que estás llorando tú también. Toma tu bolsa de dormir y ven al lado mío.

James se giró hacia donde estaba Misty. Ella ya se estaba sentando y frotando los ojos, mientras se sorbía la nariz. Brock también se estaba levantando, pero era difícil adivinar lo que sentía.

Sin mediar palabra, se reacomodaron. Ash se puso del lado de James y Misty del de Jessie. Brock se puso en vertical sobre las cabezas de todos intentando no estar demasiado pegado a ellos.

—Yo… yo no pude hacer nada —murmuró Ash.

Jessie se giró hacia él.

—Niño, eso fue lo más sensato: ¿Acaso querías que tu Pikachu recibiera un balazo? Creí que habrías aprendido algo de la Oficial Jenny.

—Si, pero…

—Arbok es otra cosa. Él sí sabe como enfrentarse a alguien con un arma. Hizo lo que hizo porque esa es su naturaleza: matar para defender a los suyos si corren peligro de muerte.

Ash se quedó en silencio, probablemente pensando en lo que Jessie había dicho.

—Si… si yo no hubiera insistido tanto… con poner a Psyduck ahí… —gimoteó Misty.

Jessie le acarició el pelo de manera maternal, algo que James sabía que ella jamás había hecho. Si, el embarazo la estaba afectando, sin duda.

—No tenías forma de saberlo —le dijo—. Aquí nadie tiene la culpa, solo fueron un montón de cosas que pasaron para que terminara así. ¿Entiendes?

—Si —respondió de manera casi inaudible.

—Y escuchen una cosa: no deben tenerle miedo a Arbok. Él no les haría daño. Es un pokemón bastante dócil y cariñoso, aunque no lo parezca.

Nadie respondió. Jessie veía a Arbok como si fuera la cosa más adorable y abrazable del mundo, como si fuera un peluche de Eevee. Sobre gustos…

Esa noche durmieron todos abrazados, esperando encontrar en sus ex enemigos algo que les faltaba desde hacía mucho tiempo: el abrazo de un adulto que les dijera que todo estaría mejor mañana.

Tal vez, pensó James antes de quedarse dormido con Ash acurrucado en su pecho, tal vez los niños no están preparados para salir todavía.


Durante los tres días que duró el viaje, durmieron juntos, abrazándose como si fueran una familia real. A Ash y a Misty les hacía bien dormir así y podían conciliar el sueño, aunque hubo alguna que otra pesadilla que los descolocaba de su sueño.

James decidió que seguir con la rutina era lo mejor que podían hacer. Levantarse, preparar el desayuno, fijarse de que no hubiera escasez de algo esencial, caminar mientras conversaban de cualquier idiotez… todo eso serviría para atenuar la mala experiencia.

Al segundo dia de viajar, James decidió seguir entrenando con sus pokemón. Hizo que Nina peleara contra Metapod, así su Pikachu practicaba ataques como Arañazo y Ataque Rápido, mientras Metapod se fortalecía cada vez más para aguantar los ataques. Aunque sabía que no tardaría mucho, se sorprendió de que evolucionara a Butterfree en ese pequeño entrenamiento que tuvieron.

—¡Free! —decía, mientras revoloteaba alrededor de su cabeza, feliz de haber evolucionado.

Cuando llegaron a Ciudad Naranja, Ash, Misty y Brock se veían más relajados. James sonrió para sus adentros, pensando que unas pocas semanas bastaría para que todo estuviera como antes. Ojalá tuviera razón.


James estaba organizando las cosas que iban a comprar, cuando Misty lanzó un pequeño gritito y señaló un puesto callejero de raspados.

—¡Helado! —exclamó, con los ojitos brillantes. James sonrió: parecía que poco a poco todo volvía a la normalidad—. Ustedes adelántense, yo los espero en la plaza.

James iba a protestar, cuando Jessie le puso la mano en el hombro.

—Es la primera vez que se anima por algo desde que salimos de la otra ciudad. Déjala que disfrute su helado sola, tal vez lo necesite más de lo que crees.

James miró a Jessie y la besó en la mejilla.

—Siempre tienes razón.

—Lo sé.

James y compañía entraron a la Poketienda a comprar suministros mientras que Misty se dirigía a comprar helados. Tal vez cuando salieran comprarían para ellos.


Misty compró un raspado de naranja y se sentó en uno de los bancos de piedra de la plaza. Por primera vez en meses, estaba sola, aunque sea por un rato.

Lo que había visto no podía quitárselo de su cabeza. Era imposible no pensar en Arbok atacando a esos dos tipos, aunque fueran delincuentes. Misty siempre había creido que los villanos se merecían un castigo. Incluso se había descubierto a si misma deseándoles la muerte a Jessie, James y Meowth durante el inicio de su viaje con Ash. Pero Jessie y James ahora estaban redimiéndose y esperando un hijo. Meowth había adoptado a una pequeña de su especie a la que amaba con su vida. Tal vez esos ladrones pudieron haberse redimido como lo habían hecho ellos…

Un rayo rojo salió de su mochila y Psyduck se materializó a sus pies. Misty lanzó un gruñido. ¿Es que acaso no se podía comportar como un pokemón normal por el amor de Dios?

—¿Psy? —el pokemón acuático se agarró la cabeza con ambas manos y la miró con esa expresión vacía. Dios, sentía que le transmitía a jaqueca a ella.

—¿Se puede saber por qué demonios siempre te sales de tu pokebola cuando se te da la gana? ¡Me da jaqueca con sólo verte! ¡Pokemón inútil! —estalló Misty, ya revolviendo en su vieja mochila roja para sacar su pokebola, ¿Cómo demonios se terminaba escapando?

—Es un lindo Psyduck…

Misty se dio vuelta para ver quien había dicho algo tan idiota. Era un tipo de unos treinta y cinco o cuarenta años, alto y delgado, de cabello castaño y revuelto, vestido con unos jeans, playera blanca y un chaleco negro.

—Tal vez te parezca lindo, pero no sirve para nada. Ni siquiera sabe nadar —le replicó ella.

El tipo sonrió.

—Podría ser un buen pokemón, pero habría que dedicarle mucho tiempo. Pero no todos tenemos la paciencia, ¿no te parece?

Misty lo miró fijo, pensando a donde quería llegar.

—Con unos tónicos naturales, tu Psyduck podría aumentar su experiencia de batalla y ser más fuerte. Incluso podría evolucionar.

Misty entrecerró los ojos, desconfiada.

—Ya me lo imaginaba: eres uno de esos vendedores pesados —gruñó.

El tipo levantó las manos, en señal de defensa.

—¡Oye, no te estoy obligando a comprar nada! Tú tienes un Psyduck, pero no tienes el tiempo o la paciencia para entrenarlo. Yo sólo te ofrezco una alternativa. Puedes hacer que tu pokemón sea útil para algo o tenerlo de lastre el resto de tu vida ocupando espacio.

El tipo se giró sobre sus talones y comenzó a marcharse. Misty miró a su Psyduck, con sus ojos muertos y su cuerpo rechoncho. No, no llegaría a ningún lado con su Psyduck si no se apuraba a hacer algo.

Se levantó del banco como un resorte.

—¡Oiga! ¡No se vaya!

El tipo se detuvo y se dio media vuelta para verla.

—¿Si?

—Hableme más de ese tónico.


James salió de la poketienda con los demás y se dirigieron a la plaza a buscar a Misty. Le sorprendió un poco ver a Psyduck con ella.

—¿Estaba rico el raspado? —le preguntó.

—Delicioso —Misty se paró y se dirigió hacia Ash, con fuego en su mirada—. Ash, tengamos una batalla.

Ash parpadeó, sorprendido.

—¿Ahora?

—Si, ahora —Misty mostró una sonrisa ancha, llena de confianza y determinación.

—La última vez que peleamos te hice polvo, no me interesa —le respondió Ash, con soberbia.

—Si, claro, señor "me creo un Maestro Pokemon, pero gano por lástima más de la mitad de las medallas". Pelear de verdad no te va a hacer daño.

Esas palabras hirieron a Ash.

—¿Sabes qué? ¡Pues peleemos!

Se fueron a una parte más despejada de la plaza, para pelear sin molestar a nadie. Jessie, James, y Meowth se sentaron en unos bancos de cemento en la plaza para ver la batalla. Brock haría de referi.

—Cada uno elegirá un pokemón. La batalla final será sin límite de tiempo. ¡Comiencen!

—¡Ve, Pikachu!

El Pikachu de Ash avanzó unos pasos, ya en pose de pelea.

—¡Ve, Psyduck!

Para sorpresa de todos, el pokemón de agua se adelantó unos pasos. Se lo veía perdido, como siempre.

—¿Psyduck? —Ash estaba tan confundido como el resto—. ¿Estás segura?

—Muy segura.

Ash se encogió de hombros.

—¡Pikachu, Placaje!

—¡Psyduck, Confusión!

Pikachu se paralizó cuando estaba a apenas un metro de Psyduck. Lo levantó unos centímetros por el aire y lo arrojó a los pies de Ash.

—¿Qué? —Ash no daba crédito a lo que veía. Sí, Psyduck sabía ataques psíquicos, pero nunca lo había hecho de manera consciente.

Misty lanzó una risotada.

—¿Quién va a hacer polvo a quien ahora? —se burló Misty.

Ash apretó los dientes con furia.

—¡Ahora verás! ¡Impactrueno!

—¡Confusión otra vez!

Una vez más, como si fueran manos invisibles, Pikachu fue arrojado por el aire. Esta vez lo tiró contra Ash, dándole en el estómago. Psyduck entrecerró los ojos y se llevó las manos a la cabeza, como si tuviera una jaqueca más fuerte de lo normal.

James se mordió el labio. Era imposible que Psyduck estuviera siendo tan fuerte y poderoso…

A menos que… No, no podría ser tan estúpida como para caer en eso.

¿O sí?

James se levantó del banco.

—¡Detente, Misty!

Misty lo miró, con una media sonrisa

—¿Estás loco? ¡Estoy ganando!

Pikachu volvió a la batalla. Estaba entre confundido y furioso. Un fiel calco de las emociones de su entrenador.

—¡Ataque rápido!

—¡Confusión!

Psyduck logró frenar a Pikachu, a pesar de la velocidad del pokemón eléctrico. Lo levantó unos centímetros, pero súbitamente lo dejó caer.

—¿Qué pasa? —preguntó Misty.

Psyduck se agarró la cabeza con ambas manos como si quisiera aplastarse el cráneo. Se sentó en el suelo y lanzó un alarido de dolor tan fuerte que parecía como si lo estuviera gritando a través un megáfono.

James corrió hacia Psyduck, aún a riesgo de que tirara un ataque psíquico por accidente y lo alzó en brazos como pudo.

—¡Vayamos al Centro Pokemón! —les dijo a los demás y, sin esperar la contestación de nadie, salió corriendo con el pokemón en los brazos, aún gritando.


James no era una persona de enojarse. Le gustaba la paz y la tranquilidad y llevarse bien con todo el mundo. Pero Misty era una excepción.

—¿Le compraste un tónico a un tipo que estaba caminando por ahí? —la única razón por la que no gritaba era por estar en un Centro Pokemón; de lo contrario se le habría irritado la garganta de los gritos que le hubiera dado.

Misty, sentada en una de las sillas de espera, ni siquiera se atrevía a mirarlo a los ojos. Su mirada estaba fija en sus rodillas, mientras se retorcía las manos.

—Fue muy convincente… —le respondió, en un hilo de voz.

—Lo que le diste a Psyduck fue seguramente una droga para aumentarle el ataque psíquico, pero lo que nunca te cuentan son los efectos adversos que tiene esa porquería. ¿En qué pensabas cuando confiaste en un tipo para darle esa cosa? ¡Pudo haberle hecho estallar el cerebro como si fuera una piñata!

Misty se encogía con cada palabra que James decía. Y no le importaba. Que sufriera. Psyduck podría estar muerto en una camilla en esos instantes y todo porque su estúpida entrenadora quería tomar el camino fácil.

La puerta de Emergencias se abrió y la enfermera Joy salió. Se dirigió directamente a James, con la ira contenida en su rostro.

—Usted, sígame.

Sin entender nada, James siguió a la enfermera Joy por la puerta por donde ella había salido y caminaron unos pocos metros hasta entrar a una oficina.

Era un lugar bastante pequeño, apenas con una pequeña ventana. Había un escritorio lleno de papeles, una computadora, archiveros y dos sillas, además de un par de diplomas colgados de la pared y una especie de pizarra blanca.

La enfermera Joy sacó una radiografía de un sobre y la pegó sobre la pizarra. James miró esa cosa sin entender nada. La medicina y la biología no eran precisamente su fuerte. Jessie era la que sabía esas cosas, no él.

—¿Sabe que es esto?

James tragó saliva.

—¿Una radiografía?

La enfermera respiró hondo. Parecía que estaba a punto de lanzar fuego como un Charizard.

—Esto que ve acá es un aneurisma. Lo que le dio a su Psyduck le provocó esto. Casi se muere. ¿Cómo pudo ser tan irresponsable?

James parpadeó varias veces antes de responder.

—¿Mi Psyduck?

Joy entrecerró los ojos.

—Fue usted el que trajo al Psyduck en brazos y dijo que había consumido algo.

—Si, si, fui yo, pero yo no soy el entrenador. Misty sí lo es. Es la chica pelirroja con el Togepi.

Joy suspiró.

—Lo siento. Creí que era usted.

James sonrió con tristeza.

—No se disculpe. Iré a llamarla —Iba a marcharse, pero se detuvo a medio camino—. ¿Ya se puede ver a Psyduck?

—Si. Habitación ocho.

James salió de la oficina e hizo todo el recorrido de vuelta hacia la recepción. Se acercó a Misty, quien estaba siendo consolada por Brock.

—Misty, la enfermera Joy te está llamando —le dijo.

Misty levantó la cabeza y se secó las lágrimas con el dorso de la mano.

—Está en la tercera puerta a la izquierda. ¿Quieres que te acompañe?

Misty negó con la cabeza. Era obvio que no quería hablar para que no se le quebrara la voz. Arrastrando los pies y abrazando con fuerza a su Togepi, caminó hasta desaparecer por la puerta. James se secó la transpiración de la frente con el dorso de la mano. Se sentía increíblemente viejo, como si de golpe algún dios malévolo le hubiese cargada cincuenta años encima.

—¿Cómo está Psyduck? —preguntó Ash.

—Se está recuperando, pero lo que le pasó lo pudo haber matado —dijo James. No iba a contarle lo que en realidad tenía, porque no sabía mucho de eso y no quería darle al chico información errónea. Ni siquiera estaba seguro de lo que era un aneurisma exactamente —. Iré a ver a Psyduck. Ustedes vayan a descansar a la habitación.

James volvió a ingresar por la puerta grande y giró por el pasillo a la derecha, mirando los números hasta llegar al que tenía el número seis. Abrió la puerta con cuidado.

Psyduck estaba acostado en la cama, profundamente dormido. Tenía la cabeza vendada y un sistema de goteo intravenoso en el brazo. James se sentó en una silla que estaba al lado y se acomodó.

—Duerme bien, patito —le susurró. Y cayó dormido.


James se despertó porque sintió unos sonidos en el lado derecho. ¿Alguien estaba hablando? Luego se hizo más nítido. No, no era alguien hablando.

—¿Psy? ¿Psy?

James abrió los ojos y se enderezó, crujiendo las vértebras de su espalda por la mala posición y miró hacia la cama. Psyduck se había despertado y se lo veía confundido y asustado.

—Cálmate, calmate. Soy yo, James.

Psyduck lo miró a los ojos y poco a poco su agitación se calmó, aunque miraba por encima del hombro de James y con todo el aspecto de querer preguntarle algo. Dios, necesitaba a Meowth.

—¿Estás buscando a Misty? —se arriesgó James.

El pokemón de agua asintió. James se mordió el labio. No tenía ni puta idea donde estaba ahora. Miró el reloj en su muñeca. Habían pasado como tres horas desde que se había dormido.

—No sé donde está Misty, pero seguro vendrá pronto.

Por primera vez, vio una expresión distinta en los ojos de Psyduck. Tenía los ojos entrecerrados, como si estuviera enojado. También notó algo extraño: ya no se estaba agarrando la cabeza. ¿El goteo intravenoso tenía algo que ver?

—Iré a buscar a Joy y le diré que ya despertaste, ¿sí? No te muevas.

James salió de la habitación y fue a buscar a Joy a la recepción. No estaba. Fue hasta la oficina y golpeó la puerta.

—¿Enfermera Joy? Soy James.

—Pasa.

James abrió la puerta y se sorprendió al ver a la oficial Jenny allí, junto con Joy.

—¿Qué necesita?

—Psyduck… ya está despierto.

Joy se levantó de la silla y fue hacia James.

—Muchas gracias, ya mismo iré a revisarlo.

James se corrió para un costado para que la enfermera pudiera pasar. Cuando la vio alejarse, se le ocurrió una idea.

—¡Enfermera Joy!

Ella se dio vuelta.

—¿Si?

—No sé si se dio cuenta, pero tengo un Meowth parlante conmigo. Tal vez la pueda ayudar con el diagnóstico.

Joy asintió.

—Lo oí hablar y me sorprendió mucho, pero estuve muy ocupada con Psyduck como para pensar en ello —sonrió—. Si, me sería muy útil.

—Lo iré a buscar.

James se dirigió a otro pasillo, donde estaban los cuartos de los entrenadores. No sabía en cual estaban, pero basto con abrir un par de puertas hasta encontrarlos.

Jessie estaba en cama, descansando. Ash estaba sentado en el marco de la ventana con Pikachu en brazos. Brock estaba dándole de comer una baya a Togepi. Lunita y Nina estaban dormidas juntas, mientras Meowth las observaba como si fuera el mejor paisaje del mundo. Misty no estaba por ningún lado.

—Meowth, ¿estás ocupado?

El felino se giró hacia él.

—No, ¿Qué sucede?

—Psyduck está en la habitación seis. ¿Puedes ayudar a Joy para traducirle lo que diga él? Le vas a simplificar el trabajo.

—Está bien, iré.

Meowth se bajó de la cama y caminó con pasos lentos.

—¿Sabes donde está Misty?

—Afuera. No está bien.

—¿Qué le pasó?

Meowth lo miró.

—Joy llamó a la oficial Jenny. Le hizo ver… tú sabes… La película.

James se apretó el puente de la nariz con una mano por un segundo antes de salir a buscarla. Él sabía perfectamente de esa película, porque ya la había visto durante su entrenamiento en el Equipo Rocket, sobre las drogas ilegales que vendían algunos inescrupulosos. Muchos de los pokemón que habían aparecido en el video los había reprimido de su memoria, pero recordaba algunos: El Squirtle al cual se le habían hinchado tanto los músculos que había terminado rajando su caparazón; el Pikachu con las mejillas achicharradas por el exceso de electricidad; el Charmander que se había incinerado de adentro para afuera… Todo eso mostrado en primer plano para romperte la psiquis y asegurarse de no volver a comprar nada fuera de la Poketienda en lo que te quedara de vida. Con Jessie y él había funcionado, pero eran adultos. No estaba seguro si una niña como ella lo soportaría.

La encontró en la parte de atrás del Centro Pokemón, sentada bajo un árbol, con las rodillas recogidas hasta el mentón, abrazándose las piernas y ocultando la cara en ellas. James se acercó y se puso de cuclillas para hablar con ella.

—¿Misty?

La chica tembló un poco al escuchar su nombre.

—Misty, Psyduck ya despertó y se lo ve muy bien. Ahora Joy lo está revisando, pero puedes ir en un rato a visitarlo.

Misty levantó la cabeza, con los ojos enrojecidos. Abrió la boca, con los labios temblorosos.

—Todo el mundo me odia, ¿verdad? —dijo, con la voz estrangulada por el llanto.

James le apoyó una mano en la cabeza, intentando darle una sonrisa.

—No, Misty, nadie te odia.

Misty se frotó la nariz con el dorso de la mano.

—Meowth tenía razón. Mis hermanas me odian, Ash sólo me soporta porque me destruyó la bicicleta y los demás… no sé, soy solo la cosa que Ash está arrastrando consigo… debería volver a casa… o viajar sola, sin ser la carga de nadie…

—Misty…

—Fui un monstruo con Psyduck, ahora lo sé —continuó Misty—. Mis hermanas siempre me tiraron a menos y me maltrataron. Y… yo descargaba esas frustraciones en Psyduck, como… como si maltratarlo… me hiciera… me hiciera sentir mejor, más… superior… Y-yo estaba tratando a Psyduck como mis hermanas… me trataron a mí… Pude haberlo matado… pudo haber terminado… como los pokemón del video, yo…

James la abrazó fuerte y ella se largó a llorar con fuerza, abrazandose a él como si fuera su última salvación. Se quedaron un rato así, sin decir ni una palabra. A pesar del estado lamentable de Misty, James estaba feliz. Al menos Misty había aprendido la lección. Una vez había escuchado a su abuela decir: El que no sufre no aprende. Y vaya que tenía razón. Se preguntó si estaría viva y como se encontraba.

Una vez que los sollozos amainaron, James se separó.

—Volvamos a la habitación —le dijo James—. Necesitas descansar un poco.

James se puso de pie y le tendió la mano. Misty dudó, pero al final lo aceptó. James le rodeó los hombros con un solo brazo y caminaron despacio hacia el Centro Pokemón hasta llegar a la habitación.

—Misty… —Ash se puso de pie enseguida apenas la vio.

—Misty necesita dormir un rato —lo atajó James—. Vamonos a la cafetería y almorzarmos.

—Pero…

—Cuando Misty tenga hambre, comerá —se metió Jessie, ya levantándose—. Dejen a la chica tranquila. Hay veces en la que es mejor estar sola por un rato.

Era lo mejor para ella por ahora, así que decidieron marcharse (Togepi incluido) y a comer algo en la cafetería. James esperaba que todo este trago amargo que sufrían tanto Misty como Psyduck sirviera para mejorar su relación pokemón/entrenadora.


Una hora después, estaban sentados en la mesa de la cafetería, al lado del ventanal. Los restos de comida yacían sobre los platos. Meowth todavía no había regresado, cosa rara, pero James lo aribuyó a que tal vez se habría quedado a conversar con Psyduck.

No, no había sido realmente por eso.

Meowth apareció en la cafetería, pero no estaba solo. Estaba con la oficial Jenny. James comenzó a transpirar frío al ver el rostro amedrentado de su amigo.

—¿Dónde está Misty? —preguntó la oficial. Su rostro era una máscara fría.

—Durmiendo —respondió James.

—Necesito hablar con ella.

—Puede decírmelo a mí si quiere.

—Necesito hablar con ella —repitió, como si no lo hubiera oído.

James alzó las manos en un intento de tranquilizarla.

—Oiga, la chica pasó por mucho. De nada va a servir que le diga algo en ese estado. Dígamelo a mí, por favor.

Jenny lo miró con desconfianza durante un momento antes de ceder.

—De acuerdo. Venga conmigo.

—Puede decírmelo aquí. Todos somos amigos de Misty y tenemos derecho a saber que esta pasando —dijo James, intentando sonar lo mas neutro posible. No quería parecer enojado ni autoritario para darle a Jenny una escusa para meterlo preso.

Jenny se mordió el labio, pero aceptó la petición de James.

—De acuerdo. Escuchen, este Meowth parlante estaba conversando con Psyduck mientras la enfermera Joy lo revisaba y, por lo que ella ha sacado de la conversación, el pokemón ha sido víctima de maltrato psicológico y alentaba a otros pokemón para que lo golpearan —Meowth bajó las orejas—. Eso es algo intolerable y menos para una líder de gimnasio.

—¿Qué planea hacer? —preguntó Brock. Para variar, no se estaba babeando por ella y se estaba concentraba en el tema.

—Bueno, creo que la mejor decisión es sacarle todos sus pokemón y clausurarle el gimnasio, aunque lo último depende más de la Liga Pokemón que de mí.

—¿Qué? —la reacción fue unánime. Las pocas personas que estaban almorzando se dieron vuelta para verlos.

—Eso no es justo —dijo Ash—. Misty puede ser un poco dura con Psyduck, pero es su forma de entrenamiento.

James tenía ganas de decirle de que Misty no lo había entrenado jamás, que él supiera, pero se calló enseguida. No quería hundirla más.

—El maltrato no es una manera de entrenamiento —le respondió Jenny, cortante—. Ya que Misty dejó las pokebolas para revisar con Joy, ya se pueden considerar confiscadas. Sólo me falta ese Togepi —agregó, señalando al pokemón que Brock tenía sobre sus rodillas.

—¿Toke? —Togepi parecía no entender lo que pasaba, pero si presentía algo malo.

James se puso de pie.

—Mire, oficial, Misty es un poco gruñona, pero ella ya ha escarmentado lo suficiente. Creo que se podría llegar a un acuerdo…

—Lo siento, pero lo que hizo es muy reprobable.

—Vamos, la mocosa tiene menos de doce años, ¿sí? Todos hemos hecho idioteces y cosas malas a esa edad. La está juzgando como si tuviera veinte años. Quitarle a sus pokemón solo la destrozaría.

—Pero…

—Se merece una segunda oportunidad. Además, sus pokemón la quieren mucho y se morirían de tristeza. Algunos de ellos llevan demasiado tiempo con ella.

Jenny lo miró, como si sopesara la situación. James continuó.

—Estamos hablando de una chica que no le tiene paciencia a su Psyduck, no la puede condenar por eso. Eso sería un abuso de su autoridad. Y una última cosa: supongo que estarán buscando al vendedor de drogas, ¿verdad? Porque no quiero creer que está queriendo pasar a la víctima como victimario mientras el tipo ese está lucrando con el sufrimiento ajeno.

Jenny lo miró con enojo y James temió haberse excedido con sus palabras. Meowth se trepó a sus piernas y Jessie se puso de pie para apretar el hombro de James con una mano.

—¿Usted tiene idea con quien está hablando? —preguntó Jenny, hablando muy despacio.

—Con una Jenny que está abusando de su autoridad —la enfrentó Jessie.

Cuando James creyó que las cosas empeorarían, Joy hizo su aparición como un ángel a salvarlos a todos.

—Jenny, por favor —le dijo—. Te dije que tomaras con más calma la decisión antes de comunicarla.

Jenny se dio vuelta para enfrentarla.

—P-pero…

—He escuchado la conversación completa entre tú y ellos. La que tiene más autoridad sobre que hacer con los pokemón soy yo. Tú dedícate a buscar al vendedor de drogas y yo me dedicaré a decidir el destino de los pokemón de esta chica.

Jenny la miró con los ojos desorbitados, como si quisiera abofetearla. Luego sus musculos se relajaron, se dio media vuelta y se fue por el pasillo sin mirar atrás.

—Lo siento —se disculpó Joy ante el grupo—. A veces suele abusar un poco de su autoridad. No hagan caso de lo que ella dijo.

Todos suspiraron de alivio. Por Dios, esa oficial Jenny sí que estaba loca. Tal vez proviniera de Ciudad Neon o algo así.

—Está bien, gracias por salvarnos, mi angel guardián —Brock ya estaba frente a la enfermera, tomándola de las manos. Al no estar Misty para pararlo, James tomó las cartas en el asunto, tomando a Brock de la oreja y tirándolo hacia atrás.

—Mejor la salvo a ella de ti —le dijo, con un gruñido.

Joy se mordió el labio.

—Escuchen, no creo que haya que sacarle a todos los pokemón, pero no me parece conveniente que Psyduck siga con ella.

—¿Pero por qué? —preguntó Ash.

—Psyduck mismo lo ha dicho, según la traducción de Meowth.

James miró hacia abajo, donde se encontraba el aludido.

—Es cierto —musitó.

—La mente de Psyduck está despejada gracias a la morfina, así que puede pensar con mucha más claridad. Y eso ha dicho: no quiere estar con Misty.

—Justo que había decidido cambiar —musitó James.

—¿Qué harán con Psyduck? —preguntó Brock.

—Lo ideal sería llevarlo a una reserva, donde estaría libre y protegido.

—Pero… Psyduck no sabe nadar.

Joy miró a Brock con los ojos desorbitados.

—¿Cómo que no sabe nadar?

—No solo no sabe nadar, le tiene miedo al agua. Será muy difícil para él alimentarse sólo, ya que en la vida salvaje se alimente de pequeños pokemón acuáticos.

Joy se llevó una mano a la mejilla, preocupada.

—Pues ese es un problema. Necesitaría estar a cargo de alguien que le tuviera paciencia para enseñarle a nadar.

James se mordió el labio. Tal vez fuera una locura, pero no se le ocurrían muchas opciones. Pero sentía que era lo mejor para Psyduck. Se puso de pie y le dijo:

—Joy, tengo una idea…


Cuando Misty se despertó, James estaba sentado en la ventana. Nina y Lunita estaban sobre la cama, jugando entre ellas, mordiéndose las orejas o la cola y persiguiéndose. El resto había salido a pasear, excepto Jessie, quien se estaba dando un baño. Se había excusado de ir, diciendo que los pies se le estaban hinchando. Dentro de poco, ella ya no estaría en condiciones de caminar tanto como antes. Debería empezar por buscar un pokemón grande y fuerte para poder transportarla durante largas distancias.

—¿James?

El aludido se dio vuelta, algo adormilado.

—Buenas tardes —la saludó—. ¿Tienes hambre? La comida de aquí es buena.

Misty se sentó y se frotó los ojos.

—No tengo hambre. ¿Cómo está Psyduck?

James respiró hondo. Tenía que elegir con cuidado las palabras.

—Mañana puede salir, está muy bien. El problema es… —no sabía como continuar.

—¿Cuál es el problema?

—Meowth habló con Psyduck y… nos dijo que no quiere estar más contigo. Lo siento.

El rostro de Misty palideció y aferró sus manos al colchón, como si estuviera en una montaña rusa.

—¿Qué?

—Es lo que Meowth tradujo. Joy quería mandarlo a una reserva, pero decidimos que no era lo mejor para él, así que encontramos otra solución.

Misty lo miró, a la expectativa. James continuó.

—Se va a quedar conmigo. Es lo mejor para todos.

Misty se levantó de la cama y se puso de pie. Su ira llenaba la habitación.

—¿Tú? ¡¿Tú?! ¿Con que derecho te quedas con MI Psyduck? ¡De seguro es alguna trampa tuya para robártelo!

La última palabra fue como una trompada en el estómago.

—¿Robar? —le gritó—. ¡Creo que para cualquier persona contaría como un rescate! ¿Para que mierda quieres a tu Psyduck? ¿Para seguirlo maltratando? ¡Estaban a dos pasos de sacarte todos los pokemón y te defendí para que no lo hicieran mientras tú estabas durmiendo, sin preocuparte por ir a ver a tu pokemón ni una vez! ¿Y todavía me preguntas si tengo derecho o no a que me encargue de él? ¡Nina estaba al borde de la muerte y la salvé! ¡Estuve días sin dormir cuidando a Lunita cuando apenas salió del huevo! ¡Y lo haría veinte veces más porque los pokemón son parte vital de nuestra vida! ¡Si vamos a sacarlos de su hábitat lo mínimo que se merecen es amor! ¡No que lo traten como si su presencia fuera una carga que no se pudiera sacar de encima!

James paró de gritarle a Misty cuando sintió un llanto detrás de él. Dos llantos, mejor dicho. Nina y Lunita estaban acurrucadas en una esquina de la cama, llorando y temblando, asustadas por todo el griterío. Toda su furia se le fue a los pies al verlas así. Se había olvidado completamente que estaban ahí.

—Nenas, no lloren —James se acercó a ellas y les acarició la cabecita a ambas—. James estaba enojado, pero ya pasó. No tengan miedo, ustedes no tienen nada que ver.

—¿Nya?

—¿Pika?

Ambas sonaban preocupadas. Incluso tenían surcos de lágrimas en sus mejillas. James les secó los ojos con una mano.

—Lamento que hayan tenido que ver esto, no debí haber gritado con ustedes aquí. Perdónenme —se sentía un pedazo de basura humana por verlas asustadas por su culpa.

Nina y Luna poco a poco se acercaron y se subieron a sus piernas. James las besó y las acarició, provocando que ellas comenzaran a reírse y a aceptar sus mimos, mientras se reían y se refregaban contra su estómago.

—Muy bien, nenas. No se preocupen por nada…

La puerta del cuarto se abrió y entró Jessie. Tenía el cabello liso casi hasta los muslos, como siempre que tenía el cabello mojado. Miró a su alrededor, confusa.

—¿Dónde está Misty?

James sintió un vacío en el estómago al mirar por la habitación y no verla. Su mochila tampoco estaba.

—Pues…

Lunita comenzó a maullar y a hacer gestos con sus patitas como si atacara a alguien. Jessie la miró y entrecerró los ojos, ya adivinando un poco lo que la pequeña Meowth quería decir.

—No me digas que te has peleado con ella y la dejaste ir…

James alzó las manos de manera defensiva.

—¡Ella comenzó a acusarme de querer robarle a su Psyduck! Discutimos un poco y las nenas se asustaron, así que fui a calmarlas! ¡Ni me di cuenta cuando se fue!

Jessie lanzó un gruñido. Iba a gritarle, pero vio a las pequeñas y se contuvo.

—Vamos a buscarla —dijo, de manera seca—. No es bueno que salga sola en ese estado.

James puso a Nina en su hombro, sujetó a Lunita con un solo brazo y salió de la habitación junto con Jessie. Ahora que su ira se había calmado, se sentía mal. No sabía las cosas que estaban pasando en la mente de Misty. Si estaba muy deprimida, podría hacer lo mismo que Meowth…

No necesitaron salir afuera. Misty estaba en la recepción, discutiendo con Joy. La enfermera intentaba tranquilizarla por todos los medios posibles.

—Escucha, Misty: no te puedo dar los pokemón en ese estado. Te ves muy inestable.

—¡No me importa como usted me vea! ¡Solo quiero irme con mis pokemón de aquí, muy lejos! —le gritó Misty, llorando a lágrima viva.

—¡Misty! —le gritó Jessie, no con enojo, sino más bien para llamar la atención.

Misty se giró, vio a ambos y cayó de rodillas, llorando convulsivamente.

—Misty… —susurró Jessie. Miró a la enfermera Joy—. Ayúdeme a levantarla, por favor.

Joy la agarró por debajo de los brazos y casi la arrastró al sillón más cercano. Jessie se sentó a su lado e hizo que apoyara la cabeza en su hombro.

—Tranquilizate un poco, nena —le susurró.

—Y-yo lo si-siento much-cho —tartamudeó Misty—. N-no debí lla-llamar ladrón a-a-a James…

James suspiró profundamente y bajó a Nina y a Luna a sus rodillas para estar más cómodo.

—Está bien, está bien. Yo he dicho cosas muy feas también…

—Pero eran ciertas… Soy una maldita resentida…

Jessie la tomó del mentón con suavidad y la obligó a mirarla a la cara.

—Aún estás a tiempo de redimirte —le dijo, más con seriedad que con enojo—. Si nosotros lo hicimos, no veo por qué no puedes hacerlo tú. Aún tienes oportunidad, tal vez no con Psyduck, pero hay millones de pokemón en este mundo, de los cuales muchos no conocemos. Sólo quiero que, cada vez que pierdas la paciencia con un pokemón, pienses en Psyduck.

Misty se mordió los labios y asintió.

—Es-está bien.

—Nosotros seguiremos aquí contigo, ayudándote y apoyándote en todo, ¿sí?

Misty asintió, temblando. Jessie le sonrió.

—Somos todos amigos aquí, Misty. Y estaremos juntos en este viaje, apoyándonos entre todos.

Misty la abrazó, ocultando la cabeza en el cuello de Jessie.

—Nunca más seré así —dijo, con la voz ahogada—. Voy a cambiar, lo prometo.

Me habré pasado de rosca está vez, pero es lo mejor para ella, así aprende a tratar a sus pokemón con un poco más de cariño. ¡Hasta la próxima!