Hola hola :D
¿Me extrañaron? Espero que si…
Bueno, ya que el cap anterior rompió muchos corazones, espero que unas florecitas en este los anime un poquito mas jajaja; bah, ¿a quien engaño? Hay una escena que probablemente sea sal sobre la herida… jajaja
Agradezco a todos los que leen el fics, le dan fav y follows, y muy especialmente a Lalala Gem, perdyzRyhe, Nina, pumas . Orlando por sus reviews y mensajes en fb; contesto:
Lalala Gem: holaa! Oh ya veras en este cap porque te dije que Magnus si había visto el brazalete antes; oh aquí hay otra pequeña escena para que te comas a Maxxie ;) Alec se sentía inseguro, es algo que ha demostrado desde el cap 1, después de todo siente que está atando a Magnus con su encierro… vamos, me conoces! Sabías que las lagrimas vendrían pronto jojo nadie quiere a Cossette u.u no los culpo, yo tampoco la quiero xD Simon es un tontito muy genial. Gracias pro comentar, espero este cap también te agrade. Besos :3
Nina: Oh bueno, sin duda ese no pasara a la historia como el mejor día para Magnus u.u oye, ahora me intriga saber de que forma te intrigan Well y Magnus ._. okei…eso sonó un poco enredado jajaja espero me cuentes. Un beso :3
Al resto por Inbox :) ahora si, ¡A leer!
Parte IV: La vida de los muertos
La vida de los muertos perdura en el espíritu de los vivos
Cicerón
.
.
.
Capítulo 7: El enviado de la Reina Seelie
El secreto de todo buen jugador es saber descubrir lo que espera el otro, y saber hacer creer que va a obtenerlo
Ken Kessey
x.x.x.x.x.x.x
- Quizás deberías subir y ver si ya te contestó - Susurró Alec con un bostezo cansado. Se había trasnochado por completo en la "fiesta" con su familia. Su ánimo había despertado un poco luego de enviar el video a Magnus pese que este no contestaba aun. Había comido tarta, contado anécdotas, jugado charadas, Maxxie había cantado junto con Simon; se había convertido en una noche agradable pese a como había comenzado.
Isabelle que estaba recostada junto a los barrotes abrió los ojos fingiéndose adormilada, porque realmente no había podido dormir: su mente no dejaba de darle vueltas a lo que sabía de Magnus y como decírselo a Alec. No quería hacerlo, no quería romper la ilusión de su hermano de poder solucionar las cosas con Magnus, pero a un tiempo no se perdonaría dejarlo vivir una mentira junto al brujo.
- Izzy – La llamó su hermano por lo bajo sacando el brazo a través de los barrotes para zarandearla – Izzy – Insistió, la chica no tuvo más remedio que abrir los ojos. Simon estaba a su lado con la cabeza recostada en su hombro; al otro lado del pasillo Jace y Clary dormitaban en una posición similar, de sus padres no había rastro: ella sabía que se habían quedado pero conociéndolos estarían discutiendo alguna cosa con los hermanos silenciosos. El único que dormía cómodamente en una cama era Maxxie, quien no tenía reparo en explayarse en el colchón de Alec abrazando la almohada.
- ¿Qué pasa? – Preguntó ella.
- Ya amaneció – dijo señalando su reloj de muñeca, marcaba poco más de las siete de la mañana – Quizás Magnus ya vio el video ¿Puedes ir a comprobar?
La chica desvió la mirada hacía Simon como si quisiera comprobar la mejor manera de levantarse sin despertarlo, cuando solo quería evitar que él notara su expresión indecisa ¿Qué debía hacer? No había querido creer que Magnus tenía razón, que Alec se hundiría con toda esa situación, pero lo había visto ya, en primera fila esa misma noche; pero ser partícipe de un engaño como ese, a su propio hermano, no podría perdonárselo: ella sabía lo que las infidelidades causaban en las personas, lo había vivido de primera mano a través de sus padres.
- No creo… no creo que esté despierto aun – dijo ella con duda volviendo a mirarlo e intentarlo sonreírle – Ya sabes cómo es Magnus de vago, seguro despierta pasado el mediodía.
- Si, tienes razón – Admitió Alec volviendo a recostarse a la pared de su celda un poco decaído. Suponía que Magnus se habría dormido tarde esa noche, quizás viendo una y otra vez esas películas deprimentes que ponía cuando estaba triste; seguramente en la tarde tendría un mensaje de fuego del brujo diciéndole que iba en camino, tenía que ser paciente; de todas formas, realmente preferiría que este llegara cuando toda su familia se hubiese marchado ya y Maxxie estuviese en sus lecciones con los hermanos silenciosos, quizás así, podrían tener una reconciliación completa.
Isabelle vio cómo su hermano sonreía tontamente y se sonrojaba un poco. Se restregó el rostro. Simon le había recomendado que no dijera nada a Alec, que esperara a ver que tenía Magnus para decir y como lo iba a manejar, pero ella sabía que su silencio solo estaba retrasando lo inevitable: que esa sonrisa que tenía su hermano en ese momento retrocediera otra vez en las lágrimas de la noche anterior y temía que cuando ocurriera, no habría nadie cerca como sus padres esa noche, para ayudarlo a reponerse otra vez.
.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.
- No vayas a vomitar en mis pies - Gruñó Richard; llevaba bien sujeto a Well tomándolo de la cintura con el brazo sobre sus hombros. El pelo negro arrastraba los pies intentando contener arcadas que se veían más que amenazantes.
- Nunca más...comeré… ciruela de hadas - Juró el muchacho; no soportaba el sabor agrio en su boca y las asquerosas nauseas que solo crecían o la forma en que todos los colores se sentían amplificados y ya no en la forma agradable.
- Sabes que no es cierto - Exclamó Richard, y estaba ciertamente divertido por eso - Fue divertido, aun cuando Bane llegó.
Well casi se tropieza. Richard lo apretó un poco fuerte para que no se callera y el más joven masculló algo por el dolor en su espalda.
- ¿Bane... Bane estuvo anoche? - Richard asintió - ¿Con nosotros?
- Si – Confirmó – Fue una noche algo alocada aunque no demasiado memorable – dijo con voz sufrida. Well se estremeció.
- No recuerdo…
- No me sorprende – Se burló – Tampoco recuerdo en qué momento nos apartamos de nuestras hermanas Seelies y nos fuimos con él. - Dijo pensativo; algunas hadas del reino los veían caminar juntos interesadas por el estado de Well e incluso por lo desarreglado que Richard se veía, pero ninguna se acercó a ellos - Aunque tampoco noté cuando se fue de la habitación; estoy seguro que durmió con nosotros.
- ¡¿Qué?! - El grito de Well tomó por sorpresa a Richard que no esperaba que se tropezara por lo que no tuvo tiempo de sujetarlo. El pelonegro cayó al suelo de rodillas. Richard estuvo por ayudarlo a levantarse cuando una arcada le sobrevino e inclinándose un poco hacia adelante, el menor vertió todo el contenido de su estómago en el suelo.
Richard saltó hacia atrás con algo de asco intentando no ensuciarse con otra arcada y luego otra.
- Creo que fue demasiada ciruela para ti - Dijo Richard con algo de pena acercándose por detrás para darle una palmadita en la espalda.
- ¡Arh! ¡Hijo de tu madre! - Gritó. Richard parpadeó no sabía si confundido por su grito adolorido o por esa forma tan infantil de insultarlo.
- ¿Qué demonios? ¡No seas llorón! - Lo riñó dándole otra palmada en reprimenda. Well gritó un poco más fuerte, incluso las náuseas se le habían pasado; lo único que su cuerpo sentía era el dolor intenso en su espalda que lo paralizaba. Richard se desconcertó.
- ¿Qué diablos te pasa?
- ¡Que me azotaron idiota! - Le gritó. La expresión del muchacho fue un claro "Oh"
- Lo olvide - Dijo restándole importancia. Well masculló un insulto, los nervios le gritaban de dolor. Intentó calmarlos respirando profundamente. - ¿No vas a decirme lo que hiciste para enojar a nuestra grácil señora?
- Ayúdame a levantar mejor - Gruñó. Richard se quejó, pero aun así lo hizo con cuidado de no pisar el vómito. El movimiento desató las náuseas nuevamente, aunque en menor medida que antes. Well respiró profundo antes retomar el camino, ambos respingando al ver a unos cien metros la mirada seria de Kaelie puesta en ellos, esperándolos.
- Creo que mejor sigues tu solo – Lo soltó Richard.
- No seas tonto, tenía su permiso de salir con ustedes.
- Aun así, prefiero evitar desavenencias con las cortesanas de nuestra Reina Seelie – Aseguró - Nos vemos cuando nuestros caminos vuelvan a cruzarse – Aseguró dándose media vuelta para volver sobre sus pasos rítmicos. Well lo observó con incredulidad antes de suspirar y dirigirse con paso lento hasta su protectora que lo observaba con una ceja enarcada.
- ¿A dónde fue Richard sin saludar?
- Te tiene miedo – Hizo notar él; ella rio con sorna mostrando los dientes.
- No tiene porque, a menos que no te haya cuidado bien.
- No soy un bebe que necesita niñera – Se quejó con un puchero. Kaelie rio agradada revolviéndole el cabello.
- ¿Te sientes mejor?
- De la espalda si, hasta que Richard me palmeó – Se quejó – Pero la cabeza va a estallarme.
- Ven conmigo, cuidaré de ti – Aseguró dirigiéndolo hacía su morada. El chico se dejó guiar, había ido al hogar de Kaelie en contadas ocasiones, pero siempre que lo hacía era un disfrute para los sentidos: con tantas cortinas de flores halagando su olfato y cantidad de mariposas y luciérnagas revoloteando con sus vivos y brillantes colores. Junto a la hondonada donde residía había un pequeño arroyuelo que le arrullaba incitándolo al sueño y haciéndolo sentir como un paraje de cuento de hadas mundano que tanto estudió durante su infancia de educación Nefilim.
El muchacho se sentó con cuidado sobre una roca alta que fungía a modo de asiento cubierta con suave musgo, mientras veía como el hada recogía algunas flores y hojas un poco de agua del arroyo en un cuenco mientras tarareaba una melodía que intentaba sonar amena pero dejaba notar cierto toque de nostalgia.
- ¿Qué pasa, hermosa dama?
- Bebe esto, sirve para la resaca de la ciruela – dijo colocando las flores en el cuenco y batiéndolo un poco antes de tendérselo. Well lo tomó sin chistar, bebiéndolo a sorbos lentos debido a su estómago. - ¿Mejor?
- Bastante – Admitió al sentir su estómago y cabeza asentarse. - ¿Pasa algo?
- Debo revisar tu espalda, colocar tu medicina – Dijo evitando el tema buscando entre sus cosas el cataplasma que usaba para curarle – Vamos, acuéstate.
- ¿Kaelie, estás bien?
- ¿Por qué crees que no lo estaría? – Well enarcó las cejas. Esa era el tipo de pregunta que las hadas hacían cuando querían mentir. La mujer hada se colocó tras de él obligándolo a levantarse la camisa para observar sus heridas: las costras estaban secas ya. Ella empezó a cubrirlas con el cataplasma intentando continuar con el tarareo de su canción, pero en algún punto se quebró pareciendo sollozos. Well sintió un nudo en el pecho, no le gustaba saberla así de triste, y mucho menos sin saber porque – Well, mi pequeño ¿Tú quieres alejarte de mí? ¿Quieres volver con los Nefilims?
El chico se paralizó por un segundo ante la pregunta. No podía ver el rostro de ella pero estaba seguro que se vería completamente triste.
- ¿Por qué querría hacerlo? – Preguntó en un susurro – ¿Por qué querría volver con quienes no quisieron saber de mí? – Kaelie soltó el aire que había estado reteniendo y retomó su trabajo en esparcir la medicina por su espalda. Well no supo en qué momento se había detenido pero volver a sentir sus dedos le hizo sentir como una caricia cargada de cariño. - ¿Por qué te preocupa mi bella dama?
- La Reina Seelie aprobó tu participación en las negociaciones con los Nefilims – Admitió ella – Partiremos esta noche; permitirá que vuelvas con los tuyos si ellos acceden a ayudarnos.
Well cortó el aliento, no había esperado una respuesta tan rápido; y entonces entendió la preocupación de Kaelie cuando un miedo abrumador lo cubrió a él mismo. ¿Iba a volver? ¿A Idris, después de tantos años? ¿A un instituto? ¿Volvería a ver rostros y oír voces conocidos? Sintió el corazón latirle rápidamente, demasiado rápido y eso lo hacía doloroso: Porque él no estaba volviendo por ellos, porque sabía que aquellos que importaban, no estarían agradados de verlo, no lo habían estado hacía cinco años, ¿Por qué algo cambiaría? Había intentado explicarle eso a Bash, preguntarle cómo estaba tan seguro de que ellos aceptarían el trato por él, pero el rubio solo había sonreído como si supiera algo y dicho simplemente "Lo harán"
-"Los míos" eres tu – Hizo constar con un susurro - Me has tratado como un hijo, no como una mascota. Si vuelvo es solo por los beneficios que eso significará, pero mi corazón permanecerá en Feéra, contigo.
La mujer hada no contuvo más los sollozos y abrazó al muchacho por la espalda, escondiendo su rostro en el hombro de este intentando mantener ocultas sus lágrimas; Well alzó la mano para acariciar su cabello con consuelo, recordándose que si se iba y la dejaba así de triste era solo porque perseguía una meta mayor, y cuando lo lograra podría vivir con Kaelie, su hermano y Sebastian para siempre.
.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.
Dio otra vuelta a la celda mientras intentaba taparse los oídos con las manos; se sentía un poco desesperado, mucho a decir verdad: había enviado a Magnus el video pidiendo verlo hacia unas veinte horas y el brujo nada que respondía, ni aparecía, ni nada; y él comenzaba a desesperarse con cada vuelta que el segundero de su reloj de muñeca daba.
Los susurros se oyeron más cerca y él en respuesta apretó aún más sus oídos. Siempre estaban ahí, distantes, recordándole que era un prisionero con culpas. Por eso intentaba mantenerse constantemente ocupado: leer, ejercitarse, educar a Maxxie, todo eso mantenía a sus demonios personales a raya; pero en ese momento no estaba de ánimos para nada, su mente solo pensaba en el momento en que Magnus se diera paso por ese pasillo hacia él, y en los posibles "porque" no lo hacía aun.
Quizás se había embriagado en el loft y aun no despertaba del todo, o estaba enojado con él por la forma en que terminaron… ¿Y si estaba con ese chico del cementerio otra vez?... ¿Y si porque estaba enojado con él se embriagó y terminó estando con el chico del cementerio?
Alec meneó la cabeza. Estaba siendo absurdo, Magnus no era ese tipo de personas.
El silencio en el que se sumió le permitió escuchar los susurros en el ambiente, los murmullos de las almas que descansaban en la Ciudad Silenciosa dispuestas para proteger a la hermandad y castigar a los prisioneros
Se te ha hallado culpable...
Asesino...
Negó con la cabeza, apenas eran audibles para él, no debía prestarles atención. Observó su reloj: 8:46 pm. ¡Raziel! ¡Solo habían pasado dos minutos desde la última vez que lo vio! Se sentó en el colchón de su cama sintiéndose desesperar.
Atacaste a tu familia.
Max murió otra vez por tu culpa...
Lo dejaste con Sebastian
Lo ignoró lo mejor que pudo. Magnus siempre le decía que no escuchara esas voces, le había enseñado un pequeño mantra indones que le permitía mantener la cabeza despejada, pero justo ahora no podía recordarlo.
Volvió a mirar su reloj; aún eran las 8:46pm se exasperó arrancándolo de su muñeca y lanzándolo contra la pared furioso; escuchó el sonido de la mica haciéndose añicos: Magnus le había regalado ese reloj para que no desesperara al no saber cuánto tiempo pasaba, ahora creía que más que un regalo era una maldición.
¡Traidor!...Traicionaste Idris
Asesinaste Nefilims
Las voces se hicieron más intensas casi al instante; sus gritos eran más fuertes y el tormento se hizo mayor: eran voces conocidas de su familia, de Magnus, de las personas que atestiguaron en su juicio contra él, de sus víctimas, él mismo...
Asesino de submundos...
Magnus merece algo mejor
No, no, no... Se estaba dejando arrastras por las voces; se estaba dejando hundir: Si tan solo pudiera enviarle otro mensaje, si pudiera comunicarse con Magnus estaría más tranquilo, podría volver a pedirle que fuera a verlo y...
"A mí nunca tuviste que suplicarme"
Alec respingó. Esa voz sonaba más nítida que las demás. Hacía mucho tiempo que no lo atormentaba y no quería empezar a recordar a Sebastian justo ahora, mucho menos recordar las alucinaciones que hacía cinco años tuvo de él.
El amante de Sebastian
Lo defiende en el juicio
Las voces seguían aumentando; no lo atormentaban así desde sus primeros días en la celda. Tenía que distraerse con algo, callarlas; si tan solo Magnus fuese a verlo pronto sería mucho más fácil, entonces estaría bien.
¿Cómo estarlo si te tienen encerrado como un perro?
- Cállate Sebastian, cállate - Susurró tapándose los oídos.
Jordan murió por tu culpa
Destruiste la familia Blackthorn
- Cállense todos, cállense. - Suplicó dejándose caer en su cama. Los mensajes de fuego que Magnus le había enviado hacía días estaban allí, había estado leyéndolos durante todo el día. Tenía que calmarse, las voces siempre habían estado presentes, cada día de su estancia en esa celda, pero Magnus le había dicho que se mantendrían lejos mientras no se sumiera en desesperación, si lo hacía ellas tomarían fuerza; tenía que concentrarse porque una vez que lo hacía era muy difícil sacarlo de ese abismo.
Mi única familia es Max – Reconoció sus propias palabras
Sebastian mató a Max. – Y las de su parabatai.
Tomó una de las cartas de Magnus aferrándolas entre sus dedos; intentó releerla, enfocarse en lo que le decía: "Te amo Alexander" "Quisiera verte Garbancito" "Por favor dame otra oportunidad" Iba a dársela, se la estaba dando, ¿pero entonces porque Magnus no estaba allí?
Te acostaste con Sebastian- La acusación en la voz de Izzy lo hizo jadear, como si estuviera allí para contestarle.
Nuestra cama ya no existe, la quemé cuando te encontré ahí con Sebastian
- No...No –Balbuceó; no podía con eso, con la acusación del mismo Magnus
Debo darte asco - Esa era su propia voz. Alec negó con la cabeza, seguía negando pero las voces no se detenían- ¿Por qué no sentirías asco? Yo lo siento de mí mismo, Como me dejé tocar por Sebastian, deje que me marcara como suyo.
¿Cómo Magnus iba ir a verlo? ¿Cómo volvería así? Le había perdonado tanto: su relación con Sebastian, todo el daño que hizo e incluso que aun ahora conservara un recuerdo de Jonathan; y sin embargo él mismo no hacía más que un drama por un chico que no significaba nada; pero no significaba que no lo amara, lo amaba con todo su ser, es solo que tenía miedo, se sentía inseguro…
¡Estas peor que muerto para mí, Alexander!
- ¡NO! - Gritó golpeando la almohada. Esta cayó de la cama y con ella un ruido metálico que inundó toda la celda haciéndole respingar. Alec se acercó pero no veía nada en la oscuridad por lo que estiró la mano tomando la piedra de luz que Izzy le diera por navidad. La direccionó al suelo. Algo brilló y él supo que era incluso antes de tomarlo.
¡Es su anillo!
¿No amas como se ve mi anillo contra su piel?
El anillo Morgenstern; el anillo de Jonathan. Alec lo observó en la palma de su mano mientras escuchaba la acusación de la voz de Magnus y la burla en la de Sebastian. Lo había conservado durante todos esos años ¿Por qué? ¿Qué hacía todavía con eso entre sus cosas?
Porque necesitas una excusa para aceptar que sigues siendo mío
- No te pertenezco Sebastian; no le pertenezco a ninguno - Masculló dispuesto a botar el anillo; pero no pudo hacerlo, no podía solo deshacerse de él, era el anillo de Jonathan también.
El amante de Sebastian Morgenstern
Dejó a su hermanito con un asesino
Alexander Morgenstern
- ¡Ya basta! – Gritó ante esas últimas palabras, palabras propia; un deseo que había anhelado hacía ya mucho tiempo y que ahora solo le hacía lamentar el dolor en el rostro de Magnus cuando se lo dijo - ¡Basta!
Fue Bane quien te echó de su vida, y ahí vas tú corriendo tras él
No, había sido un malentendido entonces; no podía dejarse llevar aunque no lo fuera esta vez; podían solucionarlo habían superado mayores problemas, podían superar al chico del cementerio y volver a lo que eran antes.
No creo que volvamos a estar bien.
La voz de Magnus era lo más doloroso...si tan solo pudiera apagarlas, si tuviera un interruptor que las acallara ¿Por qué los ancestros, el más allá, los ángeles, o quien fuera disfrutaba haciéndole eso? Se dispuso a volver a su cama, pero el brillo de la piedra mágica se reflejó en el suelo. Lo observó confundido notando que era la mica del reloj, estaba completamente destrozada y no le permitiría ver la hora. Lo recogió sintiendo el remordimiento por haber tratado de esa forma un regalo que Magnus le diera; y de inmediato las voces disminuyeron en su intensidad. Observó el reloj confundido; eso era extraño. Volvió a la cama, aun sujetándolo y se sentó para luego soltarlo dejándolo sobre el colchón; no hubo pasado ni medio segundo antes de que las voces volvieran.
El brujo a la primera de cambio te dejó y reemplazó
Alec lo recuperó al instante. Magnus le había dado ese reloj como regalo en una de sus primeras visitas a la Ciudad Silenciosa, desde entonces Alec no se lo había quitado y tampoco sintió alguna vez tan fuerte su estancia en la celda como en ese momento. Una sonrisa nació en sus labios: ¿Podía ser que el brujo lo hubiese hechizado para evitarle esa tortura? ¿Que se preocupara por su bienestar aun en su ausencia? Se colocó otra vez el reloj, aun con la mica rota, escuchando como las voces se iban apagando, siendo la burlona de Sebastian la última en escucharse como un fantasma del pasado:
¿Dónde está tu brujo?
Pero Alec no se desesperó, no importaba la respuesta a esa pregunta porque tal como ocurrió en ese entonces, sabía que Magnus iría por él.
.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.
- ¿Estás listo para partir? – Preguntó Kaelie parándose en la entrada de la cueva que suponía la habitación de Well.
- No tengo mucho que empacar – Afirmó observándola, no se suponía que tuviese mucho que llevar, después de todo no tenía muchos objetos con algún valor especial para él. Solo la foto de Alexander Lightwood, pero había preferido dejarla en Edom donde ningún hada pudiera verla y deshacerse de ella en su ausencia, las gafas que había usado de niño, antes de que las hadas corrigieran su visión y su pluma de ángel, estos dos últimos ya guardados en el bolsillo interno de su túnica de viaje: no confiaba lo suficiente en las hadas como para dejarlo en Feéra donde pudieran tomarlos.
La mujer hada llevaba una túnica similar; estaba seria, con esa expresión de determinación que la cubría cada vez que comenzaba una misión diplomática en nombre de la reina Seelie, una cara que dejaba ver que no volvería hasta conseguir cumplir los objetivos que su majestad planteara.
Tomó las alforjas que de su cama, estaban llenas ya de frutos para alimentarse durante el viaje a Idris y algo de hidratación. Kaelie llevaba las suyas al hombro, afuera se escuchaba el relinchar de los caballos acercándose.
- Ya vienen por nosotros – dijo él disponiéndose a salir, pero la mujer se interpuso en su camino impidiéndolo.
- Escucha, iras a las conversaciones con el Consejo porque es lo que dispone nuestra Reina, pero no te entrometerás en las investigaciones en Los Ángeles.- Le advirtió. El muchacho se detuvo con expresión inconforme ¿Acaso era una burla?
- ¿Q...? - La mujer hizo un gesto con la mano para callarlo.
- Es muy peligroso - dijo por lo bajo, como si le avergonzará admitir que estaba preocupada - Así que se encargara Mark Blackthorn
- ¿Confiaras a nuestro pueblo a él antes que a mí? – Preguntó ofendido.
- No se trata de confianza…
- ¡Él es un prisionero!… ¿Que se supone que voy a hacer yo entonces?
- Eres más útil en el instituto de New York – dijo seria, y Well pudo ver con claridad cómo le costaba decirlo. El chico palideció ¿Acaso había dicho…New…York?
- ¡No! – Negó rápidamente - ¡No quiero ir allí! – Gritó en medio de una rabieta infantil - ¡Quiero ayudar al pueblo Seelie!
-¡Ayudaras a nuestra reina recuperando tesoros para ella desde un punto seguro! – Lo sujetó del brazo para que se detuviera en la rabieta. La mujer hada suspiró intentando controlarse y explicarse lo mejor posible, se masajeó las sienes antes de hablar - Escucha Well, no estoy feliz con que vayas con los Nefilims, pero creo que tienes razón: los nuestros siguen muriendo, y ofreciéndote a ellos es la única forma de que ayuden; pero es muy peligroso y no quiero arriesgarte.
- ¡No soy un niño; puedo luchar!
- Y no lo dudo, pero esta no es tu lucha – dijo y agregó – Fue difícil para mí convencer a nuestra grácil reina para que confiara en ti después del robo que hiciste; pero lo hice porque sé que es lo que quieres – Aseguró - Así que si vas a ir con los Nefilims, será bajo mis condiciones - dijo seria.
- ¡Siempre me has dicho que me aleje de los Nefilims de New York! - La acusó cruzándose de brazos, con mirada traicionada - Y ahora me lanzas de cabeza con ellos.
- En Los Ángeles están asesinando a los nuestros – Le gritó - ¿Crees que se detendrán con un chiquillo que no es ni Nefilim ni hada? No tienes el entrenamiento del ángel y no puedes hacerte de la magia Seelie: Es muy riesgoso.
- Perfecto, soy un inútil entonces - Gruñó molesto.
- No estoy diciendo eso – Contradijo intentando controlar su tono de voz - Pero si te voy a dejar ir, permíteme estar tranquila: estarás más seguro en New York, tu familia te protegerá.
- ¡Ellos no son mi familia! - Rugió él, estaba realmente enojado: ¿Su familia? ¿Una familia que no se interesó por él? ¿Una familia que destruyó a las personas que amaba, que lo amaban? Cuando Kaelie dijo "los tuyos" esa mañana, él pensó que se refería a los Nefilims en general, que lo decía porque volvería con aquellos de su raza, no porque le obligarían a reencontrarse con las personas con las que compartía sangre - ¡Mi familia eres tú, el pueblo Seelie, Sebastian!
- ¡Cállate Well! - Exclamó ella a prisa mirando en todas direcciones; los caballos en el exterior se escuchaban más cerca y estaba claro que le preocupaba que el chico fuese escuchado - La reina Seelie no confiara en ti si mencionas a Sebastian Morgenstern - Well bufó por lo bajo. La mujer recuperó su expresión determinada – Mis decisiones no están sujetas a discusión: si no te quedas en New York no te permitiré ofrecerte ante la clave.
Su voz no dejaba ningún espacio para la réplica. Well suspiró, había esperado que Sebastian se equivocara cuando le dijo que de volver al mundo Nefilim lo haría con la gente de New York; había creído que podría ser simplemente enviado lejos, a Los Ángeles, ya luego encontraría la manera de conseguir el encargo que Sebastian le hiciera en la gran manzana; pero ya veía que no tenía opción. Asintió apenas perceptiblemente, aceptando su derrota.
.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.
Se hundió completamente en el agua de la tina, con los ojos abiertos, podía ver el brillo distorsionado de la luz atreves del agua y como esta tapaba sus oídos impidiéndole escuchar gran cosa; aislándolo por completo del exterior.
Quería que el agua se llevara cualquier rastro de ciruela y caramelo de hadas, que borrara cualquier rastro que dejaran Well y Richard. Era un gran idiota y se odiaba por eso, porque en ese momento Alec debía estar odiándolo con todo su ser con lo que Isabelle le hubiese dicho, porque él mismo había tirado al caño su segunda oportunidad.
Sintió que el aire se la acababa y se enderezó sacando la cabeza del agua dando una gran bocanada de aire. Le habría gustado sentir el suave aroma de las velas aromáticas a su alrededor pero todas estaban apagadas: había intentado encenderlas con un chasquido de sus dedos antes de que la ventana estallando le recordara que no podía hacer magia correctamente.
Bufó; su magia, Alec, todo se estaba yendo al infierno y ni siquiera entendía porque. Estaba claro que todos sus problemas habían empezado con Well, ¿pero que le había hecho él a ese niño para que quisiera acabarlo en todos los aspectos?
Tal como Catarina le había sugerido, había buscado por toda la casa algún objeto que no debiera estar, algo que Well pudiera haber plantado para interferir con su magia, pero sinceramente dudaba conseguirlo: su problema no se limitaba a hacer magia solo en el loft; a donde fuera que fuese su magia fallaba.
Se restregó el rostro y algo llamó su atención: el brazalete en su mano. El brillo naranja en la piedra negra resplandecía de forma tenue esta vez. Se extrañó: se suponía que se había quitado todas las joyas para meterse al baño, de lo contrario las estropearía; pero ese brazalete en particular no recordaba habérselo quitado alguna vez; de hecho, no recordaba cuando se lo colocó por primera vez, y sin embargo, mientras más lo observaba, mayor era la sensación de familiaridad, de haber visto antes, quizás años atrás, esa joya brillante.
Como fuera, se llevó la mano izquierda a la muñeca para retirarlo pero no pudo: el broche no cedió en lo absoluto. Intentó de nuevo, frunciendo el ceño y aumentando la fuerza.
Nada.
Magnus tomó el recipiente de jabón líquido, vertiendo casi todo el contenido sobre su mano para deslizarla fuera del brazalete, más este no se movió ni un poco ¿Qué diablos?
Se enderezó en la bañera con total seriedad, eso ya no le estaba gustando en lo absoluto.
Apoyó la mano del brazalete sobre el borde de la bañera mientras que la mano libre la alzó respirando profundo y rezándole a Lillith que no se fuese a volar la mano mientras chasqueaba los dedos intentando sacarse el brazalete.
Lo siguiente que pasó fue muy rápido: la llama de la piedra negra se avivó, titilando con mayor intensidad a la par que el agua de la bañera desaparecía en su totalidad, pero el brazalete seguía en su lugar. Magnus frunció el ceño tanto que sus cejas se juntaron: la reacción de la piedra ante su magia no le gustó en lo absoluto, sentía que había visto algo similar con otra joya.
Lo intentó otra vez, sin apartar la vista del brazalete, chasqueó los dedos esperando encender las velas aromáticas. Una fuerte llamarada de fuego brotó de estas casi hasta el techo, pero Magnus no les prestó atención, sus ojos estaban fijos en el brazalete que refulgía otra vez con gran intensidad. Él había visto ese brillo antes, estaba seguro que lo recordaba.
Chasqueó los dedos para quitarse el pantalón y el de Well, el propio desapareció, pero el del chico permaneció en su lugar, Magnus observó con una boba sonrisa como el collar dorado que el chico llevaba en su cuello, brillaba con un destello naranja sobre una piedra negra que contrastaba con la piel Blanca del Nefilim; lo observó embelesado ignorando los intentos del chico debajo suyo por liberarse de él.
Respingó, esa era una de las pocas cosas que recordaba de la noche de navidad: el collar de Well en su pecho, brillando cuando él intentó hacer magia y… ¡Maldito niñato! Sería idiota si pensara que era casualidad que este tuviera un collar a juego con el brazalete que no podía quitarse:
– Como sea, no soy Nefilim – Le había dicho Well esa misma noche de navidad cuando se encontraron en la pastelería; Magnus lo había visto incrédulo buscando a detalle cuando se dio cuenta que no tenía runas en sus brazos o su cuello como estaban marcados generalmente los Nefilims. Sin embargó enarcó una ceja al ver que, de hecho, si había una: la runa de visión en el dorso de su mano y cerca de esta un brazalete con una piedra central negra en la que parecía refulgir un fuego naranja, un accesorio bastante interesante, a decir verdad.
Masculló una maldición saliendo de la bañera y tomando un albornoz, le daría una paliza a ese mocoso en cuanto lo viera, no necesitaba la magia, podía obligarlo a golpes a quitarle el brazalete y decirle porque lo hacía ¿Qué ganaba arruinando su vida?
Otro recuerdo llegó a su mente que seguía hilando cabos, esta vez era un recuerdo mucho más viejo y a primera impresión no relacionado a Well; había sido hacía cinco años, durante los juicios de Alec, él se había dedicado a buscar a Max y eso lo había llevado ante la Reina Seelie para informarle que su escaño en el consejo le había sido retirado; luego de hablar con ella, justo cuando se iba, lo había visto:
Seelie lo despachó con un gesto de la mano y su brazalete dorado con una piedra negra y el brillo naranja estallando en su interior le fue visible. Magnus lo observó por un segundo, atraído por el brillo y la magia que destellaba de él, pero rápidamente le restó importancia; sinceramente no le interesaba el destino de las hadas.
Lo recordaba perfectamente, ese brazalete había llamado su atención pero lo había olvidado con tantas cosas que le ocurrían en el momento. ¡Maldita perra loca! Había sido ella quien envió a ese muchachito a arruinar su vida, a destruir su relación con Alec y su magia. Tenía sentido, las hadas eran retorcidas y vengativas, ¿de qué se sorprendía?
Tomó su celular llamando a Catarina pero no hubo respuesta. Maldijo tomándole una foto al brazalete que le envió a la bruja azul junto con un mensaje:
"Este es el objeto, lo tenía Seelie hace cinco años y Well esa noche. No puedo quitármelo"
Apenas lo hubo enviado tomó un papel escribiéndole a la bruja exigiendo que fuese a verlo cuanto antes, le importaba un comino si mataba de un susto a los monjes tibetanos al ver aparecer el mensaje de fuego. Chasqueó los dedos y no pasó nada, lo intentó al menos otras tres veces antes de que este se enviara, suponía que no era suficiente magia para el brazalete que apenas se iluminó, ahora que lo pensaba, quizás había sido por eso que había podido enviar tantos mensajes de fuego a Alec después de navidad y…
¡ALEC!
Un ligero sentimiento de alivio lo embargó porque había sido un idiota por permitirse caer en una trampa, sí, pero no tenía ningún interés a él, y ahora que Alec había pensado en darle otra oportunidad, si le explicaba bien todo, seguro le perdonaría el terrible resbalón con Well y Richard.
Se dejó caer en el sofá ¿A quién quería engañar? Podía haber caído en una trampa una vez, ¿Pero dos? Dos solo eran la prueba de cuan confiado y tonto podría ser. Había conseguido un ligero consuelo para navidad, pero nada justificaba lo que ocurrió en año nuevo. Ni siquiera se había atrevido a responder el video de Alec ¿Qué podía decirle? No tenía cara siquiera para ir hasta él.
Un mensaje de fuego apareció frente al brujo. Se desconcertó tomándolo de inmediato ¿Catarina había contestado tan pronto? Sin embargo al tomarlo y ver el sello de la clave, se dio cuenta que no tenía nada que ver con sus asuntos personales; se masajeó las sienes. Fuera lo que fuera tendría que esperar, no tenía cabeza para asuntos de La Clave. Se tomaría un descanso y que buscaran a otro representante de los brujos, al que quisieran; incluso Malcom Fade.
Sin embargo aun así abrió el comunicado, si iba a negarse y renunciar, quería saber a qué lo haría.
Para: Magnus Bane, representante de los brujos ante El Consejo
Recordatorio
Sesión especial con enviados del pueblo de las hadas.
Lugar: Salón principal del Gard
Horario: 2 de enero, 8:00 AM (hora Idris)
Asistencia obligatoria
Robert Lightwood – Inquisidor
Jia Penhallow – Consul
Magnus suspiró, quizás su renuncia podría esperar un poco más: la sesión era con las hadas, les exigiría a alguna de ellas que le retiraran el brazalete o en su defecto que lo llevaran con Well para que pudiera patearle su remilgado trasero.
Observó el reloj de pared en su sala: en New York estaba por dar la 1PM, lo que significaba que tenía solo una hora para llegar a tiempo a la reunión. ¿Cómo diablos iba a hacerlo si ni siquiera sabía si podía invocar un portal? Respiró profundo, eso era vergonzoso, pero suponía que tendría que contratar los servicios de un brujo.
.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.
Giró el anillo entre sus dedos. Las voces que lo torturaban se habían apagado desde que volvió a colocarse el reloj, pero no por eso el pasado había quedado atrás: no había podido dormir con tantas cosas rondando por su mente. Por eso no solía tomar el anillo, cuando lo hacía se volvía como una adicción y comenzaba a pensar en cosas innecesarias, en cosas del pasado, de su pasado con Sebastian. Era bastante amargo, a decir verdad, recordar los ojos verdes de Jonathan diciendo que lo amaba o los negros de Sebastian asegurando que le pertenecía.
Había recordado por horas, los momentos en la casa en Idris; o eso suponía, el reloj seguía descompuesto en cuanto a su función de marcar la hora respectaba, y seguiría así hasta que Magnus volviera; quería pensar que sería pronto, ya debía haber amanecido otra vez, pero del brujo seguía sin haber señal alguna.
El dedo que rozaba el grabado de estrellas en el anillo se detuvo. Había estado enojado y decepcionado de Magnus, luego esperanzado y optimista y ahora más bien un poco resignado; más no sentía correcto pensar en el brujo mientras jugaba con el anillo de Jonathan en sus manos.
El sonido de pasos rápidos lo alertaron. Alec se incorporó de la cama guardando rápidamente el anillo Morgestern, nadie sabía que aún lo conservaba; nadie salvo Magnus que lo había descubierto hacía un par de años por casualidad; y quería que se mantuviera así, en secreto, no fuese que los hermanos silenciosos quisieran quitárselo.
Y hablando de ellos…
Alexander Lightwood – Era el hermano Enoch, Alec pudo detectar un ligero toque de exasperación que solía tener cuando se trataba de Maxxie, y de hecho, el hermano silencioso halaba al niño de la mano mientras este se quejaba trayendo en la otra mano algunas flores.
- Suéltame, no fue mi culpa.
- ¿Qué pasa?
El salón de la espada Alma es sagrado – El hermano silencioso estaba enojado; era la primera vez que Alec lo veía así - Maximum hizo aparecer cientos de flores en el salón; dejamos pasar que tiñera nuestras túnicas de violeta en fin de año, pero esto ya es demasiado.
Alec lo miró confundido ¿Estaba quejándose de Maxxie con él cual maestro quejándose de un estudiante travieso con su padre? Un sentimiento cálido brotó en su corazón ante la idea, pero no tuvo tiempo a disfrutarlo lo suficiente, no cuando el niño no dejaba de protestar.
- ¡Este lugar es muy deprimente! Por eso Alec está triste.
Antes fue culpa de Bane, ahora culpa de Alexander ¿Cuándo aceptaras tus culpas?- Lo reprendió el hermano silencioso; el niño masculló algo inentendible. Alec se acercó.
- Yo…hablaré con él – Ofreció – Estoy seguro que no volverá a hacerlo ¿Verdad Maxxie? ¿Te vas a comportar? - Preguntó con una significativa mirada.
- Si – Susurró. El hermano silencioso hizo un gesto de rendición, no le creía en lo absoluto pero no tenía nada más que decirle por lo que lo soltó, el niño se apresuró en aplaudir, con cuidado de no arruinar las flores e ingresó a la celda.
Espero que se comporte el mayor tiempo posible. – dijo dándose media vuelta para marcharse de allí. Alec lo observó irse, esperó tranquilamente hasta de que el hermano silencioso hubiera desaparecido de vista para volverse hacía el pequeño niño azul con una expresión bastante seria.
- Si te sigues portando mal, van a castigarte – dijo – Ellos no suelen tratar con niños, no hagas que pierdan la paciencia.
El pequeño no respondió al regaño, en su lugar le tendió las flores. Alec las miró perplejo, observándolas fijamente, parecían geranios.
- ¿Para mí? - El niño asintió.
- Para que estés feliz – dijo con una sonrisa tímida. Alec las tomó sintiendo como otra vez el sentimiento de plenitud en su pecho renacía, se sentía halagado de que Maxxie se preocupara de esa manera por él – Haz estado triste desde que peleaste con Magnum – dijo – Y él no ha venido… y no me gusta verte triste… y pensé que te gustaría…
- Si, me encantan – Admitió, le encantaba el detalle que estaba teniendo el pequeño – Gracias morita. – Maxxie sonrió ampliamente y Alec le revolvió el cabello con la mano que tenía libre. Sintió sus dedos golpear contra los cuernos del niño – Pero tienes que dejar de hacer magia para enojar a los hermanos silenciosos – Lo riñó.
- No la hago para molestarlos – Se quejó cruzándose de brazos – Ellos se molestan por todo. – dijo. Se acostó en la cama del mayor y preguntó - ¿Magnum viene hoy?
La sonrisa de Alec vaciló; quería decir que si, quería creerlo, pero había enviado el mensaje hacía tantas horas y Magnus aún no se manifestaba cuando habría esperado que si bien no apareciera allí de inmediato, al menos se preocupara en enviar una respuesta al instante que lo leyó.
- Magnus vendrá en cuanto pueda- Le dijo, cada segundo que pasaba lo llevaba en una montaña rusa de emociones, y justo ahora volvía a ir en picada: cada vez menos convencido lo volvía todo más doloroso. Sintió los dedos picarle por el deseo de meter la mano en sus bolsillo y tomar el anillo Morgenstern en busca de consuelo pero se contuvo; era absurdo, un consuelo tonto y enfermizo - Mientras tanto podríamos practicar las letras - Ofreció tomando una cartilla de entre sus libros ignorando las quejas del pequeño, debía distraerse o se volvería loco.
Sin embargo la llamarada de fuego que apareció frente a él atrajo toda su atención. Alec se apresuró a tomar el mensaje incluso antes de que el fuego se apagara; exclamó una maldición al quemarse las manos al mismo tiempo que Maxxie gritaba una exclamación de emoción.
Abrió la nota, aun resintiendo la quemadura en sus dedos; era de Magnus, reconocería su letra donde fuera.
Alexander
Desde que desperté no he podido dejar de ver tu video; me hizo feliz saber que querías verme otra vez, pero al mismo tiempo me siento tan mal, tan culpable: te amo cielo pero no sé si merezco otra oportunidad. Quisiera pensar que si a pesar de lo tonto que he sido para cometer errores. Creo que lo mejor no es que vaya de inmediato, tienes que pensar bien si esto es lo que quieres, porque por mi parte es lo que más deseo; mientras tanto yo pondré las cosas en orden: Hable con Cat sobre mi magia; me dio una idea y por fin encontré la causa de que este fallando. Espero poder resolverlo hoy mismo. Iré a Alacante ahorita, hay una reunión del Consejo y exigen mi presencia. Aprovechare para resolver el problema de mi magia, pretendo tomarme luego unas vacaciones, nos veremos entonces cielo.
Te amo
Magnus
Alec sonrió ligeramente. Entonces Magnus no había pasado de su video. Se desesperó un poco puesto que aún tenía que esperar más a que volviera y el reloj roto no ayudaría; pero sabía que iría y eso le hacía sonreír.
- ¿Qué esperas? ¡Responde! - Exclamo Maxxie emocionado; la sonrisa de Alec desapareció un poco. Para Maxxie, Alec era solo otro habitante de la ciudad silenciosa, como él mismo; el niño no veía nada malo en su permanencia completa en su celda porque no conocía nada más: Alec estaba allí desde incluso antes de que el niño fuese llevado a la hermandad como un pequeño bebe azul envuelto en mantas.
- No puedo enviar mensajes de fuego sin una estela - Dijo. El niño pareció sorprendido.
- ¿Entonces nunca los contestas?
- No - Admitió. Maxxie lo miró un segundo antes de que su pequeño rostro se cargara de determinación y se incorporara corriendo fuera de la celda.- ¿A dónde vas?
- Tengo que ir a mis lecciones con los Hermanos Silenciosos - Dijo corriendo por el pasillo dejando a Alec desconcertado.
Volvió a mirar la carta y sacó el anillo Morgenstern de su bolsillo. Sebastian se había equivocado al igual que hacía cinco años: Magnus no lo había cambiado, no lo estaba abandonando, y estaba feliz por eso.
.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.
Tomó las frutas que Kaelie le ofrecía en un improvisado plato de hojas; cualquiera podía pensar que solo estaba siendo amable como con cualquier otra hada; pero él no era un hada, y estas no solían ser amables, lo podía ver en el hijo del rey de la Corte Unseelie desterrado a la caza salvaje, lo podía ver en el Nefilim sentado un poco más apartado del resto, en como todos se pasaban las frutas entre sí, pero solo Kaelie se había tomado la molestia de picarla en trozos para alguien más que no era ella misma; para él.
Porque sabía que, las hadas cuando amaban, cualquiera fuese el tipo de amor, lo hacían para toda la vida; y Kaelie lo amaba, solo por eso dudaba a veces si lo que estaba haciendo al ofrecerse de esa forma a la clave, era lo adecuado; si valía la pena causarle esa tristeza tan solo para vengarse.
- Gracias mi bella dama - Ella le sonrió colocando su mano en uno de sus hombros. Podía parecer un toque casual, pero Well sabía que los suaves movimientos de sus dedos buscaban consolar las marcas de los azotes que la Reina Seelie le diera hacia unos pocos días; sabía que el único motivo por el cual le permitieron salir con los demás en año nuevo fue para que la ciruela de hadas no le permitiera pensar y sentir las cicatrices al rojo vivo en su espalda.
Vio con curiosidad al príncipe de la Corte Unseelie ponerse de pie con una manzana y una toronja y acercarse al chico Nefilim; y no fue el único: Kaelie, Iarlath y Noelie lo observaron, pero con reprobación en su mirada cuando Kieran tomó un cuchillo de su cinto picando sus frutas a la mitad y arrodillándose frente a él ofreciéndole una mitad de cada una.
Well volvió la mirada a Kaelie cuando esta chasqueó la lengua.
- ¿Por qué te disgusta? – Preguntó con curiosidad. Él también estaba algo molesto con ese chico, porque podría ir a Los Ángeles mientras que él no, pero en el fondo sabía que no era su culpa y no le hacía mucha cabeza; pero el chasquido de Kaelie iba más allá, era algo más arraigado.
- Es un prisionero y un Nefilim,
- ¿No es lo mismo conmigo?
- No te compares con un Blackthorn - Lo riñó.
- Te traeré algo de agua - Escuchó que Kieran le decía al chico Nefilim mientras se volvía de pie y caminaba por el claro internándose entre los arboles hacia el pequeño arroyo.
Well debía admitir que quizás, Kaelie no era la única que amaba a alguien allí.
Iarlath se puso de pie apenas Kieran desapareció de su vista, y se acercó a Mark arrebatándole la manzana a medio comer.
- Estas frutas no son para un Nefilim- Dijo lanzándola sobre su hombro al suelo. El rubio intentó ponerse de pie para defenderse, pero Iarlath lo empujó tumbando de un manotazo la toronja que pisó - Mucho menos un Blackthorn.
Y también sabía que cuando las hadas odiaban, cualquiera fuese el motivo, lo hacían para toda la vida. Iarlath volvió con Noelie quien reía con sorna ignorando la mirada de desprecio de Mark. Well suspiró
- Lamento los problemas - Susurró. Kaelie volteó a mirarlo de inmediato.
- Well no... - Pero el chico ya se había incorporado con su plato de frutas improvisado en hojas y se acercó a Mark dirigiéndole una mirada a Iarlath y Noelie retándolos a detenerlo. Sabía que no lo harían: ninguno se atrevería a confrontarlo porque sería confrontar a Kaelie, muchos lo odiaban por eso: decían que le hacía sentir como si tuviera corona y si era cierto, no lo desaprovechaba.
Se sentó junto al rubio que lo miró de reojo, con desconfianza como si esperara un nuevo ataque. Pero Well solo sonrió tendiéndole sus frutas.
- Estas frutas son para un Nefilim-Dijo con voz alta y clara mirando de reojo a Iarlath antes de sonreírle a la cara de sorpresa de Mark - Podemos compartirla.
La desconfianza no desapareció, pero ahora se acompañaba con sorpresa.
- ¿Nefilim? - Well dejó la fruta entre ambos retirando su guante de la mano derecha para mostrar la runa de visión en ella. Mark lo miró con sorpresa. - ¿Cómo es que te atraparon? - El muchacho negó tendiéndole la fruta. El rubio vaciló, pero finalmente tomó un trozo. Escucharon a los tres Seelies resoplar y volver a sus asuntos.
- No soy un prisionero; no realmente - Dijo y agregó - Pero tú sí; por eso voy a ayudarte.
- ¿A qué te refieres? – Preguntó con desconfianza.
- Conseguiré que vuelvas con tu familia - Dijo solemne - Que vuelvas a ser Mark Blackthorn.
El chico se estremeció y el trozo de fruta resbaló de sus labios arrastrándose para apartarse de Well.
- ¿Que eres? ¿Una prueba de Gwyn? - Preguntó afectado, parecía aterrado ante la perspectiva de creer en sus palabras.
- Solo quiero ayudarte.
- ¡No! ¡Aléjate! - Exigió. Kieran volvió al claro, acercándose a ellos en lo que vio la escena - No voy a caer en tu trampa.
- Ey tu - Riñó Kieran con voz helada como el acero - Hazte a un lado.
- Pero yo...
- No molestes mascota - Siseó. Well se incorporó ofendido; pero se mordió la lengua: desterrado o no, ese seguía siendo el príncipe de la Corte Unseelie.
- Puedes disponer de la fruta para comerla - Le dijo a Mark entre dientes, volviendo junto a Kaelie.
- Te dije que no fueras - Lamentó la hada tomando uno de sus mangos y empezando a cortar la cascara con un cuchillo, para luego entregárselo.
"Mascota, mascota" no dejaban de canturrear Iarlath y Noelie tras suyo. Well tomó el mango de mala gana viendo a Kieran tenderle un recipiente con agua a Mark mientras le ofrecía su media manzana, pero el chico rubio negaba con la cabeza; aun metido en su propia mente, en la pesadilla que las palabras de Well habían despertado.
Él había escuchado de Mark Blackthorn, el Nefilim medio hada que era prisionero de la caza salvaje; pero hasta ahora que lo conocía se daba cuenta de lo mal que hacia al tomarse sobre sí mismo el título de "prisionero" tan a la ligera.
El reino de las hadas amaba para siempre, y cuando lo hacían se entregaban por completo.
El reino de las hadas odiaba eternamente y cuando lo hacían no tenían piedad.
¿Cómo era posible que él y Mark siendo Nefilims los dos corrieran suertes tan diferentes?
Como fuera, sabía que los Nefilims no eran mejores. Los rumores hablaban de que estaban dispuestos a dejar a Mark a su suerte. Por lo que si su presencia allí ayudaba también al rubio se daría por satisfecho: estaba decidido a conseguir que ese chico volviera a su familia y fuese libre. Solo una cosa más que agregar a la lista de cosas que conseguir para las próximas horas.
.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.
Magnus entró al Gard en silencio. No estaba de ánimos para estar allí, con Alec queriendo verlo, él evitándolo y su magia fallando estaba totalmente lleno de problemas como para que de paso tuviera que pasar su tarde escuchando argumentos de las hadas sobre porque debían ayudarlos cuando todos sabían que la clave no pretendía cambiar de opinión.
Había terminado por llamar a Clary; era menos vergonzoso para un alto brujo pedirle a la pelirroja que abriera un portal para él que contratar el servicio de otro brujo; aunque admitía que lo segundo habría sido menos molesto que ignorar las preguntar de la joven Nefilim sobre porque no podía abrirlo él mismo.
Se acercó a la sala de negociaciones y se detuvo en la puerta al escuchar los gritos de un chico provenientes del interior: Julian Blackthorn estaba en medio de la sala junto a su tío Arthur, y exigía a la clave que aceptara el trato que las hadas ofrecían.
Pese a que el instituto de Los Ángeles estaba a cargo de Arthur Blackthorn, en el fondo todos sabían que Julian, como el mayor de los hermanos que quedaban, formaba parte activa de las decisiones que allí se tomaban contribuyendo aun a su temprana edad a mantener todo a flote. Arthur a su lado exigía lo mismo que su sobrino, aunque con un porte más calmado; Magnus sabía que la mayoría lo ignoraba, pero Malcolm le había hablado sobre los problemas del hombre y las medicinas que debía darle, y obviamente esa mañana la había recibido para estar en la reunión.
- Entendemos cuan sensible es esta situación para ustedes - Las palabras de Robert Lightwood sonaron, si se quiere, odiosas porque intentaban ser comprensivas cuando todos sabían que la respuesta sería la misma - Pero las hadas no han demostrado ser un pueblo de palabra. Desde la traición de las hadas, la ley nos permite no darles ayuda de considerarlo pertinente y esta reunión solo será para negarnos oficialmente.
- Condenaran a mi hermano - Se quejó Julian.
- Sed lex dura lex - Clamó Robert con solemnidad.
- Lex malla lex nula- Bramó Arthur enojado. Magnus lo miró con pena, ley mala, ley nula. Era el lema de los Blackthorn y generalmente estaría de acuerdo con ellos, pero era demasiado riesgoso confiar en la hadas, no solo para los Nefilims, sino también para los submundos, el brazalete en su mano se lo recordaba.
- ¡Mark no merece que le den la espalda de esa manera! - Rugió Julian. Y Magnus no podía evitar sentirse culpable: él había sido uno de los que votó en contra del acuerdo con las hadas. No quería juzgar a todo el pueblo de las hadas por igual, pero lo cierto era que sus regentes, en especial la reina Seelie, eran despiadados seres en los que no se podía confiar ni un ápice; e involucrarse en sus problemas solo extendería estos a los Nefilims y el resto de los submundos. Lo único que lamentaba era que el pobre chico Blackthorn se viera perjudicado en el proceso.
Magnus sabía que Alec se seguía culpando porque Sebastian hubiese vendido al muchacho a la cacería salvaje; y nada quería más que quitarle esa culpa de encima; pero, aun así, su voto seguía siendo en contra del acuerdo al igual que el de la mayoría.
- Buscaremos otra manera de acordar su liberación - Aseguró Jia.
- ¡Mentiras! - Gritó Julian - ¡Llevan cinco años con esa mentira, y ahora que nos dan la oportunidad de recuperarlo ustedes le dan la espalda! Si aceptan, el instituto de Los Ángeles puede encargarse de toda la investigación; de todas formas, es nuestra jurisdicción, no es necesario que la clave se involucre si no quieren – Ofreció desesperado como si alguien estuviera dispuesto a considerar depositar tal responsabilidad sobre un muchacho de diecisiete años.
- Es imposible considerar dar tal responsabilidad: no tienen suficientes Nefilims adultos - Sentenció Robert - Comprendo que se dejen llevar por el sentimiento de la familia, pero deben entender...
- ¿Entender? - Saltó- Entiendo que mi hermano fue secuestrado por culpa de su hijo Inquisidor - Bramó. Robert se incorporó de un salto; Jia lo sujetó del brazo no sería bien visto que el inquisidor se lanzara sobre un menor de edad. Magnus no podía culparlo, entendía a Julian pero él mismo quería golpearlo por lo que acababa de decir - Y entiendo que ahora es culpa suya si no podemos recuperarlo.
Un Nefilim pasó junto a Magnus hasta llegar al estrado donde Jia y Robert estaban, interrumpiendo el tenso ambiente que se había formado. El nefilim miembro de la guardia del Gard hizo un saludo marcial antes de indicar con voz solemne.
- La comisión de las hadas acaba de llegar a la ciudad; estarán aquí en 5 minutos. - Las autoridades asintieron y Robert miró a Julian con rudeza.
- La decisión está tomada, si quieres quedarte jovencito deberás guardar silencio, de lo contrario serás sacado de la reunión - Aseguró y agregó al Nefilim mensajero - Pídele a los representantes del submundo que vayan ingresando a la sala.
Magnus terminó por entrar en ese momento. Intentó evitar la mirada de Julian que parecía contenerse por arrancarle la cabeza a alguien. En cambio, le dirigió un rígido saludo con la cabeza a Robert y se sentó en su lugar en el consejo.
- Tenemos que hablar en privado Bane - Le susurró Robert con tono serio. Magnus solo asintió, suponía que Robert querría saber porque no fue en año nuevo con Alec. Poco después Luke y Lily se dieron paso. Tras ellos entró un hada, Noelie; más a diferencia de los primeros, no se sentó; en cambio se mantuvo de pie y con voz solemne exclamó:
- Los enviados de la corte Seelie, la corte Unseelie y la caza salvaje se dan lugar en la sala.
Casi al instante las puertas se abrieron. Un hada con apariencia de árbol se acercó encabezando la comitiva; junto a él uno de cabello azul con porte de realeza, a su lado iba Mark Blackthorn, cabizbajo y con las manos atadas. Julian se incorporó de inmediato al ver a su hermano y varios Nefilims cuchichearon. Arthur sujetó a su sobrino evitando que hiciera una locura.
Tras ellos entró Kaelie y finalmente una figura encapuchada. Magnus tuvo un mal presentimiento al ver a esta figura: no había estado en la reunión anterior y temía que por algo debió haber sido enviado por Seelie esta vez.
- Bienvenido pueblo de Feéra a este recinto – dijo Jia de forma protocolar aunque por la incomodidad general que abarcaba la sala, era obvio que no lo eran. – Durante la última semana el Consejo y la Clave hemos discutido la situación que nos han planteado – Informó – Lamentamos profundamente las pérdidas que su pueblo han sufrido en los últimos días.
- Y que aumentaron en lo que esperábamos la decisión de ustedes – Recriminó Iarlath interrumpiéndola. Jia apretó los labios sin embargo fue Robert quien, con toda la imponencia de su robusta figura, continuó:
- Sin embargo, el consejo en presidio de la decisión de la clave en pleno, ha decidido no aceptar la oferta. - Dijo. Kaelie frunció los labios con molestia, y Mark no pudo evitar un ruido estrangulado, como si aguantara el horror de una pesadilla. Magnus fijó la mirada a Julian con pesar, el chico miraba a su hermano con lágrimas de impotencia.
- La Reina Seelie preveía una decisión como esa - Dijo Kaelie- Por lo que está dispuesta en mejorar su oferta - Aseguró y Magnus estuvo seguro de que no parecía muy feliz.
- No creo que haya algo que ella pueda decir que nos haga cambiar de opinión - Dijo Magnus con un gesto de la mano. Kaelie lo miró y sus ojos se fijaron en el brazalete en su mano. Sus ojos se abrieron con sorpresa y dirigió una rápida mirada al encapuchado que se había mantenido en silencio hasta entonces que dio un paso al frente.
- Mi señora la reina Seelie está dispuesta a sumarme como parte del pago por la ayuda de los Nefilims - Magnus abrió los ojos con horror. Reconocía esa endemoniada voz: Justo la persona que quería ver y al mismo tiempo la última con la que quería compartir recinto: Well.
El jovencito alzó las manos permitiendo que la runa de la visión en el dorso de la derecha se viera.
- ¿Eres un Nefilim? - Preguntó Jia.
- No soy solo un Nefilim - Dijo este llevándose las manos a la capucha bajándola. Magnus solo pudo ver al mismo chico de su loft y el club, por lo que no entendió cuando Robert dejó escapar un gemido de sorpresa parándose tan pronto de su silla que esta se volcó al piso; sin embargo, él mismo palideció cuando el chico continuó - Soy Maxwell Joseph Lightwood, y estoy dispuesto a volver si ayudan a mis hermanos y hermanas Seelies.
_OO_OO_OO_
¿Y bien? ¿Qué les pareció?
Dudo mucho que sea una revelación, pero como dice mi parabatai "ahora si se va a armar" xD oh por lo menos le da un infarto a Robert y a Magnus jajajaja me dio algo de cosa hacer sufrir (más) a Alec en este cap u.u pero era necesario, lo juro :)
Quiero dejar claro que no ahondaré en los asuntos de Mark, Los Ángeles y Lady Midnight en general, para no crear grandes spoilers si aun alguien no lo ha leído, solo los estoy usando como referencia…(bueno, eso y que no pude resistirme a un poquito de Kierark ;)
Ahora el próximo cap se llama "Max-Well" veremos un poco del caos que trae su regreso y entenderlo un poco
Nos leemos pronto
Besos :3
