Hola holaa! :D ¿qué tal? ¿Me extrañaron?
Yo si :) pero me hicieron feliz con sus reviews n.n gracias a Lalala Gem, perdizRyhe, Kyle Lancaster, y Marian por ellos, y a todos los que leen dan fav y follow n.n Contesto algunos:
Lalala Gem: oh, en serio pensaste que no se reencontrarían? Jajaja, vamos, Magnus no dejaría a Alec en la ciudad silenciosa sin protección… y sobre Maxxie, aunque no lo sepa, al menos sentimentalmente ya Alec lo adoptó *w* el papel de Sebastian en todo se irá develando poco a poco, pero créeme, es sumamente importante. Por cierto que me llegó la segunda parte del review anterior fue la semana pasada xD las hadas patentando sus drogas xD un beso :3
Marian: oh ¿quién lo diría? La escuela salvándote de infartos… oh entonces prepárate para gritar otra vez ;) oh aquí también hay un poquito de Kierark… no me pude contener jajaja. Un beso :3
Al resto por privado.
Por cierto que en los comentarios fue interesante ver como amaron al Alec malo en Por Andarse de Cupido y sufrieron con las voces torturándolo en el capi pasado pasándole factura ¿Qué esperaban? El pobre chico tiene su consciencia para remorderle jajaja
Por cierto, ¿alguien extraña cierto destello de ojos verde? ;)
Les dejo leer!
Parte IV: La vida de los muertos
La vida de los muertos perdura en el espíritu de los vivos
Cicerón
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Capítulo 8: Max-Well
Lo que perdemos al final vuelve a nosotros…aunque a veces no del modo que esperamos
Luna Lovegood – Harry Potter y la Orden del Fénix (Película)
X.X.X.X.X.X
Well
Maxwell
Max...
Magnus podía escuchar los susurros y exclamaciones de sorpresa a su alrededor; podía escuchar el ruido que hizo Robert cuando casi pierde el piso. Podía escuchar a Kaelie pidiendo que en base a esa nueva propuesta reconsideraran la petición; pero para él todo eso era inútil...lo único que su mente repetía era "Soy Maxwell Joseph Lightwood"
Y sentía que la cabeza le daba vuelta con cada segundo que pasaba.
- El consejo discutirá; esta sesión se retomará al final de la tarde - Dijo Jia. Era la única manera de que la sala recobrara la compostura. Robert se acercó con paso tambaleante a su hijo, dejando su estrado, pero el chico se colocó rápidamente la capucha y se dio media vuelta.
- Volveré entonces para escuchar el resultado - Dijo - Esperaré en otra sala.
Robert se paralizó ante tal frialdad. Magnus en cambio se puso de pie. Se sentía ofuscado.
- ¿A dónde vas? - Preguntó Lily en un susurro - Necesitamos discutir esto, porque sin duda el inquisidor cambiara su voto.
¿Voto? Magnus no podía pensar en votos; en cambio dejó a la vampiro hablando sola y salió de la sala. Se sentía mareado.
¿Cómo se suponía que iba a darle la cara ahora a Alec? ¿Cómo iba a decirle que el fulano chico del cementerio por el que lo había dejado esperando en navidad, el chico con el que se enredó en año nuevo, por el cual no se había atrevido a ir a verlo, era Max? Su hermanito
- Vaya; no pensé que salieras a verme tan pronto - Magnus respingó al escuchar la voz del chico, retrocedió al ver lo cerca que estaba de él, y marcó la distancia. ¿Qué le pasaba a ese chiquillo?
- Tenemos que hablar – Dijo serio, Max hizo una sonrisa ladeada.
- Si estás embarazado no pienso hacerme cargo
- Cállate – Lo chitó mirando en todas direcciones: los Nefilims habían comenzado a salir del salón principal del Gard hablando entre ellos con la emoción del chisme ante las nuevas revelaciones. Se estremeció de pensar que alguno hubiese escuchado, pero las miradas que le dirigían parecían ser solo de curiosidad por Max. Al volverse a él Magnus se dio cuenta como el chico sonreía ya no de esa forma contenida de antes, sino de una manera torcida que asemejaba a un tiburón a punto de atacar, una sonrisa peligrosa que Magnus no veía desde hacía cinco años. – Camina – Ordenó tomándolo del brazo y llevándolo casi a rastras hasta una de las salas secundarias que estaba vacía para poder hablar a solas, ignorando las quejas de protesta del chico. - ¿Por qué no me dijiste que eres el hermanito de Alec?
El muchacho se soltó de Magnus, enderezándose sobre sus pies. Podían escuchar desde el otro lado de la puerta la algarabía de los nefilims respecto a Max y en que cambiaba eso la situación política ante las hadas.
- ¿Habría cambiado algo? - Preguntó amargamente y agregó intentando retomar el control de la situación insinuándose a Magnus quien retrocedió por reflejo - Porque como yo lo veo, ya no soy el hermano de nadie. – Magnus no supo que lo desconcertó más si lo que decía o la forma descarada en que le guiñó el ojo; lo cierto es que no fue sino cuando la puerta se abrió que el brujo notó cuan raro debía verse estando tan cerca del pequeño mocoso enviado de las hadas...el hijo muerto del inquisidor...el hermano de Alec.
Cada realidad lo golpeó a la par que escuchaba el chasquido reprobatorio. El brujo volvió la mirada al igual que Well...que Max, se corrigió. Era Kaelie quien los veía con sus ojos azules rígidos y desaprobatorios. El chico palideció apartándose de inmediato.
- Vamos a hablar. - Siseó la hada acercándose a ellos.
- Kaelie no...
- Vamos a hablar - Repitió y su tono no admitía replica alguna – Bane permítenos, por favor - Magnus asintió todavía un poco aturdido por todo lo que pasaba y salió de la sala cerrando la puerta tras de sí, viendo en el vestíbulo como algunos Nefilims seguían pululando por allí conversando entre ellos pero la puerta del salón principal había sido cerrada. Se recargó a la pared restregándose el rostro, demasiado confundido por todo lo que estaba ocurriendo; necesitaba pensar que iba a hacer ahora.
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- Puedo explicarlo...
- Aun no te he pedido que expliques nada, pero ya sabes que debes hacerlo –Kaelie se cruzó de brazos totalmente seria apenas la puerta de la sala se hubo cerrado - ¿Si sabes que obras mal, porque lo haces?
- Solo estoy molestando a Bane; no es algo serio y...
La hada chilló y antes de poder evitarlo una bofetada resonó en la sala volteándole la cara al chico
- Le mentiste a la Reina Seelie… ¡A mí! - Espetó entre dientes, su tono de voz denotaba lo herida y decepcionada que se sentía, pero aun tiempo no quería que nadie detrás de esas paredes escuchara. El chico abrió los ojos con horror - No perdiste el brazalete ¡Se lo diste a Bane!
- Yo...Yo no...
- ¡No mientas! - Le gritó y su voz resonó en la sala que estaba silenciosa como un sepulcro - ¿Sabes...? ¿Tienes idea de lo que te hará si ella se entera? – Lo zarandeó - ¿Tienes idea?- Él bajó la mirada mordiéndose el labio conteniendo una respuesta - ¿Es que no fueron suficiente los azotes, Well? - Su voz se quebró y el sintió la culpa perforarle el pecho por lo que solo balbuceó.
- Lo siento... - Kaelie resopló.
- ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué lo buscaste? Y quiero la verdad - Él negó manteniendo la mirada gacha - ¡Maxwell!
El chico se encogió con un bajo jadeo: Kaelie casi nunca lo llamaba por su nombre completo.
- Lo siento - Repitió; su voz era un graznido lloroso - No quise arrastrarte con esto.
- ¿Arrastrarme? ¿Que buscas de Magnus Bane?
- Lo siento- Repitió, dejando claro que no pensaba responderle.
- Te he dicho claramente que te mantengas alejado de él, es peligroso: sabes que tu hermano no terminó bien. - Espetó de forma filosa; Max apretó los puños sin alzar la mirada - ¿Por qué lo buscas? – No hubo respuesta. Kaelie resopló - Bien; si eso es lo que quieres...te dejare fuera del trato – Exclamó. El chico alzo la mirada de inmediato- No te enviaré con los Nefilims cuando no sé dónde están tus intenciones.
- ¡No puedes! ¡Ya me ofrecí!
- Retractare la oferta…
- - Pe…pero… grácil dama, ese movimiento no sería el más inteligente – Intentó hacerla comprender con zalamería - En nuestra situación… - Kaelie lo miró de tal forma que lo hizo enmudecer al instante; estaba furiosa.
- No intentes comprarme con tus dulces palabras ¡Retorna ya mismo a Feéra! - Ordenó; Max temblaba, una lagrima de rabia e impotencia se escapó de sus ojos.
-No puedo - Negó con un graznido en la voz- Tú lo has dicho: sé que mi hermano terminó mal y es culpa de Bane y los Lightwood ¡Ellos me separaron de Alec y Sebastian!
- Well- Susurró Kaelie olvidando su enojo; demasiado sorprendida como para disimularlo, y mirando en todas direcciones como si se asegurara que la sala seguía vacía - ¡Baja la voz! No puedes hablar de él con tantos Nefilims cerca, si te escuchan...
- Yo… pensé que lo había superado, que podía dejarlo pasar - Sollozó el chico interrumpiéndola - Pero cuando fui al cementerio… no me dejaron ni una tumba para mi hermano; sé que no está en la ciudad de hueso: los restos de los Nefilims que caen en "deshonra" no pueden ser conservados allí; pero ni siquiera le dieron un lugar en el cementerio de Idris - La voz del chico era un lloroso graznido de rabia - La busque, una a una; la de Sebastian está apartada del resto, pero Alec no; no estaba con él ni con los Lightwood, no estaba con los desertores; no sé dónde está y que hicieron con su cuerpo.
La mujer había disminuido su expresión enojada con cada palabra, hasta que en ese punto veía al chico únicamente con pesar y culpa en la mirada.
- Quieres venganza. – No era una pregunta.
- Quiero saber dónde está mi hermano - Corrigió - Y luego sí, quiero venganza.
*.-*.-*.-*.-*.-*.-*.-*.-*.-*.-*
- Tienes que tranquilizarte Robert – Intentó calmarlo Luke.
Los miembros de la Clave habían sido sacados del salón del Gard luego de la gran revelación y de eso ya hacía unos diez minutos; solo quedaban allí los enviados de la reina Seelie y los miembros del consejo; exceptuando a Max y Magnus que habían salido cuando aún la reunión se mantenía, y Kaelie que les siguió poco después ignorando el caos que dejaba atrás.
- ¿Tranquilizarme? Tú también lo viste Graymark: ¡Secuestraron a mi hijo! – Gritó fuera de sí señalando a las hadas.
- El pueblo de la reina Seelie acogió a Maxwell Lightwood cuando este fue dejado a nuestro cuidado – Corrigió Noelie.
- ¡Tonterías! – Bramó el hombre - ¡Se lo llevaron y lo exijo de vuelta!
- Ya sabe lo que debe hacer para eso Inquisidor – dijo Iarlath con una sonrisa torcida.
- La Clave no aceptará chantajes – Intervino Jia de inmediato.
- No es un chantaje – Contravino Kieran – Son negocios: existe un beneficio para ambas partes.
- Lo dudo – Bufó Lily – La última vez ustedes estaban aliados a Sebastian Morgenstern y nos causaron muchas pérdidas a todos.
- Esto no tiene nada que ver con eso – Intervino Iarlath.
- ¡Por supuesto que sí! Así secuestraron a Max.
- No hemos secuestrado a nadie; el chico nos fue entregado por alguien con sangre del ángel; al igual que Mark Blackthorn – Siseó Noelie. Mark que se mantenía en silencio detrás de Kieran, se encogió al escuchar su nombre - Así que dígame inquisidor, o acepta nuestras condiciones o estos dos chicos retornaran a Feéra.
Robert se mordió el labio. Lo había visto solo por un segundo pero no había manera de no reconocer a su hijo. Sus ojos grises que había heredado del abuelo Joseph, el padre de Maryse, ya no estaban escondidos tras gruesas gafas pero seguían conservando ese brillo de inocente soñador; su rostro redondo de la infancia se había alargado con la pubertad pero sus pómulos habían adquirido esa firmeza Lightwood que les caracterizaba.
Sintió las manos picarle: hacía poco más de cinco años había cargado, en ese mismo edificio, el cuerpo sin vida y ensangrentado de su pequeño, había enterrado su cuerpo en el cementerio de esa misma ciudad y llorado su falta en soledad, demasiado orgulloso para permitir que alguien, incluso Maryse que era su esposa entonces, lo viera y consolara. Solo para que meses después descubriera que su pequeño había sido devuelto de la muerte; había sido también en esa sala donde, en medio del juicio de Alec, lo escuchó hablar sobre su hermanito traído a la vida: Alexander había relatado como habían vivido juntos por semanas y Robert con cada palabra había pensado que, a pesar que para ese entonces Max estaba desaparecido, quizás el ángel Raziel había bendecido a su familia tan solo por permitirle una segunda oportunidad a Max, solo para que tan solo unos días después, allí mismo, Bane le dijera que había encontrado el cuerpo calcinado de un niño Nefilim en casa de un aliado de Sebastian, y que la sangre encontrada en el lugar era compatible con Max.
Esa noche Robert se había sentido morir de nuevo al imaginar un final tan terrible para su pequeño y esa vez no le importó ser visto llorando: había pasado muchas cosas con Alec como para no derrumbarse por completo al enterarse de semejante noticia. Y sin embargo, pese a eso; sabía que ese muchacho era Max: algo dentro de él había vuelto a sentirse completo al verlo.
La puerta principal se abrió para darle paso a Magnus que volvía a la sala algo cabizbajo pero nadie le prestó atención porque en ese momento Lily contestaba a Noelie.
- El asunto es que no importa la oferta, no cambiaremos de opinión – dijo desafiante.
- Yo cambiare mi voto – Susurró Robert casi a la vez que ella. Iarlath sonrió triunfal, dirigiéndole una mirada despectiva a la mujer vampiro quien saltó en su dirección de inmediato.
- ¿QUÉ?
- No puedes, eres el Inquisidor: piensa en la clave – Le pidió Jia.
- Robert, tienes que pensarlo fríamente – Intentó hacerlo entrar en razón Luke.- ¿Qué pasa si ese muchacho no es Max?
- ¡Por supuesto que es él! – Exclamó Noelie de inmediato – No podemos mentir: ese chico es Maxwell Lightwood. – Aseguró claramente.
- Perdóname si no te creo pero no es la primera vez que se las arreglarían para engañarnos a todos – Intervino Magnus – Yo mismo estudie la sangre del cuerpo que se encontró en casa de Jaxx y era la de Max, Robert – Se dirigió directamente a él, esperando que entendiera. La puerta volvió a abrirse dándole paso a Kaelie quien parecía molesta, por un segundo Magnus esperó que Well entrara tras ella pero la mujer cerró la puerta tras de sí. El brujo se sintió aliviado, prefería no estar en la misma habitación que él mientras todo se aclaraba. – Ese muchacho no puede ser Max – Había algo en su voz que si alguien hubiese prestado atención habría notado que más que dejar claro un hecho, escondía un fuerte deseo de que así fuera.
El inquisidor se restregó el rostro sin saber que hacer o decir. Jia se puso junto a él colocándole una mano en el hombro en señal de apoyo: sinceramente no envidiaba estar en sus zapatos.
- Ese chico tenía la runa de visión en su mano – Le recordó ella – Tu hijo no tenía ninguna cuando murió, por eso no fue llevado a la Ciudad Silenciosa.- Robert palideció, no tenía ningún argumento contra eso. Kieran, Noelie e Iarlath se miraron sin saber que alegar al respecto; fue Kaelie dejando a un lado su molestia, replicó:
- Maxwell tiene tres runas en su cuerpo que le fueron colocadas mientras vivió con Jonathan Morgenstern y Alexander Lightwood.
- Que conveniente que no haya como probarlo – Intervino Lily con desagrado, ya había caído una vez hacía cinco años en las manipulaciones de Kaelie y no se lo perdonaba a si misma; no se dejaría engañar nuevamente. Kaelie parecía dispuesta a refutarlo pero pareció pensárselo mejor y negó la cabeza para sí misma conteniéndose; Iarlath por el contrario sonrió adelantándose un paso.
- Puede que Jonathan Morgenstern no pueda darnos su testimonio; pero exijo sea Alexander Lightwood nuestro testigo.
- ¡Deja a Alec fuera de esto! – Exclamó Magnus de inmediato, pálido como la cera. No podía involucrar a Alec en eso: no había mayor culpa sobre los hombros del chico que el haber dejado a su hermanito al poder de Sebastian: Magnus aun recordaba la tarde en que tuvo que armarse de valor y decirle que había encontrado el cuerpo de Max; había sido uno de los momentos más dolorosos, ver a Alec derrumbarse por completo mientras se culpaba: involucrarlo y que Well no fuese Max era remover un estanque en calma para alborotar todo el desperdicio en el fondo sin ningún propósito; pero si resultaba ser Max; si de alguna manera retorcida lo era, ¿Qué pensaría al saber que era también el chico del cementerio?¿Cómo iba a perdonarse a sí mismo convertir la alegría de recuperar a Max en un momento tan agrio y doloroso para Alec?
- Los prisioneros de la clave no pueden salir de la ciudad silenciosa al menos que sea para un juicio en el que estén directamente involucrados. - Dijo Jia - Es la ley.
- Yo puedo declarar como se fingió la muerte de Maxwell - Ofreció Kaelie de inmediato; prefería no involucrar a Alexander en eso; sin embargo Iarlath no opinaba igual.
- No tiene que salir; con una declaración ante la espada mortal es suficiente.
- Estoy de acuerdo - Dijo Luke. - Si vas a considerar cambiar tu voto debemos asegurarnos primero que sea por la causa correcta.
- No creo que nada justifique cambiar tu decisión - Dijo Lily a Robert - Pero no confío en ellos, y si esto sirve para abrirte los ojos: entonces hay que hacerlo.
Miraron a Magnus esperando que se manifestara; pero él estaba pálido, sudando frio. Porque si había algo que sabía era que las hadas solo apostaban sobre seguro.
- Estoy de acuerdo y con mi voto somos mayoría - Dijo Jia al ver que Magnus no contestaba - Se interrogara a Alec al respecto y tu Kaelie declararas; si todo coincide, replantearemos la situación.
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Esperó mientras sonaba el segundo tono de repique; sus manos inquietas demostraban su ansiedad: acababan de escuchar la historia de Kaelie sobre como las hadas habían fingido la muerte de Max, con cada una de sus palabras Robert había sentido la esperanza crecer en su interior, porque aunque las hadas eran expertas en manipular la verdad, Kaelie había sido lo suficientemente clara como para no dar pie a ninguna duda.
- Cuando Jonathan Morgenstern aquí conocido como Sebastian, nos entregó a Maxwell Lightwood exigió que este fuese mantenido fuera del alcance de los Nefilims en lo que regresaba por él. El pueblo Seelie aceptó debido a los convenios que entonces mantenía con Jonathan, y yo fui encargada de cuidar a Maxwell. Me encariñé rápidamente con él, y cuando supe que Jonathan había perecido en la última batalla, supliqué a la Reina Seelie una oportunidad para conservarlo.
- ¿Conservarlo? Mi hijo no es un cachorrito que consigues y te llevas a casa – Había bramado Robert interrumpiéndola, furioso. Kaelie ignoró su comentario sin dirigirle ninguna mirada en particular y solo continuó.
- Por ese entonces el brujo Jaxx, que se encargaba de actuar como mediador entre Sebastian y el pueblo Seelie en lo que a Max se refería, fue hallado muerto en su casa; mi Reina Seelie reconoció la oportunidad de quitar el interés de los Nefilims sobre nosotros y robó el cuerpo de un niño mundano de un hospital para simular con este que era Max.
- El cuerpo estaba irreconocible, pero yo mismo hice las pruebas: su sangre era compatible a la sangre Lightwood – Había intervenido Magnus.
- Por favor Bane, tenemos a Maxwell: un par de cortes en sus muñecas y el cuerpo calcinado del niño mundano quedó bañado en sangre Lightwood – Aseguró.
El tercer tono de repique resonó en su oído mientras él tamborileaba los dedos sobre la mesa con ansiedad. No había vuelto a ver a Max, Kaelie lo mantenía en una sala menor del gard junto a Mark y a Kieran que se encargaba de vigilarlos.
Para Robert esa declaración dejaba todo más que claro: era su hijo; no necesitaba más pruebas; pero Jia, Luke y Lily insistían en escuchar la declaración de Alec sobre las runas del niño, y como Magnus, él no estaba nada seguro de revolver el pasado en Alexander.
- ¿Bueno? – Contestaron la llamada. Reconoció al instante la voz de uno de sus hijos: el director del instituto de New York.
- Jace…necesito pedirte algo.
- ¿Robert? – La voz del rubio estaba confundida, sin duda por el tono preocupado que el inquisidor mantenía. - ¿Qué ocurre?
- Prométeme que no le dirás nada a Maryse e Isabelle pero… necesito que guíes un interrogatorio a Alec.
- ¿Interrogatorio a Alec? Está bien, pero ¿qué está pasando? – Repitió; el hombre inspiró profundo, necesitaba armarse de valor.
- Hoy fue la sesión con las hadas…ellos dicen que Max está vivo.
- Robert, eso es imposible – Alegó el rubio como si intentara explicarle un asunto tan delicado – Magnus hizo las pruebas del cuerpo, no puedes creer lo que dicen…
- No, no es lo que dicen: está aquí, lo vi – Exclamó. Robert escuchó como Jace tenía que sentarse – Está vivo, y lo ha estado durante los últimos cinco años: las hadas han declarado ya como fingieron su muerte, pero Max tiene tres runas, él no las tenía cuando murió y ellos dicen que se las hicieron mientras vivió con Alec y Sebastian. Los hermanos silenciosos van a interrogarlo con la espada mortal.
Jace no respondió de inmediato. Robert prácticamente podía verlo en su oficina en el instituto restregándose el rostro, intentando asimilar la noticia.
- Necesito que dirijas el interrogatorio: ellos estarán presentes y serán quienes traigan el informe pero si lo interroga la hermandad le dirán que Max está vivo, y si resultara no ser…
- Alec se desmoronaría – Completó Jace entendiendo.
- Lo mismo con Isabelle y Maryse: no quiero que lo sepan hasta que estemos seguro que Max podrá volver a casa.
- Entiendo pero… ¿Cómo se supone que voy a interrogarlo sobre Max sin hablarle a Alec de Max? –Jace estaba realmente confundido y su tono de voz se notaba disperso, aun sin poder creer que realmente su pequeño hermano estuviese de vuelta, que ese milagro fuese posible.
- Piensa en algo, pero debes ir ya mismo: te enviare una autorización firmada por un mensaje de fuego – Le informó.
- Está bien – Jace asintió colgando la llamada. El rubio dejó el teléfono sobre el escritorio pero no se incorporó de inmediato: Max estaba vivo, su hermanito no había muerto hacía tanto tiempo debido a Sebastian, nada pondría más feliz a su parabatai, pero a un tiempo nada lo destrozaría más si resultaba no ser cierto.
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Se removió en su cama con aburrimiento tomando el libro en sus manos para seguir observándolo. No que supiera leer, aunque podía identificar bien las letras: E-S-T-E-L-A.
Suponía que decía Estela, no estaba seguro, pero no importaba: recordaba que una vez Alec le habló de ellas mostrándole esos dibujos. Si iba a conseguir una para él tenía que saber exactamente que estaba buscando y esa edición del Codex para niños que Maryse le había regalado en navidad tenía muchos dibujos de diferentes estelas.
Maxxie dejó el libro sobre su cama y se giró para quedar boca abajo con la cabeza apoyada en sus manos observando fijamente los dibujos con sus ojos azules: las estelas eran como unas varas cortas tenían una punta de adamas cristalina que refulgía en el brillo del ángel cuando se activaban para crear runas en la piel de los Nefilims; fuera de eso cada una tenía diseños diferentes, algunas personalizadas para su portador; pero estaba casi seguro que los hermanos silenciosos tendrían alguno de esos diseños del libro, quizás el más simple y aburrido de todos, porque ellos eran así: simples y aburridos.
El ruido de pasos sobresaltó al niño. Maxxie se apresuró en cerrar el libro como si escondiera la prueba de un terrible crimen; y apagó su lámpara de gas rápidamente esperando en la oscuridad de su habitación. Era una habitación como la de Alec solo que se encontraba un par de niveles más arriba y su puerta, contrario a la del Nefilim, estaba siempre abierta. Esperó expectante, y escuchó cómo junto a los pasos, se oía voz más que conocida para él.
- No entiendo, ya mi caso está cerrado ¿Por qué necesitan mi declaración? - Maxxie vio cuando el hermano Jonas pasó junto a su habitación con Alec; era la primera vez en su vida que lo veía fuera de su propia habitación y se preguntó si luego los hermanos silenciosos le permitirían a Alec ir a su cuarto a jugar con él.
Los hermanos silenciosos debieron haberle respondido en su mente porque Maxxie no pudo escuchar, pero sí que escuchó la respuesta de Alec.
- Entiendo que sea una orden de la clave; lo que no entiendo es ¿Por qué?
El niño se incorporó apresurándose hacía la puerta de la habitación lo más silenciosamente que pudo y asomándose con cuidado de no ser visto, frunciendo el ceño al notar las cadenas que ataban las manos y los pies de Alec haciéndole caminar a pasos cortos.
- Está bien, no preguntare más – Se quejó Alec. Maxxie los siguió en silencio sin entender ¿Por qué llevaba a Alec de esa manera? Él sabía que Alec se había portado mal hacía mucho tiempo, por eso estaba ahí, pero cuando él se portaba mal y le decían que debía quedarse en su habitación como castigo, al salir no lo ataban con cadenas ¿Por qué a él sí? ¿Era algún juego, acaso?
Subieron un par de niveles más a paso lento debido a Alec. Maxxie se escondía de vez en cuando detrás de alguna pared o piedra haciendo gala de sus reflejos de espía que practicaba cuando seguía a Magnus; sin embargo dudó al ver que entraban a la Cámara del Consejo, el lugar que hacía algunas horas había llenado de flores; ya no tenía ninguna, los hermanos silenciosos se habían deshecho de todas ¡Aburridos!
- ¡Jace! – Escuchó la exclamación de Alec desde el interior. Maxxie se apresuró en asomarse por la puerta. Los hermanos silenciosos estaban todos de pie alrededor de toda la cámara tan quietos como estatuas; en el medio, uno de ellos, el hermano Enoch, sostenía la espada mortal como si del mayor tesoro de la humanidad se tratara, y junto a él estaba Jace. El rubio, notó el niño, parecía bastante ansioso; pero al ver a Alec por primera vez en años fuera de su habitación se adelantó hacía él a prisa; dejando de lado, por un minuto la misión que tenía entre manos, para abrazar a Alec.
- Alec – Susurró él; el ojos azules quiso responder el abrazo de su parabatai pero las cadenas no se lo permitieron, por lo que solo se permitió disfrutarlo.
- ¿Qué haces aquí? – Preguntó – Me dijeron que sería interrogado por la clave ¿Por qué estás…? – Jace se separó de él con una sonrisa bastante arrogante y exclamó.
- Finalmente la clave ha entendido que no puede vivir sin mí – dijo y agregó – Seré el interrogador.
- ¿Qué? – Alec no podía estar más confundido. Jace solo sonrió dirigiéndolo hacía el centro de la sala; el hermano Jonas estuvo por seguirlo pero el rubio se adelantó algo cortante – Estoy seguro que no se va a escapar si no lo sigues por los diez pasos hasta el hermano Enoch.
El hermano Jonas no dijo nada, o al menos nada audible para Alec; en cambio se dio media vuelta tomando un lugar junto al resto de la hermandad. Alec caminó junto a él no menos confundido que antes.
- ¿De qué va esto? Pensé que mi caso estaba cerrado.
- Lo está – Admitió – Pero la clave quiere saber algunos detalles del tiempo que estuviste con Sebastian. – Alec torció el gesto pero asintió. Ya le había contado a la clave todo lo que quisieron saber durante las audiencias de su juicio ¿Por qué renacer la curiosidad tras tanto tiempo?
Se detuvo junto al hermano Enoch extendiendo las manos encadenadas al frente, conociendo mejor de lo que le gustaría el procedimiento. El hermano silencioso colocó la espada mortal sobre sus manos, el acero frio contrastó con el calor corporal. Jace retrocedió un par de pasos quedando de frente a Alec.
Alexander Lightwood, serás interrogado por Jonathan Herondale director del instituto de New York, en representación del Inquisidor. – Introdujo el Hermano Enoch. Alec asintió - Que la verdad te haga libre.
Alec torció el gesto, era una frase muy irónica si se tenía en cuenta su situación legal.
Maxxie desde la entrada estiró aún más el cuello no queriendo perderse detalle alguno: nunca había visto a los Hermanos Silenciosos utilizar la espada alma, y eran tan quisquillosos en lo que a ella respectaba, que el niño esperaba algo realmente grandioso.
Jace se aclaró la garganta incómodo, sabía lo dolorosa que era la espada incluso para arrancar la verdad que quería ser dicha, y prefería no ser él quien hiciera las preguntas, pero entendía perfectamente los motivos de Robert para pedírselo.
- ¿Eres Alexander Gideon Lightwood? – Comenzó con la primera pregunta de rutina.
- Si – Respondió este. La expresión de emocionada expectativa en el rostro de Maxxie vaciló al notar como esa simple silaba reflejaba un dolor físico en el rostro de Alec ¿Qué pasaba?
- ¿Conviviste hace cinco años con Jonathan Morgenstern alias Sebastian?
- Sí.
- ¿Alguien más vivió con ustedes?
- Mi hermano menor Max – Respondió. Maxxie abrió la boca ¿Max? Sabía que Alec había tenido un hermanito, pero él no solía hablar de eso, al menos no con él.
- ¿Cuánto tiempo vivieron los tres juntos?
- ¿Los tres? Cerca de dos semanas – Aseguró. Jace se quedó en silencio por unos segundos ¿Cómo se suponía que iba a preguntar por Max sin que Alec notara que algo pasaba?
- Ustedes…-Negó para sí mismo reconsiderándolo y reformulando la pregunta - ¿Sebastian te llevó con él a algún ataque?
- ¿Por eso estoy aquí no? – Preguntó Alec y rápidamente se arrepintió, la espada actuó sobre él que sintió como se hacía aún más pesada; podía sentir la energía del cielo arrancarle la respuesta de manera dolorosa - ¡Sí! – Exclamó quizás un poco más fuerte debido al dolor. Jace dio un paso al frente y Maxxie desde lo lejos abrió los ojos con desconcierto ¿Qué había sido eso?
- No digas cosas innecesarias, Alec – Le pidió el rubio con el dolor de verlo así, reflejado en su mirada. El pelonegro asintió; no había sido su intención, solo que no entendía que quería la clave haciéndole preguntas cuyas respuestas ya conocían a la perfección - ¿Alguna…alguna vez Sebastian llevó a Max con él a un ataque?
Alec dudó; no porque no quisiera responder sino porque no estaba seguro. La espada mortal volvió a activarse arrancándole un quejido de dolor.
- No lo sé – Exclamó entre dientes – Se lo llevó una vez a ver un duende, no sé si fue un ataque per sé, pero por lo que supe el duende terminó muerto.
- ¿De qué le serviría un niño sin marcar? ¿Pensaba ofrecérselo al duende como aperitivo? – Alec negó con la cabeza.
- Max tenía runas – Jace abrió la boca con sorpresa: se había esperado esa respuesta luego de su conversación con Robert, pero escucharla de su parabatai, solo habría nuevas posibilidades: le hacía desear dejar allí el interrogatorio y correr a Idris para decirle a Robert que las hadas tenían razón: que el chico que habían llevado era Max, y abrazar a su hermanito. Pero se contuvo, porque no importaba lo que ya ellos supieran, la Clave exigiría detalles, pruebas irrevocables, y no admitirían menos que eso. – Le puse la runa del don un par de días antes.
- ¿En qué mano? – Preguntó Jace de inmediato.
- La derecha, Max era diestro.
- ¿Le colocaste alguna otra? – Preguntó de inmediato.
- ¿A qué viene todo esto? ¿Por qué él interés…? – El dolor lo acalló, Alec cayó de rodillas debido a este que nacía en la palma de sus manos donde se unía al adamas de la espada, y se extendía por sus brazos hacía el resto de su cuerpo. – No, no le hice más runas.
Jace palideció, no era posible: Robert le había dicho que Max tenía tres runas; él quería aferrarse a la posibilidad de que el niño estuviese vivo pero Alec acababa de derrumbarla. Sin embargo no tuvo tiempo a pensar en otra pregunta:
- ¡Alec! – Maxxie no había soportado más, el niño salió de su escondite corriendo hacía Alec.
Maximum sal de aquí. – Ordenó el hermano Enoch.
Este no es lugar para él – Bramó el hermano Jonas.
- Maxxie sal – Susurró Alec pero el niño no les hizo caso, corriendo a través de la hermandad y atravesando la cámara hacía el muchacho Lightwood. Jace logró interceptarlo sujetándolo de la cintura y alzándolo en brazos pero el niño no dejaba de gritar y patalear.
- ¡Suéltame! ¡Le está haciendo daño! – Gritaba - ¡No me gusta este juego! ¡Alec vámonos! ¡Suéltame!
Los hermanos silenciosos no dejaban de clamar indignados: nunca en toda la historia de los Nefilims, alguien había irrumpido de esa manera en la Cámara del Consejo interrumpiendo un interrogatorio.
- ¡Alec, Alec suelta eso! ¡Vámonos! - Sollozó el niño sin dejar de intentar liberarse de Jace.
- Maximum, estoy bien, vuelve a tu habitación – Le pidió. El niño se negó entre gritos. Jace vio con el rabillo del ojo como el hermano Jonas daba un paso al frente, ese hermano silencioso no parecía ser alguien muy paciente.
- ¡No! ¡No quiero!
- Maxxie, escucha, los hermanos silenciosos te sacaran si no te calmas – Le explicó el rubio.
- Le están haciendo daño a Alec – Sollozó entre hipido dejando de patalear – No quiero que sigan lastimándolo. – Jace dejó al niño sobre el suelo pero no lo soltó; en su lugar se acuclilló para quedar a su altura.
- Ey pequeño, Alec es mi parabatai – dijo – Yo jamás le haría daño ¿Me crees? – El niño dudó con el rostro marcado en lágrimas: Alec le había hablado sobre los parabatais, le había asegurado que eran personas más cercanas que hermanos, capaces de sacrificarse la una por la otra; él siempre le hablaba bien de Jace, solo por eso asintió.
Es suficiente, andando.
- No importa, déjenlo – Exclamó Jace – de todas formas estamos por terminar.
- Es un niño – Se quejó Alec no estando de acuerdo – Llévenlo a su habitación.
- El asunto aquí Alec, es que no estás en posición de dar órdenes y yo si – Exclamó Jace con echonería volviéndose a Maxxie - ¿Quieres quedarte? – El pequeño azul asintió tímidamente – Decidido entonces – dijo con una significativa mirada al hermano Jonas.
Alec lo vio mantenerle la mirada, seguramente manteniendo una discusión mental antes de que el Hermano volviera a su lugar. Por un segundo Alec sintió gracia al imaginar al hermano Jonas cuestionándose mentalmente quién demonios le habría dado una posición de autoridad a alguien como Jace, cosa que él mismo aún se cuestionaba. El rubio se incorporó sin soltar al niño, volteando hacía Alec; no preguntó de inmediato, Maxxie lo había distraído y necesitaba poner sus ideas en orden porque si ese chico en Idris era Max, y tenía tres runas; y Alec solo había colocado una; significaba que alguien más las había hecho. Por descontado sabía que no fueron las hadas, lo que solo dejaba una posibilidad tan improbable como lógica, después de todo, en lo que respectaba al tiempo que vivió con Alec, Sebastian había hecho muchas cosas improbables.
- ¿Max tenía otras runas? – Preguntó.
- Si – Respondió Alec – Sebastian se las colocó.
- ¿Cuáles? ¿Dónde las tenía?
- Le puso una runa de coraje en batalla en el antebrazo izquierdo antes de llevarlo con el duende Rask, este lo mordió y Sebastian lo curó con una iratze en su tobillo izquierdo.
- ¿Solo esas?
- Si – Jace no pudo esconder su sonrisa emocionada. Hizo una seña al hermano Enoch quien retiró de inmediato la Espada Alma de sus manos. Alec sintió la tensión de su cuerpo relajarse; Max jaloneó la mano que Jace sujetaba hasta que se liberó y corrió hacia Alec abrazándolo del cuello puesto que seguía de rodillas. El rubio por su parte mantenía una conversación privada con los hermanos silenciosos, quería que se dieran prisa porque con lo que Alec había dicho no cabría lugar a dudas.
Aun debes esperar a comprobar que ese joven tenga las runas que Alexander describió - Le advirtió el hermano Jonas mientras salía. Los hermanos silenciosos fueron saliendo uno a uno mientras Enoch colocaba la espada nuevamente en su lugar de descanso. Jace se acercó a Alec, que se había incorporado. Acababa de darse cuenta que al caer de rodillas el chico se había lastimado la rodilla sacándose algo de sangre.
- Pondré una Iratze para ti.
- Estoy bien - Negó - Mejor dime que fue todo eso del interrogatorio...
- Vamos, no puedes negarle a tu parabatai el colocarte una runa - Alegó desviando el tema; Alec insistió en una respuesta mas no se apartó cuando Jace se arrodilló levantando la pierna de su pantalón para colocar con su estela la runa.
Maxxie observó con los ojos muy abiertos el objeto. Así que eso era una estela. Jace terminó guardándola en el bolsillo trasero de su pantalón.
- Jace...
- Confía en mi Alec - Pidió él - Solo espera un poco más… - El ojos azules no tuvo de otra que asentir: podía ver en los ojos dorados de su parabatai que no lograría sacarle ni una palabra más.
- ¿Puedes decirme al menos si has hablado con Magnus? – dijo no sin algo de reproche al decir puedes.
- No, lo siento; no he hablado con él – Admitió. Vio como la expresión de Alec se decaía; frunció el ceño: sabía de los problemas que estaban teniendo ¿Pero en serio el brujo no había ido a verlo aun?
Es hora de que lo lleve de vuelta - Dijo Enoch. Jace asintió abrazando nuevamente a su parabatai, escuchando ambos como Maxxie aplaudía y él sentía una ligereza en su bolsillo posterior del pantalón. - Y que Maximum vuelva a su habitación.
- Yo lo llevo- ofreció Jace con una encantadora sonrisa dirigida al niño.
- ¿Qué? ¡No! - Se negó; pero el hermano Enoch no tuvo ninguna contra mientras salía con Alec dejando al rubio con el pequeño azul- Yo conozco el camino.
- No lo dudo –Aseguró y agregó bloqueándole la salida con su cuerpo al niño para que no escapara corriendo - dime una cosa Maxxie ¿para que necesitas mi estela?
- ¿Qué? ¡No! ¡Yo no tome nada de tu bolsillo! - Se delató. Jace rio enarcando una ceja y el niño se removió nervioso.
- Los hermanos silenciosos no estarán felices de saber que andas robando; eso no está bien.
- ¡No la robe! - Exclamó el niño de inmediato, asustado - Yo...yo...la tome prestada - Dijo avergonzado sacándola de entre sus ropas. Jace lo miró interesado.
- ¿Para que la tomarías prestada? - Preguntó usando su término - Los Brujitos traviesos como tú no pueden activarla. – Intentó explicarle
- ¡No es para mí! - Exclamó de inmediato - Alec esta triste porque no puede responder los mensajes de fuego de Magnum.
Jace abrió la boca sorprendido; ya antes se había dado cuenta que ese pequeño quería mucho a Alec, pero arriesgarse al disgusto de la hermandad y de él mismo, para hacer feliz a Alec, le conmovió.
Jace tomó la estela de sus manos guardándola de vuelta en sus bolsillos.
- Alec no puede tener una estela mientras esté aquí - Dijo con algo de pesar - No tiene permitido enviar mensajes de fuego.
- Pero...
- La ley es dura pero es la ley - Recitó. El pequeño bajó la mirada entristecido y Jace lo tomó de su barbilla con suavidad obligándolo a mirarlo. Sonriendo casi traviesamente - Pero la ley no dice que tu no puedas enviarlos.- Le guiñó un ojo traviesamente.
- ¿Yo? - Preguntó abriendo los ojos muy grandes.
- Los brujos pueden enviar mensajes de fuego sin una estela – Explicó -Podrías enviar los mensajes por Alec, la ley no dice nada sobre eso.
- ¡Sí! - Exclamó emocionado saliendo a prisa de la Cámara. Jace se preguntó si iría a su habitación para volverse un autodidacta o por el contrario estaría pensando convertirse en un enfadoso hasta que los hermanos silenciosos le enseñaran; como fuera, conseguiría que un brujo acudiera a ayudarlo con su aprendizaje ahora que Magnus parecía dispuesto a no acudir a la ciudad silenciosa.
Se restregó el rostro suspirando. Era hora de volver al instituto de New York y esperar noticias de Robert.
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- Si es una prueba, haz que se termine, por favor - Suplicaba Mark; estaba sentado en el suelo de la pequeña sala del Gard. Frente a él, con pose india, estaba Kieran, sujetando sus mejillas intentando conseguir que el chico rubio lo mirara a los ojos - Quiero volver a Feéra contigo.
- Pronto todo esto pasara - Susurró el príncipe Unseelie rozando sus labios, pero sin prometer nada respecto a su destino.
Well sentado en el suelo desde el otro lado de la sala, desvió la mirada al ver como sus labios se unían; sintiéndose avergonzado: tenía un par de horas sino es que más en esa sala, observándolos: por momentos Mark se quedaba tranquilo y solo recostaba la cabeza al hombro de Kieran en silencio, por momentos susurraba nombres, de sus hermanos le había parecido oír que decía; y por momentos parecía confundido creyendo que todo eso era una prueba de su lealtad a la caza salvaje y suplicando volver.
Y Kieran había estado a su lado en cada uno de esos momentos.
Se suponía que el príncipe exiliado había sido dejado allí para asegurarse que los Nefilims no intentaran llevárselos sin haber llegado antes a un acuerdo. Pero este lejos de protegerlos a ambos, había estado allí solo para Mark.
Well jugó con su dedo siguiendo la línea de las baldosas del suelo sintiéndose incómodo. Si ese roce de labios fuese algo meramente físico, no le importaría: las hadas eran libres para las relaciones físicas, no importaba con quien o con cuantos estuviesen, no importaba quien viera; no era un evento trascendente. Pero con las relaciones emocionales era otra historia, los sentimientos exigían exclusividad y cierta privacidad que él sentía estar violando al quedarse allí sentado viéndolos.
Suspiró, en cierta manera envidiaba a Mark; prisionero o no, había encontrado algo de lo que él no tenía ni la más remota idea.
Se incorporó silenciosamente; quizás podría aprovechar ese momento de distracción de Kieran para salir; se estaba sintiendo claustrofóbico ahí dentro, tenía mucho tiempo en esa sala cuando estaba acostumbrado a los espacios abiertos y libres del pueblo Fey.
Se dirigió a la puerta de la sala; deteniéndose al escuchar el siseo de Kieran.
- Vuelve a sentarte mascota, no tienes permitido salir
Se detuvo con los dientes rechinándole de ira; mas no replicó, en su lugar volvió a su sitio en la pared, sentándose frente a la pareja que se había separado. Mark había recostado la cabeza en el hombro de Kieran y ahora veía a Well fijamente, al punto de hacerlo incomodo; por eso, cuando habló sorprendió a todos.
- No es una mascota - Su voz fue apenas un susurro que retumbó en la silenciosa sala.
- ¿Qué?
- No es una mascota - Repitió - Es un Nefilim, como yo - Well torció el gesto no muy seguro de cuál de los dos títulos le gustaba menos; sin embargo hizo un gesto con la cabeza en su dirección, en agradecimiento. Mark lo aceptó con un gesto similar, para el disgusto de Kieran, que podía ver en esos gestos la camaradería y el apoyo implícito entre dos miembros de una misma raza, una raza a la que él no pertenecía.
La puerta de la sala se abrió y casi al instante Kieran apartó ligeramente a Mark para incorporarse. Los dos Nefilims también volvieron la mirada, un hermano silencioso se estaba dando paso hasta ellos. Tanto Mark como Well se incorporaron, claramente intimidados por su impresionante apariencia.
Los saludo – dijo el hermano silencioso. Well respingó al escucharlo en su cabeza, no había tenido mucho contacto con ellos antes.- En la sala principal se está discutiendo un acuerdo entre ambas partes. - Informó
- Y nosotros esperamos aquí que lleguen a una decisión – dijo Kieran.
Antes debo confirmar las declaraciones – dijo él, dirigiéndose luego expresamente a Well – Enséñame tus runas.
El chico dudó, no se sentía seguro con el hermano silencioso en la sala; habría deseado que Kaelie hubiese entrado también, pero suponía que convencer al inquisidor de recibir de regreso al hijo no querido, no era tarea fácil.
Espero por ti – Presionó el hermano silencioso. Well suspiró mostrando la runa de visión en su mano, remangándose la manga para dejar a la vista la de coraje en batalla y alzando la pierna del pantalón que ocultaba la cicatriz de su vieja iratze. Se preguntó si el hermano silencioso las estaría viendo realmente puesto que no parecía tener ojos. – ¿Tienes alguna otra prueba de ser Maxwell Lightwood?
- Por supuesto que no me creen, debí suponerlo – dijo entre dientes.
No es un asunto de creer, sino de estar seguros – Explicó - ¿Alguna otra prueba?
El chico masculló algo que el hermano silencioso prefirió ignorar; y sacó de entre sus ropas una de los objetos que había llevado de Feéra con él: las gafas que utilizó de niño, eran grandes incluso para el rostro adolescente que tenía ahora, y junto a los cristales tenían un pequeño emblema Lightwood, con sus maderos en llamas grabados a cada lado.
El hermano silencioso las tomó dándose media vuelta para volver a salir. Kieran se adelantó un paso.
- ¿Y bien? – Exigió.
En unos minutos los harán pasar a la sala; estén preparados para la decisión– No dijo nada más y solo salió. Well se estremeció, porque eso había sonado casi como si les ofreciera unos minutos para despedirse, lo que significaba que los Nefilims aceptarían la oferta; y no fue el único que lo notó: Kieran también se removió dirigiéndole una mirada a Mark como sí considerara la opción de fugarse de ahí con él antes de que los Nefilims volvieran.
Well se mostró incomodo, él no tenía nadie en esa sala de quien despedirse y sentía que con su presencia estaba arruinando la despedida de esos dos. Suspiró, al menos prefería la incomodidad al miedo que comenzaba a nacer rápidamente en su estómago.
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- Si, te pagare bien...pero debes ir hoy mismo - Jace entró al ascensor para salir de la nave de la iglesia y entrar al área del instituto sin soltar su celular, esa bruja comenzaba a exasperarlo - Por el precio que te voy a pagar, no me importa lo ocupada que estés Moon...dile a los hermanos silenciosos que vas de mi parte - La bruja aceptó, aunque no sin un par de peros sobre ir a la ciudad silenciosa y como cobraría más - Escucha, te pagare lo que quieras, pero no veras ni un dólar hasta que ese niño me escriba por mensaje de fuego que ya puede hacerlos...¡Yo que sé si ya sabe escribir!...No, no te estoy mandando a enseñarle a escribir - exclamó enojado saliendo del ascensor. Clary y Simon que conversaban en el pasillo voltearon a verlo - ¡Solo enséñale a enviar mensajes! - Le gritó colgando la llamada - Bruja estúpida - Gruñó de mala gana.
- ¿No ha sido un buen día? - Preguntó Clary recibiéndolo con un beso. Jace lo recibió abrazándola por la cintura y posando su cabeza en el hombro de ella. La pelirroja intercambió una mirada confundida con Simon quien solo se encogió de hombros.- ¿Pasó algo? ¿Dónde estabas? – Preguntó preocupada.
- En la ciudad silenciosa – dijo incorporándose y mirando feo a Simon - ¿Qué me ves, vampiro?
- ¿disculpa? Yo veía para allá y tú te atravesaste – Respondió. Clary rodó los ojos por lo infantil de esos dos.
- ¿Cómo está Alec? – Preguntó caminando junto a ellos hacía la cocina. Era hora de la cena y la pelirroja esperaba sinceramente que Maryse no hubiese dejado a Isabelle ayudarla.
- Bien – dijo algo distraído entrando a la cocina- No pudimos hablar mucho, pero Maxxie intentó robar mi estela.
- ¿Maxxie? – Preguntó Maryse de inmediato. La mujer estaba junto a la estufa mientras Izzy, gracias a Raziel, la observaba sentada desde la barra. - ¿Maximum? ¿Estabas en la ciudad silenciosa?
El rubio masculló algo para sí mismo, quizás una maldición; porque le picaba la lengua por hablar pero la advertencia de Robert y el Hermano Jonas resonaba en su cabeza: no quería ilusionar a su familia por nada, especialmente a Isabelle que solía culparse por muchas cosas, pero a un tiempo, si cabía la posibilidad por mínima que fuerade que el más pequeño de su familia estuviese vivo ¿Quién era él para privar a Maryse e Isabelle de esa dicha?¿Qué hacer entonces?
- Si – Respondió escueto intentando dar con la respuesta correcta - ¿Qué vamos a cenar?
- ¿Cómo está Alec? – Preguntó Isabelle de inmediato.
- ¿Por qué Maxxie quería robar tu estela? – Preguntó Clary curiosa.
- ¿Te robó tu estela? – Maryse estaba sorprendida.
Simon se mostró aturdido por todas las preguntas de las mujeres, no quería imaginar cómo se sentiría Jace.
- Quería dársela a Alec para que escriba mensajes de fuego a Magnus – dijo manteniéndose en el borde del tema espinoso. Maryse hizo un sonido de aprobación y un poco de ternura por el niño; Isabelle en cambio se tensó intercambiando una mirada con Simon. – Le dije que no podía ser y le insinué que puede enviarlos por Alec. Moon va camino a enseñarle como.
- ¿No es un problema si los hermanos silenciosos se enteran?
- Por eso no van a enterarse – dijo cortante quitándose la chaqueta y dejándola en el respaldo de la silla junto a Isabelle, donde se sentó. Un papel cayó de este al suelo sin que el rubio lo notara.
- Te aprovechas de tu cargo como jefe de instituto – Lo riñó Clary; Jace le sonrió inocentemente mientras Isabelle recogía el papel tendiéndoselo a Jace quien intentaba robar algo de la cena que preparaba Maryse mientras esta le palmeaba la mano intentando espantarlo.
- Jace se te cayó...-La voz murió en su garganta; el rubio volvió la mirada y Clary notó como se ponía un poco nervioso - ¿Porque papá te mandó a interrogar a Alec con la Espada Alma? - Cuestionó con tono acusador.
- ¿Qué? - Maryse apagó la estufa volviéndose hacia él con una mirada acusadora. - ¿Estabas interrogando a Alec?
- ¿Porque no nos dijiste? - Le reclamó Isabelle.
- Yo...Robert tenía un buen motivo para pedírmelo. - Clary y Simon se miraron confundidos, no era común que Jace actuara como si no estuviera seguro de cómo manejarse.
- El caso de Alec está cerrado - Exclamó Maryse y agregó rápidamente - ¿O no?... ¿Están considerando aceptar la apelación? – Preguntó esperanzada.
- No, no es eso...
- ¿Entonces por qué autorizarte a dirigir un interrogatorio "con carácter de urgencia"? - Preguntó Izzy mirando el papel y citándolo
Jace se alborotó el cabello; no es como si no supiera manejarse cuando esas mujeres ejercían presión sobre él, solo que no era fácil actuar cuando él quería dejarse ceder a esa presión. Ellas merecían saberlo.
- Jonathan...- El tono de Maryse se volvió peligroso. Jace suspiró, ¿Qué sentido tenía?
- No se hagan demasiadas esperanzas aun pero... Robert me dijo que cabe la posibilidad de que Max este vivo - Informó. El efecto fue inmediato: el silencio cubrióla cocina de manera aplastante. Isabelle lo miraba boquiabierta y Maryse se dejó caer torpemente sobre una silla; ninguna de las dos parecía tener una idea de que decir o hacer, por lo que fue Simon quien verbalizó lo que pensaban.
- ¿Qué?
- Las hadas tienen a un chico Nefilim que aseguran es Max; Robert intentaba comprobar su historia con Alec antes de avisarles: no quiere ilusionarlas por si resulta ser un fraude...
- ¿Y...lo es? - Preguntó Maryse, el pulso le temblaba visiblemente. - ¿Es un fraude o es M... Max?
- ¿Qué te dijo Alec? - Exigió Isabelle.- ¿Que dijo mi hermano Jace? ¿Es Max?
- Es...muy muy probable - Admitió. Maryse e Izzy se miraron, como si no pudieran creerlo, como si no supieran que hacer en caso de atreverse a considerar como ciertas las palabras de Jace.
Un plato y un par de vasos se voltearon cayendo al suelo con un estruendo cuando Maryse intentó apoyarse en la barra para incorporarse; sus piernas temblaban tanto como su pulso ante las posibilidades que Jace abría, pero su mirada estaba tan decidida como una leona que defendía a su cachorro; Jace no la veía así desde que, estando aun herida, se enfrentó a todos para rescatar a Alec y Max de Sebastian hacía cinco años; y como entonces, sintió un fuerte orgullo por la mujer.
- Vamos a Idris – dijo; el rubio estuvo por replicar pero ella lo detuvo – No te estoy preguntando Jace: si ese muchacho es mi bebe, quiero estar ahí para darle la bienvenida a casa.
- Y si no es él, estaremos ahí para cobrarle la mala broma a las hadas – Siseó Izzy. Jace miró a ambas mujeres finalmente asintiendo; no podía negar que estaba de acuerdo con ellas: irían a Irdris.
*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*
Caminó en silencio.
La sala principal del Gard estaba llena de voces susurrando entre ellas, discutiendo, algunos inconformes con el resultado de la vista: habían aceptado, después de todo los Nefilims acordaron ayudar a las hadas tras cinco años de haber sido marginadas del mundo de sombras.
Como el hermano silencioso había advertido, habían sido llevado a la sala poco después; era obvio que se había mantenido una fuerte discusión, miembros de la clave aun discutían entre sí, y los del consejo tenían expresiones variadas. Well había visto al Inquisidor sostener ansioso sus gafas en la mano, y pudo ver a Bane pálido evitando mirarlo; vio a la representante de los vampiros enojada y al representante de los hombres lobos con expresión analítica al igual que la Cónsul.
Cuando finalmente decretaron su decisión, no supo que sentir: El consejo aceptaba que el caso de las hadas fuese tratado bajo la jurisdicción de Los Ángeles y la clave fungiría de apoyo para estos siempre y cuando ambos chicos Nefilims fuesen devueltos y colaboraran en las investigaciones donde fuesen requeridos. Well sintió nauseas, no solo era que ese condicionante le sonaba a que tenían algo planeado, sino que realmente no querían volver con quienes se negaron a ayudar en un principio al no considerar que un chico medio hada era suficiente pago aun cuando la otra mitad de este era de los suyos, se sentía enfermo aun y cuando Kaelie había dejado clara una última condición:
Cuando todo esto terminé, serán ellos los que decidan si quieren volver a Feéra o quedarse con los Nefilims.
Les habían dejado una puerta abierta, una ruta de regreso a casa pero eso no mitigaba el malestar que sentía con cada paso. Mientras se dirigía hacia la salida pudo ver a Mark de pie siendo abrazado por su hermano con lágrimas de alegría; el Blackthorn de la Caza Salvaje no parecía seguro de estar feliz al menos no como Well habría esperado; pero en el fondo no lo culpaba cuando él mismo sentía un vacío en el estómago ante la idea de dejar la libertad del Reino Seelie, a Kaelie, la entrada a Edom… Bash.
- Hijo...hijo... - Lo llamaron. Volvió la mirada intentando no fijarse en Kaelie tras Robert; pero no pudo, la hada de piel blanca tenía los ojos velados por lágrimas que intentaba contener. Él sabía cómo podía contactarla nuevamente, pero pensar que no volvería a casa con quien había sido por años como una madre, era desconcertante. - Hijo...
- Si este es mi destino - Dijo con tono de resignación - Vayamos al instituto - Esquivó la mano de Robert que intentó colocar sobre su hombro y en cambio siguió su camino para salir del salón. Robert se apresuró tras su hijo.
- ¡Max! ¡Max por favor mírame!
- Creo que ya le miré lo suficiente por una vida, Inquisidor; ahora por favor quiero descansar.
-Hijo...
- ¡Well!... ¡Max!...oh-Magnus se detuvo de golpe al ver a Robert; aun necesitaba respuestas pero el chico los ignoró a ambos abriendo la puerta principal del Gard dispuesto a salir y paralizándose de golpe. Había esperado que la noticia del hijo muerto del inquisidor apareciendo con las hadas se regara rápidamente; lo que no había esperado era que eso llegara tan pronto a oídos de quienes fueron su familia.
Isabelle respingó apenas lo vio. Maryse se llevó una mano al pecho y Jace, pálido como la cera tuvo que sujetarla para que no se cayera. Ninguno de los tres se movía, solo veían a Max.
- Eres tú... Realmente…- Las lágrimas cubrieron el rostro de Isabelle con cada palabra.
- ¡Mi pequeño! - Exclamó Maryse apresurándose a él, pero Max alzó la mano con la palma hacia el frente en una señal de "stop"
- Los saludo, Nefilims - Dijo usando un todo solemne pero musical; quería dejar en claro que no era el mismo niño que ellos recordaban; que no era más un Nefilim; quería hacer notar cuan parte se sentía de las hadas. - Ayudare en lo que esté a mi alcance para cumplir la misión que mi Reina Seelie les ha encomendado.
- Max- A Maryse se le quebró la voz.
- Esa mujer no es tu reina hijo; no es...
- Pero por ahora solo les ruego una morada donde descansar – Interrumpió a Robert.
- Maxwell hijo...por favor - Maryse lloraba; sentía las manos picarle por tocar a su hijo; abrazarlo y llenar su rostro de besos. Tras suyo Isabelle se removía; quería abalanzarse sobre el muchacho en un abrazo que durara por el resto de sus vidas.
- ¿Dónde podemos tomar un portal al instituto?
- ¿Al instituto? - Jace fue quien habló, veía a Robert. Este ya no vivía allí, y por supuesto que era bienvenido, pero sabía que con los recientes eventos sería un problema que saliera de Idris.- Podemos quedarnos aquí en la casa del Inquisidor, todos juntos por esta noche.
- ¿Acaso no estaríamos juntos en New York? - Preguntó con tono filoso. Magnus no sabía que hacia él allí, sentía que lo mejor que podía hacer era retirarse, pero al mismo tiempo no podía, quería hablar con ese chiquillo, necesitaba hacerlo. - No, por supuesto que no, no está Alec después de todo - Su mirada se clavó especialmente en Jace y su padre. Todos habían palidecido. - ¿Dónde es su casa Inquisidor?
- Max...- Pero el chico había empezado a caminar ya; Maryse fue la primera en soltarse de Jace y apresurarse en alcanzarlo para guiarle. Isabelle se aferró al brazo de su padre caminando también. Jace se dispuso a seguirlo cuando notó la presencia de Magnus y la indecisión en su rostro.
- ¿Magnus? ¿Qué haces aquí? ¿Qué pasa?
- Yo...tengo que hablar con el chico - Dijo - Necesito preguntarle algo.
- No creo que sea el momento - Dijo con duda - Tal vez deberías ir con Alec, morirá de dicha al saber que Max está vivo.
- Yo... No puedo - Balbuceó bajando la mirada avergonzado. Jace se acercó poniéndole una mano en el hombro en apoyo.
- Con semejante noticia estoy seguro que Alec olvidara que está enojado contigo. - Magnus negó.
- No puedo - Repitió. Jace notó que el brujo hablaba realmente en serio: no se sentía capaz de ir con Alec y darle la cara; se desconcertó sin entender lo que ocurría.
- Escucha, voy con mi familia, pero...seguro mañana iremos todos a ver a Alec, ven con nosotros.
El brujo asintió solo por hacerlo y Jace corrió a prisa para alcanzar a su familia. Magnus los miró, era cruel, pero esperaba despertar a la mañana siguiente y encontrarse con que Max seguía muerto, porque entonces significaba que ese muchacho raro que conoció en el cementerio no era el hermano de Alec, porque solo así no se sentiría como una basura.
.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.
- ¡Max por favor ábreme!
- ¡Hijo por favor! - El camino a la casa del inquisidor había sido incomodo sin embargo pese a eso Max no podía negar lo confortable que le parecía el lugar. Confortable y ajeno.
Le había pedido a Robert que le asignase una habitación y apenas este se la hubo mostrado, se encerró allí. No creía soportar mucho tiempo, Bash le había advertido que su periodo con los Nefilims sería como una prueba a su fuerza, no pensó que tanto.
Era doloroso, más de lo que se había imaginado. La última vez que vio a Alec le había dicho que cuando volviera lo haría con su familia y estarían todos juntos, lo recordaba como si fuese ayer: él, Sebastian y Alexander desayunando en la mesa de la casa en Idris; Alec había reñido a Sebastian por llevar a Max a luchar contra un duende y él mismo se quejaba porque le faltaban algunos de los mangas que un oscurecido que lo cuidaba había conseguido para él. ¡Por Raziel! ¡Qué tonto, infantil y despreocupado había sido!
Recordaba haber esperado ansioso todo el día y cuando Sebastian se fue para buscar a Alec, había sentido que el corazón le estallaría en el pecho de dicha. Solo estuvo fuera alrededor de una hora; pero al volver todo su mundo se descontroló y no fue su corazón sino su vida entera lo que estalló.
Lo recordaba como si acabara de ocurrir, había bajado las escaleras corriendo por la emoción, y lo que encontró en la sala no fue a su familia feliz de verlo; no, fue a Sebastian, furioso y dolido, apuñalando repetidamente el pecho de una oscura ya sin vida. La sala completa estaba llena de cuerpos y él se detuvo con los ojos abiertos como platos, cargados de miedo.
- ¿Que…que pasó? – Preguntó, Merrywell el oscuro encargado de cuidarlo esa noche se detuvo junto a él, también sorprendido por la escena. Vio a Sebastian mover los labios pero no lo escuchó, y no le importó ¿Dónde estaba su familia?
- ¿Dónde está mamá y papá? ¿Dónde está Alec? – Preguntó
- ¡CALLATE!- Rugió el medio demonio poniéndose de pie y encarando al niño, tomando su espada del suelo - ¡Cállate maldito mocoso! ¡CALLATE!
No había podido evitarlo, dio un paso atrás totalmente aterrado, quiso huir pero la mirada oscura y llena de odio que se acercaba a él lo tenía paralizado porque por primera vez veía en esos ojos negros al monstruo que lo había asesinado.
Sebastian llegó hasta él con su rostro manchado en sangre que no era suya y Max cerró los ojos sin contener las lágrimas cuando lo vio alzar la espada frente a él. Iba a matarlo, moriría otra vez en sus manos, sin poder despedirse de su familia. Sin embargo cuando escuchó el sonido sordo de un cuerpo caer al suelo y la sangre salpicarle el rostro el niño se sobresaltó; pero no sentía ningún dolor. Abrió los ojos con miedo, Merrywell estaba en el suelo sin vida, su cabeza había rodado un par de metros; y Sebastian frente a él se dejó caer de rodillas; la espada Morgenstern resonó en la sala con el repiqueteo metálico cuando cayó contra el suelo.
Max nunca lo había visto así; las lágrimas se acumulaban en sus ojos, y aquellas que caían por su rostro se mezclaban con la sangre haciéndolas ver rojizas. El niño lo miró a los ojos sin dejar de temblar, podía ver en ellos el conflicto interno que tenía, y juraría que, por un segundo, esa mirada oscura destelló en un tono esmeralda.
El niño se armó de valor cuando escuchó el sollozó y dio un paso al frente, hacia él; porque Sebastian no le haría daño otra vez, Sebastian amaba a Alec y aunque nunca lo dijera sabía que también lo quería a él. Max se sintió mal consigo mismo por haber tenido miedo del rubio; y cuando estiró la mano pensando en limpiar las lágrimas de su mejilla, el susurro de Sebastian lo detuvo, destruyendo todo su mundo por completo.
"Alec está muerto"
Sebastian le había contado todo; que su familia no había querido ir con ellos hasta Idris por él; que se había desatado una batalla y Jace había usado el fuego celestial sobre Alec quemándolo por completo. Por eso Sebastian había tenido que dejarlo a cargo del pueblo Seelie, porque sabía que los Lightwood lo buscarían. Max ni siquiera había terminado de digerir la noticia cuando un par de días después Kaelie se acercó a él, ella era la única hada que lo hacía, la encargada de mantenerlo alimentado y vigilado por Sebastian.
"Los Lightwood fueron tras Sebastian como lo previó..."
Y esa fue la primera vez que notó que algo estaba mal con él, cuando se encontró rezándole a Raziel que el rubio estuviese bien en lugar de su familia...pero no, también Raziel le había fallado:
"…acabaron con Sebastian; lo destruyeron"
Al principio se había sentido culpable, estaba mal: él estaba mal por preocuparse por Bash antes que por su familia; fue Kaelie quien le hizo entender que no era él el del problema, eran ellos, los Lightwood: ellos habían causado esos sentimientos en él; lo habían rechazado como hijo al no querer ir por él cuando Sebastian y Alec fueron a buscarlos, no habían hecho nada por Alexander cuando el fuego lo consumió y luego le habían dado cacería a Sebastian; fueron los Lightwood quienes le empujaron a llorar por alguien que era relativamente un desconocido antes que a sus padres y hermana.
Se restregó una lágrima traicionera que escapó de sus ojos mientras veía las estrellas del cielo de Idris. La última vez que vio el cielo del país de los Nefilims, había destellos de luces por una fiesta en la ciudad mientras esperaba a Sebastian y Alec volver con su familia, ahora que estaba en el interior de la misma la ciudad le parecía tan silenciosa y depresiva, extrañaba la naturaleza viva y cambiante de Feéra.
Un movimiento en la calle llamó su atención. Max vio una figura caminar por la calle. Un hombre se acercaba con paso lento, parecía cabizbajo y por su actitud, un tanto pensativo. Lo miró con curiosidad, desde que estaba allí sentado ignorando las voces de los Lightwood que lo llamaban y tocaban a la puerta, no había visto a nadie caminar en esa dirección. La casa del inquisidor solo tenía a su alrededor casas de otros funcionarios del consejo.
Le habría gustado quedarse esa noche en la casa Seelie, pero ninguno de los comisionados se quedó allí, además sabía que no se lo permitirían.
La figura se detuvo frente a la casa diagonal a su ventana y dirigió una rápida mirada a la puerta de la casa del Inquisidor Lightwood antes de negar con la cabeza y con un rápido destello azul de su mano la puerta se abrió.
- Max, por favor ábrenos - Escuchó la voz de Isabelle, rodó los ojos con fastidio, ignorándola y en cambio se incorporó, conocía ese destello azul de magia. Vio un destello desde el interior de la casa del brujo y seguidamente el sonido de objetos cayendo estruendosamente. No pudo evitar reír divertido, casi como un niño que veía el resultado de una travesura.
Sabía también que Magnus Bane había apoyado a su familia. Bash le había dicho en algún punto cuando descubrió que si iba a Edom podía seguir hablando con él, que el brujo había estado con Alexander, habían sido pareja y lo había lastimado; le dijo como ataba a Alec con cadenas mágicas como a un perro para que no pudiera dejarlo e ir con Sebastian. Le había dicho que Bane incluso participó en el asesinato de Alexander y del propio Sebastian. Y Max lo odiaba, tanto como al resto de los Lightwoods.
- Max hijo, por favor - Escuchó a Robert. Bufó poniéndose de pie cansado. Quizás no odiaba al brujo tanto como a su familia; o por lo menos lo soportaba más porque se dio prisa en salir por la ventana aprovechando las irregularidades de la pared y los alfeizares para des-escalar esta y apresurarse por la calle a la casa del brujo.
Sonrió de lado, escalando a prisa para darse paso por la ventana de la habitación principal. Podía sentir las salvaguardas, pero aun así estas lo dejaron pasar. Max se dio prisa en sentarse en la cama con toda la intención de sacar de quicio al brujo. Sin embargo, las ganas dieron paso al fastidio cuando casi quince minutos después Magnus aun no subía; todavía se escuchaban ruidos extraños desde el piso inferior. Bufó aburrido poniéndose de pie para recorrer la habitación.
Se notaba que el brujo no pasaba mucho tiempo allí: la habitación era bastante fría y estaba llena de polvo, aunque no negaba que la había decorado bastante bien. Observó un cuadro impresionista en la pared antes de hurgar entre el closet viendo la ropa: parte de ella era estrambótica como es Bane. Enarcó una ceja, volviendo la mirada ya dispuesto a salir cuando vio la foto junto a la cama; quizás el único gesto de intentar darle un toque personal a esa habitación: una fotografía de Alec.
Max se acercó tomando la fotografía; por la marca que dejó en la mesa de noche llena de polvo, suponía que estaba ahí desde hacía años, quizás desde antes que Alec se fuese con Sebastian, y Bane debía no haberla quitado puesto que no solía usar ese lugar. Se sentó en la cama, apreciando la fotografía; si se fijaba bien, se parecía bastante a su hermano; le agradaba eso: ser como Alec. Quería ser como su hermano mayor y quería que Bane dejara de tener fotos de Alec por todos lados, como si de alguna forma lo quisiera, como si lo extrañara. Tal vez se habría arrepentido de haberlo lastimado, pero eso no valía de nada cuando Alec ya no estaba allí.
La puerta de la habitación se abrió y Magnus que pretendía entrar respingó con un grito asustado llevándose la mano al pecho al darse cuenta de la inesperada presencia del chico en su habitación.
- No te asustes así, no estoy tan feo – Se burló Max colocando la fotografía nuevamente en la mesa de noche.
- ¿Qué haces aquí? - Preguntó; frunciendo el ceño al ver donde estaba - ¡Largo! ¡Largo de mi cama, de mi habitación y mi casa! - Pero Max en lugar de pararse se acomodó mejor en la cama, recostándose al respaldo y cruzando las piernas sin preocuparse en estar ensuciando la colcha.
- ¿No fuiste tú quien me dijo que querías hablar conmigo? – Preguntó - Pues aquí me tienes, listo y dispuesto para ti.
Magnus sabía que lo hacía a propósito, la forma en que elegía sus palabras y como se giró para quedar acostado de frente a él mirándolo con esa sonrisa burlona. Se cruzó de brazos enojado, no volvería a caer en su juego.
- ¿Qué quieres en mi casa?
- Asilo - Dijo- No los soporto más – Señaló con un gesto desdeñoso en dirección a la casa del inquisidor.
- Olvídalo, ve con tu familia – Le ordenó - ¡No te quedaras cerca de mi otra vez!
- ¿Por qué? – Preguntó inocentemente incorporándose - ¿No nos divertimos la última vez en tu loft? – Caminó contoneándose en su dirección; Magnus retrocedió al instante - ¿O en el club? No lo recuerdo; no eres tan memorable – Lo desestimó – Pero Richard dice que pese a eso fue divertido.
- ¡Cállate! ¡No vuelvas a repetir eso! - Exclamó apartándolo con un empujón del pecho, pero Max fue más rápido tomándolo de la muñeca.
- Pero si incluso conservas el regalo que te di.- La burla en su voz rallaba el cinismo; Magnus olvidó todo el asunto de las insinuaciones de inmediato, el brazalete en su muñeca resplandecía en color naranja tenuemente contra los dedos de Max que lo observaba bastante complacido.
- ¡Sabía que fuiste tú! – Gruñó soltándose de él y tomándolo de la camisa amenazante - ¡Quítame este brazalete! – Ordenó furioso; sus dedos chispearon en azul y el brazalete incrementó el brillo naranja. Max lo miró de reojo por un segundo preocupado.
- Vamos Bane, no tienes por qué hacer algo de lo que te arrepientas- Le advirtió. Magnus bufó soltándolo, no quería volarle la cabeza al muchacho; bueno si, pero luego se sentiría culpable. Max se arregló la ropa retrocediendo un paso para alejarse del alcance de las manos de Magnus - Tu magia no me importa - Aseguró - Pero puedo quitarte el brazalete luego si me dejas dormir hoy contigo.
Magnus lo miró con mala cara; no lo entendía ¿Qué le había hecho él a Max? ¿Por qué no hacía más que atormentarlo de una u otra manera? ¿Qué pretendía ese chiquillo?
- O bien puedo irme; no me importa dormir a la intemperie - Aseguró dándole la espalda - Pero no te quitare nada.
- Quédate si quieres – Gruñó, casi escupió - Pero no dormirás conmigo - Max sonrió burlonamente tirándose en la cama del brujo. Magnus enarcó una ceja: el chico parecía muy feliz de quedarse allí. - ¿Qué quieres Max? – Preguntó masajeándose las sienes con cansancio.
- ¿No estuviste en la vista? - Cuestionó mientras se quitaba los zapatos - Muchas de mis hermanas hadas han sido asesinadas - Dijo - Requerimos de la ayuda de los Nefilims.
- Y apuesto que a la perra de Seelie le costó admitirlo - Dijo mordaz.
- No te atrevas a llamar así a nuestra grácil dama - La defendió. Sin embargo, Magnus pudo ver que no era sincero, su mirada no reflejaba el aprecio por la Reina Seelie que intentaba demostrar ante él y el resto de su familia; solo había un deber, como si durante años alguien hubiera estado repitiéndole "Si insultan a la Reina Seelie debes defenderla" hasta que harto comenzó a hacerlo.
- ¿Qué tal zorra loca? ¿Histérica manipuladora? ¿Frígida amargada? - Max no lo pudo evitar más y una risita se escapó de sus labios. Intentó enseriarse, pero no pudo y Magnus bajó la guardia. Como pensaba, no había una lealtad real, al menos no para la reina
- Tales ofensas te acarrearían latigazos en Feéra, brujo.
- ¿Lo sabes por experiencia? -Preguntó recordando su espalda cuando despertaron en año nuevo. Max no contestó, su expresión en cambio se volvió pétrea - Qué suerte que no estamos allí entonces - Aclamó y agregó - Pero no me has contestado: la ayuda es algo que quiere Seelie; ¿Qué quieres tu Max?... Well... Como quieras hacerte llamar
-Venganza -Dijo simplemente
- ¿De quién? - El chico se encogió de hombros.
- Me dijeron que eres un alto brujo, deberías tener un poco de imaginación - Notó la confusión de Magnus y agregó - Piénsalo, ¿no te has portado mal últimamente Bane?
- No hasta que apareciste.
- Oh ¿Sigues enojado por dejar plantado a tu novio en navidad? - Preguntó con una risilla traviesa - ¿Le contaste de mí? - Le guiñó un ojo coquetamente. Magnus abrió la boca desconcertado; él había pensado que la situación había sido propiciada por la ciruela de hada, pero ¿Realmente Max lo había hecho adrede? ¿Aun sabiendo de su relación con Alec?
- Las hadas te han podrido- Dijo con voz mortal saliendo de la habitación y golpeando la puerta. La sonrisa en el rostro de Max se borró; Bane solo era la punta del iceberg, él no había conocido antes al brujo, no había significado nada para él, no tenía por qué importarle, pero a partir de ahora vendrían momentos difíciles con su familia; solo esperaba que Lilith le diera fuerzas.
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¿Y bien? Vaya, creo que es el cap más largo hasta ahora, y el primero para empezar a entender las motivaciones de Well… Esa escena de que pasó cuando Sebastian volvió a casa tras perder a Alec, se las debía desde Por Andarse de Cupido n.n
Oh no pude contenerme y puse un poquito más de Kierark n.n y por cierto, una preguntita ¿Quién creen es la primera persona en enterarse que el chico con que se acostó Magnus es Max?…Eso viene en el próximo cap que se llamará Intenciones Ocultas ¿Algún candidato? xD
Nos leemos pronto
Besos :3
