Hola hola :D apuesto a que no me esperaban tan pronto… pero aquí les vengo con un nuevo cap :P

En los reviews del anterior, la mayoría voto por Simon como el primero en enterarse, ya verán ;)
Por cierto, gracias a
perdizRyhe, YukariKira, Lalala Gem, pumas . orlando, Marian y Clow por sus comentarios y a todos los que dan fav y follow al fics n.n Contesto.

Lalala Gem: jajaja como dice mi parabatai, Max regresa y vuelve más insoportable que nunca xD Alguien tiene que decirle muchas cosas a Max, no solo que Alec sigue vivo :P espero este cap te guste n.n

Marian: Oh bueno, Bash ha ayudado a "criar" a Max, algo debe haberse pegado de su comportamiento xD oh bien, no te olvides del lado oscuro jojojo vamos, a todas nos gustan los chicos malos ;) Un beso :3

Clow: Oh si, será muy muy muy impactante…para todos la verdad ;) Ya veras cual de las opciones ganó n.n

Al resto por PM… ¡A leer!

Parte IV: La vida de los muertos

La vida de los muertos perdura en el espíritu de los vivos

Cicerón

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Capítulo 9: Intenciones Ocultas

Los movimientos no solo los hacemos simplemente por movernos, cada movimiento tiene su propósito, siempre tiene alguna intención

María Montessori

X.X.X.X.X.X.X.X.

Jia se dejó caer en la silla frente a su escritorio. Había sido un día completamente difícil, la vista con las hadas, las discusiones del consejo, la inconformidad de algunos miembros de la clave. Recuperar a Mark Blackthorn y Max Lightwood había sido un completo problema para todos y un total dolor de cabeza para ella.

No culpaba a Robert por haber cambiado su voto y esforzarse en convencer al resto de aceptar porque de haber estado en su lugar, y a Raziel gracias que no lo estaba, habría hecho exactamente lo mismo; aunque como Cónsul supiera que las hadas solo tomarían la ayuda para su caso de asesinatos en Los Ángeles y luego causarían problemas y eso era lo último que quería cuando tenía un portal directo a Edom recibiendo pulsos de magia periódicamente que requería toda su atención y preocupación.

Suspiró tomando el informe de ese día sobre el portal; estaba segura que Robert no tendría ni la más mínima intención de leer esa noche la copia que habían dejado en su oficina.

Los brujos del laberinto espiral aseguraban que las tandas de pulsos de magia se habían espaciado unas de otras y seguían siendo unidireccionales; sin embargo había algo realmente importante que la hizo estremecer: habían logrado hacerse una teoría respecto a que estaba del otro lado recibiendo toda esa magia, y no era para nada alentadora. Jia suspiró, podía que fuese un alivio insustancial pero mientras lo que sea que estuviese pasando entrase a Edom y nada de allí saliera, podía considerar que las cosas estaban relativamente "bien"

O al menos lo suficientemente bien como para dejar a un lado el informe y ocupar su mente con otro problema: Bane había exigido un periodo de descanso a su escaño en el consejo después de la vista con las hadas. Eso solo había causado más discusiones: Lily estaba furiosa; Luke también se había disgustado con la noticia y no podía negar que ella tampoco estaba nada complacida. No sería fácil que los brujos se reunieran para elegir un remplazo para Bane y este solo había propuesto a Catarina Loss para tomar su lugar.

Sinceramente creía que la bruja sería una buena elección, pero no estaba muy segura de que ella fuese a aceptar; por los momentos la reunión del día siguiente no contaría con ningún represéntate de los hijos de Lillith y sabía que a la larga eso solo traería disgustos de estos hacía La Clave.

Suspiró; quizás se estaba haciendo demasiado mayor para ese puesto.

.*.*.*.*.*.*.*.*.*

Se sirvió un trago de whiskey restregándose el rostro; ¿Que estaba haciendo? Sin duda no podía permitir que Max fuese a dormir a la intemperie esa noche; tal vez lo mejor habría sido llamar a Robert y Maryse; pero el joven adolescente había dejado claro que huía de ellos, llamarlos solo lograría que el chico volviese a escapar, aunque quizás si intentaba con Jace e Izzy podría tener mejor suerte…

Si lo pensaba, era un tanto extraño. Eran cinco años desde que Max no veía a sus padres; Alec le había contado en algunas ocasiones que hablaban sobre su tiempo con Sebastian, que el niño había querido siempre reunir a su familia, ¿Porque ahora que los tenía no se aferraba a ellos y solo huía? Pensó en Mark Blackthorn: él tampoco había saltado de júbilo al reunirse con Julian y su tío Arthur, no, el chico se había sentido fuera de sitio, mas no hubo rechazo hacia ellos, no como el de Max.

Tomó un trago de Whiskey; Max había dicho también que quería venganza ¿Pero vengarse de quién? ¿De las hadas? Lo dudaba mucho, ¿de su familia? Podría ser, si creía que lo habían dejado de lado en el pueblo Feéraadrede, pero entonces ¿Que ganaba involucrándolo a él? Porque hasta ahora era el único que estaba sufriendo al muchacho. Bebió otra vez, esta vez un sorbo largo, intentando darse ánimos con eso para pensar en lo que realmente importaba: y era el hecho de que ese chico que estaba en su habitación, fuese de hecho, Max.

El hermano de Alec...

Quizás, no había llegado a entender todo lo que eso significaba hasta que Jace le propuso ir a la ciudad silenciosa para darle la noticia a Alec, solo entonces se había dado cuenta que no podía solo darle la cara al chico y decirle que mientras que este le enviara un videomensaje pidiéndole que fuera a verlo en año nuevo, él se estaba acostando con su hermano.

Negó con la cabeza, dicho así sonaba tan terrible cuando ni siquiera recordaba el hecho pese a todo lo que Max dijera. Se dio otro trago que detuvo a medio beber: Max decía que se habían acostado en navidad, sin embargo, decía también que no recordaba nada de año nuevo, pero si Richard, entonces...drogado con ciruela de hada ¿recordaba o no lo que hacía?

Dejó el vaso en la mesita y se dispuso a subir nuevamente; cada vez estaba más convencido de que el chico actuaba intencionalmente. Llegó hasta la puerta tocando a esta.

- ¡Max!... ¡Well abre! Necesito hablar contigo.

- Supongo que "podrido o no" me quieres ¿eh? - Dijo con sorna; Magnus bufó.

- ¡Abre la puerta!

- ¿No eres un brujo? ¡Ábrela tú! - Le retó con burla. Magnus masculló algo como una maldición golpeando la puerta - ¡Oh vamos, seguro puedes hacer algo mejor que eso!

- Idiota - Masculló.

- ¿Crees que me quede la ropa de tu novio? ¡Me gusta esta chaqueta!

Magnus se sintió echar chispas por los ojos, y no lo pensó: chasqueó los dedos para abrir la puerta; escuchó un pequeño escándalo en el interior de la habitación

- ¡Espero que no te gustara esa lámpara! - Exclamó Well entre risas; Magnus maldijo más sonoramente golpeando la puerta, se escuchó el vidrio de la ventana hacerse añicos - ¡Fallaste!

- ¡Sal de ahí! - Otro chasquido, esta vez la puerta si abrió. - ¡Quítate la ropa de...!- Pero su voz murió en su garganta al ver el vidrio de la ventana roto y la lámpara que había estallado, pero Max estaba semi acostado cómodamente en la cama, con la cabeza apoyada en el cabezal, se había quitado la camisa y aplaudía con burla sin intenciones de ir al closet a colocarse la ropa de Al… Un minuto; Magnus masculló una maldición al darse cuenta que había caído en su juego cuando él ni siquiera tenía ropa de Alexander en ese lugar, todas las prendas del Nefilim las conservaba en el loft o la habitación de este en el instituto.

- Al fin lo hiciste, solo tenías que practicar –Se burlaba Max; Magnus enarcó una ceja. Notó que, en la mesa de noche junto a la lámpara estallada, había movido de lugar la fotografía de Alec: podía notar el rastro de polvo – ¿Qué quieres Bane? A diferencia de los que usan portal, pase horas cabalgando para llegar a Alacante, necesito dormir.

- Si no quieres molestias, vuelve con tu familia.

- Tú o ellos - Sopesó pensativo - Molestas menos, así que supongo que solo me queda lidiar contigo.

- Quería preguntarte algo, pero creo que me conformare con solo lanzarte por la ventana – Dijo de mal talante, y agregó intentando no demostrar demasiado interés - Es sobre lo que pasó entre nosotros...

- Nosotros ¿eh? – Preguntó – Se oye bonito, sigue así y quizás me enamore - aseguró guiñándole un ojo. Magnus decidió ignorarlo, no tenía caso alguno.

- Antes dijiste que para Richard no fue memorable lo que pasó, ¿pero cómo podría saberlo? Si ni siquiera recuerdan lo que ocurrió - Dijo y agregó con echonería intentando que Max no notara que solo quería arrancarle una explicación - Porque conmigo, memorable es poco; soy sencillamente magnifico.

- Richard dice que fueron los veinte minutos de su vida peor perdidos -Se burló; Magnus bufó.

- El único que perdió el tiempo fui yo, él es insoportable - Refutó, Max rio y el brujo agregó - Y en año nuevo no tiene como saberlo.

Max lo desestimó con un gesto de la mano

- No había consumido tanto.

- Me confundiste con un gato.

- Él no había consumido tanto - Corrigió entre risas.

- La ciruela de hadas vuelve locos a todos con solo un mordisco; así que define "tanto" - Max se encogió de hombros.

- Richard tiene toda su vida consumiéndola - Le restó importancia - Tolera bien una enteras - Y agregó orgulloso - Yo puedo comerme una entera sin perder la razón o la memoria.

Magnus enarcó una ceja. Conque una entera...él recordaba que la ciruela en su departamento le quedaba poco menos de la mitad, Max no había estado "ido" la noche en su loft. Sintió la ira nacer en su estómago, y el deseo de saltar sobre ese chiquillo y golpearlo hasta arrancarle una explicación, una disculpa y la satisfacción de sus nudillos, pero en lugar de eso salió a prisa de la habitación azotando la puerta, furioso.

.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.

Clary y Simon caminaron juntos por las calles de Idris en silencio; los amigos se habían retrasado un poco en New York: con Jace, Isabelle y Maryse partiendo tan a prisa a Idris tras la noticia de la aparición de Max, alguien había tenido que quedarse arreglando todos los detalles para no dejar el instituto desprotegido, sin embargo ahí estaban ya. Apenas comenzaba a amanecer en Idris, y dado que los cazadores de sombras acostumbraban levantarse temprano, no les sorprendió ver desde esa hora gente caminando de un lugar a otro; algunos, los más ancianos y conservadores, dirigiendo a Simon feas mirada de repugnancia, pero no hacían nada más.

- Aun no puedo creerlo; después de todo este tiempo…Max - Susurró Clarissa. Simon asintió de acuerdo; era desconcertante saber que alguien que ya consideraba una pieza pérdida del pasado, volviera de pronto. Y si era así para ellos, no querían imaginar cómo se sentirían los Lightwood.

A decir verdad, había sido por ellos que acudieron a Idris, especialmente por Isabelle y Jace; sobre todo la chica.

Ambos sabían del sentimiento de culpabilidad en la cazadora de sombras; y Simon estaba especialmente preocupado por estar con ella en ese momento; quería abrazarla para que su chica ruda del látigo no se desmoronara por lo único que podía hacerlo: la gente a la que amaba.

- Creo que debimos suponerlo: Sebastian tenía tratos con las hadas.

- Magnus lo supuso - Rememoró la pelirroja - Recuerdo que él incluso fue hasta el Reino Seelie, pero luego encontró el cuerpo.

Simon asintió; alertándose cuando al entrar a la calle de las residencias del consejo su oído vampiro captó un ajetreo en la casa del inquisidor.

- ¿Qué pasa? - Clary notó como su amigo se había tensado.

- No sé, vamos a darnos prisa - Dijo apresurándose; llegaron hasta el rellano de la entrada, pero no pudieron ni tocar cuando la puerta se abrió. El vampiro no pudo negar que se sentía algo intimidado por la fornida y amenazante presencia del Inquisidor; pero este apenas y lo notó.

- Háganse a un lado - Ordenó saliendo a prisa. Ambos recién llegados obedecieron y el hombre corrió calle abajo. Tras él salió Maryse. Isabelle y Jace estaban por seguirlos cuando repararon en su presencia.

- ¿Qué pasa?

- ¿Que hacen aquí? - Preguntaron Simon y Jace respectivamente.

- Pensamos en ver cómo iba todo con Max; pero ¿qué pasó?

- Desapareció - Exclamó Isabelle, estaba angustiada - No quiso abrir la puerta en toda la noche, así que decidimos darle algo de tiempo, pero Jace se hartó esta mañana y tumbó la puerta de una patada, y no estaba: Max no estaba en la habitación

- ¿Lo buscaron bien por toda la casa?

- Por supuesto - Dijo Isabelle ofendida.

- Vamos por las hadas; si se lo llevaron las desollare vivas - Amenazó Jace; los otros tres asintieron apresurándose con el chico, pero este pareció recordar algo. - ¡Magnus! ¡Él puede ayudarnos!

- Nosotros vamos por él - Exclamó Isabelle tomando a Simon del brazo y jalándolo en dirección al brujo

No tardaron nada en llegar, la casa del representante de los brujo ante el consejo estaba justo en frente de la casa del inquisidor y apenas llegaron ante la puerta, Isabelle no tuvo reparo alguno en golpearla gritando a voz en cuello.

- ¡Magnus! ¡Magnus abre la puerta, necesitamos tu ayuda! – Simon escuchó movimiento en el piso inferior de la casa; cosa rara, habría esperado que el brujo siguiera durmiendo. - ¡Magnus!

- Espero que tengas una buena razón para hacer tanto escándalo tan temprano Isabelle – dijo Magnus de mal talante al abrir la puerta.

- Razones contigo me sobran, traidor – Siseó ella. Simon intentó decirle que insultar a la persona a la que le pedía ayuda no era la mejor manera de conseguir esta pero fue ignorado.

- No tengo porque aguantarte – dijo disponiéndose a cerrar la puerta. La chica lo impidió con la mano.

- ¿Cómo te atreves a cerrarme la puerta? – Gruñó. Simon se rascó la nuca, realmente no veía el sentido de ponerse a discutir sobre otros temas cuando se suponía que la prioridad era Max, pero ahí estaba su novia perdiendo de vista sus prioridades – Yo debería cerrarte la puerta de mi casa a ti, Bane por lo que le hiciste a mi hermano y…

Simon dejó de prestarle atención tanto a ella como a la respuesta de Bane enzarzándose en una discusión, en cambio olfateó el aire: había un aroma en la casa conocido, aunque no que reconociera; era un aroma humano, más bien Nefilim oculto tras algo más. Se mostró confundido, una cosa era segura, no era el aroma a perfume de sándalo de Magnus.

El diurno se escurrió de la discusión y subió las escaleras atraído por el aroma; era más curiosidad que otra cosa; podía seguir escuchando las voces de Izzy y Magnus desde la entrada mientras él se dirigía a la habitación principal, sin embargo, justo antes de abrir dudó ¿Quién sabe lo que podría tener el brujo del otro lado de la puerta? Además de que, en teoría, entrar de esa forma a la habitación de otra persona era considerado una violación a la privacidad.

Aunque... solo echaría un vistazo, no es como si fuese a ponerse a hurgar entre el cajón de ropa interior del brujo. Se estremeció ante la idea del tipo de ropa interior que Magnus podía tener en su cuarto, aun así, terminó por girar el pomo y echar un vistazo.

La boca de Simon se abrió. Había un chico en la cama, un chico que se le hacía bastante conocido. Era el criado por hadas que había visto en el loft, el que se parecía a Alec.

Simon lo observó enredado entre las sabanas del brujo. Había supuesto que todo ese asunto del chico no era más que una manera de liberar tensiones, un momento de debilidad en una fecha donde extrañaba a Alec, pero si lo había llevado consigo a Idris, si estaba ahí otra vez ¿Significaba que había algo más?

Se estremeció al recordar que Isabelle estaba en el piso de abajo: la chica ahorcaría al brujo con su látigo, y al muchacho. Quien por cierto se removió; el vampiro no se había dado cuenta que al quedarse en la puerta un halo de luz molestaba el sueño del muchacho quien abrió los ojos.

- ¿Qué pasa? - Balbuceó con los ojos entrecerrados por la luz - ¿Bane?

- No, lo siento...soy solo yo... Simon, Simon Lewis - Se presentó al darse cuenta que el muchacho no sabría quién era "yo" Se sentía completamente incomodo de tan solo imaginar lo que pudo haber pasado en esa habitación y ver la fotografía de Alec en la mesa de noche, ¿Realmente Magnus era capaz?

- Te saludo, Simon Lewis - Dijo aun somnoliento el chico restregándose los ojos e incorporándose entre el mar de sabanas - Vaya, nuestros caminos vuelven a cruzarse vampiro - Dijo al verlo y reconocerlo mostrándose preocupado luego - ¡A prisa! ¡La luz! Cerraré las ventanas.

- Emp...no te preocupes, soy diurno - Dijo. El muchacho se mostró sorprendido - Lamento haberte despertado, no sabía que Magnus te tenía...que estabas aquí quiero decir.

- Vampiro diurno - Susurró él prestando atención particular a ese hecho; un vago recuerdo en su cabeza, un chico que había conocido hacia años, un vampiro que sabía de mangas...- Naruto - Dijo por lo bajo.

Simon se desconcertó.

- ¿Disculpa?

- Nuestros destinos se han cruzado antes vampiro diurno - Dijo rápidamente apresurándose en salir de la cama; Simon no pudo evitar sentirse aliviado al ver que llevaba pantalones, unos suave de seda similares a los de la última vez que le vio, solo que color aguamarina.

- Si, en el loft...

- No... Me refiero al instituto, cuando yo...

- ¡Max! - La voz de Isabelle corriendo por las escaleras hacia él apartó al muchacho de Simon. El vampiro volteó hacia su novia y luego en todas direcciones esperando ver a un pequeño de diez años salir de algún lado, sin embargo, cuando Isabelle entró a la habitación dispuesta a abrazar al muchacho, y este retrocedió apartándose de ella con mirada pétrea, se dio cuenta que era un idiota por esperar a un niño cuando ya habían pasado cinco años.

- ¿Max...Max Lightwood? - Preguntó; su mirada iba de Max a la fotografía de Alec junto a la cama; notando aún más cuan parecidos eran, únicamente sus ojos grises representaban una diferencia marcada, por lo demás solo eran pequeños detalles.

- ¿Por qué te fuiste de casa? - Preguntó Isabelle- Debiste avisarnos que estarías con Magnus - Dijo, intentaba no sonar como un regaño; Simon volvió la mirada al brujo y luego a Max.- Debiste decirme antes Bane en vez de buscarme pelea - Eso sí fue un regaño.

- Estoy más a gusto aquí que con ustedes - Dijo Max sin miramientos; Isabelle se mostró herida. Simon volvió a mirarlo y luego la foto de Alec y por ultimo a Magnus y abrió la boca con sorpresa y desconcierto.

...Se había dado cuenta de otras cosas.

*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*

Alec tomó el plato de comida que el hermano Enoch le tendió y lo colocó sobre la mesita, asegurándose de no ensuciar ninguno de sus libros.

- ¿Ha visto a Magnus? ¿Ha venido? – Preguntó; el hermano silencioso tardó un poco en contestar.

No – dijo y el chico no pensó siquiera en decepcionarse, de alguna forma ya lo esperaba – El hermano Jonas comentó que Bane renunció a su lugar en el consejo luego de la vista con las hadas.

- ¿Qué? ¿Por qué? – Cuestionó de inmediato. No tenía sentido que Magnus renunciara, él sabía cuánto el brujo odiaba la política pero siempre le decía que prefería ser él quien ocupara el escaño a cualquier otro brujo que hubiese petrificado sus sentimientos al mantenerse eternamente apartado de la humanidad; ellos tendían a ser los más peligrosos al momento de tomar decisiones porque no consideraban a nadie, ni siquiera a sí mismos.

Eso tendrás que preguntárselo tú mismo – dijo dándose media vuelta dispuesto a irse.

- ¡Espera, espera! – Exclamó Alec apoyándose en los barrotes. El hermano Enoch se detuvo volviendo el rostro hacía él. Por eso a Alec le agradaba: de todos los hermanos silenciosos, el hermano Enoch era el más dado a interaccionar e incluso ayudar y no era solo su percepción: el Hermano Zachariah… Jem (se corrigió mentalmente) siempre que lo visitaba se lo recordaba.

- ¿Dónde está Maxxie? – Preguntó – No lo veo desde el interrogatorio ¿Lo castigaron?

Está en su habitación por su propio deseo – Explicó - El instituto de New York envió a una bruja ayer luego del interrogatorio y ha estado estudiando con ella desde entonces.

Alec asintió sorprendido y, no pudo evitarlo, celoso; porque Maxxie nunca había estudiado con otra persona que no fuera él o los hermanos silenciosos y que ahora tuviera una tutora que le quitaba el tiempo para ir a verlo a su celda, le hizo recordar que después de todo el prisionero era él y no el niño.

Escuchó en su mente algo así como un suspiro; se confundió, y aún más al darse cuenta que provenía del hermano silencioso.

Ha estado muy tranquilo, no quiero ni imaginar cómo acabará esta paz cuando la bruja se marche y él decida poner en práctica lo que está aprendiendo

- Seguro se comportará – Alegó Alec intentando contener una risa. El hermano Enoch asintió solo por hacerlo dándose media vuelta para marcharse, dejando a Alec en su habitación pensativo. ¿Una bruja enviada de New York? ¿Qué quería enseñarle Jace a Maxxie? Se sentó en su cama tomando el plato de comida, quizás el hermano Enoch hacía bien en preocuparse.

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- ¿¡Te acostaste con él!?- Simon no estaba seguro si era una pregunta o una acusación. Se había quedado en la casa de Magnus bajo la excusa de tratar asuntos de subterráneos mientras Isabelle llevaba a Max a casa y avisaba a todos que lo había encontrado. Magnus que estaba desayunando, desvió la mirada de su plato.

- Me he acostado con mucha gente Sheryl, pero si te refieres a Tyler Hoechlin, no, él aún no ha tenido el placer.

- Me refiero a Max - El panecillo cayó de la mano de Magnus, suficiente respuesta.

- ¿Que te hace pensar que yo...nosotros...?

- ¡Lo vi en navidad! – Le recordó - ¡Por Dios Magnus! ¿Qué estás haciendo? - Esa era la pregunta que se moría por hacer - ¡Es el hermano menor de Alec!

- ¡Lo sé! ¡Ya lo sé! -Estalló el brujo; no quería sentirse acusado, porque a él no le interesaba Max en un sentido carnal, mucho menos romántico, de hecho comenzaba a cuestionarse si le interesaba siquiera como cuñado; suspiró restregándose la cara y procedió a contarle al vampiro todo lo que había ocurrido con Max, desde el inicio. Simon escuchó atento, sin interrumpirlo o cuestionar mientras Magnus se sentía aliviado con cada palabra: era la primera vez que podía narrarlo todo, explicarse por completo - Solo...todo se descontroló por la maldita ciruela de hadas- Concluyó - No sé qué busca Max; solo quiero que me quite este maldito brazalete y desaparezca de mi vida.

- Eso no va a ser posible, lo de desaparecer me refiero – Le hizo ver Simon. –Ahora Max volverá a ser parte de la vida de Alec tanto como tú –Magnus se restregó las sienes, no es como si no lo supiera.

- ¿Por cuánto tiempo? – Preguntó amargamente – Si Alec se entera va a odiarme más de lo que ya me odia - Se lamentó. Simon lo miró confundido.

- Alec no te odia.

- ¿Por qué no lo haría? Sé que Izzy sabe lo que pasó en año nuevo.

- Si, y como ya viste esta mañana, quiere matarte – Admitió el vampiro diurno – Pero no se ha atrevido a decírselo a Alec – Magnus lo miró con sorpresa – Él está esperando que vayas a la ciudad silenciosa a hablar y aclararlo todo, por supuesto que no está esperando que la explicación sea peor que solo unos cuernos – dijo para sí mismo. Magnus no supo cómo sentirse, él había pensado que Isabelle le habría contado y Alec estaría enojado; por eso le había dicho que tomaría un tiempo antes de ir a verlo pero ahora saber que Alec lo estaba esperando sin idea alguna, no lo hizo sentir mejor.

- Isabelle va a matarme por saber esto y no decirle. – Susurró Simon.

- Si le dices nos matara a ambos – Aseguró Magnus – Y a diferencia de ti yo si estoy indefenso justo ahora – dijo mostrando su muñeca. El vampiro suspiró, algo muy dentro de él le decía que se arrepentiría de eso.

- Tenemos que averiguar que quiere Max, Magnus; solo así dejaremos esto en el pasado.

- Sin decirle nada de lo que te he dicho a nadie.

- Seré una tumba – Juró. Magnus miró al vampiro con renovado aprecio.

- ¡Oh Shelby! ¡Si me ayudas con esto juro que nunca más olvidare tu nombre! - El vampiro abrió la boca dispuesto a replicar, pero decidió mejor dejarlo así, no tenía caso.

- Bien, tenemos que hacer entonces que puedas hablar con él a solas – dijo el vampiro.

- Entiendo que en situaciones normales soy magnifico con mi magia, pero aun así no creo que noquear a todos los Lightwood sea una buena idea. – Aseguró Magnus; Simon rodó los ojos.

- Robert y Jace irán a una reunión hoy con los miembros del consejo a la que…oh, olvídalo, supongo que tú también tendrás que ir – dijo desechando su plan; Magnus negó con la cabeza.

- Renuncie – dijo sencillamente. El vampiro abrió la boca con sorpresa – Bueno, no es tanto como una renuncia permanente, exigí vacaciones.

-¿Y te las dieron?

- No lo sé – Admitió – Pero tanto si aceptaron las vacaciones o la renuncia, tienen que buscarme un reemplazo porque no acudiré a ninguna reunión hasta que ponga mi vida en orden… ¡maldición! soné como Ragnor en la crisis de los trescientos. - Se lamentó.

- El punto es que en la casa solo se quedaran Clary, Isabelle y Maryse – dijo Simon – Clary no es problema pero…

- Pero las otras dos me desollan vivo si descubren porque quiero hablar con Max, sin contar con que Isabelle me quiere desollar vivo aun si no se entera. – Simon se incorporó de la silla acercándose a Magnus y colocándole una mano en el hombro.

- Tranquilo mi querido padawan, yo me encargo.

.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*

Arrojó la pelota contra la pared, atajándola al rebotar de regreso. Estaba acostado en su cama con las piernas apoyadas en la pared, arrojando y atrapando una y otra vez, aburrido. No sabía cuánto tiempo había pasado desde que Jace fuera a interrogarlo o desde que había hablado con el hermano Enoch, su reloj de muñeca seguía teniendo la mica destrozada aunque Alec suponía que transcurrieron al menos unas cuantas horas de esto último, y Maxxie seguía sin acercarse por allí.

Había encontrado la pequeña pelota que pertenecía al niño, dejada sin cuidado entre sus ropas y la había tomado solo para hacer algo mientras esperaba. Desde que Maxxie había comenzado a visitarlo a diario, poco antes de cumplir los tres años, Alec se había dado cuenta que los días en su celda dejarían de ser monótonos por el resto del tiempo que le quedaba allí; había dado por hecho que Maxxie siempre estaría presente, después de todo era solo un niño sin nadie en el exterior, debía vivir su infancia allí por ser demasiado joven para que los hermanos silenciosos le permitieran salir solo. Incluso cuando Alec fuese dejado en libertad, él aun sería muy chico; y aunque había sentido siempre la presencia de Magnus y su familia con sus visitas, solo el niño entendía lo que era vivir en esas oscuras celdas sin diferenciar el día de la noche; y era su presencia lo que le hizo desaparecer esa pequeña espinita que le decía que después de todo estaba solo allí.

Arrojó la pelota nuevamente, arrugando un poco la nariz por el ligero olor a humo que llegó hasta él.

Ahora que Maxxie tenía una tutora, se daba cuenta que el tiempo que el niño pasaba con él tendría que compartirlo con ella ¿Por cuánto? ¿Una semana? ¿Un mes? ¿O sería siempre así a partir de ahora?, podía sonar egoísta pero no quería compartir al pequeño, porque temía que al descubrir cuanto más había detrás de los muros de la ciudad silenciosa, Maximum se olvidaría de él; y si había algo por lo que le agradecía a Raziel cada día era por la presencia del pequeño en ese lugar; y esperaba poder llevarlo consigo, y con Magnus, cuando volviese a caminar por New York como un hombre libre.

La pelota rebotó una vez más contra la pared pero Alec no llegó a atraparla, golpeándole en el rostro. Masculló una maldición distraído: el humo se había incrementado al punto de que ya no era solo el olor, sino que nublaba su vista. Se incorporó justo a tiempo para ver a Maxxie gritando emocionado corriendo por el pasillo.

- ¡Lo hice! ¡Lo hice! – Gritaba moviendo sus manos con emoción; Alec vio con desconcierto y cierto horror como las manos del pequeño envueltas en fuego negro soltaban llamaradas que chocaban contra la pared de piedra - ¡Mira Alec! ¡Lo hice! – Exclamó emocionado.

Alec tuvo que enderezarse a prisa con sus rápidos reflejos Nefilims y saltar fuera de la cama cuando al aplaudir el niño para pasar a través de los barrotes, una fuerte llamarada salió disparada en su dirección prendiéndole fuego a la cama. Maxxie gritó asustado al verlo mientras que el ojos azules se apresuraba en tomar la colcha para golpearla contra el suelo intentando apagarlo.

- ¡Se quema! ¡Se quema! – Gritaba el pequeño horrorizado saltando de un sitio a otro.

- Tranquilo Max… todo está… bien – Aseguró él entrecortado peleando contra la colcha, apagando las ultimas llamas con rápidos y fuertes pisotones.

- ¡Se te quema el pantalón! – Gritó alarmado. Alec bajó la mirada aprisa, una pequeña llama negra se había pegado a la pierna de su pantalón. Con lo que quedaba de la colcha lo sofocó antes de enderezarse hacía el niño – Tienes que tener más cuidado.

- Lo siento – Susurró en un balbuceo que intentaba sonar apenado pero el pequeño estaba demasiado emocionado como para ser creíble - ¡Pero ya aprendí Alec! ¡Puedo hacerlo!

- ¿Incendiar cosas? Ya veo – dijo observando con preocupación las manchas oscuras en la piedra de las paredes del pasillo – Los hermanos silenciosos no estarán felices – dijo para sí, no entendía que intenciones tenía Jace para enseñarle a incendiar toda la ciudad silenciosa pero lo cierto era que el Hermano Enoch había tenido razón en preocuparse.

- ¡No! – Negó el pequeño emocionado – ¡Puedo enviar mensajes de fuego! – Gritó y rápidamente se calló chitándose a sí mismo para acercarse a Alec susurrando – Lo siento, es un secreto, los hermanos silenciosos no pueden saberlo.

- ¿Qué está pasando por tu diabólica cabecilla, eh? – Preguntó medio en broma removiéndole el cabello, aun no se acostumbraba a la sensación dura de los cuernos en su cabeza.

- Moon me enseñó – Aseguró – Es una bruja, como yo ¡tiene unas orejas enormes de murciélago y bigotes de gato! – Dijo gesticulando emocionado – Jace la envió.

- ¿Entiendo Max pero porque…?

- Ahora puedo enviarle mensajes de fuego a Magnum por ti – Susurró casi confidencialmente - ¡Puedes responderle! – Gritó emocionado. Alec abrió la boca sorprendido.

- ¿En serio? – El niño asintió - ¿Puedo… puedo escribirle a Magnus? – Maximum asintió aún más fervientemente con una enorme sonrisa en sus labios.

- Rápido, rápido, escribe una carta – Lo instó tomándolo de la mano y halándolo a la mesa. Alec encendió a prisa la lámpara y buscó papel y un bolígrafo dispuesto a decirle alguna cosa al brujo, como se sentía, que quería verlo, que Maximus era un niño increíblemente maravilloso, había tantas cosas que quería decirle, y ninguna salía de sus dedos, incomodo por la mirada fija que el de piel azul mantenía ansioso en lo que él escribiría. Maxxie no sabía leer aun, pero aun así sentía que necesitaba un poco de privacidad.

- Vamos, vamos escribe algo – Insistió.

- Eh… sí, claro…

No fue fácil conseguir una nota decente; requirió al menos unos cinco intentos. Ciertamente fue más fácil luego de que, la tercera vez que Alec arrugara un boceto de carta, el niño se aburriera y se acostará en la cama, aunque sin duda habría sido más sencillo si no hubiese tenido que preocuparse porque incendiara algo más cada vez que hacía aparecer alrededor de sus manos fuego negro.

Hola Magnus, soy yo…Alec…Alexander ¿Puedes creerlo? Maxxie aprendió a enviar mensajes de fuego, o eso espero, realmente deseo que este mensaje no termine por incendiar la celda o en manos de algún desconocido y…bueno, no es por eso que te escribo, yo… quisiera que estés aquí; sé que dijiste que me darías tiempo a pensarlo, pero no tengo nada que pensar. No voy a negar que toda esta situación me tomó por sorpresa y me tiene aterrado, no quiero perderte Magnus, te amo y no quiero alejarte de mí, así que ¿Puedes olvidar lo que dije en fin de año? Solo… hablemos de nuevo.

- Bien, ya puedes enviarla – dijo releyéndola.

- ¡Al fin! – Exclamó el pequeño saltando de la cama prácticamente arrancando la carta de las manos de Alec – Observa, mira como lo hacemos los brujos grandes – dijo inflándose orgulloso como un pavo real para luego mover sus manos y encender el fuego negro en ellas. Alec enarcó una ceja cuando su mano pasó peligrosamente cerca de la cama amenazando con incendiarla de nuevo antes de posarla sobre la carta y susurrar algunas palabras. Alec observó cómo fuego de color normal cubría la carta por completo para luego, con una fuerte llamarada que llegó hasta el techo de la celda asustándolo, el mensaje desapareciera.- ¡Lo viste! ¡Lo viste! Lo hice – Gritó alegre – Y Moon dice que si practico podré hacerlo solo con un chasquido y…

- Olvídalo Max, los niños no deben jugar con fuego – lo detuvo con tono serio de regaño, mirando preocupado la fea quemadura que quedó en el techo: si hacía eso con solo una carta, si se ponía a escribirle a toda su familia, Maximum convertiría la Ciudad de Huesos en una ciudad de cenizas. La sonrisa del niño vaciló ante el regaño y Alec suspiró sonriéndole – Pero gracias morita- dijo cargándolo en brazos para abrazarlo. Maximum le devolvió el abrazo feliz, había cumplido su misión.

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Mientras esperaba a las afuera de la casa del inquisidor, Magnus se cuestionó si había sido tan buena idea confiar en Shizou, es decir, él sabía que el vampiro era buena persona pero estaba seguro que si Isabelle o Maryse empuñaban una espada, este se intimidaría y algo le decía que terminaría por venderlo ante las mujeres.

Y sin embargo se sorprendió cuando poco después ambas mujeres se dieron prisa en salir. El brujo se escondió un poco tras unos arbustos, podía ver que Maryse no parecía muy convencida mientras que, en la puerta de la casa, se volvía hacía Simon y Clary.

- No me tardaré nada, si Max necesita algo avísame de inmediato.

- Descuide, nosotros nos haremos cargo – Aseguró.

- Quizás deba quedarme, Jace está representando al instituto y a la familia – dijo Izzy con duda.

- Jia pidió que fueran ambas – Aseguró él. Ambas asintieron dispuestas a marcharse camino al Gard pero no hubo dado ni diez pasos cuando Maryse se devolvió.

- Pero Max… no quiero dejarlo...

- No ha vuelto a salir de su cuarto, nosotros cuidaremos de él – Aseguró Clary. Maryse asintió aun nada segura pero finalmente se marchó junto a su hija. Simon y Clary se quedaron de pie en la puerta observándolas al igual que Magnus, quien esperó hasta que ambas mujeres desaparecieran de su vista para salir de su escondite.

- ¿Magnus? – Preguntó Clary confundida al verlo.

- Espero que sepas que cuando lleguen al Gard y descubran que no las llamaron te harán picadillo – Hizo ver el brujo mientras se apresuraba a entrar. Simon se estremeció pero asintió, por supuesto que lo sabía.

- Espera, ¿A dónde vas? – Preguntó la pelirroja dispuesta a seguirlo. Simon sujetó a la chica de la mano impidiéndolo y cerrando la puerta para quedar ambos amigos afuera.

- Créeme Clary, mientras menos sepas mejor. – La pelirroja enarcó una ceja.

- ¿Qué va a hacer? Ahí solo está Max – Él asintió pero no dijo nada más - Simon, si no me dices no me opondré cuando Isabelle quiera picarte en pedacitos – Lo amenazó pero él hizo un gesto de cerrar su boca con un cierre y botar la llave, recostándose en la puerta para evitar que la pelirroja la abriera. La chica bufó con molestia - ¿Y ahora qué? ¿Esperaremos afuera?

- Podemos jugar veo, veo – Ofreció; Clary bufó, a veces no soportaba a su amigo; Simon le sonrió en disculpas; solo esperaba que todo eso valiera la pena, y Magnus esperaba lo mismo.

El brujo subió las escaleras hasta la habitación que Simon le había dicho ya que Max tomó como suya, era la más alejada en el último piso. Sinceramente los Lightwood ya debían haber notado que el chico quería mantener distancia de ellos, estaba seguro que eso, el haberse escapado durante la noche y que ahora no saliera para nada del cuarto le parecía que debían interpretarlo como algo más que solo el comportamiento de un adolescente rebelde.

La puerta de la habitación de Max estaba abierta. Magnus notó que de hecho parecía haber sido sacada de sus goznes con una patada. No le prestó atención. Vio al chico acostado en su cama boca arriba con los ojos cerrados, aunque por la forma rítmica en que movía sus manos, se dio cuenta que no estaba dormido.

- ¿No te parece que se te olvidó quitarme algo antes de irte de mi casa? – Gruñó Magnus entrando a la habitación. El muchacho se incorporó respingando al no esperarlo; mirando al brujo que mostraba su mano con el brazalete robamagia

- Eres raro ¿Sabes? – Preguntó el más joven pensativo - Siempre vienes a buscarme para hablar, pero luego te vas enojado; supongo que es como tener una esposa - Magnus rodó los ojos.

- Quítame esto, lo prometiste – Siseó – Las hadas cumplen sus promesas.

- No soy un hada – dijo este encogiéndose de hombros.

- Pero quieres creer que eres más parte de ellos que de los Nefilims – Hizo ver – Y las hadas odian a un mentiroso. – La sonrisa de Max se amplió.

- No mentí brujo, te lo quitaré luego tal y como dije – Magnus se sintió enfurecer; quizás el chiquillo era ya demasiado parte de las hadas. Sus ojos brillaron en color azul. Max se mostró precavido ante eso – ¿Por qué te enojas? Te regalé joyería ¿No es eso lo que todas las chicas quieren? Y hasta te luce bien.

- ¿Qué…estás haciendo…con mi magia? – Preguntó entre dientes apenas conteniéndose: si hechizaba a Max y destruía la casa en el proceso, Maryse lo mataría a él, a Simon e incluso a Clary que ni siquiera tenía algo que ver. Max no lo valía.

-Yo nada – dijo inocentemente. Magnus inspiró profundo, quizás si lo estrangulaba con sus manos, no se arriesgaba a destruir la casa y Maryse perdonara su vida. Negó para sí mismo, consciente que nada de eso llegaría a ningún lado y su tiempo era limitado: si se enfrascaba en el brazalete no obtendría respuestas para todas las preguntas que tenía. – Tengo hambre, le diré a la esposa del inquisidor que me alimente – dijo el chico ignorando al brujo y saliendo de la habitación. Magnus pestañó desconcertado siguiéndolo.

- Tus padres se divorciaron hace años, incluso antes de que volvieras a la vida…

- ¿Qué? – El chico no pudo evitar detenerse en medio de la escalera y girarse hacía él mirándolo con sorpresa. Magnus se sintió incómodo: suponía que esa no era la mejor manera de descubrir que sus padres ya no estaban juntos.

- ¿Alec no te lo dijo? – Aunque por la expresión del chico era obvio que no; Max se tensó aún más ante la mención de su hermano.

- No es como si alguien en esta familia se quiera – dijo amargamente. Magnus frunció el ceño ¿Qué clase de comentario era ese? Pero antes de cuestionarlo el chico volvió a girarse continuando con su camino escalera abajo y exclamó con tono imperativo.- ¡Aliméntame brujo!

- ¡De inmediato! ¿Qué quiere su majestad? – Max sonrió complacido, no entendiendo el sarcasmo en su voz.

- Cualquier fruta picada estará bien – Aseguró bajando. El brujo bufó bajando tras él dispuesto completamente a dejarlo pasar todo el hambre del mundo hasta que se diera cuenta que no le prepararía nada; en su lugar decidió tocar el tema que le interesaba en ese momento.

- Es como el alcohol entonces - Max lo miró sin entender a qué se refería mientras se sentaba con pose india sobre una de las sillas del comedor - La ciruela de hadas – explicó.- ¿Mientras más ingieres más lo toleras? – Max se encogió de hombros.

- Supongo - Dijo - No tengo como saberlo, no bebo. – Y agregó – Asegúrate de quitarle la cascara a la fruta.

- Por supuesto – Lo desestimó Magnus con un gesto de la mano, comentando para sí mismo sin prestarle mucha atención al muchacho - Aunque yo la he probado antes: un mordisco y es suficiente para mí.

Max le restó importancia con un gesto de la mano sin prestar demasiada atención.

- Es normal - Dijo - La ciruela de hadas viene de la dimensión de Edom; si tu padre demoniaco proviene de allí...

Así que era eso: Edom como dimensión de origen de su padre y por tanto de su magia tenía efectos importantes en él. Sabía que de ir hasta allá su magia se vería limitada e incluso drenada, y por lo que Max le decía, la comida cosechada allí también le afectaría más que a los demás. Magnus apretó los dientes; así que Max no solo había ido por él en primer lugar, había llevado ciruela de hadas sabiendo que él mismo no se vería tan afectado mientras Magnus perdía el control de sí tan solo con probarla de sus labios.

Chasqueó los dedos por costumbre, queriendo inmovilizar al chico, pero en su lugar estalló la estufa tras él. Max se incorporó asustado, viéndolo luego con molestia.

- ¿Que se supone que intentabas brujo? - Pero se calló cuando Magnus lo tomó del brazo, su agarre era fuerte: estaba realmente furioso, más que con cualquiera de las cosas que Max le había dicho antes.

- ¿Tu sabías de mi relación con Alec?

- ¿Que tiene eso que ver?

- ¿¡Sabías o no, Max!? – Lo zarandeó.

- ¡Mi nombre es Well! – Gritó soltándose del brujo con un movimiento brusco - ¡Y si!, Algo escuche - Dijo fulminándolo con la mirada.

- ¿Porque venir entonces a mi loft para drogarme con ciruela de hadas y acostarte conmigo? - Preguntó enojado; el chico rio de forma hibrida entre despectiva y burlona. Magnus lo notó y su tono mutó rápidamente a uno agotado; emocionalmente agotado - ¿Porque hacerle eso a Alec?

La mirada del muchacho fue mortal, de pronto tan molesto como lo estaba el mismo Magnus.

- ¿Porque?... porque quería saber que tiene el gran Magnus Bane - Prácticamente escupió el nombre- ¡Que tiene para hacer que mi hermano dudara de su amor por Sebastian debido a ti! - Magnus no pudo evitar la sorpresa; esa era, sin duda, la última respuesta que habría esperado – Y no tienes nada de especial brujo – Declaró como si quisiera herirlo con ello - Alec con Sebastian era feliz, yo lo era - Espetó - Lo teníamos todo: un hogar, una familia, una vida... Y todo se fue a la basura; no tienes como compararte a Sebastian: contigo Alec solo consiguió perder su vida y yo he perdido mi precioso tiempo - Dijo dramáticamente.

Magnus estaba pálido; la ira había vuelto a burbujear en su sangre, pero con ella el desconcierto. En ocasiones él aún se preguntaba de los sentimientos de Alec por Jonathan; en especial desde que descubrió que el chico conservaba aun el anillo Morgenstern; pero Max no hablaba del muchacho de los ojos verdes que salvó a Alec, que solo surgió para morir por él; no, hablaba de Sebastian; del asesino, del chico mitad demonio que lastimó a tantas personas.

El criado por hadas dispuso a marcharse, pero el brujo lo detuvo tomándolo del brazo.

- Tienes razón: no me parezco en nada a Sebastian, empezando porque él está muerto, y yo no.- Max chilló furioso, y Magnus pudo verlo herido por ese comentario.

- ¡Cállate asqueroso brujo, no me toques! – Gritó apartándose de él, el muchacho se restregó el brazo con asco ¿Quién se creía ese brujo para tocarlo así y decirle esas cosas? Se apresuró a la puerta principal, ya había notado que su dizque familia no estaba siquiera en casa, no le importaba lo suficiente para quedarse con él y él no estaba dispuesto a soportar ni un segundo más al brujo.

Abrió la puerta ignorando a Bane quien lo llamaba y tuvo que saltar hacía atrás cuando el vampiro diurno que había estado recostado en esta, casi cayó al suelo.

- ¿Ey amigo, a donde crees que vas? – Preguntó Simon interponiéndose para evitar que Max saliera de la casa. Max chilló con frustración devolviéndose a prisa sobre sus pasos, hacía su habitación.

- ¿Qué fue eso? – Preguntó Clary confundida; habían escuchado los gritos, pero nada tenía sentido para ella.

- ¿Sirvió de algo? – Preguntó Simon intrigado. Magnus bufó marchándose sin responder apenas deteniéndose cuando una fuerte llamarada de fuego lo hizo saltar hacía atrás para no quemarse dejando a la vista luego un mensaje de fuego. El brujo lo tomó y siguió caminando sin leerlo. – Claro, ignórenme todos.

- Estoy segura que no todos – dijo Clary señalando hacía el exterior; a los lejos podían ver al par de mujeres pelo negro que volvían con paso pesado, y podía asegurar, furiosas – Porque ellas vienen solo por ti.

Simon tragó grueso; quizás debía considerar que los veintidós años era una buena edad para escribir un testamento, aun para un vampiro.

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- Entienda Inquisidor, no le hicieron daño; así que pasemos al siguiente punto. – Exclamó Lily con molestia, el consejo se había reunido y Jace había acudido como representante del instituto de New York para solicitar formalmente la custodia de Max bajo la protección de su instituto; pero la idea de Robert había ido más allá que solo definir la residencia del muchacho.

- ¡Mi hijo fue secuestrado! – Exclamó Robert – Y exijo un juicio contra la Reina Seelie, ella debe pagar por lo que le hizo a mi familia.

- Las hadas no forman parte de este consejo – Explicó Jia.

- Lo formaban cuando Sebastian les entregó Max – Alegó Jace.

- Ya ellas fueron castigadas por colaborar con Sebastian Morgenstern – dijo Luke – No es un asunto de impunidad Robert, pero según las mismas leyes que redactamos al expulsarlas del Consejo, solo podemos juzgarlas por crímenes graves cometidos en la actualidad.

- Recuperamos a Max apenas ayer, eso me parece lo suficientemente actual. – Bufó el patriarca Lightwood. Lily resopló, estaba realmente harta de eso.

- Por favor, dejemos de fingir que recuperó al chico por el buen corazón de las hadas o el nuestro – dijo viendo a Jia y Luke específicamente; estos se removieron incómodos, Robert los miró con desconfianza.

- Nadie en su sano juicio pensaría que las hadas tienen corazón, bueno o malo – Bufó Jace. - Estamos claros que buscan algo con Max además de la ayuda en el caso de los Ángeles; pero ya que lo mencionas Lily, quisiera saber que buscaban ustedes al aceptar – dijo serio – El voto de Robert y el de Magnus lo entiendo ¿Pero qué intenciones tendría el resto del submundo para aceptar? ¿O nuestra Cónsul?

- Max es uno de los nuestros…

- ¿Y el chico medio hada no? – Preguntó Lily con veneno interrumpiendo a Jia – Bien, parece que nadie aquí es capaz de admitir lo obvio – dijo – No nos interesa ninguno de los dos chicos Inquisidor, ni Mark ni Max; pero su hijo es una llave para la casa de Sebastian Morgenstern.

- Max no se va a relacionar a nada que tenga que ver con Sebastian – Saltó de inmediato.

- Es parte del acuerdo para que se quede – Hizo notar Luke – Colaborar en cualquier investigación que lo requiera.

- ¿Qué? – Saltó Jace de inmediato, no conociendo ese detalle puesto que él no había presenciado la vista – No, Max volverá al Instituto de New York.

- Lo hará luego de que colabore…

-¡La casa de Sebastian es peligrosa! - Interrumpió el rubio a la Cónsul - No sabemos lo que pueda haber allí.

La casa de Sebastian en Idris llevaba cinco años cerrada; desde la muerte del medio demonio. Cientos de brujos habían intentado penetrar las salvaguardas una y otra vez sin éxito hasta que finalmente acordaron que solo podría abrirla, sin destruir la casa en el proceso, alguna de las personas que allí residieron. La única opción durante todos esos años había sido Alec, pero la Ciudad Silenciosa tenía sus propios métodos para mantener a los prisioneros de máxima seguridad en el interior, y Alec no podía salir salvo que fuera para juicios directamente relacionados a su caso, lo que había dejado la casa a las afueras de Alacante, sellada para el resto…hasta ahora.

- No iría solo – Susurró Jia – Max solo abriría la casa, todo un escuadrón de centuriones y brujos del laberinto espiral estarán allí.

- Ya hemos esperado cinco años Jia – dijo el inquisidor enojado – Podemos…

- No podemos esperar cinco más por Alexander, Robert – Lo cortó Luke. El hombre lobo parecía reamente preocupado por eso y tanto Robert como Jace vieron a Lily hacer un gesto totalmente de acuerdo.

- ¿Por qué no? ¿Cuál es la maldita prisa? – Bramó. Robert era un hombre realmente imponente cuando se erguía a todo cuanto daba pero ninguna de las personas que lo observaban se intimidó.

- No leíste el informe – Comprendió Luke con sorpresa.

- Por supuesto que no leyó nada – Lo defendió Jace –Acabamos de recuperar a Max: Robert estuvo en casa con nosotros toda la noche.

- Los brujos creen que los pulsos de magia en el portal están relacionados a Sebastian – Explicó Jia – Temen que, sea lo que sea que los cause, quiera devolverlo a la vida.

Robert palideció, no había esperado eso ¿Quién podría querer devolver a Sebastian a la vida?

- Así que, como entenderá Inquisidor; abrir la casa de Sebastian Morgenstern es prioridad para la Clave – dijo Lily – Y es el único motivo por el que aceptamos ese absurdo trato con las hadas para traer a Maxwell de vuelta.

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Magnus suspiró, quizás debió dejar que fuesen los Lightwood quienes acudieran a la ciudad silenciosa, pero estaba seguro que no lo harían mientras se mantuvieran las reuniones del Consejo respecto a Max; y eso podía no ser sino hasta el día siguiente o incluso en una semana; y Alec merecía saber ya la verdad.

O eso era lo que él se repetía con cada paso, había querido esperar para ir con Alec creyendo que estaría enojado, pero saber que no lo estaba y ahora con el mensaje de fuego que había recibido saliendo de la casa del inquisidor tras su discusión con Max, no podía solo fingir que nada pasaba.

Por otro lado, tenía miedo de Max, no lo entendía, no sabía sus intenciones; y temía que a través de él quisiera hacerle daño a Alec. No sabía porque lo haría, o si era lógico siquiera, pero no iba a dejar que fuese ese muchacho malcriado quien le contara a Alec lo que había pasado entre ellos.

Se detuvo frente a la celda de Alec, el chico estaba abstraído leyendo bajo la luz de una piedra de luz mágica. El brujo sonrió, reconocía a la perfección ese libro, un manuscrito que le había regalado hacía un par de años en donde le narraba algunos momentos importantes de su vida. Sonrió al ver la sonrisa ligera de Alec mientras sus ojos se desplazaban por el escrito.

- Quizás sea hora de hacer un segundo tomo. – Comentó. Alec alzó la mirada de inmediato, suplantando su sonrisa por una clara expresión de sorpresa.

- ¿Magnus? – Preguntó incorporándose de inmediato, dejando el libro sobre su cama y estirando la camisa para que no se viera arrugada. El brujo le dirigió una sonrisa débil que decía un claro "aquí estoy" – Pensé…pensé que no vendrías – Admitió.

- Recibí tu mensaje – dijo sacando la carta de su bolsillo. Alec pudo ver que estaba algo chamuscada y arrugada, suponía que lo primero era responsabilidad de Maxxie pero lo segundo era enteramente por Magnus: había manoseado una y otra vez el mensaje leyéndolo e intentando decidir cómo hacer lo correcto – Tengo que ver a la Morita, hay que celebrar eso.

- Estoy seguro que le gustará – Afirmó. Magnus asintió y el silenció se instauró entre ambos, fue un silencio incomodo; Alec no recordaba que algo como eso les hubiera ocurrido antes y no le gustaba en lo absoluto

-Escuche...escuche que renunciaste al consejo - Susurró intentando hacer conversación.

- Necesito un descanso, para poner todo en orden –Aseguró él.

- ¿Tu magia sigue fallando? – Preguntó. Magnus asintió no pudiendo evitar una mirada de reproche al brazalete en su mano. - ¿Necesitas poner en orden solo eso? – Preguntó con una insinuación clara. El brujo le sonrió suavemente.

- Quiero poner en orden todo lo referente a mi vida ahorita: mi magia, tú…

- Nuestra relación…-Sugirió Alec tímidamente. La sonrisa de Magnus se amplió un poco al escucharlo, ya Simon le había dicho que Alec no estaba enojado, ya había leído su carta asegurándole que quería arreglar las cosas, pero escucharlo de sus labios, que no estaba dando la relación por perdida como hizo en fin de año, le dio esperanza, aun y con todo lo que había ido a decirle.

- Nuestra relación – Coincidió. La sonrisa tímida de Alec se volvió aún más amplia. – Max – Siguió enumerando.

- ¿Maxxie? – Preguntó el ojos azules confundido ¿Poner en orden asuntos referentes al niño? Magnus suspiró, negando con la cabeza, eso no iba a ser fácil.

- Escucha Alec, tu familia quería venir pero las cosas se han complicado un poco - Dijo. El chico se mostró confundido, él había pensado que Magnus iría a hablar de ellos, no de su familia.

- ¿A qué te refieres?

- Las hadas negociaron con la clave anoche - Dijo - Llevaron a un chico Nefilim que...

- ¿Mark? - Preguntó - ¿Recuperaron a Mark? - Había esperanza en su voz y Magnus asintió; el brujo vio como el muchacho dejaba caer los hombros como si se aliviaran de una gran tensión.

- Mark está ahora en Los Ángeles con su familia - Aseguró Magnus - Pero no me refería a él...- Inspiró chasqueando los dedos para entrar en la celda quería estar junto a él cuando se lo dijera, pero no funcionó: el resplandor del brazalete se notó aún más intenso en la oscuridad del lugar. Volvió a intentarlo, hacia unos días había podido pasar ¿Por qué ahora no?

- ¿Magnus...? - El brujo se detuvo frustrado y resignándose miró a Alec.

- Había otro chico –dijo- Era Max, tu hermano.

Alec retrocedió chocando con la mesa y tirando parte de los libros al intentar sujetarse de esta para no caer al suelo; no se había esperado eso en lo absoluto, ¿Acaso había escuchado bien? ¿Max?

- ¿Cómo es posible?- Su voz era baja, apenas audible. – Dijiste… me dijiste que había muerto – Balbuceó intentado entender – Que encontraste su cuerpo… ¿Cómo…?

- Al parecer Sebastian se lo entregó a las hadas para mantenerlo "a salvo" - dijo con cierta ironía - Y ellas decidieron que la mejor manera era fingiendo su muerte

- ¿Estás seguro?

- No te lo diría si no lo estuviera – Aseguró él - Ya lo comprobamos - Alec se dejó caer en la cama, una sonrisa luchaba por surgir en sus labios, pero parecía como si no quisiera arriesgarse a creerlo del todo.

- ¿Está...está bien?

- Lo tienen consentido, así que supongo que si - Dijo - Alec...-Llamó, pero no obtuvo respuesta; Magnus intentó una tercera vez chasquear los dedos y entrar, pero no fue hasta el quinto intento que lo logró. Celebró mentalmente, mientras se acercaba al muchacho con cautela. - Alec, hay algo más que debo decirte de Max...

- Por eso el interrogatorio - Susurró para sí, sin escuchar al brujo- Jace no dejaba de preguntar por Max.

- Alec escúchame...

- Sebastian no le hizo daño, Jonathan no se lo permitió; él no me haría eso.

Magnus se detuvo en seco. ¿Él? ¿Quién era él? ¿Jonathan o Sebastian? ¿Importaba acaso? Sabía que Alec no lo veía así, y por momentos él tampoco, pero a la larga ambos eran la misma persona. Por un segundo las palabras de Max se repitieron en su mente, como le echaba en cara lo feliz que fue Alec con Sebastian; negó con la cabeza para sacárselo de la mente, él sabía que toda esa felicidad había sido solo por las pociones de amor y odio de entonces, aunque admitía que no era tan fácil decírselo a si mismo cuando sabía que en algún lugar de esa celda, Alec escondía el anillo Morgenstern

- Alec, sobre Max...yo...

Pero Alec no le prestaba atención. El muchacho finalmente había decidido que podía permitirse ser feliz por la noticia y una enorme sonrisa de alegría y alivio cubría su rostro. Alec se incorporó, caminaba de un lugar a otro de la celda como un león enjaulado, sentía que ese lugar le quedaba chico esa tarde, necesitaba salir, necesitaba ir con Max y verlo, y abrazarlo y pedirle que lo perdonara por dejarlo solo todo ese tiempo.

- ¡Tengo que verlo! - Exclamó - Necesito ir a verlo Magnus. - El brujo sintió un dolor en su pecho ante la forma en que Alec le suplicaba, porque sabía que no podía ser.

- Tu familia lo traerá en cuanto solucionen los problemas con La Clave y se instale en el instituto.

- ¡No! ¡No! - Negó de inmediato - No quiero que me vea aquí - Exclamó deteniéndose en su andar - Max no tiene ni idea de todo lo que hice con Sebastian - Se mortificó restregándose el rostro - Él pensaba...pensaba que cuando salíamos y lo dejábamos en casa era porque teníamos "citas" - Recordó con cariño. Magnus torció el gesto como si esa palabra lo hubiese golpeado; Alec lo notó - Lo siento, no debí...

- Está bien; no... No es nada - Aseguró, porque no lo era en realidad, porque esas "citas" solo le decían que las palabras de Max sobre cuanto se amaban Alec y Sebastian estaban cimentadas en un engaño, como todo en esa relación - Nada en comparación a lo que tengo que decirte Alec - Admitió, las manos le temblaban por los nervios, realmente no quería hacerlo en lo absoluto. Había pensado en muchas opciones, si era mejor decírselo ahora, o quizásdespués de que viera por primera vez a Max o quizás cuando saliera de la ciudad silenciosa; o tal vez nunca: lo que pasó con Max podía ser su cruz, no la de Alec; pero lo cierto es que ninguna parecía ser la respuesta correcta, en todos los escenarios veía como todo terminaba igual de mal.

- No me importa - Susurró él; había querido ver a Magnus para decirle eso, no importaba lo que había pasado con el chico del cementerio, quería seguir adelante juntos pero justo ahora con su cerebro saltando de alegría por Max solo recordaba la intención, no los argumentos. - No me importa Magnus, lo que haya pasado no importa, solo quiero seguir adelante con mi familia, con Max y contigo.

- Alec no entiendes...

Y el ojos azules no quería entender, no le interesaba entender nada; se acercó a él tomándolo de ambas mejillas y besándolo. Lo besaba porque estaba feliz, porque había recuperado a Max y porque quería a Magnus y quería recuperarlo también.

Magnus recibió ese beso para nada parecido al que le dio en fin de año; no era un beso amargo de despedida, al contrario, Alec lo besaba como si no deseara nada más en el mundo, de forma deliciosa, ni muy lento, ni muy rápido; y Magnus no deseaba otra cosa que seguir así por el resto de su vida. Se abrazó a la cintura de Alec y sintió la sonrisa complacida de este que no dejó de besarlo mientras se aferraba a él acomodando sus brazos sobre sus hombros.

Magnus no supo en qué momento se movieron, cuando se encontró apoyando a Alec sobre la mesa de los libros, ni cuando estos fueron tirados al suelo al estorbar. No supo tampoco en que momento las manos de Alec habían dejado de estar sobre sus hombros, pero sí que sabía una cosa: no quería que se detuvieran en la forma en que se desplazaba por el interior de su camisa.

¿Qué hacía? Tenía que detenerse, él había ido allí para ser sincero con Alec, permitir que Alexander lo aceptara de nuevo sin saber toda la historia, era ruin. La forma en sujetar a Alec cambió, tenía que apartarse, hacer que Alexander lo escuchara, pero tenía tanto miedo de hacerlo que no era difícil escuchar a su pequeño diablillo interno que le susurraba al oído que callara y siguiera disfrutando del ojosazules.

- ¡SIIIIIIIII! – El grito emocionado sobresaltó a la pareja. Alec empujó a Magnus quien trastabilló cayendo sentado sobre la cama con cara de desconcierto mientras el Nefilim se paraba de la mesa totalmente avergonzado; Bane apenas podía creer la exagerada reacción de Alec cuando no era la primera vez que eran atrapados besándose; y al mismo tiempo agradeció el tener una excusa para no tener que hablar ese día, al ver a Maxxie que corría emocionado hacía ellos; quizás, después de todo no era el momento. - ¡Se contentaron! – Exclamó el niño emocionado aplaudiendo para pasar a través de los barrotes hasta ellos saltando de alegría.

Alec rojo hasta las orejas por haber sido sorprendidos por el niño, atajó al pequeño azul cuando este se lanzó a abrazarlo aferrándose a su cuello.

- ¡El mensaje de fuego funcionó! – Celebró el pequeño aferrado a Alec quien se sentó en la cama junto a Magnus para que la manita libre del niño pudiera abrazarlo también. - ¡Están juntos, funcionó!- El brujo se turbó, sabía que Maximum los quería, pero por la forma en que los abrazaba se daba cuenta que iba más allá: él niño realmente deseaba verlos juntos, casi como un pequeño con sus padres.

El solo pensamiento lo hizo estremecer… ¿Pa…padres?

- Por supuesto que sí, gracias a ti, Maxxie – Aseguró Alec besándole la mejilla. El niño se infló complacido, mirando a Magnus en espera de alguna palabra de felicitaciones o agradecimiento pero el brujo se había abstraído ante sus pensamientos. – Magnus…- Lo llamó Alec sujetando al pequeño con una sola mano para codear al de ojos de gatos. – Magnus…

- Yo…necesito aire – Susurró para sí, ignorándolos. La sonrisa del pequeño decayó un poco soltándose de Magnus para abrazarse solo a Alec. El ojos azules, frunció el ceño.

- Magnus – Lo riñó; pero el brujo apenas y le prestó atención, necesitaba aire. Padre… ¿él? Era muy joven para eso, apenas iba llegar a la mitad de los cuatrocientos años; la edad ideal era… nunca, por algo se suponía que los brujos no podían. – ¡Magnus!

El brujo chasqueó los dedos para salir, y no fue hasta que se golpeó de bruces contra los barrotes que reaccionó.

- ¿Magnus, que diablo…?

- Yo…Alec lo siento, volveré mañana – dijo aun turbado chasqueando nuevamente los dedos para salir pero nada ocurrió – Celebraremos mañana tus mensajes de fuego Morita – Aseguró; el niño sonrió satisfecho, pero Alec no; Magnus estaba sumamente raro chasqueando una y otra vez los dedos frente a los barrotes.

- ¿Qué es eso, Magnus? – preguntó, notando el brillo naranja cada vez más intenso en su brazalete. - ¿Qué pasa?

- No puedo… -Exclamó alarmado - No puedo salir.

.*.*.*.*.*.*.*.*.*.

Resopló furioso. Podía escuchar los gritos en el piso inferior de Maryse e Isabelle hacía el vampiro diurno, no les estaba prestando atención, demasiado concentrado en su propio enojo. ¿Quién se creía ese brujo Bane? Decir esas cosas, que Sebastian estaba muerto, por supuesto que lo estaba ¡Había muerto por su culpa! Después de todo fue él quien le atravesó el fuego celestial. ¡Maldito brujo! Quizás tuviese razón y Sebastian estaba muerto, pero no estaba tan muerto como todos ellos creían.

No creía poder soportar mucho tiempo allí, no soportaba a su familia, no soportaba a Bane, no soportaba Alacante; lo único que quería en ese momento era ir a Edom, hablar con Bash, para calmar su mente furiosa. Se recostó en la cama; tenía hambre, pero no era nada contra lo que no pudiese lidiar; si necesitaba hablar con Bash es lo que haría.

Intentó relajarse, dejar su mente en blanco para permitir el suave susurro de la voz demoniaca de Sebastian llegar a su mente. La primera vez que soñó con Sebastian cuando era niño, había creído que era un sueño normal; la segunda vez él lo guio a través del reino Seelie hasta Edom; él le había explicado algo sobre un ritual que se le hacía a los Nefilim al nacer, le dijo que este debió serle realizado de nuevo cuando fue devuelto a la vida para cerrar esa puerta libre a su influencia demoniaca; pero él no quería cerrar esa forma de comunicarse con Sebastian, al contrario.

Bash - Lo llamó, se había podido comunicar con él de esa forma en el Reino Seelie, más no estaba muy seguro de que funcionara en Idris – Sebastian.

No pudo sentir su presencia tan clara como en el Reino; no, era más como la sensación de haberla tenido alguna vez; como su presencia en Edom, un recuerdo débil. Gruñó frustrado, intentándolo una y otra vez; no estaba seguro cuanto tiempo llevaba así, pero no iba a rendirse, no iba a dejar que le arrebataran incluso eso.

- Max…Maldición Maxwell te estoy llamando – Abrió los ojos ante el grito enojado; no había notado en que momento Maryse había entrado a la que se suponía era su habitación; pero ahí estaba, y se hallaba enojada – Levántate de ahí y ve con tu padre – Le ordenó – No vas a comer si no ayudas en algo.

- No te estoy pidiendo alimento – dijo él con voz gélida – ¡Déjame en paz! – Maryse bufó.

- Tranquilo mocoso, pronto volveré a New York y que te soporte tu padre aquí. – dijo girándose para volver de la habitación. Max se sentó de inmediato ¿Quedarse ahí? Él no podía quedarse en Alacante.

- ¡No! Espera – dijo yendo tras ella, tomándola de la muñeca – Quiero ir a New York – Le pidió. Esa era su misión, era el encargo que Bash le dio, la tarea que la Reina Seelie le ordenara - ¡Llévame contigo!

Maryse se volvió hacía él apartándolo de si con un manotazo. El chico la soltó de inmediato como si le quemara pero esta vez fue ella quien lo sujetó del brazo, su agarre era fuerte y le estaba lastimando

- ¿Quién querría llevarte? – Preguntó golpeándolo con la palma de la mano; Max intentó protegerse con la mano libre halando para soltarse de ella sin éxito.

- ¡NO! ¡Suéltame!

- Max

- Si estabas muerto, debiste quedarte así – Siguió ella sin detenerse - Igual que Alec.

- ¡Max!

- ¡SUELTAME! – Gritó él incorporándose de golpe moviendo las manos sin control, intentando defenderse.

- Max, hijo, era una pesadilla, está bien, estás bien – Intentó calmarlo Maryse; pero el chico no dejaba de lanzar manotazos a diestra y siniestra. Luego de haberle gritado a Simon, ella había subido a la habitación para intentar hacer que Max comiera algo, pero lo había encontrado dormido removiéndose en medio de una pesadilla.

- ¡Suéltame! ¡Suéltame! – Gritaba él fuera de sí.

- ¿Qué pasa? –Preguntó Isabelle siendo atraída por los gritos. Maryse volteó hacía ella cosa que Max aprovechó para empujarla lejos, arrebatándole el cuchillo que guardaba en el cinto, incorporándose amenazante hacía Maryse e Isabelle.

- ¿Qué son todos esos gri…? ¡wow! – Simon se sorprendió ante la escena al subir, el vampiro tenía la marca de una mano en una mejilla. Clary junto a él veía todo igual de sorprendida que él.

- ¡Me vas a llevar a New York! – Le gritó Max a Maryse quien veía inmóvil y desconcertada como su pequeño le apuntaba con el cuchillo.

- Baja el cuchillo – Le pidió Izzy adelantándose un paso con cautela, estaba segura de que podría reducirlo, cualquiera de los presentes podrían, pero no quería hacerle daño, y no quería que se hiciera daño a sí mismo – Por favor Max…

- ¡MI NOMBRE ES WELL! – Gritó fuera de sí. – Y no me voy a quedar aquí, no me quedaré en Alacante – Siseó; Bash estaría decepcionado de él: había perdido mucho tiempo ya, él no estaba ahí para quedarse en Idris, si estaba soportando eso era para volver al instituto, para cumplir su misión – Voy a ir a New York te guste o no, Maryse. – Le espetó a ella. La mujer no sabía que le dolía más: que no la llamara mamá, la rabia con la que había dicho su nombre o lo roto que le había dejado esa pesadilla.

Miró a Clary casi con una súplica silenciosa. La pelirroja asintió de inmediato entendiéndola perfectamente: le estaba pidiendo un portal.

- Está bien – Aceptó Maryse - Iremos a New York.

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Ay Simon, todo lo malo le cae a él x.x bueno no solo a él… Ese asunto de la magia de Magnus está agravándose un poco D: y bueno, ya vimos las intenciones de la Clave.

El próximo cap se llama "Socios" y tendremos un poquito de Sebastian y un gran plan de Robert :P

Nos leemos pronto

Besos :3