Tengo mucho que contestar XD
Lo siento por haber tardado. ¿Mi excusa? Se me olvidó XD. Publico en otro lugar además de FF y como que se me pasó publicarlo acá. El domingo debí haber posteado. Perdón. Ahora estoy escribiendo a full antes de ir al trabajo para no olvidarme.
Tommiboy: Uno prefiere ignorar que existe la zoofilia (sobre todo si uno tiene mascota o ama a los animales), así que te entiendo cuando dices que te olvidaste. Si, Brock tuvo que bajar para curar al tipo con todas las jaulas ahí.
Si, yo también espero con ansias cuando se encuentren todos con Delia.
Saorinyx: Tengo ganas de jugar ese juego XD. Yo solo tengo una Play 2 y me conformo con matar monstruos con un Bruce Willis griego, digo con Kratos.
Si, la trama se fue oscureciendo sin que yo me diera cuenta. Hubo varios cambios en mi fic antes de la publicación y giraron hasta un contenido más oscuro y realista.
Kaiser: Misty ha madurado un poco, al menos con lo de los tratos hacia los pokemón. Pero supongo que aplicará sus cambios con los seres humanos también.
AlenDarkStar: Ash nunca olvidará esa lección. Espero.
Esta vez, el reflector fue para Meowth. Arbok tiene que descansar un poco.
Guest 1: Y una lección muy dolorosa, para que no vuelva a joder.
Guest 2: Ya me imagino a Dross leyendo esto y diciendo sencillamente: "¡Coño!" de una manera perturbadora en el sentido anglosajón de la palabra (?)
Capítulo treinta y cinco
El Centro Pokemón
La oficial Jenny llevó a James adentro de la cabaña hasta la habitación perteneciente al pokefilico. Le indicó a James que se sentara en la cama y él obedeció, con miedo. Tenía miedo de salir esposado de esa cabaña y no volver a ser parte de la sociedad por los próximos veinte años.
Jenny se sentó al frente de él en una silla y sacó un grabador de su bolsillo.
—Cuando yo encienda el grabador, vas a contestarme una serie de preguntas, ¿está bien?
James asintió y ella pulsó el botón del grabador.
—¿Nombre completo?
—James Kojiro
—¿Edad y fecha de nacimiento?
—Veinticinco años. Los cumplí el dieciocho de marzo.
—¿Profesión?
James titubeó un poco. Además de pertenecer al Equipo Rocket, nunca había tenido una profesión permanente.
—Entrenador pokemón —dijo al fin. Era lo que estaba haciendo ahora, al fin y al cabo.
—¿Dirección?
—Soy nómade. Viajo hace muchos años de una punta a la otra de Kanto.
—¿Quiénes viajan contigo?
—Jessie, mi novia; Meowth y Lunita, su hija; Ash, al que le secuestraron a Pikachu; Brock, ex líder de gimnasio de Ciudad Plateada y Misty, líder de gimnasio de Ciudad Celeste.
—¿Cuándo llegaron a Isla Canela?
—Ayer al mediodía; vinimos en un crucero.
—¿Motivo de su visita?
—Ash quería enfrentarse a Blaine, el líder de gimnasio.
—¿Dónde se hospedaron?
—En la posada Adivinanza.
Jenny frunció un poco el entrecejo, pero no dijo nada. Suspiró y siguió con sus preguntas.
—¿Cómo se dieron cuenta del secuestro?
James suspiró. Sólo quería salir corriendo al Centro Pokemón y ver como estaban Meowth y Pikachu. También quería averiguar sobre el Bulbasaur de Gary. Pero tenía que seguir.
—Salimos de la posada Adivinanza a la mañana para tomarnos un ferry hasta Ciudad Carmín, pero el de la mañana ya había zarpado y sacamos pasajes para la tarde. Para matar el tiempo, decidimos irnos a una parte más tranquila para jugar al frysbee un rato. Cuando el frisbee se fue muy lejos, Pikachu fue a buscarlo. Como estaba tardando, Meowth fue a buscarlo. Ahí escuchamos un grito y fuimos corriendo a ver que pasaba.
—¿Y que vieron?
—Meowth estaba tirado en el piso. El frisbee estaba a un par de pasos de él y también encontramos una lata de comida vacía.
—¿Agarraron la lata?
—No, la dejamos donde estaba.
—¿Qué pasó después?
—Meowth me dijo que un tipo se había llevado a Pikachu y nos señaló hacia donde se fue…
—Espera, espera —lo interrumpió Jenny, frunciendo el ceño—. ¿Cómo que dijo?
James se quedó dos o tres segundos en silencio antes de comprender a qué se refería la oficial Jenny.
—Meowth habla idioma humano.
Jenny parpadeó varias veces.
—¿Me está tomando el pelo? —dijo, sonando tan neutral como podía, pero se notaba que se estaba enojando.
—Cuando vaya al Centro Pokemón, podrá comprobarlo usted misma. ¿Podemos seguir con esto? Estoy preocupado por Meowth y Pikachu.
Jenny se mordió el labio, pero lo siguió aguijoneando con la mirada.
—Adelante.
—Mandé a Misty a que vaya con Jessie a buscarla a usted para hacer la denuncia y el resto nos fuimos a buscar por el bosque. Encontramos una gorra y Meowth dijo que era la misma gorra del secuestrador. Con ayuda de mi Growlithe, llegamos a esta casa.
—¿Qué hicieron cuando llegaron a la casa?
—Meowth se ofreció para sacarlo. Yo me negué, pero insistió que él podía entrar sin ser detectado y acepté. Entró por la chimenea y esperamos. Cuando escuchamos un grito, abrimos la puerta a las patadas. Entramos Brock y yo, junto con Growlie y mi Weezing.
—¿Qué fue lo que vio?
—Vi a Meowth sobre la mesa, junto a Pikachu. El tipo estaba en el suelo, agarrándose la cara y sangrando por los ojos. Cuando Meowth me vio, saltó sobre mi y me abrazó.
—¿Y en ese momento se desmayó?
—Si.
—¿Y después?
—Brock se quedó atendiendo al tipo y yo subí para llamar a la policía. Luego hice pasar a Ash y le dije que se quedara con Pikachu. Y me quedé afuera esperando a que llegaran. Eso es todo.
—Una última pregunta: ¿ha visto al hombre antes?
—No he visto su rostro, así que no puedo asegurarlo.
Jenny apagó la grabadora.
—Muchas gracias por su testimonio, James. Sólo falta que firme la declaración y puede irse.
James entró casi corriendo al Centro Pokemón. Los turistas ya habían desaparecido y solo veía a las Chansey ir y venir por la recepción, empujando camillas con pokemón en su mayoría. No veía a nadie más.
Atravesó la puerta de dos hojas que iba hacia las habitaciones. Afuera, logro vislumbrar a alguien en el pasillo, descansando en uno de los bancos: Jessie.
—¡Jessie! —James casi corrió hacia ella. Jessie se dio vuelta y se puso de pie—. ¿Cómo está Meowth?
—Aún está desmayado, pero bien.
—¿Dónde están Brock y Ash?
James se frotó la cabeza.
—Jenny les está tomando la declaración. Yo no pude quedarme a esperarlos, quería ver como se encontraba Meowth.
Joy salió de una de las habitaciones y se dirigió hacia James.
—¿Uno de los pokemón internados es el suyo?
Antes de que James pudiera responder, Jessie dijo:
—Está conmigo.
Joy suspiró.
—Creí que eras uno de esos turistas, lo siento.
—¿Cómo están los pokemón? —preguntó James.
Joy se cubrió los ojos con una mano.
—Hace casi diez años que trabajo aquí y jamás he visto un caso semejante. Los pokemón que me trajeron… —Joy parecía querer censurarse.
—Somos adultos, Joy, podemos soportar esto.
Joy se mordió el labio.
—La gran mayoría de ellos sufrieron violaciones reiteradas y brutales, a juzgar por el examen médico.
James tragó saliva, pensando en Pikachu. ¿Acaso el tipo había alcanzado a violarlo? Rogaba a Dios que no.
—Disculpen, pero tengo que seguir atendiendo. Casi no doy abasto.
Joy se dio vuelta y comenzó a marcharse por el pasillo.
—¡Espere! —le gritó James.
Joy se dio vuelta.
—¿Si?
—Dejeme ayudarla con los pokemón.
Joy parpadeó, confusa.
—¿Sabe algo de pokemón?
—No mucho —admitió—. Pero no puedo dejar que se encargue de tanto usted sola.
Jessie avanzó un paso.
—Yo sé de enfermería, puedo ayudar.
Joy miró un momento hacia el piso, reflexionando.
—Es poco ortodoxo, pero no doy abasto con mis Chansey. Necesitaré toda la ayuda que me puedan dar.
James le sonrió.
—Haremos lo posible.
Joy asintió.
—Escuchen: solo cuento con diez habitaciones para los pokemón y estoy amontonando camillas en los cuartos. Los casos más graves se encuentran en la guardia y en las habitaciones desde la 1 hasta la 4; de la 5 a la 8 los casos intermedios y las habitaciones 9 y 10 para los casos leves. Tendremos que repartirnos el trabajo.
—¿Qué tengo que hacer? —James se sentía perdido. La que se encargaba de curar pokemón y personas era Jessie. Joy pareció leerle la mente, porque le dijo:
—Usted se puede encargar de los casos más leves. Sólo hay tres pokemón en la habitación 10: un Meowth, un Pikachu y un Bulbasaur —miró a Jessie—. Usted puede encargarse de los casos intermedios.
—Está bien.
—Una cosa más.
—¿Si? —preguntaron los dos al únisono.
Joy señaló a James.
—¿Cuál es tu nombre?
—James.
—Bien, escucha con atención: el Bulbasaur que te toca cuidar muestra signos de abuso sexual. El Pikachu está bien, solo tiene que descansar, pero lo importante es el Bulbasaur. Su entrenador está con él, pero no sabe lo que le ha pasado. Necesito que lo saques afuera del cuarto y le expliques lo que pasó.
James tragó saliva. No iba a ser nada bonito explicarle a un niño de diez años que su pokemón había sido violado por un hijo de puta.
—De acuerdo, lo intentaré.
—Bien. Dejo todo en tus manos. Mandaré dos Chansey para que te ayuden.
Joy se dio vuelta y empezó a caminar con Jessie. James se apretó el puente de la nariz y se preguntó en que demonios se había metido. La puerta de la habitación diez parecía la entrada a un examen que sabía que no aprobaría. Con un suspiro, abrió la puerta.
Normalmente, la habitación solo tenía una cama, pero en este caso eran una cama y dos camillas, acomodados de manera tal que estorbaran lo menos posible. El Bulbasaur estaba en la cama, mientras que Meowth y Pikachu estaban en sus respectivas camillas: la del felino estaba a los pies de la cama del Bulbasaur y el pokemón eléctrico yacia paralela a la cama, cerca de la ventana. Ambos estaban dormidos
Gary estaba sentado en una silla, al lado del Bulbasaur. Dio un brinco al ver a James.
—Usted —solo alcanzó a decir.
—Joy me mandó aquí para ayudar —dijo, sin ningún rencor. El Bulbasaur era mucho más importante—. Necesito que vengas afuera un segundo.
Gary miró a Su Bulbasaur. Este dormía, pero no de manera plácida, sino como si hubiese pasado por el infierno y había conseguido al fin un poco de descanso, solo para volver a sufrir.
—No quiero dejarlo solo —dijo, apesadumbrado.
—Será solo un momento.
Gary titubeo un poco, pero se rindió y se levantó. James salió de la habitación y esperó unos segundos hasta que Gary también salió.
—¿Qué sucede? ¿Es sobre mi Bulbasuar? —preguntó Gary.
¿Por donde empezar? James se apretó las sienes por un segundo antes de comenzar a hablar.
—Tu Bulbasaur…. Pues…. No sé como decirte esto…
—Tengo que saberlo. Por favor —le suplicó Gary. El chico lo miraba con los ojos brillantes y el corazón en un puño, sin saber lo que iba a escuchar a continuación. James respiró hondo.
—El que secuestró a tu pokemón…. Era un pokefílico, Gary.
El chico abrió los ojos de par en par, espantado por completo. Aparentemente sabía lo que era un pokefílico y, por asociación, sabía lo que le estaba pasando a su pokemón.
—O sea que mi Bulbasaur… —Gary temblaba como una hoja. No quería saber la respuesta, pero era necesario.
—Si. Lo siento.
El cuerpo de Gary se convulsionó por intentar controlar su llanto. James lo miró y pudo ver un verdadero niño de diez años, asustado y sin saber que hacer.
—Yo.. fue mi culpa… no cerré la puerta y…
James se acercó y le puso una mano en el hombro.
—Echarte la culpa no va a servirte de nada…
—Fui un descuidado. Estaba… estaba tan ocupado queriendo burlarme de ustedes… mi Bulbasaur jamás me lo perdonará…
—Espera a que despierte. ¿Por qué no vas a lavarte la cara? Yo cuidaré de tu Bulbasaur mientras tanto.
Gary lo miró, mordiéndose el labio. No podía decifrar lo que le pasaba por la cabeza. Al final, Gary asintió y se fue por el pasillo hacia los baños.
James entró en la habitación y se dejó caer en la silla al lado del Bulbasaur. Acarició su cabeza, preguntándose si la pesadilla para él algún día se acabaría.
—Nadie volverá a hacerte daño así —dijo James. Se acomodó en la silla y no tardó casi nada en dormirse.
James se despertó media hora después. Lo primero que vio fue que el Bulbasaur se había despertado. Sus ojitos oscuros miraban con dulzura a Gary, quien estaba sentado en la cama, acariciándole la cabeza.
—¿Cuándo se despertó? —preguntó James, mientras se frotaba los ojos.
Gary reflexionó unos instantes.
—Cinco minutos.
—¿James?
Ash era el que lo llamaba. Estaba sentado al lado de su Pikachu, quien ya estaba despierto.
—Hola, Ash. Lamento haberlos dejados solos en la cabaña…
—Entiendo —lo interrumpió Ash—. No te disculpes; se que estabas preocupado por Meowth.
—Meowth… —murmuró James—. ¿Aún no despierta?
—No —respondió Ash—. Pero se movió hace un rato.
James se levantó de la silla y se dirigió a ver a su amigo. Este seguía durmiendo en la camilla.
—Brock está ayudando a Jessie —dijo Ash, sin parar de acariciar la cabeza de su pokemón—. Misty está en la habitación, cuidando a Lunita y Nina.
Las nenas. Se había olvidado completamente de ellas. Esperaba que estuvieran bien y que no estuvieran llorando a moco tendido por no estar ni él ni Meowth cerca para cuidarlas y mimarlas.
—¿Vinieron las Chansey aquí? —preguntó, acariciando la oreja derecha de Meowth,
—Si, vinieron un par de veces para ver como se encontraban los pokemón —esta vez respondió Gary
Meowth se removió y abrió los ojos.
—¿James? — su voz sonó como un quejido—. ¿Dónde… estoy?
—En el Centro Pokemón de Isla Canela.
Meowth entrecerró los ojos, como si no recordara nada. Luego los abrió desmesuradamente.
—¡Las jaulas! —exclamó—. ¡James, ayúdalos, por favor, están…!
James le puso suavemente la mano sobre su pecho para tranquilizarlo.
—Todo está bien. Los pokemón fueron rescatados y están siendo tratados.
Meowth temblaba como una hoja.
—James… ese tipo… el pokefílico, era el que se acercó a Lunita y a Nina ayer, ¿recuerdas? Por eso quería cerrar, vi algo malo en él, los instintos nunca fallan —sus ojos volvieron a desorbitarse y casi pegó un salto de la camilla—. ¡Lunita! ¿Donde está Lunita?
—Con Misty, no te preocupes. Nina también está con ella.
Meowth comenzó a calmarse poco a poco, con su cuerpito regresando poco a poco a la normalidad.
—¿Necesitan ayuda? —preguntó al final—. Puedo hacer de traductor si quieres.
—No hasta que te sientas mejor. ¿Tienes hambre?
—No, pero tengo sed.
—Te buscaré algo de agua. ¿Alguien quiere algo más?
—Pika…
—Pikachu dice que también tiene sed.
—Ya regreso.
James salió de la habitación y caminó por el pasillo, buscando un dispenser de agua o al menos la cocina. Desde una habitación, escuchó los maullidos desesperados de un par de Meowth. Le dio un escalofrío en la columna al pensar en todo lo que habrían sufirdo.
—¡Chansey!
Al frente suyo, dos Chansey sonrientes se pararon al frente de él.
—¿Ustedes son mis ayudantes? —les preguntó.
Las dos asintieron.
—Creo que yo debería ser un ayudante —reflexionó en voz alta—. Oigan, ¿Dónde hay un dispenser de agua? Meowth y Pikachu tienen sed.
Las Chansey hicieron un gesto para que esperara y salieron corriendo para buscarle agua. Apenas habían desaparecido por una esquina, cuando una de las puertas se abrió y apareció Brock. Los maullidos que había escuchado antes se intensificaron hasta que el adolescente cerró la puerta.
—¡James! —exclamó Brock apenas lo notó.
—Hola, Brock. ¿Cómo están los pokemón ahí adentro?
Brock se apretó el puente de la nariz.
—Jessie se encarga de casi todo, a decir verdad. Algunos pokemón necesitan suturas en…. Tú sabes…
—Si, lo sé.
—Incluso hay uno o dos pokemón que jamás había visto. Deben ser de otra región.
Las Chansey regresaron, empujando un carrito con dos jarras de agua y varios vasos.
—Ustedes son adorables —les dijo James. Las Chansey le dedicaron su sonrisa más amplia, mientras se sonrojaban. Se dirigió a Brock—. Estoy en la habitación diez. Si necesitas ayuda…
—Iré a verte si necesito algo.
Brock se metió en la habitación que estaba al lado de la cual había salido. Desde allí también escuchaba maullidos estridentes de un Meowth. James sacudió la cabeza y regresó a la habitación diez.
—Aquí les traje el agua —anunció James, empujando el carrito. Les sirvió a todos los que estaban en la habitación y al final se sentó en la camilla, a los pies de Meowth.
Durante una hora, estuvieron conversando un poco. Gary era mucho más amable que antes, pero parecía que su mente estaba en otro lado. El Bulbasaur no le quitaba los ojos de encima a Gary, como si tuviera miedo de que se desvaneciera si mirara para otro lado. De tanto en tanto lloraba y Gary lo acariciaba en la cabeza para reconfortarlo.
—Bulbasaur me estuvo contando un poco de lo que pasó anoche —le contó Meowth a James en voz baja—. Fue horrible todo lo que me dijo, pero creo que le hizo sentir un poco mejor expresarlo.
—¿Y Pikachu?
—Dice no recordar mucho de lo que pasó, pero que está muy asustado. No estoy muy seguro si sabe lo que le iba a pasar.
La puerta se abrió y entró Brock.
—¿Estás ocupado? —le preguntó a James.
—No, ¿Qué sucede?
—Necesito ayuda con mi parte, ¿puedes?
—Seguro.
James salió y Brock le explicó la situación afuera.
—Jessie está ayudando a Joy ahora con los casos más graves y me he quedado solo. ¿Puedes vigilar las habitaciones cinco y seis? Yo estaré en la siete y en la ocho.
James se mordió el labio.
—Está bien, lo intentaré.
James se metió a la habitación cinco, mientras sentía una rabia que le quemaba las entrañas. Los pokemón necesitaban un médico o una enfermera, no a ellos. Nunca había pensando antes en la precaria situación del Centro Pokemon cuando de personal se trataba. Sí, había Chansey, pero necesitaban más personas capacitadas. Eran pokemón abusados sexualmente y necesitaban contención de gente experimentada, no de un ex miembro del Equipo Rocket o un adolescente aspirante.
En la habitación cinco habían tres pokemón: un Persian, un Growlithe y un tercer pokemón que no conocía. Era pequeño, de color verde y con una hoja saliéndole de la cabeza.
Una Chansey fue a su encuentro apenas lo vio y le extendió unas planillas sobre el estado de los pokemón. James no entendió mucho, pero sí logró entender algo: el pokemón tipo planta se llamaba Chikorita y era originario de Johto. En la ficha del Persian, se informaba que se estaba negando a comer. El Growlithe había sido operado y ahora estaba recuperándose.
James se acercó al Persian, quien era el único que estaba despierto. Tenía una bandeja de comida pokemón al costado. Le gruñó de manera amenazante cuando apoyó la mano sobre la camilla.
—Tienes que comer algo —le dijo James.
El Persian le dio vuelta la cara como toda respuesta. James tomó un poco de comida pokemón.
—La comida está bien, no tiene nada para lastimarte, mira —James se llevó un poco de la comida a la boca—. ¿Ves? No…
Sintió el sabor de la cosa que se había metido a la boca. Eso no era comida, sino algo repugnante y asqueroso que solo su Weezing podría comerse. El Persian ahora lo miraba, casi disfrutándolo. Parecía decirle con la mirada que se lo tragara. Eso fue lo que James hizo, tragárselo.
—Ya regreso —le dijo al Persian.
James tomó un poco más de la comida del Persian se metió a la habitación de al lado, donde Brock estaba dándole de tomar agua a un lloroso Eevee.
—¿Brock?
El adolescente se dio vuelta.
—¿Si?
—Prueba esto.
James le tendió la comida Pokemón. Brock se lo comió y de inmediato hizo una cara extraña, como si hubiese mordido un limón especialmente ácido. Buscó la papelera más cercana y lo escupió en el tacho de basura.
—¿Pero que rayos es eso? —preguntó Brock.
—Es la comida del Persian. No quiere comerla.
— Lo entiendo perfectamente. Deja, que prepararé algo para que coma. Supongo que el resto de la comida debe saber igual de mal.
—¿No estará en mal estado?
Brock negó con la cabeza.
—No. Es una comida nutritiva, pero intragable por culpa del sabor. Espera en la habitación de al lado y le daré algo más… comestible.
James volvió al cuarto y se sentó al lado del Persian. Este le gruñó.
—Te vamos a dar otra comida, no te preocupes.
El Persian soltó un bufido y cerró los ojos. James se mordió el labio. No podía hacer mucho por él. No podía hacer mucho por ninguno de los pokemón que estaban ahí. ¿Por qué demonios no estaban enviando ayuda?
Brock volvió casi a la media hora con un plato hondo lleno de comida.
—Esto está mucho mejor —dijo, tendiéndole el plato. James lo tomó y lo puso frente al rostro de Persian.
—Aquí está tu comida —le dijo al pokemón normal.
El Persian gruñó y torció la cara. Ni siquiera se molestó en olfatearla. James y Brock se miraron.
—Creo que la comida no es el problema —murmuró Brock.
—¿Entonces que es?
Brock lo tomó del brazo y lo alejó unos pasos del Persian.
—Se está dejando morir —le susurró.
—¿Qué? ¿Dejarse morir?
Brock asintió, con tristeza.
—Ese pobre pokemón ha pasado por mucho, al igual que los demás. Cada uno reacciona de manera distinta una vez salvados. En este caso, Persian debe pensar que, después de lo que le pasó, no tiene ganas de vivir.
James torció la cabeza para ver al Persian. Este les estaba dando la espalda, sin haber tocado la comida siquiera.
—Me niego a que se deje morir por culpa de ese hijo de puta —gruñó James—. Tengo que hacer algo por él, lo que sea.
Brock asintió.
—Inténtalo si puedes. Yo tengo que irme a alimentar a los otros pokemón.
—Nos vemos.
Cuando Brock se marchó, James se dirigió al Persian.
—No dejes que ese hijo de puta te quite las ganas de vivir, Persian.
El pokemón gruñó levemente.
—¿Crees que Joy, yo o los demás te vamos a dejar morir?
No hubo respuesta. James continuó.
—Me responderé: no, no te van a dejar. Si no comes, te van a meter un tubo por la garganta para que te alimentes. Y te dolerá, te lo aseguro.
El Persian movió un poco las orejas.
—Así que, o elijes comer de la manera tradicional o comerás por un tubo en la garganta. Te sugiero que elijas la menos dolorosa.
Persian lo miró con un odio incandescente durante casi un minuto antes de acercar su cara al plato y empezar a comer despacio.
James lo miró, satisfecho de haber logrado algo significativo para variar. Pero necesitaba vigilarlo más que a los otros. Si no lograba matarse de hambre, tal vez lo intentara por otra vía…
La mañana pasó volando, la tarde fue un poco más lenta y finalmente la noche cayó sobre Isla Canela. Mientras estuvo cuidando a Pikachu, Ash se pudo enterar de algunas cosas por boca de sus amigos, la enfermera Joy y la oficial Jenny, quien se había pasado por el hospital por la tarde.
El pokefilico se llamaba Lucas Flint y trabajaba en la poketienda desde hacía tres años (cuando comenzaron las primeras desapariciones de pokemón). El ataque de Meowth no lo había matado de milagro, pero era muy probable que quedara ciego. Jessie había dicho algo así como "si yo fuera médica de ese tipo, no me esforzaría mucho en salvarle los ojos" y Ash le dio la razón. Después de lo que había pasado con su Pikachu, Flint no merecía compasión alguna.
Ash apenas había comido algo durante la tarde, ya que casi no se había movido del lado de su Pikachu. Gary había hecho lo mismo. En las horas que habían pasado solos, ni se habían dirigido la palabra. Solo le hablaban a Meowth, quien ya estaba más repuesto y hasta decía que dormiría en las habitaciones de los entrenadores.
James entró a la habitación. Parecía que estaba molido a golpes por estar corriendo de un lado para el otro.
—Por suerte las cosas ya están más estables —comentó James. Luego, agregó—. Ustedes dos mejor dense un baño y luego coman algo. Yo cuidaré de los pokemón hasta que vengan.
Bulbasaur y Pikachu empezaron a quejarse.
—Oigan, oigan, entiendo que aman a sus entrenadores, pero déjenlos vivir cinco minutos —se quejó Meowth—. Están cansados, déjenlos que se bañen.
Gary miró a su Bulbasaur, dudoso.
—Todo va a estar bien. No me tardaré mucho.
Bulbasaur comenzó a llorar un poco, usando sus Latigo Cepa para enrollarse en su muñeca. Gary se frotó el ojo con una mano y sonrió.
—Antes que te des cuenta, estaré de vuelta, ¿si?
Bulbasaur lo desató, aún llorando. Ash miró automáticamente a su Pikachu. Este no lloraba y parecía querer animarlo a que se vaya.
—Pikachu dice que vayas, que no hay problema —tradujo Meowth.
—De acuerdo, ya voy.
Ash tomó su mochila y fue hacia el baño. No había nadie. Puso las cosas en el locker y se desnudó. Fue hacia los banquitos, se sentó y abrió la canilla. Se quedó mirando el agua correr, absorto en sus pensamientos.
Se sentía un idiota.
Todo la situación se podría haber evitado traquilamente si él hubiese ido a buscar el frisby en lugar de dejar que Pikachu lo hiciera. Lo sentía similar a la vez que Pikachu se había atorado con una manzana cuando Ash dormía.
Ash cargó el balde con agua y se lo tiró en la cabeza, como si así acallara su mente. Se frotó el jabón por todo el cuerpo, sintiéndose contaminado por su irresponsabilidad. No quería ni imaginarse lo que había sufrido Pikachu en manos de ese tipo antes de que Meowth lo rescatara.
Terminó de lavarse el cuerpo y se sumergió en la enorme bañera. Cerró los ojos, disfrutando tener el baño para él solo.
Cosa que no duró mucho.
Se sobresaltó cuando escuchó que alguien más entraba al agua, más por sorpresa que por cualquier otra cosa.
—¿Te asusté? —Gary estaba sumergiéndose en el agua, al lado opuesto. En circunstancias normales, esas palabras habrían sido burlones. Incluso habría soltado una carcajada al final y lo llamaría inmaduro o cosas así. El tono con que le había preguntado carecía de malicia. Era casi distraído.
—Solo estaba distraído —le respondió Ash.
—Ah.
Los dos se quedaron en silencio durante un rato. Ash se sentía extrañamente tenso estando a solas con Gary. Carraspeó.
—Lamento lo que le pasó a tu Bulbasaur —le dijo.
Gary asintió con tristeza.
—Gracias.
Más silencio incómodo. Ash sintió ganas de irse pero, cuando estaba por levantarse, Gary le habló:
—¿Tu Pikachu está bien?
Ash se quedó quieto en donde estaba, como si lo hubieran paralizado.
—Bien, solo asustado por lo que pasó. Joy me dijo que mañana mismo nos podíamos ir.
—Que suerte…
—¿Tienes que quedarte más tiempo?
—Unos días más. Apenas le den el alta, viajaré hasta Ciudad Azulona.
—¿A Azulona?
—Si. Allí hay un centro especializado en la psicología de los pokemón. Estaré por allí un tiempo, supongo.
—¿No entrarás a la Liga, entonces?
Gary miró hacia abajo.
—La verdad es que no tengo idea —suspiró—. Veré que pasa cuando falte poco para ir.
—Entiendo —no sabía que decir ni que hacer. ¿Consolarlo? ¿Ignorarlo? ¿Hacer como si no pasara nada? Detestaba a Gary, pero sentía lástima por su situación. No se lo deseaba a nadie.
Estuvieron unos minutos en silencio, con menos tensión esta vez pero aún algo incómodo. Ash salió de la bañera y se puso una toalla alrededor de la cintura.
—Ash…
El aludido se dio vuelta.
—¿Si?
Gary respiró hondo.
—Lo siento. Me he portado… como un idiota.
Ash se quedó congelado, sin saber que responder. Ni en sus sueños más delirantes se habría imaginado a Gary pedir perdón por su comportamiento. Solo pudo sonreir de manera casi imperceptible.
—Está bien —solo pudo decir.
Se dio vuelta para ir a buscar su ropa, pero se detuvo a medio camino y se giró.
—Gary…
—¿Si?
Ash lo miró.
—Te esperaré en la Liga —dijo y se marchó lo más rápido que pudo hacia los casilleros.
