¡Buenas! Debí haber publicado ayer, pero lo que importa es que el capítulo está acá.
Kaiser: es que Joy no tiene abasto con tantos pokemón, por mucha vocación que tenga. Ahora que Ash y Gary hicieron las paces y todo eso, supongo que las cosas estarán más tranquilas.
Tommiboy: No se si Ash y Gary van a ser amigos, pero al menos no van a llevarse para el culo, eso es mejor que nada.
Alen: Eso va a ser lo jodido. Sus vidas jamás serán las mismas y no sabremos si todos lograran volver a tener una vida normal
Capítulo treinta y seis
Un nuevo destino
Al fin amaneció.
Meowth y Pikachu ya habían recibido el alta. Pero James quiso hacer un par de cosas antes de marcharse.
Con ayuda de la oficial Jenny, llamaron a varios médicos pokemón de las islas vecinas para que fueran a ayudar. Cuando menos se dieron cuenta, al menos cinco médicos se presentaron a las dos horas de haber terminado la última llamada, dispuestos a lo que sea para ayudar.
Después, James llamó a la sede de la Liga Pokemón denunciando las irregularidades del gimnasio de Blaine. La persona que lo atendió prometió mandar una inspección en cuanto pudieran. Así el hijo de puta pensaba dos veces antes de hacerse el misterioso y poner en peligro la vida de los pokemón.
No mucho después de que aparecieron los médicos, comenzaron a aparecer entrenadores de todas las edades. Jenny había sacado de su archivero las denuncias de desaparición de Pokemón en los últimos tres años en Isla Canela y los había llamado uno a uno durante la tarde para que vinieran a reconocer a su pokemon. James intentaba ignorarlos. No quería ver sus caras cuando se enteraran de la verdad.
Apenas Meowth pudo salir de la camilla, James lo llevó con el Persian, el pokemón que más le preocupaba de todos. Por boca de Meowth, se enteró que él jamás había tenido entrenador, que había sido líder de un clan, pero que lo habían derrocado. Estaba vagando sin rumbo cuando el pokefilico se le había acercado a darle comida. Luego de eso, solo recordó haber estado dentro de una jaula, donde solo lo sacaba para bañarlo y violarlo de manera reiterada.
Después de meditar un rato sobre lo que Persian había dicho, tomó una decisión: se lo llevaría con él. Cuando se lo comunicó a Persian, el pokemón negó con la cabeza.
—Dice que no quiere saber nada con humanos nunca más —tradujo Meowth.
—Mira, te tirarán en una reserva si no te saco de aquí —intentó razonar James.
Persian lanzó un gruñido.
—Dice que nada le importa. Perdió su clan y su dignidad. No tiene nada.
James se mordió el labio y se inclinó para estar a la altura de sus ojos.
—Puedes unirte a un clan nuevo… al mío.
El Persian lo miró, confundido. Meowth también le dedicó la misma mirada. James se explicó.
—Mira, mejor hagamos un trato: ven con nosotros, pero yo no te capturaré. Te cuidaremos hasta que te sientas mejor y luego te dejaré en una ciudad para que empieces de cero y te formes un clan nuevo, ¿te parece?
Persian lo miró a él y luego a Meowth.
—James es de confiar. Nunca me ha hecho daño a mi ni a ninguno de los pokemón que tiene —le dijo el pokemón parlante.
Persian volvió a mirar a James, estudiándolo. Muy lentamente, asintió con la cabeza y murmuró algo entre dientes.
—Dice que si te pasas de listo, te cortará la garganta —tradujo Meowth.
—No te preocupes, no haré nada raro contigo.
Apenas salieron de la habitación, Meowth le preguntó:
—¿Estás seguro de lo que quieres hacer?
—Quiero ayudarlo.
—¿Expiando culpas del pasado?
James bajó la cabeza.
—No lo sé. Tal vez. Pero siempre he amado a los pokemón y quiero hacer lo que pueda por ellos.
Una de las puertas de las habitaciones se abrió y salió Jessie. Apenas vio a James, salió enseguida a su encuentro.
—James, ven aquí, tengo que contarte algo muy importante.
—Si, yo también…
—Lo mio es más importante —lo paró Jessie, mientras lo arrastraba del brazo hacia la habitación donde acababa de salir.
Dentro de la habitación estaba la enfermera Joy, sentada en una silla. Jessie señaló la cama.
—Me quedaré con él —dijo, simplemente.
James miró la cama. Un Cubone lloroso yacía allí, sentado en un almohadón. Dio un chillido al ver a Jessie y extendió sus bracitos hacia ella.
—Al parecer Jessie y Cubone tuvieron una conexión mientras ella lo cuidaba —explicó Joy—. Cubone la ve como si fuera su madre.
James paseó la vista por los tres, intentando procesar la información.
—¿Y el entrenador del Cubone? —preguntó.
—No hay reportes de un Cubone secuestrado —explicó Joy—. Tenemos nuestras sospechas de que pertenezca al pokefilico.
—Oh —James se mordió el labio. Miró a Jessie —. ¿Estás segura que quieres quedártelo?
Jessie casi lo atravesó con la mirada.
—¡Por supuesto que voy a quedármelo! ¿Qué clase de pregunta es esa? ¿Acaso tienes algo en contra de Cubone?
—¡No, claro que no! —se apresuró a decir James—. Si puedes con él, adelante, no te detendré, pero estamos hablando de un pokemón con muchos traumas…
—Lo sé, por eso quiero cuidarlo —insistió Jessie.
James suspiró.
—Bueno, como yo voy a quedarme con un Persian…
—¿Un Persian?
—Solo por un tiempo, no me lo quedaré de manera definitiva. Después te lo explicaré.
Jessie lanzó un suspiro.
—Bien, tu tienes un Persian y yo un Cubone, ¿podemos irnos ya de esta condenada isla?
Joy asintió.
—Si, pero no sin explicarles los cuidados de los pokemón que tendrán a su cargo.
Durante casi media hora, Jessie y James escucharon a Joy explicarles sobre los cuidados físicos y psicológicos que necesitaban ambos. James esperaba que pudieran hacer frente a todo y que terminaran superando sus traumas, pero no todo sería tan sencillo… ¿Por qué el mundo tenía que ser una mierda para ellos?
Salieron de la habitación, con Cubone casi agarrado a los tobillos de Jessie y se encontraron con Ash. Pikachu ya estaba en su hombro, aunque parecía algo intranquilo
—¿Ya nos vamos? —preguntó Ash.
—Si —respondió James—. El problema es adónde vamos a ir ahora.
—Hablé con Gary sobre eso. Me habló de un gimnasio para ganar la próxima medalla.
—¿Dónde? —preguntaron Jessie y James al unísono.
—¿Se acuerdan de Ciudad Oscura? ¿Dónde dos bandas peleaban por ser líderes de gimnasio?
James lo recordó de golpe. Habían estado de parte del tipo que tenía el Electabuzz.
—Si, lo recuerdo —dijo James.
—Bueno, el que tiene el Scyther ganó y ahora tiene un gimnasio tipo Bicho. Tal vez pueda probar ahí.
James dudó. Si mal no recordaba, se había desatado una guerra la última vez que estuvieron ahí y casi destruyeron la ciudad entera.
—No se si sea buena idea, Ash…
—No perdemos nada con intentar —Ash sonrió de manera segura —. Faltan cuatro meses para la Liga y necesito ganar dos medallas más lo más rápido posible.
James tuvo que darle la razón. No había mucho tiempo que perder. Si no conseguían dos medallas rápido, no podría ingresar a la Liga.
—Bien, entonces busquemos a los otros y vayámonos…
—Ehh, disculpen…
Gary estaba de pie a metro y medio de ellos, algo incómodo.
—Hola, Gary —lo saludó James—. ¿Cómo está tu Bulbasaur?
—Bien, ahora duerme —miró a Jessie—. ¿Puedo hablar con usted un momento a solas?
Jessie parpadeó, sorprendida.
—¿Yo?
—Si. No me tomará mucho tiempo.
Jessie dudó un momento, pero luego asintió y se fue con Gary, con Cubone siguiéndola detrás. No habían pasado ni dos segundos cuando sintió un grito.
—¡NYAAAAAAAAAAA!
Lunita corrió desenfrenada por el pasillo y literalmente se estrelló contra la pierna de James, mientras lloraba. Un segundo después, Nina se trepaba por la otra pierna hasta llegar al hombro y refregarse con fuerza en su mejilla.
—Nenas —James levantó a Lunita del suelo y la besó, mientras la pequeña lloraba y se refriegaba contra él, bañado en lágrimas.
—No soportaban un segundo más —Misty se acercó a James—. Apenas sintieron tu olor y salieron corriendo antes de que pudiera hacer algo. Te extrañaron mucho.
James caminó hacia uno de los bancos y empezó a acariciar a sus dos nenas, mientras ellas seguían llorando, refregándose contra él y lamiéndolo. Hasta casi parecía que lo retaban por momentos, por atreverse a dejarlas solas.
—Vaya que te extrañaron —dijo Meowth, apenas saliendo de la habitación diez.
Lunita lo miró y dio un fuerte chillido antes de saltar hacia Meowth y derribarlo contra el suelo para posteriormente abrazarlo y lamerle toda la cara, entre llanto.
—L-Lunita, yo también te extrañé —apenas pudo decir, ya que su hija casi no lo dejaba hablar.
James acarició las orejas de Nina mientras miraba la escena. Tendrían que luchar un poco con la situación nueva a la que tenían que enfrentar: cuidar de dos pokemón abusados sexualmente.
La isla se fue alejando poco a poco del grupo. El ferry los estaba llevando hacia un destino ya conocido: Ciudad Carmín. A James ese lugar le traía malos recuerdos, pero tenía que seguir adelante.
James y Jessie estaban sentados juntos, cada uno en una reposera. Cubone estaba abrazado a la pierna de Jessie sin intenciones de querer soltarla. Persian estaba acostado a dos metros, mientras Lunita y Nina lo rondaban, curiosas, bajo la vigilancia de Meowth.
—Cuando lo vi ahí, llorando… me partió el alma —le confesó a James—. Sentí que debía quedarme con él y cuidarlo, sin pensar siquiera que tal vez tuviera un entrenador. Tan chiquito y sufriendo así…
—Instinto materno, supongo —dijo James.
Jessie sonrió con tristeza y acarició su vientre redondo de manera circular.
—Supongo… Oye, estuve hablando con Gary en el hospital y me dijo un par de cosas importantes sobre la liga pokemón.
—¿Qué cosa?
—Bueno… dijo que necesitabas obligatoriamente una Pokedex para poder entrar a la liga.
El alma de James se le cayó a los pies. No tenía la más remota idea de que necesitaba ese aparato para entrar a la liga. Jessie notó su rostro acongojado, porque agregó:
—Le di una fotografía tuya a Gary para que se la dé a su abuelo, el profesor Oak. Dijo que lo llamaría para que te programe una Pokedex. Si se pone a programarla ahora, tardará unos pocos días. Te lo enviará al Centro Pokemón de Ciudad Oscura.
James suspiró, aliviado.
—Casi pensé que había ganado la medalla para nada.
Se quedaron en silencio un rato, disfrutando un poco de la brisa marina después de tantos sobresaltos. James miró de reojo al Persian. Parecía disfrutar de la compañía de Lunita y Nina, quienes no paraban de lamerle la cara y mordisquearle las orejas de manera juguetona para luego corretear por la cubierta, sin alejarse demasiado de Meowth. Parecía que ambos estaban entablando una conversación.
James no tenía idea sobre abuso sexual. Casi había sido violado por Jessiebelle, pero fue un "casi". Meowth había sufrido algo similar hacía pocos años (experiencia que habían querido suprimir de su memoria los tres) pero también había sido un "casi". En cuanto a Jessie, tenía suficiente carácter y fuerza física como para mandar a cualquier posible abusador al hospital. No sentía que pudiera ayudar mucho a Persian o a Cubone. Solo hacer lo que a él le pareciera lo mejor posible por ellos y ni siquiera sabía si era suficiente. Persian podría querer tirarse por la borda en cualquier momento para suicidarse.
James se apretó el puente de la nariz con una mano. Estaba psicológicamente agotado, pero no tenía tiempo de autocompadecerse a si mismo. Primero estaba Jessie, Meowth, Lunita, los pokemón, sus compañeros de viaje y, si sobraba, él.
Seis horas después, arribaron a Ciudad Carmín, a la tarde. Meses antes (ahora le parecían siglos) Jessie y James habían repartido boletos en el muelle para el crucero Santa Ana, disfrazados de colegialas. Era increíble recordar el pasado en el Equipo Rocket como algo muy lejano, cuando ni siquiera había pasado medio año.
Lo primero que hicieron fue ir al Centro Pokemón. Apenas entraron, Brock fue hacia el sector de los teléfonos, alegando que necesitaba llamar a su casa.
—Ahora que lo pienso, debería llamar a mis hermanas —dijo Misty—. Me preocupa… como está el gimnasio —agregó y se fue a buscar una cabina.
Ash miró a Misty marcharse y miró al suelo.
—Voy a llamar a mamá —dijo finalmente y se dirigió a las cabinas.
James sintió un vacío por dentro. El no tenía a quien llamar. Sus padres eran unos desgraciados y Jessie no tenía familia. Se sintió estúpido, pero quería pensar en que podría llamar a alguien a quien le importara y contarle todo lo que había pasado. Miró a Jessie de reojo. Se la veía extrañamente melancólica.
Las únicas personas a las que le podría importar eran sus abuelos, Rose y Hideki Kojiro. Vivían en Kanto, pero no recordaba bien donde. ¿Y su teléfono? Deberían tener un teléfono, claro, pero no lo recordaba. ¿Estarían en la guía telefónica? Ni siquiera estaba seguro si estaban con vida o no.
Sus pensamientos se cortaron cuando escuchó a Brock y a Misty, quienes ya habían dejado de hablar por teléfono. Ash aún estaba sentado en la cabina conversando ¿Hacía cuanto que estaba sumido en sus propios pensamientos?
—¡No nos dijiste que era tu cumpleaños, Brock! —exclamó Misty.
Brock se frotó la cabeza.
—No lo considero un día tan importante…
—¿Cómo que no lo es? ¡Para nosotros sí! —insistió Misty.
—No tiene que ser nada muy elaborado —se metió Meowth—. Pasemos un buen día, paseando, comiendo, esas cosas…
—¿Cuántos años cumples? —le preguntó Jessie.
—Diecisiete —respondió Brock.
—¡Ya eres casi un adulto! —exclamó Jessie, apretándole un cachete—. Prepárate cuando cumplas dieciocho, porque tomarás tanto sake que te vas a olvidar de tu nombre.
—La mayoría de edad es a los veinte...
—Ah, detalles, detalles.
—¿Y que podemos hacer entonces? —preguntó Misty.
—Si pudiéramos encontrar un lugar para cocinar, sería perfecto —dijo Meowth—. Tal vez me dejen meter en la cocina…
—No sé si a Joy le gustaría la idea…
—¡Oye, James! —Ash lo llamaba desde la cabina—. ¡Oak quiere hablar contigo!
James parpadeó, asombrado. Ash se levantó para dejarle el asiento libre y se fue a reunir con sus amigos.
James se sentó y fijó la vista en la pantalla. Un hombre de unos cincuenta años de cabello castaño ceniza, ojos oscuros y cejas pobladas lo esperaba del otro lado de la pantalla.
—¿Tú debes ser James, verdad? Soy el profesor Oak, encantado.
—El gusto es mío —James estaba tenso. Nunca había hablado con un científico antes y había oído que el profesor Oak era muy famoso y respetado en Kanto.
—Mi nieto Gary me ha llamado para pedirme si podía programarte una Pokedex para ti y mandarla a Ciudad Oscura para que la recibas, ¿correcto?
—Si.
—¿Sabes como es el funcionamiento de la Pokedex?
James miró al piso, avergonzado.
—No. Nunca he visto una de cerca.
Oak agarró algo de su escritorio y le mostró algo que se parecía a un pequeño libro rojo, pero electrónico, con pequeñas pantallas, lucecitas y varios botones de distintos tamaños y formas.
En la cara interna de la tapa había (de arriba hacia abajo) una pantalla larga, unos botones numéricos del 0 al 9, dos botones finos de color rojo y verde, dos botones blancos y cuadrados bajo dos diodos rojo y verde, un botón redondo color amarillo y dos pantallas pequeñas e idénticas entre sí.
La parte descubierta de la Pokedex mostraba una pantalla central con un grueso marco blanco que tenía incorporado un altavoz y un diodo color rojo. Debajo de la pantalla había dos botones finos de color rojo y verde, un botón redondo color negro, unas flechas direccionales y una pequeña pantalla más. Había más diodos de colores que no tenía idea para que servían. Con la tapa cerrada, se veían cuatro diodos; tres pequeños y uno más grande.
—Esto es una Pokedex, una enciclopedia virtual y portatil de alta tecnología que sirve para aprender sobre los pokemón, aunque no es un sustituto de un libro o una escuela, es mejor dicho una guía para entrenadores. Se puede cargar información nueva sobre pokemón de otras regiones y como identificación personal. Recientemente se incluyó algunos datos útiles para entrenadores, como el uso de hierbas y bayas para curar envenamiento, paralisis y esa clase de cosas cuando no hay ayuda médica cerca"
"Cada vez que apuntes a un pokemón con la Pokedex abierta, la Pokedex te dirá una descripción corta del pokemón señalado a través de los parlantes. En la pantalla de aquí" Oak le señaló la pantalla más grande con un marco blanco "verás la imagen del pokemón. En la de aquí "señaló la que estaba abajo "te dirá el nombre del pokemón y su número correspondiente. Esta de aquí" señaló la pantalla más larga "muestra una breve descripción del pokemón. Y estas dos" señaló las pantallas gemelas "indican que tipo de pokemón es. La primera pantalla muestra el tipo primario y la segunda muestra el secundario, si es que lo tiene. Hay algunas palabras clave"
"El botón negro sirve para entrar a la enciclopedia. Allí están los nombres de todos los pokemón que la Pokedex tiene registrada. Están por orden numérico, no alfabético, así que tendrás que memorizar que número pertenece a cada pokemón. Las flechas sirven para moverte dentro de la enciclopedia, el botón rojo para seleccionar el pokemón y el rojo para salir"
Los dedos de Oak se deslizaron hasta la cara interna de la tapa.
—¿Recuerdas que te dije que los pokemón están asignados por número? Bueno, para eso sirve el teclado númerico. Si sabes el número del pokemón, solo tienes que ingresar los números cuando estés en la enciclopedia. El botón verde es para aceptar y el rojo para borrar o salir del buscador.
"El botón amarillo entra al menú al que llamaremos Tus Pokemón. Allí muestra los pokemón que tienes contigo y los pokemón almacenados. Los pokemón almacenados están en el lugar donde programaron la Pokedex a tu nombre. En este caso, seré yo el encargado de cuidarlos. El botón blanco izquierdo es para ver los pokemón que llevas contigo y lo pulsas otra vez para seleccionarlo. El botón izquierdo sirve para ver los pokemón almacenados y lo pulsas otra vez para seleccionarlo. Una vez que los selecciones, apretas el botón blanco izquierdo otra vez para intercambiar. SI te arrepientes, toca el botón amarillo. Solo puedes intercambiar un pokemón a la vez."
"Como yo tengo a los pokemón afuera la mayor parte del día, normalmente no podrás intercambiar de forma directa, ya que ambos pokemón a intercambiar tienen que estar en sus pokebolas. Tendrás que hacerlo durante la noche o llamarme a mí para hacer el intercambio."
"Para tener acceso a tu identificación, apreta el número cero tres veces y la Pokedex mostrará tu fotografía y dirá tu nombre y de donde vienes."
Oak señaló las tres lucecitas que estaban arriba de todos, sobre la pantalla principar.
—Estas luces son el indicador de batería. Verde cuando está completa, amarillo para cuando está por la mitad y la roja cuando le queda un cuarto o menos de batería. Son bastante duraderas, asi que no te preocupes. Son recargables y en las Poketiendas te las recargan de forma gratuita. La luz más grande sólo parpadea cuando la Pokedex "habla" a través de sus altavoces, no te preocupes por eso.
"Solo puedes llevar seis pokemón contigo y nada más, por las reglas de la Liga Pokemón. El resto vendrá automáticamente conmigo. Las pokebolas tienen que estar ligadas a tu Pokedex, así que necesito que me envíes todos los pokemón que tengas para registrarlos a tu nombre. De paso les haré un chequeo rápido para ver como se encuentran. Cada vez que compres en una poketienda, registrarán a tu nombre todas las pokebolas que compres."
Oak sonrió ampliamente, como un alumno orgulloso de demostrar todos sus conocimientos a su profesor.
—Bien, eso es todo. ¿Alguna pregunta?
James sintió el impulso de levantar la mano, como si estuviera en una clase, pero se reprimió y preguntó:
—Yo no tengo una residencia fija. ¿De donde dirá la Pokedex que soy?
Oak hizo un gesto despectivo.
—No te preocupes. Pondré que eres de Pueblo Paleta y ya.
—¿No tendrá problemas por eso?
—Como ya te dije, no te preocupes. Ah, antes de que me olvide, necesito que traigas a tus pokemón aquí a través del teletransportador de pokebolas para ligarlas a tu Pokedex.
James sí sabía usar un teletrasportador de pokebolas. Incluso había construido máquinas de intercambio que funcionaban muy bien. Pero era la primera vez que usaba uno del Centro Pokemón.
—Está bien.
James sacó las pokebolas de su bolsillo: Weezing, Growlie, Butterfree, Victreebel, Psyduck… Un momento…
¿Había atrapado a Nina?
Ahora que lo pensaba, jamás se le había cruzado por la cabeza capturarla. Ella estaba tan feliz a su lado que ya sentía como si la hubiera capturado de manera oficial. Pero no era así. Jamás la había metido dentro de la pokebola.
—Oiga, profesor Oak, ¿puedo llamarlo en un rato? Tengo una cosa que hacer.
—Seguro. Tómate tu tiempo.
James cortó la llamada y se giró en su asiento. Estaban todos sentados en los bancos, ya sin las mochilas. Lunita y Nina se correteaban entre las piernas de los humanos, mientras que Cubone seguía aferrado al tobillo de Jessie como si fuera un salvavidas y Persian dormitaba unos pasos alejados del resto. ¿Dormía tanto para escaparse de la realidad o solo le gustaba dormir?
—¡Nina!
La Pikachu se detuvo en seco al oir la voz de James. Un segundo después, salió corriendo hacía él con toda la velocidad que le daban sus patitas.
—¡Pi! —chilló, antes de saltar a los brazos de James y refregarse contra su estómago.
—Mi cariñito —le susurró, mientras le acariciaba la cabeza—. Necesito que me prestes atención.
Nina levantó la cabeza.
—¿Pi?
—Escucha, hemos estado mucho tiempo juntos, pero jamás te he capturado en una pokebola, ¿entiendes?
Nina inclinó la cabeza hacia el costado. No entendía muy bien. James sacó una pokebola vacía de su bolsillo.
—Tengo que meterte aquí adentro, Nina.
La Pikachu abrió grandes los ojos. Era más que evidente que la idea no le gustaba para nada.
—¿Pika? ¡Pika! —Nina negó con la cabeza enérgicamente. Sus ojitos comenzaron a brillar.
—Es para que puedas pelear en la Liga conmigo.
Nina señaló la pokebola con una patita, ya hiperventilando un poco. Hasta ahí llegaba el entendimiento de James sin tener a su traductor sin sueldo.
—¡Meowth! —lo llamó —. ¡Ven un momento!
Meowth fue hacia él.
—¿Qué pasa? —preguntó el felino.
—¿Puedes decirme por qué Nina está tan preocupada por la pokebola?
Nina comenzó a contarle a Meowth, entre sollozos. Meowth solo asentía con la cabeza de vez en cuando como respuesta. Después de casi un minuto, Meowth se dirigió a James.
—En resumen, ella me dijo que la vas a meter en una pokebola y luego casi nunca la vas a sacar, como a los otros.
James sintió una sacudida en el estómago al escuchar eso. ¿Era tan malo tener a sus pokemón dentro de sus pokebolas? Nunca había pensado en ello. ¿Se sentirían abandonados porque Nina estaba siempre afuera?
—¿James?
—¿Hmm?
—¿Qué le responderas a Nina?
—Ah, si —se dirigió a su Pikachu—. Solo será un rato. Te pondré en la pokebola, irás con el profesor Oak para que registren las pokebolas y volverás conmigo en el mismo día. Nunca tendrás que regresar a la pokebola otra vez si no quieres.
Nina frotó levemente su naricita contra la mano de James.
—¿Pika pi?
—Pregunta si lo prometes. —tradujo Meowth.
—Lo prometo, cariño.
Nina asintió y bajó la cabecita, murmurando por lo bajo.
—Dice que lo hagas ahora.
James acarició las orejas de Nina una última vez antes de dejar caer la pokebola sobre la cabeza. Un segundo antes de que el rayo rojo la absorbiera, vio como cerraba sus ojitos con fuerza. Cuando la pokebola se selló, James la tomó y se la quedó mirando. Esperaba que no sufriera tanto.
—Bueno, listo —le dijo Meowth—. ¿Por qué querías meter a Nina en una pokebola?
James le explicó su charla con Oak y el funcionamiento de la Pokedex.
—Ah, si, cierto que hay un límite de pokemón que puedes llevar. Cuando atrapes más, tendrás que elegir con cuales quedarte y cuales dejar descansando con Oak.
—Si, lo sé —se levantó—. Voy a pedirle a Ash el número de Oak y le mandaré todos los pokemón con él.
El cumpleaños de Brock lo celebraron por la noche en la cafetería Centro Pokemón. Fue improvisado y sencillo, pero la pasaron muy bien. Meowth y James pidieron permiso para usar la cocina, cosa que aceptaron. Preprararon sekihan y pastel de frutillas con crema chantilly.
Antes de servir la comida, James volvió a llamar a Oak. El científico le devolvió las pokebolas.
—Tienes un buen equipo —le dijo—. Pero necesitan más entrenamiento, ¿si?
—Haré lo posible —respondió James—. Muchas gracias.
—De nada —Oak se quedó un momento en silencio—. Oye, James… Tengo una cosa que comentarte.
—¿Si?
—Si tú quieres, tengo un inicial para darte.
James se lo quedó mirando, sin poder creerlo. ¿Un inicial? ¿Para él?
—¿Un pokemón inicial?
—Si. Tengo una Bulbasaur que tal vez te interese. Nadie se la ha llevado todavía.
—¿Y eso por qué?
Los ojos de Oak perdieron brillo por un momento. Su tono jovial se apagó un poco.
—Muchos entrenadores novatos suelen ser… un poco caprichosos cuando se trata de un pokemón inicial. La mayoría viene a llevarse un Charmander o, en menor medida, un Squirtle. A los Bulbasaur los ven como pokemón débiles. Eso pasa cuando en la televisión te bombardean lo fuertes que son Charizard o Blastoise, pero nadie habla de Venasaur —suspiró. Luego volvió a sonreir—. ¿Qué me dices?
—Me encantaría, pero con esa Bulbasaur, tendría siete pokemón…
—Puedes dejarla aquí por ahora. Luego puedes llamarla para entrenar. Vas rotando los pokemón, ¿entiendes?
James no tuvo que pensarlo demasiado y menos si se estaba hablando de un pokemón planta, su tipo favorito.
—De acuerdo, regístrala. Ya tendré tiempo de conocerla después.
Apenas cortó la llamada con Oak, sacó a Nina de su pokebola. La Pikachu apenas lo vio y se tiró a sus brazos, llorando de felicidad por tener a James de vuelta.
Cuando regresó a la mesa, le pidió a una Chansey que trajera más comida pokemón y sacó a todo su equipo para que comieran con él.
—¿Qué? —James se puso a la defensiva cuando todos lo miraron—. ¿Está mal acaso sacar a mis pokemón para cenar?
—Nadie dijo nada —le respondió Brock.
—¿Ya podemos comer? —Jessie ya tenía agarrado los palillos—. Mi hija y yo nos morimos de hambre.
Todos se rieron y empezaron a comer. La comida de los pokemón tardó más en llegar pero terminaron comiendo en el suelo. Los pokemón eran demasiado afectuosos con James y cada tanto se acercaban para que los mimara un par de minutos. Se extrañaron al ver a Persian y a Cubone, pero no se acercaron, como si esperaran que Jessie y James los presentara a su debido tiempo.
Como una hora y media más tarde, llegó el pastel de frutillas y crema chantilly, con una vela clavada en el centro. Una vez que le cantaron el feliz cumpleaños a Brock, comenzaron a comer.
—Este es uno de los mejores pasteles que he probado en años —dijo Ash, con la boca llena.
—Ash, traga primero y habla después —lo restó Misty—. Pero tienes razón. Esto es una delicia.
—Yo los haría mejor —Jessie comía con una mano y acariciaba a Cubone con la otra. El pequeño también comía el pastel con una mano, mientras con la otra se aferraba a Jessie. Su hueso estaba en el suelo, entre las piernas de Cubone—. Pero este no está nada mal.
—Me tienen que decir la receta —Brock estaba con una sonrisa de oreja a oreja—. A mis hermanos les encantaría comer esto.
—Meowth hizo la mayor parte del trabajo, yo sólo lo ayudé —les respondió James.
—¿Cómo aprendiste a cocinar, Meowth? —preguntó Misty
—Bueno, James me enseñó —respondió, mirando con orgullo a su amigo—. Pero siempre tuve ganas de aprender más y más, así que me puse a practicar cuando teníamos buena economía. Gracias a unos libros de cocina y programas de televisión, fui aprendiendo cada vez más. Aún me falta para ser un buen cocinero.
—¿Bromeas, Meowth? ¡Cualquiera pagaría para comer algo como esto!
—Incluso podrían abrir un restaurante —le dijo Brock.
—Ya veremos —dijo James—. Por ahora, tenemos que seguir viaje para que Ash gane las medallas que le faltan.
—Oigan… ¿Cuándo cumplen años todos ustedes? —preguntó Misty.
—Yo cumplí el diez de noviembre —dijo Ash.
—¿Tienes once años ahora? —preguntó James.
—Si.
—James y yo cumplimos en Marzo, con pocos días de diferencia —dijo Jessie.
—Yo cumplo a principios de enero —dijo Misty
—Y yo el dieciséis de diciembre —Meowth miró el pastel con aire distraído—. Fue el día en que entré al Equipo Rocket.
Todos se quedaron en silencio.
—Está mal que lo diga ahora, pero fue la primera vez en mi vida que un humano me trató bien. Hablo del je… ex jefe —continuó—. Por eso decidí conservar esa fecha como mi renacimiento.
—¿Nya nya? —preguntó Lunita a su padre. Meowth se puso incómodo al oírla.
—El… el Equipo Rocket era un lugar donde antes estaba papi, pero ahora ya no. No pienses en eso y come algo de pastel, ¿sí? James, podrías darle una porción a Persian también.
James cortó una rebanada del pastel de frutillas y se acercó a Persian. Este estaba alejado de todos los demás, mirando por el ventanal.
—¿Persian?
El pokemón gato lo miró de reojo, pero no dijo nada.
—Te traje algo de pastel. Meowth lo hizo.
James puso el plato con la porción de pastel en el suelo. Persian miró el plato con poco interés.
—Aquí tienes. Buen provecho.
James se paró y se alejó del pokemón. No sabía que demonios hacer para que tuviera ganas de seguir viviendo en lugar de quedarse ahí tirado como un peluche de tamaño natural.
Tiempo. El tiempo siempre cura todo.
