Hola hola! ¿Cómo están todos?

Yo estoy triste porque al parecer el capi anterior no les gustó mucho porque casi no dejaron reviews :'( así que aquí vuelvo con un capi repotenciado y bastante interesante para que me dejen muchos comentarios jajajaja pero antes agradezco el review anónimo n.n contesto:

Guest: en el fondo todos lo queremos así ;)

Ahora sí, ¡a leer!

Parte IV: La vida de los muertos

La vida de los muertos perdura en el espíritu de los vivos

Cicerón

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Capítulo 11: Lo necesario

Si de verdad vale la pena hacer algo, vale la pena hacerlo a toda costa

Gilbert Keith Chesterton

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Entró en la oficina del director del instituto; era extraño, recordaba que esa había sido la oficina de sus padres, y entonces había sido un poco más estoica. Ahora que le pertenecía a Jace era más luminosa y hasta cierto punto relajada. Maryse le había pedido que fuese a por Jace para indicarle que fuese a desayunar, en su intento por querer involucrar a Max en acciones del día a día.

Pero Jace no estaba allí, y él no tenía intención alguna de buscarlo por todo el instituto. En su lugar se acercó al escritorio del rubio observando sus cosas. Estaba seguro que tanto Sebastian como Kaelie celebrarían si podía hacerse con información de los planes y defensas del instituto.

Y por lo menos el sobre de apariencia oficial y sello de la clave, parecía entrar en alguna de esas categorías. Max lo guardó en el bolsillo trasero de su pantalón de cuero, ropa de Nefilim que le habían dado esa mañana.

Se dispuso a revisar las gavetas cuando Jace abrió la puerta de la oficina. El rubio entró bostezando sonoramente, sobresaltándose al abrir los ojos y ver a Max allí, de pie junto a su escritorio.

- ¿Qué haces aquí? ¿Pasa algo? – Preguntó confundido.

- Maryse me envió por ti, para que bajes a desayunar – Le indicó emprendiendo la marcha antes de salir.

- Espera, solo revisare si hay correspondencia y voy contigo – dijo acercándose al escritorio volviéndose a Max al ver que no había nada en él – Suelo hacerlo todas las mañanas apenas me despierto, nunca se sabe que noticia se tenga de Idris.

- Fascinante – dijo con tono aburrido.

- ¿Porque llamas a Maryse por su nombre? – Preguntó él de pronto. Max lo miró con mala cara.

- No tienes que hacer conversación conmigo – dijo como si estuviera liberando a Jace de una terrible obligación – Porque no quiero hablar contigo.

El rubio asintió algo cohibido, suponía que después de todo tenía que disculparse por lo que ocurrió la tarde anterior mientras hablaban con Robert. El resto del camino hasta la cocina lo recorrieron en un silencio incómodo para Jace. Y al llegar a su destino ambos se sorprendieron al ver que, de hecho, no los esperaban solo Maryse e Isabelle: Magnus estaba sentado en la isla tomando una taza de café pese a la mala mirada de Izzy.

- ¿Magnus, que haces aquí? – Preguntó Jace a modo de saludo sentándose también en la isla. El brujo iba a responder, atragantándose con el café al ver a Max también allí: él había esperado que Max se quedara por un tiempo en Idris y con él volviendo a Brooklyn, poner tierra entre ellos; ya Simon y Clary le habían dejado claro el regreso del adolescente al instituto, pero había esperado no tener que cruzarse con su persona.

- Yo… eh, tuve un problema en la Ciudad Silenciosa – Admitió – Me prohibieron la entrada.

- ¿Otra vez? – Preguntó Maryse rodando los ojos tomando el plato de frutas para Max – Ven cielo, siéntate – Le ofreció. El más joven se acercó para tomar el plato, pero no se sentó.

- Me alimentaré en el invernadero – Aseguró; Maryse estaba por replicar, pero él agregó de forma tajante – Ustedes me agobian y ese es el único lugar que me hace sentir más cerca de Feéra.

La mujer no tuvo ninguna replica para eso y sus hombros decayeron viendo a su hijo salir de la cocina.

- Sí que conserva su encanto – Ironizó Magnus. Isabelle suspiró sonoramente, lo que había ocurrido la tarde anterior en la biblioteca aun le daba vueltas en la cabeza.

- Tenemos que llevarlo con Alec – Exclamó Isabelle de pronto.

- Alec no quiere que Max lo vea en prisión – Aseguró Magnus de inmediato.

- No sé si quiera verlo – Comentó Jace pensativo - Max no ha pedido verlo ni una vez desde que llegó.

- Se encerró en su habitación a llorar – Susurró Maryse informándole – Pensé que lo hacía por lo que ha tenido que pasar Alec, pero tal vez quiera verlo.

- Él me lo pidió – Confesó a Izzy – Me pidió que "le devolviera a Alec" – Susurró – Quizás no sabe cómo pedir verlo, pero quiere hacerlo – Y agregó rápidamente antes de que Magnus alegara algo – Y Alec no puede pretender tener a Max cinco años en espera para verlo; así que olvídate de esa idea Bane.

Magnus no respondió, ese no iba a ser su alegato, en cualquier caso, aunque sinceramente no estaba seguro de lo que habría dicho, se sentía incómodo, porque una parte de él estaba de acuerdo con Isabelle, mientras la otra estaba dispuesta a bloquear todas las entradas de la ciudad silenciosa con tal de no dejar que Well y Alec se vieran.

- Como sea, desayunemos – Comentó Jace – Podemos hablar con Max y llevarlo, pero no creo que sea buena idea molestarlo cuando acaba de aislarse de nuevo –Suspiró – Mientras tanto, si quieres que tramite tu pase a la ciudad silenciosa de nuevo Magnus ¿Por qué no nos cuentas como los atraparon esta vez? – Preguntó de forma picara; Isabelle bufó y Maryse rodó los ojos. Magnus se llevó otro trago de café a la boca, Jace sabía que no conseguiría ni una palabra suya, mucho menos frente a Maryse; solo quería molestar.

Como fuera, no se iría de allí hasta que Jace iniciara el trámite de dicho pase; si tenía suerte, le tomaría un par de días que autorizaran nuevamente su paso a la ciudad de hueso con alguna excusa sobre la necesidad del instituto de New York para que el alto brujo acudiera a su nombre.

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Se apresuró a entrar cerrando la puerta tras de sí. No había sido tan difícil lograr sacarse a todos de encima y que lo dejaran solo; en lo que a ellos respectaba, él estaba en el invernadero rodeado de plantas. Sonrió con autosuficiencia: Y luego Kaelie decía que mentir no era conveniente.

- ¿Hola? - Llamó asegurándose de que no hubiera nadie en la biblioteca; después de todo no había visto ni a la pelirroja ni al vampiro diurno en la cocina. Su voz resonó por todo el solitario lugar. Well se apresuró en subir las escaleras dejando el plato con trozos de frutas en una de las mesas, no sabía cuánto tiempo tenia y no iba a perderlo en preámbulos. Una vez en el piso superior tomó una de las escaleras corredizas colocándola junto a la estantería que contenía los "tesoros"; estaba cerrada tal como recordaba, pero eso no iba a ser un problema.

Sacó del bolsillo de sus pantalones una estela sencilla y básica no sin dificultad; esa ropa de cuero típica de los Nefilims no era para nada cómoda. Había encontrado la estela en una de las habitaciones para huéspedes dispuesta para cualquiera que la necesitara; todo el instituto estaba lleno de estelas, y él que había pensado que sería más difícil hacerse con una.

Había pasado casi toda la noche dibujando en papel la runa que había visto a Isabelle hacer la tarde anterior. No era un dibujo fluido, pero estaba seguro que era un trabajo aceptable, solo debía darse prisa.

Tomó la estela entre sus dedos y pudo sentir como esta se activaba con su punta brillando en color azul. Sintió el calor suave en sus dedos y removió la estela entre ellos a escasos centímetros del cristal, indeciso.

Utilizar una runa era dar un paso atrás y volver a aceptar su sangre Nefilim, pero no hacerlo era fracasar a tan solo un par de centímetros de sus objetivos; podría intentar lanzar una silla a la estantería, pero si algo tan simple como eso pudiera romper el cristal, no se habrían molestado a cerrarlo con runas; al contrario, estaba seguro que habían puesto runas de fortaleza y protección en ellos.

Alargó la mano cerrando los ojos, mantuvo la punta de la estela sobre el cristal por lo que le parecieron horas, armándose de valor, convenciéndose de que, no importaba lo que trazara, él seguía siendo parte del pueblo Feéra. Con ese pensamiento, respiró profundo y trazó: líneas y curvas. Podía sentir el poder del ángel saliendo de él, de sus dedos. Sintió el aire faltarle en el pecho y apretó los dedos alrededor de la estela para obligarse a no soltarla, y con su otra mano se aferró a la escalera para no caerse; nunca antes había dibujado una runa con una estela, ni siquiera de niño; no había vivido como Nefilim el tiempo suficiente.

Cuando terminó soltó el artefacto que rodó por el suelo. Su respiración estaba agitada y sudaba frio, pero una sonrisa de triunfo lo embargó al escuchar el suave "click" del cristal al destrabarse.

Abrió los ojos apresurándose en abrir el cristal también y admiró los tesoros: eran hermosos. Deslizó la mano superficialmente por todos ellos, quería verlos, revisarlos; darse el lujo de apreciar lo que había logrado. Ignoró la botella cerrada con la esmeralda olímpicamente; era hermosa, sí, pero si algo le habían enseñado en Feéra era a no abrir ningún recipiente si no conocía su contenido, no quería liberar a algún demonio desconocido o una plaga peor, o quedar atrapado en lugar de algún genio malhumorado. En su lugar tomó la corona pequeña con el diamante enorme; era fea, el trabajo de alguna criatura que no apreciaban realmente la belleza, un duende quizás. La dejó en su lugar sin cuidado, tomando el ángel mecánico, pero fuera de su increíblemente complejo sistema de engranajes para las alas, no tenía nada de especial.

Tomó los dos anillos interesado. Ambos eran magníficos, el trabajo de las hadas en el dorado con forma de hojas era increíblemente hermoso, había escuchado de el: un anillo que permitía la comunicación mental; pero si solo había uno no le sería útil a la Reina Seelie. Lo devolvió, sus dedos deslizándose un poco más sobre su superficie apreciándolo, conseguiría hablar con Kaelie para preguntarle si lo quería también.

El otro anillo con el ligero brillo plateado, en cambio, le resultó más que conocido. Sonrió con satisfacción apretándolo en su palma hecha puño, y soltándose de la escalera tomó con la otra mano la tiara dorada con la gema negra. Un débil brillo naranja destelló en el centro de esta.

- Vaya, vaya - Well se sobresaltó casi cayendo de la escalera. Soltó la tiara a prisa dejándola en su lugar, para poder sujetarse. Escuchó la otra escalera siendo deslizada hasta él, y masculló una maldición al ver a Magnus sobre esta, cerrando el cristal de protección de los tesoros para luego saltar al suelo y mirarlo con el ceño fruncido y los brazos cruzados - Creo que tenemos a un ladronzuelo por aquí.

- ¿Bane, que haces aquí? - Preguntó Max intentando parecer inocente a pesar de que la forma en que Magnus lo veía le dejaba claro que no conseguiría escaquearse fácilmente.

- Eso te pregunto porque hasta donde sé, este no es el invernadero – dijo suspicaz - ¿Que buscas Well? - Preguntó. El chico sonrió casi angelicalmente, saltando de la escalera con gracia.

-Conocimiento y poder ¿No es eso lo que se busca en una biblioteca?

- Excepto porque los libros están por allá - Dijo señalando las estanterías de las paredes contrarías. - Y esa vitrina está protegida por un buen motivo - Max no se mostró ni un poco avergonzado.

-No solo en los libros se obtienen -Aseguró sonriendo de medio lado, poniendo su mano en frente y abriendo el puño, enseñando el anillo plateado. Magnus descruzó los brazos con sorpresa, reconociéndolo a la perfección: era el anillo con poder de transportarse que había pertenecido a Sebastian.

- Deja eso donde estaba- Ordenó dando un paso hacia él; el chico rio burlonamente dispuesto a marcharse, pero Magnus se interpuso intentando quitárselo. No es como si el anillo funcionara: desde la muerte de Sebastian, su anillo no había vuelto a funcionar; Magnus dudaba que se hubiese estropeado, podía sentir su poder mágico; no, era más como si se pusiera a hibernar en espera del regreso de su dueño; en cualquier caso, estropeado o hibernando, no iba a dejar que ese mocoso lo tomara.

- Suelta brujo.

- Deja el anillo – Forcejearon. Magnus frustrado, si tan solo tuviera seguridad de que al chasquear los dedos Max no saldría disparado por la ventana, se lo quitaría con su magia.

- ¡No les pertenece! - Exclamó Max arañándole - ¡No tienen ningún derecho a tenerlo! - Magnus le tomó de la muñeca intentando forzar su puño para que lo abriera - ¡Bash solo se lo daba a Alec!

El chico retrocedió para alejarse pisando la estela en sus pies. Magnus se apresuró a tomarlo de la camisa antes de que rodara escaleras abajo. Max observó al brujo con el corazón latiéndole a millón, no sabiendo si por el enojo o por el susto, y se soltó de un manotazo bajando las escaleras.

- Espera ¿¡Quién demonios es Bash!?- Preguntó Magnus apresurándose en bajar también las escaleras. Max le dirigió una mirada envenenada que él reconoció, la había visto antes, era un gesto que había visto en más de una ocasión en Sebastian. Abrió la boca en forma de O al comprender: él conocía ese apodo, lo había visto en la tumba de Sebastian. Sujetó a Max con fuerza de la mano hecha puño en que aun escondía el anillo - Fuiste tú, el que modificó la tumba, y el trébol...

Pero Max no respondió, en cambio mordió la mano de Magnus con fuerza; Magnus reaccionó por instinto con un manotazo que golpeó al chico en el rostro y él cayó sentado al no esperárselo, con un hilo de sangre de la nariz, mirando a Magnus con sorpresa, pero sin abrir el puño donde estaba el anillo.

- ¡Mierda! Max...

- Me golpeaste... -Dijo el chico con tono teatral.

- ¡Tú me mordiste! - Lo acusó el brujo mostrando la marca de media luna en su mano. - Dame ese anillo Max, o llamare a Maryse. - Pero el muchacho intentó mantenerlo alejado de si con patadas; Magnus masculló harto, chasqueando los dedos: si el mocoso quedaba inconsciente mucho mejor.

Pero en lugar de aparecer el anillo en sus manos, o dejar inconsciente a Max; los libros de las estanterías volaron de estas en dirección contraria estrellándose contra la pared con un fuerte estruendo. El brujo maldijo sonoramente, esa situación lo tenía harto. Max en cambio rio con burla.

- Creo que fallaste.

- Estúpido mocoso – Gruñó. Quiso acercarse, pero Max le atravesó el pie haciéndole caer. Magnus se lanzó sobre él, forcejeando una vez más, esta vez en el suelo; pensando que le habría convenido más simplemente acusarlo con Maryse y que ella se encargara...y de paso que le jalara las orejas y lo obligara a quitarle ese brazalete.

- ¡Suéltame! ¡Déjame!

- ¿Para qué quieres ese anillo?

-No debe estar aquí, le pertenece a Bash, ¡Suéltame! - Magnus logró inmovilizar una mano sobre la cabeza del muchacho sentándose sobre su abdomen para impedir que se incorporara.

- ¡Sebastian está muerto! - exclamó como si quisiera hacerle entender porque el muchacho hablaba como si aún no lo asumiera. - Y así va a quedarse - Sus palabras fueron un golpe para Max; el chico intentó darle un puñetazo con la mano que tenía libre, pero Magnus en cierta forma lo esperaba y le sujetó el puño inmovilizándolo también

- ¡Suéltame! ¡Suéltame! ¡Tú lo mataste! ¡Asesino! -Gritaba Max fuera de sí; sus ojos cargados de lágrimas de odio desconcertaron al brujo - Te voy a hacer pagarlo, ¡Suéltame! ¡Suéltame!

- Max escucha...

- ¡Asesino! ¡No te lo daré! - El joven rápidamente se metió el anillo entre los pantalones; más bien entre la ropa interior.

- ¿Acaso eres un niño? -Gruñó Magnus - ¡Sácalo de ahí!

- ¡Suéltame!

- Sácalo o lo saco yo - Lo amenazó; Max solo siguió gritando y Magnus jaloneó sus pantalones para quitárselos...

- ¡Déjame! ¡Suéltame! - Magnus maldijo, malditos pantalones Nefilims de cuero que no se soltaban cuando...

- ¿Que es todo ese escanda...? - La voz de Maryse murió en su garganta. Por una milésima de segundo Magnus se preguntó porque la mujer estaba tan pasmada por verlos pelear; tarde se dio cuenta de la estampa que presentaba con él a horcajadas sobre Max, inmovilizándole una mano por sobre la cabeza y luchando por bajarle los pantalones, no daba precisamente la impresión de una pelea, especialmente cuando el rostro de Max estaba marcado de lágrimas.

- ¿¡Que le haces a mi bebe!?- Saltó Maryse histérica. Max también se había quedado quieto por un segundo al no comprender la reacción de la mujer, pero rápidamente las lágrimas empezaron a inundar su rostro.

- Suéltame, suéltame...- Ya no exigía en su lugar el muchacho sollozaba. Magnus sintió como Maryse lo tomaba del brazo y lo apartaba de Max con fuerza inusitada.

- ¿¡Qué demonios está pasando!?

- M... me dijo que me parezco a Alec - Sollozó Max aun desde el suelo.

- Por favor Maryse, no creerás que yo...

- Pero yo no quiero...no quiero acostarme con él de nuevo.

Magnus abrió la boca y miró a Max incrédulo, sin saber que decir: estaba jodido.

- ¡¿De nuevo?! - El grito de la mujer debió escucharse en todo el instituto y si no, sin duda lo hizo la bofetada a Magnus. - Max sal de aquí, ve con Isabelle - Ordenó la mujer furiosa. El chico asintió obedeciendo, temblaba con pequeños espasmos de sollozos todo el camino a la puerta mientras se arreglaba los pantalones, pero justo antes de salir por esta, Magnus lo vio por encima del hombro de Maryse que estaba de espaldas al chico, como el adolescente volteaba en su dirección con una sonrisa de triunfo en su rostro ya sin lágrimas mientras hacía un gesto de despedida con la mano permitiéndole observar, antes de cerrar la puerta tras de sí, el anillo de Sebastian en sus dedos.

- Por favor Maryse, solo piénsalo ¡No puedes creerle a ese mocoso! – Exclamó

-Es mi hijo -Dijo ella seria - Y tú te has estado aprovechando de él - Estaba histérica - Confiábamos en ti Bane; Alec lo hacía.

-No metas a Alec en esto -Advirtió con voz seria.

- ¡Es su hermano! -Gritó furiosa- Alec ya está lo suficientemente mal sabiendo que lo engañaste para que encima sumes a Max a... - Maryse calló, Magnus casi podía escuchar el cerebro de la mujer haciendo conexiones - Es Max - Dijo en un susurro agudo, Magnus bajó la mirada - ¡Tu! ¡Cerdo! - Tomó uno de los libros arrojándoselo; Magnus apenas pudo esquivarlo, pero ella no se controló más, se lanzó sobre Magnus golpeándolo repetidamente - ¡Era Max! ¡El otro chico!... Todo este tiempo tu...te acostaste con él y... ¡Sabias que mi hijo estaba vivo! - Magnus la tomó de las muñecas intentando detenerla. - ¡Sabias de Max y no me lo dijiste!

- No sabía que era él y fue tu hijo en primer lugar quien se metió en mi apartamento a drogarme con ciruela de hadas – Intentó explicarse. Maryse se apartó de él con un resoplido, volviéndose en un instante para golpearle el rostro. Magnus sintió la sangre fluir de la nariz.

- Largo, no eres bienvenido en este instituto Bane, ni en la vida de mi familia.

- No eres quien para retirarme la entrada del instituto: ya no lo diriges Maryse – Dijo él serio – Y no serás tú quien me aparte de Alexander.

- Tienes razón, tú mismo lo hiciste. – Magnus sintió su acusación como un balde de agua fría. - Max no es un reemplazo para Alec, Bane – Magnus se detuvo en la puerta girándose a verla, sus pupilas de gato parecían dos rendijas debido al enojo.

- En lugar de enojarte conmigo ¿Por qué no buscas a tu querido bebe y le preguntas que pretende, no solo conmigo – Alzó su mano para dejar ver el brazalete- Sino con el anillo de Sebastian que acaba de robar de aquí mientras lo defendías?

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Sintió el agua recorrer su cuerpo, tenía ya mucho tiempo en la ducha, más del necesario, pero le daba algo de miedo salir porque eso significaría que estaría más cerca del momento en que irían por él, más cerca de enfrentarse a la posibilidad de volver a ser libre y por tanto más cerca de la posibilidad de que sus esperanzas fueran defraudadas; no por su padre, sabía que él haría todo lo posible por ayudarlo; sino por el resto del mundo de sombras que había sufrido debido a él, después de todo, sabía cuan intransigente podía ser la clave.

Le preocupaba emocionar a todos tanto como se había emocionado él mismo para que al final los esfuerzos fuesen en vano. Se había ilusionado, aun cuando intentó no hacerlo, se halló a si mismo durante la noche pensado en lo que haría al salir, iría a ver a Max, saber cuánto habría crecido, debía ser todo un adolescente. Había intentado imaginarlo, tan alto como el, con sus gafas gruesas que ocultaban sus ojos grises ávidos de lectura, se había preguntado si seguirían gustándole los mangas como de niño, o si habría podido tener acceso a ellos en todo ese tiempo. Se había imaginado también abrazando al resto de su familia, e incluso se había cuestionado la idea de volver al loft de inmediato.

- ¿Cuánto tiempo te piensas bañar? – Preguntó Maxxie aburrido, comiendo una barra de chocolate de las que había recibido en año nuevo, sentado sobre la cama de Alec. La voz del niño sacó al mayor de sus cavilaciones – Llevas ahí todo el día.

- Exageras –Contradijo Alec – No todos nos comportamos como gatos con miedo al agua – Aseguró por lo alto a la par que el sonido de la ducha cesaba y poco después Alec salió envuelto en una toalla – Tu también debes bañarte – dijo con una risita divertida al ver la cara manchada de chocolate del pequeño y chispeando agua en su rostro. Maxxie gritó dramáticamente tirándose a la cama cubriéndose con la colcha de Alec.

- ¡Me derritooooo!

- Dramático – Se burló – Max cuidado con la ropa – dijo rápidamente al ver que, en su escena dramática, el niño había pisado la manga de la camisa tendida en su cama. La apartó junto al resto de la ropa antes de que Maxxie quisiera ver el daño y manchara todo con chocolate.

Su padre le había enviado la ropa temprano alegando que sería la primera vez de Alec fuera de la ciudad silenciosa en muchos años, y debía dar una excelente impresión ante la Clave, de hecho, en la nota de su padre, este había puesto mucho énfasis en eso y como podía influenciar una decisión favorable.

El niño se apresuró en incorporarse recogiendo las piernas, aunque queriendo observar la ropa, Alec vio como ensuciaba con el chocolate la almohada tal como previó.

El chico Lightwood tomó también de debajo de la almohada el anillo Morgenstern que allí escondía, y observó por unos segundos el diseño de estrellas que acompañaba la "M" en el centro, pero negó con la cabeza, dejándolo donde estaba; no tenía sentido llevar el anillo de Sebastian, no tenía ningún tipo de interés para la Clave el ofrecérselo y al contrario, si lo descubrían con él; en vez de reducir su pena, la duplicarían.

Se dirigió con la ropa de vuelta a la ducha para colocársela. Era un conjunto casual de Nefilims, del tipo que usarían en una reunión de rutina de la clave, una que no estuviera marcada por la premura de un ataque inminente.

- Te vez bien – Aseguró el niño azul sonriendo al ver a Alec volver, arreglándose las mangas. El ojos azul sonrió en agradecimiento y Maxxie por el contrario se enserió – Espera ¿Qué celebramos?

- ¿Qué?

- Solo te vistes bien cuando Magnum te dice que lo hagas y trae ropa nueva para celebrar algo – dijo sabiamente.

- Siempre me visto bien – Se quejó Alec fingiendo ofensa. El niño lo miró con una ceja enarcada como diciendo "¿Hablas en serio?"

- ¿Yo también tengo que bañarme? ¡No quiero bañarme! – Se quejó de pronto poniéndose en alerta - ¡Ya me bañé ayer!

- Se supone que lo hagas a diario – Le informó Alec; el niño se quejó – Tranquilo, no tienes que bañarte justo ahora – Aseguró, porque no podía bañarlo: tenía que terminar de alistarse ya que irían a buscarlo en cualquier momento.

La idea lo estremeció, realmente iba a salir de allí; aceptaran o no el trato de su padre, el simple hecho de ir al Gard era salir, ver la luz del sol y, si tenía suerte, también el verdor de los arboles; y la idea le hizo latir el corazón con expectación.

- ¿Ah no? – Preguntó con desconfianza.

- No, yo… voy a salir por un rato Max – Dijo con cautela. El niño abrió los ojos con sorpresa y antes de que Alec pudiera preverlo, el niño saltaba de alegría.

- ¿Salir? ¿¡Vamos a ir al exterior!? ¡A la ciudad! – Alec se mordió el labio; realmente no quería romper su ilusión.

- No Max…Max escucha – Lo detuvo – Iré con la clave, pero no puedes acompañarme hoy – La sonrisa y la efusividad de Maxxie disminuyó de manera considerable.

- ¿Por qué? – La desilusión agudizó su voz y su labio inferior tembló. Alec suspiró sentándose a su lado junto a él en la cama.

- Ellos quieren hablar conmigo, Morita y quizás… - Alec dudó, no quería cargarlo de esperanzas para luego desilusionarlo, pero tampoco quería verlo tan triste – Quizás papá consiga que me dejen vivir afuera – Sin embargo, contrario a tranquilizarlo, sus palabras solo desbordaron gruesas lágrimas en el rostro de Maximum.

- Te vas…- Sollozó – Te vas… ¿Vas a dejarme? – Su voz estaba cargada de miedo; parecía querer echar a correr, pero estaba tan asustado que temía irse y no volver a ver a Alec.

- No Maximum, no es así – Negó rápidamente – Si me dejan vivir afuera yo vendré por ti de inmediato – Prometió – Te llevaré conmigo.

- ¿Vivir arriba? ¿Contigo y Magnum? – Preguntó entre hipidos. Alec asintió sin ocultar una sonrisa, porque no podía negar que la idea le hacía ilusión - ¿Lo…prometes? – Preguntó apuntándole con el meñique. Alec sonrió enlazándolo con el propio.

- Lo prometo –Aseguró, sellando la promesa con un beso en sus meñiques. Maxxie también la selló, lanzándose luego a por Alec y abrazándole del cuello, dándole un chocolatoso beso en la mejilla. Alec sonrió para sí, tenía un motivo más para dar todo de sí en la vista ese día.

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"Sácame de aquí"

Nada; no importa cuanto lo pensara mientras apretaba el anillo en sus manos, no desaparecía del instituto.

"Quiero ir a Edom, llévame con Sebastian"

Pero nada pasaba y él seguía caminando por los pasillos rumbo a la cocina. Había metido en problemas a Bane, serios problemas, pero tenía que salir de allí antes de que este le dijera a Maryse que se había llevado el anillo y esta quisiera obligarlo a devolverlo.

Maldijo por lo bajo al llegar a la cocina y ver a Jace, lo último que quería era tener que lidiar con él en ese momento. Intentó volver sobre sus pasos queriendo pasar desapercibido, pero no lo consiguió.

- Eh Max, ¿Quieres pelear? - El chico se sobresaltó ante la pregunta de Jace y rápidamente retrocedió tomando un cuchillo de la mesa de la cocina y empuñándolo en su dirección; recordando que su último encuentro no había terminado precisamente del modo amistoso. Jace alzó las manos en señal de rendición, una de ellas aun con su emparedado a medio comer - Ey, tranquilo, me refería a entrenar.

Max lo observó con desconfianza y Jace suspiró: había un tiempo en que ese muchacho lo había visto con admiración, pero ahora solo había desconfianza y rencor y no sabía porque, ni cómo ganárselo otra vez.

- Supongo que entrenare solo - Dijo bajando las manos y mordiendo su emparedado dispuesto a irse; deteniéndose con un suspiro, se suponía que él era el adulto, aunque a veces se le olvidase – Sobre como reaccioné ayer cuando estábamos con Robert; sé que no sabes cómo han pasado estos cinco años desde nuestra posición y… no debí sobresaltarme de esa forma – Se disculpó.

Max lo observó con ojos entrecerrados. Jace esperó una respuesta, pero al no obtenerla sus hombros decayeron disponiéndose a salir nuevamente.

- De hecho ¿Podemos ir juntos a Central Park? -Cuestionó Max de pronto, con duda - ¿Como cuando era niño? - El rubio parpadeó un poco confundido para luego sonreír abiertamente.

-Por supuesto - Dijo acercándose a Max para abrazarlo por el cuello; el más joven masculló algo, pero no protestó demasiado y en cambio salió del instituto junto a Jace. No es como si quisiera salir con él, pero Central Park era la entrada a Feéra que tenía más cercana, y él ya no recordaba cómo llegar al parque.

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Julian tomó el correo del día sentándose a la mesa de cocina con una mueca; estaba cansado por la última incursión nocturna para descubrir los asesinatos de hadas, pero aun así había despertado temprano, no era como si pudiera solo quedarse tirado en su cama y descansar cuando tenía un Instituto que mantener a flote y cinco hermanos de los que hacerse cargo.

Desechó la correspondencia promocional de la pizzería de Nightshade y puso a un lado la carta de la tía abuela Marjorie para leerla luego; enfocándose directamente en el sobre con sello oficial de La Clave; de hecho, había dos, uno dirigido a su tío Arthur y uno a su persona.

Tomó el propio; eso era extraño; la Clave nunca se dirigía directamente a él, todos los asuntos del instituto eran enviados a Arthur. Así que lo abrió con curiosidad para leerlo, era una citación de apelación.

Julian leyó toda la citación "revisión de caso" "Alec Lightwood" "Solicitan su presencia" apretó los puños arrugando la carta. ¿Era en serio? ¿Apelarían a una sentencia más corta?

Ahora entendía porque lo convocaban; él había declarado en el juicio de Alexander Lightwood, había sido un testigo que la defensa utilizó en beneficio del muchacho, eso no le había agradado en su momento, que usaran su declaración con la espada mortal para bajar la sentencia, pero no había podido hacer nada al respecto porque todo lo que dijo era la verdad y Alec había salido mejor parado de lo que él hubiera deseado, ¿Y aun así le pedían que fuera y aceptara que rebajaran su condena?

Con la quijada tensa revisó el sobre dirigido a su tío notando que este contenía el mismo citatorio; y los dejó sobre la mesa disponiéndose a preparar el desayuno para todos. No iría a Idris, no creía que ningún Nefilim que hubiese sido atacado por Sebastian en aquel entonces diera un voto a favor, y él no estaba dispuesto a ir para que volviera a utilizarlo en pro del neoyorquino.

Cuando su familia entró en la cocina, los más pequeños exigiendo comida, él ya tenía el desayuno listo para todos y se apresuró a servirlo. Emma se dio a la tarea de ayudarlo, mientras que Mark intentaba seguir el hilo de la reseña que Drusilla le daba sobre el último libro que se había leído.

Emma colocó algunos panqueques en el plato de Cristina, tomando los papeles que sobre la isla estorbaban para el desayuno; no pudo evitar ojearlo y comentó pensativa.

- Hoy iré con Cristina a patrullar – Dijo; la latina asintió y Julian alzó la mirada en su dirección de inmediato, dejando de servirle el jugo a Livy.

- ¿Qué? Pensé que patrullaríamos juntos –Se quejó.

- Vas a estar ocupado – dijo mostrando el citatorio. Julian intentó tomarlo, pero Ty lo alcanzó antes leyéndolo con ojos escrutadores.

- ¿Apelaran al juicio de Alexander Lightwood? – Preguntó con sorpresa; todos los hermanos voltearon a verlo y luego a Julian, con diferentes grados de interés – Pero si ya va por la mitad de la condena.

- Yo también apelaría así me falte un día – Comentó Livy pensativa – Un día menos en la ciudad silenciosa es un día menos.

- Pero no es tu caso – La riñó Julian quitándole el citatorio a Ty – Y no saldrá. – dijo rotundo – Ya hizo suficiente daño, no puede salir de prisión tan fácil, así que no iré. – Masculló más para sí; Mark dejó sus cubiertos sobre su plato mirándolo con desconcierto.

- ¿Alexander Lightwood está en prisión? – Preguntó con sorpresa. Cristina no pudo contener más la intriga y preguntó a Emma por lo bajo quien era el chico del que hablaban.

- Lo sé, debieron quitarle sus runas y…

- No – Negó el rubio parte hada escandalizado por lo que escuchaba – Pensé…pensé que Sebastian lo había matado aquel día. – No tuvo que aclarar a que día se refería, el escalofrió general entre los hermanos dejó claro que todos recordaban la tarde que sus vidas había cambiado para siempre, cuando Sebastian Morgenstern los atacó.

- Si pues…resultó que se llevaban demasiado bien como para eso – dijo con amargura y agregó rápidamente – Este no es tema para tener durante el desayuno… Entonces ¿Ya terminaste el libro Dru? – El cambio brusco de tema fue bastante chocante para todos. Drusilla lo miró como si se preguntara si lo decía en serio.

- Si…yo…fue bueno y…

-Tienes que ir a Idris – Interrumpió Mark poniéndose de pie – Alec salvó a Octavian de Sebastian – El más pequeño se mostró confundido al verse directamente involucrado - Y gracias a él todos ustedes pudieron escapar.

- Por culpa de él perdimos a papá esa tarde – Siseó Julian enfrentándose a su hermano. - Y a Katerina y a ti.

- Jules…- Intentó calmarlo Emma, pero el castaño la ignoró, estaba enojado.

- ¡No!, él no sabe por todo lo que hemos tenido que pasar - Le espetó a la rubia - Tuve que matar a papá para mantenernos a salvo – Un quejido general se dejó escuchar en la cocina - Y Helen fue desterrada por intentar recuperarte; hemos tenido que vivir como huérfanos, hacerme cargo de todos... - Emma lo sujetó del brazo intentando calmarlo con ese simple gesto. Julian se contuvo respirando profundo antes de decir algo de lo que se pudiera arrepentir - Ya contribuí para que le acortarán la condena, no le ayudare en nada más porque no le debo nada. – dijo con molestia. Mark le mantuvo la mirada, sus ojos verde y dorado enfrentados con los ojos verde mar de su hermano menor. Julian que había conservado parte de su familia luego de esa tarde, solo podía ver todo lo que había perdido, pero él a quien le arrebataron todo en ese ataque vendiéndolo a la cacería salvaje, veía en las acciones de Alexander lo único que pudo conservar, lo que le dio fuerzas por años de cabalgata con la caza: sus hermanos.

- Bien, pero yo aún no le agradezco – dijo serio. – Iré en tu lugar.

Sus palabras tuvieron un efecto inmediato en todos los presentes que se incorporaron a prisa.

- ¡No puedes! – Gritaron los gemelos de inmediato.

- ¡No te involucres! – Exclamó Drusilla con miedo de que eso significara que no volvería a verlo.

- ¿Vas a dejarnos? Acabas de llegar – Se quejó Octavian.

- No creo que la Clave considere la declaración de un chico mitad hada – Aseguró Emma.

- ¡No dejes que vaya Jules! – Suplicó Drusilla. Julian miró al rubio con molestia por lo que había causado.

- No vayas – dijo Julian intentando que su voz no sonara como una orden.

- Las hadas debemos pagar nuestras deudas – dijo el rubio con voz solemne y cantarina del pueblo Fey.

- ¡No le debes nada! – Gritó el castaño exasperado.

- Eso no lo decides tu – Siseó Mark saliendo de la cocina. Los menores le gritaron que volviera, exigiéndole a Julian que no dejara que se marchara. El castaño se restregó el rostro dirigiendo una mirada de auxilio a Emma quien suspiró tendiéndole el citatorio. Julian gruñó en desacuerdo, pero aun así lo tomó saliendo tras Mark.

*.*.*.*.*.*.*.*.*.

No había sido difícil escaquearse a Jace en Central Park; solo una mirada de cordero pidiéndole que le comprara algunas crepas y helado y el rubio había corrido a complacerle mientras él corría en dirección contraria para atravesar la entrada a Feéra.

Se movió con sigilo entre el mundo que era su hogar porque no se suponía que estuviese allí, podía imaginar el escándalo que se armaría si alguien que lo conociera lo viera; si Kaelie lo veía.

Pero todo el camino transcurrió sin novedad alguna. Max marchaba tan a prisa como podía a través del camino que lo llevaría a Edom. Podía sentir el anillo de Bash en sus dedos, jugaba con él dándole vueltas sin parar mientras caminaba sintiéndose nervioso y a un tiempo feliz por haber cumplido con su misión.

Sebastian ya lo esperaba; su imagen se veía con mayor nitidez y fuerza; le sonreía de esa manera ladeada que lo hacía parecer un tiburón al acecho.

- Volviste antes de lo esperado

- Conseguí el anillo antes - Dijo orgulloso quitándoselo para tendérselo. - Pero me temo que no funciona: no pude hacer que me transportara.

- Funcionará – Dijo intentando tomarlo; pero sus dedos traspasaron el anillo. Max lo miró preocupado, pero Sebastian no lo parecía en lo absoluto, aunque quizás si contenía molestia.

- ¿No está funcionando? ¿El brazalete de Bane...?

- Lo está haciendo - Aseguró - Pero no tan rápido como quisiera.

- También traje esto – dijo el más joven sacando del interior de su bolsillo el sobre oficial de la clave y apresurándose a abrirlo para tender el papel ante Sebastian, donde pudiera leerlo. El rubio enarcó una ceja ante el citatorio.

- No lo leíste – No era una pregunta, pero Max negó volteando el papel hacía así, apenas y prestándole atención al ver tantas letras juntas y dejándolo sin cuidado sobre una de las rocas. Sebastian observó por un segundo el papel, con los ojos entrecerrados, pensativo: intentarían liberar a Alec, y si tenían éxito él tenía que darse prisa – Well, necesito que Bane haga mucha más magia.

- El brujo se está conteniendo para no herir a nadie - Explicó

- Provócalo entonces - Bramó. Max retrocedió, y el demonio se masajeó la sien intentando calmarse - ¿Acaso no quieres recuperarme, pequeño Well? ¿Recuperar parte de lo que te han quitado? - Max asintió fuertemente - Entonces haz lo necesario para que el brujo haga más y más magia: provócalo, causa lastima, sedúcelo; no me importa lo que hagas.

- No quiero volver a hacer eso – dijo débilmente – Él lastimó a Alec, ya lo intenté dos veces... apenas soporto estar cerca suyo.

- No me importa lo que hagas, pero su magia es la única forma en que recuperaré un cuerpo que pueda volver a esa dimensión - Dijo - Y solo así puedo devolver a la vida a tu hermano como hice contigo.

- Ellos... Ellos a veces hablan de Alec - Le comentó, porque era algo a lo que no dejaba de darle vueltas - Como si él estuviese vivo.

- Solo quieren jugar con tu mente - Le advirtió - Recuerda que fueron ellos quienes lo asesinaron; fue Jace quien utilizó el fuego celestial sobre Alec - Max apretó los puños - No espero que lo entiendas pequeño, después de todo tu no lo viste, no escuchaste sus gritos de agonía mientras se quemaba vivo, tu no viste el desprecio de tus padres y la risa de Isabelle. No estuviste presente cuando el brujo me apuñaló con ayuda de todos ellos: no solo fuimos Alec y yo, acabaron con Amatis, Bullheart, Andrew y todos los demás; no debes confiar en ellos Well, o terminaras igual que todos nosotros.

- Es solo que, la forma en que me recibieron; como me tratan...-Dijo intentando contener un sollozo.

- Solo juegan contigo, se aprovechan de tu mente débil - Rugió. Max se encogió y una vez más Sebastian tuvo que controlarse - A tus padres nunca les interesó recuperarte; ya te lo he dicho: tuvieron la oportunidad en Praga cuando coincidimos todos hace cinco años, pero no lo hicieron, no les importaste, y no les importas ahora Maxwell, ¿cuánto tiempo tuviste que esperar en Idris para que aceptaran el trato? Solo quieren usarte para llegar a mí. ¿Acaso no te lo han pedido ya?

El muchacho asintió, sentía un terrible nudo en su pecho y sus ojos grises inundados en lágrimas contenidas.

- Querían...querían que abriera tu casa para ellos.

- ¡Lo ves! Y tu idiotamente quieres volver a confiar en ellos -Dijo acariciando su rostro Max sintió esa sensación vaga del recuerdo de su tacto - No te merecen Well - Dijo más bruscamente y sus dedos presionaron fuertemente apenas traspasando el rostro y la sien de Max.

La mirada del chico se perdió en el infinito, velada por algo que solo él podía ver. No estaba ya en Edom, sino en el instituto, donde unas rápidas sucesiones de imágenes se sobreponían mostrándole todo lo que Sebastian le había dicho:

Podía ver a su hermano dormido, salpicado en sangre y con apariencia enferma; y Sebastian a su lado intentando alzarlo en brazo cuando una cadena morada que lo ataba al suelo se lo impidió; podía ver sus esfuerzos infructuosos en liberarlo, veía al rubio acariciando el rostro de Alec preocupado al ver el feo morado que Robert le había causado con un golpe, podía ver el caos de la batalla en el instituto, Sebastian luchando contra Jace; sus padres matando a los oscuros que por semana se hicieron cargo de él; vio a Magnus sobre Alec abofeteándolo una y otra vez, golpeándolo en el rostro con un puñetazo mientras este le suplicaba que se detuviera. Vio a Sebastian intentando hablar con Magnus y como este le escupía en el rostro; y a Isabelle atacando a Alec con su látigo, jurando que lo mataría cargada de odio.

Y vio a Jace, enfrentándose a Alec, y de pronto el fuego celestial cubría a su hermano por completo mientras gritaba de agonía. Y Max gritaba con él.

- ¡Basta, basta! - Cayó de rodillas, su rostro bañado en lágrimas amargas. El anillo había caído de sus manos y rodado un par de metros, pero a él no le importaba, sus manos hechas puños sobre la tierra agarrando un puñado de esta; estaba destrozado, roto en mil pedazos y el dolor en su pecho era insoportable - Basta, no quiero volver a verlo -Sollozó, con gruesas lagrimas cayendo sobre la tierra - Bash, por favor...ya no más... No más...

- Es necesario, para que no olvides a los responsables de todo nuestro dolor y sufrimiento - Él asintió; Sebastian llamó su atención para que alzara su rostro e hizo un gesto como si quisiera limpiar sus lágrimas - Los Nefilims no lloran.

- No soy un Nefilim - Dijo él con veneno en sus palabras y Sebastian sonrió mostrando todos sus dientes - Soy un hijo de Feéra, y como tal cobramos nuestras deudas.

- Entonces céntrate en conseguir que el brujo siga haciendo magia; y entonces te ayudare a cobrarles – Prometió.

- ¿Cómo? –Preguntó con determinación. - ¿Cómo lo hago? - Sebastian sonrió peligrosamente haciendo una seña con sus manos.

- Tendrás que estar dispuesto a hacer lo que sea necesario y aguantar un poco de dolor – dijo.

- Lo estoy – Aseguró - Puedo hacerlo - Sebastian sonrió saltando fuera de su alcance, sobre unas rocas donde podía observar perfectamente. Well lo miró confundido girándose a prisa al escuchar gruñidos a su espalda. Retrocedió al ver un par de ojos rojos acercándose desde la oscuridad. – Bash… - Llamó perdiendo la determinación y mirando al rubio que solo sonría – ¿Sebastian que…?

- Recuerda, lo haces por Alec – dijo este sin inmutarse. Sebastian vio a Well mirar la foto de su hermano y asentir cerrando los ojos con fuerza cuando la primera de las criaturas se lanzó sobre él.

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Al llegar al Gard, Alec esperaba ver la majestuosa estructura, los hermosos cuadros, ventanas que dieran a los campos de Idris; y en su lugar no pudo ver nada: la intensidad de la luz era muy fuerte para sus ojos acostumbrados a la penumbra de la Ciudad Silenciosa por demasiados años. Se protegió con las manos los ojos fuertemente cerrados; nunca creyó que la luz pudiera doler tanto.

- ¿Alec? – Escuchó la voz de su padre preocupado.

- Estoy bien…la luz – Explicó, abriendo los ojos lentamente, acostumbrándose poco a poco a la claridad. El lugar era majestuoso como recordaba, toda la sala gritaba grandeza a pesar de ser una de las más pequeñas del Gard y Robert había tenido en cuenta la petición de Alec dejando las ventanas abiertas, a través de las cuales pudo observar Idris, algunas casas a lo lejos; debían estar en uno de los pisos superiores, porque mucho más allá observaba el inicio del bosque Brocelind pero lo que le hizo perder el aliento fue el azul claro del cielo, era una mañana perfecta, sin nubes. La imagen lo conmovió, no se había dado cuenta de cuanto había extrañado apreciar el cielo, hasta entonces.

- Alec debemos movernos, la sesión ya va a comenzar – Le instó Robert. El chico asintió. Robert hizo un gesto al par de Hermanos Silenciosos que habían acompañado a Alec desde la Ciudad de Hueso. Los hermanos Enoch y Jonas salieron de la sala primero, el segundo llevando con solemnidad la espada mortal. Robert había solicitado la presencia de ambos, no solo por la espada, esperaba que los hermanos pudieran dar testimonio del buen comportamiento de Alec en la Ciudad Silenciosa; y sinceramente le rezaba a Raziel porque no consideraran tan importante el mal comportamiento que Magnus y Maximum solían mantener respecto a Alec.

Tras ellos salieron Robert y Alec, el más joven a pasos cortos, limitado por las cadenas que lo ataban de muñecas y tobillos. Su padre se acopló a su paso, y rápidamente se quedaron más atrás de los hermanos silenciosos.

- He preparado nuestro alegato – Le susurró Robert para no ser oído por nadie más – Digas lo que digas ahí dentro Alec, no lo contradigas.

- No lo haré – Aseguró escueto, estaba comenzando a ponerse nervioso con cada paso que daban.

- La espada alma no te permitirá mentir así que piensa bien tu respuesta y dime, ¿Crees que Sebastian pudiera darle a Max el acceso total de la casa? – Alec lo pensó muy bien, sabía que, de eso, de lo que realmente creyera dependería la respuesta que la Espada Alma arrancara de sus labios.

- No – Negó – Sebastian no les daba acceso a todas las habitaciones, tampoco podía entrar y salir cuando quisiera.

- ¿Y tú? Preguntó.

- A mi…me dio luego más libertades – Aseguró. Robert asintió y no dijo nada más; y cuando casi cinco minutos después llegaron hasta el salón principal, Alec podría jurar que se había quedado sin saliva en la boca.

Los hermanos silenciosos fueron los primeros en entrar; Alec pudo escuchar, al abrir la puerta, el bullicio del interior.

- Papá – Lo llamó de pronto, el nudo en su estómago no hacía más que crecer. - ¿Realmente crees que tengamos alguna oportunidad? – Porque desde el momento en que fue enviado a la ciudad silenciosa pensó que estar allí solo diez años era poco para todo lo que había hecho, pero ahora tenía muchos motivos por los cuales esforzarse en salir antes: Maximun, Magnus, Max.

- No es solo una oportunidad – Aseguró él con un apretón de apoyo en su hombro – Vamos a conseguirlo Alec, ya verás. – El muchacho le sonrió y su padre estrujó sus mejillas con un resoplido – Tienes un beso de chocolate – dijo rodando los ojos intentando quitárselo.

El comentario ayudó a Alec a sonreír y relajarse un poco para entrar al salón de reunión donde el bullicio le aturdió; tal como ocurrió durante su juicio, estaría frente a toda la Clave. Caminó intentando no observarlos podía escuchar comentarios hirientes de algunos y otros de sorpresa o duda. Le alivió ver que la chica del instituto de Londres había dejado las muletas, pero perdió el aliento cuando su mirada notó a Julian Blackthorn; el muchacho había crecido mucho, pero su mirada seguía expresando el mismo resentimiento de antaño. Habría esperado ver a su tio Arthur junto a él, pero al lado del chico estaba en cambio un rubio que reconoció a la perfección: Mark, sus rasgos Seelies se veían más marcados, y Alec podía jurar que el color de sus ojos había cambiado; sintió un fuerte alivio en su pecho que no fue nada comparado al ver que Mark le dirigía una ligera sonrisa de ánimo, desconcertándolo.

Desvió la mirada avergonzado, continuando el camino junto a su padre hasta el centro del recinto, notando que, de hecho, había rostros que no veía.

- ¿Dónde está Jace? ¿Y mamá?

- Pensé que querrías darle la sorpresa – dijo Robert por lo bajo intentando no sonar sospechoso. Lo cierto era que había enviado la convocatoria al instituto de New York como se requería, pero no habían obtenido respuesta; sabía que no había casi nada en el mundo que hiciese a Jace pasar por alto algo referente a Alec, por lo que temía que hubiese ocurrido algo en el instituto, quizás algún problema con Max. - ¿Y Magnus? – Cuestionó al ver que el escaño de los brujos no estaba ocupado por el de ojos de gato, sino por una bruja con bigotes de gato y orejas de murciélago. Alec enarcó una ceja, recordaba que Maxxie la había mencionado alguna vez.

- Permiso temporal – Alcanzó a susurrar Robert antes de enderezarse y plantar una mirada seria al resto del Consejo. Alec también se irguió, podía ver miradas de disgusto por parte de Lily, neutrales en Luke y Jia o de profundo aburrimiento en la bruja. Como fuese, eso apenas iba a comenzar.

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Dio un paso al frente y luego otro; no sabía cómo podía seguir andando: sentía las piernas cada vez más entumecidas y húmedas por la sangre; y la mirada se le hacía de a poco más opaca, reduciendo su campo de visión. Tenía frio, y a un tiempo el cuerpo le ardía como el infierno mientras temblaba violentamente. Tenía que esforzarse solo un poco más, no importa que el dolor lo estuviese partiendo en dos, todo habría valido la pena; solo necesitaba las fuerzas para no desfallecer en plena calle y alertar a los mundanos.

Le había prometido a Sebastian que lograría que Bane hiciera mucha más magia, y pensaba cumplir porque era lo que debía hacer para tener éxito, para recuperar a Alec, y porque era la única opción que tenían como bien el rubio le había recordado.

Había pensado en mantenerse quieto, había intentado huir; había querido enfrentarse a ellos, lanzó una piedra al demonio más grande, con forma de perro con ojos rojos y cola que terminaba en mazo; e intentó escapar del ogro. No eran criaturas inteligentes, pero si realmente fuertes por lo que su intento fue en vano; no pudo siquiera preguntarse qué hacía una criatura Fey allí, cuando el primer zarpazo del demonio Hellhound se deslizó en su espalda desgarrándola, olvido cualquier rastro de dignidad gritando por ayuda, suplicándole a Sebastian que los detuviera.

- Sabes que no te haría daño real Well – Aseguró este con tono falsamente amable. El aludido quiso decir algo, pero el grito de dolor al recibir el golpe del ogro, se lo impidió. Sebastian desvió la mirada, pero siguió hablando – Piensa en esto como la batalla del pequeño Max contra aquel duende en Central Park: saliste herido entonces, pero te coloqué una Iratze y comiste helado.

-Botaste la mitad de mi helado – Masculló gritando adolorido cuando la cola del demonio le impacto y luego otro zarpazo del ogro. Sebastian no respondió a eso de inmediato, aun sin mirarlo; Well no supo cuánto tiempo pasó, recibiendo un ataque y luego otro, con los gruñidos del Hellhound y las risas del ogro; el dolor se hacía cada vez más desgarrador e insoportable.

Ya basta. - Siseó el rubio. El demonio se detuvo en medio de un zarpazo y retrocedió bajando la cabeza con sumisión mientras que el ogro rugió golpeando a Well en el costado - ¡Dije basta! – Rugió tomando una pequeña piedra en una mano, y saltando ante el par de criaturas, interviniendo entre estas y Well que estaba abrazado a sí mismo en posición fetal cubierto de sangre. Los ojos negros de Sebastian parecían un peligroso abismo más que nunca. El demonio retrocedió un poco más, con miedo; dejando solo al ogro quien gruñó con prepotencia.

- No estoy aquí para obedecerte -Gruñó - Solo sirvo a mi Rein...

Well gimió adolorido encogiéndose al ver como Sebastian se movía rápidamente arrojando la piedra; él no podía tocar a la criatura que no pertenecía a Edom, pero la piedra sí que pudo atravesar su cráneo y al segundo siguiente el cuerpo sin vida del ogro caía al suelo.

Si no sabes obedecer, no me sirves de nada – Siseó dirigiendo una mirada de advertencia al demonio antes de girarse hacía el chico, acercándose a él.

El rubio tomó a Well del hombro como si intentara ayudarlo a incorporarse. Well sintió su tacto, Sebastian no podía sujetarlo aún, pero él podía sentirlo, aun con su cerebro gritando de dolor podía sentir la piel del rubio con más firmeza que antes, como algo más que un vago recuerdo.

Con renovadas fuerzas se incorporó, porque todos sus esfuerzos estaban teniendo frutos, solo necesitaba esforzarse un poco más.

Sebastian no lo soltó, su rostro sonreía, y al hablar su voz metálica contenía cierta gracia mientras retomaba el tema anterior.

- Y por si no lo recuerdas, después de eso te llevé a un parque en Tokio.

No había sido fácil llegar hasta Brooklyn, pero ya no importaba cuando finalmente alcanzó la puerta del edificio y prácticamente se derrumbó en las escalinatas; no podía subir las escaleras. No culpaba a Sebastian, pero quizás se le había pasado un poco la mano esta vez.

Se arrastró por las escalinatas como pudo, el rastro de sangre en el suelo se hacía cada vez más notorio; se acopió de todas sus fuerzas para incorporarse y llamar al timbre, pero sintió que las piernas le flaqueaban y cayó despatarrado con un quejido lastimero.

- ¿Quién osa a molestar al gran brujo? - Se escuchó el intercomunicador.

- Ayúda...me - Su tono lastimero se apagó. Cayendo nuevamente; su campo de visión se fue achicando más sin embargo sonrió débilmente sintiendo el triunfo cuando lo último que vio fue el preocupado rostro de Magnus Bane acercándose, antes de caer en la inconsciencia.

*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*

Se recargó sobre el respaldo de la silla observando con cansancio la gran cantidad de libros tendidos sobre la mesa frente a ella. Estaba agotada, había leído todos los libros de la biblioteca del Laberinto Espiral que se le ocurrieron, pero no conseguía nada sobre lo que buscaba.

La idea se le había ocurrido luego de que Magnus asegurara que no solo había un brazalete sino un anillo y un collar con las mismas características. Ella había escuchado hacía muchos años una leyenda sobre cuatro joyas con la capacidad de afectar a los brujos, menguar sus poderes y proteger a otros seres de la magia de estos. Por milenios muchos brujos se habían dedicado a buscar las nombradas Joyas de Edom sin éxito, y ahora mientras Catarina observaba el centenar de libros en la biblioteca con desaliento, se preguntaba si alguno habría tenido éxito si quiera de encontrarlas en algún texto.

El tema de las joyas nunca había llamado su atención; pero si el fulano criado de hadas estaba usando una con Magnus, tenía que saber ante que se estaban enfrentando, porque nada con el nombre de Edom podía tener un buen propósito.

Movió las manos para hacer que los libros volaran a las estanterías de donde los había sacado. Había buscado en libros sobre objetos encantados por brujos, libros sobre mitos, libros sobre problemas con la magia, pero no había encontrado nada, ni una referencia si quiera.

- ¡Ey Cat, cuidado! – Se quejó un viejo brujo con piel atigrada: Buck; era el encargado de mantener el orden en la biblioteca del laberinto desde que Catarina tenía memoria. La bruja azul le dirigió una sonrisa apenada, ese lugar es un santuario a milenios de conocimiento sobre la magia, no era para hacer volar libros sin cuidado - ¿Qué tanto buscar? Tienes casi un día aquí.

- Estoy buscando algo… - El brujo enarcó una ceja como diciendo "vaya, ¿en serio?" mientras se sentaba junto a ella en su mesa de estudio – Unos objetos encantados, unas joyas.

- Hay muchos libros sobre eso – Aseguró – Pero si sabes qué tipo de joyas o qué tipo de encantamiento tenían, podría ayudarte a reducir la búsqueda.

- El tipo de joyas que afectan la magia de otro brujo – dijo – Que la inhibe.

- No tenemos tanto poder – Aseguró él – Al menos no sin la ayuda de algo proveniente de la dimensión demoniaca de la que provienen nuestros padres.

- ¿Y si es Edom? – Preguntó intentando concentrar sus ideas. – Unas Joyas de Edom que permitan…

- ¿Las Joyas de Edom? – El brujo había palidecido ante la mención y Catarina tuvo que reconocer que el gesto le asustó: eso no podía ser algo bueno para Magnus.

- ¿Sabes algo sobre ellas?

- Solo sé que, si de verdad existen, no debemos buscarlas a menos que sea para intentar destruirlas – Aseguró serio. - No solo pueden hacernos daños a nosotros, sino a todo el mundo de sombras, incluyendo los Nefilims.

- ¿A qué te refieres?

- No sé mucho del tema – dijo serio. Catarina enarcó una ceja con incredulidad porque era obvio que mentía – Pero sé que eres una bruja sensata Cat…- dijo chasqueado los dedos, un libro viejo con cubierta de cuero de demonio apareció en la mesa frente a la mujer – Lee lo que necesites, pero recuerda que a veces hay buenos motivos porque las cosas perdidas se queden así.

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Se apresuró en mezclar ingredientes a prisa mientras chasqueaba los dedos y un recipiente con escama de cómodo estallaba, maldijo, volviendo a chasquear los dedos sonriendo con un destello de triunfo al ver que la superficie de la poción se cubría de fuego azul.

Tomó un poco en un vial y corrió a su habitación; su cama era un alijo de sabanas y sangre y en el centro estaba Max; el chico había aparecido en las escalinatas de su Loft hacía no más de diez minutos y Magnus no había tenido tiempo a pensarlo, lo tomó en brazos subiéndolo a prisa al loft; estaba tan herido, se notaba a legua que había perdido mucha sangre, sabría Lilith desde donde había estado caminando.

- Vamos Max, ni se te ocurra morir en mi departamento - Susurró Magnus inclinándose junto a él para verter el contenido del vial en su boca con cuidado - Tu familia va a matarme si mueres aquí.

Chasqueó los dedos intentando que el vial volviera a llenarse de poción, en cambio estalló. Maldijo, no se atrevía a usar su magia directamente sobre Max por miedo a empeorarlo todo, pero algo tenía que hacer. Había incluso considerado la idea de llevarlo a un hospital, pero la desechó al ver sus heridas:

Max tenía la espalda prácticamente desgarrada por zarpazos, y se habían reabierto algunas heridas de los latigazos que recibió en Feéra hacía no mucho tiempo. Magnus no podía precisar que lo había lastimado de esa forma, pero por la apestosa supuración violeta y el tamaño de las heridas, se atrevería a decir que había sido un demonio realmente enorme que, al menos, parecía no ser venenoso.

Tenía también unas heridas más superficiales en el abdomen y un par más en el brazo; y muchos golpes que lo hacían preguntarse dónde había estado para que lo atacaran de esa manera en primer lugar.

Volvió a la cocina para hacerse con más poción, le había costado al menos cinco intentos enviar un mensaje de fuego a Catarina pidiendo su auxilio, pero la bruja no había contestado, suponía que quizás el mensaje no le habría llegado en el laberinto espiral, dudaba que su magia tuviese la fuerza para atravesar las salvaguardas del lugar; había intentado llamarla al celular sin ninguna esperanza de que contestara y él se empezaba a desesperar. Había llamado también a Malcom, pero este había dicho que tenía a su propio Nefilim moribundo al cual sanar en ese momento.

Llenó tres viales de una vez y tomó la olla con el apestoso emplaste que cocinaba con la poción mascullando algo sobre como ya lo habría curado si tan solo le quitara el maldito brazalete.

Hizo a Max tomar otra dosis de poción; haciéndolo girarse sobre la cama para dejarlo boca abajo, el joven emitió un bajo gemido de dolor a la vez que Magnus silbaba de sorpresa: algunas de las secreciones supuradas habían cambiado de color se habían vuelto naranjas; y si algo sabía, las heridas de demonio no cambiaban de color.

- Oh por Lillith, sé que me arrepentiré de esto – Lamentó el brujo acercando el rostro para olfatear la secreción naranja, no olía mal como las que seguían violetas; al contrario, tenían cierto aroma a… ¿Campo?

Frunció el ceño separándose a prisa. Bien que seguía sin saber que demonio había sido, pero esas heridas naranjas eran de una criatura del pueblo Fey, un ogro quizás. Enarcó una ceja, ¿Había sido atacado por el Reino Seelie? ¿O se había visto envuelto en una batalla de reinos?

Tomó el paño que cubrió en poción para limpiar las heridas; era una tarea completamente asquerosa, pero al menos consiguió que las heridas de la criatura Fey dejasen de supurar. Las de demonio por el contrario seguían haciéndolo, aunque en menor cantidad.

Chasqueó los dedos una vez más intentando hacerse con un diagnostico mágico del chico. Estaba estable y por ahora eso era suficiente, pero lo mejor sería que lo llevara al instituto para que lo chequearan.

Se deshizo de la toalla, y chasqueó los dedos distraídamente para invocar una nueva; en su lugar el televisor se encendió con el volumen al máximo. Presidente Miau saltó del susto, maullando con molestia mientras salía de la habitación. Magnus masculló algo levantándose para apagarlo y tomar una toalla nueva, se dirigió al baño y tomó un recipiente con agua para volver al lecho de Max. Si el muchacho estaba estable no había motivo para llevarlo ensangrentado al instituto: no estaba en los mejores términos con Maryse, pero no por eso quería causarle un ataque del susto, el corazón de la mujer no era tan joven como antes.

Se dio a la tarea de limpiar lo mejor que pudo la sangre en su cuerpo inconsciente y vendar sus heridas; era una pena que sus sabanas de algodón egipcio e hilos de oro no fuesen tan fáciles de limpiar, no le quedaba otra que deshacerse de ellas. Se concentró lo mejor que pudo antes de mover sus manos para retirar las sabanas ensangrentadas, supo que funcionó al verlas tiradas en el suelo. Pero luego de cuatro intentos aceptó que no podría poner las nuevas sabanas baratas con su magia.

No fue fácil hacer la cama con el muchacho allí acostado cuidando de no molestarlo demasiado, pero al terminar dejó a Max boca arriba apoyado en sus almohadas y lo cubrió con la colcha antes de tomar todo los paños y sabanas sucias y hacerlas bolita para salir del loft y tirarlas por el bajante. Fue una experiencia nueva, nunca antes había necesitado deshacerse de la basura por allí, y le habría gustado que su primera vez no fuese para tirar sabanas de casi tres mil dólares. Suspiró, ahora lo único que necesitaba era un baño.

Magnus intentó llamar a Jace antes de entrar a la ducha, pero el rubio no contestó. Suspiró y se adentró a la ducha del baño de visitas, no se sentía cómodo usando el suyo teniendo a Max en su habitación. No fue sino hasta que sintió el agua bañando su cuerpo que notó lo tenso que se sentía. Había sido un día rudo y se volvería peor: Maryse lo odiaba y el dolor del puñetazo en su rostro se lo recordaba, Isabelle lo odiaba y era cuestión de tiempo para que Alec lo odiara.

Se tomó su tiempo en el baño, pensando en que hacer y por momentos no pensando. No tenía ya como seguir escondiéndose: llevaría a Max al instituto y buscaría la manera de colarse en la ciudad silenciosa aun sin el permiso que Jace tramitaba, para hablar con Alec quisiera o no, debía hacerlo antes de que Maryse fuese con él.

Salió de la ducha con el albornoz cuestionándose si tendría alguna muda de ropa en la habitación de huéspedes o si podría hacer aparecer alguna suya sin estallar su closet cuando alguien llamó a la puerta de su loft; se restregó el rostro agotado, la ducha apenas y lo había hecho sentir un poquito mejor.

Pensó en ignorarlo. Solo le interesaba si era Catarina, y en cuyo caso la de piel azul abriría la puerta ella misma presumiendo de su magia en buen estado; sin embargo, la insistencia llamó su atención: quienquiera que fuera tocaba como si no quisiera causar molestias, y generalmente ni los molestos Nefilims que lo frecuentaban, ni sus clientes, tocaban así: ellos solían ser mucho más demandantes.

Se dirigió a la puerta viendo como Presidente Miau se levantaba a prisa de su camita y corría también a la puerta. El gato olfateaba por debajo de la rendija para luego arañar la puerta desesperado.

- Pareces un perro – Se burló Magnus con una risita llegando hasta allí dispuesto a abrirla - ¿Quién osa molestar a...?-Pero su voz murió en su garganta al ver frente a si, la sonrisa avergonzada del hombre al que no esperaba por al menos otros cinco años - ¡Alexander!

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¡Alec! Sep, ahí está n.n vaya sorpresa que le da a Magnus n.n ya algo bueno tenía que pasarle ¿no? Jajaja en fin y ese Max… pobre… me dio cosa volver a lastimarlo en este fics x.x pero tiene una misión importante que cumplir… jeje lo curioso de lo que Sebastian le mostró es que nada es mentira… pero bueh, por motivos obvios el próximo cap se llama "Regreso" será un capi bastante emotivo y esclarecerá que pasa con el brazalete en la mano de Magnus.

Nos leemos pronto

Besos :3