No sé por qué creí que había publicado este capítulo. Lo tenía escrito desde hacía una semana. Pasa que publico en otro sitio además de este y creo que se me mezcló todo. Espero que no vuelva a pasar.

Kaiser: Oak será un gran aliado de James y compañía, te lo aseguro. Y ni me hables de Sol y Luna. Hace rato que le perdí el interés al animé.

Tommi: Tiempo a tiempo. Odio ser vueltera, así que tal vez todo se solucione rápido. Vamos a ver como les va en Ciudad Oscura.

Capítulo treinta y siete

Un pequeño incidente

A la mañana siguiente, cerca del mediodía, el grupo compró las cosas necesarias en la ciudad, principalmente comida y pociones para pokemón. Extrañamente, Jessie se compró una montura para pokemón y unas riendas.

—¿Para que vas a comprar eso? —le preguntó James.

—Más tarde sabrás por qué —le respondió Jessie, con una sonrisita misteriosa.

Cuando terminaron de hacer todas las comprar y asegurarse de que no faltaba absolutamente nada, salieron de Ciudad Carmín, listos para dirigirse a Ciudad Oscura.

—No pienso caminar un minuto más —dijo Jessie, deteniéndose cuando no habían pasado ni cinco minutos desde que habían entrado al bosque. Sacó una pokebola del bolsillo—. ¡Yo te elijo!

No fue ni Lickitung ni Arbok el que salió de la pokebola. Era un Tauros enorme y con aspecto de ser bastante fuerte. Golpeó el suelo con una de las patas delanteras un par de veces y mugió con una voz potente. Jessie se acercó al Tauros y le acarició el hocico.

—¿Pero que demonios…? —James ni siquiera pudo terminar la frase de la sorpresa.

—¿Cuándo atrapaste a ese Tauros? —preguntó Ash, con los ojos muy abiertos.

—Intercambié a Lickitung por un Tauros de Gary —respondió Jessie de manera distraída, mientras intentaba colocarle la montura que le había comprado.

—Pudiste haberme pedido un Tauros a mí —le recriminó Ash, algo molesto.

—¿Tenías un Tauros? —le preguntó James.

—Tengo muchos Tauros que atrapé en la Zona Safari.

A James le dio un escalofrío al recordar a ese viejo loco. Tranquilamente pudieron haber muerto ese día si ese tipo hubiese querido llenarles el cuerpo de plomo.

—Pero nunca me ofreciste ningún Tauros —le replicó Jessie—. ¿Ves? Tu novio Gary es más atento que tú.

—¡No es mi novio! —chilló Ash, mientras pataleaba en el suelo.

—Cálmate, que se te van a romper las zapatillas si sigues zapateando tanto —se burló ella. Terminó de colocarle la montura y se dirigió al Tauros—. Agáchate.

El Tauros obedeció y se acostó, con el vientre pegado al suelo. Ella pasó una pierna por encima de del pokemón y se sentó en la montura. Se sujetó con fuerza de las riendas—. Cubone, ven aquí.

El pokemón tipo Tierra corrió hacia ella y se trepó a la montura. Jessie lo acomodó como pudo delante de ella.

—Ahora levántate, pero con cuidado.

El Tauros obedeció y se levantó, con mucho cuidado, hasta quedar totalmente de pie.

—¿Todos listos? —preguntó Jessie—. Vamos entonces.

Todos empezaron a caminar hacia el interior del bosque. James aún no se podía creer que había intercambiado su Lickitung por un Tauros, pero Jessie nunca había tenido una conexión con él, así que tal vez fuera mejor así.

Al rato de estar caminando, Brock miró a Jessie montada en su Tauros y se rio.

—Te pareces a una de esas reinas de belleza que ganaron la corona en un concurso de pueblo —le dijo.

—Yo no parezco una reina, SOY una reina, querido —le replicó Jessie, con una sonrisa de superioridad. De golpe, comenzó a dar besos al aire y a saludar a un publico invisible— Admírenme, mis leales súbditos, admiren a su reina y señora.

Todos comenzaron a reírse.

—Claro que sí, Su Majestad —le siguió el juego James. Se puso a la par de Jessie y le besó la mano. A Cubone no le causó gracia, ya que intentó golpearlo con su hueso.

—¡Cubone, bon bon! —le gritó, blandiendo su arma hacia James de manera amenazante.

—Dice: No toques a mami —tradujo Meowth.

—No voy a hacerle nada —le dijo James.

Cubone negó con la cabeza y lo siguió amenazando con su hueso.

—Dice que… que le vas a hacer cosas malas, como las que le hicieron a él.

Jessie suspiró y acarició la cabeza de Cubone para tranquilizarlo.

—El no va a lastimarme. El es mi pareja, ¿entiendes?

Cubone negó con la cabeza, confundido.

—Él es alguien que siempre va a estar cerca de mí para protegerme. Si yo confío en él, tú también deberías confiar.

Cubone miró a Jessie primero y luego a James. Muy despacio, bajó su hueso, pero lo siguió aferrando con fuerza, sin confiar del todo.

James se desentendió de Cubone momentáneamente y miró a Persian, este caminaba a su lado, manteniendo una distancia de casi tres metros. Por momentos le daba la impresión que el Persian lo miraba cuando James no lo estaba viendo, pero puede que fuera su imaginación.

A las tres de la tarde, se detuvieron en un claro del bosque y decidieron almorzar allí. Jessie y James decidieron que era el mejor momento para presentar a los nuevos integrantes del equipo.

—Arbok, Lickitung no está más con nosotros —le explicó Jessie—. Lo intercambié por Tauros, quien va a ser el encargado de llevarme.

Arbok se acercó a Tauros y se puso a la altura de sus ojos, sacando y metiendo la lengua. Hizo un gesto de asentimiento, como si aprobara su entrada al grupo y tomó una pose más relajada, mientras siseaba algo.

—Arbok dice que nunca le cayó bien Lickitung y que bien que lo hayas cambiado por alguien más útil —tradujo Meowth.

—Y este es Cubone —el pokemón tipo Tierra miraba a Arbok desde las piernas de Jessie—. Ve a saludarlo, Cubone.

Jessie lo empujó con el pie para que se acercara a Arbok. La serpiente se agachó hasta quedar casi contra el suelo para mirarlo a los ojos. Cubone se sintió tan intimidado que se puso a llorar y se aferró a la pierna de Jessie, llorando.

—No llores —Jessie intentó agacharse, pero no pudo, así que se quedó de pie donde estaba—. Arbok puede dar un poco de miedo, pero es un pokemón bastante cariñoso.

Como si quisiera probar el punto de Jessie, Arbok se acercó a su entrenadora y se refregó un poco contra su hombro.

—Arbok… —suspiró Jessie, acariciándole la cabeza. Cubone lo miraba, intrigado a través de sus lágrimas.

Tauros y Cubone también fueron presentados a los pokemón de James, quienes los recibieron de manera cálida y afectuosa. James aprovechó y también presentó a Persian como un "compañero temporal". El felino fue bastante seco con la bienvenida de los pokemón y luego se fue a recostar cerca de un árbol para dormir una siesta. James también les contó sobre la Bulbasaur y que la conocerían muy pronto.

Todo muy tranquilo… pero la tranquilidad nunca duraba mucho en el grupo.


Lunita estaba jugando con Nina, cuando sus ojitos azules enfocaron una suculenta baya colgada de lo alto de una rama. Se veía tan deliciosa (de un suave color naranja) que intentó treparse por el tronco. Demás estaba decir que nunca había trepado antes a un árbol, solo a la pierna de James o incluso el largo cuerpo de Arbok. No pudo subir ni un metro cuando sus pequeñas uñas no pudieron sostenerla y cayó de espalda al suelo. No se hizo daño, pero la frustración la hizo llorar. Eso fue suficiente para su padre, quien dejó el libro de nombres que estaba leyendo para ir a consolarla.

—¿Qué sucede, cariño? —Meowth la estrechó contra su cuerpo para calmarla.

—Q-quiero es-sa ba-bayita —gimoteó Lunita, señalando con su patita una baya Meloc.

—¿Quieres que papi vaya a traerla?

Lunita estaba por responder, pero se interrumpió cuando vio a Persian levantarse y caminar con lentitud hacia ellos.

—Iré yo — se ofreció Persian. Meowth iba a replicarle que podía bajarla él mismo, pero de inmediato se calló. Mejor dejarlo que lo haga. Tal vez necesitaba hacerlo y sentirse algo más normal. El árbol no era tan alto como para que pudiera matarse, así que no había problema.

El Persian trepó por el tronco de árbol, ante la admiración de Lunita, quien lo miraba embelesada. Meowth se molestó un poco. Él tenía que ser el objeto de admiración de su hija, pero reprimió sus celos. Él era el padre de Lunita y nadie podía competir con eso.

Persian logró llegar a la rama donde colgaba la baya. Se agarró de la rama con todo su cuerpo y, con una uña, logró tirar la baya al suelo. Lunita dio un chillido de alegría y se arrojó sobre la baya.

—¡Bayita, bayita! —gritaba, como si se hubiera ganado cien millones de yenes—. ¡Eres el mejor, Persian!

Persian no respondió. Cuando Meowth miró hacia arriba, vio que estaba muy tieso, abrazado a la rama con toda su fuerza. Tendría que haberlo visto venir, pensó.

—¿No puedes bajar? —le preguntó. No quería burlarse, solo constatar si estaba bien.

—¡NO PUEDO BAJAR! —gritó, aterrado. Su voz sonó como un maullido estridente, lo cual hizo que todos pararan de hacer lo que sea que estuvieran haciendo para ver que sucedía.

—¿Qué pasa? —preguntó Ash.

—Creo que Persia acaba de recordar que le teme a las alturas —murmuró Meowth.

James se puso al lado de Meowth y miró a Persian como si analizara la situación. Después de unos segundos, se dirigió a Arbok:

—¡Arbok, ven aquí!

Como si se tratara de su propia entrenadora, la serpiente fue lo más rápido posible hacia él y se puso firme, esperando una orden.

—Sube una rama más arriba de Persian. Yo me colgaré de tu cola e intentaré no hacer demasiado peso, ¿entiendes?

Arbok solo asintió sin chistar. Se trepó por el tronco con lentitud. James lo tomó de la cola y comenzó a usarlo como una soga que alguien tiraba desde arriba.

—¡LA RAMA SE VA A ROMPER! ¡SE VA A ROMPER! —gritó Persian.

—Tranquilízate —le decía James, mientras subía—. Te voy a sacar de esta.

—¡SE VA A ROMPER! —siguió maullando el Persian.

James siguió subiendo y subiendo con ayuda de Arbok hasta lograr situarse a metro y medio del Persian. James debió darle una orden a Arbok, porque enredó su cola en la cintura de James, como si fuera una soga viviente.

—Escucha bien —le dijo James en voz alta—. Tienes que dejar de agarrarte de la rama y dejar que yo te agarre.

—¡NO, ME VOY A CAER! —gritó Persian, aterrorizado.

—Sé que tienes miedo, pero debes confiar en mí —le habló James, como hubiera entendido las palabras del felino.

A pesar de la altura, Meowth podía ver el temeroso rostro del Persian, sin saber que hacer, si aceptar ser rescatado por James o quedarse a vivir en esa condenada rama.

—Sólo quiero ayudarte. Lo prometo.

Poco a poco, Persian comenzó a soltarse. James se acercó al pokemón y lo abrazó con todas sus fuerzas contra su pecho, intentando reconfortarlo.

Apenas se bajó de la rama, escuchó un quejido de Arbok.

—Mucho peso… no puedo…

—¡Arbok no puede aguantar el peso de ambos! —les advirtió Meowth a todos—. ¡Hay que hacer algo!

Brock se adelantó un paso.

—¡Vayan todos atrás mío! —dijo Brock. Una vez que todos se pusieron detrás de él, sacó su pokebola—. ¡Sal, Onix!

El pokemón tipo Roca salió de la pokebola. Era más alto que el árbol al que ellos estaban trepados.

—¡Onix, acerca tu cabeza a Persian y James para que puedan bajar del árbol.

El pokemó obedeció y acercó su enorme cabeza debajo de los tres. James pisó el rostro de roca de Onix y Arbok lo soltó para luego bajar por el tronco del árbol a toda velocidad para encontrarse con su ama.

James se sentó justo al lado del cuerno de Onix y se sujetó a este. El pokemón fue bajando de a poco su cabeza hasta pegar el mentón contra el suelo.

Todos fueron corriendo hacia James como si hubiera estado al borde de la muerte y lo ayudaron a bajar de la cabeza de Onix.

—Dejenme —dijo, apenas pisó el suelo—. Persian debe estar muy incómodo con tanta gente.

Meowth siguió con la vista a James. Él se sentó, con Persian aún en los brazos y lo acurrucó, mientras el pokemón se acurrucaba con fuerza contra su pecho, como si fuera su última salvación. Sin poder evitarlo, Meowth sonrió.

—James, lo hiciste otra vez —pensó.


James estuvo calmando a Persian durante casi una hora hasta que este se quedó dormido en sus brazos. Recién ahí pudo desprenderse de él y acostarlo en el suelo. Usó una de sus playeras para taparlo y se dirigió a Brock para ver si lo podía ayudar a preparar el almuerzo.

—Está bien, Meowth me está ayudando —le respondió Brock. Revolvió la olla que tenía sobre la fogata con una cuchara de madera y luego preguntó —. ¿Cómo está Persian?

—Creo que más tranquilo —respondió James—. No tenía idea que le tenía miedo a las alturas.

—Generalmente les pasa a los Meowth y a algunos Persian. Saben trepar, pero les agarra miedo cuando tienen que bajar.

—¡Hey! —lo retó Meowth—. ¡Yo no le tengo miedo a las alturas!

—Dije generalmente, no todos —se defendió Brock—. Tal vez sea mejor vigilarlo mejor. Esto puede ser un ataque a su autoestima.

—Lo sé —suspiró James. Miró hacia donde estaba Jessie y la vio acariciando al Cubone sentada en un tocón de árbol—. ¿Y con Cubone que pasará?

—Jessie está haciendo lo que puede. Tendrá que enfrentarse a sus miedos tarde o temprano.

—Todos lo tendremos que hacer en algún momento —suspiró James. Miró a Persian dormir y se preguntó si algún día el pokemón podría valerse por su cuenta y tener una vida medianamente normal.