Hola hola :D
Aww me alegra saber que el capi anterior les gustó n.n por eso este trae un regalito al inicio ;) jajaja
Agradezco a Lalala Gem, Clow, perdizRyhe, Jazchuu y Flor por sus comentarios y PM; y a todos los que leen, dan fav y siguen el fics n.n contesto los review :)
Lalala Gem: ¿Qué Sebastian se vaya a la versh? O.o quien eres tú y donde está la Lalala que apoyaba el Sebalec? Jajaja oh la universidad siempre torturando almas u.u espero te guste este cap n.n
Clow: oh calma calma! O créeme que será inesperado, el capi no se llama "Regreso" por nada; me alegra te gustara n.n
Jazchuu: oh bueno, aun no se acaba vamos más o menos por la mitad :) mientras disfruta del reencuentro Malec n.n
Flor: ¿Alguien dijo Malec? Espero te guste este cap n.n
A los demás por privado n.n ahora les dejo leer y disfrutar de todo el amor Malec n.n
Parte IV: La vida de los muertos
La vida de los muertos perdura en el espíritu de los vivos
Cicerón
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Capítulo 12: Regreso
Pensaron en el destino, quizás en la suerte, pero la realidad es que el mundo es demasiado pequeño para jurar no volver a verse.
Los últimos días de nuestros padres (2010) – Joel Dicker
X.X.X.X.X.X.X
Magnus estaba desconcertado, quizás el agua de la ducha había estado demasiado caliente y el vapor lo había matado sin darse cuenta, o solo se había ahogado hasta llenarle el cerebro de agua; fuese como fuese había llegado a su ideal del cielo en donde un Alec libre, con las mejillas ligeramente sonrojadas, lo miraba avergonzado desde a puerta del loft.
- ¿A…Alexander? – Preguntó apenas encontrando su voz para esas cuatro silabas.
- Hola Magnus – Dijo con una sonrisa tímida. El brujo no podía apartar la mirada de él totalmente sorprendido, temiendo que Alec desapareciera si pestañaba si quiera.
- ¿Cómo...cómo es posible?
- Mi padre consiguió un trato con la clave – Explicó - Me dejaron en algo así como libertad condicional, y yo... – Pareció nervioso – A cambio debo estar a primera hora de mañana en Idris pero…yo… solo podía pensar en venir a… visitarte y decírtelo.
- ¿Visitarme? – Preguntó negando para sí mismo – No quiero que me visites – La sonrisa tímida del ojos azules vaciló ante sus palabras, pero Magnus continuó - Esta es tu casa Alexander.
Alec sonrió abiertamente, como si fuese eso lo único que deseaba escuchar, y sin aviso se lanzó sobre él brujo atrapándolo con sus labios. Magnus no esperó ni medio segundo en corresponderle, se aferró a la cintura de Alec pegándolo contra sí, necesitado del ojos azules; porque el que Alec estuviese ahí, libre, era un sueño, uno capaz de hacerle olvidar cualquier otra cosa, Alec era su única prioridad, lo único que existía.
El Nefilim cerró la puerta tras de sí al entrar, trastabillando por la sala urgidos uno del otro; las manos de Magnus jalaban de la camisa de Alec queriendo arrebatársela. Gimió al sentir como el Nefilim introducía las manos por el albornoz apretándole el trasero y en cambio mordió su labio saboreándolo como el plato más exquisito que hubiese probado nunca.
Se dejaron caer sobre el sofá; Alec besaba el cuello del brujo mientras este se daba prisa con el cinturón del pantalón, chasqueó los dedos intentando apresurarse, olvidando las fallas en su magia hasta que el jarrón de la mesita estalló, ambos se sobresaltaron por un segundo, pero no por eso dejaron la piel del otro.
- ¿Qué…te pasó en el rostro? – Preguntó Alec sin dejar de besarlo, notando el moretón en su quijada.
-Estoy bien – Aseguró Magnus con voz entrecortada intentando sacarle la camisa, atorándose esta en la cabeza de Alec quien quedó con los brazos estirados al aire. Ambos se detuvieron por un segundo, perplejos hasta que el ojos azules estalló a carcajadas y Magnus con él.
- Creo que estamos un poco oxidados en esto - Dijo sacándose él mismo la camisa. Magnus sonrió, estaba más delgado y pálido, y aun así su cuerpo ya no era el de un muchacho sino el de un hombre; mientras que él mismo seguía estancado en sus eternos diecinueve.
- ¿Qué pasa? Yo...- Alec se mostró avergonzado ante la mirada de Magnus: debía tener una figura de pena estando tanto tiempo allí encerrado. Magnus sintió como el fuego con el que Alec había entrado mermaba ante la duda – Debo verme de pena y… - El brujo solo se incorporó besándole en el cuello, sobre la manzana de Adán antes de apoyar su oído sobre el pecho del chico escuchando el latido de su corazón.
- Eres perfecto Alec – Le susurró - No puedo creer que estés aquí, que estés aquí conmigo realmente – Su voz era un susurro cargado de emoción que estremeció la piel del Nefilim.
Alec buscó sus labios de nueva cuenta, esta vez el beso que compartieron fue lento, disfrutando cada segundo; no tenían por qué darse prisa, podían tomarse su tiempo; ya habían corrido lo suficiente en la celda de la Ciudad Silenciosa, temiendo que alguien los atrapara: otro visitante, los hermanos silenciosos, Maxxie; pero esta vez eran solo ellos dos y la promesa de hacer que todo fuese perfecto, de disfrutarse el uno al otro con calma pese a la urgencia de sentirse unidos.
Magnus se riñó a si mismo por no tener lubricante a la mano y no poder hacerlo aparecer como habría hecho en otro momento; pero no iba a detenerse por una nimiedad.
Sintió la mano de Alec acariciando su rostro, y lo desvió en su dirección, haciéndose con ella, con sus dedos, llevándoselos a la boca; lamiéndolos, succionándolos sin dejar de mirar a Alec a los ojos; encantado por el rubor que iluminaba todo su rostro, pero que aun así no lo detuvo cuando dejó sus dedos para dirigirlos a la entrada del brujo, introduciéndolos y moviéndolo con la intención de prepararlo mientras su boca se hacía con uno de los pezones de Magnus, disfrutándolo con calma, jugando con su lengua, y sonriendo cuando al morderlo el brujo se sobresaltó con un gemido haciendo que sus erecciones se rozaran; Alec se movió por instinto respondiendo al roce con más fricción.
Magnus se dejó hacer, dejando que Alec jugueteara con sus pezones todo lo que quisiera mientras rozaba sus entrepiernas una y otra vez. El ojos azules se tomó su tiempo en preparar a Magnus, disfrutándolo sin preocupación alguna y a Bane eso le encantaba, por supuesto que lo hacía, cada toque de Alec si hasta el roce de su cabello hacía que su piel ardiera de pasión. Pero quería más, necesitaba más.
Tomó el rostro de Alec entre sus manos y lo dirigió para hacerse con sus labios, enredando las piernas en la delgada cintura del Nefilim al tiempo que movía las caderas sugerentemente.
-Magnus, tranquilo, tengo que prepararte- Rio Alec suavemente dándole un beso en la nariz. Magnus hizo un puchero, no iba a quedarse tranquilo, tenía cinco años sin disfrutar de su Nefilim como era debido, no iba a esperar más. Se movió rápidamente, sacando los dedos del Nefilim de su entrada y haciéndose con el miembro de su pareja, listo para dirigirlo a donde debía ir- Magnus, espera...
- ¡Ya esperamos lo suficiente! - Saltó Magnus, sorprendiendo a Alec y aprovechando la distracción para empujarlo y poder quedar sobre él, sentado a horcajadas- ¡Cinco años para esto! ¡En Azka... la Ciudad Silenciosa!
- ¿Estás citando a Sirius Black... por mí? - Preguntó Alec demasiado sorprendido para soltar la carcajada que se había formado en su pecho.
-Calla y dame tu varita- Susurró Magnus con una sonrisa traviesa antes de sentarse sobre la erección de Alec introduciéndola por completo en su interior; tomándose unos segundos antes de empezar a moverse; Alec se aferró a las caderas del brujo, que se movía en principio con una lentitud mortal, arriba y abajo, hasta casi sacarse a Alec para luego dejarse caer por completo sentándose sobre él, apretándose a su alrededor.
Alec se mordió el labio conteniendo los gemidos que querían escapar de sus labios; si seguía haciendo eso, no respondería de sus actos y Magnus lo sabía; podía verlo en su complacida sonrisa gatuna.
- No te contengas Alexander- Ronroneó en su oído sin dejar de moverse - Aquí nadie puede oírnos - Aseguró recorriendo el oído con su lengua.
-A…ah… Magnus- Soltó él, porque tenía razón, ya no tenía que preocuparse por ser escuchado y descubierto nunca más – Mags… ah… Magnus - Dijo un poco más alto, disfrutando de poder decir el nombre de su novio en voz alta, aferrándose a sus caderas tan fuerte que marcaba sus uñas en la piel tostada de Bane y moviendo las propias penetrándolo aún más profundamente; Magnus tampoco contuvo su gemido ante el nuevo ritmo que Alec marcaba, encontrando sus labios a los del Nefilim, besándose a momentos, marcando la piel del otro luego.
- Te amo - Susurró Magnus a sus labios; su voz cargada de todo lo que su cuerpo estaba sintiendo en ese momento - Te amo Alexander.
Alec sintió el corazón latirle tan rápido que temía fuese a detenérsele; se incorporó empujando a Magnus para hacerlo caer al otro lado del sofá, dejándolo debajo suyo; arreglando las piernas del brujo alrededor de su cintura; el brujo pudo ver como sus ojos azules brillaban con emoción contenida.
- Y yo te amo a ti Magnus - Aseguró con una embestida especialmente fuerte que hizo a Magnus retorcerse entre gemidos al golpear ese divino nudo de nervios en su interior - Con todo mi ser - Aseguró besándolo, ahogando en su boca los gemidos de ambos, asegurándose que cada movimiento rosara ese punto que lo hacía estremecerse mientras una de sus manos se hacía con el miembro de Magnus yendo de arriba abajo, al mismo ritmo de sus embestidas.
El brujo llegó a la cúspide poco después; dejándose ir entre gemidos, en la mano de Alec, entre ambos. Alec sintió como se contraía a su alrededor y con un ronco gemido con el nombre de Bane, se dejó ir en el interior de Magnus.
Estuvieron unos segundos, quizás un par de minutos que parecieron una deliciosa eternidad sin soltarse o moverse, disfrutando de la sensación remanente tras el orgasmo que acababan de compartir, recuperando el aliento perdidos en el otro.
Alec quiso moverse para salir del interior de Magnus, pero este no aflojó el agarre que mantenía con sus piernas en su cintura, no permitiéndole moverse ni un centímetro.
- Magnus...
- Si es un sueño no quiero despertarme- Susurró él con voz contenida de emoción. Sus manos se estiraron para acariciar el rostro de esos ojos azules que lo miraban fijo a los suyos de gato. - No quiero que desaparezcas...
Alec le sonrió; tomando las piernas del brujo quien cedió aflojando su prisión; permitiéndole a Alec salir de su interior.
- No iré a ninguna parte Magnus - Aseguró él recostándose con cuidado sobre el pecho del brujo sin importar lo estrecho que resultaba el sofá para ambos - Estoy aquí y te amo -Susurró besándolo con suavidad en sus labios.
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Corrió ansioso hacía la habitación del hermano Enoch; desde que Alec se había ido para su reunión con la clave, él había hecho una especie de rutina vigilando la entrada principal, la habitación de Alec y la habitación del hermano Enoch esperando la llegada de alguno de ellos. Había ido a cada uno de esos lugares unas cuatro veces y había repuesto su reserva de chocolates por la espera al menos dos; por eso cuando encontró al hermano Enoch en su habitación, iba ya por la mitad de la segunda barra.
- ¡¿Al fin llegaron?! – Preguntó Maximum emocionado. - ¿Dónde está Alec? – Inquirió. El hermano Enoch suspiró. La habitación de los hermanos silenciosos era extremadamente sencilla y básica, únicamente tenían una cama que no aparentaba ser cómoda en lo absoluto, y una mesita con libros a un lado. El hermano silencioso cerró el libro que había estado leyendo; hacía mucho tiempo que el niño había desistido a preguntar como leían en la oscuridad y con los ojos cerrados; básicamente porque ninguno parecía dispuesto a responder su duda.
Maximum, sabes que no puedes estar en las habitaciones de la hermandad.
- Ya me voy – dijo contento – Solo quería saber si ya Alec volvió. – dijo dispuesto a correr fuera de la habitación.
Espera – Lo detuvo Enoch. Maximum se detuvo confundido porque el hermano silencioso había dejado su libro en la mesa incorporándose y acercándose a él – Sabes que Alexander estaba aquí castigado por algo que hizo hace algunos años.
- Alec me dijo que se portó muy mal – dijo el niño inocentemente, caminando a la par del hermano silencioso. – Pero dijo que tal vez consiguiera que la Clave lo dejara vivir afuera otra vez.
La Clave evaluó lo que Alec hizo- Coincidió – Y consideró que ya no necesitaba estar castigado aquí en la Ciudad Silenciosa.
- ¡Podremos vivir afuera entonces! – El niño gritó emocionado. El hermano Enoch ladeó la cabeza, confundido – ¡Tengo que apurarme! Recoger mis cosas.
Maximum – Lo llamó nuevamente el hermano silencioso. El niño apenas notó como su voz etérea había adoptado cierto matiz de pena, en su lugar seguía saltando emocionado – Maximum…- No lo escuchó – Maxxie – El pequeño se detuvo sorprendido, nadie de la hermandad lo había llamado alguna vez por el apodo cariñoso que le habia dado Alec – Pequeño, Alexander no volvió con nosotros a la Ciudad Silenciosa – Le explicó.
- ¿A qué te refieres? – Preguntó confundido. – Él dijo que vendría por mí, que podríamos vivir juntos con Magnus.
Él…estará algo ocupado justo ahora, ayudando a la Clave – El hermano silencioso hablaba precavidamente, sin ánimo alguno de lastimar al niño – Quizás luego…
- ¡No! – Se apartó Max de él con brusquedad mirando al hermano Enoch con lágrimas enojadas en sus ojos – Alec dijo que vendría por mí de inmediato, no me mientas; ¡Alec vendrá por mí!
El pequeño hecho a correr a través de los pasillos, directo hacía la habitación de Alec gritando a voz en cuello el nombre del ojos azules mientras lloraba a raudales. El hermano Enoch estaba mintiendo, Alec le había dicho que vivirían juntos en la ciudad, que volvería por él, se lo había prometido por su meñique y esas promesas eran sagradas.
- ¡ALEC! – Gritó llegando a su celda, entrando con un fuerte aplauso de sus manos, pero el pequeño lugar estaba solo, Alec no se encontraba allí, ni en el baño; no estaba. – Alec…- Sollozó hundiendo el rostro en la almohada, las lágrimas, mocos y saliva se mezclaban en su llanto, Alec tenía que volver, se lo había prometido, no podía solo olvidarlo allí, solo.
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- Juro que amo a tu padre cariño, con esto se ganó mi corazón - Comentó Magnus; seguía recostado en el sofá con Alec apoyado en su pecho, ninguno de los dos muy apurado por moverse de ahí, el brujo acariciaba suavemente el cabello oscuro del muchacho quien hacía lo propio recorriendo las líneas del pecho y abdomen de Magnus hasta ese momento cuando alzó la mirada con el ceño fruncido.
- Realmente no estaba en mis planes que digas que amas a mi padre cuando acabamos de hacer el amor – Lo riñó. Magnus sonrió besando su nariz.
- Te amo a ti – Aseguró – A Robert solo lo quiero lo suficiente para dejar de tenerlo como "suegro estreñido" en mi celular, se lo ha ganado – Alec no pudo seguir fingiendo riña y solo rio con gracia acomodándose mejor entre los brazos de Magnus.
- No fue fácil, pero papá no solo logró que me dejaran salir -Dijo él retomando su tarea, trazando suaves caricias en su pecho – Consiguió que la Clave lo escuchara, que creyeran realmente que me necesitan.
- Yo te necesito – Aseguró besando su cabello, estaba siendo empalagoso, lo sabía; pero tenía cinco años conteniéndose como para no dejarlo salir en ese momento.
- Digamos que me di el lujo de hacer exigencias
- ¿Cómo cuáles?
- Estar aquí - Dijo alzando la mirada para encontrarse con sus labios; Magnus lo besó de vuelta - Quiero recuperar estos cinco años perdidos Magnus, recuperarlos contigo.
El brujo volvió a besarlo, esta vez más profundamente; ¡Por Lilith! Sentía que podía hacerle el amor por cinco años más, y a juzgar por la erección que renacía en la entrepierna de Alec, él estaba pensando algo similar.
- Vamos a la cama; mi espalda no va aguantar otra ronda aquí - Dijo Alec jalando el labio de Magnus entre sus dientes sugestivamente para luego pararse y dirigirse a la habitación principal. Magnus miro con una sonrisa tonta como caminaba desnudo por el loft, era una imagen erótica a la que quería acostumbrarse; pero su sonrisa vaciló a medida que Alec se acercaba a la habitación principal y su cerebro empezaba a reaccionar; ¿Acaso había dicho…?
¿Su habitación?
- Alec espera, ahí está... - Intentó incorporarse a prisa, pero era demasiado tarde: Alec había abierto la puerta y miraba pasmado al chico en el interior; por la colcha a medio colocar, podía suponer que estaba desnudo, durmiendo con el rostro escondido entre las almohadas. Magnus se apresuró a él, viendo como ligeros espasmos empezaban a aparecer en la espalda del chico. ¡Por Lillith! Había olvidado por completo que Max estaba allí inconsciente y medio desnudo - Alec, se lo que parece, pero no es…
Pero el chico Lightwood solo se dio media vuelta sin mirarlo, apresurándose en buscar sus calzoncillos del suelo para colocárselo, y tomar rápidamente el resto de su ropa, sintiéndose de pronto vulnerable al estar desnudo ante Magnus.
- Alec - Magnus llegó hasta él tomándolo de la mano – Ese chico es M…
- ¡Suéltame! - Le gritó soltándose de él bruscamente, interrumpiéndolo - Está bien, es mi culpa; fui un idiota al pensar que podría dejarlo pasar... que podríamos recuperar nuestra relación.
- No, no Alec, si podemos – Suplicó rápidamente – Podemos, solo déjame explicarte porque él está…
- Debiste decirme que tenías a alguien en tu cama Magnus - Le gritó abrochándose la camisa y restregándose el rostro - ¿Es el chico del cementerio? ¿Te has estado viendo con él? – Pero no esperó respuesta - ¡Por Raziel que humillación! - Su voz se quebró; él había estado en la ciudad silenciosa esperando por Magnus, pidiéndole verse por días, sintiéndose mal por haber hecho un escándalo de una aventura sin importancia, pero ahí estaba ese muchacho - ¿Cómo puedes estar conmigo cuando ya tienes a alguien en tu vida, durmiendo allí adentro? – Le gritó empujándolo con rabia, intentando contener las lágrimas que se acumulaban en sus ojos.
-Alexander, el único en mi vida eres tu – dijo rápidamente intentando hacerlo entender - No saldría con él ni en un millón de años; ese chico es…
- No tienes que explicarme nada Magnus – Lo cortó - Yo... debí haber ido al instituto; si, veré a mi parabatai -Se lo decía a sí mismo, como si intentara auto convencerse de que había algún motivo por el que no debía caerse a pedazos y llorar ahí mismo.
- ¡Alec por favor escúchame!
Pero el ojos azules salió a prisa; Magnus se apresuró a por el albornoz para colocárselo y correr tras él; pero el desgarrador grito de Max lo detuvo en la puerta.
- Juro que, si no te mueres, te mato - Gruñó volviendo sobre sus pasos olvidando sus molestias cuando vio al chico literalmente retorcerse de dolor, con los ojos volteados hacia arriba. Las heridas con supuración moradas estaban abultadas, Magnus había creído antes que había logrado detenerlo pero ahora se daba cuenta que las supuraciones solo se habían acumulado en el interior del chico; maldijo, quizás no había sido un demonio venenoso, pero esa reacción solo la tenían los Hellhound y por no haber actuado a prisa las secreciones habían intoxicado a Max.
Y por si fuera poco el resto de sus heridas había vuelto a sangrar profusamente, se restregó el rostro sin saber qué hacer, había logrado que el chico estuviera bien y por distraerse con Alec, ahora Max iba a morir: sin su magia no había manera de llevarlo por ayuda lo suficientemente rápido.
Max no dejaba de retorcerse, sus ojos abiertos y volteados hacía arriba. Si intentaba contener las supuraciones de las heridas cabía la posibilidad de que le prendiera fuego o algo peor, pero si no lo intentaba la única posibilidad era que se retorciera hasta la muerte. Estiró las manos al frente, el pulso le temblaba, realmente quería golpear a ese chiquillo, pero no matarlo.
Al fin lo hiciste, solo tenías que practicar – Magnus recordó las palabras de Max en su habitación en la casa de Idris cuando logró abrir la puerta. Él podía hacerlo, el chico sabía que podía ayudarlo con su magia, de lo contrario no habría ido por él en busca de ayuda en primer lugar.
- Vamos Lilith, ayúdame - Exclamó para sí mismo frotando sus manos frente a si, sobre Max para luego chasquear los dedos y mover los brazos abarcando todo el cuerpo de Max para hacer que una nube de humo azul lo cubriera; ¡Había funcionado! Agradeció a Lilith porque Max no estallara en pedazos, y en cambio se concentró en contener las secreciones; solo necesitaba hacerlo el tiempo suficiente para conseguir que…
El curso de sus pensamientos se cortó bruscamente al sentir su visión volverse borrosa y las cosas a su alrededor tambalearse: Estaba exhausto, pero no tenía ni un minuto realizando el hechizo y a pesar de eso lo estaba drenando como si llevase todo el día en él.
Captó un destello naranja con el rabillo del ojo; la gema en el brazalete destellaba intensamente, como nunca antes. Una punzada en su cabeza y la amenaza de perder la vertical lo hizo preocuparse: Max necesitaba ayuda realmente, alguien que se especializara en curación, Catarina no había contestado y si él se desmayaba hasta ahí llegaban las oportunidades del muchacho. Tomó su decisión en medio segundo y movió las manos para que el humo azul cubriera todo el cuerpo de Max en lo que él se apartaba. Haciendo acopio de toda su magia invocó un portal que le tomó dos intentos antes de conseguir abrirlo.
Para ese momento Magnus apenas y pudo tomar a Max en brazo; las piernas y los músculos de los brazos gritaban adoloridos de agotamiento, sin embargo, logró cruzar el portal al instituto.
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Catarina leyó interesada, el libro que Buck le había dado; narraba viejas leyendas sobre los inicios del mundo. Estaba fascinada y en cierta forma asustada; las Joyas de Edom tenían tanto poder, y habían sido creadas hacía muchos milenios, quizás con la creación misma de la humanidad.
Se hablaba de un demonio poderoso, de los que comandaron las tropas seráficas del cielo y cayó para regir el infierno como uno de sus nueve príncipes. Como todos los demonios se dedicó a crear su progenie, brujos por parte de sus amantes humanos, y hadas cuando consiguió que los ángeles cayeran en sus encantos.
De todos sus hijos, la primera de sus hijas hadas era su favorita: decía que mezclaba a la perfección lo único que valía la pena del cielo "su belleza", con toda la maldad que el infierno tenía para ofrecer; pero rápidamente se hartó de ella que no dejaba de invocarlo quejándose por cuatro de sus hermanos brujos que usaban sus poderes para incordiarla. Hasta que un día la Dama Seelie le propuso un trato a su padre: si la ayudaba a ser inmune a la magia de sus hermanos, no volvería a invocarlo jamás. El demonio aceptó y ella confiada en la sonrisa amable de su padre con ojos de gato; tomó las joyas que este le dio.
Catarina había hecho una pausa en ese punto; un príncipe del infierno con ojos de gato, no necesitaba ser un genio para saber a quién se refería y por encima de eso, conocía a un brujo con ojos de gato parte de su progenie y una de esas joyas en su muñeca.
Eran joyas hermosas, de oro con piedras negras en cuyo interior refulgía el mismo fuego que ardía en Edom; la dama hada fue con tres de sus hermanos fingiendo una tregua, regalándoles un colgante, un brazalete y un anillo respectivamente; pero encantada por la belleza de la joya y cegada por sus ínfulas de triunfo, conservó la tiara para sí misma.
Pero al demonio no le importaba si era invocado o no, mucho menos si alguno de sus hijos molestaba a los otros; él solo quería el poder que su plan le daría.
Los brujos que cayeron en la trampa de la Dama Seelie, cada vez que intentaban un hechizo, su magia era desviada para fortalecer más y más a su padre; el cuarto brujo cuya magia podía usar libremente cuando intentó obligarla a retirarle las joyas a su hermano, le hizo darse cuenta a la Hada, que ningún hechizo o maldición tendría efecto sobre ella mientras usara la tiara sobre su cabeza.
Rápidamente la dama hada, haciendo gala una vez más de su sed de triunfo, quiso hacerse con el poder del mundo de sombras, ganándose cientos de enemigos, pero cada intento de enfrentarla solo fortaleció durante décadas sin saberlo, el poder de su padre.
Pero el demonio de los ojos de gato pronto quiso más, cuando los tres brujos frustrados por creer que se habían vuelto Ifrits dejaron de usar magia, la joya siguió alimentando a su padre absorbiendo gramo a gramo la inmortalidad, hasta que, años después, cada uno a su tiempo, murió de viejo.
Catarina se había estremecido al leer eso; ella le había ordenado a Magnus que no hiciera magia; imaginar que pudiera morir de viejo por su culpa era alarmante, aunque solo había pasado un día desde eso y estaba completamente segura que su amigo no estaba siguiendo sus indicaciones al pie de la letra, como siempre.
Mientras cada uno de los brujos moría, la dama hada se encargó de ir recuperando las joyas, pero no fue sino hasta que se hizo con todas que su padre entendió el error que había cometido cuando ella al juntar las cuatro joyas descubrió su principal poder: podría destruir la sangre del cielo y el infierno.
La dama hada decidió que un reino de hadas y brujo era poco para ella, cuando podía enfrentarse a todos: submundos, demonios y ángeles por igual hacerlos parte de su reino y convertir en mundanos a los que la enfrentaran. Cada una de sus víctimas fortalecieron a su padre, pero él no era tonto: ella podía destruir todo su poder en tan solo un segundo al convertirlo en nada más que un humano; y la amenaza de la dama Seelie se hacía cada vez más y más imparable.
El demonio intentó pedir la ayuda del cielo, una alianza; pero estos se negaron a colaborar con alguien que había caído y enviaron hordas serafines por su cuenta, pero todos fueron convertidos en humanos. Intentó atacar con sus mejores demonios sin ningún éxito; no fue sino hasta que el cuarto brujo sugirió una alianza que no tuvo una posibilidad real. El demonio tuvo que reunir a los otros ocho príncipes del infierno, mientras el brujo se encargaba de los submundos, pero no fue hasta que el demonio confesó su parte en la creación de tal amenaza que el cielo aceptó una alianza; y solo así, juntos, acabaron con la dama Seelie, sufriendo de importantes bajas.
Pero la naturaleza egoísta de los demonios impidió que los ángeles destruyeran las joyas, los más fuertes consiguieron robarlas para darle uso, cada uno por su cuenta.
- Cuando pensé que las ansias de Asmodeus por obtener poder matando a sus hijos tenían limite – Susurró Catarina para sí terminando de leer el relato. Buck que había estado ordenando unos libreros cerca volvió hasta ella haciendo aparecer una silla para sentarse a su lado.
- ¿Conseguiste lo que querías?
- Algo así – dijo preocupada.
- No todo resultó tan mal – Aseguró él – dicen que son los descendientes de esos ángeles vueltos mundanos, los que pudieron sobrevivir a la sangre de Raziel y convertirse en Nefilims.
- ¿Y lo no tan malo, es? – Preguntó en broma, él rio.
- Alguien debe hacer el trabajo sucio – Bromeó, Cat sonrió.
- ¿Por qué no me extraña que todo sea culpa de una hada? – Preguntó; había cosas aun, que no entendía, y estaba segura que el bibliotecario era su mejor opción para explicárselas.
- Ellas tienen lo peor de las dos razas ubicadas en los extremos de la línea; no se puede creer que tendrán un buen equilibrio.
- Pero esas joyas, nadie sabe dónde están ¿O sí? - Buck se encogió de hombros.
- Cuando era niño, conocí brujos que decían haber estado vivos entonces, brujos que querían hacerse con sus poderes. – Dijo – En ocasiones supe de alguno que dijo tener una de las joyas por algún tiempo, pero nunca más que eso. No sé si fanfarroneaban o era cierto – Y agregó pensativo – El último que supe que las buscaba fue Jaxx, pero él murió tras los eventos de la guerra contra Sebastian Morgenstern.
Catarina asintió pensativa ¿Por qué un chico criado por hadas le daría ese brazalete a Magnus? Él era solo una mascota de las hadas, estaba segura que sería la Reina Seelie quien estuviese detrás de eso, pero ¿para qué? ¿Qué ganaba fortaleciendo a Asmodeus?
- ¿Y las hadas? – Preguntó - ¿Alguna vez han vuelto a tener alguna de las joyas?
- Ha habido rumores de que la Reina Seelie lleva consigo un anillo muy parecido – dijo – Pero no sé nada más.
- Pero es absurdo ¿Por qué los otros demonios querrían tener ese poder para seguir fortaleciendo a Asmodeus?
- Son solo objetos Catarina – dijo sabiamente – Y como tales su alianza demoniaca puede ser cambiada para nutrir de poder mágico a cualquier demonio que quieran…
Buck no había terminado de hablar cuando un alboroto se hizo presente en la biblioteca; un grupo de brujos se apresuraba en reunirse, uno de ellos apresurándose en abrir un portal.
- ¿Qué pasa? – Preguntó Buck.
- Los pulsos de magia aumentaron; la clave nos solicita para contener el portal: temen que Sebastian tenga la fuerza suficiente para salir.
Catarina los miró horrorizada viéndolos marchar a través del portal. ¿Pulsos de magia? ¿Sebastian? Se incorporó a prisa, pero con un destino muy distinto a Idris, Brooklyn; debía ir con Magnus porque no había ningún motivo para que Seelie quisiera fortalecer a Asmodeus, pero si a Sebastian después de todo, ambos habían sido socios hacía algunos años; y de ser así, habían usado al chiquillo criado por hadas para hacer que Magnus, con su magia, trajera a la vida a Sebastian.
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Sebastian sonrió sintiendo la magia nutrirlo poco a poco; hacía unos minutos que la magia se había intensificado, mientras que el demonio Hellhound frente a él se lamía la sangre en sus zarpas con gusto, tal cual lo haría un perro o un león.
Un especialmente fuerte golpe de magia lo golpeó haciéndole tambalearse. Su sonrisa se ensanchó aún más, casi a un punto insano: el chico lo había logrado, estaba haciendo que Bane usara magia, no los tontos truquillos domésticos para aparecer su comida; no, magia de verdad, y él podía sentir cada gramo de esa magia fortaleciéndolo, haciéndolo cada vez más y más real.
La magia se detuvo. Sebastian se incorporó, totalmente energizado. Vio el anillo que lo ayudaba a aparecerse en el suelo, donde estaba desde que Max lo había dejado caer; entonces no había podido levantarlo, no pudo tocarlo siquiera, sin embargo, eso no lo detuvo: el demonio caminó al anillo agachándose para tomarlo entre sus dedos, y esta vez no lo traspasaron. Sintió el duro material entre sus dedos que lo sujetaban firmemente. Lo levantó colocándolo en la palma de su mano y sonriendo abiertamente ante lo que veía, en dirección a la fotografía de Alec.
Junto a la foto estaba el citatorio para la apelación a la sentencia de Alec; si conocía al ojos azules como lo conocía, sabía a donde iría de conseguir ganar la vista: iría a celebrar con Magnus Bane.
Sebastian tomó la foto de Alec, cerrando la mano en puño, arrugándola; el demonio Hellhound dejó su trabajo con sus zarpas y en cambio se incorporó apartándose un poco con algo de miedo mientras Sebastian se colocaba el anillo plateado, sintiéndose, por primera vez en cinco años; vivo.
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El instituto era un caos; Clary podía decir que desde hacía algunos años que no veía una escena parecida: Jace había llegado hacía unas horas de su paseo por Central Park y contrario a como se fue, regresó solo y angustiado por haber perdido a Max de vista desde el inicio de la tarde.
Maryse se había puesto totalmente histérica; y al parecer de Clary, lo estaba desde antes que el rubio llegara; la noticia sobre Max solo la había hecho estallar.
- No, no me llegó ninguna carta… ¿Sabes qué? Olvídalo Robert, no me interesa nada sobre la Clave – dijo exasperado, hablaba por teléfono con el Inquisidor en Idris – Perdí a Max – dijo y Clary podía ver cómo le costaba aceptar su culpa; escuchó el grito enojado desde el otro lado de la línea, Robert sin duda había olvidado cualquier asunto de la Clave que había querido contarle – Lo llevé a Central Park…- Clary le puso una mano sobre el hombro en apoyo al ver al rubio cerrar los ojos ante los gritos de Robert - Ya ves que es territorio Seelie...- Había buscado a Max por casi cinco horas por el parque y sus alrededores sin éxito - Exacto, necesito una orden, tumbare todo el reino si es necesario.
Su voz no admitía inflexión; Max había desaparecido mientras era su responsabilidad, así que era su culpa y no iba a detenerse; no le importaba si debía remover cielo e infierno hasta encontrarlo.
- No, no es necesario que vengas... Está bien, pero no te esperaré - Colgó y se dirigió al resto de la familia - Robert viene en camino; dará la alarma de búsqueda para que nos ayuden y traerá una orden para investigar a las hadas.
- ¿Desde cuándo necesitamos una orden? -Saltó Izzy, estaba vestida para la cacería y apretaba su látigo, ansiosa. Simon a su lado estaba también listo para acompañarla, aunque por la mirada que le dirigía a Clary estaba claro que más que ser secuestrado, creía que Max se había escapado.
- ¿Y si le pedimos a Magnus que lo rastree? - Sugirió Simon.
- ¡No! -La exclamación seria de Maryse los desconcertó a todos. - No quiero a ese brujo degenerado cerca de mis hijos.
- Demasiado tarde -Se escuchó la voz débil de Bane; ni siquiera tuvieron tiempo a preguntar cómo había conseguido entrar sin que le abrieran la puerta del instituto, pero la respuesta la obtuvieron de inmediato: Magnus, con expresión agotada llevaba en brazos a Max mortalmente pálido, inconsciente y la sangre Nefilim de este cubría al brujo - Llamen a los hermanos silenciosos, yo...ya no puedo.
Simon se apresuró a sujetarlo antes de que colapsara, mientras Jace tomaba a Max y se apresuraba a la enfermería. Izzy corrió para llamar a los hermanos silenciosos. Clary observó a Maryse: la mujer no apartaba la mirada de su hijo herido totalmente paralizada hasta que Jace se perdió de vista; no pudo evitar sentir pena por ella: hacia cinco años que había presenciado una escena similar, solo que en ese entonces era a Alec a quien Magnus llevaba en brazos "al borde de la muerte" y las cosas no habían terminado bien en lo absoluto.
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Bajó las escaleras del departamento intentando contener lágrimas de enojo y frustración, saliendo a prisa del edificio y no deteniéndose hasta llegar al callejón de la esquina. Se sentía como un idiota: Él debió haber ido al instituto, con su familia, ver a su parabatai, reencontrarse con Max; pero no, lo primero que pensó al ser liberado era que necesitaba ver a Magnus, quería poder tocarlo y besarlo con la libertad con la que hace cinco años no podía. Quería darle la sorpresa de que podrían volver a estar juntos; y había olvidado que, quizás, el brujo no quisiera aquello para ambos.
Golpeó la pared de ladrillo con un puñetazo y luego otro; se suponía que ellos habían arreglado las cosas, o eso había creído él, el brujo había insistido una y otra vez en hablar, ¿Había sido su culpa por no escucharlo, por pensar que no era necesario? Si Magnus ya estaba con otro ¿Por qué volvió con él? ¿Por qué recibirlo de la forma en que lo hizo? ¿Cómo Magnus había podido hacerle eso? El otro chico estaba durmiendo en su habitación, en su cama mientras ellos hacían el amor en el sofá.
Lo golpeó otra vez, y otra sacándose sangre en los nudillos sin que le importara: se sentía humillado, como si Magnus le hubiese restregado en el rostro que no necesitaba esperar por él, que el hecho de que estuviese preso no significaba que el brujo tendría que esperar eternamente; pero lo más doloroso era saber que, de hecho, tenía razón.
Las lágrimas no pudieron ser contenidas más y con cada puñetazo más y más se desbordaban por su mejilla, no sabía cuánto tiempo estuvo ahí ¿Cinco minutos? ¿Diez?, golpeando los ladrillos en el callejón junto al edificio esperando que Magnus fuese a su encuentro, que corriera tras él para intentar "explicar" algo, pero solo había logrado sentirse aún más patético porque no lo había hecho, Magnus se había quedado en el Loft con ese muchacho; suponía que, después de todo, no valía suficiente la pena.
Se detuvo intentando calmarse; el dolor en su puño ensangrentado intentaba aplacar el nudo en su pecho que le impedía respirar. Sus lágrimas gruesas resbalaban por su mejilla mezclándose en el suelo con el polvo.
- Siempre te lo dije: Bane no te merece - Alec se estremeció enderezándose de inmediato- Te dije que te reemplazaría a la primera oportunidad - Podía escuchar esa voz como si estuviese justo detrás de su oído. - Pero no quisiste escucharme, así que mereces sufrir - Pero era imposible, él estaba muerto.
Se limpió las lágrimas dispuesto a salir del callejón y marcharse de allí; sin embargo, respingó con una exclamación de sorpresa mientras perdía el poco color que le quedaba al ver de pie, recargado a la pared de ladrillos impidiéndole la salida, a Sebastian Morgenstern con una sonrisa torcida.
- También me alegra verte Alexander.
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¿Qué les pareció? Lo sé, en comparación a los demás fue un capi corto pero bastante intenso :D y es el final de la parte IV del fics n.n
Espero que la escena Malec les haya gustado :) me esforcé bastante en ella n.n y bueno ahora que Catarina descubrió (tarde) los planes de Max y Sebastian ha vuelto, todo se va a complicar mil veces más, y descuiden, el malentendido de Alec no durara mucho. Así que nos vemos en unos días con el siguiente cap: "Malinterpretaciones" que inicia la quinta y última parte de esta historia n.n
Nos leemos pronto
Besos :3
