Mi internet anda bastante mal. Desde ayer que intento subirlo sin éxito alguno.
Kaiser: Lickitung nunca fue alguien relevante, así que le puse un Tauros, que es mucho mejor. Persian no confía del todo en James, aún es receloso de los humanos.
Alen: Persian no sabe que pensar de James y de los otros humanos. Les tiene miedo y odio. Yo tampoco tengo nada en contra de Lickitung, pero me pareció mejor que tuviera un Tauros. Al principio, pensé que Ash se lo diera, pero la trama me llevó a otro lado.
Capítulo treinta y ocho
Ciudad Oscura.
Tardaron dos semanas en llegar a Ciudad Oscura, cruzándose por varios pueblos, ciudades y lugares conocidos, pero sólo deteniéndose a comprar provisiones y no mucho más. A duras penas se detenían en el Centro Pokemón para hacerles un chequeo a sus pokemón y nada más. El tiempo le estaba jugando en contra a Ash y no podían perder tiempo.
James estaba preocupado por Jessie. Si bien tenía un Tauros que la llevara, tenía miedo que un movimiento brusco la tirara al suelo. Así que compró un block de dibujo y comenzó a diseñar una carreta en sus momentos libres. En esas dos semanas también estuvo entrenando a sus pokemón como podía y cuando podía.
En esas dos semanas, hubo mucho para destacar de los pokemón.
Arbok se negaba cada vez más a entrar en su pokebola y solía quedarse afuera. Tomó a Cubone como si fuera un alumno y comenzó a entrenarlo él mismo. Cubone al principio le tenía miedo a Arbok y se escondía detrás de Jessie pero poco a poco le perdió el miedo y comenzaron a entrenar juntos.
—Arbok no tolera que un pokemón débil esté en el equipo con Jessie —explicó Meowth cuando empezaron con esos entrenamientos—, así que prefiere entrenarlo para que Cubone pueda defenderla a ella y a la bebé.
Mientras eso ocurría, James se comenzó a esforzar en su entrenamiento, prestándole especial atención a Psyduck. El pobre pokemón apenas podía usar sus garras para arañar y hasta ahí llegaban sus ataques útiles. Su chorro de agua era patético y ni hablar de su golpe de cola. Ni siquiera sabía nadar.
James decidió que enseñarle a nadar era lo más importante e intentó enseñarle a las orillas de un río. Al principio, Psyduck se negó profundamente a siquiera acercarse a la orilla, pero James lo convenció de que no pasaría nada si él estaba para protegerlo. El primer día, James se dedicó a que estuviera en el agua. No lo hizo nadar ni nada por el estilo. Solo que se quedara sumergido en el agua y nada más. Los siguientes días se dedicó a enseñarle a nadar. Para cuando llegaron a Ciudad Oscura, Psyduck ya no le temía al agua y podía nadar distancias cortas. Hacía falta que perfeccionara su nado, pero sintió haber hecho un gran progreso.
Persian, después de que James lo rescatara de árbol, cambió su actitud ante James. Caminaba más cerca de él e incluso comenzó a dormir casi al lado de James. Dos días antes de llegar a Ciudad Oscura, mientras James terminaba el diseño de la carreta, Persian apoyó su mentón en la rodilla de James y se quedó allí. Cuando James le acarició la cabeza, cerró los ojos, disfrutando de los mimos.
Todos habían hecho mejoras… excepto Lunita.
Desde que dejaron Ciudad Carmín, Lunita comenzó a estar más retraída y solitaria. Se negaba muchas veces a jugar y se la pasaba la mayor parte del tiempo aislada. Cuando Meowth le preguntaba sobre lo que le sucedía, ella respondía "Nada" y seguía aislada de todos.
Al fin, llegaron a Ciudad Oscura. Bueno, era más bien un pueblo, pero se hacían llamar ciudad de todas maneras. Quizás lo llamaban ciudad con la esperanza de engañar a los turistas o algo así.
El pueblo estaba muy diferente a como lo habían dejado varios meses atrás. El pueblo ahora estaba limpio y arreglado y la actividad fluyendo por las calles. James se preguntó que había pasado con el tipo que tenía un Electabuzz, Kazz ¿Seguiría molestando? ¿Se había ido del pueblo? ¿O tal vez estaba viviendo pacíficamente en el pueblo, sin rencores?
—Vaya, está muy diferente de como lo recuerdo —comentó Jessie, aún montada sobre Tauros. Al parecer, eso la hacía ver como alguien poderosa y prefería no bajar hasta que tuviera que entrar a algún lado.
—¿Hay Centro Pokemón aquí? —preguntó Meowth.
—Creo que no —respondió Brock—. Solo estuvimos aquí unas horas la última vez.
—Si no hay un Centro Pokemón, deberíamos buscar una posada —murmuró James, sujetando su block de dibujo. Sus planos de la carreta ya estaban listos y no veía la hora de buscar una maderera para empezar a construirla, aunque tuviera que estar todo el día martilleando clavos para terminarla.
—Primero vayamos al gimnasio —dijo Ash, ansioso por entablar una batalla.
—¡Tom! ¡Tom Ate!
Tres niños de unos seis o siete años fueron corriendo a su encuentro.
—¿Eh? ¿Me hablan a mí? —preguntó Ash.
Misty le pegó un codazo en las costillas.
—Cambiamos nuestros nombres aquí —le susurró.
—¡Ah, sí! ¿Cómo están? —preguntó Ash, rascándose la cabeza.
—¡Genial! Yaz abrió el gimnasio hace menos de un mes —le explicó uno de los niños—. ¿Vas a enfrentarte a él?
—Si, vengo a ganar la medalla —respondió Ash.
Los chicos iban a responder, pero de golpe se fijaron en Jessie, James y Meowth y su semblante cambió.
—¿Ustedes no eran los guardaespaldas de Kaz? —preguntó uno de los niños, frunciendo el ceño.
James se frotó el cuello con una mano. Sabía que no tendrían un buen recibimiento.
—Si, pero nos fuimos hace mucho —respondió, un poco nervioso—. Ahora estoy viajando con ellos. Nos estamos portando bien, lo prometo. Pregúntenle a Ash… digo Tom.
Ash asintió.
—Si, se portan bien.
—Oigan, ¿hay un Centro Pokemon aquí? —preguntó Brock.
—Está en construcción —respondió uno de los chicos—. Pero hay una posada por aquí cerca donde se pueden alojar esta noche.
—Pero me dijeron que iban a mandarme una Pokedex aquí…
—Supongo que estará en la posada, no se preocupe.
—¿Saben si en el pueblo hay una maderera? —James tenía ganas de poner manos a la obra con su proyecto, aún si eso significaba estar martilleando clavos todo el día.
—Si. Hace un tiempo algunos de los integrantes de Kaz se quedaron aquí y trabajan construyendo muebles. Les va muy bien.
—"¿Se quedaron?" ¿Qué pasó con Kaz?
—Kaz se fue del pueblo hace un tiempo, sin ningún rencor hacia Yaz. Dijo que quería construir su gimnasio en otro lado. Llamó hace un par de días a Yaz y le contó que puede que pueda construir su propio gimnasio en Isla Canela, ya que hace poco cerraron el gimnasio que estaba allí.
El grupo se miró entre ellos. James estuvo a punto de echarse a reír. Las vueltas que daba la vida… Los directivos de la Liga Pokemón sí que actúan rápido, pensó.
—Los guiaremos a la posada — se ofrecieron los niños y fueron arrastrados por las calles de tierra hasta llegar al destino. A James le hizo recordar la posada donde había hecho el amor con Jessie por primera vez. De solo pensarlo se sonrojó.
Una vez que se instalaron, Ash se mostró muy ansioso por ir al gimnasio. Se moría de ganas de batallar ya mismo. Por desgracia, James no iba a poder ver la batalla y Meowth tampoco.
—¿Pero por qué? —les preguntó Ash. Casi parecía que iba a hacer pucheros.
—Tengo que construir una carreta para que Jessie pueda viajar más cómoda —respondió James—. Pero Jessie sí ira a verte.
—Si, aplasta a ese cretino —Jessie hizo chocar su puño contra la palma de su mano.
—Oh, bueno —Ash pareció un poco desanimado.
—Pero te iré a ver la próxima, lo prometo.
Ash asintió y le sonrió brevemente.
—Lunita y Nina también irán a verte, Ash.
Nina le sonrió a Ash, pero no Lunita. La pequeña Meowth estaba decaída, acostada sobre la cama y murmurando por lo bajo.
—Lunita —la llamó James.
Ella paró las orejitas, se dio vuelta e hizo un intento de sonrisa.
—¡Nya!
James suspiró. Mejor que se encargara el padre, que podía entenderla. Puso una mano en el hombro de Ash.
—Da lo mejor de ti en la batalla.
Ash mostró una sonrisa ancha.
—Claro que sí, —respondió. Se dirigió a la puerta—. Los espero abajo —agregó antes de salir corriendo por las escaleras.
El gimnasio Yaz se veía tal cual como lo habían visto la última vez, idéntico a un dojo de pelea. Yaz se alegró mucho al ver a Ash y aún más cuando escuchó que quería ganar la medalla.
—¿Así que vienes por una Medalla Bosque, verdad? —Yas sacó su medalla del bolsillo y se la enseñó al grupo. Era verde oscura, con forma de triángulo y una pequeña piedra roja en el centro.
—Si —a Ash le brillaban los ojos por el deseo de tenerla consigo.
—Te advierto que no será fácil —sonrió el líder de gimnasio—. No será como la última vez.
El campo de batalla no estaba dentro del dojo, sino detrás, en el patio. Le hacía recordar cuando había peleado contra Koga. A apenas unos pocos metros, se encontraba el bosque.
—Antes tenía el campo de batalla adentro, pero siempre había destrozos, así que decidí que mejor era ponerlo aquí afuera.
Ash se posicionó en un extremo del campo, dándole la espalda al bosque. Misty, Brock y Jessie se sentaron en un largo banco de madera al costado, tres metros alejados de la cancha.
—¿Ya sabes las reglas, no? La batalla será tres contra tres. Al líder no se le permiten hacer sustituciones y la batalla es sin límite de tiempo. ¿Estás listo?
Ash asintió y se acomodó la gorra.
—¡Pokebola, ve! —Yaz tiró su primera pokebola: un Beedril salió, volando a un metro sobre el suelo. Ash se sintió confiado; los Beedril eran pan comido.
—¡Ve, Pikachu!
Su amigo saltó de su hombro y se puso al frente de Ash, listo para la batalla.
—¿Pikachu, eh? ¡Beedril, Picotazo Venenoso!
—¡Pikachu, Ataque Rápido!
Pikachu esquivó fácilmente el ataque de Beedril y dio un salto. Le pegó a Beedril en el estómago y este retrocedió, pero no dejó de volar.
—¡Pikachu, Impactrueno!
—¡Ataque Furia!
Antes de que Pikachu lograra su ataque, Beedril se abalanzó sobre Pikachu y le dio varios golpes cortos, secos y rápidos con los aguijones que tenía a modo de brazos. Eso fue más que suficiente para que Pikachu no pudiera dar el ataque y cayó al suelo, herido.
—¡Pikachu! —gritó Ash, temblando. No podía perder con él, no.
—Beedril, Picotazo Venenoso.
Beedril volvió a disparar sus aguijones y Pikachu hizo lo posible por esquivarlos, pero una de sus agujas lo golpeó en los cuartos traseros, envenenándolo.
—¡No!
Yas sonrió.
—No creo que tu Pikachu aguante mucho más, hijo. Ríndete.
—¡Nunca! Pikachu, ¿puedes levantarte?
Pikachu se enderezó para seguir peleando, pero a los dos segundos se desvaneció. Ash no lo soportó y corrió hacia él.
—¿Estás bien? —le preguntó a Pikachu. Este lo miró, con los ojos entrecerrados.
—Pikachu no puede continuar —dijo Yas—. Victoria para mí.
Ash levantó a Pikachu en brazos. Brock se levantó de la banca y corrió hacia ellos.
—Dámelo —le dijo—. Tengo un antídoto conmigo.
Ash se lo dio y Brock volvió a su lugar con Pikachu en brazos, mientras Misty buscaba el antídoto en la mochila de su compañero.
—Creía que eras mejor que esto, Tom —le sonrió Yas.
—¡Mi nombre no es Tom! ¡Soy Ash Ketchum, de Pueblo Paleta y te derrotaré! —sacó otra de sus pokebolas—. ¡Ve, Squirtle!
El pokemón acuático salió de su pokebola, listo para atacar.
—¡Chorro de agua!
Squirtle lanzó un potente chorro de agua, varios mejor dicho, porque Beedril los esquivaba con facilidad. Pero uno logró pegarle en un ala, lo que lo obligó a descender.
—¡Cabezazo!
Como un rayo, Squirtle se abalanzó sobre Beedril. El pokemón bicho no pudo esquivarlo y el ataque le pegó justo en el pecho, noqueándolo en el acto.
—Beedril, regresa —Yas se mordió ligeramente el labio—. A ver si puedes con esto: ¡Yo te elijo!
Lo que apareció fue un Pinsir. Ash era consciente de que un Pinsir no era para tomárselo a la ligera, pero tenía a Squirtle y a su duro caparazón. No sería muy difícil.
—¡Usa Chorro de Agua!
Pinsir ni siquiera pudo esquivarlo. El ataque le dio de lleno en la cara y lo arrojó al suelo.
—¡Giro Rápido!
Squirtle dio un pequeño salto y se metió en su caparazón en el aire, Comenzó a girar a una velocidad vertiginosa y se lanzó sobre Pinsir como si fuera una rueda salida de un accidente de auto.
—¡Pinsir, Agarre!
El Pinsir sujetó a Squirtle con sus pinzas en pleno ataque. Yas sonrió de manera casi diabólica.
—¡Movimiento Sísmico!
El Pinsir pegó un salto enorme, aun sujetando a Squirtle en sus pinzas, para luego estrellarlo contra el suelo con una fuerza que hizo temblar la tierra.
—¡Squirtle! —gritó Ash, esperando que su pokemón saliera de su caparazón y siguiera peleando. Después de un par de segundos, Squirtle salió y se levantó, temblando. No iba a durar mucho.
—¡Pinsir, termínalo con Cuchillada!
—¡Cabezazo!
Squirtle quiso tomar impulso, pero estaba demasiado cerca de Pinsir. El ataque fue directo a la cabeza y lo dejó fuera de combate.
—Squirtle está fuera de combate —anunció Yas—. Ash, ya ríndete.
—¡Nunca! —llamó a su Squirtle y sacó la tercera pokebola—. ¡Ve, Pidgeotto!
Pidgeotto salió de la pokebola, volando a dos metros sobre el suelo. Si perdía la batalla, todo estaría perdido.
—¡Pidgeotto, Tornado!
Pinsir no pudo contra ese ataque. Intentó resistir, pero quedó atrapado en el torbellino y comenzó a subir cada vez más. Cuando el ataque cesó, Pinsir cayó como una piedra contra el suelo, ya fuera de combate.
—Regresa, Pinsir —Yas sacó su última pokebola—. ¡Sal, Scyther!
Ash recordaba a ese feroz pokemón tipo Bicho. Tragó saliva, pero no quiso permitir que Yas notara que estaba asustado.
—¡Pidgeotto, Tornado otra vez!
El pokemón pájaro volvió a hacer el mismo ataque, pretendiendo hacerlo volar como a Pinsir, pero Yas solo sonrió.
—¡Clava una de tus cuchillas en la tierra!
Scyther obedeció. Clavó una de sus afiladas cuchillas en el suelo hasta la mitad y allí se quedó, a pesar del poderoso ataque Tornado.
—No está funcionando —murmuró Ash—. ¡Pidgeotto, Picotazo!
Pidgeotto bajó a tierra en picada, apuntando con su pico a la cabeza de Scyther.
—¡Cuchillada!
Cuando estuvo a unos pocos centímetros, Scyther atacó con la cuchilla que no estaba clavada a la tierra y lo golpeo con fuerza contra la cabeza de Pidgeotto.
—¡NO! —gritó Ash, viendo a su pokemón caer al límite de la cancha, sobre la línea dibujada con tiza. No se movía.
Yas no dijo nada. Sólo se quedó inmóvil mirando al pokemón pájaro durante unos segundos. Despegó los labios para hablar pero se detuvo cuando Pidgeotto se comenzó a levantar hasta quedar de pie.
—¡Que bien! —gritó Ash, casi saltando de felicidad.
Yas se mordió el labio inferior.
—¡Ataque Rápido!
—¡Pidgeotto, vuela! ¡Por el amor de Dios, vuela!
Pidgeotto levantó vuelo y logró esquivar el ataque de Scyther.
—¡Ahora, Ataque Arena!
Pidgeotto batió sus alas con furia y una tormenta de arena se desató en el lugar. No se podía ver nada más que un borrón amarillento delante suyo y nada más.
—¡Ataque Ala!
Pidgeotto se lanzó contra Scyther… o eso creía; no se podía ver nada. Para cuando se despejó la cancha. Scyther estaba tirado en el suelo. Pidgeotto estaba de pie, pero tambaleándose. Yas se quedó mirando la escena durante unos instantes antes de suspirar y decir:
—Scyther no puede continuar. El ganador es Ash Ketchum, de Pueblo Paleta.
Poco a poco, Meowth y James estaban construyendo la carreta. Jessie les había dejado a Tauros para poder tomar bien las medidas. Si tenían suerte, para mañana tendrían una carreta hermosa y techada para que Jessie pudiera viajar cómodamente y liberar un poco el peso de las mochilas, James no había querido quejarse, pero muchas veces la espalda le dolía bastante por todo lo que tenía que cargar.
Apenas había retirado su Pokedex en la recepción y conseguido los materiales en un corralón, y estaban comenzando a trabajar al costado de la posada, cuando Ash vino corriendo sosteniendo una pequeña medalla triangular con una piedrita roja en el centro.
—¡Gané! ¡Gané mi séptima medalla! —gritó Ash, con todo el entusiasmo del mundo.
—Lo lograste —dijo James, sonriéndole para ocultar su sorpresa. Cualquier otro le habría dicho "Sabía que lo lograrías" pero, para ser un entrenador, Ash no estaba entrenando. ¿Se lo estaba tomando en serio o no? Meowth lo miró, pero no dijo nada —. En el pueblo hay un médico pokemón donde puedes ir, según el dueño de la posada. Él sabe dónde está.
—Voy enseguida —Ash se dio media vuelta y salió corriendo hacia dentro de la posada.
A los pocos segundos, el resto del grupo llegó.
—Ash salió corriendo y no lo pudimos alcanzar —rio Brock.
—¡NYA!
—¡PIKA!
Nina se tiró encima de James, mientras que Lunita fue directo hacia su padre, Los lengüetazos y otras muestras de afecto no se hicieron esperar.
—¿Cómo va la carreta? —preguntó Misty.
—Apenas… estamos empezando —respondió Meowth, intentando hablar mientras su hija le daba mordisquitos cariñosos en las orejas—. Pero nos pondremos a trabajar enseguida.
—Yo sé que va a quedar espectacular —Jessie se acercó a James y le dio un suave beso en los labios.
Trabajaron durante casi tres horas sin parar y ahora estaban los dos sentados bajo un árbol. James tomaba ramen instantáneo de Dodrio, mientras que Meowth leía el libro de nombres que hacía rato llevaba consigo. Se preguntó que nombres se le estaban cruzando por la cabeza. Persian dormitaba a un par de metros, tomando el sol.
Aún no podía creerlo. Aun cuando veía a Jessie con su vientre cada vez más redondo y grande, no podía creer que estaba esperando una hija. Una niña preciosa, si heredaba la belleza de su madre, claro que sí. Pero había cosas que a veces no lo dejaban dormir por la noche.
No tenían casa. Eso para empezar. Una casa costaba dinero. Podrían adueñarse de una de las cabañas del bosque y vivir allí o tomarse el tiempo de construir una en los bosques. Pero todo eso llevaba su tiempo. Y también estaba el hecho de que no tenían un trabajo fijo desde el Equipo Rocket. Toda la vida viviendo de trabajos temporales en los que nunca había estado más de un mes, ya sea como vendedor ambulante, como camarero o cavando zanjas. Quería ser un buen ejemplo para su hija…
—Jamie.
James salió de sus pensamientos y miró hacia Meowth. Este ya había dejado el libro en el suelo.
—¿Qué? —preguntó.
—Jamie será el nombre de la bebé —respondió Meowth, con una sonrisa de oreja a oreja— Es el nombre perfecto para ella.
—¿Jamie? ¿No es nombre de varón?
—Aquí dice que es ambiguo.
James lo miró, pensativo.
—¿Por qué Jamie?
Meowth miró hacia el suelo.
—Se parece al nombre de los dos —musitó, como si sintiera vergüenza de decirlo.
James lo pensó detenidamente. Jamie. Jamie era un nombre bonito. A él realmente no se le había ocurrido nada y a Jessie tampoco. Tal vez no fuera mala idea ponerle ese nombre, al fin y al cabo.
—Veremos qué opina Jessie al respecto —dijo al fin. Se levantó del suelo, desperezándose—. Pero después. Sigamos trabajando.
Estuvieron trabajando sin descanso hasta casi las diez de la noche, iluminados por la luz de los postes. De no ser porque Meowth se había quedado dormido en el pasto, habría seguido hasta caer redondo, pero necesitaba descansar. Le faltaba muy poco para terminar la carreta. La puso a resguardo para evitar que alguien la robara por la noche y entró en la posada, acompañado de Persian, quien no se había movido de su lado
Al ser una posada, se habían dividido en varios cuartos. James cargó a Meowth y entró a la habitación donde estaban Jessie, Lunita y Nina. Las dos niñas dormían a los pies de la cama y Jessie leía una revista de maternidad. Apenas notó la presencia de James, dejó la revista a un lado.
—James… No debiste trabajar toda la noche…
James hizo un leve gesto para que guardara silencio y acostó a Meowth junto con su hija. Persian miró a la cama como si quisiera subirse, pero luego sacudió la cabeza y se fue a la esquina de la habitación a dormir.
—Mientras más trabaje, más rápido saldremos de aquí —susurró, mientras iba a buscar ropa en su mochila para cambiarse—. Meowth eligió un nombre para nuestra hija.
—¿Ah, sí? —Jessie parecía asombrada y ansiosa a la vez—. ¿Y cuál eligió?
—Jamie. Dice que lo hizo porque se parecía al nombre de ambos.
Jessie lanzó una débil risotada.
—Tonto —murmuró, más con dulzura que con burla.
—¿Qué te parece el nombre?
Jessie se quedó en silencio durante casi un minuto antes de responder:
—La verdad, ningún nombre que pensaba me convencía mucho, pero Jamie es un nombre muy bonito, ahora que lo pienso.
James terminó de elegir la ropa.
—Iré a darme un baño. Ya regreso.
—No te tardes mucho.
James salió de la habitación, cansado pero feliz. Ash había ganado su séptima medalla, la carreta estaba casi lista y su hermosa hija tenía un nombre. De a poco, la vida le estaba sonriendo.
