Holaaa!

Vaya, me tardé un poquito en actualizar pero es que quería esperarme a tener listo el capítulo en el que estoy trabajando…no pude, se me alargó mucho y cuando me di cuenta decidí actualizar de una vez.

Gracias a Kyle Lancaster, Lalala Gem, jazchuu y Clow por sus comentarios y a todos los que leen, dan favs y follows al fics n.n vi en sus comentarios que amaron el Malec...ya saben como es, si no se encantan ¿luego como rompo corazones? jojojojo contesto los comentarios

Lalala Gem: me alegra que la escena Malec te gustara n.n me dio mucha cosa romperle el corazón a Maxxie u.u oh vamos, que si se dejaran explicar se acaba el fics rápido xD Sebastian tiene todo muy bien planeado, y créeme, ese reencuentro será muy, muy intenso.

jazchuu: me alegra que te gustara n.n Sebastian sin duda tiene un plan...oh aun no se va a acabar como tal...vamos algo así como por la mitad.

Clow: jajaja sin duda; gracias por comentar n.n

Lo demás por privado :D así que ¡A leer!

Parte V: Guerra

No puedes salir ganando de la guerra más de lo que haces con un terremoto.

Jeanette Rankin

.

.

.

Capítulo 13: Malinterpretaciones

Es imposible hablar de tal manera que no pueda ser malinterpretado

Karl Raimund Popper

X.X.X.X.X.X.X.X.X.X.X

Los Hermanos Silenciosos trabajaban tan a prisa como podían; Maryse los podía ver mezclando ingredientes para infusiones, o colocando runas en la piel de Max. Desde que su pequeño había nacido, había soñado con la ceremonia de la primera runa de Max, había querido ser la primera en colocar una runa en su pequeño, y no solo no lo había sido: la piel de Max se llenaba cada vez más de runas y ella aun no tenía su oportunidad, pero lejos de lamentarse por eso; lo único que su mente se preguntaba era cómo reaccionaría el muchacho que se sentía tan cercano al pueblo hada, cuando despertara y viera que en lugar de tres runas tenía ya siete.

Quizás era una angustia tonta cuando el muchacho estaba al otro lado de la sala inconsciente y con la espalda rebanada, pero era lo único que importaba, porque Max iba a despertar; tenía que hacerlo.

Clary entró rápidamente entregando algunos ingredientes a los hermanos silenciosos que trataban a Max mientras Simon iba tras ella, también cargado de ingredientes pero para Magnus. Isabelle estaba también allí ayudando a los hermanos silenciosos en lo que fuera que requirieran mientras que Jace había salido a su oficina para llamar a Moon, y cuando volvió lo hizo junto a la bruja de orejas de murciélago que se dispuso a trabajar con su magia.

Maryse solo observaba, apartada donde no pudiera estorbar, pero lo suficientemente cerca como para no perder la mirada del rostro de su hijo ni un segundo.

- Es claro lo que le pasó a él – Comentó Moon a Jace de pronto, señalando el cuerpo de Max. Maryse prestó atención con interés; la bruja estaba sobre Magnus chasqueando los dedos, moviendo sus manos intentando mantener un hechizo rehabilitador pero por su expresión frustrada, no estaba teniendo el éxito esperado - ¿Pero qué le pasó a Bane?

- Él…- Jace estaba por contestar cayendo en cuenta que realmente no tenía una respuesta para eso – No lo sé – Admitió. - ¿Por qué? ¿Qué tiene?

- Está bien – dijo – O eso parece, pero está totalmente agotado – Admitió – Estoy intentando despertarlo, pero es como si mis hechizos no hicieran efecto en él – Confesó frustrada - ¿Ellos estaban juntos?

Maryse no prestó atención a lo que pudiera responder Jace, las palabras de la bruja fueron suficientes para que su sangre hirviera como la lava del infierno cargada de enojo e indignación "Estaban juntos". Por primera vez desde que llegara el brujo con Max en brazo, desvió la mirada de su hijo para observar mejor a Magnus: vestía solo con un albornoz y apostaba lo que fuera a que debajo de eso estaba desnudo; Max, por su parte, había llegado en ropa interior ¿Qué diablos?

-…Voy a intentar con una poción – decía Moon – La que usaron los hermanos silenciosos no pareció servirle de mucho.

- Has lo que tengas que hacer – La autorizó Jace preocupado; Magnus tenía que estar bien; tenía que despertar porque no estaba dispuesto a ir a la ciudad silenciosa para dale una mala noticia a Alec.

La bruja se dio media vuelta revisando entre los ingredientes si tenía los que necesitaba. Jace le dirigió una última mirada a Magnus volviendo luego hacía Max para preguntar si necesitaban algo más; ambos ignorando a Maryse que se había acercado con paso lento hasta el brujo y antes de que pudiera ser detenida tomó a Magnus del albornoz alzándolo y zarandeándolo.

- ¿Que le hiciste a mi hijo, brujo depravado? – Masculló entre dientes. Simon volteó a verla al oírla por su audición de vampiro, pero fue el único - ¿Intentaste forzarlo de nuevo?

- ¡Maryse! – Exclamó el diurno con tono de advertencia llamando la atención del resto, pero Maryse seguía zarandeando a un inconsciente Bane.

- Te dije que no te acercaras a Max, Bane.

- ¡¿Mamá, que haces?! – Se apresuró Isabelle.

- Deje a Bane en paz – Advirtió Moon con un amenazante fuego magenta en sus manos.

- En primer lugar, fue tu mocoso quien llegó a mi departamento pidiendo ayuda – La voz de Magnus los sorprendió a todos. El brujo de los ojos de gato estaba somnoliento, apenas y podía mantener los ojos abiertos y su voz era pastosa; Maryse lo soltó - En segundo lugar, le salve la vida. - La mujer bufó.

Moon chasqueó sus dedos haciendo que Maryse se desplazara hasta quedar sentada un par de camas más allá. Jace se acercó a ella mientras todo en la enfermería retomaba su curso.

- Quizás deberías salir – Ofreció él; la mujer solo negó observando a Moon preparar rápidamente la poción para dársela a Magnus. Bien, había sido estúpido lo que había hecho, pero quería respuestas y era lo que iba a tener, y luego patearía a ese brujo de vuelta a su loft en Brooklyn.

- Funciona – Comunicó Moon al ver como poco a poco Magnus volvía a abrir los ojos tras darle la poción.

- ¿Qué…que hago aquí? – Preguntó Magnus restregándose el rostro; el brazalete en su muñeca resplandecía con intensidad. Simon frunció el ceño, por lo que había hablado con Magnus ese brazalete brillaba así cuando usaba magia, pero no era esa la situación en ese momento ¿Entonces porque brillaba?

- ¿Por qué Max iría a pedirte ayuda? – Cuestionó Maryse. Magnus la miró incorporándose un poco. Simon intercambió miradas preocupadas con Clary que le hizo una seña con la cabeza que el diurno entendió caminando lentamente para colocarse entre Magnus y Maryse por si decidía volver a atacarlo porque algo le decía que Maryse había descubierto lo que ocurrió entre el brujo y su hijo menor.

- Pregúntale a él con qué clase de demonios se andaba metiendo para terminar así – Siseó Magnus; su voz fue apenas entendible y su expresión seguía bastante cansada- Pero yo acababa de hacerle el amor a Alexander y discutía unas cosas con él cuando este mocoso manipulador decidió empezar a convulsionar

- Por favor, nadie va a creer que estabas en la ciudad silenciosa cuando llegaste aquí buscando hermanos silenciosos.

Esta vez fue el turno de Magnus de parpadear perplejo. El brujo observó a Maryse, y luego a Isabelle y Jace que los miraban sin entender lo que ocurría. No pudo evitarlo bostezando sonoramente, recostándose nuevamente en la almohada, se sentía realmente agotado.

- Pensé…pensé que Robert ya les habría dicho: Alec fue… puesto en libertad hoy.

Magnus no fue consciente del impacto que sus palabras tuvo en la enfermería; el brujo volvió a cerrar los ojos cayendo dormido ante una confundida exclamación de la bruja que no entendía porque su poción no había funcionado.

*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.

Se detuvo ante el Instituto, con un pie sobre el primer escalón de las escalinatas que daban a la puerta principal; tenía todo un coctel de sentimientos en su pecho: expectativa y emoción por estar allí, porque veía a su familia de nuevo, vería a Max después de haberlo creído muerto tantos años; dolor y enojo por la traición de Magnus, con la visión del cuerpo del chico dormido en la cama de este, aun grabada con fuego en sus ojos; miedo, nervio y pánico porque la traición de Magnus no había sido lo peor de ese día.

¿Había alucinado?

Alec quería creer que sí, que la imagen de Sebastian que vio en el callejón junto al loft de Magnus había sido solo eso; una alucinación de su mente agobiada por lo que estaba sintiendo porque aunque la otra opción era más benevolente para su cordura, no lo sería para el bienestar del mundo: Sebastian había vuelto a la vida.

Negó con la cabeza. No lo había hecho, Alec lo había visto, ahí parado junto a la pared, lo había escuchado burlándose de él pero en cuanto dio un paso en dirección al rubio, con el pulso errante y el corazón desbocado, este había desaparecido; había roto su delirio; por lo que, aun desconcertado, echó a correr por las calles de Brooklyn en dirección a Manhattan, de regreso al instituto que era el lugar al que debió ir en primer lugar; de haberlo hecho su corazón no estaría roto y su cabeza no le habría jugado una mala pasada.

Y sin embargo, ahí estaba; sin atreverse a entrar, ni siquiera a llamar al timbre ¿Cuánto tiempo tenía allí? ¿Diez minutos? ¿Media hora? No estaba seguro, lo único cierto era que el sol en el cielo había comenzado a ocultarse creando matices naranja hermosos que él no tenía cabeza para apreciar.

El ruido del interior del instituto se escuchó de pronto. Alec se sobresaltó al distinguir el sonido ajeno al de los carros transitando por la calle, parecían pisadas apuradas y voces discutiendo. Subió las escalinatas guiado por las voces, las reconocía a la perfección y estaban discutiendo; al ojos azules le pareció escuchar su nombre en sus voces urgidas.

Estiró la mano finalmente decidiéndose a abrir la puerta cuando esta se abrió dejándolo de pie, frente a frente de Isabelle y Jace quienes respigaron con sorpresa al no esperarlo. Alec intentó sonreírles casi con timidez, ante sus miradas sorprendidas, los ojos dorados de Jace se cargaron de un brillo húmedo que intentaba contener

- Eres… eres…- Sollozó Isabelle, ella había perdido esa batalla y lloraba a raudales.

-… Un idiota – Lo riñó Jace con un golpe en su hombro abrazando luego a su parabatai con fuerza sin poder seguir conteniendo las lágrimas. Alec se aferró a él a prisa, también llorando: tenía cinco años que no podía acercarse a su parabatai; podía sentir como algo dentro de él se recomponía, haciéndolo sentirse más fuerte, una fuerza que nacía desde su brazo donde la runa que los unía era visible – Tenías que venir primero a ver a tu parabatai, idiota – Lo riñó con una sonrisa, volviéndolo a golpear en el hombro sin soltarlo.

Alec buscó a su hermana con la mirada. Isabelle los miraba un poco apartada, abrazándose a sí misma mientras lloraba con una sonrisa en sus labios; Alec podía ver en sus ojos el deseo de acercarse y abrazarlo también, pero la chica no se atrevía a hacerlo. No tuvo que darle mucha vuelta a la cabeza para imaginar porque: Isabelle tenía miedo que fuese a rechazarla, a pesar de que habían resuelto las cosas, de que se habían perdonado el uno a la otra, ella seguía temiendo que él le reprochara todos los años que no estuvo allí.

Alec estiró el brazo para tomar a Isabelle de la mano y acercarla, soltando a Jace para abrazar a su hermana; Jace se apartó dándoles su espacio, viéndolos y sonriendo abiertamente; Isabelle se aferró a Alec como a una tabla salva vidas.

- No puedo creer que papá lo haya logrado – Sollozaba ella.

- Y yo no puedo creer que apelara sin avisarme – Se quejó Jace, pero en ese momento ninguna queja tenía el peso suficiente para que lograra mostrar disgusto ¿Qué importaba si no le habían dicho cuando había recuperado a su hermano?

- Hicimos un trato con la Clave.

- Por mi pudo hacer un trato con el diablo, no me importa – Aseguró Jace – Vamos pasa – Exclamó haciéndolo entrar y cerrando la puerta tras él.

- Pensé que iban de salida. – Comentó confundido.

- Íbamos a buscarte – Aseguró Isabelle

– Maryse va a morirse – Comentó Jace; tanto el rubio como la pelonegro iban aferrados a Alec, cada uno de un brazo, completamente dispuestos a no soltarlo, a no permitir que desapareciera como el humo - Casi le dio un ataque cuando Magnus nos dijo que eras libre.

Alec se detuvo de golpe deteniéndolos a ambos que lo vieron sin comprender; no había esperado eso.

- ¿Magnus…está aquí? – Preguntó; no se suponía que volviera a verlo tan pronto, al contrario, se suponía que estaba escapando de él ¿Qué diablos pretendía Magnus? Jace e Isabelle por el contrario se miraron.

-Claro que está aquí, apenas puede mantenerse despierto – dijo Jace.

- ¿Qué?

- Juro que desde lo que te hizo en navidad no puedo ni verlo Alec pero él...salvó la vida de Max y… si ya lo perdonaste no me interpondré y…

- ¿Max?– Preguntó rápidamente soltándose de ambos para encararlos - ¿Qué le pasó a Max?

- No estamos seguros – Aseguró Jace – Magnus solo alcanzó a decirnos que llegó a su loft moribundo, dijo que mientras lo curaba tu llegaste y...- Jace sonrió de forma picara codeando a Alec alzando una ceja varias veces mientras marcaba las comillas con sus dedos - Ustedes discutieron y cuando te fuiste él empezó a convulsionar…apenas pudo traerlo

- Los están atendiendo a ambos ahorita – Aseguró Isabelle. Alec apenas y los escuchaba, en cambio se dio prisa al ascensor. El chico en la habitación de Magnus ¿Era Max? Sintió como un nudo en su pecho se soltaba con alivio, porque aunque no podía dejar de preocuparse por la salud de su hermanito, no había sido el chico del cementerio al que vio; y al mismo tiempo resurgía la culpa: había sido un idiota otra vez, desconfiando de Magnus, no dejándolo explicarse, arruinando el momento en que celebraban su liberación; pero esta vez no habría nada que lo hiciera apartarse de Magnus.

.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.

Apareció a través de un portal a las afueras del instituto; había ido al loft de Magnus hacía no más de media hora preocupada por todo lo que había descubierto en el laberinto espiral; pero en lugar de conseguir a su amigo, lo que encontró fue una sospechosa mancha en el sofá, algo de sangre en la recamara principal y un fuerte remanente de un hechizo poderoso realizado recientemente, pero del brujo no había rastro.

Se había preocupado, especialmente por eso último. Los brujos del laberinto espiral habían dicho que se había producido un importante pulso de magia así que dudaba seriamente que pudiese ser una coincidencia, intentó llamar a Magnus, maldiciendo esa estúpida habilidad que tenían los brujos para no ser rastrados, muy útil generalmente pero un dolor de cabeza cuando se trataba de Magnus. Como fuese, el brujo no contestó su llamada, al contrario escuchó su celular resonar en el loft.

Lo buscó revisándolo, intentando conseguir alguna pista de donde pudiera estar; había hecho un montón de llamadas: a ella, a Malcolm, a Jace Herondale, y esas habían sido las últimas. Intentó marcarle al rubio director del instituto sin respuesta por lo que tomó una rápida decisión: tal vez habría ido al instituto por ayuda, por la sangre en la cama quizás estaba herido.

Se apresuró en conjurar un portal al instituto; si estaba o no allí, lo mejor era asegurarse.

Pero una vez puso un pie al frente del lugar, la bruja frunció el ceño sintiendo la preocupación nacer en su pecho: podía ver un camino de gotas de sangre rumbo a la puerta principal, donde había una mancha mayor, sintió un sacudón en el estómago al imaginar que su amigo estuviera herido, ella era enfermera, estaba acostumbrada a las perdidas, o eso había creído antes de perder a Ragnor, no quería pasar por lo mismo con Magnus.

Se acercó a la puerta dispuesta a tocar para que algún Nefilim le abriera la puerta, cuando sintió la energía mágica de un portal apareciendo justo detrás de ella, y al segundo siguiente escuchó pasos apurados y al inquisidor empujándola a un lado para apartarla, abrir la puerta y entrar. Catarina no tuvo tiempo siquiera a sentirse ofendida, la bruja atravesó el pie evitando que la puerta se cerrara y entró tras Robert siguiéndolo a prisa, viendo el camino de sangre en el suelo; no tenía que ser un genio para saber que el Nefilim no correría así de tratarse solo de Magnus, sin duda algo más había ocurrido.

.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.

Acercarse al brujo no fue tan fácil como Alec esperó; él mismo había perdido a Magnus de su norte en dos oportunidades: primero al entrar a la enfermería donde lo primero que vio fue a Maryse, la mujer lo había abrazado con lágrimas en los ojos sollozando palabras de amor a su bebe; y él sollozaba con ella.

- Estas aquí, realmente estas aquí- Decía.- Robert lo logró; tengo a mis cuatro hijos de vuelta conmigo.

- Max...- Susurró Alec de pronto recordándolo; y esa fue la segunda vez que no pensó en Magnus - ¡Max está aquí! - Exclamó - ¿Dónde está? - El ojos azules lo buscó con la mirada, no lo encontró pero si al corro de hermanos silenciosos que rodaban una de las camas; se estremeció, no podía ser que estuviese tan grave, Max tenía que estar bien. Dio un paso adelante, en su dirección cuando por el rabillo del ojo captó el resplandor magenta; volvió la mirada y vio la bruja que estuvo en su vista esa misma tarde, realizando hechizo sobre Magnus, inconsciente - ¡Magnus! - Exclamó desconcertado y horrorizado; él había estado bien no hacia ni una hora, y ahora parecía que la bruja se esforzaba realmente con cada uno de sus hechizos en él; dudó hacía donde dirigirse primero pero no tuvo tiempo a tomar una decisión.

Robert se dio paso en la enfermería acompañado por Catarina Loss; mientras que su padre se apresuró hacía Maryse para saber de Max, la bruja azul empujó a Alec sin ningún miramiento apartándolo de su camino para pasar mientras gritaba a voz en cuello.

- ¡Deja de hacer magia sobre él! - Moon se detuvo en el acto. Catarina llegó hasta el brujo observando el brazalete que brillaba intensamente en su muñeca - ¡Por Lillith! – Exclamó, ordenando luego- No más hechizos ni pociones para Magnus.

- ¡Pero está agotado! - Contravino Moon con cierta molestia; Cat la observó disgustada porque le llevaran la contraria

- Si, y existe un remedio natural para eso; se llama dormir - Dijo con ironía - ¿Por qué no vas mejor a ayudar al otro herido? - La despachó con un gesto de la mano. Moon rechinó los dientes, pero fue lo suficientemente sensata para no buscar pelea en el recinto de los Nefilims, apartándose de Magnus y dirigiéndose hacía Max donde Robert ya conversaba con los hermanos silenciosos poniéndose al día con el estado del pequeño.

"Las heridas son de un demonio Hellhound y un ogro; habría sido más sencillo si Bane no hubiese contenido las secreciones en un inicio, sin embargo el chico está vivo gracias a él" - Informaron – "Max estará sedado un tiempo, puede que tenga fiebre, pero nada de qué preocuparse, solo manténganle baja la temperatura y esperen que despierte; estará bien"

Los hermanos silenciosos debieron comunicarlo para todos los presentes porque Alec también lo escuchó. Dirigió una última mirada a Magnus, a quien Catarina había acomodado las almohadas y mantas para que durmiera cómodamente, y sonrió hacía él en agradecimiento: Magnus realmente había salvado a su hermano. No pudo evitar que la espinita de la culpa lo punzara una vez más, pero meneó la cabeza apartándola y sonrió un poco más amplio en agradecimiento al brujo antes de dirigirse hacía Max, ignorando cuando pasó junto a su padre como este le pedía a Jace para hablar a solas:

- ¿Jace, puedo hablar contigo? - Pidió Robert al rubio, dirigiendo una mirada rápida a Alec que se había acercado al lecho de Max asegurándose que estuviese bien. El rubio asintió - En tu despacho.

El chico Herondale asintió guiando a Robert solo por costumbre, porque sabía que este conocía el camino mejor que él mismo. Cuando llegaron a la oficina, Jace le ofreció una silla al hombre pero este no se sentó, en su lugar le dirigió una mirada ruda a Jace.

- ¿Qué fue lo que ocurrió con Max? – Cuestionó con los brazos cruzados - ¿Cómo es que lo perdiste y llega así?

- Me pidió que lo llevara a Central Park - Explicó avergonzado - Iba todo bien, es decir, dentro de lo que cabe; él quería un helado y mientras se lo compraba, desapareció.

- Supongo que por eso no fuiste a la revisión del caso de Alec.

- ¿De qué hablas? - Se quejó el rubio ofendido - Sabes que no faltaría, pero no me avisaste - Le recriminó. Robert frunció el ceño.

- Por supuesto que lo hice, yo mismo envié el citatorio - Exclamó - Necesitábamos todos los votos seguros que apoyarían a Alec

- Pues yo no he recibido nada de la Clave - Aseguró él - Yo mismo vine a revisar la correspondencia esta mañana, Max es testigo - Exclamó, ojeando rápidamente su escritorio y agregando - Y sigue sin haber nada allí. - Señaló.

- Yo lo envié - Insistió Robert - Y gracias al Ángel que no requerimos tu voto porque ¿Cómo le decía a Alec que no podía salir porque faltó el voto de su parabatai?

- ¡No me llegó nada! - Gritó el rubio golpeando el escritorio con molestia, no iba a permitir que nadie, ni siquiera Robert, pusiera en duda lo que estaba dispuesto a dar por su Parabatai - Max vio que no había ningún sobre aquí; cuando se despierte él te lo confirmara.

Robert negó con la cabeza.

-Ya Alec es libre - Dijo - Lo importante ahora es centrarnos en quien le hizo esto a Max. – Jace resopló, porque había sido el mayor quien inició esa discusión.

- Fueron las hadas - Sentenció Jace - Baje la guardia en su territorio y lo secuestraron.

- No puedo abrir un caso contra ellas - Dijo Robert - Ya ves lo que piensa el Consejo, creerán que lo hago por todos los años que se llevaron a Max y lo desestimaran si no hay pruebas.

- Conseguiré esas pruebas - Aseguro Jace con determinación - Iré con Isabelle, Clary y Simon; interrogaremos a todo el reino Seelie, de uno a uno si es necesario.

.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.

El sonido de la música en Pandemonium envolvía los cientos de cuerpo que se movían en la pista, siguiendo el ritmo del electro y las luces que lo acompañaba, respondiendo con gritos emocionados ante la animación del DJ quien tras un movimiento de sus manos, cientos de caramelos de hadas cayeron del techo sobre las personas que abrían la boca al esperando atrapar alguno, disfrutando de la fiesta.

Las personas siguieron bailando las luces caleidoscópicas reflejándose en sus ojos, pieles, colmillos e incluso cuernos. Algunos se besaban apartados de la multitud, en los rincones del local; otros que lo hacían en medio del baile danzando enlazados con sus cuerpos mientras las hadas del piso superior en el área VIP los observaban con sonrisas ladeadas que no alcanzaban sus ojos, disfrutando de estimulantes bocadillos y otros placeres propios de su pueblo.

Un grupo de Pixies pululaba con grititos emocionados alrededor de un joven que bailaba para ellos, ignorando los negocios que otros Fey acordaban entre ellos sentados a las pequeñas mesas cuando la música se apagó de pronto y los abucheos no se hicieron esperar. Todos los Fey incluyendo el grupo que bailaba se acercaron a la baranda para observar que pasaba en el piso inferior donde los mundanos veían a una joven detective pelirroja con identificación del FBI junto al DJ tomando el micrófono de este mientras su compañero rubio era quien desconectó la música.

- Muy bien, necesito que todos salgan de manera ordenada- Pidió la pelirroja - Tenemos información de la presencia de una bomba en este lugar.

El caos no se hizo esperar entre los mundanos que gritaban saliendo a prisa mientras que los submundos que podían ver a través del glamour observaban con una ceja enarcada al par de Nefilims que habían interrumpido la velada.

- Los que no son criaturas del pueblo Fey márchense también - Ordenó el rubio director del instituto de New York. Muchos hombres lobos, brujos y vampiros no estaban contentos por ver interrumpida su velada pero no pusieron peros y salieron aliviados de no ser los responsables de hacerse con la atención de la Clave - Quiero a todas las hadas aquí abajo ya, y no estoy jugando: considérenlo una redada oficial.

Jace no tenía ningún arma en sus manos, pero la manera en que se movía y como sus manos pasaban claramente cerca de su cuchillo serafín, dejaba claro cuan dispuesto estaba a desenfundarlo y rebanarle el cuello a los que no obedecieran.

Poco a poco los miembros del pueblo Fey se fueron acercando, la mayoría bajando del área reservada. Las Pixies que rodeaban al muchacho habían abandonado cualquier jovialidad y mostraban una actitud amenazante mientras que este se quedaba un poco más atrás de todos, resguardándose tras ellos.

- Tenemos un negocio legal - Se quejó el encargado del lugar con voz rasposa.

- Por favor, no me hagan hablar sobre ese asunto de usar chicos criados por ustedes para drogar mundanos y así robar sus pertenencias – dijo Clary. El encargado rechinó los dientes y Jace miró a Clary sorprendido por esa información. – Magnus me lo dijo – dijo simplemente, encogiéndose de hombros.

- Como sea, la Clave se ha mantenido al margen de nuestros asuntos: no tienen ningún derecho a...

- No vine a hablar de tu negocio Koshter- Lo interrumpió Jace - Y lamentablemente para ustedes, a diferencia de la Clave, yo meto mis narices donde quiera - Dijo con prepotencia sonriendo encantado ante la mirada de odio que Koshter no contenía en lo absoluto.

Pero Clary no se fijaba en ellos: había notado los intentos del muchacho tras los Pixies de mantenerse oculto tras ellos luego de que ella revelase el asunto de ellos drogando mundanos. La pelirroja enarcó una ceja, era un guapo muchacho de ojos verdes pero fuera de eso no podía distinguir ningún rasgo del pueblo mágico en él.

- Cuando dije "tenemos información de una bomba" me refería a todos los mundanos fuera - Exclamó Clary de pronto. Jace volvió la mirada a ella que le señaló al chico.

- Largo de aquí mundano, sin excepciones – Ordenó Jace serio. El chico al ver que no había logrado su objetivo de pasar desapercibido y aliviado por no ser señalado por el asunto de las drogas a mundanos, se enderezó arreglando sus ropas y encarándola.

- ¿A quién llamas mundano, Nefilim? - Preguntó de mal talante, irguiéndose orgulloso, aunque Clary notó que no se había atrevido a dejar la protección que el corro de pixies le proporcionaba - Puede que no haya nacido con sangre Fey en mis venas; pero soy tan parte del pueblo Feéra como mis hermanos y hermanas Seelies - Decretó.

- Genial, una mascota Seelie – Bufó Clary por lo bajo.

- Clary –La riñó Jace por lo bajo negando con la cabeza casi imperceptiblemente; ella se desconcertó porque hasta hacía unos días, él habría sido el primero en llamarlo así, suspiró entendiendo: a Jace no le importaba ese chico, pero si él era una mascota, significaba que Max también lo había sido, y la idea no le gustaba. Decidió dejarlo así, pero el criado de hadas no estaba de acuerdo, hinchándose ofendido.

- Mi nombre es Richard - Dijo con solemnidad - Y la única que parece una mascota eres tú - Las hadas rieron con burla, celebrándolo. Jace se adelantó tomándolo de la camisa y acercándolo a él de forma amenazante.

- No quieras dártelas de listo Richard- Siseó; Clary tuvo que sacar su cuchillo serafín ante el disgusto de algunos Pixies al ver la situación, evitando que estos se acercaran – Sigue molestando a mi chica y no serás el primer mundano al que golpee – Amenazó soltándolo con un empujón; un par de Pixies lo sujetaron del brazo poniéndolo tras ellas de forma protectora. Clary enarcó una ceja ante esa actitud por parte de ellos – Eso creí – Se burló Jace - Como sea, estamos aquí por información.

- Nadie dentro de este local va a decirle algo a los hijos del ángel – Escupió un duende de apariencia tosca; todos los demás exclamaron de acuerdo. Jace se hizo oídos sordos sacando la fotografía de Max de entre sus cosas, mostrándola claramente a todos los Seelies que observaron en silencio.

- Es Maxwell Lightwood – Informó con voz clara; Clary observó a la multitud, esperando notar alguna pista - Vivió con ustedes por un tiempo y hace unas horas desapareció en su territorio, Central Park para ser exactos – La pelirroja se sintió frustrada, ya eran tres locales Seelies y en todos estos habían mantenido esa expresión que no le decía nada: ninguna de las hadas parecía demasiado sospechosa o demasiado preocupada o demasiado nada, simplemente era como si les estuviese diciendo que alguien había pisado una hormiga ¿Acaso la cara de Póker venía con la sangre Fey? - Lo conseguimos horas después apenas vivo, atacado por un demonio y una criatura Fey, un ogro para ser exactos. – Y entonces lo vio un destello de preocupación, o eso pensó, porque cuando volvió la mirada a Richard este mantenía la misma cara que el resto.

- Si alguno de ustedes sabe que pudo haberle pasado más les vale decirlo ahorita – Siguió Jace – Porque los haré pasar uno por uno ante mí jurando que no saben nada al respecto.

- ¿Y si no queremos que? – Gruñó una Pixie con voz aguda, flotando sobre la multitud con sus alas batiendo a toda velocidad.

- Empezare por cerrar este lugar - Dijo mordaz desenfundando un pequeño cuchillo de hierro que hizo a toda la multitud retroceder con un graznido – Luego veremos lo que uno de estos pude hacer en cada uno de ustedes – Amenazó.

- Eso es contra la ley Nefilim – Gruñó Koshter.

- Por lastima la ley ya no los abarca – Siseó – Y si no descubro quien hizo esto, acusare a todo el pueblo Fey por agresión a un Nefilim hijo del Inquisidor, además de alianza demoniaca - Las miradas asesinas no se hicieron esperar – Y créanme, el Inquisidor estará encantado; así que andando.

Una por una las hadas pasaron ante Jace y Clary "Juro que no sé qué o quién lastimó a Maxwell Lightwood ni porque" Habían repetido una y otra vez, algunos agregando un par de insultos al final. Como fuera, si alguno de ellos supiera algo no habría podido terminar la frase pero eso no ocurrió, y tuvieron que escucharla al menos unas cincuenta veces; y cada vez que lo hacían, la expresión de frustración de Jace crecía al igual que la de satisfacción de las hadas.

- Como ves Nefilim, no tenemos nada que ver; así que largo - Lo corrió el encargado del local. - No son bienvenidos aquí.

- Pero si apenas me divierto - Aseguró Jace aunque se dio media vuelta dispuesto a irse - Muy bien Koshter estoy ocupado ahora, pero ten por seguro que vendré a revisar ese asunto de robar y drogar mundanos.

El hada masculló una maldición y Jace y Clary salieron del local por la puerta de servicio, consciente de que habría una multitud de mundanos alarmados y submundos curiosos al frente. No se alejaron en lo absoluto, la pelirroja apoyándose en la pared del callejón y Jace tras la puerta, con el cansancio y la frustración claros en sus miradas.

- ¿Ahora qué? - Preguntó ella - Con esta ya son tres guaridas Seelies que visitamos - Jace se restregó el rostro consciente de eso y aún más de los nulos resultados que estaban obteniendo.

- Llamaré a Isabelle, quizás ella y Simon tuvieron más suerte en Central Park - Dijo restregándose el rostro con un fuerte cansancio emocional reflejado.

- Pensé que quizás el chico, el criado por ellos diría algo – Admitió Clary viéndolo sacar el celular para marcar a Isabelle, llevándose el aparato al oído – Pero juró como todos que no sabe nada, y si es mundano no tenemos como saber si dice o no la verdad.

- No creo que sepa nada – Contravino Jace – Solo es un idiota… ¿eh? No, no me refería a ti Isabelle – dijo al teléfono cuando este le fue contestado. – Nada, no conseguimos nada ¿Y uste…?

La puerta de servicio del Pandemonium se abrió empujando a Jace quien tropezó hacía adelante dejando caer el celular. El rubio exclamó una maldición volviéndose hacía la cabeza que se asomaba a través de la puerta con una mirada divertida.

- El destino sabe a quién favorecer – Celebró él saliendo del negocio, cerrando la puerta tras de sí, no sin antes asegurarse de que nadie lo hubiese seguido.

- Veo que alguien quiere que le parta la cara – Gruñó el rubio dispuesto a lanzarse sobre él.

- Jace espera – Lo detuvo la pelirroja interponiéndose entre ambos; el rubio bufó y ella miró al muchacho quien sonreía con superioridad, obviamente estaba acostumbrado a ser defendido - ¿Qué quieres…eh…? – Preguntó intentando recordar su nombre.

- Nadie dentro de ese local va a decirle algo a los Nefilims – Repitió las palabras del duende.

- ¿Solo viniste a decir lo que ya sabemos? – Gruñó el rubio de mal talante; Richard lo miró con exasperación, Clary en cambio pareció entender.

- Pero tú ya no estás ahí dentro ¿no? –Preguntó ella. Jace relajó la postura al oírla y ver como el criado por hadas sonreía de forma filosa.

- Al menos uno de los dos es inteligente – dijo y agregó - Tal vez tenga algo que decir si mi nombre queda fuera de cualquier investigación sobre el asunto de las drogas a los mundanos.

- ¿Qué te hace pensar que podemos hacer eso? – Siseó Jace llevado sus manos al mango del cuchillo serafín, dispuesto a obligarlo a hablar si era necesario. Clary movió su mano casi imperceptiblemente, colocándola sobre la suya, evitando que hiciera una estupidez.

- Porque sé que harán que la justicia de Clave tampoco caiga sobre Well.

Jace soltó el cuchillo serafín dando un paso al frente.

- Este es el trato: dime lo que sepas sobre lo que le pasó a Max y olvidaré tu nombre

- No necesito que lo olvide - Dijo confundido- Solo que no me inmiscuya en...

- ¡A eso me refería! - Exclamó frustrado por el comportamiento del chico hada no entendiendo sus maneras de hablar.

El chico por su parte asintió; sin embargo Clary notó que pese a haber obtenido el trato, no sonreía; en su lugar se restregó las manos nervioso mirando en ambas direcciones como si quisiera asegurar que no hubiese nadie más cerca.

- Nadie va a decirlo en voz alta, pero muchos se sienten disgustados por Well, dicen que se comporta como un pequeño príncipe sin corona – Jace y Clary enarcaron una ceja, no era muy difícil de imaginar – Además, a algunos duendes tampoco le hace mucha gracia su presencia en Feéra porque se habla que estuvo involucrado en la muerte de uno hace años – Admitió como si no creyera del todo en esa acusación - Pero él es el protegido de Kaelie, ningún Seelie, duende o no, querría contrariarla ya que encima de ella solo está la Reina Seelie.

- ¿Quieres decir que fue esa perra? – Saltó el rubio.

- ¡No ofendas a mi grácil señora! – Exclamó Richard de pronto enojando; del modo similar en que hacia Max - Mi reina no sería capaz de alguna vileza.

- ¿De alguna? Por supuesto que no - Coincidió Jace irónico - De todas.- El mundano frunció aún más el ceño resoplando.

- No sé para qué me molesto en hablar con ustedes – Gruñó dispuesto a marcharse. Clary miró a Jace de forma aprensiva; el rubio bufó.

- No espera...- Lo detuvo Jace, después de todo había sido el único que se acercó a ellos para hablar y era lo mejor que habían obtenido, no podía solo dejarlo marchar - ¿Quién pudo hacerlo si no crees que fue un Seelie?

- Un NoSeelie...tal vez – Dijo intentando no sonar del todo acusatorio y volviendo la mirada rápidamente, asegurando otra vez el callejón antes de agregar - No creo que ellos tengan algo personal contra Well, pero en ocasiones algunos de los nuestros quedan... involucrados involuntariamente en los conflictos entre los reinos.

- ¿Porque nos dices esto? – Preguntó Jace perspicaz – ¿Cómo sé que no sigues órdenes para hacernos ir tras los enemigos del pueblo Seelie?

Él se encogió de hombros, con una sonrisa torcida, un gesto que Jace había visto en otros Seelies antes, y que había visto en Max.

- ¿De qué hablas? Yo no te he dicho nada ¿recuerdas? – Dijo con cinismo – Y si me acusas, solo lo negaré, los Seelies no podemos mentir – Le guiñó el ojo sonriendo.- Así que toma la información si quieres Nefilim – El rubio no respondió, no estaba seguro de poder confiar en él pero hasta ahora era lo único que tenían. Se dispuso a marcharse del callejón, pero Clary no se movió, la pelirroja seguía observándolo, como se retorcía las manos indeciso, como si hubiera algo más que quería decir, quizás algo que quería preguntar.

- Max…Well, está muy herido – dijo ella de pronto. Jace se detuvo volviéndose de inmediato al escucharla, Richard por su parte alzó la mirada, y ahí estaba esa preocupación que ella había visto en el interior del Pandemonium reflejada en sus ojos verdes.

- Clary… - Advirtió Jace.

- Pero están atendiéndolo en el instituto, se pondrá bien – Aseguró la pelirroja.

- ¡Clary! – Subió la voz el rubio con molestia – No tienes por qué decirle nada sobre Max.

- Él no vino a hacer un trato con nosotros Jace – Le hizo ver ella porque era absurdo: nadie en la Clave pensaría en acusar una "mascota" por lo que las hadas le ordenaban hacer; pero el pueblo Fey no iba a perdonar una traición, más no serían tan rudos con uno de los suyos que velaba por sus propios intereses haciendo un trato de inmunidad, después de todo, todos lo hacían – Él conoce a Max. – Sentenció; la prepotencia del muchacho había desaparecido y en su lugar asintió ligeramente.

- Solo…dígale que tiene que recuperarse y darse prisa en volver – dijo por lo bajo, en un susurro como si le costase admitir lo que decía en voz alta, agregando luego con prepotencia - Mis versos necesitan el acompañamiento del aulos – Decretó como si sus necesidades poéticas fuesen motivo más que suficiente para Max no morir.

El chico se dio media vuelta sin esperar respuesta y con actitud altanera volvió al local. Jace observó por donde se había ido por un segundo antes abrazar a Clary en agradecimiento; al menos ahora tenían sospechosos que investigar: los duendes, la corte UnSeelie y, nadie iba a sacárselo de la cabeza a Jace, la Reina Seelie.

Sonrió; porque quizás, después de todo podían confiar en el criado de hadas; Max no había estado tan solo durante esos cinco años; al menos había hecho un amigo.

*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*

Arregló la colcha en su amigo para asegurarse que estuviera bien cubierto. Tan solo Magnus se le ocurría aparecer moribundo y sin ropa interior en el hogar de la familia de su pareja; sinceramente no sabía de qué se sorprendía.

Una vez aseguradas las noblezas del brujo, se enfocó en el brazalete en su muñeca. Catarina tomó su mano para observarlo más de cerca. Era una prenda bastante hermosa, como irónicamente solían ser las cosas que te aseguraban un puesto en el infierno. La piedra en el centro del brazalete refulgía ligeramente, suponía que lo haría mientras siguiera absorbiendo la magia de las pociones que Moon había administrado en él antes de que ella llegara.

El brazalete no parecía tener algún broche y quedaba lo suficientemente ajustado a la mano de Magnus como para que no pudiera deslizarlo, debía de adaptarse así a la muñeca de cualquier víctima.

No quería admitirlo, pero le preocupaba esa situación: en el libro que Buck le dio habían dicho que se requirió de hordas de demonios, ángeles y submundos unidos para quitarles las joyas a aquella dama Seelie; dudaba seriamente que el cielo, la tierra y el infierno volvieran a unirse alguna vez, quizás no fuese necesario, después de todo nadie tenía las cuatro joyas en su poder pero el libro tampoco había sugerido como quitarle alguna de las joyas a los tres brujos, todos habían muerto y ella no iba a esperar a que Magnus empezara a envejecer o que Sebastian volviera para arrasar el mundo.

Catarina se mordió el labio volviendo la mirada: Maryse y Alec estaban haciéndose cargo de limpiar al otro herido. Por un segundo su mirada se encontró con la preocupada de Alexander, y ella se la mantuvo casi con reto.

No había esperado verlo allí, libre; no le gustaba la idea después de todo lo que había pasado hacía cinco años; pero se alegraba por Magnus, porque él merecía ser feliz y si eso era lo que le hacía falta para serlo, ni modo.

Asintió ante la muda pregunta que Alexander le hacía, queriendo saber si Bane se pondría bien. No iba a desgastarse en buscar un enfrentamiento con el Nefilim, pero tampoco confiaría en él: Alexander había sido puesto en libertad al mismo tiempo que alguien intentaba devolver a Sebastian a la vida ¿Podía ser solo una coincidencia?

Vio al inquisidor entrar en la enfermería y dirigirse a su familia. Catarina se fijó en él por unos segundos antes de suspirar y dirigirse a la familia Lightwood.

- Jace e Isabelle salieron a investigar – Escuchó que Robert informaba a los otros dos. – Yo tengo que volver a Idris, las cosas están tensas con el portal a Edom.

Catarina se detuvo en su camino fingiendo que buscaba algo en una de las estanterías con pociones.

- ¿Qué ha pasado Robert? – Preguntó Maryse preocupada. El Inquisidor miró en todas direcciones para asegurarse no tener la atención de la bruja; y habló en voz baja para que la de piel azul no lo escuchara. Catarina rodó los ojos chasqueando los dedos en un hechizo que le permitiera escuchar a la perfección.

- Tuvimos un pulso de magia especialmente fuerte – Explicó. – Todo el portal se iluminó: tenemos guardias Nefilims y del Scholomance preparados, y brujos del laberinto espiral. Ellos están seguros que todo esto es por Sebastian.

Catarina no pudo evitarlo y volvió la mirada para observarlos, frunció el ceño al ver como Alexander se mordía el labio preocupado, más no sorprendido; parecía que había algo que quería decir, algo que no se atrevía a verbalizar.

- ¿Él…salió del portal papá?

- Nada ha salido del portal y gracias a Raziel por eso – Suspiró Robert con cierto alivio pero no tanto como el que se reflejó en la expresión del muchacho, Catarina frunció el ceño con desconfianza – Pero no podemos fiarnos, por eso tienes que estar mañana a primera hora en Idris, Alec: cuanto antes sepamos que está pasando más fácil será detenerlo y demostrar a la Clave que estás de nuestra parte.

Alec asintió y Maryse siguió intercambiando un par de palabras más con su exesposo para acordar los detalles del día siguiente. Catarina no se fijó en ellos sino que mantuvo la mirada en la expresión pensativa de Alec preguntándose porque estaba tan aliviado.

Dejó de fingir interés en la estantería de pociones volviendo hacía Magnus, suponía que Sebastian no estaba lo suficientemente fuerte aun, y que era su deber informar al Inquisidor de lo que sabía: que era su amigo quien nutría con su magia al medio demonio, pero aunque Robert entendiera que no era responsabilidad de Magnus ¿Lo haría el resto de la Clave? Los Nefilims tenían un largo historial de ser inclementes con los submundos y estaba segura que a la mayoría de ellos no le temblaría la mano para sacrificar al brujo y eliminar la amenaza.

- ¿Cat? – El susurro de Magnus la sobresaltó, la bruja de piel azul volvió la mirada hacía su amigo, quien la veía con esfuerzo para mantener los ojos abiertos. - ¿Volviste?

- Si Magnus – dijo ella rápidamente - Averigüé un par de cosas; pero…

- Max puede quitarlo…- Susurró alzando la mano del brazalete. Catarina abrió la boca sorprendida ¿Max? ¿El Lightwood menor era el criado por hadas que había causado todo ese lio con la magia de Magnus?

- Descansa Magnus – Le pidió con la mente a millón: porque Sebastian volvía, Alexander era libre debido a eso y Maxwell se encontraba detrás de todo aquello - Hablaremos de eso luego – Sugirió, el brujo asintió cerrando los ojos una vez más ignorando la preocupación de su amiga, que no podía evitar desconfiar, que no podía dejar de recordar que esos tres habían vivido como una bizarra familia, y temía que, tal vez, querían reunirla de nuevo.

.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.

La luz de la luna se filtraba por las ventanas de la enfermería, acababa de anochecer cuando Robert se marchó y más atrás de él, también Catarina; pero Alec y Maryse se habían quedado allí haciéndose cargo de todo y de eso ya hacía un par de horas.

El ojos azules no podía negar que desde que había hablado con su padre sobre la situación del portal en Idris se había sentido más tranquilo. Se había cuestionado sobre contarle a su padre la visión que había tenido de Sebastian, pero al escucharlo asegurar que todo estaba bien, sintió como dejaba escapar el aliento que no sabía que contenía: Sebastian no había salido por el portal, significaba que no era él a quien había visto; no valía la pena alarmar a todos por una mala pasada de su mente.

Exprimió el paño húmedo sobre el recipiente de peltre para quitar el exceso de agua y colocarlo sobre la frente de Max, los hermanos silenciosos habían tenido razón y la fiebre no había tardado en aparecer. Mientras Alec se encargaba de su frente, Maryse frotaba el cuerpo del menor como cuando era un bebe y enfermaba con altas fiebres causadas en los primeros días de la varicela o el sarampión.

Alec apreció el rostro de su hermano; tal como imaginó, Max había crecido muchísimo; y sin embargo mantenía una contextura fina y delicada debido a la falta de entrenamiento, había notado también, cuando limpió los restos de sangre de sus manos y entre sus dedos que tenía dedos largos y delicados sin ninguna callosidad. Eso le había hecho sonreír aliviado, de alguna forma le alegraba saber que las hadas no lo habían obligado a trabajar como esclavo o algo así.

- Deberíamos estar celebrando tu puesta en libertad – Lamentó Maryse.

- Lo haremos luego – Aseguró Alec – Celebraremos también que Max se recupere – La mujer le sonrió débilmente a su hijo mayor, sumiéndose nuevamente en silencio - ¿Y sus gafas? – Preguntó de pronto notando la ausencia de estas en la mesa junto a la cama.

- Ya no las usa - Comentó Maryse sin apartar la mirada de su hijo menor - Max quería verte...o eso creo - Dudó para sí misma: Max había llorado en la habitación de Alec, e Isabelle había supuesto que quería ver a Alec pero ahora sabiendo lo que ocurrido entre él y Bane, quizás las lágrimas de su hijo menor habían sido de culpa o arrepentimiento.

La sonrisa de Alec vaciló y Maryse lo notó.

- ¿Que digo? ¡Claro que estará feliz de verte libre cielo! Todos lo estamos - Aseguró. - Es solo que Max...ha pasado por muchas cosas, las hadas lo han criado de manera diferente y quizás… cometa errores, pero es un buen chico, y es tu hermano; no lo olvides.

Alec asintió confundido viendo a su madre dejar el paño en el recipiente con agua. Y tras un suspiro dirigió una mirada molesta a Magnus que seguía durmiendo. Alec lo notó sin comprender que había ocurrido entre su madre y el brujo: en año nuevo, aun cuando le contó a sus padres sobre sus problemas con Magnus, ella no parecía tan enojada con él, al contrario, fue su madre quien le hizo reconsiderar darle otra oportunidad al brujo.

- ¿Mamá, puedes encargarte de Max por un momento? - Pidió.

- Por supuesto que puedo - Dijo y agregó rápidamente al ver que la mirada de Alec estaba en el brujo - Pero vete a descansar, date una ducha; no le debes nada a Bane.

- Mama...- Dijo en tono de advertencia.

- Solo digo - Dijo fingiendo inocentemente - Está mejor así, él debe descansar, déjalo dormir solo.

- Muy bien ¿qué es? - Preguntó encarándola - ¿Que pasó entre tú y Magnus? - Maryse dudó, era una verdad muy grande la que tenía para decir, una que no quería verbalizar porque no quería ver sufrir a su hijo.

- Es solo que...creo que deberías aprovechar esta nueva oportunidad hijo - Dijo ella - Para reconsiderar tu vida, comenzar todo nuevamente

- Pretendo hacer eso, con Magnus - dijo categórico; Maryse negó con la cabeza.

- Pero en Idris hay... tantos Nefilims de buena familia – Alec enarcó una ceja - O quizás prefieras a otro submundo – El ojos azules no podía creer lo que escuchaba; Maryse también pareció notar lo que decía puesto que suspiró - Lo que quiero decir es, que te des la oportunidad de encontrar a alguien, un chico más adecuado para ti.

- Pensé que habíamos acordado que de las opciones que tomé, Magnus era el hombre adecuado para mí.

- Lo sé, lo sé - Dijo ella rápidamente ante la insinuación de la única otra relación que Alec había tenido alguna vez - Pero quizás él era bueno para ti entonces; pero no lo es ahora - Dijo categórica. Alec realmente no lo entendía, se suponía que su madre había aceptado su relación hacía mucho, ¿Por qué actuaba así entonces? - Solo no quiero que sufras hijo.

- Magnus nunca me haría daño adrede - Aseguró zanjando la conversación y dándose media vuelta antes de que Maryse pudiese replicar. La mujer se mordió el labio dirigiendo una mirada de culpa al rostro inconsciente del más joven, una mirada similar a la que Alec le dirigió a Magnus cuando llegó hasta él sentándose a su lado.

El rostro del brujo estaba apacible, se veía tan vulnerable, no había ningún rastro de maquillaje o purpurina en su rostro, después de todo lo había conseguido en su loft apenas salía del baño. Le gustaba verlo así, al natural; era una imagen que Magnus solo había presentado ante él hasta ahora, suponía que después de todo la situación de Max lo había urgido a ir tan a prisa.

Estiró la mano para acariciar su rostro; nunca había sido la persona más segura de sí misma, pero tenía que dejar de ver fantasmas donde no los había. Él quería convencerse de que no le daría más importancia de la que merecía el asunto con el chico del cementerio, Magnus se había disculpado, le había pedido que lo perdonara y asegurado que no había significado nada, sin embargo, ahí estuvo él malinterpretando todo, gritándole cada una de sus inseguridades, desconfiando de Magnus.

Se estiró para asegurarse que la almohada de Magnus estuviese bien colocada, no era que no confiara en Catarina, sabía que ella apreciaba mucho a Magnus, era solo que quería hacerlo, cerciorarse que estuviese bien.

No volvió a sentarse de inmediato, en su lugar su mano se deslizó suave sobre el rostro del brujo en una caricia depositando luego un beso en su frente y sentándose una vez más a su lado, notando el brazalete en su muñeca; el brillo en la piedra había disminuido e intentó quitárselo; Magnus tenía que descansar lo más cómodamente posible, Catarina no debió dejárselo puesto, sin embargo rápidamente se dio cuenta porque lo hizo: el brazalete no cedía.

No quiso incomodar demasiado a Magnus así que dejó la joya, tomando en su lugar la mano del brujo.

- Lo siento - Susurró no muy cómodo con que su madre cerca de allí pudiera escucharlo, pero tenía que decirlo - Lamento haber sido un idiota: Jace me dijo que el chico en tu loft era Max; yo...lo malinterpreté todo… pensé que...pensé que era ese chico... entré en pánico y no deje que te explicaras... - Se excusó- Todo estaba marchando tan perfecto que supongo que temía arruinarlo, y termine haciéndolo

La mano de Magnus se cerró sobre la suya en un débil apretón; el brujo había abierto los ojos con el cansancio marcado.

- No... Yo lo siento, Alexander -Se disculpó, intentaba mantener los ojos abiertos pero sus ojos se volteaban cerrándose, en el limbo del sueño - No me dejes - Le suplicó.

- Duerme, estaré aquí - Aseguró Alec besando sus manos unidas, no iría a ninguna parte, no tenía ningún otro lugar en él que quisiera estar.

*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*

Regó las plantas que mantenía en su morada con agua de arrollo; eso la ayudaba a entretenerse y el aroma que las plantas le daban a cambio la hacía relajarse para no pensar en lo silencioso que le parecía el reino sin escuchar el sonido del aulos mientras leía documentos oficiales del reino, o a los lejos acompañado de risas y declamaciones.

Como fuera, era mejor hacerse cargo de mantener todo en orden en su residencia, porque si no podía con eso, ¿Cómo mantendría el orden en el Reino Seelie?

Kaelie volvió al arrollo para tomar un poco más de agua en un recipiente de barro y llevarlo hasta su pequeño huerto de flores. Se sentó en el suelo, utilizando ambas manos para verter el agua en la raíz de las plantas, cuando sintió que la paz de su morada era interrumpida. La mujer hada volteó de inmediato al momento que alguien asomaba la cabeza a través de las cortinas de flores.

- Lamento la intromisión bella dama; pero ¿podría disponer unos minutos de su tiempo para escucharme? Tengo algo muy importante que decirle.

- Está bien Richard, pasa - Aceptó ella, dejando la ponchera con agua en el suelo y dedicándole su atención con interés, porque el muchacho no solía dirigirse a ella directamente. Recordaba que Well le había dicho en una ocasión que él joven humano le tenía miedo. La idea le había parecido tonta y hasta un poco divertida, pero ahora que veía al chico criado por su pueblo, retozándose las manos con nerviosismo, se preguntó que tanto seria verdad. - Deja que tu boca libere las palabras que te angustian - Dijo, él asintió respirando profundo, armándose de valor.

- Well está herido.- Kaelie dejó el recipiente en el suelo incorporándose a prisa.

- ¿A qué te refieres con "herido"? - Preguntó de inmediato.

- Los Nefilims están investigando - Informó - Fueron a Pandemonium, buscaban información de quien pudo haberlo lastimado - El pulso de la mujer hada de piel blanca le tembló violentamente.

- ¿Como esta?

- Dijeron que está delicado, pero estaría bien – Dijo y agregó rápidamente, avergonzado - Lo lamento mi dama, no tengo más información sobre su estado.

- ¿Pero qué le pasó? - Pregunto con angustia

- Ellos...dicen que lo atacó un demonio junto con una criatura Fey, un ogro.

- Gracias por avisar – dijo ella en un susurro, si su piel no fuera blanca como la leche, seguro habría palidecido. – Te mantendré informado, ahora márchate. Yo me encargaré – Ordenó; el chico asintió dispuesto a salir de la morada de Kaelie, pero justo antes de atravesar la cortina de flores, ella volvió a hablar – Si oyes algo más sobre Well, comunícamelo de inmediato, sin hablar con nadie más.

Él asintió y ella lo despachó con un gesto de la mano tras lo cual él salió de la morada dejándola buscar a prisa un pequeño recipiente entre sus cosas.

Cuando finalmente lo consiguió, vació el contenido del recipiente de barro sobre las plantas para poder sustituirlo con el agua de rosas del manantial Fey que llevaba en el frasquito. Susurró unas palabras, un viejo verso, un hechizo Fey que culminó con el nombre de Maxwell Lightwood, quería comunicarse con él, necesitaba hacerlo; pero no fueron sus vivaces ojos grises o su sonrisa fresca y juvenil lo que vio reflejarse en el agua sino el rostro mallugado por feos golpes y moretones, aparentemente dormido, o eso esperaba.

Kaelie estiró la mano como si quisiera acariciar su rostro golpeado y darle algo de consuelo, pero sus dedos traspasaron la superficie del agua rompiendo la imagen. La mujer hada se incorporó a prisa guardando esa agua en su recipiente y se apresuró por una capa antes de salir a prisa de Feéra.

.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.

El ambiente en el instituto estaba calmado; el reloj de la pared marcaba pasada la media noche y en el lugar solo estaban los dos ocupantes de la enfermería, Maryse y Alec. Jace, Clary, Simon e Isabelle habían salido hacía algunas horas a investigar sobre lo ocurrido a Max, y Robert había tenido que volver a Idris no sin antes recordarle a Alec que debía estar en el país Nefilim a primera hora de la mañana. Catarina y Moon también se habían marchado, la primera asegurando que volvería en la mañana para evaluar a Magnus.

Como fuera, solo madre e hijo se mantenían en el instituto velando el descanso del brujo y el criado por hadas cuando el sonido del timbre del instituto los sobresaltó, no esperaban a nadie a decir verdad; pero el timbre siguió sonando con insistencia. Maryse intercambió una mirada con Alec antes de suspirar.

- Iré a ver quién es - Informó tendiéndole el paño húmedo. Alec le dio un apretón suave a la mano de Magnus, incorporándose y yendo hasta ella, tomando el paño para seguir con la tarea de mantener la temperatura del menor, sentándose donde pudiera mantener en su campo visual a Magnus - Volveré de inmediato - Dijo ella. Alec asintió y Maryse se encaminó a prisa a la puerta principal apurada por la insistencia de quien fuera que tocara.

Pero cuando abrió la puerta, la sorpresa en su rostro solo duró un segundo antes de que el enojo se apoderara de ella.

- ¡Tu! ¿Qué haces aquí? - Rugió.

- Solo vine a ver a Maxwell - Pidió Kaelie, apenas y llevaba una capa fina cubriéndola del frio del invierno pero no parecía molestarle: no había ferocidad o altanería en su expresión o palabras -Supe que está herido.

- No - Negó Maryse - ¿Cómo te atreves a venir? ¡Largo!

- Por favor Maryse Trueblood, permíteme pasar al instituto – dijo dando un paso al frente - Déjame ver a mi niño – Suplicó.

-¿¡Cómo te atreves!? - Rugió la mujer empujando a Kaelie para apartarla de la entrada y saliendo del instituto cerrando la puerta tras de si - ¡Max no es tu niño! - Espetó- ¡Es mío; es mi bebe!

- No vengo a discutir eso, solo quiero verlo.

- ¿Crees que tienes algún derecho? ¡Por favor! – dijo mordaz.

- Yo lo crie...- Alegó la hada entre dientes. Maryse le volteó el rostro con una bofetada incluso antes de que pudiera terminar de decirlo.

- Tú me lo robaste; a mi hijo pequeño - Le espetó.

- No lo robe, nos fue entregado y...

- Y no lo devolviste, te lo quedaste para ti como un trofeo de guerra, lejos de su familia ¡Para mí es lo mismo! - Le gritó- Y si no te he cortado el cuello aun es en agradecimiento porque al menos lo mantuviste con vida todo este tiempo, pero nada más - Rugió. Kaelie temblaba de ira contenida.

- ¿Qué quieres que haga para que me dejes verlo, Maryse? Saber cómo esta...solo te pido eso...

- Se pondrá bien - Dijo; no se sentía capaz de ser tan cruel como para no decirle al menos eso - Pero lo menos que puedes hacer es averiguar quién de los tuyos lo lastimó y porque - Siseó; Kaelie asintió.

- Y eso voy a hacer, pero no porque tú me lo digas – dijo entre dientes. Ambas mujeres se mantuvieron la mirada en una batalla de voluntades; los ojos azul oscuro de la Nefilim contra los totalmente azul cielo de la hada quien finalmente suspiró - Al menos... Al menos dale esto - Dijo entre dientes tendiéndole un recipiente; un pequeño frasco de cristal con un emplasto verde en su interior. La mujer Nefilim enarcó una ceja - Es medicina - Explicó- Ayudará a curar sus heridas, especialmente con las del ogro y...

- Mi hijo es un Nefilim- Siseó volviendo a entrar al instituto sin tomar el recipiente- Con las runas le basta; no necesita tu medicina.

- Well no quiere runas en su pi...- Pero ella le cerró la puerta en su cara – ¡Vieja arpía! – Chilló Kaelie arrojando el frasco contra la puerta sin contener más su ira o las lágrimas en sus ojos. Maryse iba a pagarle caro lo que estaba haciendo, manteniéndola apartada de su niño Well, pero primero haría pagar al responsable del daño a su pequeño.

_OO_OO_OO_

¿Qué les pareció?

Oh ahora involucran al Reino UnSeelie D: a ver cómo crece el problema (por cierto, me está gustanto escribir a Richard)… Y Sebastian ¿Realmente era una alucinación? Ahora Cat sospecha de Alec pero ya al menos ya él, Magnus y Max están reunidos, solo falta que despierten y ¿resuelvan? todo, ya veremos eso en el próximo capítulo; no tengo ni idea de cómo llamarlo, aun no me decido; pero ya está listo n.n

Nos leemos pronto

Besos :3

P.D: Si alguien consigue Lord of Shadows en español o portugues avísenme Y_Y