¡Buenas!

Disculpen lo corto del capítulo.

Kaiser: Bueno, Ash es medio vago o tal vez peca de tener demasiada confianza en si mismo y en sus pokemón. Tal vez ambas. Pero la Liga no es lo mismo que una batalla de gimnasio, es mucho peor.

¿Te gustó el nombre? Me alegro, estaba un poco ansiosa por saber la opinión de los lectores sobre el asunto.

Guest: Los mimitos de James superan cualquier video de Youtube.

Tommi: James es Jesucristo, como me dijeron en la otra plataforma donde publico este fic XD. Ash no va a ganar ni las preliminares si sigue con esa actitud, pero veremos si cambia.

Alen: Psyduck tiene potencial, pero hay que ser paciente con él. Muy muy paciente.

Capítulo treinta y nueve.

La palabra

Cuando Jessie despertó, James no estaba durmiendo plácidamente a su lado, sino que estaba sola con Meowth, Lunita y Nina. Con un suspiro, se levantó, se puso unas zapatillas, bajó las escaleras y salió de la posada.

James estaba sentado bajo un árbol, completamente dormido. Al frente de él había una carreta hermosa, de gran tamaño. Tenía una cubierta hecha de lona para soportar las lluvias. Era lo suficientemente grande para que entraran todos.

Miró a James, quien aún dormía y sintió una oleada profunda de cariño hacia él. Jessie siempre decía que era una mujer demasiado maravillosa para que la enamoraran fácilmente, pero ahora pensaba que demonios había visto James en ella. El era demasiado bueno, demasiado atento, demasiado hermoso… Ojalá se hubiese dado cuenta antes del hombre que tenía al lado, mientras ella seguía buscando afuera. Que estúpida había sido.

James se removió un poco y se despertó.

—¿Jessie? —preguntó, adormilado —. Ya terminé la carreta… ¿Te gusta? Este tipo de carretas se llaman "galera" —se incorporó con dificultad del suelo—. Es un diseño antiguo, lo sé, pero… ¿Jessie?

Las lagrimas de Jessie estaban bajando sin poder evitarlo. Se acercó a James y lo besó profundamente en los labios.

—Eres la persona más maravillosa del mundo, ¿lo sabes? —le dijo cuando se separaron—. No hay nadie mejor que tú para mi.

James se sonrojó violentamente.

—Jessie, basta… Tú eres la chica maravillosa.

Jessie negó rotundamente con la cabeza.

—No, James. Yo era una maldita resentida que se creía la reina del mundo. ¿Por qué te enamoraste de mí?

James le secó las lágrimas con el pulgar.

—No hay un porqué. Sólo se que te amo con toda mi alma. Quiero que seas mi esposa. Quiero criar junto a ti a nuestra hija y a los siguientes, si es que algún día tenemos más. Quiero envejecer a tu lado, Jessie. Aunque… sólo yo envejeceré. Tú siempre serás joven y hermosa.

Jessie se rio y le dio un leve empujón.

—Tienes razón. Yo nunca envejeceré —se frotó los ojos enrojecidos—. Ven a desayunar. Has trabajado demasiado.

James tomó de la mano a Jessie y entraron juntos a la posada. Había que decidir cual sería el último gimnasio.


Se reunieron todos en el comedor de la posada, James tenía la Pokedex entre sus manos y la observaba asombrado. Nunca había visto una de cerca y ahora la tenía en sus manos.

—Ahora que Ash ganó su séptima medalla, tenemos que buscar el último gimnasio —dijo Meowth, parado encima de la silla.

Brock, con la vista metida en una pequeña guía, respondió:

—Hay algunos gimnasios, pero están lejos de aquí.

—Con la carreta podríamos llegar un poco más rápido, ¿no? —preguntó Ash.

—No lo creo —respondió Jessie.

De golpe, Misty golpeó la mesa con el puño, con el rostro triunfal.

—¡Tengo una idea!

Todos se giraron a verla.

—¿Cuál? —preguntó Ash.

—¡Podemos ir a Ciudad Verde!

James sintió que la sangre se le iba del rostro cuando escuchó el nombre de la ciudad. Miró a Jessie y a Meowth, quienes tenían el pánico impreso en la cara, como si acabaran de oir que se habían ganado un lugar en el infierno.

Por otro lado, Ash asintió con toda la alegría del mundo.

—¡Es genial! ¡El gimnasio queda de camino a mi casa!

Antes de que James pudiera decir algo, Meowth pegó un salto sobre la mesa.

—Hey, no se precipiten tanto —soltó una risa nerviosa y le arrancó de las manos la guía a Brock—. Debe haber otros gimnasios para visitar —comenzó a pasar las hojas de manera desesperada, sin perder la sonrisa nerviosa. Lo hacía parecer un desquiciado de película de terror—. ¡Mira este! —se detuvo en una de las páginas— ¡Este gimnasio usa pokemón del tipo Volador! ¡Podrías ganar fácilmente con Pikachu!

Brock miró a Meowth por encima del hombro.

—Tardaríamos casi un mes en llegar allí —lo contradijo Brock—. En cambio, Ciudad Verde queda a dos semanas de aquí y queda bastante cerca de Pueblo Paleta. Deberíamos ir allí.

James se mordió el labio y apretó la mano de Jessie por debajo de la mesa. Estaba temblando. Al parecer se notó sus rostros de pánico porque Misty preguntó:

—¿Están bien? Los veo algo pálidos.

El estómago de James se revolvió. El desayuno que estaba disfrutando hacía prácticamente nada había perdido todo el buen aspecto que pudo haber tenido.

—Estamos bien —dijo, pero Misty no le creyó ni una sílaba.

—Tienen miedo de ir a Ciudad Verde, ¿verdad? —les dijo Ash—. ¿Es porque la policía los busca allí?

James abrió los ojos de par en par. Claro, en Ciudad Verde habían carteles con su fotografía y la de Jessie para que los encontraran y los metieran presos por vaya a saber cuantos años.

—Si, si, es por eso —dijo Jessie automáticamente, casi al borde de la desesperación —. Tenemos miedo de que la policía nos reconozca.

—Eso es un problema —murmuró Misty—. No queremos que los metan presos.

Se quedaron en silencio un rato. James no sólo no quería pisar esa ciudad en lo que le quedara de vida, sino que tampoco quería que vaya a pelear contra Giovanni. Pero juzgó que no pasaría nada si Ash no sabía la verdadera identidad del líder del gimnasio.

—¿Por qué no van a mi casa y me esperan allí? —sugirió Ash.

Jessie y James se miraron entre ellos,

—¿No es un poco descortés caerle en la casa sin avisar? —preguntó Meowth.

—Yo llamaré a mamá cuando llegue a Ciudad Verde y les diré que van en camino. Luego les haré un mapa para que sepan como llegar.

—Entonces está todo decidido, supongo —asintió Jessie, no muy convencida.

James tampoco estaba muy convencido, pero era lo mejor que podían hacer sin levantar sospechas. Pero a juzgar por la mirada penetrante y el silencio de Brock, el sí sospechaba algo.


Todos quedaron encantados con la carreta, admirando el duro trabajo que James y Meowth habían hecho. Con ayuda de una pequeña escalera, Jessie subió por la parte de atrás de la carreta y se acomodó en ella, junto con las mochilas. Ash y Brock prefirieron cargar sus propias mochilas, mientras que Misty directamente se subió a la carreta para "descansar las piernas".

Viajaron durante toda la mañana. Ash y Brock caminaban y el resto estaba en la carreta. Jessie se preocupó por su Tauros, al dudar si podía soportar el peso de todos, pero Meowth dio a entender de que a Tauros no le molestaba.

—Cualquier cosa les prestaré uno de mis Tauros —se ofreció Ash.

—Gracias —le respondió James.

Pararon para almorzar en medio del bosque y sacaron a todos sus pokemón. Cubone fue corriendo enseguida hacia Arbok para poder empezar su entrenamiento. Despues de lo que pareció una charla breve, se alejaron un poco y comenzaron una especie de batalla, aunque parecía más una práctica que otra cosa, dado a que Arbok se estaba conteniendo para que tuviera el daño mínimo.

James quería estar lejos de Brock tanto como le fuera posible y decidió sacar a todos sus pokemón para entrenar. Psyduck aún necesitaba mucho entrenamiento, así que empezó con él.

—Vamos a ver como está tu ataque Rasguño —dijo. Miró a su alrededor y su vista se centró en uno de los árboles más delgados—. Ya sé: ve y haz tu ataque Rasguño a ese árbol.

—¿Psy? —el pokemón acuático parecía no entender. James suspiró:

—Es sólo un árbol. Atácalo como si fuera un contrincante.

Psyduck asintió con lentitud y se dio vuelta hacia el árbol. Sus ojos grandes y redondos se achicaron un poco y luego corrió hacia su objetivo, con su brazo listo para rasguñar. Sus uñas rasgaron la corteza del tronco, dejando marcas.

James se acercó y examinó el árbol. Tres marcar profundas en el tronco. Nada mal. Pero necesitaba algo más que manejar el Rasguño si quería que esté en la Liga.

—Bien, muy bien. Ahora. ¿Qué debemos hacer? Tal vez necesites una pelea, ¿pero con quién? ¡Ya sé! ¡Butterfree!

El pokemón insecto, el cual revoloteaba entre las ramas de los árboles buscando bayas, bajó inmediatamente hasta estar a la altura de los ojos de James.

—¿Free?

—Tendremos una pequeña batalla de práctica, ¿si?

—¡Free!

—Vete un poco más para allá. Tu defiéndete de los ataques de Psyduck, ¿si? No vueles demasiado alto, mantente a la altura de mis ojos como máximo.

Butterfree obedeció y se posicionó en el lugar señalado.

—¿Listo, Psyduck?

El pokemón lo miró, dudoso, pero asintió.

—¡Arañazo!

Tal cual como lo hizo con el árbol, Psyduck corrió hacia Butterfree, con las garras al aire. Butterfree lo esquivó con relativa facilidad corriéndose a un costado.

—¡Otra vez, Psyduck! ¡Arañazo!

Psyduck volvió a hacerlo, sólo para que Butterfree lo esquivara otra vez.

—¿No crees que Butterfree es demasiado agil para Psyduck? —le gritó Misty a lo lejos.

—¡El puede con esto! ¡Psyduck, otra vez!

Psyduck lo miró con un tinte de resignación antes de obedecer y correr con todas sus fuerzas. Butterfree lo esquivó por tercera vez, pero Psyduck no se frenó a tiempo y chocó de cara contra un grueso árbol, cayendo sentado al suelo

—¡Psyduck! —exclamó James, mientras iba corriendo hacia él. Se agachó y lo giró para verlo —. ¿Estás…?

Psyduck parecía estar en trance. Sus ojos se habían tornado completamente azules. Sintió una especie de energía invisible que pasó justo bajo sus narices, dirigida hacia Butterfree. Esa especie de onda expansiva arrojó al pokemón contra otro árbol. Butterfree quedó estampado contra el tronco durante unos dos segundos antes de sacudirse y volar hacia James.

—Creo que te he presionado demasiado, supongo —suspiró James, sientiendose una basura y acariciando la cabeza de Psyduck. El pokemón lo miró, confundido. No recordaba lo que había pasado mientras usaba su ataque Psiquico.

Butterfree se posó sobre la cabeza de James. Acarició la cabeza del pokemón bicho para reconfortarlo.

—¿Te sientes bien? —Butterfree hizo unos sonidos indicando que se encontraba bien.

—Eso pasa porque los tipo Bicho son resistentes a los ataques psíquicos. Además, no es tipo Veneno, lo cual le da más ventaja aún —la voz de Brock salió justo detrás de la espalda de James—. ¿Están todos bien?

James se giró hacia él.

—Si, solo que… no fui buen entrenador con él.

Brock le palmeó el hombro.

—Lo bueno es que te has dado cuenta. Mejor ven a comer. La comida está casi lista.

James se levantó y tomó a Psyduck de la mano. Siguió a Brock hasta el campamento, preguntándose como demonios entrenar a su pokemón de agua.


James suspendió cualquier entrenamiento por ese día y continuaron viajando hasta que oscureció y tuvieron que parar para acampar otra vez. Una vez más, Lunita se alejó del grupo y se quedó acurrucada cerca de Arbok.

—No entiendo que le pasa —Meowth parecía al borde del llanto—. Me está evitando como si fuera la peste…

—A todos nos está evitando, Meowth…

—¡Mi hija no me quiere! —estalló Meowth, con un gemido.

James acarició la cabeza de Meowth. Él también estaba un poco preocupado por la actitud de Lunita.

—Debe estar celosa —murmuró James.

—¿Celosa?

—Antes ella era el centro de atención de todos nosotros. Ahora está Nina, Cubone, Persian… ella ya no se siente especial y está lidiando con eso.

—Entiendo, pero ella no cofia en mí —lloriqueó—. Esta tarde la descubrí hablando sola, pero no pude entender que decía porque estaba hablando en voz baja. Cuando le pregunté que estaba haciendo me dijo "Nada, son mis cosas"

—Debe ser una tontería, Meowth.

—¿Y como saberlo? No es una adolescente, es una bebé apenas, no puede tener "cosas" y mucho menos ocultas para su papi.

—Estás magnificando todo…

—¡Y tú lo estás minimizando! —gritó Meowth. Respiró hondo y volvió a hablar, esta vez más tranquilo—. Tengo que decirle que la amo con toda mi alma y que no tiene por qué sentirse desplazada.

James le acarició la cabeza.

—Díselo mañana. Por hoy, duerme. En la carreta vas a estar cómodo.

Meowth asintió.

—Buenas noches.

—Buenas noches.

Los demás estaban preparando sus bolsas de dormir, pero James quería estar afuera un rato más, viendo las estrellas. Siempre les había gustado mirarlas cuando era niño y no había cambiado de opinión cuando se hizo adulto.

Comenzó a caminar un poco, alejándose del campamento. Comenzó a recordar la primera vez que había pisado un bosque solo y el miedo que había tenido de que un pokemón salvaje lo destripara. En realidad, los pokemón le habían salvado la vida más de una vez y, ahora que lo analizaba con cuidado, no entendía por qué había elegido unirse al Equipo Rocket. Si, estaba desesperado y temía que sus padres siguieran buscándolo, pero no era excusa…

¿Dios, hasta cuando iba a torturarse por el pasado?

—¿James?

Casi dio un salto al oir la voz de Brock.

—¿Si? —respondió, con la respiración agitada.

—Oh, te vi caminando por el bosque y decidí seguirte —respondió simplemente, pero estaba ocultando algo más.

—Solo estaba pensando en el pasado, es todo.

—Mhhh…

James comenzó a caminar hacia el campamento, pero Brock se puso delante.

—¿Por qué no quieren volver a Ciudad Verde?

James se agarró el puente de la nariz.

—¿Sabes? Comienza a hartarme un poco que juegues al detective conmigo.

—¿Crees que estoy jugando? No, no lo hago. Solo me preocupo.

James soltó una risotada amarga.

—Huí de casa a los ocho años para que mis padres dejaran de "preocuparse" por mí —respiró hondo—. Te dije que nos buscan en Cuidad Verde, así que…

—Si fuera así, me lo habrías dicho a la primera, no cuando te estaba presionando —lo interrumpió Brock, mortalmente serio—. Creí que ya éramos amigos y que podíamos confiar uno en el otro si había problemas.

James bajó la vista por un segundo, avergonzado. Confiaba en Brock, era una de las mejores personas que había conocido en su vida y quería protegerlo de toda la mierda que podía llegar a herirlo.

—Brock, confío en ti, solo que…

—¿Solo qué?

—… no quiero meterte en mis problemas.

A pesar de la oscuridad, pudo ver como Brock negaba con la cabeza

—Sólo quiero entender.

James suspiró.

—Prométeme que no le dirás nada de esto a Ash y a Misty. Tampoco les cuentes a Jessie o a Meowth que te lo he contado.

Brock dudó por un instante antes de decir.

—De acuerdo.

James tragó saliva. Probablemente se arrepentiría apenas abriera la boca.

—Brock… el líder de gimnasio de Ciudad Verde…. También es el líder del Equipo Rocket.

James no pudo ver la reacción en el rostro del adolescente, pero pudo observar como sus músculos se entumecieron.

—¿Qué? ¿Es en serio? —Brock no lo podía creer.

—Era por eso que no queríamos ir allí. Además, en el Bosque Verde, están las instalaciones secretas. No podría estar tranquilo allí sabiendo que cualquiera podría reconocernos y más sabiendo que Ash irá a pelear contra nuestro ex jefe.

Brock se quedó en silencio. James continuó, esta vez más enojado.

—Conociendolos a ustedes, van a querer hacerse los justicieros e ir allí con aires de "vamos a derrotarte y a ponerte tras las rejas". ¿Y saben qué? Los van a matar y a tirarlos al fondo del río con bloques de cemento en lugar de zapatos y sus pokemón en manos de los nuevos reclutas. ¿Acaso tu crees que quiero enviarlos derecho a su guarida mientras Jessie, Meowth y yo los dejamos a su suerte, sin saber si van a salir ilesos? ¿Tú crees que te oculto cosas sólo porque me gusta hacerlo? ¡Lo hago para protegerlos, maldición! ¡Deja de tratarme como un criminal y deja de actuar como policía! ¡Sé que cometo errores pero no quiero que salgan heridos!

James terminó de hablar y se quedó mirando a Brock, con la respiración entrecortada, Brock se quedó quieto, sin mover un musculo. Pareció una eternidad, pero el adolescente finalmente le respondió con toda la calma del mundo:

—Nunca fue mi intención hacerte sentir mal, James. Los vi muy asustados y quise saber por qué. Si te soy sincero, pensé que tenían cuentas pendientes con algún delincuente y que no dudaría en matarlos si los veían por Ciudad Verde. No pienso en ti como un delicuente, sino como un amigo y un futuro padre de familia.

James suspiró profundamente y comenzó a caminar hacia el campamento.

—Ni una palabra, Brock.

—Lo juro.

Ambos volvieron al campamento, ya con todas las dudas aclaradas. Solo le rogaba a cualquier ser celestial que pudiera oírlo de que nada malo les sucediera en Ciudad Verde.


Durante el viaje, Lunita se había mantenido apática. Los momentos donde jugaba con Nina, se acurrucaba con Meowth o se dejaba rascar la pancita por James se hicieron mucho menos frecuente. Meowth ya no sabía que hacer y quería resolver todo antes de llegar a la condenada ciudad.

Meowth no podía soportarlo más. Tenía que hablar con su hija y obligarla a decir la verdad, fuera como fuese

Aprovecharon una noche de acampada para hablar con ella a solas. Faltaba una semana para llegar a Ciudad Verde.

—Lunita…

Su hija, hecha un ovillo sobre las raíces de un árbol, paró las orejitas y lo miró.

—¿Si, papi?

—No me iré sin una respuesta. Tienes que decirme que es lo que te pasa.

Su hija bajó la vista, sin ganas de responderle. Parecía casi avergonzada.

—¿Qué te pasa? ¿Alguien te ha lastimado?

Lunita negó con la cabeza.

—¿Entonces?

Su hija tardó un rato en responder. Y cuando lo hizo, fue con otra pregunta:

—Papi, ¿soy tonta?

A Meowth se le estrujó el corazón al escuchar a su propia nena.

—¡Claro que no! —le acarició la cabeza y se detuvo un instante en rascarle atrás de las orejas—. ¿Por qué dices que eres tonta?

Lunita lo miró a los ojos, con la mirada nublada por las lágrimas.

—Porque… porque no hablo como papi.

Meowth tardó un par de segundos en asimilar lo que estaba escuchando. ¿Por eso estaba tan mal?

—Yo quise practicar y hablar como papito, pero no me sale. No me sale, papi.

Meowth quería llorar. No sabía por qué, pero quería llorar con toda la fuerza de su cuerpo y de su alma. Quería abrazar a su hija hasta fundirse con ella y decirle que no era importante y que él la amaría supiera o no hablar como un ser humano.

—Es… es un poco difícil, cariño, pero con esfuerzo, aprenderás. No hoy y mañana tampoco. Pero un día lo lograrás.

—¿De verdad, papi?

—Claro que sí.

Lunita le sonrió ampliamente. De golpe, se puso seria y preguntó:

—¿Quieres escuchar?

Meowth parpadeó.

—¿Escuchar qué?

Lunita no le respondió. Directamente abrió su boquita y dijo.

—P-p-p-p-aaaa-aaa-paaa-pa—pa…pi.

Al escuchar las palabras de su hija, Meowth estuvo a punto de sufrir un infarto. Su hija. Su propia hija estaba intentando decir su primera palabra como humano. Y esa palabra era "papi". Meowth se había resignado a no encontrar a nadie como él.

Pero su hija lo estaba logrando.

Los ojos de Meowth se humedecieron y abrazó con fuerza a su hija contra su pecho

—Mi vida… —solo pudo murmurar antes de largarse a llorar con toda su fuerza. Lunita no entendía nada, pero a Meowth no le importó. Ahora había otro pokemón que hablaba como él.