Buenas! Tuve dos parciales y por eso me desaparecí. Pero ya estoy acá.

Saorinix: Giovanni es canónicamente el lider de gimnasio de Ciudad Verde, en el animé aparece y todo, pero les deja a Jessie y James el puesto temporalmente, ya que el tenía que ocuparse de Mewtwo. No, no estoy tomando nada del manga, todo lo estoy tomando del animé. Y lo último: no, no voy a tomar eso de que Giovanni es el padre de Ash. Eso solo salió por el musical gringo que se mandó bastante fruta en todo.

AlenDarkStar: Se asustaron todos, ¿eh¿ Lunita está bien, solo quiere ser como su papi. Y Brock... bueno, Brock es Brock, no va a dejar nada pasar por alto.

Capitulo cuarenta

Pueblo Paleta

Fue una gran sorpresa para el grupo enterarse de que Lunita estaba aprendiendo a hablar y que ya había logrado decir su primera palabra. Nadie lo podía creer, pero ahí estaba ella, balbuceando palabras con su diminuta boca.

—Eso indicaría que no es genético —razonó Brock—. Eso puede significar que los Meowth pueden hablar como los seres humanos, solo que lo ignoran, ¿verdad?

—No lo sé —murmuró Meowth—. Sólo sé que mi nena habla. No había estado tan feliz desde el día en el que pude estrecharla entre mis brazos.

—¿Vas a enseñarle a hablar mejor? —preguntó Ash.

—¡Claro que lo haré! Le llevará mucho tiempo hablar correctamente, pero lo logrará. Ella puede hacer lo que sea que se proponga.

Cuando ya todos supieron lo que le sucedía a Lunita, ella dejó de estar triste y comenzó a sonreir y a jugar de vuelta con los demás. Había sido sus ganas de querer hablar y sorpender a su padre lo que la había tenido tan preocupada y aislada.

Todo era tranquilidad y felicidad hasta que comenzaron a vislumbrar las primeras señales de que estaban próximos a Ciudad Verde y que solo bastaban unas pocas horas para llegar.

—Cruzaremos la ciudad y seguiremos todo el camino hacia Pueblo Paleta —razonó James. Habían detenido la marcha y ahora estaban a aproximadamente un kilómetro de la condenada ciudad.

—¿No podríamos rodearla? —preguntó Jessie.

—Tenemos una carreta, no un todoterreno —le respondió —. Se romperá antes de que lleguemos al Bosque Verde.

Jessie bajó la cabeza.

—Si no nos queda otra…

James abrazó a Jessie y hundió la cara en su cuello.

—Todo saldrá bien, cariño, no te preocupes.

Jessie se separó y asintió.

—Está bien.

James se giró y se dirigió a Ash.

—Buena suerte en el gimnasio. No tardes mucho y ve directamente a tu casa. Tu madre debe estar ansiosa por recibirte.

Ash mostró una sonrisa ancha.

—Lo haré.

En ese momento, escucharon un chillido.

Lunita estaba alejada unos cuatro metros de ellos, con la espalda arqueada de manera amenazante. Frente a ella, la estaba enfrentando un Weedle. James se quiso acercar para alejarla de allí, pero Meowth lo detuvo.

—Tiene que aprender a luchar. No quiero que sea una inútil como yo —fue todo lo que dijo. James entendió y se quedó de pie. Todos lo imitaron.

Lunita tenía la mirada fija en el pokemón tipo bicho, esperando el momento perfecto para atacar. El Weedle también tenía la vista fija en ella, pero casi con aire distraído, como si no tuviera mucho interés en la pelea.

Lunita pegó un salto hacia el bicho, ya con las garras extendidas. El Weedle agachó un poco la cabeza y dio un pequeño salto hacia, lo que provocó que Lunita clavara una de sus patitas justo en el aguijón de la cabeza del bicho. Un grito agudo les atravesó los oídos.

—¡Lunita! —Meowth fue el primero en correr hacia su hija, quien lloraba tirada en el pasto. La levantó un poco y se horrorizó al ver la sangre que manaba de su patita.

Brock se acercó a Meowth y Lunita y se agachó.

—Le pondré Poción y Antídoto, no te preocupes.

Meowth dejó que Brock la levantara. Ahora que alguien se estaba encargando de Lunita, podía encargarse de Weedle, quien parecía querer escapar.

—Oh, no, no lo harás —pegó un salto hacía él —¡Golpes Furia!

Meowth hizo un movimiento más inteligente. Era mucho más agil que el Weedle y no fue a atacar su cabeza, sino a su cuerpo. Cinco rápidos, pero potentes fueron suficientes para derribar al Weedle y dejarlo fuera de combate.

Apenas el Weedle cayó al suelo, Meowth fue corriendo hasta donde Brock estaba, curando la patita de su hija.

—¿Está bien? —preguntó, casi temblando.

Brock sonrió.

—El antídoto ya está haciendo efecto. El veneno de Weedle no es muy peligroso, así que mejorará enseguida.

Lunita miró a su papi, con los ojos bañados en lágrimas.

—Nya, nya, paaa-pa-piii… do-do-dolor… nya, nya…

—Tranquila, cariño, papi ya lo derrotó al Weedle malo.

—¿Nya? —Lunita lo miró con los ojos llenos de admiración. Luego movió la cabecita, mirando más allá de su padre —. ¿Nya nya?

—¿El Weedle? Pero si está…

Meowth giró hacia donde hacía unos segundos había estado el pokemón bicho, pero ahora ya no estaba.

—Estamos perdidos… —murmuró Meowth. Aparentemente Jessie lo oyó, porque le respondió.

—Meowth, no te preocupes por el Weedle. Acá está.

El pokemón gato se giró hacia Jessie y la vio, sonriente, con una pokebola en la mano.

—¿Dónde? —preguntó, confundido.

—En la pokebola, tonto. Lo acabo de capturar.

A Meowth casi se le desencajó la mandíbula de la sorpresa.

—¿C-como que lo atrapaste?

Jessie se encogió de hombros

—Solo vi la oportunidad y la aproveché.

Meowth se adelantó un par de pasos, ofendido.

—Ni que fuera tu pokemón —bufó.

Jessie meneó la cabeza y le habló con falsa ternura.

—Déjame recordarte esto, gatito: ¿Qué pasa si el pequeño Weedle va con papi y mami Beedril a contar que un Meowth lo atacó?

Meowth miró al costado y no respondió.

—Deja que lo responda por ti: si eso pasa, papi y mami Beedril viene con todo el clan y nos convierten en alfileteros. ¿Ahora lo entiendes? ¿O tengo que hacerte un dibujo?

—No, no hace falta —gruñó Meowth.

Jessie guardó la pokebola en el bolsillo de su pantalón.

—Bueno, creo que es hora de seguir marchando.


Se despidieron en la entrada del pueblo, no sin antes indicarle donde quedaba el gimnasio. Antes de marcharse, James llamó aparte a Brock.

—Si llegamos a Pueblo Paleta y no aparecen en tres días, llamaré a la policía —le advirtió—. No se entretengan y vayan derecho hacia la casa de Ash, ¿si?

—De acuerdo —fue todo lo que respondió el adolescente—. Directamente a casa

El grupo se fue. Después de varios meses viajando juntos, ahora se habían separado, temporalmente. James se sentía extraño al estar sin el trío de "bobos".

James se encargó de manejar la carreta y el resto quedó atrás. Iban a paso normal, ni muy lento ni muy rápido. No quería que una oficial Jenny los detuviera por considerarlos sospechosos por vaya a saber que.

James solo miraba al frente y a veces miraba de reojo por los costados. Tenía miedo de encontrarse a algún ex compañero del Equipo Rocket y lo reconociera. Tenía miedo de ver a Giovanni, aunque dudaba de que eso pasara. Tenía miedo que cualquier transeúnte lo reconociera como ladrón y fuera corriendo a llamar a la policía.

Finalmente, salieron de la condenada ciudad y entraron a un camino de tierra, la Ruta 1. Recién ahí pudieron respirar tranquilos.

Durante la mitad del viaje, estuvieron en silencio. Casi no podían creer lo mucho que echaba en falta a los bobos y a su charlatanería constante sobre cualquier tema, principalmente sobre pokemón.

A mitad del camino, decidieron detenerse a un costado de la ruta para almorzar unos sándwiches de pescado en lata con mayonesa. Hubiesen tenido mejor comida de no ser porque se habían negado rotundamente a comprar algo en Ciudad Verde. Pero ya no importaba. En Pueblo Paleta podrían comprar más cosas.

Estaba todo calmo y silencioso en el bosque por el momento, día perfecto para un picnic, sobre todo cuando era una tarde calurosa en un lugar tan hermoso. James, criado entre mansiones y jardines con glorietas blancas con mesas y sillas de madera costosa y vajilla de porcelana traída de regiones lejanas donde se servían tés de sabores exóticos, valoraba más el bosque, donde no había ninguna regla, podía caminar descalzo, alimentarse de la naturaleza y ser él mismo. Pero no solo fue feliz allí. También fue feliz en la casa de sus abuelos, con sus jardines selváticos, su calidez, sus sonrisas ancianas que lo hacían sentirse tan amado…

—James…

Meowth había interrumpido sus pensamientos. Sonaba al borde del pánico, lo que hizo que reaccionara rápidamente.

—¿Eh?

—Allí —Meowth señaló un lugar con su pata, temblando.

Ya conocía al pokemón que estaba parado frente a ellos. Era difícil olvidar a ese condenado Jigglypuff. Cuando abrió la boca, supo que estaban en problemas. Iba a cantar su jodida canción, caerían dormidos y podrían tardar horas en despertar.

—¡Carajo! —gritó James, tapándose los oídos.

—¡Vete de aquí! —Jessie comenzó a arrojarle todo lo que tenía en mano. Cubone, quien estaba a su lado, se asustó al principio, pero luego se puso firme y corrió hacia el pokemón para golpearlo directamente en la cara con su hueso.

—¡Meowth, sube a la carreta, tenemos que irnos ya mientras Cubone la distrae!

Jessie le seguía tirando a Jigglypuff con piedras, cubiertos y lo que tenía a mano. James la sujetó de atrás.

—¡Sube a la carreta! ¡Ya!

Jessie arrojó el último objeto de sus bolsillos hacia la cabeza de Jigglypuff. La cosa la golpeó justo en el objetivo, pero lo que no se esperaban era que el objeto se abriera en dos y tragara a Jigglypuff en un rayo rojo.

Era una maldita pokebola vacía.

Cayó justo a los pies de Cubone y comenzó a moverse de un lado a otro por un par de segundos hasta escuchar un ruido de cierre. Luego, se quedó completamente inmóvil.

El grupo se quedó mirando la pokebola, sin poder lo que Jessie había hecho. Después de unos interminables segundos, Meowth habló desde la carreta.

—Bueno, dos capturas el mismo día, ¿ya podemos seguir?

Jessie y James se miraron y comenzaron a reírse. No tenían ni idea que hacer con ella, pero de algo estaban seguros: harían lo mejor posible para que sea feliz.


Varias horas después, al atardecer, entraron a Pueblo Paleta. Era una zona rural, donde la mayoría vivía de la agricultura. A James le encantaba esa clase de lugares. Uno de sus sueños había sido tener una granja y vivir de lo que cosechaba. Un lugar donde le gustaría vivir el resto de sus días junto con su familia…

—Tenemos que comprar un pastel —dijo James de golpe.

—¿Para qué? —preguntó Jessie.

—Porque sería descortés ir a una casa sin pastel —James la miró, enarcando una ceja.

Jessie sonrió.

—No me importa mucho la cortesía, pero si hay pastel, me uno.

—¡P-p-pa-pa-pastel! —tartamudeó Lunita, feliz.

—Debe haber una panadería por aquí. Ni siquiera sabría cual llevar.

—Un pastel es un pastel —sentenció Meowth—. Mientras no esté hecho por Jessie…

—¿Qué dijiste, gato malcriado?

—Ehh… ¡Que allí hay una panadería! —se apresuró a decir el pokemón parlante, señalando un negocio.

Meowth tenía razón, era una panadería de aspecto rústico, pero la comida exhibida se veía deliciosa. Cuando entraron, vieron más pasteles deliciosos. Estuvieron casi diez minutos meditando hasta que decidieron comprar uno de chocolate con crema.

Mientras James le pagaba a la señora que atendía, preguntó:

—Disculpe, ¿usted conoce a una mujer llamada Delia? Su hijo es entrenador.

La señora sonrió.

—Delia vive a las afueras del pueblo. Sigan el camino principal hasta que salgan hacia el campo y luego doblen a la izquierda. Ahí se cruzarán con varias casas. La de Delia es una casa blanca de madera con tejas rojas y un pequeño jardín al frente.

—Muchas gracias, señora.

Siguieron las indicaciones de la panadera al pie de la letra, ya con paso más tranquilo. Salieron de la zona céntrica y entraron a la zona rural. A James le fascinó ver las casas salpicadas aquí y allá, cada una con su huerto. Apostaba lo que sea a que desde el globo se veía mucho mejor. ¿Qué tendrían plantado en esta época del año? Había trabajado en el campo durante la adolescencia y tenía una idea. Pepino, berenjena, maíz… el verano era perfecto para esas verduras. Cuando tenía once años lo habían pescado robando maíz en un campo. Ya había pasado otras veces en otros lados y lo habían molido a golpes. Pero en lugar de eso, el dueño lo hizo trabajar por una semana entera. James se interesó enseguida por la manera de cultivar y trabajó arduamente. Cuando se fue, incluso le dieron una bolsa llena de maíz.

—¿Esa es la casa?

James se espabiló enseguida. Tenía suerte de que Jessie estuviera manejando la carreta, que si no hubieran terminado en cualquier lado. ¿Cuánto tiempo había estado divagando?

James miró hacia donde Jessie apuntaba. Casa blanca de madera con tejas rojas y un pequeño jardín cercado al frente. Tenía que ser la casa.

—Bajo yo. Ustedes quédense ahí.

James bajó de la carreta de un salto y se acercó a la casa. No pudo evitar sentirse incómodo por algún extraño motivo. Tal vez fuera porque Ash los había mandado a esperarlo a la casa de su madre, una mujer que no conocían.

Dudó un instante antes de tocar la puerta de madera tres veces.

—¡Un momento! —se escuchó la voz de una mujer a lo lejos.

La puerta tenía dos paneles de vidrio a la altura de sus ojos. Sintió la tentación de mirar para adentro, pero le pareció demasiado descortés. Simplemente miró para un costado y esperó hasta que escuchó unos pasos acercarse a la puerta y el sonido del picaporte abrirse.

A James le sorprendió encontrase con una mujer que fácilmente podría tener su edad o apenas un poco más. De cabello hasta un poco más allá de los hombros y ojos castaños, de piel más clara que la de su hijo. Llevaba una playera amarilla, una blusa rosa y una falda azul hasta las rodillas. Le dedicó una mirada extrañada, como si no esperara visitas.

—¿Si? —preguntó.

James se pasó una mano por el pelo.

—H-hola, mi nombre es James. ¿Aquí vive Delia?

—Si, soy yo.

—Su hijo Ash dijo que viniéramos aquí…

Cuando ya se estaba temiendo que Ash se había olvidado de llamar a su madre para avisarle que llegaban, los ojos castaños de la mujer se iluminaron.

—¡Oh, sí, Ash me llamó hace pocas horas! —exclamó Delia, sonriendo—. Lo siento mucho, pero cuando mi hijo dijo que vendrían aquí un par de amigos suyos, no me imaginé que fueran adultos.

—Veo que Ash apenas dijo algo de nosotros —mumuró.

—¿Por qué no pasan? Les prepararé un té.

—En un momento entramos.

James fue hacia la parte de atrás de la carreta y sacó una pequeña escalera para que Jessie pudiera bajar sin inconvenientes.

—¡Por Dios, no me había dicho mi hijo que estabas embarazada! —exclamó Delia al ver a Jessie bajar con dificultad de la carreta.

—La verdad no me extraña —murmuró Jessie—. Yo soy Jessie, encantada.

—El gusto es mío.

—Y yo soy Meowth —el pokemón gato ya había bajado y estaba junto con su hijita.

—¡Un Meowth que habla! —dijo la madre de Ash, asombrada. Meowth reprimió un suspiro.

—Encantado —respondió el pokemón, intentando reprimir su fastidio.

—¡Nya! ¡Yo Lunita! —saludó la pequeña Meowth.

—¿No le molesta que entremos con nuestros otros pokemón? —James señaló con una mano a Nina, Cubone y Persian, quienes estaban detrás de él.

—Ningún problema. Pasen, por favor.

Delia entró a la casa. Jessie y James se sacaron los zapatos y la imitaron.

Era una casa normal, ni muy rústica ni muy lujosa. De piso de madera y paredes de color verde lima. Había un juego de sillones amarillos y una pequeña mesa ratona sobre una simple alfombra roja. Enfrente, una pequeña TV. Pasaron de largo y fueron derecho hasta la cocina.

No había mucho que destacar de la cocina. Sencilla, pero limpia y ordenada. Se sentaron alrededor de la mesa mientras Delia ponía una pava con agua caliente sobre el fuego.

—Realmente estoy sorprendida de que gente adulta como ustedes esté viajando con mi hijo —comentó Delia, apoyándose contra la mesada de la cocina. Era bastante amable en su tono, pero parecía esconder algo detrás de sus palabras. Lo más seguro era que se le parecía hasta sospechoso que dos personas que le doblaban la edad a Ash quisieran acompañarlo. ¿O se estaba imaginando cosas?

—Nos cruzamos en un Centro Pokemón de casualidad y decidimos viajar juntos —James se sentía tenso. Si estuviera en lugar de Delia, entendería que estuviera tan extrañada —. Nosotros hemos viajado durante años y pensamos que no les vendría mal que los ayudaramos. Hay muchos peligros allá afuera.

Delia se quedó en silencio un momento antes de responder.

—Muchas gracias por cuidar de él y sus amigos.

—No fue nada.

Delia les dedicó una sonrisa amplia mientras sacaba algunas tazas del aparador.

—Supongo que no puedes tomar té, por el embarazo —dijo Delia, de espaldas a ellos—¿Te gustaría un jugo de frutas?

—Si, esta bien —James no podía culpar a Jessie de que fuera poco conversadora. En realidad, cuando no tenían que conversar entre ellos mismos y no estaban estafando, eran muy secos para tratar con otras personas.

—¿Y para los pokemón?

—Con agua estarán bien —tampoco quería abusar de la hospitalidad de Delia.

Meowth carraspeó. James tardó dos segundos en darse cuenta por qué lo había hecho.

—Meowth va a tomar té con mucha leche. Y un juguito para Lunita.

—¡Juguito nya! —exclamó Lunita, feliz.

Delia fue hasta la heladera y sacó un sachet de cartón de jugo de naranja. Lo sirvió en dos vasos y se los dio a Jessie y a Lunita. El de la Meowth era más pequeño, de plástico y con un sorbete.

—¿Cuánto llevas de embarazo? —le preguntó Delia a Jessie.

—Casi ocho meses —respondió Jessie, acariciando su vientre.

—¿Es varón o nena?

—Una nena. Se llama Jamie.

—Es un nombre hermoso —suspiró—. Me hubiese gustado tener una hija. No digo que no quiera a Ash, pero me hubiese gustado tener un segundo hijo y que fuera una niña.

—¿Su esposo no quiere tener más hijos? —preguntó Meowth.

La sonrisa de Delia fluctuó un poco.

—Él… él está de viaje —respondió la mujer, con tono algo apagado. Miró la estufa —. ¡Oh, el agua ya está lista! —exclamó y sacó la pava del fuego.

James le pegó un codazo en la cabeza de Meowth.

—¡Cuidado con lo que preguntas! —le susurró James, de manera furiosa.

—¡No hice nada malo! —le respondió Meowth, también susurrando.

—Callense, ustedes dos —los retó Jessie. Miraron a Delia, pero parecía no haberse dado por aludida. Estaba muy ocupada preparando el té.

James carraspeó.

—Señora Delia, ¿me podría pasar un cuchillo para cortar el pastel?

Sin darse vuelta, Delia hizo un gesto con la mano.

—Ya lo hago yo. Y siéntete libre de llamarme simplemente Delia.

Delia terminó de preparar el té y les sirvió a James, a Meowth y a ella misma. También trajo la pava y una jarra de leche. Fue a la heladera, buscó más jugo y les dio a Lunita y a Cubone en vasos plásticos. A Persian le sirvió en un plato hondo.

—No es neces…

—Compré mucho jugo de naranja, estaba de oferta en el supermercado.

—Deja que sea buena anfitriona, James. A los demás les va a encantar el jugo más que el agua —se metió Meowth.

Delia comenzó a cortar el pastel de chocolate mientras que James servía leche en la taza de té de Meowth para evitar que se quemara la lengua

—Mi hijo llamó esta mañana para decirme que venían. No me dijo nada más. Siempre se olvida de decirme algún detalle —rio Delia, tomando un sorbo de té—. Dijo que iba a ganar su última medalla —miró a James—. ¿Participarás en la Liga Pokemón también?

—Si, yo hice un examen para poder pasar —rio James, algo nervioso.

—Debes ser muy inteligente. Dicen que el examen es muy difícil.

Las mejillas de James se tiñeron de rojo.

—Bueno… pues… no sé…

—James siempre es así de modesto —Meowth tomó su té, parado encima de la silla—. Siempre tira abajo todo sus logros.

—No es cierto —James se puso más rojo todavía.

—Jimmy listo, nya —Lunita estaba más ocupada en su porción de pastel que en el jugo—. Jimmy lindo, Jimmy lo mejor. Papi también, nya.

—¿Es hija tuya? —le preguntó a Meowth.

—Si, la tengo desde el día que nos enteramos de que Jessie estaba embarazada. Es mi orgullo más grande

—Me lo imagino. Es hermosa e inteligente, como su padre.

Ahora Meowth fue el que enrojeció hasta las orejas.

—Bueno… supongo.

—Debes ser un padre muy orgulloso —comentó Delia.

—Lo soy.

—¡Delia! — una voz masculina se escuchó desde la sala. A James le resultó familiar el tono, pero no podía identificar de donde…

—¡Estamos en la cocina! —respondió Delia de manera atropellada.

Unos pasos se acercaron a la cocina y James reconoció al hombre que entró. Era el profesor Oak. Se mostró muy sorprendido al verlo.

—Tu eres James, ¿verdad?

—Si. Encantado de conocerlo —James se levantó y le estrechó la mano al científico—. Ella es Jessie, mi novia —señaló con la mano a la pelirroja.

—Hola —saludó Jessie, con una sonrisa cansada.

—Ellos dos son Meowth y Lunita.

Meowth solo inclinó la cabeza. En cambio, Lunita dijo.

—¡Hola, nya! —saludó alegremente la pequeña.

Los ojos de Oak se abrieron desmesuradamente al oir a la pequeña hablar. Se acercó un par de pasos hacia ella.

—¡H-hablas! —tartamudeó el científico. Sacó del bolsillo de su bata un anotador y una birome—. ¿Puedes decir algo más?

—¿Nya? —la pequeña lo miró, asustada, y luego se tapó la carita con ambas manos—¡Nya! ¡Lunita no decir nada, nya!

—Habla en tercera persona, no conjuga los verbos y mezcla su lenguaje nativo pokemón con el humano. Interesante —murmuró Oak, anotando en su libreta.

—¡Nya! — lo retó Lunita, cubriéndose la cara con una patita y amenazándolo con la otra. Giró la cabeza hacia su padre —¡Papi! ¡Pegale, nya! ¡Molesta Lunita!

Meowth se subió a la mesa y estrechó a su hija contra su cuerpo.

—La está incomodando — le advirtió Meowth, con ira contenida.

—¡El padre también habla! —Oak parecía no darse cuenta de nada y seguía anotando cosas en su libreta.

—Samuel —Delia le tocó el hombro y le sonrió como si nada pasara—. ¿Quieres una taza de té?

Oak se giró hacia ella.

—No, gracias…

—Enseguida te lo preparo —como si hubiera asentido, Delia fue a buscar una taza al aparador—. La pequeña y su padre son tímidos. No los molestes.

—Delia…

—También hay pastel de chocolate que trajeron ellos —siguió hablando ella, completamente ajena a las quejas del científico—. La compraron en la panadería de Maddie. Hace los mejores pasteles de aquí

—Es la única panadería del pueblo.

—Y por eso Maddie hace los mejores pasteles —Delia le sirvió el té al profesor Oak y cortó una rebanada de pastel.

Oak iba a protestar, pero miró a la madre de Ash a los ojos y prefirió callarse. Aún así, le era difícil no mirar a Meowth y a Lunita.

—¿Tu Pokedex funciona bien, James? —le preguntó, por decir algo.

—Oh, sí. Aunque casi no la he usado en realidad —respondió James. Era verdad: la Pokedex estaba olvidada en el bolsillo de su pantalón.

—¿Por qué? —preguntó Oak.

—No capturé ningún pokemón desde que la tengo. Además, tengo conocimiento básico de los pokemón, no es como si la sacara cada vez que me topo con un Caterpie o algo así.

—Entiendo. Pero si vas a participar en la Liga es importante que captures muchos pokemón. Es lo que siempre le digo a Ash —le aconsejó el científico.

—Prefiero tener pocos pokemón, pero variados y bien entrenados antes que capturar lo primero que se me cruce al frente y luego no dedicarles tiempo —reflexionó James—. Capturarlos para que pasen la mayor parte de su vida en la pokebola o a cuidado de otros no es mi estilo.

Oak se quedó en silencio durante un rato.

—Te preocupas mucho por ellos, ¿verdad? —le preguntó al fin.

James sonrió.

—Amo a los pokemón con toda mi alma. Jessie dice a veces que me preocupo más por los pokemón que por mi propio bienestar.

—¿Acaso no tengo razón? —se metió Jessie, con tono burlón.

—Exageras.

—Si dijera las veces que casi moriste por salvar a un pokemón herido…

—Habrán sido cinco veces como máximo desde que nos conocemos, no es para tanto —acarició a Nina, quien estaba sentada en sus rodillas—. Les debo mucho a los pokemón. Sin ellos, habría muerto en el bosque cuando era niño.

El tono de James se apagó. ¿En que estaba pensando cuando entró al Equipo Rocket, lastimando a los seres que el tanto decía amar? Jessie pareció notarlo, porque apoyó una mano en el hombro y dijo:

—Todo lo malo ya pasó, James.

James la miró a los ojos y le dedico una sonrisa tranquilizadora.

—Tienes razón, amor. Ya pasó.


Hablaron de cosas circunstanciales durante casi una hora hasta que Oak se marchó, no sin antes hacerle prometer a James que visitarían su laboratorio. James aceptó, a pesar de que a Meowth no le gustaba mucho la idea.

—Seguro me va a abrir la cabeza y pesar mi cerebro —masculló Meowth.

—¿Y para que diablos haría eso?

—¡Y yo que sé! ¡Él es el científico loco, no yo!

—Demasiadas películas de ciencia ficción, Meowth.

Jessie, por su parte, prefirió levantarse de la mesa y ayudar a lavar las tazas. Apenas Delia la vio, casi corrió en su dirección.

—No es necesario, Jessie…

—Déjame. Estoy cansada de no hacer nada —Jessie podía ser muy vaga, pero le prohibían tanto hacer cualquier cosa que lavar unas tazas era casi un acto de rebeldía. Además, quería hablar con Delia a solas.

—James, ¿puedes buscar algunas cosas en la carreta? Lo suficiente para pasar la noche aquí.

—Ya vamos —James salió de la casa junto con Meowth, Lunita, Persian y Nina. Solo quedó Cubone, dormido en el suelo como si fuera un Snorlax.

Delia se puso al lado de Jessie.

—Deja que yo lave. Si quieres hacer algo, ayúdame a secarlos.

Jessie asintió y le dejó lugar para que lavara. Carraspeó.

—Debió ser duro dejar que su hijo salga de viaje y quedarse aquí sola, ¿verdad?

—Ya me lo veía venir —suspiró—. Desde que era muy pequeño quería ser entrenador pokemón, como su padre.

—Si sabía que su hijo debía salir, debió prepararlo para el mundo exterior —Jessie había prometido desde hacía tiempo una charla directa sobre Ash, aunque eso significara una confrontación con la madre.

Delia dejó un par de tazas sobre la mesada con cuidado.

—Ash tenía una visión muy idealizada de lo que era ser un entrenador —dijo Delia, sin sonar ofendida—. Intenté enseñarle, pero… creo que nunca me escuchó realmente —sonrió con tristeza—. La verdad, yo esperaba que volviera al poco tiempo, cuando descubriera que no todo era maravilloso como él creía.

Jessie comenzó a secar las tazas con una rejilla. Era blanca, con la imagen de un Pikachu comiendo una manzana sobre el césped.

—Aún así se lo pudo haber prohibido, por su propio bien.

Delia negó con la cabeza, sin dejar de sonreir.

—Soy una mujer sola que trabaja en el campo, Jessie. Si se lo prohibiera, no tadaría nada en huir de casa para perseguir su sueño y demostrar ser mejor que Gary. Si se iba en malos términos conmigo… temí que no quisiera regresar nunca.

Jessie puso las tazas boca en el escurridor al lado de la pileta.

—Su hijo pudo haber muerto —replicó Jessie—. Toparse con ladrones, con un nido de Beedril, ahogarse en el río y vaya a saber cuantos peligros más…

Delia sonrió de manera condescendiente.

—No puedo tener a mi hijo metido en una burbuja sólo porque tengo miedo a que se haga daño. Si lo piensas bien, siempre hay un pequeño riesgo de morir en algún momento. Ash podría morir aún no saliendo del pueblo. Pudo haberse topado con ladrones aquí, ser picado por un Beedril desorientado, ahogarse en el río que corre a un par de kilómetros de aquí… —miró a Jessie a los ojos—. Tu hija nacerá y crecerá feliz, no tengo duda de eso. Pero, tal vez, un día decida viajar, ya sea que esté lista o no. Y ahí tendrás que decidir que hacer.

Jessie miró hacia el suelo, avergonzada. Había querido hablarle sobre como criaba a Ash cuando ella ni siquiera era madre. Pero aún así, había otro asunto importante que tenía que hablar con ella.

—Tiene razón, supongo —Jessie carraspeó—. Oiga, sé que estoy resultando demasiado metida, pero me preocupo por Ash.

—Sé que lo haces con la mejor de las intenciones.

—Si, lo hago… Eh… no es asunto mío, pero… Ash no lo sabe, ¿verdad?

—¿Saber qué?

—Que usted y el profesor Oak están saliendo…

A Delia se le resbaló un plato de las manos, cayendo dentro de la pileta. Por suerte, no se quebró.

—¿Qué? —Delia sonrió nerviosa—¿D-de que hablas?

Ahora fue el turno de Jessie de sonreír un poco.

—Mire, si algo puedo darme cuenta enseguida es cuando un hombre y una mujer en la misma habitación tienen algo más allá de una simple amistad. Y lo de ustedes es más que eso. Sé que están enamorados.

Delia se quedó en silencio, sin saber que decir. Jessie continuó.

—Si no quiere decírmelo, no lo haga, al fin y al cabo apenas la conozco y usted es más grande que yo. Pero yo estoy pensando en Ash. Puede que sepa poco y nada sobre maternidad, pero sé perfectamente que cuanto más tiempo pase sin decírselo, peor va a ser para el chico.

Delia dejó de sonreir.

—La situación es… delicada. Ash es un chico impetuoso y no sé como reaccionará a esta situación.

—Supongo que un nuevo hombre en su vida es algo que ningún niño quiere —suspiró Jessie.

—Si. Estoy pensando en el mejor momento para decírselo.

Jessie secó el ultimo plato y se alejó de la mesada.

—Iré afuera a ver lo que hacen James y los otros.

Jessie se alejó de la cocina a pasos lentos. Muchos pensamientos le cruzaban por la cabeza y se enredaban como hilos en su mente. Por el momento, solo quería que fuera mañana y que Ash, Misty y Brock regresaran.