Hola hola!
He vuelto; me tarde un poco porque me obsesione con Gotham y me he visto las 3 temporadas de un tirón, además que ando leyendo Lord of Shadows (Raziel! Amo Kitty!) y además me topé con un fics larguísimo que empecé a leer; y sin darme cuenta pasó un montón de tiempo…
Por cierto, ¿Qué les ha parecido nuestro querido Sebastian en la serie? A mí me encanta, es lindo y perturbador a un tiempo y aprovechando que conoció a Alec en el cap 2x12, tengo imagen para el fics ¿Qué tal? Jajaja xD
En fin, gracias a todos por leer, dar fav y follow y especialmente gracias a Nina, Clow, Jazchuu y Eliss por sus comentarios n.n Contesto.
Nina: Oh si, ella lo quiere como a un hijo n.n
Clow: ¿Yo? ¿Romperles el corazón? Calumnias xD (si algo te rompe el corazón en este cap es mera coincidencia) *silba y se aleja lentamente* oh ya sabes, Sebastian no necesita mucho escandalo para hacerse notar ;) jajaja ¿el cloro? ¿Por qué?
Jazchuu: Oh tranquila, todavía queda un buen tramo de historia n.n lamento la tardanza.
Eliss: jojo siempre me alegra traer más y más personas al lado oscuro n.n
Bueno, creo que ya he hablado mucho, pero es que el capítulo se viene con una de las cosas que han estado esperando ;) así que ¡A leer!
Parte V: Guerra
No puedes salir ganando de la guerra más de lo que haces con un terremoto.
Jeanette Rankin
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Capítulo 14: Caja de Pandora
En este mundo hay algunas cosas que si uno ignora es más feliz
Secret Garden
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El príncipe UnSeelie la observó a la expectativa; el cielo sin nubes resplandecía en hermosos colores casi mágicos más ninguno de los dos estaba en ese momento preocupado en apreciar su belleza. Él había acudido a esa reunión por la orden de Gwyn, el jefe de la Cacería Salvaje, que le indicó no negarse a la solicitud que la Dama Cortesana Seelie frente a él, había hecho para reunirse, pero no por eso le parecía menos absurdo lo que estaba escuchando.
- No entiendo porque sospechas de mí, no sé nada sobre tu mascota - Dijo con tono falsamente educado; Kaelie apretó los puños con ira ante esa última palabra.
- Nadie de la Corte Seelie se atrevería a lastimar a Well - Dijo Kaelie con enojo - Y tú, príncipe Kieran, caíste en disgustos con él cuando se acercó a tu...mascota - Repitió el termino; los ojos de Kieran, negro y plata, refulgieron en ira y su cabello se tiñó completamente de negro.
- ¡Mark no es una mascota! - Rugió incorporándose.
- ¡Tampoco Well! - Exclamó ella también poniéndose de pie; el príncipe UnSeelie le sacaba más de una cabeza de altura pero eso no intimidó a la hada. - Y si no fuiste tú, demuéstralo como un acto de buena fe: averigua si alguien no está actuando bajo los mejores intereses de tu corte.
- Mi único interés está en Los Ángeles - Siseó - Lo que pase entre sus reinos ya no es mi problema, mejor habla con mi padre.
- Eres el príncipe de la corte UnSeelie – Contravino – La mayoría de los ogros están bajo el régimen de tu corte, es tu problema.
- Un Príncipe desterrado - Le recordó él – Y la mayoría no son todos: ¿Ya le preguntaste a la Reina Seelie qué papel tiene en todo esto? – Cuestionó mordaz, Kaelie se mordió la lengua porque de hecho, no había hablado con su Reina – Eso imagine
- Aun así es tu deber averiguar una acusación tan grave.
- Mi actual deber es solo con la Cacería. – La contradijo.
- Pero te sigue importando tu pueblo - Aseguró ella - Quizás tu interés no esté en New York o en el pueblo Seelie, pero ¿Qué hay de los intereses de tu padre?
- Esa es una acusación muy grave - Le advirtió en un siseo – Supongo que por eso hablas conmigo y no con mi padre. Te haré un favor Kaelie Whitewidow, no le diré a mi padre ni nadie de la Corte UnSeelie que has venido a interrogarme, pero pregúntale a tu Reina: no sería la primera vez que hace una bajeza para culpar al Reino de mi Padre. – Ella apretó los puños considerándolo una ofensa, y él la miró con suspicacia - ¿O es que acaso pretendes iniciar una guerra entre Reinos?
- La guerra ya existe - Dijo con ojos entrecerrados - Y no me importa tener que enfrentar mil frentes a la vez, lo hare para defender a Well – Sentenció – Y si descubro que tu gente está involucrada en lo que le pasó, no me importara diezmar a la mitad del pueblo Fey, van a pagármelas; y eso puedes decírselo a tu padre.
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- ¡Alec date prisa! - Lo llamó su parabatai desde el otro lado de la puerta. Pasaba ya del medio día en New York, lo que significaba que tan solo tenía una hora a lo sumo para llegar a tiempo a Idris. Su padre había dicho "A primera hora" pero también había dejado claro que debía llegar antes para mantener la buena impresión y la actitud colaboradora ante el resto de la Clave.
- Ya casi estoy listo - Aseguró arreglándose frente al espejo un conjunto de caza; le quedaba un poquito ancho pero nada demasiado alarmante; no usaba uno desde hacía años, la última vez fue el día de la batalla final contra Sebastian. Tomó un cuchillo serafín guardado en una caja, de las muchas apiladas en su habitación con sus cosas, llena de armas; lo sujetó casi con solemnidad, llevaba el mismo tiempo sin poner las manos sobre un arma - Uriel - Susurró; el cuchillo serafín brilló en sus manos y él lo observó con una sonrisa, volvía a ser un Nefilim por completo, a sentirse como uno.
Guardó el cuchillo en sus ropas y buscó entre las cajas su arco, pero solo encontró un puñado de flechas; sabía que su arco favorito se había quedado con Sebastian, pero suponía que el de repuesto lo habría mantenido guardado Magnus en el Loft; se conformó con una daga que guardó entre sus ropas apresurándose a la puerta donde Jace insistía en que se diera prisa.
El rubio le sonrió al verlo, como una sonrisa de bienvenida que parecía dispuesto a dirigirle cada vez que lo veía. Alec lo observó, se notaba cansado: había pasado toda la noche recorriendo New York intentando averiguar que le había pasado a Max apenas obteniendo alguna pista; pero luego de un rápido descanso parecía listo para volver a salir.
- Debes descansar Jace; eres increíble pero no invulnerable - Le riñó; él negó con la cabeza.
- Disculpa ¿Qué dijiste? Me quedé en la parte de lo increíble que soy – dijo; Alec lo golpeó en el hombro en riña y Jace suspiró mientras ambos empezaban a caminar por el pasillo – Descansaré cuando le ponga las manos encima a esas malditas hadas - Dijo y agregó – El chico que encontramos ayer nos dio una pista a seguir -Informó- Isabelle y Simon están ahora interrogando duendes y luego de que Clary te envíe a Idris, ella y yo buscaremos miembros de la corte UnSeelie para averiguar si Max pudo quedar entre fuego cruzado.
- ¿Duendes y hadas? Pensé que había sido un ogro - Dijo confundido.
- Al parecer los duendes no están a gusto con Max en Feéra; por el incidente con Rask - Dijo – Y ya sabes cómo todo el pueblo Fey siempre se involucra en esos problemas – Razonó -Quizás solo sea coincidencia que ambos hechos ocurrieran en Central Park; quizás no, eso voy a averiguar.
- ¡Espera! – Se detuvo el ojos azules de pronto cayendo en cuenta - ¿Quién va a quedarse entonces con Magnus y Max? - Preguntó alarmado; porque todos pensaban ir de caza y su madre iba a acompañarlo mientras él se iba a Idris; de hecho apostaba lo que fuera a que ya debía estar en la entrada del instituto esperándolo junto a Clary.
- Maryse cruzará el portal contigo solo para asegurarse que todo esté bien del otro lado y llegues a salvo con Robert – dijo Jace - Volverá de inmediato al instituto y se hará cargo – Aseguró; Alec no pareció muy convencido, no veía necesario que su madre lo acompañara cual guardaespaldas, pero ella temía que algún Nefilim en desacuerdo con la liberación de Alec quisiera emboscarlo y hacerle daño en lo que se conseguía con su padre. Jace le puso una mano en el hombro - Estarán bien, no seas tan sobreprotector - Lo riñó en broma abrazándose de su brazo para obligarlo a seguir caminando.
Alec no pareció del todo seguro; realmente no quería marcharse y dejar a su hermano y su pareja inconscientes y sin nadie que los cuidase, sin embargo siguió caminando junto al rubio, deteniéndose solo ante el ascensor el cual Jace llamó con el botón.
- No, espera...iré a ver que estén bien - Dijo soltándose; Jace iba a protestar pero él agregó rápidamente - Cinco minutos; te alcanzo en la nave de la iglesia - Jace rodó los ojos pero lejos de disgustarse solo sonrió
- Sobreprotector – Lo acusó subiendo al ascensor, Alec le sonrió de vuelta caminando sobre sus pasos; dirigiéndose a la enfermería. Solo quería asegurarse que estaban bien. No esperaba tardar mucho en Idris, solo era abrir la puerta de la casa de Sebastian y quizás hurgar un poco entre sus cosas, pero no podía confiarse y no iba a estar tranquilo si no se aseguraba que todo quedase en orden.
Entró en la enfermería; sus dos ocupantes dormían apaciblemente; se acercó a Magnus, su rostro se veía más recuperado: dormía aferrado a su almohada como si no quisiera dejarla escapar. Alec sonrió despidiéndose con un beso en la frente y caminando en dirección a Max.
Su hermanito también se veía mejor, aunque no tan descansado como Magnus, al contrario parecía que algo en sus sueños lo estaba agitando.
Alec le llevó la mano a la frente para medir su temperatura, tenía quebranto pero no parecía ser nada alarmante. Tomó el paño de la ponchera de cerámica maldiciendo por lo bajo cuando esta se cayó haciéndose añicos con un estruendoso ruido.
Max se sobresaltó abriendo los ojos, apenas incorporándose alarmado, pero su mirada estaba velada y no parecía verlo realmente.
- Shh, duerme Max - Dijo colocándole el paño húmedo en la frente, el menor volvió a cerrar los ojos.
Alec se agachó a prisa para tomar al menos los restos de mayor tamaño de la ponchera y depositándolos en la papelera, apresurándose en salir: si se daba prisa podía buscar otra ponchera en el depósito de medicinas. Volvió la mirada hacia Magnus, para asegurarse que no se hubiera despertado por el ruido y sonrió, Magnus no solo tenía ojos de gato, cuando caía profundamente dormido era tan difícil despertarlo como a uno.
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- ¡Es un insulto!
- ¡Nos tratan como delincuentes!
- ¡Exigimos justicia!
La Reina Seelie escuchaba cada una de las quejas que sus súbditos le traían: los Cazadores de Sombras de New York habían irrumpido en sus negocios y recintos de su pueblo, agrediéndoles y amenazándolos por un supuesto ataque al hijo del Inquisidor. Rodó los ojos, los malditos Nefilims creían que ella y su corte eran tan tontos como para realizar un ataque tan directo cuando estaban haciéndose de la ayuda de La Clave para resolver los problemas que tenían en Los Ángeles. Realmente la creían estúpida y eso la ofendía más que toda la intromisión en su Reino.
- Enviaré una delegación al Instituto de New York – Dijo Seelie, sus súbditos se mostraron conformes. Observó a sus cortesanos de pie a ambos lados del recinto en espera de ordenes; notó la ausencia de uno de ellos - ¿Dónde está Kaelie?
Casi como si la hubiese invocado, la hada se dio paso en la corte haciendo una ligera reverencia ante la Reina. Selie la miró con suspicacia.
- ¿Dónde estabas?
- En los dominios de la Caza Salvaje – La Reina enarcó una ceja y con un gesto de la mano despachó a todos sus súbditos y cortesanos presentes, menos Kaelie - ¿Debo suponer que eso tiene algo que ver con el ataque a tu muchacho? – Indagó. Kaelie pareció avergonzada por verse descubierta pero finalmente asintió.
- Hablé con el príncipe de la Corte UnSeelie – Explicó – Para averiguar si algún ogro de su Reino tendría motivos. – La reina la miró interesada.
- Así que fue un ogro – Era un dato interesante que cambiaba en buena forma su percepción del problema – De cualquier forma, las relaciones entre ambos Reinos han sido tensas por siglos y ¿me estás diciendo que fuiste a complicarlas acusando al príncipe por una mascota herida?
Kaelie respiró profundo ante la forma en que se refería su Reina; sin embargo habló con voz baja, intentando no sonar desafiante.
- Well no es una mascota señora, es mi niño.
- No es uno de nosotros – Le recordó Seelie con un tono que no dejaba lugar a replica; Kaelie se mordió el labio – Ni lo va a ser, solo es un Nefilim y no admitiré que comprometas a nuestro Reino por él.
- Lo sé, lo siento mi Reina – Se disculpó. Quiso asegurar que no volvería a pasar pero no pudo, por lo que solo se mantuvo en silencio unos segundos y agregó – Por eso hablé con el príncipe y no con el Rey, mi Señora; para minimizar el daño.
- El daño es el mismo – Aseguró restregándose las sienes. Kaelie se restregó las manos, indecisa y la Reina lo notó - ¿Algo más? – La pixie dudó, lo último que quería era sonar ofensiva y seguir empeorando la situación pero por encima de todo quería descubrir lo que había ocurrido con Well y Kieran lo había hecho ver que había dejado pasar por alto algo importante.
-Mi Reina – dijo con precaución - ¿Usted, de alguna forma, sabía lo que le ocurrió a Well? – Cuestionó. Seelie parpadeó enderezándose en su silla, observándola mejor.
- ¿Qué intentas decir? – Preguntó con voz tan fría como su expresión.
- No creo que usted esté relacionada – Admitió rápidamente – Pero si voy a seguir investigando, necesito una respuesta certera cuando sus enemigos la acusen – La Reina la observaba seria, ella suspiró armándose de valor - ¿Usted ordenó o permitió que le hicieran daño a Maxwell?
- Kaelie, querida dama – La voz de Seelie fue suave, pero no menos espinosa - Si quisiera o tuviera que hacerle daño a Maxwell Lightwood, no dudaría ni un segundo en hacerlo - Dijo con una sonrisa ladeada – Pero en esta ocasión, lo que le pasó al chico no es mi responsabilidad, ni siquiera tenía conocimiento de ello hasta hace unos pocos minutos. – La pixie asintió.
- Lamento haberla cuestionado mi Señora – Seelie entrecerró los ojos, reconocía a la perfección el peligro que ella representaría si no la detenía: ella misma lo había dicho, seguiría investigando. Suspiró.
- Te enviaré con una delegación al Instituto de New York – Informó. Kaelie abrió los ojos con sorpresa, era lo último que habría esperado después de lo que acababa de preguntarle, y sin embargo no pudo evitar una sonrisa – Veras como está el chico, le exigirás la joya que le ordené recuperar y puedes investigar allí lo que le ocurrió, sin complicar más la situación entre nuestros Reinos.
La hada asintió infinitamente agradecida, vería a Well gracias a la generosidad de su reina. Hizo una reverencia dándose media vuelta para marcharse, deteniéndose al escuchar una vez más la voz de la Reina.
- Eres una buena diplomática Kaelie - Dijo a modo de comentario - Pero eres tan prescindible como cualquiera, recuérdalo.
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Intentó incorporarse de la cama; cada movimiento del cuerpo le resultaba doloroso; no tenía muy claro los últimos eventos, pero recordaba haber tenido una misión, a un par de criaturas enormes, y mucha sangre y dolor; pero lo cierto era que, el hecho de seguir vivo significaba que todo había funcionado.
Sin embargo un peso sobre él le impidió sentarse; Max abrió los ojos a prisa, respingando ante las pupilas gatunas que lo observaban acompañadas de una peligrosa sonrisa felina.
- ¡Bane! ¿Qué haces? ¡Déjame! - Se retorció bajo él intentando zafarse. La mano del brujo desabotonó la camisa del pijama del menor recorriendo su abdomen con rumbo al sur.
- Te mantuve con vida; vengo a que me agradezcas - Susurró a su oído; Max se retozó bajo el cuerpo del brujo; tenía una rodilla a cada lado de su cintura y su rostro se acercaba al suyo. Max se estremeció de forma desagradable al sentir sus labios sobre los suyos, besándolo posesivamente; intentó apartarlo, intentó golpearlo, pero el brujo sujetó sus manos por sobre su cabeza impidiéndoselo al inmovilizarlo.
- Suéltame; por favor -Suplicó.
- Te soltare luego - Dijo con voz maliciosa, usando la misma palabra que él había usado antes, cuando el brujo le pidió que le quitara el brazalete - …primero la pasaremos bien – Sus manos deshaciéndose del amarre del pantalón del chico - Como la pasaba con tu hermano.
- ¡NO!... – Gritó angustiado - ¡Suéltame! Yo no soy Alec, por favor, suéltame – Sollozó. Los labios de Bane se hicieron una vez más con su boca, callando sus palabras, sintiendo la intromisión de su lengua apoderándose de él.
Las mejillas de Max se llenaron de lágrimas, cuando la puerta del oscuro lugar se abrió. Max nunca había deseado tanto en su vida ver a Maryse, gritarle a su madre que lo ayudara y le quitara a Bane de encima como hizo en la mañana en la biblioteca; pero en lugar de eso solo escuchó pasos calmados acercarse a él.
Max volvió el rostro intentando pedir ayuda a quien fuera que hubiese entrado.
- ¿Te estas divirtiendo? - Preguntó con sorna.
- Bash...por favor... No quiero- Le suplicó; pero el rubio solo lo veía con una sonrisa ladeada, acercándose.
- No es sobre querer pequeño Well; es sobre lo que debes hacer - Dijo - Te dije que tomaras la iniciativa, que sedujeras a Bane...Si no quieres que él lo haga bajo sus términos, hazlo bajo los tuyos.
- No puedo - Sollozó - Yo…él...- Magnus introdujo su mano bajo la ropa interior de Max, ahogando sus sollozos con un beso rudo y posesivo.
- A él no le importa lo que quieras; como no le importó lo que quisiera Alec, así lo lastimó - Sentenció. Max seguía removiéndose, sus lágrimas cada vez más abundantes - Pero si quieres vengarte...tienes que ser capaz de hacer lo necesario.
- Lo haré, haré lo que sea -Suplicó - Ayúdame Bash ¡Por favor!
El rubio se acercó deteniendo la mano de Magnus. Max respiró aliviado pero el demonio solo señaló el brazalete.
- Esto ya no es necesario.
- Pero… con su magia no podremos enfrentar a Bane – Sollozó Max. Sebastian rodó los ojos soltando las manos del brujo.
- No me interesa enfrentarlo; quiero destruirlo – Decretó con odio – Hacerlo pedazos incluso antes de ponerle una mano encima y para eso pequeño Well, tienes que hacer lo que te ordené desde un principio - Ordenó con un gesto displicente tras el cual Magnus volvió a hacerse con la piel del muchacho - Pero esta vez hazlo bien Well, porque cada segundo que Bane recuerde contigo, lo va a destruir – Aseguró.
El demonio se dio media vuelta dispuesto a irse; el chico criado por hadas gritó por ayuda; removiéndose bajo el cuerpo de Magnus intentando sacárselo de encima desesperado.
- ¡No! ¡Bash no me dejes! Suéltame Bane, suéltame
-¡SUELTAME!- Gritó Max incorporándose de golpe; sudaba a raudales y sentía los ojos hervirle pero el cuerpo temblaba de un frio que le atravesaba los huesos o al menos quería creer que temblaba por eso y no por el pánico que esa pesadilla había despertado en él.
Su voz sonó como un eco en la habitación desierta. La observó con ojos entornados, le dolía el cuerpo, especialmente la espalda. No estaba en el loft de Bane, de hecho por las runas en las paredes suponía que estaba en algún lugar del instituto pero no había nadie a su lado.
Entornó los ojos. En algún momento, antes de que la pesadilla lo atacara, había tenido un lindo sueño, había visto a su madre...a Maryse, pasando suaves paños de agua sobre su cuerpo, y cuando tuvo que marcharse la relevó su hermano; Alec había puesto paños húmedos en su frente, estaba vivo y se hacía cargo de él. Había sido un sueño hermoso por el que estaba dispuesto a esforzarse, pero no era más que eso, un sueño. Porque en ese momento, en la soledad de esa habitación llena de camas, se daba cuenta que no le importaba a ninguno de sus familiares, y al único que lo hacía, se lo habían arrebatado. Por eso tenía que esforzarse, hacer lo que fuera necesario; lo que Sebastian le había pedido que hiciera en esa pesadilla.
Notó que una de las camas estaba ocupada. Entornó los ojos intentando enfocar ¿Era Bane quien dormía allí? Su pulso vaciló, sin embargo puso un pie descalzo en el suelo.
El frio invernal del suelo en contacto con la piel de sus pies lo hizo estremecer tan fuerte que su espalda herida dolió. No le importó y caminó a través de las camas, con la vista fija en Bane.
No entendía porque Sebastian le pedía que hiciera eso, él nunca entendía sus planes; pero no le importaba porque aun así tenían resultado: Sebastian se había comunicado con él a través de sueños antes, pero era la primera vez que podía ver al rubio en ellos, hablarle directamente; significaba entonces que estaba lo suficientemente fuerte para hacerlo, que el plan de las heridas había funcionado ¿Porque tenía que ser diferente ahora?
Él quería que su sueño sobre Alec fuese real que su hermano pudiera velar sus sueños, y que las personas que le habían hecho daño pagaran por eso; y si Sebastian decía que la manera de lograr las metas era acostándose con Bane, lo haría; porque confiaba en Sebastian.
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Caminó por el oscuro paraje; la gema negra mantenía un tenue brillo naranja en el colgante sobre su pecho, y el anillo en su mano; asegurándose de mantener a raya cualquier atención indeseada.
La Reina Seelie miró a los demonios con los que se cruzaba, apenas fijándose en ellos; buscaba a un demonio en específico, uno al que encontró en el lugar de costumbre pero no de la forma acostumbrada. Enarcó una ceja acercándose con precaución: Sebastian Morgenstern se veía con la nitidez y firmeza de cualquier persona viva, nada que ver con la última vez que lo vio.
- Parece que has visto a un fantasma, querida Seelie – Habló él sentado sobre unas rocas.
- Fantasma no, a un difunto, quizás- Le respondió ella mordaz – Admito, Sebastian Morgenstern, que te ves menos…muerto.
- Gracias, es la crema hidratante que uso para dormir – Se burló. Ella no rio, no podía relajarse y fiarse de él cuando escuchaba que su voz no contenía el chirriante eco metalizado demoniaco de los últimos años, al contrario, era una voz normal. - ¿Qué te trae por aquí?
- Resulta que alguien, un ogro – Puntualizó - Agredió a Maxwell Lightwood.
- Sé que me he hecho cargo del chico todos estos años, pero no era necesario que vinieras personalmente a avisarme, con una carta bastaba.
- Estoy segura que tuviste algo que ver – Lo acusó, él se encogió de hombros.
- Todos saben que los ogros responden solo ante ti y el Rey UnSeelie – Aseguró con una sonrisa filosa – Y yo, como bien saben los Nefilims y tu muy amablemente me acabas de recordar, estoy muerto.
- Así que tu plan es hacer que nos acusen a nosotros. – Siseó.
- No es un plan – Aseguró Sebastian – En realidad solo fue una forma creativa de aprovechar una oportunidad que se presentó. - La Reina apretó los labios tan fuerte que se volvieron una fina línea; Sebastian sonreía abiertamente y no había nada más peligro que la sonrisa de un enemigo como él.
- ¿Dónde está Krpol?
- ¿Quién?
- ¿El ogro, dónde está? – Insistió.
- ¿Esas cosas tienen nombre? – Preguntó dejando en claro lo poco que los veía como individuos. Seelie rechinó los dientes, la estaba sacando de quicio y eso lo hizo sonreír aún más.
- No está en Edom – dijo – No me obedecía lo suficiente así que lo eché fuera – Aseguró – En Central Park, de hecho.
- ¿Tu? ¿Afuera? – Esta vez fue el turno de ella de burlarse. – Tú no puedes salir de aquí, no importa cuánto te esfuerces en recuperar tu fuerza y un cuerpo que pueda volver al mundo humano, los Nefilims mantienen resguardado tu portal en Idris y yo no voy a dejar que salgas a través de Feéra – Aseguró – Te lo advertí desde el principio, eso no está en nuestro trato.
La mujer se dio media vuelta marchándose. Sebastian la observó con una sonrisa, jugando con el anillo de plata en su dedo que le permitía transportarse, hasta que la silueta de la mujer se perdió de vista.
- No lo necesito – Aseguró cuando ya no era escuchado su tono aunque seguía manteniendo la burla, poseía una gran cantidad de ira. Contrario a lo que Seelie creía, era mejor para él que todos siguieran fijamente resguardando sus puertas de salida porque así le permitían aparecer furtivamente a través de cualquier ventana desprotegida.
Y hablando de eso, tenía que arreglarse.
Observó la fotografía de Alexander, la había devuelto a su lugar solo que ahora poseía las marcas que dejó al arrugar el papel la última vez.
Tendría una cita ese día.
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Magnus sonrió moviendo sus labios a la par de los de Alec, porque lo había perdonado, el ojos azules había estado con él en la enfermería desde que llegó al instituto había podido sentirlo velando su sueño, cuidándolo, y en ese momento lo estaba besando para despertarlo, de forma dulce, como la caricia de un príncipe de cuento. Abrió los ojos con una suave sonrisa, sobresaltándose cuando sobre él no vio los ojos azules que amaba sino unos grises enrojecidos en una febril mirada; intentó incorporarse notando que el chico en cuestión estaba con las rodillas a cada lado de su cintura, sentado en su regazo.
- ¿Qué haces? ¡Largo Max!- Masculló entre dientes. El chico criado por hadas sonrió veladamente, rozando sus labios; Magnus se apartó de inmediato empujándolo con una mano en su rostro. - ¡Estas ardiendo! – Exclamó sorprendido; la piel del chico estaba prendida en fiebre.
- Me vas a hacer sonrojar – Advirtió con una risita queda lamiendo la palma de la mano del brujo en su rostro. Magnus la retiró de inmediato, Max debía tener por lo menos unos 40 grados centígrados. El muchacho sujetó su mano antes de que pudiera retirarla - No vengo por problemas – Aseguró - Me salvaste la vida; quiero agradecerte Bane.
- No quiero tu agradecimiento. – Siseó – Max tienes fieb…- Max rio interrumpiéndolo
- ¿Estás seguro? – Preguntó. Magnus intentó soltar su mano pero el muchacho la aferró - Las hadas pagamos nuestras deudas Bane - dijo retirando el brazalete en ella. El brujo lo miró con los ojos abiertos de par en par - Así que te libero - Aseguró colocándose el brazalete a sí mismo.
Magnus lo miró boquiabierto, lo último que esperaba era que el mocoso le quitara el endemoniado brazalete, que liberara su magia finalmente. Quiso realizar un hechizo, cualquiera, para celebrar; pero, aunque ya no se sentía tan agotado como antes si que estaba cansado e incluso él sabía que no sería sensato.
Respingó con sorpresa al sentir una vez más sus labios intentando incitarlo, introduciendo sus manos febriles por la tela del albornos sobre su pecho, moviéndose sobre él, queriendo provocarlo. Magnus se alarmó chasqueando los dedos para sacarse a Max de encima, olvidando su cansancio, pero aun así su magia no funcionó sobre el chico y en su lugar el brazalete en la muñeca de él brilló absorbiéndola. Max intentó soltarse los botones de la camisa con pulso errático. Magnus lo tomó de la cintura dispuesto a sacárselo de encima y lanzarlo al suelo cuando el sonido de la cerámica hacerse añicos los sobresaltó a ambos.
Magnus ya estaba preparado para que Izzy o Maryse e incluso Jace quisieran despellejarlo vivo; pero nada lo preparó a la mirada destrozada que Alec le dirigía desde la puerta.
El brujo no tuvo reparo en empujar a Max y sacárselo de encima tumbándolo al suelo y se apresuró en incorporarse, sintiendo todo a su alrededor darle vuelta por su rápida incorporación y tuvo que sujetarse a la pared.
- Alec espera...déjame...
Pero el chico echó a correr y Magnus corrió tras él; ninguno prestando atención al joven criado por hadas que no se había movido ni un centímetro tirado en el suelo donde estaba; con la mirada de par en par puesta en la puerta y temblando mortalmente pálido, como si acabara de ver un fantasma.
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- ¡Esto es absurdo! ¡Ni siquiera conozco a ese chico Maxwell! – Gruñía el duende UnSeelie postrado frente a ellos, de rodilla en un claro de Central Park cerca de una de las entradas del pueblo Feéra. Isabelle jaló del látigo apretando su agarre.
- Vamos amigo, nadie quiere que pierdas el brazo - Le instó Simon preocupado; no es que cinco años como vampiro no lo hubiesen acostumbrado ya a la sangre, pero era diferente cuando esta iba acompañada de un desmembramiento fresco.
- ¡Juro que no se nada sobre lo que le paso a Maxwell Lightwood! - Gritó el duende urgido por el dolor - ¡Pregúntenle a Wik; él era el tío de Rask!
Isabelle rodó los ojos chasqueando la lengua y jalando del látigo. Simon suspiró, eso era lo único que decían los duendes: "pregúntale a tal", "cual sabrá" o "aquel es el hermano", pero a la hora de la verdad, ninguno le decía lo que querían escuchar y solo los enviaban tras otros duendes con los que tenían alguna redecilla o de alguno de la corte UnSeliee a la Seelie y viceversa. Los duendes solo estaban jugando con ellos y la Nefilim se estaba hartando de eso.
- ¿No habías dicho que no conocías a Maxwell? - Rechinó los dientes. Simon abrió los ojos: al parecer si presenciaría un desmembramiento.
- ¡No lo conozco, Nefilim…!- Gritó y agregó masticando las palabras – Pero…quizás… he oído hablar de él, no es de agrado entre los duendes – Aseguró agregando urgido - ¡Pero pregúntale a Wik, seguro él tiene algo que ver!
La chica estuvo por terminar de tirar del látigo, pero Simon la detuvo, ya era suficientemente malo los agresivos interrogatorios que estaban manteniendo con el pueblo Fey, no quería estallar una guerra cuando las relaciones entre Hadas y el resto del submundo eran tan tensas, especialmente con todo el asunto de Los Ángeles y el acuerdo por Mark y Max. La pelonegro suspiró aflojando el agarre con el látigo.
- Búsquenlo en el Reino Seelie – Insistía el duende urgido - Pueden llegar allá a través de...
- ¡Ya lo sé! ¡Ya lo sé! - Chilló Isabelle enojada - ¡Porque fue Wik quien nos mandó contigo idiota! – Estaba exasperada y tomó al duende halándolo de la camisa y levantándolo del suelo hasta dejarlo a la altura de sus ojos; si la situación fuese otra, Simon se habría reído de sus pequeños pies moviéndose desesperados - ¿Alguien más a quien quieras fastidiar además de a nosotros?
El duende solo masculló un par de maldiciones coloridas contra Wik mientras Isabelle lo dejaba caer estrepitosamente dándose la vuelta y marchándose entre refunfuños furiosos.
- Ponte un poco de hielo en eso - Sugirió Simon señalando la magulladura en el brazo del duende y echando a correr tras su novia que no dejaba de resoplar. - ¡Isabelle! ¡Isabelle! - No quería perderse en medio de territorio Seelie, aunque este fuese tan solo Central Park, menos después de haber pasado las últimas horas amenazando y golpeando algunas criaturas Feys.
- Algún día me desharé de todos esos idiotas – Juraba ella entre dientes – Pagaran todo lo que han hecho y el resto del mundo de sombras me lo va a agradecer.
- Pero mientras planeas tu duendicidio, podemos solo buscar una manera más efectiva de interrogarlos - Ella rechinó los dientes siguiendo su camino por Central Park.
-Por supuesto que tienen que saber de Max- Seguían refunfuñando- Los Feys saben todo lo que pasa en sus dominios...
-Iz...
- No puedo creer que otra vez volvamos sin ninguna pista - Seguía gruñendo ella pasando por la orilla del lago principal del parque.
- Izzy...
- Solo juegan con nosotros... Pero nada más dejen que…
- ¡Isabelle! - Llamó alzando la voz, la chica volteó a ver en dirección a donde él señalaba y se acercó de inmediato. Había un cuerpo enorme tirado a la orilla del lago, estaba mojado solo de la cintura para abajo, como si lo hubiesen dejado allí después de morir, hinchado por la influencia del sol sobre el cuerpo.
La Nefilim se apresuró al cadáver para voltearlo, Simon también se acercó cubriéndose la nariz.
- Los ogros son asquerosos en vida y muerte - Aseguró el vampiro.
- Lo asesinaron - Hizo ver ella señalando su frente, una piedra la había atravesado. - ¿Crees que pueda ser el ogro que buscábamos?
- Tal vez lo silenciaron antes de que pudiera contarnos algo, ya sabes: no es nada personal, son los negocios – Dijo con voz ronca para su imitación; Isabelle le dirigió una ligera sonrisa al entender la referencia al padrino.
- Pero no lo hicieron bien – Aseguró ella observando el cuerpo y sonriendo con triunfo tomando las garras del ogro y mostrándoselas: había sangre seca en ella - Si es quien atacó a Max puede ser su sangre: ¡Tenemos una pista! - Celebró tomando al vampiro de la camisa y besándolo rápidamente. Simon sonrió complacido.
- Para eso estoy: Simon Lewis localizador de cadáveres - Bromeó devolviéndole un beso; ella rio.
- Ayúdame a llevarlo al instituto - La sonrisa del vampiro vaciló.
- Pero está muerto y es asqueroso – Se quejó asqueado.
- Te lo compensare – Aseguró ella – Comparé el disfraz sexy que quieres la tipa de los dragones de Games of Thrones
- En primera no es la tipa de los dragones, es Daenerys de la Tormenta de la casa Targaryen – Isabelle rodó los ojos, aquí iba – Primera de su nombre, la que no arde…
- Simon, déjalo, ya entendí.
- Reina de Ándalos y los primeros hombres…
- ¿Terminaste? – Bufó.
- Khaleesi del gran mar de hierba, rompedora de cadenas y madre de dragones.
- Voy a golpearte – Le advirtió; él sonrió.
- Dany para los amigos – Le guiñó un ojo; Isabelle bufó con molestia – Y en segunda, es un Cosplay sexy no un disfraz.
- Como sea, creo que ya me estoy arrepintiendo
- ¡Oh maldición! Me tienes, pero no te arrepientas – Aceptó con dramatismo acercándose al ogro sin evitar la expresión de asco mientras susurraba - Claro, porque no va a ser raro ver a un guapo joven judío en plena tarde llevando al hombro un maloliente cadáver de 300 kilos por todo Central Park - Se quejaba.
- Valdrá la pena…
- Lo sé – Coincidió él con una sonrisa.
- Espera…espera- Exclamó ella de pronto enseriándose, el chico soltó al ogro al instante dejándolo caer al suelo aparatosamente - ¡Simon! - Lo riñó. Él sonrió en disculpa.
- ¿Qué pasa?
- Mira - Dijo señalando una pequeña marca en el hombro del ogro, el diurno la observó: era como una pequeña cicatriz con forma de hoja.
- ¿Qué es eso?
- Una marca de la Corte Seelie - Dijo ella - Este ogro es parte de la guardia de la Reina Seelie ¡Rápido! ¡Cárgalo antes de que un Seelie nos vea! - Exclamó. El vampiro lo tomó en hombros ignorando los pequeños y atentos ojos que los observaban: tenían que darse prisa hasta donde había estacionado su vieja camioneta, para llevar al ogro al instituto y comprobar si la sangre en sus manos era de Max, porque de ser así, la reina no solo había lastimado al joven Nefilim sino que intentaban acusar al Reino UnSeelie, para que los Nefilims hicieran el trabajo sucio por ella.
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Corrió por los pasillos del instituto sintiendo que la visión se nublaba debido a las lágrimas que se aglomeraban en sus ojos; sabía lo que había visto, pero no quería creerlo, no quería imaginar que realmente fuese posible que ese chico sobre Magnus, besándolo era Max, mientras el brujo lo tenía sujeto de la cintura en claro intento de tenerlo cerca; no quería pensar que había sido un idiota al sentirse culpable y pedirle perdón a Magnus por su discusión en el loft, no quería imaginar que el brujo fuera capaz de caer tan bajo como para acostarse con él en el sofá de su apartamento habiendo estado con Max antes.
- Alec, Alec espera por favor...-Magnus logró darle alcance tomándolo de la muñeca; el ojos azules reaccionó al instante girándose a prisa golpeándolo en el rostro, obligándolo a soltarle.
- Te acuestas con mi hermanito - Le acusó con lágrimas amargas; Magnus no lo negó con la mano en el lugar donde lo había golpeado, ni siquiera podía mantenerle la mirada - ¿Él era el chico del cementerio? ¿El de tu loft en navidad? – Alec lo sujetó del albornoz que Magnus aun llevaba del día anterior, mascullando entre dientes furioso - ¡Mírame a la cara Magnus! ¿Era Max?
El brujo alzó el rostro pero sus ojos no fueron capaces de conectarse a los azules de su Nefilim, abrió la boca para responder pero no hallaba la voz en su garganta, la movió repetidamente hasta que un sonido salió de ella.
- Si - Admitió avergonzado. El Nefilim soltó a Magnus casi sin notarlo, retrocediendo un paso y luego otro, sintiendo como esa sola silaba terminaba de golpearlo con la realidad, rompiendo lo poco entero que le quedaba: Magnus lo había engañado con Max, con su hermano.
Magnus sintió el corazón rompérsele, eso era lo que él había querido evitar desde el principio, lo que había temido que ocurriera; lo que había causado por dejar que Max hiciera lo que quisiera, por no ponerlo en su sitio desde un primer momento, pero sobre todo por no tener la fuerza de ser sincero desde el principio.
Estiró la mano queriendo tocar a Alec, pero no se atrevió a hacerlo; el pelonegro no lo veía, tenía una mano en la cabeza con una mirada horrorizada fija en algún punto, Magnus podía ver en su cara que intentaba entender lo que estaba pasando, que su cerebro estaba atando cabos, reconociendo cada detalle que había dejado pasar.
- Era...él…mi hermano – Balbuceó Alec retrocediendo unos pasos más, queriendo poner distancia entre él y el brujo.
- No lo planee Alexander – Logró conseguir su voz – Nunca he querido lastimarte, mucho menos por algo que no significa nada…
- Si no significa nada, ¿porque…? – Su voz vibraba peligrosamente – ¿Te burlaste de mí y deMax? ¿No te das cuenta que es peor?
- No Alec, fue él – No le importaba si podía verse bajo que acusara a Max, era la verdad y estaba desesperado. La voz del brujo también temblaba por las lágrimas que se acumulaban en su garganta- Yo jamás… Max llegó a mi apartamento, me besó y tenía ciruela de hadas… realmente no recuerdo nada de lo que pasó ninguna de las dos veces que...
- Dos veces... – Repitió atormentado – ¡Dos veces! - Alzó la voz - ¿Dos veces contando lo que acabo de ver…- El chico no pudo evitarlo más, las lágrimas corrían por su rostro - O dos veces por lo que vi ayer en tu departamento o…?
Magnus se restregó el rostro.
- Alexander…- Le suplicó.
- ¿¡Cuales dos veces Magnus!? –Exigió, su corazón ya estaba roto, no podía empeorarlo o eso creyó.
- En año nuevo –Confesó y fue entonces que el Nefilim se dio cuenta que aun podía triturar cada uno de los pedazos que quedaban de sí - Desperté en una habitación con él y Richard - Porque él en año nuevo había estado atormentado por haber terminado su relación con Magnus, humillándose al enviarle un mensaje cuando él estaba disfrutando con su ex y su hermanito - Y tú me habías enviado el video mensaje y no supe que hacer y...
- Eres un miserable – Siseó cargado de ira, secándose las lágrimas. - No quiero volver a verte - Se dio media vuelta, no soportaba estar ni un segundo más frente a ese Magnus ruin al que no reconocía en lo absoluto. El brujo lo sujetó del brazo queriendo detenerlo, necesitando que Alec le entendiera, pero el Nefilim se movió rápidamente soltándose y empujando a Magnus contra la pared, inmovilizándolo con un cuchillo serafín en su cuello.
El brujo miró la hoja del cuchillo pasmado, podía ver los ojos azules de Alec refulgir en ira, como un mar tempestuoso dispuesto a arrasar con todo a su paso.
- No te vuelvas a acercar a mi o a mi hermano Magnus - Le advirtió - O no respondo.
Alec lo soltó; y se dio media vuelta marchándose a prisa, dejando a Magnus en medio del pasillo. Mientras él en cambio se subía al ascensor.
- ¡Arhhg! - Rugió cuando las puertas se cerraron, golpeando la pared del ascensor con todo el dolor y la ira que tenía, a la par que las lágrimas bañaban su rostro - ¡Arhgg! - Lo repitió sintiendo como él mismo se terminaba de romper por completo y los pedazos se derrumbaban; se giró apoyando la espalda contra la pared del ascensor dejándose caer al suelo abrazándose las rodillas para ocultar su llanto entre ellas: quería morirse ahí mismo, sentía que lo estaba haciendo; lenta y dolorosamente, no pudiendo respirar por el dolor y la miseria que le causaba la persona que más amaba.
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¿Qué les pareció? Pobre Alec, como sufre Y_Y espero que no haga una tontería en el próximo capítulo… y Magnus, él también sufre u.u en defensa de Max, el pobre no estaba en sus cinco sentidos, y ahora estará más confundido que antes. Y por si fuera poco las cosas con las hadas se van complicando :O al menos Magnus ya no tiene el brazalete, esperemos que todo mejore….pero no pronto, porque el próximo capítulo se llama "Monstruo" y ¡oh sí! Lo que todas han estado esperando ;)
Nos leemos pronto
Besos :3
P. D: No me gustó la Kaelie de la serie u.u
