No, no me morí, gente, estuve sin PC. Larga historia. Ahora estoy de vuelta. El cap está un poco corto, espero sepan disculpar.
Tommiboy: Muchas veces se retrató una Delia como una mujer que le chupa un huevo su hijo. Yo creo un poco que sí, pero quise retratarla como una mujer un poco más responsable.
Delia x Oak es casi canónico para mi y yo gustaba la idea de que estuvieran juntos, así que ... ¿Por qué no ?.
Kaiser: Jigglypuff es un pokemón molesto, es verdad, pero quería que alguien lo capturara y esa fue Jessie. Tal vez sea así de convencida de que deje caer por todos los lados y que se quede con un ataque.
AlenDarkStar: Jessie no se destaca precisamente por su sutileza. En cuanto a James, el ama a su pokemón como si fueran de la familia.
Zyar: ¡Bienvenida a mi humilde fic! Espero seguir viendo tus comentarios por aquí en el futuro.
No sé por qué parte estarás ahora, pero yo soy más de la aventura que el romance. Si, se basa en el romance, pero no es todo lo que importa.
Meowth es importante en esta historia. En muchos casos, como si fuera un estorbo, cuando es un miembro de la familia.
Eres la primera persona que me pregunta. Más que nada es una referencia que no capta. No lo expresé muy bien, pero hice una referencia a la pokefila.
Segundo comentario: No es la primera vez que escribo fics reescribiendo capítulos originales. En general, intento cambiar lo menos posible y solo escribir una "detrás de escena" pero en este momento no lo hago, ya que el Equipo Rocket tiene mucha importancia en los capítulos.
Si, todo el mundo me dijo lo de la escena, lo sé, lo siento, no me maten XD.
No, no me molesta para nada que avances rápido, tranquilo, adelante.
PD: Me alegra que te haya gustado el título y que hayas captado por qué se llama así.
Capítulo cuarenta y uno
Manden a los payasos.
James no podía dormir.
Era de noche y estaba en el cuarto de Ash, acostado en el futón de dos plazas. En la cama del chico (que era como una marinera, pero con solo la parte de arriba) dormían los pokemón, excepto Persian, que dormía a los pies del futón.
El cuarto de Ash lo sorprendió un poco. Nunca había estado en el cuarto de un niño, a excepción de la suya propia, ya sea en su casa de Kanto, las de otras regiones o la de la casa de sus abuelos. El cuarto de su infancia, si mal no recordaba, era tan grande que podría meter la casa de Ash adentro. Muy grande, con una cama matrimonial y una gran biblioteca.
La habitación de Ash era mediana y con el espacio muy bien aprovechado para que hubiera el mayor espacio posible. Se había quedado mucho tiempo admirando cada detalle, por tonto que le pareciera.
Las paredes eran de color verde lima y el suelo era de un liso color azul, sin mosaicos ni nada, con solo una ventana de tamaño mediano con el marco y las cortinas del mismo color del suelo. La cama de Ash era en realidad un futón azul con estampado de pokebolas. A la cabecera de la cama, había un pequeño armario con libros y, sobre ella, un despertador en forma de Voltorb. Debajo de la cama, había un escritorio con más libros, lápices y demás objetos comunes que tendría un estudiante, como un sacapuntas a batería con forma de Poliwirth y una alcancía con forma de Clefairy.
Al frente de la cama, había una cajonera larga, con un equipo de música y un televisor. El pared había solo un poster con los tres iniciales de Kanto y un calendario. También había un perchero donde, en lugar de una chaqueta, había una red de pesca y una canasta. También había un puff con la forma de un Snorlax, muy cómodo, pero difícil de salir cuando uno se hundía demasiado. De no ser porque Lunita había llorado de manera histérica, habría un móvil con tres muñecos de Zubat en la ventana.
—¿Esta es una habitación normal de un niño? —se había preguntado James en voz alta cuando terminó de ver la habitación.
—Pues sí —le respondió Jessie, sorprendida—. ¿Por qué lo preguntas?
James no le respondió. James no recordaba haber tenido juguetes, a excepción en la casa de sus abuelos. No había tenido nunca un cobertor con estampados de pokemón ni objetos con forma de ellos, ni siquiera paredes de colores. Todo era beige, todo era falto de personalidad, como si fuera un "showroom", algo de exhibición.
Nunca había tenido infancia, a excepción de dos semanas al año, donde sus abuelos lo hacían feliz de verdad.
James se levantó´, tomó sus pokebolas, caminó sin hacer ruido y salió del dormitorio. Bajó por las escaleras con lentitud y se dirigió a la entrada de la casa. Por un momento, pensó que estaría con llave, pero se abrió con facilidad. Tal vez fueran de esas puertas donde podías salir sin problemas, pero necesitabas una llave para poder entrar. Tomó un adoquín y lo puso entre la hoja y el marco, para que no se cerrara.
James caminó un par de minutos sobre el camino de tierra, alejándose de la casa de Delia. No había ni siquiera una nube y todo el cielo estaba salpicado de estrellas. La luna era la única iluminación que tenía y bastaba para él. Sus rayos de luz iluminaban las pocas casas que había y sus campos de hortalizas.
James se detuvo en seco y sacó las pokebolas del bolsillo de su pantalón de pijama.
—¡Salgan todos! —gritó, tirando las pokebolas al aire.
Weezing, Butterfree, Growlie, Victreebel y Psyduck salieron de su encierro y se posicionaron frente a él. El pokemón planta no tardó nada en tirarse hacia su cabeza y meter medio cuerpo de James dentro de su boca.
—¡Basta, basta! —James logró sacarse de encima a Victreebel después de mucho esfuerzo y los gruñidos de amenaza de los demás. Se limpió como pudo la saliva del pokemón y los miró a cada uno de ellos—. Ustedes saben que yo los amo, ¿verdad?
Todos los pokemón asintieron con alegría.
—Y ustedes también me aman a mí, ¿cierto?
Asintieron con más ganas, pero parecían confundidos, como si no supieran el por qué de la pregunta.
—Bien —suspiró largamente—. Chicos, ¿a ustedes les molesta estar dentro de la pokebola?
Después de una breve vacilación, los pokemón negaron con la cabeza. James tenía ganas de preguntarles si les molestaba que Nina estuviera fuera de la pokebola, pero no sabía si atreverse a ello. ¿Y si eso provocaba peleas? Hasta ahora su equipo había sido muy tranquilo. Lamentó no tener a Meowth, él le hubiera ayudado a tener una comunicación fluida con sus pokemón.
Iba a decir algo más, pero se interrumpió al sentir a Growlie refregarse contra su pierna, gimiendo bajito, como si le preocupara el estado anímico de James. Weezing y Butterfree volaron hacia él y se le refregaron en el pecho. Psyduck se abrazó a una de sus piernas y Victreebel, al no tener espacio para abrazarlo, sacó su grueso látigo cepa para acariciarle la cara.
—Chicos…
No tenía miedo ni vergüenza de que las lagrimas le estuvieran rodando por la cara. El vinculo que tenía con sus pokemón, aún a pesar de no verlos todos los días, era demasiado fuerte. En su interior, juró que sacaría a sus pokemón todos los días, aunque sea a la hora de la comida, así podía dedicarles un poco más de tiempo.
—¿Quieren entrenar un rato? La liga es en dos meses.
Sus pokemón se alejaron de él y asintieron, felices.
—Bien, primero vamos a correr un poco..
James entrenó duro con sus pokemón, entre ejercicios y peleas. Cuando tomó consciencia del tiempo, estaba empezando a amanecer.
—Mierda.
Metió a sus cansados pokemón dentro de sus pokebolas y comenzó a caminar hacia la casa de Delia a pasos rápidos, tanto como le daban sus piernas doloridas. Estaba agotado y todo lo que quería era dormir un par de horas.
La puerta aún seguía abierta. A James, pensando desde su experiencia como ladrón, le dio un poco de culpa por haber dejado la casa desprotegida.
Entró en la casa, cerró la puerta y caminó despacio, sin querer hacer ruido. Subió las escaleras y entró a la habitación.
Gracias a Dios, estaban aún dormidos. Se metió en el futón y abrazó a Jessie, pasando las manos por su vientre.
Apenas durmió unas tres o cuatro horas cuando fue despertado por unos lengüetazos en su mejilla.
—¡Nya! —Lunita lo estaba besando.
—Buen día… —James bostezó audiblemente.y acarició las orejas de su sobrina. Quería seguir durmiendo, pero sabía que sería un caso perdido. Siguió acariciando y jugando de manera distraída con ella hasta que Jessie se despertó, gruñendo.
—¿Estás despierto ya? —Jessie bostezó audiblemente.
—Recién me desperté. En realidad, Lunita me despertó.
—Despertó —repitió la nena—. Lunita despertó Jimmy.
—¿Qué hora es? —preguntó Jessie.
James miró el reloj de pulsera que Joy le había regalado.
—Casi las nueve de la mañana.
—Muy temprano —Jessie volvió a cerrar los ojos.
James quería imitarla, pero odiaba estar acostado hasta tan tarde. Jessie y Meowth podían estar durmiendo hasta el mediodía si podían, pero el no podía permanecer acostado hasta las diez.
Se levantó, tomó algo de ropa y unas t y salió de la habitación. Lunita lo empezó a seguir, seguida de una recién levantada Nina.
—Vayan a la cama —gruñó James, pero las pequeñas negaron con la cabeza—. Voy a darme un baño.
—Lunita quiere baño, nya —dijo la pequeña.
—Pika pi!
—¡Nina también baño, nya!
¿Cómo podía negarse a esas dos pequeñas cuando lo miraban así?
—De acuerdo, vengan.
Las dos comenzaron a saltar de alegría, como si las llevara a un parque de diversiones. James sonrió y siguió su camino hacia el baño, con Nina y Luna siguiéndolo detrás.
Las pequeñas se divirtieron mucho en el agua, salpicando todo, mientras James las vigilaba y pensaba en como sería cuando tuviera que bañar a su propia hija. Sería la niña más bella del mundo, no le cabía duda.
Se cambió, limpió el baño y salió con Nina y Luna en los brazos. En el pasillo, se cruzó con Delia.
—Buenos días —la saludó James.
—Buenos días. Pensé que aún estarían durmiendo.
—Jessie sigue durmiendo. Yo no puedo dormir tanto.
Delia asintió con la cabeza.
—Por eso te fuiste a la madrugada, ¿no?
James tragó saliva. No supo por qué se sintió nervioso, si no había hecho nada malo. Tal vez era porque las figuras maternas le daban un poco de miedo. No, Delia no se parecía en nada a su madre, pero el hecho de que fuera una lo hacía poner algo tenso.
—¿Cómo lo…?
—Soy una mujer de campo, James, me levanto con el sol. La puerta estaba abierta y tú no estabas —Delia soltó una risotada—. ¿Entrenamiento nocturno?
—En parte sí. No podía dormir.
—Para que salgas a mitad de la noche, debiste tener mucho en que pensar.
James se mordió el labio.
—Muchas cosas, es verdad.
Delia lo miró, pensativa.
—Voy a hacer el desayuno. Dile a Jessie que se levante.
—¿Quiere que la ayude?
Delia negó con la cabeza.
—No te preocupes por mi. Ve por los demás.
Delia se fue, bajando por las escaleras. James volvió a la habitación, subió a las pequeñas a la cama y se puso de rodillas sobre el futón para despertar a Jessie.
—¿Cariño? Levántate.
Jessie gruñó algo similar a un "no".
—Va a haber desayuno en un rato.
Jessie abrió lentamente los ojos.
—Eso si me gusta —se levantó a medias, bostezando—. Jamie está pegando patadas, así que me iba a levantar de todas maneras.
James esperó a que Jessie se cambiara y el resto de los pokemón se levantaran para bajar a la cocina. Delia estaba canturreando una canción mientras preparaba todo lo necesario.
—Señora…
—Delia, James, soy Delia .Y ya te dije, yo estoy bien. Nunca nadie me ha ayudado en la cocina y no voy a empezar ahora. Solo siéntense y coman. Un "gracias, la comida estuvo deliciosa", es suficiente para mi.
James iba a seguir discutiendo, pero Jessie lo golpeó en las costillas.
—Déjala — fue todo lo que le dijo.
James no tuvo otra opción que sentarse a la mesa y esperar hasta que Delia le sirviera sopa de miso, arroz blanco, pescado a la parrilla y unos tazones de fruta de estación con un poco de azúcar espolvoreada por encima.
—Delia, se lo agradezco mucho.
—No es nada. Todo lo preparo con amor. Hay que alimentarse bien. Especialmente tú, Jessie —agregó, mirándola a ella—. Tienes que comer muy bien.
—James es un buen cocinero —sonrió Jessie.
—¿Y que hay de mí? —protestó Meowth.
—Bien, bien, este gato malcriado también cocina bien, ¿contento?.
—Contento.
Delia sonrió.
—Son una familia increíble —dijo simplemente, mientras comía un poco de arroz. Luego como si le hubiera venido la idea de golpe, dijo—. ¿Saben? Hay un circo que llegó hace poco, a las afueras de Pueblo Paleta, ¿quieren ir? Yo invito.
James la miró, pensativo.
—No voy a un circo desde mi adolescencia —murmuró—. ¿Por qué no? Me gusta la idea.
—Si, tampoco he ido a uno desde hace muchos años.
—Dicen que la estrella del circo es un pokemón raro —siguió Delia—. Me pregunto que clase de pokemón será.
—Capaz que sea un pokemón de otra región —opinó Meowth, sin darle mucha importancia al asunto.
Delia sonrió.
—Bueno, podemos averiguarlo, ¿no?
James sonreía al ver a Lunita y a Nina tan entusiasmadas. La carpa, la música, los colores brillantes, las golosinas acarameladas… el sueño de cualquier niño. James nunca había podido ir a uno cuando vivía con sus padres. En ese momento, se juró a sí mismo que su hija se criaría libre, sin ninguna de las estúpidas reglas sociales que tanto lo habían oprimido.
Se sentaron en primera fila, no sin antes comprar manzanas acarameladas y algodón de azúcar. A nina y a lunita les encantó y devoraron las golosinas. Cubone también lo disfrutó, feliz.
—Niñas, despacio, les va a hacer mal —les advirtió James.
—A Lunita gustar —opinó la pequeña.
—Les va a doler la pancita si siguen comiendo tan deprisa —se metió meowth.
—El espectáculo ya va a empezar —los calló Delia, sonriente.
Efectivamente, los luces del circo de apagaron y quedaron solos las del escenario. Una mujer vestida de payaso apareció bajo el reflector.
—Damas y caballeros, el espectáculo va a comenzar —anunció la joven —. En un momento se presentarán las estrellas del circo.
La mujer payaso se retiró y comenzaron a entrar los cirqueros. Todos y cada uno de ellos entraron con sus pokemon, vestidos con ropa llamativa y saludando al publico. Incluso una joven estaba montada encima de su Dodrio.
Encima de sus piernas, Nina y Lunita chillaban de alegría junto con Cubone.
—Veo que les gusta a los chicos —comentó James.
—¿Y a quien no?— sonrió Jessie —. El circo es genial.
—Nunca le dije esto antes, pero es la primera vez que veo que alguien trata a sus pokemon como si fueran sus hijos.
James enrojecio.
—Los trató como seres que merecen respeto, eso es todo.
A lo último, salió la presentadora junto al pokemon estrella del circo. James no recordaba haber visto a un pokemon como ese en su vida. Parecía un extraño humano vestido de payaso. La naturaleza nunca dejaba de sorprenderlo.
Durante parte de la función, Delia disfrutó el espectáculo, pero no James. Ver a un Machoke levantando una tabla con chicas bonitas bailando como tontas no lo impresionaba. Tampoco la chica que hacía equilibrio sobre un Voltorb o el Tangela haciendo malabarismo con sus látigo cepa. Era… un circo mediocre. James creía firmemente que las estrellas tenían que ser los humanos. Los pokemon eran talentosos por naturaleza y no les era difícil hacer algunas piruetas. Pero las personas no nacían teniendo un talento único todos los días . No todos nacían con ese "algo". A veces alguien aparecía con un don que pocos poseian, uno que había sido cultivado y alimentado con horas y horas de práctica diarias durante años. Se notaba a leguas que el pobre circo sólo se apoyaba en un pokemon estrella.
El pokemon parecido a un humano finalmente apareció con su entrenadora. Aunque estaba lejos de él, podía notar que el pobre estaba asustado. La mujer prácticamente lo arrastraba hacia el escenario. James se puso tenso.
—¿Qué te sucede, James? —preguntó Jessie.
—No me parece que ese pokemon quiera actuar.
—Tal vez solo tenga un mal día…
El pokemon se negaba a actuar. La mujer payaso que tan sonriente se veía al principio se veía furiosa.
—¡No me dejarás otra vez! —chillo la chica, sacando un látigo de su cintura y haciéndolo chasquear en el suelo, a los pies del pokemon estrella. La gente aplaudía como si fuera parte del acto, pero sabía que no era así.
—No voy a permitir esto— James se levantó del asiento, puso a lunita en las piernas de Delia y a Nina en su hombro y saltó hacia la pista.
—¡James! —gritaron sus amigos, pero nada lo iba a detener. Se dirigió directamente hacia la mujer payaso y la sujetó del brazo.
—¿Qué demonios crees que haces? – le dijo James, furioso.
—¿Quién eres tú? —preguntó ella, casi con los ojos inyectados en sangre—¡Estas arruinando mi espectáculo!
—¡No puedes tratar a un pokemon así!
—James…
James casi se cayó para atrás cuando escuchó al Mr Mime llamarlo por su nombre. Y no sólo eso: su voz le resultaba familiar. El mr Mime volvió a hablar.
—James… Soy Ash, James.
La chica miró al público, quien estaba comenzando a chiflar de manera furiosa y luego a James. Caminó unos pasos hacia atrás y le habló a una chica que formaba parte del espectáculo.
—Manden a los payasos.
Se reunieron detrás de la carpa, entre los trailers blancos donde vivían los empleados del circo. Después, Misty y Brock se sumaron. Entre todos, le contaron a James lo que sucedía.
La chica del látigo se llamaba Estela y era la dueña del circo. Su Mr. Mime era la estrella, pero había renunciado y estaba encerrado en su tráiler por voluntad propia. Estela había intentado buscar un Mr. Mime nuevo para darle celos al suyo, pero en vano. Estela se topó con Ash, Misty y Brock de casualidad y el adolescente no vaciló un instante en ayudar a Estela. Al no encontrar un Mr. Mime, Brock decidió disfrazar a Ash del pokemón para causarle celos.
Cuando James terminó de escuchar la historia, se volvió hacia Brock.
—Ya me imaginaba que si había una chica bonita, tu estarías en medio —murmuró James, mordiéndose el labio—. No puedes ver la verdad aunque te baile en la punta de la nariz.
—No entiendo —dijo Brock.
James se apretó el puente de la nariz con una mano.
—Esta chica maltrata a su pokemón y por eso no quiere trabajar más para ella. Si consigue a otro pokemón, le va a hacer lo mismo.
—No lo maltrata, solo es un poco estricta…
Ash, quien se había sacado la cabeza del disfraz, dijo:
—Me entrenó a base de latigazos delante de Misty y Brock.
James apretó los puños.
—¿Y a ustedes les pareció muy gracioso, verdad? —casi les gritó—. ¿Pueden pensar cinco malditos segundos antes de ayudar a alguien? No es una entrenadora estricta, es una maltratadora que de seguro nunca movió un dedo mas que para chasquear el látigo. Brock, tú más que nadie deberías haberte dado cuenta de la clase de mujer que era en lugar de babearte por ella.
Brock despegó los labios, pero no pudo decir nada. Sus mejillas se tiñeron de rojo y evitó hacer contacto visual con nadie. Misty miró hacia arriba, como si la cosa no fuera con ella.
—Y tú —se dirigió a Estela—. ¿Creiste que hacer actuar a un niño como un pokemón a la fuerza era la mejor idea? ¿Qué demonios planeabas hacer con él en ese espectáculo?
Estela se sonrojó.
—Bueno, yo…
—No tenías idea de lo que estabas haciendo, ¿cierto? —la interrumpió James—. Ni sabes como manejar tu propio circo, tu propio pokemón te da la espalda…
—¿Qué sabes tú de circos? —le espetó Estela, tocada en su orgullo.
—He trabajado en un circo de equilibrista durante un tiempo y conozco el ambiente. Los entrenamientos son estrictos, pero nunca se los maltrata.
—Ese circo habrá tenido su método, yo tengo los míos…
—¡James!
James se giró y vio a Jessie, Delia, Meowth y Lunita caminando hacia ellos.
—¿Qué esta pasando? —preguntó Jessie—¿Qué hacen ellos aquí?
—Ya te lo explicaremos después —sus ojos se movieron hacia Meowth—. Meowth, te necesito para algo.
—¿Qué quieres?
James se dirigió a Estela.
—¿Dónde está el Mr. Mime?
La puerta del tráiler no estaba trabada por dentro, por suerte. Meowth, subido al hombro de James, le preguntó al oído:
—¿Vas a convencer al de que vuelva con esa chica?
—No exactamente —le respondió James, entre susurros.
El Mir. Mime estaba acostado en un sillón naranja, leyendo una revista y comiendo un paquete de papas que estaba sobre la mesa. El pokemón levantó la vista apenas escuchó el chirriante ruido de la puerta metálica abrirse y los miró a ambos, confundido.
—Hola —lo saludó—. Mi nombre es James y este es mi amigo, Meowth.
El pokemón torció la cabeza, no entendiendo nada. Murmuró algo que obviamente no pudo entender, pero para eso tenía un traductor pokemón.
—No, Estela no nos envió —respondió Meowth.
El pokemón dudó unos instantes antes de hablar.
—Te pregunta que es lo que quieres con él.
James cerró los ojos un momento, intentando formular las preguntas en su mente.
—¿Quieres marcharte del circo para siempre sí o no?
La mirada del Mr Mime se ensombreció. Se miró sus propias manos, mientras hablaba. Parecía que lo hacía más para si mismo que para James.
—Dice que hace demasiado tiempo que vive en el circo y que no sobreviviría en la naturaleza —tradujo Meowth—. Se reveló contra Estela sin tener un plan real para el futuro.
—Entiendo…Dime, ¿Estela te ha golpeado alguna vez?
El Mr. Mime entrecerró los ojos y murmuró algo, enojado. Meowth hizo un gesto como si estuviera enarcando las cejas que no tenía.
—Dijo que lo acariciaba con el látigo. Creo que eso fue sarcasmo, James.
James se mordió el labio, pensativo. No sabía si la idea que se había implantado en su cabeza era la mejor, pero no tenía muchas opciones.
—¿Tienes lápiz y papel? —le preguntó al Mr. Mime.
El pokemón lo miró, extrañado, pero se levantó y abrió un cajón que estaba cerca del sillón. Le extendió a James un anotador y un lápiz.
James dudó un momento antes de agarrar el lápiz. Lo tomó y comenzó a escribir.
—No puedo creer que hayas logrado que el Mr Mime volviera a trabajar en el circo —le dijo Ash a James, asombrado.
Estaban caminando de regreso a Pueblo Paleta. Jessie, Delia, Misty, Meowth, Lunita y Cubone viajaban en la carreta mientras que los demás caminaban al costado.
—Costó un poco que tomara una decisión, así que yo le ayudé a tomarla.
—Genial. ¿Cómo lo lograste?
Las primeras casitas se estaban comenzando a vislumbrar. James soltó un suspiro.
—Si tenemos suerte, jamás te vas a enterar.
