Hola holaa!

Lo sé, me he tardado bastante, pero como avisé por fb resulta que ahora soy una adulta (ir)responsable y tengo un trabajo en otra ciudad que implica tener que mudarme… estoy organizando aun esto último así que he estado viajando a diario y pues, no había tenido tiempo hasta ahora.

Respecto a sus reviews, creo que he cumplido mi misión si ha vuelto el conflicto sobre si shippear Malec o Sabalec jaja ):D agradezco a Clau Salvatore 94, Jazchuu y Nina por sus reviews y a todos los que agregan a Fav y Follow…

Contesto todos los reviews por aquí, porque estoy actualizando con la aplicación y no sé cómo contestar los reviews por aquí :P

Clau Salvatore 94: Jajaja la misión está hecha si los shippeas a ambos xD Max está tan o más confundido que el resto…pero hará lo correcto, solo debe descubrir que es; un beso :3

Jazchuu: Si, ahora ya las cartas están sobre la mesa; es cuestión de que aclaren todo… Oh vamos, Claro que Sebas irá por Alec…y sobre Max, necesita procesar todo. Gracias por comentar n.n

Nina: O ya sabes cómo es, amo hacerlos sufrir a todos jojojo Esa herida tenía que formarse para que pueda curarse :)

Ahora sí, ¡A leer!

Parte V: Guerra

No puedes salir ganando de la guerra más de lo que haces con un terremoto.

Jeanette Rankin

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Capítulo 15: Monstruo

Cada encuentro de dos seres en el mundo es un desgarrarse.

Italo Calvino

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El sonido impaciente del taconeo de los zapatos de Maryse resonaba por toda la nave de la iglesia del Instituto; haciendo eco a través del techo abovedado. Clary sentada en uno de los bancos la observaba a ella y a Jace que a su lado mantenía un gesto similar, obviamente adquirido por tantos años de crianza.

Se suponía que esperaban a Alec para enviarlo a Idris. Jace había ido a buscarlo volviendo solo diciendo con una sonrisa divertida que Alec era un sobreprotector, que bajaría en unos pocos minutos después de "echarle un ojo" a Max y Magnus; pero de eso ya hacían veinte minutos y del ojos azules no había rastro alguno.

- Se le va a hacer tarde – Se quejó Maryse observando su reloj de muñeca; Clary también miró el suyo calculando rápidamente la diferencia horaria.

- Todavía tiene media hora.- dijo intentando calmarlos pero de inmediato se dio cuenta que no iba a lograrlo cuando Maryse chasqueó la lengua.

- ¿Qué clase de mensaje dará si llega después que todos? – Dijo mortificada volviéndose a Jace – Debiste quedarte con él y ponerle prisa.

- No pensé que fuese a tardarse toda la vida – Se defendió el rubio con el ceño fruncido, había algo mal, podía notarlo: una profunda tristeza en su parabatai que percibía a través de su runa; había pensado en subir, pero no estaba muy seguro de si debía hacerlo, después de todo Alec iba a ver a Magnus. Maryse se exasperó aún más y eso Clary lo notó en el ritmo de su taconeo que se aceleró. – Le compraré un celular, será lo primero que haga – Susurró Jace. Esperaron un par de minutos más antes de que la matriarca Lightwood gruñera exasperada incorporándose.

- Voy por él; me importa un comino que no se haya despedido de Bane – Se quejó; Jace hizo un gesto de "aleluya" y se apresuró a seguirla, obviamente quería ver qué pasaba con su parabatai pero no quería ser el quien interrumpiera alguna discusión de este con Magnus. Clary se puso de pie yendo tras ellos; la actitud de Maryse dejaba claro que estrangularía a Magnus si él era la causa del retraso de Alec, y quizás se necesitaran refuerzos para detenerla – Él ni siquiera lo merece.

Maryse llamó al ascensor dispuesta a subir a los pisos residenciales del instituto, las puertas se abrieron de inmediato, prueba inequívoca de que ya estaba en ese piso; sorprendiéndose al ver a su hijo mayor en el suelo del ascensor abrazado a sus rodillas escondiendo el rostro entre estas.

- Alec…- dijo la mujer con un pito de voz, acercándose a él, podía ver los espasmos en su espalda y escuchar sollozos ahogados – Hijo… – Lo llamó agachándose frente suyo, colocando su mano sobre la de él maternalmente. El muchacho alzó la mirada, sus ojos inundados en lágrimas y Maryse pudo ver en ellos un dolor que no había distinguido antes en estos - ¿Qué pasa?

Alec se aferró a su madre con un movimiento rápido, escondiendo su llanto en el pecho de esta a la vez que Jace y Clary llegaban hasta la puerta del ascensor impidiendo que se cerrara e intercambiando desconcertadas miradas.

- Shh… está bien cielo – Maryse no estaba segura de que decir, no entendía que le pasaba ¿Un ataque de pánico ante la idea de volver a casa de Sebastian? O acaso…

- Era… era Max – Logró escuchar su sollozó; Maryse se estremeció y la mano que acariciaba la espalda de Alec intentando sosegarlo, vaciló - Era Max el...el chico del cementerio, él es el otro chico…con el que me engañó Magnus.

- ¿De qué demonios hablas? – Exclamó Jace – Ellos no serían capaces…

- Jace…- Lo detuvo Clary sujetando su mano y negando con la cabeza para que se callara, para que no cometiera el error de defender algo de lo que no tenía idea. El rubio abrió la boca, con desconcierto.

- Yo los vi… - Seguía sollozando Alec, su voz atormentada por sus palabras – Se besaban en la enfermería como si…como si...-Su voz se quebró- Magnus…Magnus se acostaba con Max...con mi hermanito mientras yo estaba en la Ciudad Silenciosa.

Maryse había dejado de acariciarlo, la mano sobre la espalda de su hijo estaba cerrada en puño; Clary vio también como Jace tenía la mandíbula apretada, ambos con un fiero instinto asesino por el brujo.

- Voy a matarlo – Masculló la mujer – Le dije que no se volviera acercar a Max…

Alec se separó de su madre a prisa, limpiándose con el brazo las lágrimas que colgaban de sus pestañas, mirándola con la traición reflejada en sus dos zafiros.

- ¿Tu… sabías? - Maryse abrió la boca horrorizada de sí misma, dándose cuenta de lo que habían significado sus palabras para su hijo – Me dijiste que volviera con él sabiendo…

- No Alec – Se apresuró a negar – Yo…apenas lo supe ayer.

- ¡Debiste castrar a ese brujo depravado! – Rugió Jace furioso – Yo mismo lo haré: nadie juega con mis hermanos – dijo sacando su cuchillo serafín del cinto dispuesto a tomar las escaleras para subir a por el brujo, pero Clary lo sujetó del brazo con molestia.

- ¿Por qué asumes que es culpa de Magnus? Hasta donde sé fue Max quien lo drogó.

- ¡Tú también sabías! – La acusó Jace ofendido y traicionado, nada comparado a lo que Alec sentía. El chico de los ojos azules se había incorporado observando a ambas mujeres con molestia, traicionado por saber que personas en quien confiaba, incluso su propia madre, lo sabían y no se lo habían dicho.

- ¿Quién más lo sabía? – Preguntó. Maryse negó no sabiendo que decir, no tenía una respuesta para eso.

- Simon, yo lo supe por él – Susurró Clary avergonzada. –Pero no le dijo nada a Isabelle – dijo de inmediato; pero a Alec no le importó, negaba con la cabeza.

- ¿Y no se les ocurrió que yo tenía derecho a enterarme? – Preguntó acusador – ¿Ninguno pensó que merecía saberlo antes de pasar toda la noche pegado a las camas de Magnus y Max como un idiota?

No esperó respuesta, salió del ascensor empujando a Clary con su cuerpo para hacerse paso. Maryse miró a Jace en auxilio, sin saber qué hacer. El rubio le dirigió una mirada enojado, sintiéndose tan traicionado como su parabatai; sin embargo se apresuró tras él, tomándolo del brazo antes de que se dirigiera a la salida del instituto.

- ¿A dónde vas, Alec? – Preguntó.

- No lo sé… no aquí…no puedo… no puedo seguir aquí – Susurró martirizado, quería marcharse lejos del instituto, de New York, que se lo tragara la tierra hasta que no pudiera seguir sintiendo o pensando nada.

- No puedes solo fugarte, tienes que ir a Idris – Intentó hacerlo entender el rubio. Alec negó con la cabeza.

- No me interesa… no me importa volver a la Ciudad Silencio…- No pudo terminar, Jace le volteó el rostro con un puñetazo.

- ¡Jace! – Saltó Maryse.

- ¡No! – Negó el rubio, tenía lágrimas enojadas en su rostro mirando a su parabatai que le devolvía la mirada con desconcierto - Si no quieres ver a Magnus nunca más está bien, si te quieres fugar a… Francia…o China está bien, pero no voy a perder a mi parabatai otra vez en la Ciudad Silenciosa – Exclamó Jace categórico – No voy a permitir que dejes que te vuelvan a encerrar por culpa de ese estúpido brujo Alec ¡Así que no lo vuelvas a insinuar siquiera!

- Ve a Idris hijo - Le suplicó Maryse también con lágrimas en los ojos – Esto no vale que pongas en riesgo tu libertad.

Alec lo miró pestañeando, apenas dándose cuenta del efecto que sus palabras habían tenido en su familia; recordando a su padre y todo el esfuerzo que había puesto para sacarlo de prisión; no podía solo pagarle tan mal. Asintió finalmente saliendo junto con Jace para realizar el portal. Clary dudó, mordiéndose el labio con indecisión: le habría gustado subir con Magnus para ver como estaba, pero apenas y tenían tiempo de enviar a Alec a Idris.

Salió tras los parabatais con Maryse pisándole los talones y se apresuraron al callejón continuo para que la pelirroja trazara el portal sobre el muro. Esperaron en silencio mientras estaba listo, fue rápido; Clary había tenido mucha practica en los últimos años.

Alec dio un paso al frente dispuesto a cruzarlo. Maryse colocó su mano sobre el hombro de Alec en apoyo y compañía muda al atravesarlo pero este se removió sacudiéndosela.

- Yo puedo ir solo - Aseguró; quería alejarse de su madre, y de Clary; de Magnus y de Max, y de todas las personas que estuvieron burlándose en su cara, que sabían a sus espaldas que era parte de una historia digna de escarnio en un Reality Show mundano.

Se sintió enfermo.

Maryse retrocedió sin saber qué hacer, dolida y arrepentida a un tiempo. Jace se acercó a su parabatai tomando su mano en apoyo y a él no lo rechazó.

- Prométeme que volverás al instituto antes de decidir qué vas a hacer – Le pidió. Alec volvió a asentir, no era como si realmente tuviese algún otro lugar al que ir - Estarás bien Alec - Le aseguró intentando infundirle ánimos con una sonrisa, pero esa vez el Nefilim de ojos azules no asintió; y sin esperar que alguno dijera algo más, atravesó el portal a Idris.

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No supo cuánto tiempo estuvo de pie en el pasillo observando las puertas cerradas del ascensor, no supo en qué momento se puso en marcha arrastrando los pies; todo se sentía tan irreal, tan impersonal, y no estaba seguro sobre qué hacer ¿Marcharse? ¿Volver a la enfermería? ¿Ahogarse en el East River?

Magnus no se había molestado siquiera en limpiar sus lágrimas; había ocurrido justo lo que temía, lo que le aterraba cada día desde la noche de navidad: había perdido a Alec. Apenas se dio cuenta cuando llegó de vuelta a la enfermería; y no pudo evitar la ira brotar desde la boca de su estómago como un volcán en erupción cuando lo primero que vio allí fue a Max.

Quizás si hubiese prestado más atención habría notado que este no se había movido ni un centímetro desde que cayó al suelo; si no hubiese estado tan enojado le habrían importado sus ojos cubiertos de lágrimas sollozando el nombre de Alec una y otra vez.

Pero Magnus estaba furioso, cegado por la ira; y no le importaba nada de aquello cuando dio un paso en su dirección moviendo su mano con rabia queriendo hechizarlo.

- Alec...era Alec – Susurraba Max; el hechizo no había funcionado y en su lugar el brazalete en la muñeca del chico brilló con su resplandor naranja.

- ¿Estás feliz? -Rugió dirigiéndose con paso decidido sus manos se movieron queriendo estrellar a Max contra el techo pero solo logró que el brillo del brazalete aumentara. - ¿¡Lograste lo que querías, Max!?

- Era...Alec - Seguía susurrando fuera de sí, el brujo movió ambas manos con brusquedad pero una vez mas no hubo el resultado esperado - Alec...estaba ahí...

- ¿Que te hice? ¿Qué te hizo Alec? - Rugió arremetiendo contra él; los ojos del brujo refulgían furiosos en fuego azul cuando tomó al chico del pijama alzándolo y golpeándolo contra la pared. El impacto al parecer hizo reaccionar a Max quien volvió la mirada a Magnus.

- ¿Tú también lo viste Bane?

- No sé porque lo hiciste pero lo lograste, Alec me odia porque fui demasiado estúpido como para detener tu juego.

- Estaba ahí...- Señaló hacia la puerta - Alec...

- …Pero estás mal, no importa que Alec no este conmigo, él no va a correr a la tumba de un muerto para complacer tu ridícula ilusión de la familia feliz.

Ambos seguían hablando, uno desconcertado, el otro furioso; como dos radios sintonizados en diferentes canales, sin escuchar al otro.

- Alec...

- ¡Deja de decir su nombre, maldito mocoso malcriado! – Gritó dándole un puñetazo en el rostro.

- ¡BANE! - El rugido de Maryse se escuchó incluso antes de que Max terminase de caer al suelo pero fue Jace el primero en llegar hasta Magnus en plan de defender a Max, tomando al brujo del hombro haciendo el amago de golpearlo pero Bane con un rápido movimiento de sus manos envueltas en fuego azul, se lo sacó de encima estampando al rubio contra la pared a un par de metros del suelo donde quedó guindado. Maryse intentó arremeter contra él y fue alzada contra el techo, el sonido del impacto hizo que Clary se estremeciera alzando las manos de inmediato en señal de rendición.

- ¡BANE BAJAME! – Rugió Maryse furiosa.

- Espera a que te ponga las manos encima – Mascullaba Jace.

- Magnus, tranquilo - Intentó calmarlo la pelirroja.- Esto no va a mejorar las cosas con Alec.

Magnus intentó respirar profundo, intentó calmarse porque la pelirroja tenía razón; pero no pudo.

- ¡Alec no va arreglar nada! – Aseguró Jace intentando soltarse de la pared pero no podía - ¡Te acuestas con Max!

- ¡Yo no me acuesto con nadie! – Exclamó - ¡Él me drogó dos veces para separarme de Alec!

- Él estaba aquí...vivo - La voz de Max fuera de sí lo hizo crispar incluso más que la acusación del rubio.

- Es suficiente, me largo - Informó dirigiéndose expresamente al menor quien seguía en el suelo - Te vuelves a acercar a mí y se me olvidara que eres el hermano de Alec.

- Eso ya se te olvidó - Siseó Maryse desde el techo; Magnus bufó marchándose del lugar. - ¡Bane! ¡No nos puedes dejar así! - Rugió la mujer furiosa. Jace pegado a mitad de pared maldijo sonoramente.

Clary los observó y luego a Max, y echó a correr tras Magnus, a ninguno le haría mal quedarse así un rato, hasta que se calmaran; y Magnus iba a necesitar alguien con quien hablar.

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Simon dejó el cadáver del ogro en el santuario del instituto; feliz por la sonrisa satisfecha en los labios de Isabelle: si la sangre en las manos del ogro resultaba ser de Max, seria prueba suficiente para que la Clave aceptara la acusación contra el Reino Seelie y su reina.

- Llamare a Jace para avisarle - Dijo la pelonegro marcando al celular de su hermano rubio al menos un par de veces; sin respuesta alguna.

- Quizás si llamas a Clary - Sugirió Simon sacando su celular, frunciendo el ceño al ver un mensaje de la pelirroja.

"Ven donde Magnus en cuanto puedas; no traigas a Isabelle"

- Eh... Olvídalo, ella no está con él - Dijo rascándose la nuca - De hecho, me pidió que fuera a verla, algo relacionado a Jocelyn - Dijo intentando que no fuese demasiado obvia su mentira.

- Está bien – Aceptó la muchacha - Buscare a mamá, ya debe haber vuelto de llevar a Alec a Idris; ella debe saber dónde está Jace.

Simon asintió sintiéndose algo culpable por mentirle a su novia mientras salía por la puerta para submundos del santuario; era más rápido y le ahorraría subir un par de pisos hasta la puerta principal. Isabelle en cambio se dirigió a los pisos superiores del instituto sin dejar de intentar llamar a Jace; las autopsias a submundos requerían de un brujo cualificado y autorizado por el director de instituto, y por tanto necesitaba la firma del rubio.

Pero Jace no contestaba; se aseguró de revisar el despacho de este, la biblioteca y la cocina antes de subir a la enfermería donde suponía que estaría su madre, deteniéndose a mitad de pasillo al escuchar el repique del celular de Jace.

Isabelle miró su celular confundida y colgó la llamada, al instante el sonido del repique del chico Herondale se detuvo. Frunció el ceño acercándose a la puerta de la enfermería mientras volvía a marcar, el repique del celular de Jace se escuchó otra vez.

- ¡Jace calla ese aparato! - Escuchó el grito exasperado de su madre.

- Crees que no lo habría hecho ya si pudiera - Gruñó el rubio en respuesta.

- ¿Qué demonios? - Se preguntó a si misma entrando a la enfermería y deteniéndose desconcertada: Jace estaba totalmente inmovilizado contra la pared del fondo a un par de metros del suelo, Maryse en cambio estaba boca abajo contra el techo, con su cabello largo y suelto cayendo a ambos lados de su cara; y en el suelo despatarrado y con un puñetazo en el rostro estaba Max, susurrando el nombre de Alec una y otra vez.- ¿Qué diablos...?

- ¿Isabelle? - Preguntó Maryse que no podía verla por el cabello.

- ¡Izzy! ¡Llama a Moon! - Ordenó Jace de inmediato

- ¿Qué pasó? -Preguntó confundida.

- Bane- Escupió Maryse.

- ¡Llama a Moon! - Se exasperó Jace.

- ¡No me grites Herondale! -Lo riñó, había cierta gracia en todo eso. Isabelle llamó a la bruja quien le discutió un poco la exigencia de su presencia inmediata en el instituto pero cuando finalmente aceptó ir, la muchacha colgó la llamada acercándose Max.

- ¿Estás bien?- Preguntó agachándose frente a él con cautela - ¿Max...?

- Alec...

-Intenté hablar con él pero no dice nada más – Informó Jace – Ha estado así desde que llegamos aquí, discutía con Magnus y lo golpeó.

- ¿Pero qué diablos le pasa a Magnus? – Preguntó Isabelle con molestia colocando una mano sobre la temblorosa de su hermanito- ¡Está ardiendo en fiebre! – Exclamó alarmada su madre; volviendo de inmediato la mirada a su hermano - Está bien Max, Alec estará aquí en unas horas - Le prometió.

- No...No puede...- Susurró.

- Isabelle - Dijo Maryse con cautela - Alec encontró a Magnus y Max...

- Estaban juntos poniéndole el cuerno a Alec - Rugió Jace furioso.

- No puede ser él...- Seguía Max.

- ¿Qué? - Saltó la chica horrorizada y furiosa a un tiempo.- ¿¡Como...!? ¡Max no sería capaz!

- Pues para esas cosas hacen falta dos ¿No? – Preguntó el rubio con molestia.

- Yo los vi ayer en la biblioteca - Susurró Maryse defendiendo a su hijo menor -Bane lo forzaba...

Isabelle palideció mirando a su hermanito en el suelo, se veía tan roto y perdido; sintió el corazón rompérsele tan solo de imaginar cómo estaría Alec entonces en ese momento.

Apretó la mano alrededor del látigo de electrum; dispuesta a salir de la enfermería, ahorcaría a ese brujo, le arrancaría la cabeza por lo que le había hecho a sus hermanos.

- No pudo ser Alec...Alec está muerto.

- ¿Qué? - Isabelle se detuvo en su instinto homicida para volverse desconcertada hacia su hermano menor.

- ¿Max de que hablas? - Preguntó Maryse de inmediato, quería mover al menos el cuello para ver mejor a su hijo pero no podía, maldijo a Magnus mentalmente.

- Está muerto, Jace lo asesinó - El rubio abrió los ojos como dos platos.

- ¿Que yo que? ¿Estás loco? - Le gritó - ¿Cómo se te ocurre que yo...?

- ¡Jace! - Lo riñó la mujer en el techo.

- ¡Yo no mate a Alec! - Se defendió.

- Ya lo sabemos - Bufó la mujer.

- ¡Si lo hiciste! - Saltó Max incorporándose, limpiándose las lágrimas sus ojos grises estaban cargados de tanto rencor que le cortó el aliento a Isabelle - ¡Yo lo vi! ¡Alec ardió con el fuego celestial por tu culpa!

Sus palabras los tenían tan desconcertados que ni siquiera se preocuparon en preguntarse como él habría podido "ver" eso que gritaba. En su lugar Jace le respondió, defendiéndose, ofendido.

- ¡Alec me atravesó el pecho con una naginata!-Espetó el rubio; no había rencor, él sabía que no había sido su parabatai realmente, que había sido culpa de las pociones que Sebastian le diera hacía cinco años; no, lo había gritado solo como un hecho - Por eso ardió en fuego celestial, fue un accidente; pero no murió.

- ¡Mientes!

- Max - Intentó hablar Maryse - Alec está bien; estuvo unos años preso en la Ciudad Silenciosa pero...

- ¡Mienten! – Gritó aún más fuerte el joven - Él tenía razón: quieren jugar con mi mente.

- ¿De qué hablas? -Isabelle no entendía y no era la única.

- ¿De quién demonios hablas?- Preguntó Jace casi a la vez.

- Debí suponer que usarían a la bruja que se hace pasar por Alec – Susurró Max para sí mismo - Sebastian me lo advirtió.

El silencio fue sepulcral; Max quiso marcharse, necesitaba irse y hablar con Bash; aclarar lo que había visto. Isabelle se movió a prisa atrapando con su látigo las piernas de Max para evitar que escapara, maldiciendo para sí misma cuando al tropezar, el adolescente cayó al frente contra la pared y en lugar de poner las manos como se les enseñaba en los entrenamientos a los Nefilims, estampó el rostro contra el muro cayendo inconsciente.

- ¡Max!- Exclamó alarmada corriendo hacia él

- ¿Qué pasó? - Preguntó Maryse de inmediato al no poder ver lo que ocurría.

- Estará bien - Aseguró Jace - Pero por favor díganme que escuche mal y Max no acaba de decir que habla con Sebastian.

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- ¿Estás bien hijo? - Le preguntó Robert mirando a su hijo de reojo. Iban camino a la casa de Sebastian; Alec no había sido el último en llegar pero lo había hecho al menos veinte minutos después de la hora acordada y no había dicho ni una palabra desde que salió del portal.

El inquisidor iba vestido preparado para el combate como todos los Nefilims y brujos que conformaban la comitiva; no era una tarea que estuviese entre sus funciones diplomáticas pero no iba a dejar a Alec solo con todas esas personas; muchos de ellos no dejaban de mirarlo con rencor durante todo el camino, empezando por Cossette, la joven guardia protegida de Jia.

Alec no respondió a su pregunta, suponía que su expresión debía dar pena y no era para menos; realmente no tenía fuerzas ni ánimos para estar ahí; habría dejado que la Clave lo volviera a atrapar por "poca disposición a colaborar" y lo devolvieran a la Ciudad Silenciosa; al menos allí no tendría por qué volver a ver a Magnus y aunque se sintiera una basura por pensarlo cuando apenas acababa de recuperarlo, tampoco a Max.

Pero Jace tenía razón: no podía volver a hundirse, no por culpa de Magnus, más que por él mismo o por Bane, era por Jace e Isabelle; por su padre que había puesto todo de sí en conseguir el acuerdo con La Clave e incluso su madre a pesar de estar enojado con ella; y sobre todo por el pequeño niño de piel azul que contaba con él para salir de la ciudad silenciosa y tener la vida normal de cualquier niño...

Se adentraron en los terrenos de la casa de Sebastian en silencio. Los Nefilims rápidamente se formaron a ambos lados de la puerta preparados para atacar; los brujos se quedaron en la retaguardia, listos para defender y contener cualquier cosa que saliese de ese lugar. Alec suspiró dispuesto a acercarse pero Robert le colocó una mano en el hombro deteniéndolo antes de que diera un paso a la casa; preocupado.

- ¿Alec…?

- Estoy bien – Mintió, era lo que su padre quería escuchar pero no fue capaz de mirarlo a los ojos al decírselo. Robert lo notó, y tardó un poco más de lo necesario en soltar su hombro y dejarlo continuar, empuñando su propio cuchillo Serafín del cinto: no daba una buena imagen que todos los vieran así, tan afectado cuando iban a entrar a la casa donde vivió con Sebastian.

El ojos azules se acercó hasta la puerta, colocó la mano en el pomo, pudiendo sentir como todos contenían el aliento ante la expectativa; por un segundo no pudo evitar preguntarse qué tanto esperaban todos ver allí dentro. Negó con la cabeza, lo que fuera, seguramente se decepcionarían.

Giró el pomo, muchos de los presentes habían empleado ya sus mejores hechizos y artimañas para abrir esa puerta, por lo que no contuvieron una exclamación de sorpresa cuando esta simplemente se abrió; que creció cuando del interior simplemente no salió nada.

Robert, como director de esa misión, hizo un gesto al jefe del escuadrón de Nefilims indicándoles que entraran y así lo hicieron, ordenadamente sin bajar las armas ni un centímetro. Alec negó con la cabeza, ese lugar había sido el hogar de Jonathan, él lo sabía, y se los había dicho hacía cinco años, por eso sabía que no era necesario desenfundar su cuchillo Serafín, aun cuando al llegar a la sala principal la sorpresa dio paso a la repulsión ante el asqueroso hedor y aun peor visión de cuerpos con cinco años de putrefacción recibiéndolos.

- ¿Quizás algunos Nefilims pudieron entrar antes? – Preguntó un chico receloso observando los cuerpos con una mano cubriéndose la nariz; la piel de los cadáveres era tan pútrida que no podía apreciarse el color de sus runas. Alec negó con la cabeza.

- Eran oscuros – Informó; era una escena aún más impresionante que la primera vez que la vio – Sebastian los mató cuando fracasó el ataque al instituto de New York: Merrywell, Caitlin, Wellsnow... – Los fue identificando según recordaba a quienes había visto hacía cinco años.- Keyland, Crossfire…

- ¡Esto es absurdo! – Exclamó Cossette interrumpiéndolo – Con todo respeto Inquisidor, no podemos solo escucharlo y fingir que él no tuvo nada que ver con todos esos Nefilims vueltos oscurecidos o asesinados.

Varios Nefilims exclamaron de acuerdo con ella. Alec apretó la quijada, no estaba de humor para soportarle nada a nadie.

- Yo estaba tranquilo en mi celda, fueron ustedes los que me sacaron para que les abriera la casa – Les espetó.

- Alec – Le advirtió Robert, pero ya Cossette bufaba dispuesta a replicar.

- ¡Por favor! No obtuviste ni la mitad de lo que te merecías - Escupió ella.

- Por supuesto, eres tu quien dictamina la pena de muerte. – No contuvo el sarcasmo en su voz.

- Es lo menos que se merece un asesino - Exclamó ella - Te salvaste solo porque ese maldito demonio se atravesó – dijo refiriéndose a Sebastian - Y porque eres el hijo del Inquisidor y el amante de Bane - Alec sintió la sangre hervirle aún más ante la mención del brujo.

- Pues la próxima vez que intentes matarme, no falles - Escupió el joven Lightwood.

- No lo haré - Sentenció ella con los ojos entrecerrados; Robert se apresuró a intervenir ya la situación se había salido de control.

- No es el lugar ni el momento para replicar nada – dijo con voz firme dirigiéndose expresamente a Cossette – Si tienes alguna queja la recibiré en mi despacho, por ahora estamos en una misión, así que Montclaire, Redsky vayan a la cocina – Cossette lo miró con molestia y tras una mirada de odio a Alec se marchó junto a su compañero a la habitación indicada. – Quiero a un grupo sacando los cuerpos al exterior, los demás distribúyanse por toda la planta, tomen cualquier objeto sospechoso: cuando terminemos subiremos a las siguientes plantas.

- Hay un sótano, se llega por esa puerta – Señaló Alec a su padre; inspirando profundo e intentando mitigar su enojo; por mucho que esa chica le desagradara, y le disgustara por haber matado a Jonathan en un intento de matarlo a él, su molestia solo era responsabilidad de Magnus, únicamente había estallado con ella. Robert asintió haciendo un gesto con la mano y de inmediato un brujo y un par de Nefilims se apresuraron en esa dirección.

- Alec…- Lo llamó su padre, pero este negó también adentrándose en la casa intentando mantener al margen los recuerdos que amenazaban por volver.

Robert lo siguió por un rato con la mirada; Alec iba de un lugar a otro solo observando, rosando descuidadamente el sofá con sus dedos o la mesa del comedor. El inquisidor se masajeó las sienes, sabía que su hijo no estaba bien, podía verlo en su expresión, en su mirada apagada ¿Pero era por la influencia de volver a ese lugar?

- Inquisidor, quizás debería ver este lugar – Gritaron desde el sótano. Robert le dirigió una última y rápida mirada a su hijo antes de bajar. Alec lo observó fijamente, Sebastian guardaba allí algunas cosas de los experimentos de Valentine, pero dudaba que tuviese algo que justificara los pulsos de magia que todos buscaban; como fuera aprovechó que ya no tenía la mirada atenta de su padre y que todos parecían ocupados en sus tareas para escabullirse y subir las escaleras hasta el primer piso, el piso de las habitaciones.

La puerta de la habitación de Max estaba abierta, la había dejado así la última vez que estuvo allí buscando a Max desesperado, ahora no le interesaba entrar, realmente no soportaría entrar allí y recordar que era ese mismo Max quien había estado las últimas semanas viéndole la cara de idiota junto a Magnus.

Siguió caminando, pasando por su habitación; nunca la había sentido suya ni se había preocupado por eso, era una habitación a la que no quería acostumbrarse al principio de su estancia allí, cuando aún tenía la esperanza de volver pronto a casa; y que luego simplemente no quiso volverla a usar.

La ignoró también sintiendo como con cada paso hacía la puerta al final del pasillo, su determinación flaqueaba; quizás no fuese tan buena idea que estuviese allí solo, pero algo dentro de él le decía que estaría mal dejar que cualquier desconocido solo entrara y revolviera la habitación que había compartido con Jonathan; la habitación de Sebastian.

Se detuvo frente a la puerta. La mano le temblaba sobre el pomo, respiró profundo armándose de valor como quien está a punto de abrir la puerta a un pasado terrible; y finalmente lo hizo, observando la habitación que fue suya los últimos días de su estancia en ese lugar, la habitación que compartió con Sebastian.

Tal y como esperaba, estaba desordenada y ese detalle casi le hizo sonreír, era como si no hubiese pasado nada de tiempo, excepto porque todo el lugar tenía una gruesa capa de polvo sobre todas las cosas.

Cientos de recuerdos se agolparon en la cabeza de Alec en un segundo: Sebastian acostado en la cama en calzoncillos con los brazos tras la cabeza viendo a Alec con una sonrisa divertida en uno de sus intentos por ordenarle el cuarto mientras conversaban de alguna tontería, recordó ojos negros que no dejaban de exclamar "Eres mío" con cada beso cargado de deseo, y ojos verdes que susurraban "Te pertenezco" con cálidos besos en la oscuridad de la noche.

Se acercó a una repisa a un lado; el único lugar ordenado en la habitación, era allí donde Sebastian dejaba sus armas, y entre ellas estaba el arco y carcaj de Alec, el que se había llevado del instituto cuando fue tras Sebastian y dejó en ese lugar para fingirse prisionero cuando volvió al instituto luego. Estiró la mano para tomarlo, ese era su arco favorito, y verlo era como reencontrarse con un viejo amigo; revisó las flechas de su carcaj, aún quedaban un par de sus flechas personales, con la llama del emblema Lightwood grabado en el cuerpo de la flecha.

Mas recuerdos volvieron a su mente: había flechado la pierna de Sebastian con ese mismo arco, y luego se habían reconciliado en ese mismo lugar luego de un momento de vulnerabilidad y miedo a perderlo por Magnus que había tenido Sebastian en la cocina. Sus orejas se encendieron rojas como un tomate al recordar eso y se apresuró a tomar sus cosas, lo mejor era que saliera de allí.

Se volvió con su arco y flecha sujetos, pero se detuvo cuando su campo de visión captó la jarra de agua junto a la cama del lado en que solía dormir; sintió el enojo volver a él, al recordar todo el engaño que Sebastian le había hecho, la manera en que lo había manipulado para que hiciese lo que quisiera, para que lastimase a los suyos. Se acercó a la mesita de noche tomando la jarra y arrojándola contra la pared haciéndola añicos, por esa cosa su vida se había vuelto un infierno, cada sorbo de agua, cada trago que bebió habían sido un paso más a su condena en la Ciudad Silenciosa, un paso más que lo alejó de Magnus hasta el punto irreparable en que se encontraban ahora.

Observó los fragmentos de la jarra en el suelo, y al fijarse notó junto a ellos esos calzoncillos de pingüinos que tanta gracia le causaron en una ocasión, todo su enojo se evaporó y no evitó sonreír con cierta nostalgia porque ¿Quién iba a imaginarse que alguien tan temido como Sebastian usaría ese tipo de ropa interior? Sin duda ninguno de los que hurgaban en la planta baja en ese momento; sintió una opresión en el pecho: ellos no imaginaban muchas cosas sobre Sebastian. Se acercó notando que sobre la cama habían también algunos mangas dispersos; los mangas de Max.

La última vez que estuvo allí había tenido con Jonathan una ridícula discusión por uno de esos mangas; ahora eran unos pocos que estaban sobre la cama, la mayoría habían sido tirados a un lado, al suelo sin cuidado alguno; apostaba lo que fuera que en su día de ausencia, cuando se infiltró en el instituto, el rubio solo tiró todo lo que estaba en la cama al suelo cuando quiso recostarse.

Pudo ver en una hoja suelta al personaje masculino pelonegro con un monstruo lleno de tentáculos, dejó su arco y flechas apoyados junto a la cama y se agachó para recogerla con el rostro rojo como un farol "si quieres intentarlo conozco un demonio que..." Eso le había dicho Sebastian riendo, una de las pocas veces que lo vio reír con sinceridad, que Jonathan pudo salir a flote.

Un clic se dejó escuchar; Alec supo de inmediato que alguien había cerrado la puerta; y supo incluso antes de girarse al escuchar su voz, que estaba en problemas.

- ¿Rememorando viejos tiempos?

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Había enviado a sus hadas a buscar por todos los dominios de Central Park a Krpol, su ogro; no creía en Sebastian que le dijo que lo había llevado al parque pero prefería cubrir todos sus frentes; y tal como esperó, no encontró nada. Si Krpol estaba vivo habría vuelto de inmediato a su corte, pero si estaba muerto no había manera de que Sebastian lo sacara de Edom por lo que el cuerpo estaría todavía en la dimensión demoniaca.

- Mi señora- Una pequeña hada se acercó con una reverencia - El Rey Unseelie está aquí- Informó, la Reina se enderezó de inmediato, eso era inesperado- Solicita una audiencia con usted.

- Dile que lo atenderé en unos minu...

- No es necesario Seelie - La voz fría pero educada del hombre hada se escuchó en el salón de la reina, mientras este se daba paso, su capa de un rojo oscuro como la sangre resaltaba ante su pálida piel, ondeando tras el Rey acompañando sus pasos con susurros.

La Reina se incorporó, erguida exhibiendo poder al igual que él, que se plantó frente a la mujer, ambos igual de altos e imponentes, igual de letales. La mujer hizo un gesto con su mano ordenando a la hada que se marchara; esta así lo hizo, dejando a los dos gobernantes solos.

- ¿A qué se debe esta sorpresiva visita? - Preguntó.

- No debería ser sorpresiva - Razonó el Rey contradiciéndola - ¿Qué otra cosa iba a hacer después de enterarme que enviaste a tu cortesana a interrogar y acusar a mi hijo por un asunto con el hijo del inquisidor?

- Ella fue por su cuenta - Dijo simplemente - No tenía conocimiento - El Rey sonrió con sorna.

- ¿Perdiendo el control de tu Reino? Quizás necesitas ayuda para saber cómo controlarlos. - La Reina sonrió afablemente, sin que esto llegase a sus ojos.

- Que gracioso, me ofrece ayuda quien necesita a Gwyn para hacerse cargo de su hijo- El Rey apretó la mandíbula.

- Exijo saber que está ocurriendo entre tu, tu pueblo y los Nefilims esta vez - Dijo el Rey imperativamente.

- Creo que estas equivocado UnSeelie, pero no soy uno de tus súbditos a los que puedes "exigirle" - El rey pateó el suelo en un claro gesto de disgusto.

- La última vez trajiste la desgracia al pueblo Fey al aliarte con Sebastian Morgenstern y esa desgracia alcanzó también a mi pueblo - Dijo - No volveré a cubrirte, mucho menos cuando intentas hacer caer toda la culpa sobre mi gente.

- No sé de qué hablas, no hay ninguna culpa que cargar sobre ti.

- ¿Estás segura? -Enarcó una ceja suspicaz- Uno de mis duendes en Central Park vio a la hija del inquisidor y su amante, el vampiro diurno, encontrar el cuerpo del ogro que usaste para atacar al chico.

- ¿No son los ogros parte de tu Reino? - Cuestionó ella desviando la pregunta porque sabía a quién se refería.

- Este tenía la marca de tu corte - Aseguró - No sé qué pretendes echando a los Nefilims contra nosotros con interrogatorios absurdos Seelie, pero mi pueblo va a defenderse de ti y tu gente.

- ¿Es una amenaza? Porque estaría encantada de volver a diezmarlos - Dijo ella con una sonrisa abierta. El rey se dio media vuelta dispuesto a marcharse.

- Es una advertencia - Dijo - Porque no ganaras esta vez sí debes defenderte también de los Nefilims. - El Rey salió del salón y la Reina se sentó en su trono pensativa.

Así que Sebastian si había logrado salir, no tenía idea de cómo, pero ahora tenía certeza de que podía hacerlo y de cuál era su plan: intentaba ponerlos a todos en su contra, al Reino Unseelie y la Clave, dos enemigos formidables por lo que tenía que pensar muy bien su próximo movimiento.

Sonrió, como fuera, justo ahora era la única que sabía que Sebastian estaba vivo, que tenía cinco años influyendo en el hijo menor del Inquisidor y era él quien lo había atacado con su ogro, la única que sabía su propio papel en todo eso buscando las Joyas de Edom y el de la Clave, sabía ahora la posición de la Corte UnSeelie; ella era la única que conocía el panorama completo de lo que estaba ocurriendo, y eso la dejaba un paso adelante de sus enemigos.

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Hizo estallar la mesa principal de la sala y las ciento de astillas salieron disparadas por todo el lugar; se sentía tan bien poder desahogarse con su magia, hacer levitar o estallar cosas para drenar su enojo.

Lo había extrañado, dos semanas sin poder hacer magia fueron una abstinencia terrible, aunque la habría aceptado por dos siglos más si recuperar su magia no hubiese conllevado perder a Alec.

El jarrón chino se elevó golpeándose contra el techo, haciéndose mil añicos, le reconfortaba más que cualquier otra cosa en ese momento, hacer eso e imaginar que el jarrón era Max.

- Tu cara se llenó de una perturbadora satisfacción - Le hizo ver Clary; Magnus rodó los ojos. La pelirroja lo había seguido al salir del instituto, a través del portal hasta el loft y se había sentado allí en uno de los sofás de su sala sin decir nada por un largo rato, hasta ese momento.

- ¿No tienes a un rubio pedante al cual molestar?

- Está ocupado intentando despegarse de la pared donde lo dejaste - Se encogió de hombros Clary. Magnus parpadeó un segundo, riendo luego con sorna.

- ¿En serio los dejaste así?

- ¿Que iba a hacer? No soy bruja - Hizo ver. Magnus rio y Clary también, porque realmente era divertido la imagen de Maryse y Jace inmovilizados.- ¿Que pasó, Magnus? - Preguntó de pronto. El brujo se enserió y su mirada se ensombreció - Dijiste que no te interesaba Max.

- ¡No me interesa!- Exclamó el brujo de inmediato - Yo estaba soñando con Alec, y cuando abrí los ojos, Max estaba sobre mí; me quitó el brazalete - Dijo mostrando su muñeca y Clary abrió los ojos sorprendida, no había esperado eso - Y me besó; Alec llegó cuando estaba intentando quitarlo de encima.

- ¿Y Alec no esperó que le explicaras?

- No es eso... - El brujo se dejó caer en el sofá. - Me lo preguntó...me preguntó cuántas veces estuve con Max... No podía solo mentirle - Se lamentó - Alec no se merece eso.

- No, no lo merece - Coincidió Clary suspirando - Dime que al menos le dijiste que Max te drogó, que no recuerdas nada de lo que pasó - Magnus la miró con obviedad y ella entendió, lamentando - No te creyó...

- ¿Tu lo harías? - Preguntó con sinceridad –Como mínimo pensará que soy un miserable que se sacude la responsabilidad – Clary suspiró, suponía que tendría razón - Lo herí.

- Más de lo que crees - Clary se mordió el labio, no quería darle más noticias malas pero tenía que hacerlo para que Magnus supiera todo lo que había ocurrido - Alec no quería ir a Idris, quería que lo devolvieran a la Ciudad Silenciosa.

- ¿Qué? - Saltó de inmediato - ¡No puede..!

- Jace lo convenció de que era absurdo - Lo calmó.

- Es mi culpa - Se lamentó el brujo cubriendo su rostro con sus manos - Debí decírselo desde el principio; debí detener a Max...no, no debí dejarlo entrar a mi casa en primer lugar.

- ¿Cómo ibas a saberlo? - Clary se sentó a su lado y él acostó su cabeza sobre el regazo de la pelirroja. Esa situación la hacía enojar, Magnus no lo merecía, no merecía que le estuviese pasando eso: él había tenido que luchar muy duro, figurativa y literalmente, por Alec cuando Sebastian quiso interponerse, había esperado pacientemente por su Nefilim día tras día mientras estuvo en prisión, esforzándose para no dejar que Alec se perdiera en ese oscuro lugar, por no perderse a sí mismo estando en el exterior sin él. No era justo que un chiquillo malcriado con dudosas intenciones lo separara de Alec cuando finalmente podía estar con él. No culpaba a Magnus pese a lo confiado e ingenuo que había sido aun con todos los siglos que se cargaba; no culpaba a Alec porque su reacción era de esperarse en un primer momento; la pelirroja culpaba a Max por lastimar de esa forma a su amigo.

Sintió gotas cálidas mojar sus piernas. No dijo nada, dejó que Magnus llorara en silencio mientras ella acariciaba suavemente su cabello libre de brillo y gel, no estuvo segura de cuánto tiempo estuvieron así, solo que se incorporaron asustados cuando la puerta se abrió de golpe dándole pasó a Catarina seguida por Simon.

- Muy bien Magnus, si ya estás aquí es porque te sientes mejor – Entró la bruja de piel azul como bólido a través del loft; el vampiro entró tras ella algo apenado cerrando la puerta tras de sí. Magnus se apresuró en limpiarse las lágrimas.

- ¿Se puede saber quién te dijo que estaba aquí?

- El vampiro – Lo acusó Catarina sin darle demasiada importancia.- Lo encontré afuera del instituto cuando fui ver como estabas. – Magnus enarcó una ceja mirando a Simon.

- ¿Y a ti quien te invitó Snoopy?

- Clary me llamó – La acusó él de inmediato. La pelirroja sonrió avergonzada ante la mirada acusadora de Magnus.

- Pensé que necesitarías apoyo de todos.

- Espera… ¿Apoyo? ¿De qué habla? – Preguntó Catarina de inmediato – Estoy segura que no vas a morir tan rápido, aún tenemos tiempo de quitarte el brazalete.

- Alec y yo… ¿QUÉ? – Magnus se interrumpió en su intención por contarle lo que había ocurrido cuando entendió sus palabras – ¿Estás diciendo que ese brazalete iba a matarme?

- Quizás… bueno sí – Admitió, agregando rápidamente – Pero estoy trabajando en como quitarte el brazalete o en su defecto maldeciré al chiquillo hasta que te lo quite, no te voy a dejar morir de viejo y…

- ¿Morir de viejo? – Preguntó Simon alarmado y sin entender; y no era el único.

- Ya no tengo el brazalete, Max me lo quitó – Aseguró Magnus mostrándole pero lejos de alegrar a su amiga de piel azul, esta maldijo sonoramente - ¿Ahora te enojas?

- ¡No entiendes! – Exclamó – Si te quitó el brazalete solo puede significar que Sebastian ya tiene toda la magia que necesita.

Fue un silencio sepulcral el que siguió a sus palabras. Todos mirando a Catarina esperando una explicación, dándose cuenta que, ambos tenían que sentarse y ponerse al tanto de muchas cosas.

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No tenía sentido, verlo allí tal y como lo recordaba, rubio, pálido con un rostro que hacía pensar en los ángeles enmarcando una mirada tan peligrosa como el infierno mismo; era imposible, tenía que estar alucinando otra vez, pero ¿Cómo podía una alucinación cerrar la puerta? Alec abrió la boca con duda, tardándose unos segundos en recuperar el control de su voz.

- ¿S…Sebastian? - El rubio sonrió, pero su sonrisa no llegaba a sus ojos aún más negros de lo que Alec recordaba, y eso lo hacía ver mucho más peligroso.

- Ambos nos hemos liberado de nuestras prisiones, Alexander – dijo él. Alec se llevó disimuladamente la mano al cinto para hacerse con su cuchillo serafín – Solo que tú, para hacerlo has vuelto a traicionarme.

- Tú estás muerto. – dijo el ojos azules como si al verbalizarlo, cualquier posibilidad o intento de resurrección se viera truncado por sus palabras.

- ¿Quieres comprobarlo? - Preguntó con sorna acercándose; Alec desenvainó su arma apuntándole al rubio quien rio dando un paso en su dirección, sujetando el cuchillo Serafín con su mano, Alec escuchó el suave golpeteo metálico del anillo para aparecerse, de Sebastian contra su cuchillo serafín; y antes de que Alec pudiera preverlo, el rubio lo apartó con un rápido movimiento estampándole un puñetazo en el rostro.

Alec retrocedió con expresión horrorizada, la mejilla le palpitaba de dolor en el lugar del impacto, un impacto real; lo que significaba que ese Sebastian frente suyo, también lo era.

- Estás vivo…- Su voz fue apenas audible, no podía ser, no había manera…

- Más vivo que nunca – Aseguró – Y a pocos pasos de los pobres idiotas que no dejan de revolver mi casa desesperados por encontrar algo que impida mi resurrección; ¿No te encanta la ironía? – Se rio con burla - Como si alguna vez me hubiese traído el trabajo a casa.

- Yo te vi morir…

- Lo he hecho un par de veces – Le restó importancia – Una gracias a Jace, una gracias a Bane; y todo porque me traicionaste en el último momento Alexander y ahora aumentas tu traición trayendo a mi casa a esos pobres idiotas; pero descuida, les devolveré el favor a todos, incluyéndote.

Sebastian arremetió contra Alec, pero esta vez el pelonegro lo esperaba interceptándolo y devolviéndole el golpe que no llegó a su objetivo, Sebastian desapareció del frente de Alec en un parpadeo e igual de rápido apareció a sus espaldas pateándolo con todas sus fuerzas.

El ojos azules cayó al suelo adolorido, girándose de inmediato para patear a Sebastian cuando este intentó arremeter contra él en el suelo; logró darle en el pecho pero en el segundo intento Sebastian tomó su pie torciéndolo y pateándole en el costado.

Alec gimió de dolor apresurándose para golpear a Sebastian en la rodilla; el rubio se desestabilizó soltándolo y el ojos azules aprovechó de incorporarse de inmediato, enzarzándose en la pelea: hacía muchos años que Alec no peleaba con nadie, que no entrenaba y cada golpe que Sebastian acertaba se lo recordaba de forma dolorosa.

Intentó inmovilizar al rubio con un movimiento que Sebastian le había enseñado; pero él le dio la vuelta estampándole de cara contra la puerta de la habitación, inmovilizándolo con una mano tras la espalda y con medio rostro contra la lámina de la puerta, evitando que se moviera de cualquier forma posible.

Alec se estremeció, su respiración agitada se reflejaba sobre la puerta; Sebastian lo tenía acorralado, lo jaló del cabello hacía atrás, estirando su cuello hasta un punto máximo en donde incluso respirar se le dificultaba.

- ¿Realmente crees que puedes enfrentarme Alexander? – Sebastian se inclinó para que su rostro quedara en el campo de visión de Alec, quien se removía en un intento vano de liberare. Sus ojos azules se encontraron con los negros del rubio, tan negros como las profundidades del mismo infierno. – Nunca pudiste derrotarme.

Alec abrió la boca como si quisiera replicar o gritar por ayuda, después de todo, había todo un batallón de Nefilims y brujos en el piso de abajo; pero fuera lo uno o lo otro, su cuello tan fuertemente estirado no le permitía hablar.

Estaba seguro que moriría allí; podía ver en los ojos de Sebastian el brillo de la duda: seguro preguntándose qué hacer ¿halarlo un poco más del cabello y partirle el cuello, o apuñalarlo por la espalda? Y sin embargo lo que ocurrió fue totalmente diferente.

Los labios de Sebastian se unieron a los suyos de manera brusca; Alec abrió los ojos pasmado, manteniendo los suyos firmemente apretados. Sebastian se apartó casi de inmediato liberando a Alec solo para obligarlo, con un rudo movimiento, a que se diera la vuelta y quedara frente a él.

El ojos azules aprovechó la oportunidad para intentar sacárselo de encima, golpearlo y huir; el rubio lo interceptó tomándolo de la muñeca, besándolo nuevamente, esta vez un poco más agresivo, golpeando a Alec contra la puerta causándole un gemido de dolor que Sebastian aprovechó para incursionar en su boca.

Alec se removió, desconcertado por la intromisión; sintió el cuerpo de Sebastian pegarse al propio para mantenerlo inmóvil, soltando sus manos y poder usarlas en sujetar al pelo negro de las mejillas. Intentó apartarlo, su fuerza no era suficiente para hacerle frente al demonio, pero a diferencia de antaño, eso solo lo hacía sentir impotente.

Colocó sus manos entre ambos cuerpos queriendo usarlas como palanca para separarlo de sí; no iba a dejarse besar por un monstruo de nuevo.

Un monstruo que se sacrificó salvando su vida…

Un monstruo que se aseguró de mantener a Max vivo...

Un monstruo que nunca lo lastimó tan profundamente como Magnus acababa de hacer.

¿Iba a dejarse besar de nuevo por SU monstruo?

Su mente volvió a tardes de antaño donde cada entrenamiento, cada pelea terminaba en una divertida sesión de besos; las tardes de una vida falsa, que estaba intentando olvidar; una vida durante la cual fue feliz a pesar de ser una completa mentira.

No supo en que momento sus manos que intentaban apartar a Sebastian se aferraron a su camisa manteniéndolo tan unido a su cuerpo como fuera posible o cuando los labios de Sebastian dejaron de moverse en solitario para danzar en un baile furioso y rápido con los de él.

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Abrió los ojos lentamente, se sentía completamente adolorido. Ya no tenía ese calor febril en su cuerpo, pero en su lugar su rostro punzaba como si le hubiesen machacado a golpes, al igual que el cerebro: tenía recuerdos vagos de Alec en la puerta corriendo, de Jace y Maryse contra la pared y el techo respectivamente y a Bane furioso gritándole; recordaba haber acusado a Jace de matar a Alec y este gritarle que su hermano estaba vivo.

Toda una puesta en escena.

- Estás despierto - Susurró Isabelle. Max volvió la mirada de inmediato para verla sentada en la cama de al lado con las piernas cruzadas como un monje - Lamento el golpe en la cara, fue un error de cálculo. – Max asintió, no estaba seguro a que se refería.

- ¿Y Maryse, y Jace? - Preguntó al no verlos ¿Acaso había soñado todo?

- Moon vino y los liberó - Dijo con una ligera sonrisa - Mamá se está duchando y Jace intenta contactar a Clary, está enojado con ella porque lo dejó así. - Max no pudo evitarlo y sonrió con gracia; Isabelle lo imitó un poco más confiada, ella los había convencido de que le dejaran hablar con Max primero, buscar una explicación a lo que había dicho horas antes porque él no confiaba en Maryse y acusaba a Jace en cambio con ella había hablado o algo así, antes. No perdía nada en intentar. - Escucha Max, quería hablar contigo – Dijo, el muchacho se enserió de inmediato - Hace dos días, en la biblioteca, me pediste que te devolviera a Alec. – Recordó, él asintió - ¿Por qué?

- Alec ya no está – Susurró amargamente. Isabelle estiró las piernas como si quisiera pararse de la cama y acercarse a él, pero pareció pensárselo mejor porque solo se acomodó mejor en la orilla de la cama, de frente a Max.

- Sé que...sé qué crees que está muerto - Aseguró ella - Por eso llorabas en su habitación cuando llegaste al instituto - Max aferró las manos en puño a la colcha pero no la desmintió - Pero no fue por eso que dije que no podría traerlo en ese momento: Alec estaba preso, en la Ciudad Silenciosa, por las cosas que hizo mientras estuvo con Sebastian.

- ¡Mentirosa! - Exclamó él; había ira contenida en cada una de sus palabras - ¡Alec no hizo nada! - Aseguró - Alec era bueno, y murió aquí, en el instituto; ¡Lo he visto!

- No sé...no sé a qué te refieres con eso - Dijo ella; ya lo había dicho antes, pero realmente no entendía a qué se refería.

- ¡Lo vi! La batalla en la entrada del instituto; los oscuros, vi al Inquisidor destrozar con su espada a Blueway; mamá luchaba contra Amatis - Isabelle abrió los ojos sorprendida, no solo por la precisión de lo que decía: era la primera vez que lo oía decir mamá a Maryse y él no parecía darse cuenta - Vi como Bane golpeaba a Alec, él estaba en el suelo y el brujo lo abofeteaba una y otra vez a pesar de pedirle que se detuviera…-Ella iba a replicar pero él la acusó incluso antes de que pudiera decir nada - Y te vi a ti, jurándole a Alec que lo matarías – Se giró hacía ella encarándola, con lágrimas de rencor acumuladas en sus ojos - ¿Vas a negarlo?

- No - Admitió Isabelle, porque era lo que había ocurrido, todo lo que él dijo - Y no tengo ni idea de cómo sabes todo eso pero…

- Sebastian me lo mostró – Informó. Isabelle abrió la boca con sorpresa ¿Realmente Sebastian se tomaría la molestia de (mal) informar a Max antes de morir?

- No sabes cómo ocurrieron las cosas Max – dijo negando con la cabeza - Lo que pasaba con Alec en ese entonces: porque vino con Sebastian...

- Bash solo vino al Instituto porque Alec se lo pidió, porque yo quería reunir a mi familia y esa noche los perdí a todos. - Dijo amargamente - Cuando era niño tuve una familia y me mataron Isabelle, cuando Sebastian me trajo de la muerte, conseguí otra y ustedes los mataron.

- Alec está vivo - Repitió; le partía el corazón oírlo hablar así, con tanto dolor, con tanto odio - Está en Idris con papá y vendrá en unas horas –Aseguró - Podrás verlo y seguro querrá hablar contigo después de todo el alboroto que me dijeron que armaste con Magnus

La seguridad de Max sobre la muerte de Alec vaciló y eso se reflejó en su rostro. Isabelle se mordió el labio no muy segura sobre que decir; Max se incorporó de la cama saliendo de la enfermería. La chica suspiró sin seguirlo, sabía que no saldría del instituto, quizás solo necesitaba estar un rato a solas.

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Volvió a la planta principal agotado; el sótano de la casa había sido todo un suceso: estaba repleto de armas, experimentos y restos de Nefilims y Submundos. Luego de que lo llamaran, Robert había hecho buscar a dos brujos más, las cosas en ese lugar no parecían tener la firma de Sebastian: él era más del tipo psicópata asesino; en cambio Valentine había sido el tipo de psicópatas que se regodeaba en la experimentación. Sin embargo habían tantos artefactos de alianza demoniaca y seráfica que lo más seguro era permitir que los brujos los evaluaran.

Ellos habían hecho hechizos también para identificar los restos, cabellos, trozos de piel, manos, marcas de brujos, partes del cuerpo conservadas en tarros de al menos unas cien víctimas; y poder llevarles una respuesta a sus familiares que durante años los habían considerado como "bajas de guerra" o "desaparecidos" sin certeza alguna. Y sin embargo, para la sorpresa de Robert, las manchas de sangre seca en el suelo no habían correspondido a ninguna de esas víctimas, era la sangre de Alec.

Se limpió el sudor de la frente, asegurando en su cinto el cuchillo serafín cubierto de sangre seca. Lo habían encontrado debajo de una de las mesas, con la misma sangre de su hijo mezclada con poción de amor pura; nadie había hecho comentario alguno pero las miradas que le dirigieron habían sido suficientes para saber que la sangre y el arma con poción no habían sido lo único encontrado.

Se hizo a un lado para liberar la puerta y permitir que los Nefilims y brujos tras de él pudieran salir sacando todo lo que habían encontrado; ordenarían todo en el exterior para luego llevarlo a Alacante donde pudiese ser estudiado a mayor detalle. Realmente habría preferido no enterarse de que más había encontrado los brujos pero los había escuchado hablar entre ellos, uno estaba enojado mientras el otro reía con morbo.

- Esto es prácticamente un cementerio con restos de cientos de los nuestros, de Nefilims; y ellos solo cogieron como conejos aquí.

- Vamos Bug, cada quién puede excitarse con lo que quieran ¿O Acaso nunca has tenido un buen polvo en un cementerio?

Se había alejado de inmediato, porque no quería seguir escuchando, no quería saber sobre pruebas de los actos sexuales de su hijo con Sebastian Morgenstern; sabía que el arma con poción de amor en su mano era un recordatorio de que no había sido culpa de Alec, que no había estado con ese monstruo por voluntad propia; aun así el hecho en sí, el recuerdo de su hijo de pie ante toda la familia besando a Sebastian en el Instituto era algo que quería olvidar como pocas cosas en su vida.

- ¿Dónde está Alec? – Preguntó de pronto observando todo el movimiento en la planta baja: no veía a su hijo por ninguna parte. Observó al Nefilim apostado en la puerta principal, asegurando que no se cerrara, y este negó ante su mirada interrogativa: su hijo no había salido.

- ¿No bajó al sótano con usted, señor? – Preguntó Redsky saliendo de la cocina; llevaba en sus manos frascos de pociones que fue a reunir con el resto de la evidencia.

- No, yo…-Robert notó la mirada interrogante de su equipo y a Cossette enarcar una ceja cuestionándolo silenciosamente – ¡Que cabeza la mía! Lo envié arriba. – dijo dirigiéndose a las escaleras. Cossette dio un paso en su dirección dispuesta a seguirlo. Robert maldijo mentalmente, quería encontrar a Alec solo, porque había visto lo vulnerable y afectado que estaba desde que llegó, pero no podía solo echar a la molesta chiquilla sin un motivo.

Un fuerte y estruendoso golpe se escuchó desde el sótano seguido por algunas cosas rodando escalera abajo. Robert aprovechó la distracción volviéndose a Cossette.

- Si terminaron en la cocina ayuda con el sótano: cuando terminen con toda la evidencia aquí suben. – Cossette apretó la mandíbula pero aceptó la orden con un saludo militar volviendo sobre sus pasos y encaminándose al sótano al igual que otro par de Nefilims. Robert se dio prisa en subir las escaleras para buscar a su hijo.

La primera planta parecía ser de habitaciones. Se acercó a la primera que estaba vacía en su totalidad, fue a la siguiente llamando a Alec sin alzar demasiado la voz para no ser escuchado en la planta inferior.

Esa habitación si había estado habitada en algún momento pero su hijo tampoco estaba allí; estuvo por continuar la búsqueda cuando algo lo detuvo: una fotografía, la fotografía de su familia.

Se adentró a la habitación observándola con más detalle, no había mucho más en las paredes: solo la fotografía que se mantenía en la pared gracias a un pequeño cuchillo clavado en la parte superior. Él reconocía esa foto, la habían tomado en la fiesta de celebración tras derrotar a Valentine y Sebastian; pero al contrario de esa que observaba en ese momento, la copia que él tenía en su despacho en Alacante incluía a Bane.

Su pie se enredó con la ropa sucia que estaba desordenada por el suelo. Maldijo entre dientes dispuesto a patear la ropa cuando se detuvo: eran piezas demasiado pequeñas para ser de Sebastian o de Alec. Sintió un cosquilleó en el pecho agachándose para recoger la pieza de ropa: era un pantalón de entrenamiento para un niño; se aferró a él mirando la habitación ahora con nuevo interés: había un pequeño librero al otro lado de la habitación; pero en la mesita junto a la cama descansaban una gran cantidad de pequeños libritos. Robert se acercó para tomarlos y ojearlos, no eran libros, eran los comics japoneses que tanto le habían gustado a su hijo menor.

Robert sintió un nudo en la garganta que le impedía respirar con normalidad, esa había sido la habitación de Max; la habitación de su pequeño niño cuando aún conservaba su inocencia. Volvió a mirar la fotografía, tomándola de la pared con cuidado de no arruinarla y la guardó entre sus ropas, porque si Max había conservado eso, significaba que incluso viviendo allí, incluso cuando Alec los odiaba a todos debido a las pociones de Sebastian, el niño se había sentido parte de la familia, los había añorado lo suficiente para tener la fotografía donde pudiese verlos al acostarse y despertarse ¿Qué había pasado entonces para que los ojos adolescentes de su hijo menor estuviesen ahora llenos de rencor hacía ellos?.

No tuvo tiempo siquiera a considerarlo; el sonido de una lámpara estrellarse contra el suelo en ese mismo piso lo sobresaltó. Él podía averiguar sus dudas directamente con Max, pero primero debía encontrar en donde demonios se había metido Alec.

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La temperatura de la habitación se elevó exponencialmente con cada centímetro de piel de Sebastian que Alec recorría por debajo de la ropa con sus manos; con cada rastro de besos y saliva que Sebastian dejaba por el cuello de Alec recorriendo su runa de bloqueo para llegar hasta su boca.

El cuerpo del rubio presionaba a Alec contra la puerta cerrada pero ya no era doloroso, su cuello estirado hacía atrás, ya no por el mismo motivo que hacía tan solo segundos; la rodilla de Sebastian abrió las de Alec, presionando con esta su entrepierna; el ojos azules enredó sus dedos en las hebras de cabello rubio ahogando un gemido en sus labios.

Un fuerte ruido se escuchó desde el piso inferior resonando por toda la casa, recordándoles que no estaban solos. Alec se sobresaltó y Sebastian separó sus labios de los de Alec solo el espacio suficiente para susurrar.

- Ven conmigo Alexander – Ofreció; el ojos azules olvidó el ruido y al resto de los Nefilims, al escuchar su propuesta en esa voz tan ronca por el deseo; Sebastian lo veía a los ojos - Ven a Edom conmigo.- El chico le devolvió la mirada por un segundo como si se preguntara si hablaba en serio, negando para sí mismo. Sebastian volvió a besarlo impidiendo que respondiera de inmediato; Alec le respondió con la misma intensidad pero fue un beso corto: el rubio volvió a separarse susurrando sobre sus labios - No tienes nada que valga la pena para quedarte; ¿O lo harías por un novio que te pone el cuerno con tu hermano?

Alec se detuvo al instante soltando el cabello de Sebastian como si le hubiese quemado.

- ¿Cómo lo sabes?

- No tienes idea, como se ha regodeado Bane en los bares del submundo- dijo el rubio con sorna a sabiendas de que cada palabra ahondaba la herida - El brujo que se acuesta con los hijos del inquisidor, es toda una celebridad.

No podía creerlo, que Magnus hiciera eso; pero hasta hacía solo unas horas, tampoco habría podido creer que fuese capaz de estar con Max. Alec sintió la rabia quemar su sangre; ¿Si no era así, de que otra forma iba a enterarse Sebastian? Su madre, Clary, Simon, Sebastian; todo el mundo lo sabía, todos menos él sabían lo idiota que era, lo ingenuo que había sido.

La ira quemó en su estómago y refulgió en sus ojos como dos llamas azules. Tomó a Sebastian de la camisa, besándolo con renovada intensidad, apartándose de la puerta y empujando al rubio consigo, rompiendo los botones de su camisa, urgidos por quitársela mientras lo llevaba a través de la habitación. Sebastian sonrió en medio del beso respondiendo a la misma intensidad, disfrutando de esa ira en los ojos de Alec, de ese deseo irrefrenable por vengarse del brujo, uno que él no tenía prisa en mermar.

Llegaron hasta la cama cayendo Alec sobre Sebastian; el rubio se apresuró en intercambiar las posiciones; rompiendo la camisa de Alec sin preocuparse en lo absoluto por eso mientras el ojos azules se daba prisa en soltar el cinturón del pantalón del chico Morgenstern, ambos demasiado embriagados de... ¿era deseo? ¿Pasión? ¿Añoranza?

¿O era venganza?

Sebastian ahogó un gemido en los labios del ojos azules cuando este introdujo las manos dentro de su ropa interior.

Quizás era un poco de todo mezclado peligrosamente; porque Alec se había jurado hacía años que cualquier cosa con Sebastian habría terminado, pero en ese momento se tocaban como si el tiempo no hubiese pasado entre ellos, como si los últimos cinco años no hubiesen transcurrido aunque Alec no deseara más que pagarle a Magnus lo que había hecho, hacer que su corazón se rompiera en mil pedazos como había roto el propio, pagarle con la misma moneda, con quien más le doliera.

Usaba a Sebastian, lastimaba a Magnus… ¿Quién era el monstruo entonces?

- Cuando te enviaron para hurgar en mis calzoncillos, estoy seguro que no esperaban que le hicieras tan bien – Susurró Sebastian con una sonrisa ladina, su lengua recorría la piel del pecho del ojos azules, hasta uno de sus pezones que mordió tomándose su tiempo, como si se tratase del más delicioso plato. Como toda respuesta Alec gimió arqueando la espalda, buscando más contacto entre ambos; rozando sus miembros.

Sebastian lo jaló de los pantalones, intentando sacarlos, queriendo sentir la piel de su parte más noble. El ojos azules se quitó los zapatos sin cuidado, uno de ellos voló contra la mesita de noche tirando la lámpara pero ninguno de los dos prestó atención. La mano de Sebastian se introdujo en la ropa interior de Alec devolviéndole las mismas atenciones que recibía el pelonegro.

Alec quiso girar, quedar sobre Sebastian quien no se lo permitió; en su lugar los movimientos se hicieron más rápidos; y sus besos más frenéticos, ambos sabiendo lo que estaban esperando del otro, lo que estaban necesitando.

- ¿Alec? ¿Dónde te metiste?

Y tan rápido como la temperatura se había elevado, disminuyó al Alec escuchar la voz de su padre, deshaciendo de inmediato el remolino de ira que había lo había arrastrado, mientras que la peligrosa sonrisa en el rostro de Sebastian creció arremetiendo otra vez sobre sus labios, apretando con especial ahínco en el interior del pantalón de Alec.

- ¿Alexander? – Volvió a llamar su padre.

¿Qué estaba haciendo? Dejarse llevar por Sebastian no era herir a Magnus, era herirse a sí mismo y a su familia otra vez. Quizás después de todo el monstruo era él.

… Y no quería serlo.

- Para...para - Susurró, casi suplicó como única respuesta Sebastian mordió su pezón con fuerza a modo de castigo, arrebatándole un gemido que Alec tapó con sus manos a prisa; el rubio ascendió lamiendo su quijada en dirección a sus labios.

- No tienes idea como disfrutare al hacerte gemir con tu padre al otro lado de la puerta.- Dijo adueñándose de sus labios, pero esta vez no hubo respuesta. Alec se removió intentando apartarlo con todas sus fuerzas, hacer que se detuviera.

- Está cerrado - Se sobresaltó al escuchar la voz de su padre más cerca, justo al otro lado de la puerta intentando abrirla - ¿Alec estás ahí?

- Detente...Jonathan.

El efecto fue inmediato. El rubio se detuvo en el acto pero la sonrisa había desaparecido también, y en su lugar la ira se apoderó de sus ojos negros. Tomó a Alec de las mejillas, apretándolo con fuerza distorsionando sus labios; Alec tuvo el rápido vistazo de su anillo para transportarse más no le prestó atención cuando el rubio habló muy cerca de sus labios.

- Jonathan está muerto- Siseó, mordiendo su labio sacándole sangre que lamió - Gracias a ti, soy libre de ese maldito santurrón

- ¿Que sucede inquisidor? – Otra voz se escuchó desde el otro lado de la puerta.

- La puerta está trabada – Le respondía su padre; Alec se estremeció del pánico. A pesar de haber pensado en volver a la Ciudad Silenciosa, si abrían la puerta y lo encontraban en esa posición con Sebastian, no solo se acabaría su libertad condicional: si tenía suerte solo lo enviarían a la ciudad silenciosa de por vida.- ¿Alec estás ahí? - Volvió a llamar.

- Traeré a un brujo - Aseguró la otra voz, y por sus pisadas alejándose volvía al piso inferior.

- ¿Porque haces esto? - Preguntó intentando soltarse aun sabiendo que no podría.

- ¿Alec? Abre la puerta - Era su padre, sin duda lo había escuchado y lo siguiente fue el golpe al intentar derribar la puerta otra vez.

- Porque puedo - Susurró el rubio moviéndose sugestivamente sobre él - Porque yo te besé, pero fuiste tú quien nos puso en esta posición, ¿y sabes por qué, Alexander? - Recorrió con su aliento el pecho de Alec susurrando - Porque eres mío - Mordió la piel en su clavícula y continuó hacia su cuello, succionando - Porque han pasado cinco años...- dijo lamiendo la runa de bloqueo, recorriéndola con su lengua por la quijada, susurrando finalmente en sus labios - Pero sigues siendo mi perra.

Sebastian desapareció justo en el momento en que un golpe especialmente fuerte consiguió que Robert sacara la puerta de sus goznes abriéndola. El ojos azules se sobresaltó a prisa; el pulso le temblaba violentamente y su rostro estaba enrojecido de vergüenza por la estampa que estaba mostrándole a su padre, tirado en la cama, el labio sangrante, la camisa abierta y los pantalones a medio camino de su cadera.

- ¿Que...demonios… pasó aquí? - Preguntó Robert, Alec intentó cerrarse la camisa pero los botones habían sido despegados, la mantuvo cerrada con la mano hecha puño.

- Papá no...Yo… - No sabía que decir, como justificarse, no se sentía capaz de mantenerle la mirada. Los pasos de más personas subiendo los alertaron. Alec se estremeció; Robert, en cambio, se agachó a prisa tomando algo de la vieja ropa tirada en el suelo y lanzándosela a Alec.

- ¡Metete al baño! Arréglate la ropa, no dejes que nadie te vea así - Ordenó Robert con voz gélida - Hablaremos después.

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¡Oh!

Un capitulo bastante intenso y un regreso aún más… Sebastian sí que sabe hacer una entrada y salida ¿Qué va a hacer Robert? Y esa Cossette es bastante molesta ¿No? Max por su parte está demasiado confundido y desconcertado, pero al menos ha empezado a hablar. Me dio cosita Magnus en este capítulo u.u

El próximo capítulo se llama Afrontar la Realidad y prometo no tardarme tanto.

Nos leemos pronto

Besos :3