Hola holaa!

¿Qué tal? Yo encantada por la actuación de Will como Sebastian en la serie; en serio lo amo y me da miedito a un tiempo. Ya hablando del fics, agradezco a Alexe-sempai, Nina, Andre, Hikari y jazchuu por sus comentarios n.n y a los que leen, dan fav y follow :P como vieron, Sebastian ya llegó y viene con todo…contesto:

Nina: oh sí, creo que es uno de los caps más intensos de ambos fics…ummm Jonathan volverá a aparecer, pero no te hagas muuuucha ilusión. Un beso :3

Andre:Oh ya sabes, Jonalec/Sebalec es un placer culposo…me alegra que te gustara tanto n.n un beso :3

Hikari: Sebastian apenas está comenzando con su regreso… Gracias por el comentario n.n un beso :3

Parte V: Guerra

No puedes salir ganando de la guerra más de lo que haces con un terremoto.

Jeanette Rankin

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Capítulo 16: Afrontar la Realidad

Negar un hecho es lo más fácil del mundo. Mucha gente lo hace, pero el hecho sigue siendo un hecho

Isaac Asimov

X.X.X.X.X

- ¿Por qué tan nerviosa? - Preguntó Simon medio en broma cuando él y Clary se dispusieron a entrar al instituto con el atardecer a sus espaldas; la pelirroja parecía sopesar la posibilidad de huir y no volver jamás.

- No fuiste tú quien se fue y dejó a Maryse y Jace pegados de la pared.

- Habría muerto por ver eso – Rio Simon – Quiero decir, muerto otra vez…aunque quizás no literalmente. – Razonó. La pelirroja suspiró.

Habían dejado a Magnus y Catarina para que hablaran de los detalles de interés mágico sobre los planes de Max con ese asunto del brazalete. Ya ellos dos habían escuchado lo suficiente como para saber que no podían confiar en Max, nadie en el Instituto o La Clave podían confiar en él y aún más importante, para saber que el muchacho lastimaría a Jace e Isabelle porque trabajar para Sebastian era su único motivo para estar en el Instituto con ellos haciéndoles creer que podían volver a ser la familia que habían sido.

- ¿Es mi impresión o esto está silencioso? – Preguntó Clary caminando por los pasillos del lugar que era su hogar.

Habían dejado el loft de Magnus por el propio brujo; Catarina era su amiga y lo conocía más que cualquiera de ellos, lo entendía más; y luego de lo que había ocurrido con Alec, Magnus merecía poder hablar a solas con su amiga y desahogarse. Mientras tanto ellos se encargarían de preparar el terreno en el instituto.

- Están en la cocina – Informó Simon afinando su oído para escucharlos – Y están un poco…disgustados – Clary suspiró caminando en esa dirección junto a su amigo.

- Realmente preferiría ir a comunicarle a la Reina Seelie que será arrestada antes de decirle a Jace que Max intenta traer a Sebastian a la vida.

- Yo prefiero eso a confesarle a Isabelle que sabía lo de Max y Magnus desde hace días ¡Va a matarme! Y esta vez muerto, muerto.

- Al menos estás claro con eso Simon Lewis – La voz mortal de la Nefilim de cabello oscuro los sobresaltó mientras ella abría la puerta de la cocina con su látigo amenazante y una mirada asesina sobre su novio.

Tras ella estaba Jace con una cara tan seria como la suya, mirando a la pelirroja de forma acusatoria.

- ¿Cómo pudiste no decirme nada? – Continuó Isabelle reclamando, golpeando a Simon en el pecho. - ¿Estás de lado de Magnus, es eso? – Preguntaba - ¿O es que sigues enojado con Alec por lo del Praetor Lupus o…?

- ¡Isabelle cálmate! – La contuvo tomándola de los brazos – No tengo nada contra Alec.

- ¿Entonces porque no me dijiste nada? – Estaba realmente enojada y herida.

- ¡Porque ibas a ir tras Magnus sin detenerte a escuchar su parte de la historia!

- No hay nada que escuchar vampiro – Bufó Jace interviniendo – Te metes con un Lightwood y eres hombre muerto, te metes con dos y ni Raziel se apiadara de tu alma.

- Jace…- Lo retó Clary. Los ojos dorados del chico la miraron con molestia.

- ¿Y qué hay de ti, Fairchild? ¡Nos dejaste ahí pegados por casi media hora hasta que llegó Isabelle! – Le reclamó.

- Magnus no necesita que vayan a darle cacería justo ahora – dijo cruzándose de brazo testarudamente.

- ¿Y qué hay de lo que necesita Alec? – Preguntó – Es mi parabatai, puedo sentir cuan destrozado está; se siente traicionado por todos, y sinceramente yo también – Admitió dándose media vuelta para volver a la cocina; Isabelle también resopló entrando tras el rubio; ambos igual de molestos por ser los únicos que no habían sabido nada de la traición de Magnus. Simon y Clary se miraron aun sin entrar.

- Eso no estuvo tan mal.

- Aun falta lo peor – Le recordó ella entrando finalmente. Maryse estaba allí tomando lo que olía como un té de tilo. La matriarca había escuchado la discusión en silencio, prefiriendo no meterse en la pelea de las parejas, pero ahora veía a Simon y Clary con una mirada matadora; ya entendían de donde la había sacado Isabelle.

- ¿Dónde está Max? – Cuestionó Clary al percatarse que el menor no estaba allí, porque todos los demás si, lo que significaba que no había nadie vigilándolo - ¿Ya Alec volvió?

- La verdad no sé qué puede interesarte.

- Isabelle – La riñó Jace.

- ¿Qué? Tú también estás enojado, se consecuente – Se quejó ella.

- ¡Por Raziel, compórtense como adultos! – Le riñó Maryse sin alzar la voz, dándole un trago a su té; lo necesitaba, para calmar su enojo y su ansiedad; especialmente desde que su hija le dijera lo que había hablado con Max, lo que su pequeño creía: que habían lastimado a Alec, que Sebastian era más familia suya que todos ellos: ese maldito demonio había jugado con la mente de su hijo; y luego estaba ese miedo de lo que Max había insinuado, como si pudiera comunicarse con él. - Debe estar en la habitación de Alec.

- ¿Debe? – Preguntó Simon - ¿Quiere decir que no está segura?

- Tal vez se fue al invernadero, también le gusta ahí – Respondió Isabelle – Estaba un poco shockeado.

- Debemos buscarlo, hay que tenerlo vigilado – dijo la pelirroja.

- Esto no es una prisión Clary – Gruñó Isabelle.

- Debería – Masculló el vampiro ganándose tres pares de ojos disgustados. Clary suspiró, no tenía sentido irse con rodeos.

- Sabemos que Max está trabajando para traer a Sebastian a la vida.

Clary casi estaba esperando un estallido nuclear por parte de esos tres pero en su lugar solo vio a Isabelle estremecerse intercambiando miradas con Maryse que le dio un sorbo largo a su té mientras Jace se restregaba el rostro.

- ¿Quién les dijo eso, Bane? – Preguntó Maryse como si quisiera aferrarse a una fuente poco fiable para desmentirlos aunque una parte de ella no sabía que creer – Porque Max está confundido y quizás lo haya malinterpretado y…

- Recuerdan que Sebastian es el gran tipo malo ¿Verdad? – Preguntó Simon tan confundido como Clary.

- Si Simon – Aceptó Isabelle e insistió - ¿Quién se los dijo?

- Catarina – Respondió la pelirroja.

- Vamos, solo es una suposición – Intentó Jace restarle importancia, tan incómodo como las dos mujeres pelonegro – No sé cómo Catarina supo algo de Max pero una cosa es que Max esté totalmente desfasado y crea que habla con Sebastian, otra que…

- ¡Espera! ¿Qué? – Saltó Clary; Simon también se había alertado- ¡No! No es una suposición: si él dijo que habla con Sebastian, debe estar haciéndolo, estamos seguros. – Jace iba a replicar pero Simon fue más rápido complementando a la pelirroja:

- Max utilizó el pretexto de acostarse con Magnus en navidad para colocarle un brazalete, que por las últimas tres semanas ha estado fortaleciendo a Sebastian y matando a Magnus poco a poco.

- ¡Suficiente! – Maryse se incorporó golpeando la mesa con la taza; parte del contenido se derramó; su pulso temblaba violentamente: obviamente el té no había servido mucho – Max, mi Max no es un aliado de Sebastian…

- Maryse…

- ¡Es mi bebe! – Exclamó – Y puede que esté algo…desubicado sobre lo que ocurrió hace cinco años, por las mentiras que le contaron las hadas o Sebastian, o quien fuera…pero es un buen chico…es mi niño.

Simon y Clary la miraron con pesar; Isabelle suspiró:

- Max no le haría daño a Magnus.

- ¿Qué crees que le ha estado haciendo hasta ahora, poniéndolos a todos en su contra incluido Alec? – Intentó hacerla entender el diurno.

- Solo dejen que Catarina y Magnus vengan y les expliquen todo – Pidió Clary directamente a Jace, después de todo él era el director del Instituto y era el único que podía negarle la entrada a Magnus realmente.

- No quiero a ese brujo depravado cerca de…

El timbre del instituto interrumpió a Jace; todos se miraron confundidos, no esperaban a nadie; a menos que fuera…

- ¡Voy a patearle las pelotas a ese brujo! – Masculló el rubio saliendo a prisa de la cocina; Isabelle corrió tras él. Simon y Clary se miraron alarmados, corriendo tras ellos dejando a Maryse sola en la cocina sentándose de nuevo, afectada.

- ¡Jace cálmate y piensa con calma en lo que te digo! – Intentó contenerlo la pelirroja.

- ¡Isabelle te dejaré cocinar todo el mes pero por favor…! – Intentó Simon; pero era tarde ya, ambos habían llegado a la puerta principal y Jace ya la abría mientras gritaba.

- ¿Qué diablos quieres, brujo de…? – Pero su voz murió en su garganta al abrir la puerta y encontrar del otro lado a un grupo de tres hadas. Ya había anochecido y sin embargo reconocieron fácilmente a una de ellas.

- Te saludo Nefilim – dijo Kaelie entregándole una carta escrita en una hoja de roble – Mi señora, la Reina Seelie nos envía en un asunto oficial para ponernos al tanto de lo ocurrido con Maxwell Lightwood.

- Max ya no es asunto de ustedes – Saltó Isabelle despectiva; Jace alzó la mano intentando contenerla; Kaelie la miró de reojo.

- No tengo porque explicarte los detalles del acuerdo que implica a Maxwell – dijo ella – Pero te diré una cosa Isabelle Lightwood: el cuerpo del ogro que tú y el vampiro diurno trajeron al instituto sin autorización es un asunto Seelie – dijo mordaz – Y si se le acusa de haber lastimado a un Nefilim, eso vuelve a ese Nefilim asunto nuestro.

Jace miró a Isabelle y Simon con reproche; él no sabía nada sobre ningún ogro. La muchacha asintió confirmando lo que Kaelie decía, con tantas cosas sobre Magnus, Max y Sebastian, lo había olvidado. Jace suspiró haciéndose a un lado permitiéndoles el paso a las hadas, ya podía escuchar los gritos furiosos de Maryse cuando las viera.

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Alec escuchó a su padre desde la habitación diciéndole a los Nefilims y brujos que habían subido a abrir la puerta, que todo estaba bien, que él se encargaría de revisar esa habitación; los escuchó dispersarse por los pasillos y a la chica molesta, Cossette, preguntar si lo había conseguido.

Ella no confiaba en él y en ese momento Alec se preguntaba si tendría razón después de todo. Golpeó la cabeza contra la puerta sintiéndose como un idiota; ¿que había hecho? Sebastian había dicho que era su perra, y no lo era, no quería serlo y sin embargo el rubio hizo lo que quiso con Alec: solo un beso y el ojos azules se había dejado llevar por completo.

Escuchó a Robert responderle a Cossette, le decía que él estaba en el baño y enviándola a requisar el último piso pese a las quejas de la guardia.

Se dejó caer en el suelo sintiendo el enojo embargarlo, enojo hacía sí mismo; se estaba defraudando y defraudando a su padre: él estaba a prueba, le estaban dando una segunda oportunidad, pero cuando Sebastian le ofreció ir con él, se imaginó como en antaño: a Sebastian imponente dirigiendo las tropas de él infierno y a sí mismo a su lado reinando en un mundo que ardería hasta las cenizas.

Negó con la cabeza golpeándose en las sienes con las palmas de la mano intentando sacarse esas imágenes de la cabeza; todo ese día no había sido más que una pesadilla, con lo de Magnus y Max, luego Sebastian y su padre. ¿Qué iba a decirle ahora? Como darle la cara y confesar que, sinceramente, se habría acostado con Sebastian allí mismo, lo había deseado, y no se habría detenido si su padre no hubiese llegado.

- Alec date prisa – Lo urgió Robert en voz baja pero sería desde el otro lado de la puerta. Suspiró incorporándose para apresurarse en quitarse la camisa y colocarse la que su padre le había dado, no recordaba si había sido suya o de Sebastian pero en ese momento no importaba.

Él se había detenido por su padre, pero Sebastian no; el demonio habría podido obligarlo de haber querido, tenía la fuerza para hacerlo y ya no estaba Jonathan para controlarlo; pero no lo hizo, Sebastian solo se había marchado ¿Por qué?

- Alexander – Insistió Robert.

- Ya voy – Dijo intentando que la voz le sonara entera, cerrándose el pantalón a prisa antes de abrir la puerta. Solo Robert estaba en la habitación pero Alec evitó mirarlo y se apresuró a por sus zapatos calzándoselos de inmediato.

- Andando – dijo Robert tomándolo del brazo – Nos vamos ya mismo. – Alec no replicó, se dejó llevar por su padre en silencio a través del pasillo y bajando a la planta inferior. No habló mientras Robert daba órdenes a los jefes de escuadrón en el piso inferior y evitó a toda costa la mirada acusadora de algunos Nefilims como Cossette.

El camino a Alacante fue silencioso; el viaje a caballo más incómodo y largo en la vida de Alec; su padre no había dicho ni una palabra, pero podía ver en su mirada que se estaba conteniendo. No entraron a la ciudad, Robert la rodeó guiando a los caballos hasta uno de los recovecos del bosque Brocelind: Alec seguía siendo persona no grata para muchos Nefilims, y entrar a la ciudad era ponerlo en riesgo.

Cuando finalmente se bajaron del caballo, el Inquisidor miró en todas direcciones asegurándose de estar a solas; Alec por su parte tomó las riendas de su caballo amarrándolas alrededor de uno de los arboles intentando ignorar el silencio que se volvió como una aplastante ballena cayendo sobre ellos; se sintió de pronto indefenso ante la mirada de su padre. Escuchó como Robert dejaba salir el aire de sus pulmones, y al alzar la mirada finalmente para verlo, notó que su padre parecía haber envejecido algunos años en solo un segundo.

- No sé qué pasó allá Alec, pero tienes que decírmelo o mi mente empezara a hacerse historias - dijo, la voz de Robert temblaba ligeramente. El ojos azules bajó la mirada - Y no quiero empezar a suponer cosas; la última vez lo malinterprete todo y me equivoque; así que creeré lo que me digas: ¿qué pasó en esa habitación?

- Yo no... No lo sé – Mintió avergonzado.

- ¡Maldición Alexander! - Rugió Robert golpeando la corteza de un viejo roble, el chico respingó - ¿Tienes idea... de todo lo que hemos tenido que hacer, Jace, Bane, tu madre, durante estos años? ¿De todo lo que me costó convencer a la Clave de dejarte en libertad para que pongas eso en riesgo con un "no sé"?

- En serio; no sé lo que pasó; de repente la puerta se cerró y... supongo que Sebastian tenía algún hechizo o algo para molestar - Robert enarcó una ceja con duda, no le creía ¡Y por Raziel! ¿Cómo hacerlo si ni él mismo se creía? –Solo fue el pasado…regresando…

- Alec…hijo… - Robert intentaba contenerse y serenarse – Lo que haya pasado en casa de Sebastian, puedo ayudarte, pero tienes que decírmelo – Le pidió; Alec asintió, sabía lo que tenía que decir, la advertencia que debía darle a su padre, a la Clave; pero no se atrevía, no se atrevía a admitir lo que había estado por hacer y le daba miedo pensar que su negativa a delatarlo englobara alguna otra cosa porque esta vez no habían pociones que lo justificara.

Necesitaba detenerse y pensarlo todo, con calma. Robert lo notó y suspiró.

- Me di cuenta que esa casa te estaba afectando desde que llegaste de New York, no debí dejar…

- No es tu culpa papá – dijo rápidamente – Yo… Te prometo que luego te lo diré todo, solo…necesito pensar - Era casi una súplica; el hombre se restregó el rostro, había una sensación en la boca del estómago que era como un miedo naciente que intentaba minar la confianza por su hijo.

- Alec… puedes confiar en mí…- Robert intentó contener ese miedo en su estómago, si no confiaba en Alec serían sus detractores quienes ganaban -…Como padre y como inquisidor.

- Lo sé papá – Aseguró – Solo…- Se mordió el labio con las palabras atoradas en su garganta; él no era la perra de Sebastian pero si dejaba que lo manipulara para mantenerlo oculto de la Clave, sería en eso en lo que se convertiría. Robert colocó una mano sobre su hombro, cuidadosamente dándole ánimo, realmente no sabía que esperaba escuchar, pero sin duda no lo que Alec dijo – Yo… vi a Sebastian…

El hombre palideció casi mortalmente; viendo a su hijo como si esperara que dijera alguna otra cosa, pero Alec tenía la mirada fija en el suelo.

- ¿A qué te refieres con verlo?

- Ayer cuando salí del loft de Magnus se me apareció, pero cuando dijiste que nada había salido del portal, pensé que estaba alucinando pero luego hoy…- Respiró profundo – Lo vi en su habitación.

Robert no habló de inmediato; su cerebro estaba procesando lo que había dicho, repasaba mentalmente los informes que aseguraban que el portal seguía cerrado, rememoraba como había encontrado a Alec en la habitación. Como Inquisidor tenía cientos de cosas que hacer: comunicar a Jia, iniciar la búsqueda inmediata del demonio, avisar a los institutos y resguardar Alacante; pero el vacío que crecía en su pecho con un miedo visceral no era por el resto de los Nefilims sino por Alec y lo que eso podía significar para él.

Estiró la mano sujetando la barbilla de su hijo para hacerlo alzar la mirada; Alec lo miró, pero no a los ojos. Robert lo observó con ojos estudiosos, podía ver el lado derecho de su boca amoratada y un golpe en el pómulo izquierdo.

- No fue solo una alucinación – Susurró el hombre, no era una pregunta: Alec se había enfrentado ese maldito mientras él estaba en la habitación de al lado, si tan solo hubiese llegado unos minutos antes. Notó como Alec asentía, aun sin atreverse a mirarlo a los ojos y fue entonces que lo vio: el camino de marcas rojizas en el cuello de su hijo no eran golpes sino chupetes. Por eso Alec no lo veía a la cara, por eso estaba tan avergonzado – Intentó obligarte de nuevo a estar con él.- Masculló con ira naciendo en su estómago. Alec no lo confirmó, después de todo no lo había obligado, pero tampoco desmintió, no tenía el valor para hacerlo.

Robert volvió su mano al hombro de Alec intentando ser reconfortante y exclamó:

- Te llevare al Instituto; ese infeliz no se volverá acercar a ti – Le prometió – Te mantendremos a salvo Alec. – El muchacho asintió con un nudo en su garganta: la Clave podría ponerse ahora bajo alerta, pero eso no mitigó el sentimiento de culpa.

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Su rostro era un rio de lágrimas oculto en la oscuridad que ese rincón de la habitación de Alec le proporcionaba. No tenía sentido, nada lo tenía: Sebastian le había dicho que Alec había muerto, se lo había mostrado ¿Podría ser que su hermano se salvara del Fuego Celestial y el demonio no se había enterado? ¿Pero porque Kaelie no se lo dijo, porque ella le dejaría creer una mentira?

Acarició la pluma del ángel en sus manos, la misma que le había regalado Alec hacía cinco años y que él al llevársela consigo al Instituto, la había escondido bajo la almohada de la cama de su hermano mayor. No sabía que pensar, en quien confiar, porque aunque su corazón ansiaba creer que su hermano estaba vivo, eso solo significaría que no podía confiar en las únicas dos personas que se habían preocupado por él en los últimos cinco años.

Se estremeció no solo de pensarlo, sino al imaginar a su hermano vivo, pasando cada día en una celda en la Ciudad Silenciosa. Recordó al Hermano Jonas a quien conoció durante la vista para hacer el trato con La Clave hacía unos pocos días. Ellos siempre le habían causado miedo, parecían seres de terror sacado de alguna tétrica balada UnSeelie. No quería imaginar a su hermano en un infierno así, y se sorprendió preguntándose si sería más misericordioso para Alec desear que realmente hubiese muerto.

La puerta de la habitación se abrió y Max tomó con firmeza la pluma esperando ver a alguno de los miembros de su antigua familia; sorprendiendo al encontrar frente a si al vampiro diurno y la no-hermana de Jace.

Ninguno de los dos entró, se quedaron a cada lado de la puerta observando al joven Lightwood con molestia reflejada en su expresión.

- ¿Qué? – Preguntó Max a la defensiva.

- Te necesitan en el despacho de Jace – Informó Clary – Alguien quiere verte.

- ¿Alec? - Preguntó de inmediato, incorporándose y limpiando sus lágrimas a prisa; porque a pesar de lo que pensara, de su reticencia a creer que le habían mentido, de su cerebro que le decía que se fuera con cuidado, que podían estar engañándolo con la bruja cambia formas; no podía negar que la esperanza había nacido en su pecho.

- Hadas – Corrigió Simon. La sonrisa de Max mermó ante la desilusión, acercándose a la cama de Alec para dejar allí la pluma y volverse hacía la puerta.

- Iré con mis hermanas entonces – dijo intentando no demostrarlo pero ninguno de los dos neoyorquinos se hizo a un lado para dejarle salir; el menor enarcó una ceja -…para lo cual necesito que dejen de estorbar.

- Tienes muchas ganas de ver a Alec para ser alguien que acaba de herirlo como nadie –Soltó Clary sin anestesia alguna; Max la miró como si fuese un asqueroso bicho al que acababa de pisar quedando embarrado en su zapato.

- No sé de qué hablas.

- Tan descarado como las hadas – Bufó Simon – Hablamos de como dices querer a Alec, pero has hecho todo lo posible por lastimar a Magnus y separarlo de él ¿Cómo es que una cosa puede ser compatible con la otra?

- Bane le hizo daño a Alec – Se excusó – Mi hermano amaba a Sebastian.

- Tienes una retorcida forma de interpretar las cosas – Le acusó Clary – Sebastian no amaba a nadie, y mucho menos a Alec: le hizo mucho daño como para creerlo.

- ¿Qué sabes tú?

- Él era mi hermano – Le informó.

- La sangre no es conocimiento, así como no es amor – Alegó el joven Lightwood.

- No lo discuto – Aseguró Simon – Pero nosotros queremos a Magnus, es parte de nuestra familia Brooklynense – Clary rodó los ojos ante eso – Y no importa si Jace e Isabelle se enojan con nosotros; no te dejaremos seguir haciéndole daño ni con tus absurdos intentos de volver a acostarte con él para separarlo más de Alec, ni con los inútiles intentos de revivir a Sebastian robando su magia.

Max se sorprendió al escuchar esto último, al ver sus planes descubiertos pero antes de poder decir nada, Clary habló:

- Magnus no está solo Well – Advirtió. Era la primera vez que alguien en el instituto usaba intencionalmente el nombre que le daban en Feéra, y sabía que lo hacía porque al menos esos dos ya no veían frente a ellos al pequeño niño Nefilim de nueve años, sino a Well, el adolescente criado por hadas, y lo veían como una amenaza.

Sonrió peligrosamente como un tiburón al acecho; una sonrisa que había aprendido de Sebastian. Los hizo a un lado a empujones saliendo de la habitación.

- ¿Quién dice que fueron inútiles? – Soltó caminando a prisa hacía el despacho, intentando parecer más seguro de lo que se sentía.

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Tenía que admitir que pese a todo el esfuerzo que ponía para salir de allí, Edom era su refugio; por eso había vuelto a ese lugar tras desaparecer de su habitación.

Pero ¿Por qué había huido de su casa en primer lugar?

Respiró profundo llenando sus pulmones del aire azufrado de Edom, intentando calmarse y tranquilizar su corazón ligeramente acelerado por el "momento" que acababa de tener.

No, no había huido; había sido una retirada táctica: mientras el Inquisidor y el resto de los Nefilims viviesen en la incertidumbre sobre su regreso, él tendría la ventaja; por eso se había marchado, no porque encontrarlo con Alec pondría al ojos azules en una posición demasiado comprometida ante la Clave; no es que quisiera evitar que el chico Lightwood fuese nuevamente encarcelado.

…Porque no podía importarle menos.

Él había controlado la situación con Alec esa tarde; había jugado con él, lo había hecho y deshecho a su voluntad tal y como esperaba; ¿Entonces por qué sintió esa extraña sensación en la boca del estómago cuando Alexander no lo rechazó? ¿Por qué sonaba como si intentara excusarse ante sí mismo por su retirada?

- No -Rugió ante ese pensamiento; y su voz estremeció a un par de demonios que revoloteaban a corta distancia; pero él los ignoró, miraba hacía la foto de Alec como si lo retara a contradecirlo - ¡Jonathan está muerto!

Porque había sido Jonathan quien lo cuestionaba en antaño, había sido él quien se preocupaba por Alexander, quien sentía algo por el ojos azules. Y ya no estaba: su cabeza llevaba cinco años en silencio, sin escuchar otra voz que la suya.

Su encuentro con Alec había sido solo una forma de atormentarlo, de vengarse de él; por eso le había ofrecido que lo acompañara a Edom, no es que quisiera al Nefilim a su lado, solo quería convertir Edom en el infierno del chico, cobrándole con intereses cada año allí encerrado.

¿Y qué parte de su venganza incluía haberlo besado como lo hizo, sintiendo que esos cinco años no habían pasado en lo absoluto?

Sebastian se sacudió la cabeza. ¿A que le hacía tanta vuelta? Llevaba cinco años encerrado, era normal que su nuevo cuerpo tuviese algunas... necesidades.

No es como si quisiera realmente conservar a Alec para que reinase a su lado, ya no. Había entendido por las malas que su nuevo mundo solo podía tener un gobernante, él; los demás solo serían sus peones: Clary la yegua pura sangre a la cual sacarle crías, Alec su perra con que divertirse y Max solo un juguete que conservaría cuando quemase el mundo... Todos sus trofeos, todos desechables, todos llorando sangre porque destruiría a Jace, a Bane y a los Lightwood...todos indefensos ante su poder, aterrados por el miedo de ser el siguiente en conocer su ira; porque solo así, solo si le temían ni Clary ni Alec volverían a traicionarlo como habían hecho.

Se miró la palma de las manos, la piel en ella tenía una fea cicatriz de quemadura; se había quemado al tocar el cuchillo Serafín de Alec cuando habían peleado, pero ya se curaban. Rio sonoramente volviendo la mirada de la fotografía de Alec, casi divertido ante lo que eso significaba.

- Jonathan está muerto - Repitió con placer en su voz y sonrisa, degustando cada una de sus palabras. Era hora de reunir su ejército, prepararlos para el momento de volver al mundo humano, de que todos salieran de ese lugar y convirtieran la tierra en cenizas.

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- ¿Qué haces aquí? ¡Te dije que no quería verte en el instituto! – El grito de Maryse retumbó por todo el instituto cuando se topó con la comitiva Seelie cuando estos pasaron por el pasillo junto a la cocina, de camino al despacho de Jace. Solo los acompañaban Jace e Isabelle. Kaelie se detuvo sonriendo filosamente, mirando a la mujer de arriba abajo.

- Lo siento Maryse Trueblood pero ya no eres la directora de este instituto – dijo burlándose de ella – Nuestros asuntos ya no te competen. - Su sonrisa se amplió ante el rechinar de los dientes de Maryse.

- Aun puedo patearte el trasero de vuelta a Feéra – Aseguró. Jace que escuchaba sonrió con suficiencia decidiendo intervenir.

- Siempre puedo tratar los asuntos de tu Reino solo con los otros dos – Amenazó poniéndose de lado de Maryse quien sonrió siguiéndolos hasta el despacho de Jace.

- De hecho Jonathan Herondale, será con ellos que trates el asunto referente a Krpol; yo me encargaré sobre Well.

- ¡No veras a mi hijo! – Saltó Maryse de inmediato.

- La Reina Seelie me autorizó a entrevistarlo – Aseguró Kaelie mientras entraban todos al despacho de Jace – Y les recuerdo que él es jurisdicción de nuestro Reino hasta que los Blackthorn resuelvan los problemas en Los Ángeles y Well decida quedarse con ustedes; lo cual dudo que pase.

- Max se quedará con su familia – Aseguró Isabelle entre dientes.

- Familia no es sangre ¿no lo crees, Herondale? – Jace no respondió, totalmente incomodo porque estaba de acuerdo con eso, pero no le daría el gusto de afirmarlo.

- Clary y Simon fueron por Max, deben estar por volver – desvió el tema. Como si de haberlos invocado, los dos aparecieron escoltando al menor.

Max se detuvo de golpe al ver quien le esperaba en el despacho, abriendo la boca con sorpresa: le habían dicho "hadas" pero no había esperado a Kaelie. La sonrisa en su rostro casi le hizo olvidar cualquier otro sentimiento de confusión o malestar y se acercó a prisa a ella.

- Kaelie…- La hada tomó al muchacho abrazándolo con fuerza, sintiendo como la tranquilidad volvía a su espíritu atormentado por la imagen del chico herido.

Las otras dos hadas desviaron la mirada para darles privacidad ante una muestra de afecto que consideraban íntima. Maryse en cambio no podía dejar de ver como su hijo luego de la sorpresa inicial al no estar acostumbrado a señales de afecto tan cercanas por parte de Kaelie, solo correspondió el abrazo aferrándose a ella como si de esa forma corroborase, sin proponérselo, las palabras de la hada.

- Temía encontrarte inconsciente en una cama – Aseguró ella soltándolo.

- Estoy bien – Aseguró. Kaelie lo miró con reproche.

- No mientas Well.

- Físicamente estoy bien - Se corrigió él. Ella asintió, podía verlo: su cuerpo estaba bien, pero su miraba dejaba ver claramente que algo le atormentaba.

- Solicito hablar con Well a solas – dijo ella.

- Jace... – Susurró Clary en advertencia negando sutilmente con la cabeza.

- Lo harás con un representante del instituto presente – dijo el rubio observándolos a todos como si los evaluara – Clary…

- ¡No! – Negó Kaelie de inmediato.

- No estoy preguntándolo – dijo Jace serio – El Instituto no tiene razones para confiar en ustedes.

- Ni yo tengo ninguna para confiar en Clary- Exclamó Max de inmediato – Ella no me soporta y solo quiere hacerme quedar mal por lo ocurrido con Magnus – La acusó casi berrinchudamente - Si alguien va a quedarse...que sea Maryse.

Jace no podía negar que en cierta forma Max tenía razón respecto a Clary cuando la pelirroja parecía dispuesta a convertir al muchacho en el victimario; pero dar su brazo a torcer era permitir que las hadas a través de Max establecieran las condiciones en su instituto; por otro lado Maryse parecía totalmente dispuesta a quedarse, pero él no quería dejarla allí para una reunión emotiva entre Max y Kaelie: tener que presenciar cómo Max trataba como una madre a otra persona, solo la lastimaría más. Si tan solo pudiera quedarse él mismo, pero como jefe del instituto debía estar presente en el asunto del cadáver al igual que Isabelle y Simon por estar directamente implicados.

- He dicho Clary - dijo sin aceptar replica. – Los demás vamos a resolver el asunto del ogro – Dijo abriendo la puerta para permitir que las dos hadas salieran al igual que Simon e Isabelle. Vio a Max fulminando a Clary con la mirada y a Maryse seguirlo fuera del despacho antes de que cerrara la puerta.

Clary suspiró al verse a solas con ellos y se alejó recostándose a la pared del fondo intentando darle su espacio y crear una falsa atmosfera de intimidad pese a estar atenta a cada movimiento mientras que con su estela trazaba en su brazo una runa para mejorar su audición. Kaelie no volvió a mirarla ni una sola vez, en su lugar se dirigió a Max mientras buscaba algo entre sus ropas:

- La Reina Seelie me envió por varios motivos, uno de ellos fue recordarte tu tarea para el pueblo Seelie.

- No lo he olvidado – Aseguró él – Lo tuve en mis manos – Aseguró – Pero Bane intervino y luego estuve…indispuesto – dijo. Clary enarcó una ceja ¿Era su impresión o las hadas estaban esperando que Max tomara algo del instituto? – Cumpliré con mi Reina lo más pronto posible.

Kaelie asintió consiguiendo finalmente lo que buscaba entre sus ropas, una pequeña botellita con líquido ámbar que le tendió al muchacho; él se hizo con ella tomándose el contenido sin preguntar, Clary lo miró con interés: o sabía exactamente que era ese líquido o confiaba en Kaelie más de lo que creían.

Se removió incomoda, Max parecía confiar mucho en la gente equivocada.

- Las runas han recuperado tu cuerpo, pero esto te ayudara a sentirte mejor – Y Max no podía contradecirla porque la medicina pese a ser amarga aplacó cualquier remanente de molestia en su cuerpo; sin embargo antes de pensar en agradecer, algo hizo conexión en su cabeza.

- Espera… ¿A qué te refieres con las runas? – Preguntó. Kaelie lo miró elocuentemente y él se miró los brazos a prisa; el movimiento hizo que la mujer hada notara el brazalete en la muñeca del chico, Clary también lo notó, de oro y una piedra negra en el centro con un tenue fulgor naranja: lo había visto antes en la muñeca de Magnus.

- Well, recuperaste el brazalete – Celebró – Debes dármelo, nuestra Señora estará feliz de…

- No veo ninguna runa nueva – dijo él ignorando inconscientemente las palabras de Kaelie, suspirando casi con alivio. Kaelie en cambio rodó los ojos haciéndole darse la vuelta alzando su camisa.

- Le pedí a Maryse que no lo hicieran – dijo ella tocando varios puntos en su espalda, como para darle a conocer la ubicación de cada una. La pelirroja frunció el ceño, eso había sonado como si quisiera disgustar a Max aún más con su madre – Son cinco.

- ¿Qué? ¡No! – Se negó él retorciéndose intentando ver en su espalda - ¡No las quiero!

- Está bien Well, gracias a la magia del ángel estás bien – dijo y había cierto alivio en eso pero el muchacho no lo pensó igual, refunfuñando con disgusto – Lo que me preocupa es quien te hizo esto y porque – dijo un tanto más seria, al parecer olvidando el asunto del brazalete o al menos considerando que podía dejarlo para más tarde – Hablé con nuestra Señora y ella asegura que no tuvo nada que ver, estoy sospechando del reino UnSeelie, así que si recuerdas algo del ataque tienes que decírmelo.

- No te metas en problemas con el Reino UnSeelie – dijo de inmediato, mostrándose avergonzado. Dirigió una rápida mirada a Clary quien fingía no prestar tanta atención como hacía. Max no debió considerarla un problema sin embargo susurró lo más bajo posible.- Yo sé quién y porque lo hicieron: no fue un ataque, no realmente – La mirada de Kaelie se mostró confundida y él se acercó aún más a ella susurrándole al oído – Fue Sebastian.

Clary se llevó la mano a la boca horrorizada, no porque dudara que su hermano fuese capaz, sino porque Max lo había dicho como si no tuviera problema alguno con eso; al contrario, como si estuviese orgulloso. Su movimiento pasó desapercibido ya que Kaelie tomó a Max de los brazos apartándolo de ella lo suficiente para mirarlo a la cara, enojada.

- ¿Que estás diciendo, Well? – Preguntó sin molestarse en bajar la voz - ¡Ese demonio te atacó!

- No fue un ataque – Repitió – Necesitábamos… - Miró a Clary otra vez, mordiéndose la lengua y susurrando aún más bajo – Yo estuve de acuerdo ¿Bien? Fue…algo que tenía que hacer…

- ¿Según quién? – Estaba indignada – Well, él te puso en peligro.

- Él no haría eso – dijo rápidamente – Sabíamos que Bane iba a curarme – Kaelie resopló. – Está volviendo Kaelie – Aseguró como si necesitara que ella lo entendiera – Podremos volver a ser una familia; una familia contigo.

- No voy a permitirte que te vuelvas a poner en riesgo – dijo categórica – Así deba hablar con la Reina Seelie para que te prohíba el paso por los tres caminos o con la gente del instituto para que no te dejen salir de aquí.

Clary se sorprendió, Kaelie realmente estaba preocupada por su seguridad si consideraba la ayuda de los Lightwoods; pero solo consiguió que Max se enojara, furioso por no conseguir el apoyo que esperaba.

- ¡No puedes hacerme eso! – Le espetó.

- Well, él no es de fiar – Intentó hacerlo entender; el muchacho bufó amargamente.

- Tú tampoco – Soltó y Clary podía decir perfectamente cuanto le había dolido esa acusación a Kaelie por el dolor en su expresión.

- ¿Well que…?

- Vi a mi hermano, a Alec – dijo, y la pelirroja Nefilim podría jurar que de no ser tan blanca como la leche, Kaelie habría palidecido.- Todos dicen que es él, que está vivo – Sus ojos grises se posaron duros como dos piedras sobre la mujer hada mientras preguntaba casi entre dientes - ¿Él…está…vivo…Kaelie?

La hada se sentía atrapada, Max nunca se lo había preguntado, no de una manera tan directa.

- Si – dijo finalmente. Max sintió esa simple silaba como una bala en su pecho. Retrocedió apartándose de ella, porque las hadas no podían mentir, Kaelie no podía hacerlo y eso solo podía significar que los Lightwood decían la verdad.

- ¿Por qué no me lo dijiste? – Gritó con ojos contenidos de lágrimas - ¿Por qué no me dijiste que Alec estuvo vivo todo este tiempo en la Ciudad Silenciosa?

- ¿Se puede tener realmente una vida en ese lugar? – Preguntó ella.

- Eso no fue lo que pregunté – La atajó él – Me viste… llorando por años la muerte de mi hermano – No pudo seguir evitándolo, las lágrimas de Max cayeron por sus mejillas cargadas de dolor – Me viste aferrarme a la pluma de ángel que él me regaló, cada noche antes de dormir; yo confié en ti Kaelie y tú me engañaste, me dijiste que mi hermano estaba muerto.

- Nunca dije que estaba muerto – Exclamó, su voz vibraba intentando contener las ganas de llorar. Clary se removió incomoda, habría dado lo que fuera en ese momento para fusionarse con la pared o mejor aún, desaparecer de allí. – Tú llegaste a Feéra creyéndolo.

- Tampoco lo desmentiste – La acusó. Clary no era muy dada a la literatura, pero en ese momento recordó una cita de un libro de Robert Louis Stevenson que Tessa le prestara hacía un par de años Las mentiras más crueles son dichas en silencio; quizás no había entendido lo que significaba realmente, hasta ese momento. - ¿Por qué? – Repitió, necesitaba una respuesta; su corazón roto exigía una.

Kaelie no respondió, no había podido contener las lágrimas que brotaban de sus ojos ante la acusación y el enojo de Well, ante su dolor.

- Quizás fui cómplice con silencio – Su voz era un pito agudo que incluso Clary con su runa de audición le costó captar – Pero si alguien te mintió fue Sebastian.

En efecto –No pudo evitar pensar la pelirroja neoyorquina–Max estaba confiando en las personas equivocadas.

- Él no sabía que Alec estaba vivo: lo vio arder en el fuego celestial y murió antes de descubrirlo.- dijo para sí, creándose una explicación.

Kaelie negó porque sabía que le causaría más dolor al muchacho; estiró una mano queriendo colocarla sobre su hombro pero Max se apartó de ella. La mujer suspiró.

- Maxwell, Jonathan Morgenstern murió en los brazos de Alexander.

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Volvieron al instituto en silencio; era entrada la noche en New York y Alec intentaba no pensar en todo lo que había ocurrido ese día, un día de pesadilla con lo de Magnus y Max, luego Sebastian y su padre; por lo menos este último no había tomado a mal la situación: Robert le había asegurado que pondría bajo advertencia a Jia con un mensaje de fuego e iría a reunirse con ella en cuanto se asegurara que él estuviese bien. Alec supuso que no era el momento para decirle que realmente no quería volver al Instituto, pero por causas muy diferentes a Sebastian.

Negó con la cabeza para sacarse de los pensamientos a Magnus y Max; no sabía que era peor, solo que todo lo estaba agobiando a un punto en que comenzaba a extrañar la tranquilidad que había tenido en la Ciudad Silenciosa.

El recuerdo de su celda lo llevó directamente al pequeño niño azul que lo estaba esperando para ser sacado de ese lugar y por primera vez en el día sintió que a pesar de todo podía haber algo bueno en su futuro; algo que, esperaba, la reciente aparición del rubio no arruinara como había hecho con todo lo demás; ¡Si hasta había perdido su arco y aljaba! Lo había dejado olvidado en la habitación de Sebastian y seguro pasaría ahora a ser parte de las cientos de pruebas que recolectaran para la Clave.

Caminaron hacía el despacho de Jace para informar que habían vuelto; luego Robert iría a ver a Max. Haber visto la habitación de su hijo menor en casa de Sebastian le había hecho notar que con tantas cosas ocurriendo tan rápido no había tenido tiempo para disfrutar su regreso; y al parecer no lo tendría por lo pronto pero al menos podía darse unos minutos para hablar con él.

El Inquisidor se detuvo justo antes de entrar al despacho de Jace cuando Alec lo sujetó del brazo; Robert volvió a ver a su hijo.

- Quería preguntarte… como Inquisidor – dijo, Robert asintió instándolo a continuar- Independientemente de lo que pase con Sebastian, ¿Ya soy completamente libre?

Robert lo pensó por un segundo. Ni Jia ni nadie tenía porque saber que las apariciones de Sebastian ocurrían solo frente a Alec, ellos podrían malinterpretarlo y apresarlo nuevamente por precaución; no, ese detalle no tenía por qué ser revelado.

- El instituto debe enviar reportes diarios de ti a la Clave y acudirás o recibirás visitas de la clave en caso de considerarse necesario, pero fuera de eso si, eres libre – dijo sonriéndole.- Y espero que empieces quitándote esa ropa de casa de Sebastian - Alec también sonrió hasta que su padre agregó un poco más serio – Pero mientras resolvamos este asunto con Sebastian, tienes que irte con aun más cuidado. – Al ojos azules no le gustó como sonó eso, pero su padre no le dio chance a decir nada más, abriendo la puerta del despacho.

En el interior no estaba Jace como cabría esperar, sino Max que parecía mantener una intensa discusión con un hada, Kaelie. Ambos, con lágrimas en los ojos, voltearon de inmediato interrumpiéndose. Alec y Robert los miraron pasmados, escuchando el suspiro de alivio de Clary al fondo del despacho, había estado suplicando a Raziel porque alguien llegase e interrumpiera esa incomoda escena que presenciaba.

Max abrió los ojos de par en par con la vista fija en su hermano; Kaelie ya le había dicho que Alec estaba vivo, podía creer realmente que ese frente a él era su hermano y no la bruja cambia formas. El labio le tembló con tantos sentimientos en su pecho que no sabía que nombres darle, y en ese momento no le interesaba.

- ¿Alec? – Preguntó con voz trémula. Alec le devolvió la mirada sin odio en sus ojos, no podía odiarlo después de tanto tiempo deseando recuperar una vez más a su hermanito, pero su pecho le dolía con un rencor demasiado reciente como para ignorarlo - ¿Eres tú… hermano? – Insistió intentando acercarse.

Alec negó para sí mismo, sintiendo el nudo en su garganta hacerse más grande e insoportable, retrocediendo ante la mirada herida de Max ¿Con que derecho se sentía herido cuando era él quien al ver al menor lo recordaba besando a Magnus, moviendo su cuerpo sobre el Brujo que lo tomaba de la cintura? Retrocedió otro paso, era demasiado doloroso para fingir que no había pasado nada.

Alec se dio media vuelta marchándose a prisa, alejándose de su hermano ante la confundida mirada de Robert y la dolida de Max por el rechazo.

- ¿Qué ha sido eso? – Preguntó Robert mirando a su hijo menor y luego el pasillo por el cual el mayor se había marchado; él había visto a Alec cuidar de Max la noche anterior, así que desde su perspectiva nada tenía sentido. - ¿Y tú que haces aquí? – Le preguntó con brusquedad a Kaelie.

- Trato asuntos para mi Reina Seelie – dijo Kaelie con tono solemne limpiando las lágrimas en su rostro para alzar el mentón. – Volveré a comunicarme contigo Well – Aseguró ella despidiéndose; estirando la mano para darle un apretón en su hombro pero dudó y finalmente solo se contuvo con un suspiro de pesar, saliendo del despacho.

Robert observó a su hijo menor quien contenía las lágrimas, con la vista fija en el lugar por el que Alec se había ido.

- Max- Lo llamó. - ¿Qué pasó…? – El chico negó con la cabeza dispuesto a marcharse, Robert suspiró dándose cuenta que no lograría acercarse a él realmente por lo que solo sacó de su bolsillo la fotografía que había tomado de la casa de Sebastian tendiéndosela antes de que Max saliera del despacho. – Te traje esto.

El muchacho lo miró, y miró la fotografía con sorpresa; estiró la mano como si quisiera tomarla pero negó rápidamente saliendo a prisa del despacho. Robert suspiró restregándose el rostro guardando la foto de nuevo en su bolsillo; presentía que tenía muchas cosas de las que enterarse desde que estuvo en el instituto la pasada noche, se dispuso a volver sobre sus pasos para buscar al resto de su familia, cuando Clary se adelantó, deteniéndolo.

- Inquisidor…- Lo llamó – Tenemos que hablar, toda la familia con Magnus y Catarina.

- Ahora no es el momento Clary

- Es sobre Max y el regreso de Sebastian. – Y Robert mentiría si decía que no había logrado captar su atención

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- ¿Cómo es posible que esta cosa sea cada vez más apestosa? – Masculló Simon tapándose la nariz al entrar al santuario del instituto. Ninguno de los neoyorquinos lo contradijo, pero las hadas chasquearon la lengua reprobatoriamente.

- No seas irrespetuoso, vampiro diurno – dijo uno de ellos; la otra en cambio se acercó al cuerpo para observarlo, mirando luego a su compañero.

- Es Krpol – dijo reconociéndolo. El hombre hada se acercó de inmediato.

- Así que lo conocen – dijo Jace interesado.

- Ustedes asesinaron a un guardia de la Corte Seelie – Los acusó la mujer hada – Llevaremos esto ante la Clave.

- Cuando lo encontramos ya estaba muerto – Exclamó Isabelle de inmediato.

- ¿Cómo una persona podría matarlo con una piedra? – Preguntó Maryse acercándose al ogro para observarlo, el agujero en su frente resaltaba, y la piedra en su interior aún era visible.

- Él puede – Masculló el hada señalando a Simon quien bufó.

- Este ogro fue quien agredió a Max – Saltó Isabelle – Estoy segura que esta es la sangre de mi hermano – dijo señalando la sangre seca en las manos del ogro - Si quieren ir ante la Clave, bien – Aceptó – Nosotros llevaremos las pruebas forense.

- Solo se hundirán ustedes mismos.- Advirtió Maryse.

- ¿Por qué el Reino Seelie quiere lastimar a Max? – Preguntó Jace - ¿Cuál es el plan? ¿Acusar al Reino UnSeelie? ¿Desviar nuestra atención hacía ellos?

- El Reino Seelie y el Reino UnSeelie llevan muchos soles y lunas en paz. - Respondió el hada.

- Eso no fue lo que escuché – Intervino Jace – Pensé que ustedes no podían mentir.

- Por lo tanto, deberías creernos – dijo la mujer hada con una sonrisa filosa.

- Me reservaré lo que creo – dijo él con una falsa sonrisa encantadora.

- Nos llevaremos el cuerpo de Krpol – Informó la Seelie; la risa de Isabelle resonó en el lugar.

- Por supuesto, ya crees que te lo vamos a entregar – Ironizó.

- Él merece un funeral Seelie, con su familia – dijo el hombre Seelie con dureza en la mirada.

- Lo tendrá luego de realizar la autopsia mágica – Aseguró Jace con molestia. – Les enviaré un mensaje para que vengan por él, hasta entonces hemos terminado.

- Esto no se va a quedar así Nefilim, hablaremos con nuestra Reina Seelie.

- Por favor hazlo, me encantaría verla – El tono de Maryse fue peligroso; las hadas no parecieron entender del todo el sarcasmo saliendo del Santuario; dejando a los Nefilims junto al vampiro diurno. Simon suspiró, pero fue Jace quien habló con molestia:

- ¿Cuándo pensaban decirme que trajeron al ogro al Instituto? – Preguntó enojado mirando directamente a Simon e Isabelle - ¡Maldición soy el director, no pueden estar ocultándome estas cosas! – Los riñó.

- Pensaba decírtelo de inmediato para que firmaras la orden de la autopsia – dijo Isabelle con obviedad – Pero creo que conseguirte pegado a la pared, a mamá en el techo y a Max en Shock pudo hacer que se me olvidara.

Simon casi se ríe ante la imagen mental que su comentario le causó, pero tuvo la sensatez de no hacerlo o sin duda recibiría un par de cuchillos serafín en su cuerpo.

- Tenemos que entregar el cuerpo pronto – Dijo Jace tomando su celular del bolsillo para enviar de inmediato un mensaje a la bruja exigiéndole que fuese esa misma noche; firmaría la orden antes de que ella llegara – A menos que esa sangre sea de Max, no quiero conflictos innecesarios con la Reina Seelie.

- No estoy seguro si Magnus quiera venir – dudó Simon – Pero podría enviar a Cat…

- La hará Moon – Contravino Jace – No quiero a Bane en el Instituto – Simon rodó los ojos.

- Lo siento Jace, pero necesitamos a Magnus aquí – Robert entró al santuario y su voz grave resonó por el lugar, contradiciendolo.

- Con todo respeto Robert, yo soy el director del Instituto, yo decido…

- Y yo soy el Inquisidor y es una orden – Dijo él serio. El silencio en el santuario fue sepulcral, Jace notó que tras el hombre estaba Clary, la pelirroja le dirigía una mirada de disculpas; había pasado por encima de él, acudiendo a la única figura de autoridad que podía obligarlo a recibir al brujos, desvió la mirada de ella enojado – Envié un mensaje de fuego a Bane y Loss, nos reuniremos con ellos a primera hora de la mañana para hablar de Max.

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Corrió a través de los pasillos intentando alejarse de todos. De Kaelie y sus engaños, de Clary, atenta a todo lo que había dicho para usarlo en su contra, de Robert que le había mostrado la vieja foto de su familia para restregarle en cara que habían hurgado en la casa de Idris pero sobre todo huía del recuerdo de Alec alejándose de él, dirigiéndole una mirada herida.

Era Alec, era él realmente, su hermano…y lo había visto como si estuviera a un paso de odiarlo.

Llegó hasta la habitación que había estado usando desde que llegó al instituto, dispuesto a encerrarse en ella; necesitaba pensar, poner en perspectiva todo lo que estaba descubriendo: Kaelie había dicho que Jonathan, es decir Sebastian, murió en brazos de Alec, eso solo significaría que el demonio con el que se reunía en Edom desde hacía años sabía de su hermano, que tantos planes para "recuperar a Alec" eran todos falsos.

No, tenía que haber otra razón, tal vez Bash lo había olvidado, tenía que ser eso: él tampoco recordaba todos los detalles de su muerte cuando era niño. Sebastian no lo engañaría, no podía hacerlo porque de lo contrario querría decir que no podía confiar en nadie.

Abrió la puerta respingando por el susto al ver a alguien en la habitación. Alec que había estado de pie frente a la cama también respingó volviendo la mirada a verlo, tenía en su mano la pluma de ángel que Max había dejado sobre la cama cuando Simon y Clary fueron a buscarlo.

Los hermanos se miraron, ambos sorprendidos de ver al otro ahí; al menos hasta que Max recordó que, de hecho, la habitación en que se estaba quedando era de Alec, así que el intruso era él.

- Es la pluma que te regalé – Susurró Alec desviando la mirada, realmente no quería verlo aún, pero se había sorprendido mucho de encontrar eso en su habitación – Cuando cumpliste diez años.

- Lo recuerdo – Aseguró él sin moverse, no se atrevía a acercarse como si hacerlo fuese a desaparecer a Alec frente suyo – Es una de las pocas cosas que pude llevarme a Feéra – Admitió; agregando con algo de emoción en la voz – Fue mi mejor cumpleaños: tú, Sebastian y yo en Praga ¿Lo recuerdas? Fuimos a ese restaurant, Sebastian me dejó pedir todo el helado que quise, y jugamos con la nieve y…

- Basta Max – Lo cortó; porque si lo recordaba perfectamente, a veces más claro de lo que quería aceptar: en Praga había sido su primer beso con Sebastian mientras jugaban con la nieve, había sido esa pequeña cita en Kosti Lustr mientras Max se quedaba en aquel restaurant, y luego cuando el niño llegó a casa feliz y agotado por su día, Sebastian había ido a la habitación de Alec y habían tenido su primera vez juntos; así que si, podría decir que lo recordaba mucho mejor que Max.

- Éramos felices – Susurró él.

- Realmente no quiero hablar sobre eso – Admitió Alec, de hecho no quería hablar en lo absoluto.

- Tú, Sebastian y yo éramos una familia. – Insistió intentando atraer su mirada.

- Ve a tu habitación Max – dijo corriéndolo. La expresión de Max se descompuso.

- ¿Por qué estás tan enojado conmigo? – Preguntó confundido. Alec sintió los nervios crispársele ¿Cómo podía…?

- ¿Y te parece poco? – Espetó alzando la voz aun sin mirarlo, soltando la pluma sobre la cama porque estaba a nada de apretar los puños y partirla en dos. Max se removió confundido.

- Cuando nos separamos yo era un Nefilim…-Razonó intentando encontrar algún sentido - ¿Estás enojado porque decidí vivir como un hijo de Feéra? - Alec se descolocó ¿Qué? Respiró profundo intentando recordarse que su hermano había estado años secuestrado por las hadas, sus formas de entender las cosas era diferente.

- ¿Max… tu sabías que Magnus era mi pareja? – Preguntó esperando escuchar una negativa aunque eso hundiera aún más a Magnus ante sus ojos.

- Si – dijo él sin entender que relación tendría con lo que hablaban. Sabía que ellos habían estado juntos antes de que su hermano saliera con Sebastian, sabía del daño que Bane le había hecho a Alec. Abrió la boca con entendimiento: si la situación fuera al contrario, si él hubiese salido con Bane y este lo hubiera herido como hizo con Alec, no estaría feliz de permitir que Alec tuviese alguna relación con él; recordaba que para los Nefilims como para el resto de los humano, las relaciones físicas eran un asunto más íntimo que para las hadas - ¿Es por cómo nos encontraste en la enfermería? - La expresión de Alec se petrifico.

- Largo…- Susurró, con voz tan mortal y fría como un iceberg; Max se desconcertó – Vete Max…

- Alec por favor - Suplicó; no era tanto que le echara de su habitación, eso no importaba, pero no podía soportar que su hermano no le dirigía la mirada como si le doliera verlo – Eso no tiene importancia, no es igual para nosotros los hijos de Feéra – dijo rápidamente – Todo ha sido un pequeño sacrificio que tuve que hacer por ti y...

- ¿Todo? ¿Qué es todo Max? – Finalmente Alec se volvió hacía él mirándolo furibundo – ¿Cómo que es por mí que te acuestas con Magnus, con mi pareja...?- Él negó fuertemente de inmediato.

- ¡No, no! Tú y Sebastian - dijo con esperanza en la voz- ¡Sebastian es tu pareja! Estarán juntos, todo está saliendo bien, tienes que creerme.

- ¡Basta con eso! - Estalló Alec- ¡No sé a dónde quieres llegar tú o las hadas con esto que haces pero basta! - Max negó

- ¿Las hadas? ¡No Alec! Ellas no tienen nada que ver - Exclamó urgido porque su hermano lo entendiera- Todo el plan es para recuperarte, para que podamos ser una familia de nuevo, para que vuelvas pronto con Sebastian.

- ¡Yo amo a Magnus! - Espetó con voz en cuello y lágrimas rodando por sus mejillas; Max retrocedió como si lo hubiese golpeado...

- No... ellos... ¿Te convencieron de eso? ¿Que mientras estuviste en la Ciudad Silenciosa no tenías más opción que Bane? - Alec no podía creer lo que escuchaba, lo que su hermanito decía como si quisiera convencerlo - Pero no es así, Bane es malo: te hizo daño...Sebastian, él volvió Alec - Alec no entendía ¿Cómo sabía eso ultimo?- Y tú lo amas, ¿Recuerdas? ¿Recuerdas cuando me dijiste que salían? Eras feliz entonces, éramos felices.

- Max eso no...

- Vendrá por nosotros y nos llevara a Edom, y seremos una familia de nuevo - Sollozó él. Alec negó con la cabeza, con dolor mientras su ira se aplacaba, porque se daba cuenta que él realmente no entendía lo que había hecho.

- Las cosas van más allá de lo que recuerdas -dijo- Amo a Magnus, es el amor de mi vida, no Sebastian Max, Magnus...lo era...- Su voz se quebró porque a pesar de todo no podía pensar en un hombre que se había dejado engatusar tan fácilmente por Max.

El joven criado por hadas retrocedió ante sus palabras, porque podía sentir la verdad del dolor en ellas, pero eso no tenía sentido para él porque Bane había lastimado a Alec, lo había visto. Lo que Alec le decía y lo que recordaba de la casa de Idris no compaginaban, pero sobre todo no podía ser verdad porque significaría que él le estaba haciendo a Alec más daño que Bane, y no podía ser; porque él amaba a su hermano.

¿Entonces quien estaba equivocado? ¿Él?

...¿O Alec?

Salió a prisa de la habitación del mayor; corrió por los pasillos como un bólido, antes de que alguien pudiera detenerlo, se sentía mareado pero debía ir a Feéra, era la única manera de llegar con Sebastian, de hablar con él; necesitaba respuestas, necesitaba confiar en alguien y el rubio era la única persona que podía dárselas, era la única personas además de Kaelie en quien había confiado ciegamente los últimos años.

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Bostezó completamente aburrida, eso de ser persona de alta confianza para la Cónsul podía parecer bastante genial hasta que te elegían para vigilar "cosas importantes"; importantes pero donde nunca ocurría nada.

Cossette observó a los guardias que seguían subiendo objetos a una pequeña carreta y observó su reloj con un suspiró más pronunciado; pasaba ya de media noche: esperaba que este fuera el último envió. Habían inspeccionado cada centímetro de la casa hasta el atardecer y ya habían enviado a Alacante los restos de Nefilims y Submundos encontrados en el sótano, luego los artefactos con alguna alianza mágica o conocidamente implicados en crímenes, recordaba haber visto el arco y las flechas de Alexander Lightwood entre ellos; y ahora aquellos que aparentaban ser normales.

- ¿Pasa algo? – Preguntó Redsky parándose a su lado; la chica observó a su compañero antes de negar.

- Realmente esperaba que termináramos antes de media noche – dijo – Es el cumpleaños de Katie.

- Ya estamos por terminar – La alentó el muchacho con una ligera sonrisa – Estarás en casa para cuando tu hermanita despierte.

- Eso espero – Asintió ella; realmente quedaban pocas cosas por guardar, podía ver a uno de los guardias registrando cada objeto antes de subirlo a la carreta. Volvió la mirada al chico y sonrió con un poco más de emoción – Le compré su primera espada ¿Sabes? – Dijo emocionada – Quiero ver su cara cuando la abra.

- Y yo quiero pastel, así que espero no te moleste que te acompañe – La chica le sonrió asintiendo, sonrisa que fue respondida por una similar de parte de él; interrumpidos por el sonido de pasos acercándose en la oscuridad antes del sonido de alguien cayendo al suelo, acompañados por una maldición. Cossette sacó de inmediato su cuchillo serafín al igual que Redsky, una figura se acercaba por el camino.- Ya vuelvo – dijo ella con el ceño fruncido, no se suponía que hubiese nadie allí.

- Voy contigo – dijo él de inmediato tomando sus chakrams del cinturón siguiéndola – Ya sabes lo que avisó la Cónsul: han visto a Sebastian.

- ¿Y crees que Sebastian va a venir caminando y tropezándose con alguna zanja? – Preguntó ella escéptica deteniéndose al borde del terreno de la casa – Quédate aquí a cargo… es una orden – Agregó rápidamente antes de que el muchacho pudiera replicar; él frunció el ceño dirigiendo una desconfiada mirada a la silueta a lo lejos, gracias a su runa de visión nocturna pudo distinguir que era un joven de cabello oscuro, no rubio, haciéndole sentir un poco más aliviado pero no lo suficiente. Se mordió la lengua para no replicar; y solo asintió con un saludo militar volviendo a su posición.

Cossette se alejó por el camino, la oscuridad de la noche sin luna no le permitía ver más allá de la carreta, pero no sacó su piedra de Luz, no quería dar su posición, por lo que solo reforzó su runa de visión nocturna sin detenerse. Salió de los terrenos de la casa de Sebastian viendo la silueta de un muchacho que se incorporaba del suelo maldiciendo sonoramente.

- Maldita oscuridad, malditas piedras…me llené de barro – Mascullaba; la muchacha se acercó con sigilo, no podía vislumbrar ningún arma pero eso no significaba que estuviese desarmado.

- Detente en nombre de la Clave – Dijo en voz alta y clara; el muchacho respingó irguiéndose de inmediato, ella mantuvo su cuchillo firme – Levanta las manos lentamente muchacho.

- ¿Qué demonios? – Preguntó este aunque obedeciendo. - ¿Quién eres tú?

- Las preguntas las hago yo – dijo ella acercándose más; estaban ya a un palmo de distancia. La chica aprovechó la cercanía para sacar de su bolsillo la piedra de luz activándola: el chico frente a ella era alto y muy joven, no debía ser mayor de edad; no vestía ropa de combate y estaba descalzo y ahora se encontraba embarrado. Algo en su rostro se le hizo familiar – ¿Quién eres tú y que haces aquí?

- Soy Well – dijo él alzando el mentón con altanería. Un grito tras ellos, de un Nefilim asegurando que la carga estaba fijada en la carreta se escuchó en el silencio de la noche; Well miró por encima del hombro de la muchacha y frunció el ceño – Ustedes son los que no deberían estar aquí, este es mi hogar.

Cossette frunció el ceño, sabía ya porque le había parecido conocido.

- Eres el hijo del Inquisidor, el criado por hadas – dijo con desconfianza – Las manos al frente, te esposare y escribiré a tu padre y a la Cónsul. – Agregó, no confiaba en el Inquisidor.

El muchacho masculló una maldición, había acudido a la casa de Sebastian esperando verlo; ya que no se había atrevido a ir a Edom: Kaelie debía estar vigilando ya los tres caminos, por lo que solo pasó por Feéra para llegar a Idris; había estado un par de horas en el cementerio, frente a la tumba de Sebastian intentando llamar al demonio a través de la conexión que compartían, pero como siempre que intentaba hacerlo, no funcionó; así que decidió ir a la casa de Sebastian, si él había vuelto quizás tendría suerte de conseguirlo allí.

Había caminado por un par de horas más, dejando que las estrellas y el bosque lo guiaran, no recordaba el camino a la casa pero si recordaba que estaba cerca de un rio a las afueras del bosque Brocelind, las hadas le habían enseñado a usar la naturaleza para no perderse y aunque tardó, encontró lo que buscaba.

Solo que no había esperado que el lugar estuviese lleno de Nefilims, sabía que habían revisado la casa, el Inquisidor se lo había echado en cara al mostrarle la foto de su familia, pero ilusamente pensó que solo habían entrado él y Alec, no todo un maldito ejercito de la clave.

- Las manos al frente – Repitió ella acercando el filo del cuchillo a él. Well bajó los brazos lentamente dejándolos al frente. La chica se apresuró a él, no tenía esposas allí pero sacó de entre sus ropas un trozo de la cuerda que habían estado utilizando para asegurar la carga en la carreta.

- Vas a arrepentirte Nefilim – Escupió él. Ella rodó los ojos bajando el cuchillo, para guardarlo en el cinto disponiéndose a atar las manos del muchacho.

La noche era silenciosa, por eso el silbido del metal cortando el aire y el salpicar de la sangre resonó con un mortífero eco.

_OO_OO_OO_

:O oh Max! Que ha pasado?

¿Qué les pareció? Max y Alec han empezado a hablar y Kaelie también ayudó: las dudas están surgiendo y todo se va a encausar… ¿O no? ¿Será que Cossette seguirá suponiendo problemas? En el próximo capítulo todos los Lightwood pondrán las cartas sobre la mesa, es hora de que empiecen a manejar la misma información pero ¿Será eso suficiente? Se llamará "La Semilla de la Duda" y Sebastian y Magnus volverán a estar cara a cara.

Nos leemos pronto

Besos :3